19
Feb 10

Samuel Pérez y el criterio de la máquina

No encuentro muy justo que si existen reglas claras en honor al “servicio al cliente” se apele a romperlas. No es eso lo que tanto luchas erradicar? No es esto un poco inconsistente? O somos o no somos, dice el lector Samuel Perez Attías al comentar mi entrada del jueves pasado sobre una visita que hice al Museo del Ejército.
 
Para los que no leyeron la entrada citada, he aquí lo que relaté: Llegué justo a las 4:00 p.m., justo cuando acababan de cerrar el lugar, así que el centinela de la puerta me dijo que no podía entrar. Me sobrepuse al disgusto, puse mi mejor puppy face y le dije al guardia que por favor preguntara, que venía con una colega italiana y que averiguara si nos dejaban entrar. Yo crucé los dedos y desee que ocurriera lo que uno cree que es inusual: esperé que alguien tuviera un poco de sentido común, que hubiera leído algo de servicio al cliente, que quisiera ser algo amable con una turista italiana, y que nos hiciera el favor de dejarnos entrar. Todo eso junto…o una de todas. Y así sucedió. Vino otro muchacho y muy cordialmente nos dejó entrar. Y mi colega disfrutó del museo, disfrutó de la vista, tomamos muchas fotos y la pasamos re bien. Y ella lleva ahora recuerdos hermosos de ese paseo.
 
Y Samuel cree que aquí me cachó en una inconsistencia. Empero, le pregunto a usted que está leyendo ahora: Si usted fuera dependiente de una farmacia que cierra a las 7:00 p.m. y un cliente con una necesidad viniera a esa hora en punto, ¿lo atendería, o no? Cumpliría usted el reglamento (horario), o daría 15 minutos de su propio tiempo para atender al cliente? Si usted hubiera estado en la puerta del Museo, ¿hubiera dado 30 minutos de su propio tiempo para que una turista se fuera encantada con ver la ciudad desde ahí, o hubiera aplicado el reglamento (horario) y la hubiera mandado a freír niguas en sartén de palo?
 
Si yo fuera el de la farmacia y el del museo, yo hubiera hecho lo primero. De hecho lo hago más de una vez al mes cuando, en circunstancias similares tengo que atender a gente que, por una u otra razón viene a mí fuera de horas de oficina. Y si se trata de no ser malataza y de atender a alguien que quiere conocer algo de Guatemala, pues yo me esmero.
 
Verás, Samuel, los buenos reglamentos proveen orden y facilitan las cosas; en tanto que los malos reglamentos las obstaculizan y las dificultan. Un buen reglamento, como el de Tránsito, facilita que lleguemos vivos a nuestros destinos y, ¡por supuesto!, mal haríamos en pasarnos los semáforos en rojo, sólo porque sí. Yo nunca haría puppy face en cada semáforo en rojo, y nada bueno saldría de eso.
 
El horario en un lugar de atención al público, sin embargo, es distinto. Puede ser un sistema de referencia, o puede ser un grillete. ¡Que maravilla que el encargado de aquel Museo encantador no es una máquina insensible, programada para cumplir a sangre y fuego un horario! Vos, Samuel, ¿de verdad crees que el guardia hizo mal en dejarnos entrar? ¿De verdad crees que yo hice mal en solicitarle que nos permitiera compartir la hermosa vista que hay allá con una visitante que venía de lejos? ¿De verdad crees que hubiera sido mejor que ella no hubiera podido subir al fuerte, con tal de cumplir un reglamento de horario?
 
Yo creo, que si el encargado, o yo hubiéramos actuado como parece que quiere Samuel que actuáramos, eso hubiera sido una victoria pírrica. Se hubiera cumplido el reglamento que tanto parece valorar Samuel; pero, ¿a qué costo?
 
Nótese que no llegué a pedir que fuera incumplida una Ley (qua norma general, abstracta y de conducta justa), lo único que pedí fue que el encargado usara su criterio y que nos diera un poco de su tiempo, con relación a un horario. Afortunadamente, él fue lo suficientemente generoso, atento y chispudo como para entender el momento y nos facilitó el ingreso al lugar. El buen juicio, en estos casos de atención al público, es más importante que la aplicación insensible de un horario. Para eso, digo yo, es que sirve el criterio humano; para saber, entre otras cosas, cuándo vale la pena cerrarle a alguien la puerta en la nariz, y cuando es mejor tener algo de empatía y atender generosamente a un visitante.
 
Finalmente, quizás valga recordar que la visitante y yo llegamos ahí a las 4:00 en punto, y no a las 4:30, o 6:30. Eso es importante porque para alguien que no es una máquina automática e irreflexiva aplicadora de reglamentos, es técnicamente irrelevante si uno llega a las 3:59, a las 4:00, o a las 4:01. Yo creo que el guardia entendió que la noblesse oblige.
 
Vos Samuel, por cierto, ¿sos el columnista, o es este un molesto homónimo?
 
La foto es del Noreste de la ciudad de Guatemala, desde el Museo; y es por mi amigo Raúl.

18
Feb 10

Sin ProReforma, tu eres al que pisan…

Tu eres al que pisan, dice esta pinta que encontré no recuerdo si la vi en la novena, o en la 11 avenida de la zona 1. Y ahora que existe la posibilidad de que un grupo de diputados les niegue a los guatemaltecos expresarse democrática y directamente sobre el proyecto de reforma constitucional ProReforma, no pude sino pensar en este mensaje.


Si el establishment político nos niega a los chapines la posibilidad de decirle que Sí a ProReforma, nos privará de aquella disposición que, en el Proyecto, dice que en ningún caso el Senado o la Cámara de Diputados emitirán Ley o decretos arbitrarios o discriminatorios, en los que explícita o implícitamente se concedan prerrogativas, privilegios o beneficios que no puedan disfrutar todas las personas que tengan la oportunidad de hacerlo. ¡Nadie!, sino el equipo de ProReforma ha sido tan audaz como para prohibir los privilegios expresa e inequivocamente.

Si el establishment político nos niega a los chapines la posibilidad de decirle que Sí a ProReforma, nos privará de la oportunidad de separar el órgano que conoce, discute y aprueba las leyes como normas generales y abstractas; del que conoce, discute y aprueba la legislación como normas específicas y concretas. !Nadie!, sino el equipo de ProReforma ha sido tan audaz como para quitarle al Organismo Legislativo los incentivos para ser un mercado de leyes…y de privilegios.

Hay un grupito de diputados -apoyado por un grupito de columnistas, por representantes de grupos de interés muy ligados al establishment político y mercantilista, y por exmiembros de la guerrilla- que creen que encontraron el talón de Aquiles de ProReforma en los límites de edad para los senadores. Según la falacia en la que se apoyan, el hecho de que los senadores sólo puedan ser elegidos a los 50 años de edad, por sus coetaneos, es antidemocrático.

No explican, los que atacan a ProReforma, que ¡todos! los coetaneos de ¡todos! los que cumplan 50 años,¡sin distinción alguna!, podrían tener la oportunidad de ser senadores. A esto se le llama igualdad ante la ley, y es un principio propio, no sólo del sistema republicano, sino del estado de derecho. Alegan, los que se oponen a ProReforma, que la disposición discrimina a los menores de 50 y a los mayores de 65 (porque a esa edad deben abandonar el senado); pero tanto Occidente como otras culturas, incluyendo la maya, tienen una larga tradición de confianza en las personas mayores y de experiencia para el trato y conocimiento de asuntos de estado. El Presidente de la República, por ejemplo, de acuerdo con la Constitución guatemalteca, no puede ser un patojo de 35, 30, o 18 años. ¡Nadie!, sino los promotores de ProReforma, ha sido tan audaz como para reconocer que en ciertos aspectos de la vida jurídica y política del país, es más importante confiar en la experiencia de las personas que conocemos, que hacer una piñata demagógica y encargarles la ley a personas que sólo conocen en su casa a la hora del almuerzo.

¿Conoce, usted, a su diputado? ¿Sabe quién es su diputado? ¿Recuerda quiénes estaban en la lista de candidatos a diputados por los que usted votó? Si no recuerda a todos, ¿recuerda a los cinco que encabezaban la lista? Vaya pues, ¿recuerda a los tres que encabezaban la lista?

Si logramos que democráticamente se nos consulte si queremos a ProReforma y logramos el Sí, imagínese usted: En toda su vida, sólo tendrá una única oportunidad de elegir senador. Y esa oportunidad será entre las personas que, como usted, cumplan 50 años. ¿Con cuánta anticipación se interesará, usted, en averiguar quiénes son los candidatos? ¿Con cuánta anticipación les hablará a sus coetaneos acerca del tema? ¿Conoce, usted, a gente de su edad que serían senadores ejemplares?

¡Nadie! -sino los que proponen ProReforma- ha sido tan audaz como para confiar total y absolutamente en los electores, como para desafiar al establishment, como para proponer expresa e inequivocamente la eliminación de todos los privilegios, y como para quitar los incentivos que hacen del Congreso un mercado de canonjías. Y por eso es que el establishment, en alianza con la exguerrilla, le tiene pavor a ProReforma.

Si ProReforma no es democráticamente sometida a consideración directa de los electores y de los tributarios, el establishment y sus aliados ganarán la partida. Y, ¿adivine, usted, quién va a salir perdiendo?

18
Feb 10

Sin ProReforma, tu eres al que pisan…

Tu eres al que pisan, dice esta pinta que encontré no recuerdo si la vi en la novena, o en la 11 avenida de la zona 1. Y ahora que existe la posibilidad de que un grupo de diputados les niegue a los guatemaltecos expresarse democrática y directamente sobre el proyecto de reforma constitucional ProReforma, no pude sino pensar en este mensaje.


Si el establishment político nos niega a los chapines la posibilidad de decirle que Sí a ProReforma, nos privará de aquella disposición que, en el Proyecto, dice que en ningún caso el Senado o la Cámara de Diputados emitirán Ley o decretos arbitrarios o discriminatorios, en los que explícita o implícitamente se concedan prerrogativas, privilegios o beneficios que no puedan disfrutar todas las personas que tengan la oportunidad de hacerlo. ¡Nadie!, sino el equipo de ProReforma ha sido tan audaz como para prohibir los privilegios expresa e inequivocamente.

Si el establishment político nos niega a los chapines la posibilidad de decirle que Sí a ProReforma, nos privará de la oportunidad de separar el órgano que conoce, discute y aprueba las leyes como normas generales y abstractas; del que conoce, discute y aprueba la legislación como normas específicas y concretas. !Nadie!, sino el equipo de ProReforma ha sido tan audaz como para quitarle al Organismo Legislativo los incentivos para ser un mercado de leyes…y de privilegios.

Hay un grupito de diputados -apoyado por un grupito de columnistas, por representantes de grupos de interés muy ligados al establishment político y mercantilista, y por exmiembros de la guerrilla- que creen que encontraron el talón de Aquiles de ProReforma en los límites de edad para los senadores. Según la falacia en la que se apoyan, el hecho de que los senadores sólo puedan ser elegidos a los 50 años de edad, por sus coetaneos, es antidemocrático.

No explican, los que atacan a ProReforma, que ¡todos! los coetaneos de ¡todos! los que cumplan 50 años,¡sin distinción alguna!, podrían tener la oportunidad de ser senadores. A esto se le llama igualdad ante la ley, y es un principio propio, no sólo del sistema republicano, sino del estado de derecho. Alegan, los que se oponen a ProReforma, que la disposición discrimina a los menores de 50 y a los mayores de 65 (porque a esa edad deben abandonar el senado); pero tanto Occidente como otras culturas, incluyendo la maya, tienen una larga tradición de confianza en las personas mayores y de experiencia para el trato y conocimiento de asuntos de estado. El Presidente de la República, por ejemplo, de acuerdo con la Constitución guatemalteca, no puede ser un patojo de 35, 30, o 18 años. ¡Nadie!, sino los promotores de ProReforma, ha sido tan audaz como para reconocer que en ciertos aspectos de la vida jurídica y política del país, es más importante confiar en la experiencia de las personas que conocemos, que hacer una piñata demagógica y encargarles la ley a personas que sólo conocen en su casa a la hora del almuerzo.

¿Conoce, usted, a su diputado? ¿Sabe quién es su diputado? ¿Recuerda quiénes estaban en la lista de candidatos a diputados por los que usted votó? Si no recuerda a todos, ¿recuerda a los cinco que encabezaban la lista? Vaya pues, ¿recuerda a los tres que encabezaban la lista?

Si logramos que democráticamente se nos consulte si queremos a ProReforma y logramos el Sí, imagínese usted: En toda su vida, sólo tendrá una única oportunidad de elegir senador. Y esa oportunidad será entre las personas que, como usted, cumplan 50 años. ¿Con cuánta anticipación se interesará, usted, en averiguar quiénes son los candidatos? ¿Con cuánta anticipación les hablará a sus coetaneos acerca del tema? ¿Conoce, usted, a gente de su edad que serían senadores ejemplares?

¡Nadie! -sino los que proponen ProReforma- ha sido tan audaz como para confiar total y absolutamente en los electores, como para desafiar al establishment, como para proponer expresa e inequivocamente la eliminación de todos los privilegios, y como para quitar los incentivos que hacen del Congreso un mercado de canonjías. Y por eso es que el establishment, en alianza con la exguerrilla, le tiene pavor a ProReforma.

Si ProReforma no es democráticamente sometida a consideración directa de los electores y de los tributarios, el establishment y sus aliados ganarán la partida. Y, ¿adivine, usted, quién va a salir perdiendo?

21
Ene 10

La peor forma de ayudar a los haitianos

Ya apareció mi amigo, David, en Puerto Principe. Su casa se desplomó y está viviendo en su oficina; si hubiera estado en su residencia, durante el terremoto, ahora no estuviera contando la historia. El sismo lo agarró en una calle comercial y vio como colapsaban muchos edificios.


Mientras tanto, los haitianos están sufriendo lo indecible y necesitan -inmediatamente- toda la ayuda que pueda enviárseles. En el mediano plazo, también necesitarán mucha ayuda para levantar cabeza. Empero, si esa ayuda sigue, sigue y sigue, sin que los haitianos tomen el control de sus vidas, de su sociedad y de su destino; sin que los haitianos hagan de la suya una sociedad más rica y por lo tanto más segura, allá están condenados.

Si el futuro de los haitianos va a depender de la ayuda, están perdidos.

Vea usted esta gráfica. En el eje X se muestra el ingreso por persona, ajustado a la inflación; en tanto que el eje Y muestra la ayuda exterior recibida por persona en dólares actuales. Hay tres países ahí: Haití (en amarillo), Tanzania (en azul) y Hong Kong (en rojo); este último para hacer el contraste. Haga usted clic en Play, y verá como ha evolucionado la relación entre los ejes X e Y entre 1960 y 2007. Mientras más vertical y hacia la izquierda es la evolución de las gráficas, más se hace evidente que no hay correlación positiva alguna entre el crecimiento de la ayuda exterior recibida y el ingreso de las personas, ni en Haití, ni en Tanzania.

Ahora vea lo que ha ocurrido con Hong Kong y su gráfica roja. El ingreso de las personas ha crecido, crecido y crecido; en tanto que el monto de la ayuda exterior recibida se ha mantenido estable.

La ayuda exterior es vital durante una emergencia; pero es irrelevante y hasta puede ser nefasta para mejorar el nivel de vida de las personas. Los Haitianos sólo tendrán una sociedad rica y segura cuando establezcan:

1. Derechos de propiedad para todos.
2. Libertades civiles y derechos individuales iguales para todos.
3.Un gobierno que proteja los derechos de todos.
4. Impuestos bajos, transparentes y predecibles.
5. Un sistema monetario no inflacionario.
6. Libertad de intercambio.
7. Políticas que no sean envidiosas contra aquellos que son empresarialmente exitosos.

Por cierto que usted, como yo, quizás sienta recelo de enviar su ayuda a los haitianos por medio de la Coordinadora Nacional de Desastres, la Organización de las Naciones Unidas, o por cualquier otro medio que involucre a políticos y burócratas directamente. He aquí una buena opción: The Human Rights Foundation y el actor Kelsey Gammer, han establecido un fondo generoso.


17
Ene 10

La tragedia en Haití

Mi amigo David está en Puerto Príncipe y no ha respondido a mis correos electrónicos; y mucha de la familia de mi amigo Louis está allá. Cuando le pregunté a este si tenía noticias de Haití, me dijo que no había muchas comunicaciones y que el epicentro había sido cerca de su antiguo barrio.
Cuando veo las fotos y vídeos de lo que ha ocurrido en Haití se me pone la carne de gallina y no puedo sino pensar en lo espantoso que debe ser para la gente que está allá. Veo la devastación y los muertos en la calle y la cabeza me da vueltas.
Recuerdo muy bien el terremoto de 1976 en Guatemala; sismo que dejó alrededor de 23,000 muertos; pero nunca vi un cadáver en la calle. Eso sí, caminé por el barrio El Gallito el mero 4 de febrero, cerca de las 7:00 a.m., y pude ver la destrucción, el desconcierto, la tristeza y el miedo. También recuerdo las fotos que vi de San Martín Jilotepeque, Zaragoza y otras poblaciones guatemaltecas que fueron arrasadas, y recuerdo las historias de entierros en fosas comunes.
Tragedias como estas inmediatamente hacen brillar lo humano en nosotros. La ayuda y la generosidad se volcaron hacia los guatemaltecos en 1976 y se están dirigiendo a los haitianos ahora, en 2010. Empero, hay una realidad que no está de más meditar, aún en medio de lo urgente que es el corto plazo. Sin duda urgen agua, medicinas, ropa, alimentos y otras cosas para aliviar el sufrimiento de los haitianos; pero…¿y mañana?
Es un hecho que los países ricos sufren menos con los desastres naturales. Incluso en las regiones pobres de los países ricos, la gente sufre más por los desastres naturales, que en las regiones ricas de aquellos mismos países. Evidencia de lo primero es que el terremoto de Haití, que fue de 7.0 grados Richter, dejó allá cerca de 100,000 muertos; en tanto el terremoto de Loma Prieta, California en 1989, también de 7 grados en la misma escala, dejó allá menos de 70 fallecimientos. Evidencia de los segundo es que el huracán Katrina hizo estragos en Louisiana, que no es precisamente uno de los estados más ricos de la Unión Americana. Mi amigo Roberto, que vive del lado de Texas, en la frontera con México, cuenta cómo es que, cuando hay huracanes muere menos gente del lado tejano, que del mexicano. Parece evidente que las sociedades ricas son sociedades menos vulnerables.
¿Qué se necesita, entonces, para que en países como Guatemala y Haití muera menos gente a causa de terremotos, huracanes, y otros fenómenos naturales? Ya lo dice mi amigo Richard Ebeling: Un sistema de libertad que permita la prosperidad.
1. Derechos de propiedad para todos.
2. Libertades civiles y derechos individuales iguales para todos.
3.Un gobierno que proteja los derechos de todos.
4. Impuestos bajos, transparentes y predecibles.
5. Un sistema monetario no inflacionario.
6. Libertad de intercambio.
7. Políticas que no sean envidiosas contra aquellos que son empresarialmente exitosos.
Si las sociedades ricas son sociedades más seguras, ¿qué nos detiene? Cuando nos golpea la desgracia, agradecemos la generosidad, la valentía, el consuelo, y la bondad de nuestros amigos y vecinos; pero la de asegurarnos de que no volvamos a ser tan vulnerables, esa es responsabilidad nuestra y ahora.
…y ahora, mis pensamientos están con los haitianos.

21
Sep 09

Lo que nunca verá usted en ProReforma

ProReforma es una propuesta de reforma constitucional que es descarada, pelada y abiertamente anti privilegios. Con desparpajo y sin vergüenza el artículo 157 de ProReforma dice que en ningún caso el Senado o la Cámara de Diputados emitirán Ley o decretos arbitrarios o discriminatorios, en los que explícita o implícitamente se concedan prerrogativas, privilegios o beneficios que no puedan disfrutar todas las personas que tengan la oportunidad de hacerlo.

Por eso es que en el texto usted no verá leyes distintas para grupos sociales específicos. Lo que verá es leyes iguales para todas las personas sin distinción de sexo, etnia, condición social ni nada por el estilo.
 
Irmalicia Velásquez y Samuel Pérez han estado quejándose de que ProReforma no discrimina entre ciudadanos; y alguno hasta ha tratado de aplicar, en este caso, la idea aristotélica de que debe haber trato desigual para los desiguales. Idea que para nada se refiere a la igualdad de todos ante la ley, sino a lo evidente que resulta pensar que si uno va a regalar violines, para poner un ejemplo, pues obviamente los va a regalar a aquellos que puedan aprovecharlos, en vez de regalarlos a todos por igual.
 
La igualdad de todos ante la ley o isonomía, es otra cosa completamente distinta, que los críticos de ProReforma no deberían confundir en su afán de ningunear la propuesta. Una discusión académica seria, de este asunto, demanda que se hagan distinciones sutiles como esta.

07
Sep 09

Rigoberta Menchú tiene razón, otra vez

La juventud se está acercando más a la posibilidad de construir un país más incluyente; dijo Rigoberta Menchú en una entrevista.

Estoy de acuerdo con esta observación de la señora Menchú, porque cada vez conozco más jóvenes a los que les repugna la idea de los privilegios. Cada vez conozco más jóvenes que entienden la importancia de la igualdad de todos ante la ley; sin que la condición social, el sexo, la étnia, la nacionalidad, o la relgión, por ejemplo, sean motivos para exclusiones o tratos diferenciados por parte de la ley.
Si el lector está contra los privilegios y contra las exclusiones que estos generan, seguramente estará de acuerdo con una norma que le prohiba al Organismo Legislativo emitir leyes o decretos arbitrarios o discriminatorios en los que explícita o implícitamente se concedan prerrogativas, privilegios o beneficios que no puedan disfrutar todas las personas que tengan la oportunidad de hacerlo.
Si es así, el lector tiene un motivo para interesarse en ProReforma.

06
Sep 09

Meditaciones sobre banderas y motos

Los que visitan con regularidad este espacio, saben lo que opino del nacionalismo y del patriotismo, así que esta entrada no es sobre ese tema, sino sobre las leyes que nadie está dispuesto a hacer que se cumplan. Y lo que da pie a las meditaciones son los vendedores callejeros de banderas, con ocasión del 15 de septiembre.

De acuerdo con el decreto 104-87, los colores de la bandera de Guatemala son: el azul ISCC-NBC177 o VM 1.6 PB 5.9/9.4; y el blanco ISCC-NBC263 o VM 2.5 PB 9.5/0.2 y queda terminantemente prohibido elaborar banderas no autorizadas o de características distintas a las del modelo normado por esa ley. Hoy leemos que el Ministerio de Cultura es el dispone las sanciones en caso de infracción; pero la viceministra de ese ramo, Elsa Son, informa que no se ha impuesto ninguna multa debido a que los infractores son vendedores informales, “por lo que se tendría que hacer una investigación exahustiva para dar con las empresas que elaboran esas banderas”.

Es difícil controlar esas ventas, y el Ministerio no cuenta con la capacidad suficiente para sancionar a todas esas personas que deambulan por las calles. Además que son niños y mujeres, aseveró la funcionaria. Y por cierto que este año, el Ministerio sólo autorizó a cuatro empresas para fabricar banderas.

De las declaraciones de la viceministra Son, me llaman la atención varios elementos:

1. El Ministerio no le impone sanciones a los vendedores informales…y, ¿se las impondría si fueran formales?
2. Si el Ministerio de Educación no tiene capacidad alguna para cumplir con sus funciones, ¿qué capacidad va a tener el de Cultura para perseguir a los que no hacen bien las banderas?
3. El Ministerio de Cultura tiene burocracia suficiente para autorizar a ciertas empresas para que fabriquen banderas; pero es incapaz de hacer que las que no se molestan en pedir la autorización, cumplan con la ley.
4. Como la mayoría de infractores son niños y mujeres, el Ministerio se hace el loco. Con niños se entiende, porque son inimputables; pero igual habría que hacer cumplir la dichosa ley. Pero…¿y las mujeres? ¿Por qué es que a las mujeres se les trata diferente en este caso? Si la mayoría de vendedores fueran hombres, ¿el Ministerio si actuaría? ¿Por qué?

Al final de cuentas, y lo que importa para estas meditaciones, es que la ley sale sobrando cuando las supuestas autoridades pueden decidir arbitrariamente a quién se la aplican y a quién no. Y cuando la ley no es pareja sino que se toman en cuenta condiciones económicas, o el sexo de los infractores para decidir si se va a aplicar una normativa, o no.

Igual cosa pasa con la ley que prohibe que más de una persona vaya en una moto; o con la que obliga a llevar casco y chaleco numerados. En las fotos se ve a una familia entera en una moto, a una pareja en otra moto y a un muchacho que ayer andaba sin su chaleco y que conducía parado sobre su moto.

¿Quién tiene autoridad moral para sancionar a una familia humilde que sale a pasear en moto el domingo? ¿Quién tiene autoridad moral para castigar a una pareja que debe salir a trabajar y cuyo transporte más seguro y eficiente es una moto? ¿Quién tiene autoridad alguna para ponerle multa a un muchacho que hace suertes en su moto?

¿Quién tiene autoridad moral alguna para perseguir a los informales y a las mujeres que hacen y venden banderas que no cumplen con los requisitos legales?

¡A lo mejor no deberían existir este tipo de leyes que nadie está dispuesto a hacer que se cumplan!

24
Jul 09

Pero que mala taza esos del IGSS

Una malatazada es lo que hace el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social con los altos funcionarios a los que el seguro social no quiere darles cobertura. Hoy leo que Maynor Robles, jefe del departamento actuarial y estadístico del Instituto, dijo que hay que considerar el perfil que tienen estos funcionarios; es decir, la morbilidad que ellos van a presentar, porque muchos de ellos presentan enfermedades crónicas, como presión alta, cardiovascular, diabetes, que son enfermedades de alto costo y esto impacta financieramente en los programas.


Dicho en otras palabras, por cuestiones puramente financieras -y nada humanitarias- el IGSS se rehusa a darles cobertura a los altos funcionarios porque son muy costosos y riesgosos. Lo cual, encima de todo, no tiene sentido, porque el IGSS obliga a pagar a altos ejecutivos del sector privado, que están sometidos a las mismas presiones, pero sí tienen que cotizar.

Eso, claro, nos lleva a una contradicción conceptual del Seguro Social. Los altos ejecutivos del sector privado están obligados a pagar, no porque al IGSS les preocupe su salud (como ya quedó evidenciado por las implicaciones de las declaraciones de Robles), sino porque supuestamente tienen una obligación solidaria con los más pobres. Se supone que los ejecutivos bien pagados, aunque no tienen necesidad de caer con el seguro social, están obligados a cotizar para contribuir al canasto comunal y apoyar, con sus altos pagos, a mejorar las condiciones de los que tienen menos ingresos. Ya todo ese proceso redistributivo es falaz y perverso, como para que se le añada el nuevo elemento que queda al descubierto con los que nos cuenta Robles.

Sepa usted, que los altos funcionarios del gobierno están exentos de la obligación solidaria a la que sí están sometidos los ejecutivos del sector privado. Esto constituye un privilegio para los funcionarios, y una malatazada para los más pobres, que no se benefician con las contribuciones de los funcionarios privilegiados.

Al final, tantas inconsistencias propias del seguro social en el que todo es de todos y nada es de nadie, sólo perjudican a los trabajadores que no tienen otro palo en qué ahorcarse; y sólo minan el estado de derecho y la igualdad de todos ante la ley. Por eso, urge una reforma del seguro social en el que cada quién sea dueño de sus ahorros, en vez de que pase como ahora, que los que más se benefician son los funcionarios que los maladministran, se los roban, o los pierden.

01
Abr 09

Se ha perdido todo el pudor

Cuando allá por 1987 la administración de turno intentó prohibir el uso de vidrios polarizados en los automóviles, con el pretexto de que ello contribuiría a la seguridad ciudadana, los ponentes de la ley pretendieron que sólo los funcionarios públicos pudieran tener sus vehículos polarizados.

Esto puso en evidencia tres cosas:
1. Que los funcionarios no tenían empacho alguno en asignarse ese privilegio.
2. Que los vidrios polarizados brindaban beneficios a los que los funcionarios no estaban dispuestos a renunciar: protección contra la delincuencia y comodidad frente al sol y al calor.
3. Que a los funcionarios no les importaba privar de aquellos beneficios a los electores y a los tributarios.
Con todo y todo, bastó que la prensa expusiera estos tres aspectos para que la iniciativa fuera deshechada.  Electores y tributarios se manifestaron indignados por las pretensiones de los promotores de la regulación citada, y todo quedó en nada.  Ya no hubo prohibicion porque no se basaba en la igualdad de todos ante la ley.  Este principio, el de la igualdad de todos ante la ley, es fundamental para el estado de derecho y para la convivencia social pacífica.  Cuando es violado, ¡y cuando es violado por los que están llamados a protegerlo!, es una gran calamidad.
Ahora ha ocurrido algo parecido, pero como ya se ha perdido todo el pudor, a pocos nos parece relevante.  Los diputados y la administración promovieron una nueva ley de armas que les limita a los electores y tributarios su derecho a tener y portar armas para su defensa personal (cuando la administración es absolutamente incapaz de proteger ese derecho) y les da a funcionarios y exfuncionarios el privilegio  de no tener que registrar sus armas.  
Un privilegio tan descarado y tan abusivo debería ser intolerable en una sociedad que no sea de ovejas y de súbditos.  Y, encima, uno se pregunta, ¿qué pasará cuando un funcionario, o diputado bolo, como ya ha ocurrido, salga y haga disparos irresponsables que causen daños?  ¿Qué pasará cuando a un diputado, a un funcionario, o a su seguridad les roben las armas no registradas? ¿Qué pasará cuando algún diputado, o funcionario le de por vender, o prestar su arma no registrada?

Digg!