La costa sur no sólo es riquísima en términos de experiencias arqueológicas, agroindustriales, turísticas y gastronómicas, sobre todo es rica en gente generosa que sabe hacer que los visitantes nos sintamos bienvenidos.
Después de dos años seguidos que pasamos el asueto del equinoccio de primavera en Quiché, y de varios años que lo pasamos en la ciudad de Guatemala, esta visita a la boca costa fue gratificante y provechosa. Conocimos mejor las culturas Monte Alto y Cotzumalguapa, que son distintas a las culturas maya y mayenses con las que uno suele estar más familiarizado; visitamos cañaverales y bosques de hule; cenamos delicioso en Robert´s, que es un clásico, y descubrimos La cabaña de don Manuel donde compramos crema y quesos exquisitos y frescos. También visitamos amigos y conocimos la mítica El Jabalí.
El martes 31 desayunamos en el apartamento y salimos temprano para llegar a la ciudad de Guatemala cuanto antes. La idea era llegar a tiempo para el sepelio de la abuelita de nuestra cuata, Majito, pero no fue posible.
Resulta que cuando ya estábamos a 45 minutos de la ciudad nos encontramos con uno de esos embotellamientos inexplicables en los que el tráfico, cuando no camina a paso de tortuga, simplemente se estanca. Y cuando uno llega al presunto punto original del atasco… no hay nada. Nada evidente, al menos. A sólo 45 minutos de la ciudad, ¿cuánto tiempo crees que hicimos en la realidad? Tres horas. Por eso es que pienso, y repienso cuando tengo que salir hacia La Antigua, o cualquier otro destino. Los costos emocionales, de tiempo y de combustible de los congestionamientos para salir y entrar son elevados, sobre todo si uno va a salir sólo por el día.
Dicho lo anterior, ¿sabes qué me impresiona muy mal a inmediaciones del basurero de AMSA? Aparte del hedor, claro. La cantidad de basura que sale volando y anda por ahí y queda enredada en los alambres de cuchillas que se ponen para seguridad perimetral.
Del lado positivo, en el camino de vuelta también me llamó la atención un restaurante hecho con contenedores y un bus de transporte colectivo. Otro día será que pasemos a comer algo allí.
Después de esta experiencia encantadora en la costa sur, Lissa, Raúl y yo quedamos convidados para volver. Para usar Santa Lucía Cotzumalguapa, o Coatepeque como base para explorar los alrededores. Para conocer mejor las costumbres y tradiciones de aquellas regiones. Para comer rico y para encontrarnos de nuevo con amigos. Al final, estos road trips sirven para recordar que, a pesar de los eternos embotellamientos y la dejadez que uno se encuentra al volver, Guatemala tiene lugares y gente que siguen haciendo que sea maravilloso salir a recorrerla.
Road trip en la boca costa, II
Road trip en la boca costa, III
Road trip en la boca costa, IV



