07
Dic 25

No quemamos al diablo

 

Este año no bajamos a quemar al diablo como hubiera correspondido.  En buena parte porque estoy medio agripado; pero por también porque andaba con la inquietud de que no debería salir. Si visitas Carpe Diem desde hace ratos seguramente recuerdas que nos gusta vivir la tradición en el Cerro del Cármen. Hace seis años descubrimos que esta fiesta familiar se celebra de forma tradicional y encantadora en lo alto del Cerro del Carmen, en la ciudad de Guatemala….y, ¿vas a creer? poco antes del inicio de la quema, hoy fue asesinada una persona a inmediaciones de aquel lugar lo cual es una pena. 

El diablito de casa mañana será apaleado cual piñata.

El año pasado nos fue muy bien porque una familia y sus vecinos nos acogieron para quemar el diablo, de acuerdo con la tradición chapina. Este año nos quedamos en casa y vivimos la fiesta desde el balcón.  Desde ahí vimos a una familia que salió a quemar cohetes a la calle; pero lo mejor fue que por toda la ciudad hubo fuegos artificiales y el ambiente se llenó del conocido aroma a pólvora, aróma que necesariamente despierta el antojo de comer tamales y tomar ponche.  

El vídeo de abajo muestra cómo se vieron los fuegos artificiales desde mi balcón. 

¿Qué es la quema del diablo?

La quema del diablo es una tradición guatemalteca que representa la oportunidad ritual para echar al fuego lo malo, lo inservible, lo caduco, lo que hace daño y lo que no queremos para el año que viene, en un contexto místico y mitológico. 

En la víspera de la fiesta de la Inmaculada Conceptión, el Diablo es quemado en Guatemala. A las seis de la tarde, el cielo, ya para esa hora oscuro, se torna rojizo debido a los cientos de fogarones que arden en las calles de todos los barrios de la ciudad, tal como sucede en todos los pueblos del país.  Para el imaginario guatemalteco, es una especie delimpia”, dice la novela De cara al sol, por mi amigo, Milton Estuardo Argueta. 

Desde una perspectiva racional y más universal, la fiesta trae la luz y el fuego a la época del año en la que las noches son más largas, frías y oscuras, por lo que es apropiado celebrarla con familia y amigos, y recordar que, aun en la oscuridad, es posible la luz. Estoy seguro de que cada quien podrá sacar de todo esto lecciones de vida y aprendizajes que habrá que transmitir a las generaciones siguientes.

Disfruto mucho esta fiesta chapina porque es una ocasión propia para celebrar la vida y recordar a dos personajes malentendidos, uno de ellos casi olvidado, que -aparentemente- no tiene nada en común: Lucifer y Prometeo. Ambos se rebelaron contra dioses tiránicos y arrogantes. Ambos fueron cruelmente castigados por su atrevimiento. Uno es el traedor de luz, y el otro les dio el fuego a los hombres. Ambos son heroicos.

En 2018, cuando fuimos a la quema del diablo en el Cerro del Carmen por primera vez, el cura explicó que María, la que anuncia la luz, precede a Jesús, que es el Sol; y en la realidad, ¿quién precede al Sol? ¡Venus precede al Sol cuando Venus es lucero de la mañana! ¿Y cuáles son otros nombres antiguos de Venus? Lucifer, el traedor de luz; e Ishtar, diosa del amor, de la belleza y de la fertilidad. Los mayas, por cierto, no eran ajenos al concepto de que Venus, Lucifer o Ishtar es traedor de luz, ya que para ellos Venus (el heósforo) anunciaba que el Sol saldría ese día, luego de su paso por Xibalbá. ¡Hay que celebrar estas fiestas por la vida y por el valor de quienes traen la luz y de quienes se rebelan ante dioses tiránicos y arrogantes!

Cuando era niño, por cierto, la fiesta solía incluir la reunión de amigos en la mañana para ir a buscar ramas y chiribiscos con qué armar una buena pira. Luego, en la tarde, llegaba mi padre con cohetes y algunos fuegos artificiales, y a las seis mi madre preparaba buñuelos, y había mucha alegría en la calle y en la casa. De cualquier manera, como dijo Gustav Mahler: La tradición no es el culto a las cenizas, sino la preservación del fuego.

¡Me alegra mucho que se conserve la tradición!


06
Dic 25

Tradiciones de arbolito en casa

 

En casa, el día en que ponemos el arbolito tradicional es fiesta. Lo tomamos muy en serio y celebramos el solsticio de invierno, yuletide, Navidad, las saturnales y otras fiestas de fin de año con pinabete y decoraciones tradicionales. El pinabete tradicional no solo nos trae su aroma encantador unido al de las manzanillas, sino que su color y sus formas, así como las luces y las figuras que lo adornan, nos traen muchos recuerdos y son símbolos de paz y de amor.

El aroma del pinabete y de las manzanillas alegra la casa.

El arbolito tiene que ser Abies guatemalensis y  a su lado no pueden faltar los chinchines, la tortuga y otros objetos que nos conectan con nuestras historias propias, nuestras infancias y con las generaciones que nos han precedido. El niño que incluimos entre aquellas decoraciones representa nuestra confianza en un universo benevolente, nuestra esperanza por un futuro mejor y la alegría que traen a casa las nuevas generaciones.

Hoy fuimos a traer el arbolito a El Encanto de Tecpán. Esos árbolitos nos gustan mucho porque son frescos, su aroma es espectacular y cada uno que viene tiene su propio caráctacter.  A la hora de escoger el que nos acompañará a casa no sólo es importante su belleza, sino eso que la gente llama su personalidad

Para los que vienen por primera vez:

En las casas de mis abuelas y de mis padres no siempre hubo pinabetes. De cuando yo era niño recuerdo varios árboles inolvidables. En casa de mi abuelita Juanita me es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel (aquel cabello de ángel, de verdad, que era de fibra de vidrio) y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles eran generalmente pinabetes, o cipreses. A veces eran adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; árboles siempre llenos de figuras variadísimas y algunas muy antiguas, así como con luces de colores. Allá algunos de aquellos árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos gran variedad de arbolitos. Aunque los favoritos eran los pinabetes, también tuvimos cipreses y creo que algún pino. Los pinos no me gustaban porque, a pesar de que olían rico, se ponían tristes rápidamente y también tuvimos algún chiribisco plateado. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda unos árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared.

En casa es tradición que cada año compramos un adorno nuevo y lo incorporamos a los que ya tenemos. Hay adornos variados: dos hawaianas, uno que muestra a Odin, otro de La rebelión de Atlas, uno del barco Estrella de la India, una estrella de Santa Catarina Palopó, varios con motivos propios de la temporada, unos con mapas, y así. Los de 2023 fueron vintage, hechos de hojalata y pintados como de principios del siglo XX. Ese año fueron un animalito al que le digo El tacuacín, acompañado de otras figuras encantadoras.

@luisficarpediem

Empieza la fiesta. Ya hay árbol de navidad #arboldenavidad #navidad #solsticiodeinvierno #luisfi61 #fiesta

♬ Oh Albero – O christmas tree – La Brigata Canterina

En esta temporada, el pinabete no solo adorna nuestras casas, sino que nos recuerda la importancia de las tradiciones que unen generaciones, el valor de la paz familiar y la esperanza que renace cada fin de año. ¡Que esta Navidad llene tu hogar de aroma a pinabete, recuerdos entrañables y amor!


30
Nov 25

Desde el balcón Luces Campero

 

Es cierto que desde mi balcón las Luces Campero ya no se ven como antes de los encierros forzados del 2020; pero este año decidimos no subir al tejado para disfrutarlas más tranquilos. Siempre con una copa de riquísimo rompopo cubano.

Luces Campero por Alejandro Masdeu.

Como todos los años, el niño que hay en mí se emociona mucho con los fuegos artificiales. Me gusta hacer fiesta con las Luces Campero.

¿Sabes que durante unos 10 años, poco más, o menos, no vi las Luces Campero? En parte porque se me olvidaba estar pendiente de ellas y en parte porque trabajaba el día en que se celebraban. El primer año de aquellos juegos pirotécnicos tuve la malísima idea de subir a verlas al mirador de la carretera a El Salvador, y fue un error: solo recuerdo que se veían bien pequeñas y que el tráfico fue infernal.

Así se ven ahora las Luces Campero desde mi balcón, pero iual las disfrutamos mucho.

Ahora, aunque se ven poco desde el balcón (o desde el tejado, como el año pasado), lo bueno es que igual las disfrutamos como micos. Ya lo he mencionado en otras ocasiones: cuando se trata de fuegos artificiales, mi regla es Baila como si nadie te estuviera viendo, ama como si nunca te hubieran herido y canta como si nadie pudiera oírte. Así que yo exclamé: ¡Oh! ¡Ah! Wow!, y aplaudí a gusto.

A diferencia del año pasado, que no subí mi copa de rompopo tipo cubano de doña Luisa Cuadrado porque pensé que iba a estar muy incómodo con tanto viento y sin tener dónde depositar la copa, este año me disfruté una viendo las luces y otra escribiendo estas líneas. Ese rompopo, por cierto, es una receta francesa que preparaba una tía española -de doña Luisa- que vivía Cuba y ahora ella lo prepara en Guatemala.

Y así, con rompopo en mano y el cielo encendido, te recuerdo que la vida es demasiado corta para verla de lejos: hay que acercarse, brindar y gritarle al universo que seguimos vivos. ¡Feliz solsticio de invierno y feliz navidad!


16
Nov 25

Luces y asombro en Árbol Gallo

 

Con el Festival del Árbol Gallo comenzaron las fiestas de fin de año en Guatemala. Anoche, la Plaza de El Obelisco, la Avenida de la Reforma, la Avenida de las Américas y el Bulevar Liberación se llenaron de familias y niños con caritas de asombro cuando fue encendido el árbol simbólico y empezaron los fuegos artificiales.

Estuvo alegre la inauguración del Festival del Árbol Gallo en la ciudad de Guatemala.

Este año no tuvimos tan buen ángulo como el año pasado; pero igual disfrutamos la fiesta. Este año estuvimos más bien en la periferia donde la fiesta es menos intensa; pero igual de alegre.

Nunca es suficiente reiterar que lo más alegre de esta ocasión es ver a los niños admirados por las luces. Escuchar los ¡Oooh! y ¡Aaah! de grandes y chicos. Ver a las familias juntas y a los jóvenes actuando como niños. Por supuesto que abundan las ventas de lo más variadas y es inevitable salir con olor a humo de churrasco si uno se descuida. Yo me embobo viendo aquellas maravillas y desde finales de octubre me ilusiona mucho ir a la calle a esta fiesta. Me encanta ver a familias completas, especialmente a las que llegan desde temprano y hacen picnic en la tarde. También las que van quedando en la noche y caminan para sus casas. De hecho, nosotros vamos en Uber y regresamos a pie.

Luces y alegría hubo en el Árbol Gallo.

Anoche, como en otras ocasiones, les regalamos juguetes con luces a niños cuyos padres evidentemente no pueden comprárselas. Preguntamos a los padres: «¿Le podemos regalar esto al niño?». Y cuando nos dicen que sí, contentos, es fabuloso ver cómo se iluminan las caritas de los muchachitos.

El Festival del Árbol Gallo —de la Cervecería Centroamericana— se celebra desde hace 40 años y es parte importante del imaginario chapín de las fiestas del solsticio de invierno y de la Navidad. En unas semanas serán las Luces Campero y el Festival Navideño en la Plaza de la Constitución, y Cayalá ya está vestida de fiesta y luces.

Este año vimos la fiesta desde el Bulevár Liberación.

¿Qué más viene ahora? La quema del diablo; la fiesta de Guadalupe en mi barrio y en el centro con sus fascinantes toritos; y la Nochebuena con la alegría de los fuegos artificiales.

¡Que estas fiestas y el espíritu celebratorio chapín vivan por siempre!… Y desde Carpe Diem les deseo a los lectores felices fiestas junto a sus familias y seres queridos, larga vida y prosperidad. ¡Que vivan las tradiciones que nos unen y encienden los corazones de los guatemaltecos!

@luisficarpediem

Con el Festival del Árbol Gallo comenzaron las fiestas de fin de año en Guatemala. Anoche, la Plaza de El Obelisco, la Avenida de la Reforma, la Avenida de las Américas y el Bulevar Liberación se llenaron de familias y niños con caritas de asombro cuando fue encendido el árbol simbólico y empezaron los fuegos artificiales #arbolgallo #solsticiodeinvierno #tradicion #fiesta #luisfi61

♬ All I Want for Christmas Is You – Mariah Carey


02
Nov 25

¡Fiambre y a celebrar la vida!

 

Este año no comimos el fiambre en la fecha tradicional, que es el 1 de noviembre, sino que lo comimos hoy. ¿Por qué? Porque ayer fue la boda de El Ale y Cristi una ocasión extraordinaria y alegre que se ganó todo nuestro espíritu celebratorio del día. Después del tremendo fiestón las vibras celebratorias se concentraron en el fiambre que nos ocupó el 28, 29 y 30 de octubre, contando el día en que fuimos a traer la gallina al Mercado Colón.

El fiambre guatemalteco es una combinación delicada de carnes, embutidos, verduras y mariscos unificada por un caldillo.

En casa, la del fiambre es una de nuestras fiestas favoritas; y este año lo compartimos con la familia Masdeu—de El Salvador—con mis hermanos y cuñadas, con mi hermana y con mi mamá.  La familia salvadoreña vino a la boda de El Ale y tuvimos la dicha de compartir con ellos esta fiesta familiar.

El fiambre que comemos hoy es el plato estelar de la cocina guatemalteca, no solo por su sabor y complejidad, sino porque carga con una historia que nos conecta con recuerdos y nuestras raíces. En Guatemala, el Día de Todos los Santos y el Día de los Muertos se funden el 1 de noviembre y esa mezcla no es solo de fechas, sino que es la tradición que materializa nuestra versión del Día de Acción de Gracias, con sabores, aromas y texturas nostálgicas y bien chapinas. Este día no se trata de comer por comer, sino de celebrar la vida, el trabajo productivo y, sobre todo, la oportunidad de agradecer que tenemos con quién compartir el fiambre.

En casa  comemos en fiambre acompañado por el más delicioso pan de muerto que hay en todo el universo mundo.

Entre los guatemaltecos, cada familia tiene su receta y la cuida con la solemnidad de quien guarda un tesoro. Pero, ¿cuál es el mejor fiambre? Pues ese que sabe al de la casa de los abuelos, al de la familia o al de los amigos, porque el mejor fiambre es el que nos da un golpe de nostalgia y nos recuerda quiénes somos. En mi caso, la receta que hacemos en casa viene con una historia de al menos cuatro generaciones, como si cada cucharada trajera un eco de las manos que lo prepararon antes. Ahí está mi madre, Nora, que la aprendió de mi abuela, Frances, y ella de mi bisabuela, Adela, quien la recibió de su cuñada, Elisa. Cada año, al preparar el fiambre, es como si todas ellas estuvieran en la cocina y en la mesa. Pero nuestro fiambre, en casa, tiene nuestro carácter.

Hay fiambres para todos los gustos: rojos, blancos, verdes y, me han contado que también hay amarillos; y los hay ácidos y dulces. En casa, el nuestro tiene un caldillo rosado y destaca el sabor amaderado de la miel. No es un plato fácil, requiere paciencia, buen juicio y el entusiasmo de quien sabe que algo bueno viene en camino. Porque el fiambre es una sinfonía de sabores y texturas, donde cada ingrediente, cada color y cada forma tienen un lugar. Un buen fiambre es armonía, no una mezcla arbitraria de carnes y verduras. El fiambre, por supuesto que lo acompámos por el pan de muerto que hace Raúl.

Para un buen fiambre chapín la buena calidad de los ingredientes, el balance armonioso, y el cariño son muy importantes.

La preparación del fiambre no es asunto de un solo día; se necesitan semanas de planificación y de escoger ingredientes como quien elige recuerdos. Cada año vamos al Mercado Colón a escoger la gallina gorda y a La Puerta del Sol a recoger los embutidos y la cecina, porque don Virgilio y su equipo interpretan magistralmente la receta de don Abel. Por supuesto que comer el fiambre es motivo de celebración, pero también lo es el ritual mismo de la preparación: las conversaciones y bromas en la cocina, las anécdotas que inevitablemente reaparecen.

En este contexto, tiene sentido que Halloween se celebre antes del día del fiambre. A primera vista, la Noche de Brujas parece una fiesta siniestra, cargada de símbolos oscuros, pero esa es precisamente su gracia. Bajo toda esa parafernalia, lo que realmente se celebró el 31 es la vida y se hace mediante la burla de los temores que el misticismo nos ha impuesto. Anoche, mucho de lo que nos da miedo perdió poder. Los monstruos y los fantasmas son excusas para vestirnos de personajes extravagantes y reírnos en sus narices. Por eso, Halloween merece ser celebrado.

El mejor pan de muerto de todo el universo mundo.

Lo del 31 de octubre fue un juego en el que la muerte y sus aliados pierden solemnidad. Con disfraces y risas nos damos permiso para mofarnos de la hechicería, los aparecidos y de otros mitos viejos que nos regaló la imaginación. En la Noche de Brujas, el miedo se convierte en diversión entre risas y sustos.

Las fiestas de ayer (la de la boda y la del fiambre) son una afirmación de que la vida es más que existencia y merece ser festejada. Por eso, a ustedes, lectores, les deseo larga vida, prosperidad y paz en unión de quienes valoran. En casa celerbramos la vida con fiambre y alegría, en familia.


29
Oct 25

Gallina galana y caldillo perfecto

 

En casa, el ritual cuidadoso y antañón para el fiambre del 1 de noviembre empieza el primer sábado de octubre con el encurtido de las remolachas que adornarán aquel plato y le darán color al caldillo.

Doña Gallina se cuece con paciencia.

En nuestra receta —que tiene su origen en mi bisabuela, Adela, y en su cuñada, Elisa— el caldillo es rosado y las remolachas no van mezcladas con las verduras, las carnes y los embutidos para que su color imponente no opaque el colorido de aquellos ingredientes.

Los palitos de remolachas y las cebollitas de Cambray se curten en el jugo de la cocción de los betabeles aderezado con un toque de vinagre de manzana (lo justo para la conservación) y miel de abejas (lo justo para que tenga un ligero gusto dulzón y amaderado), sazonadas con laurel, tomillo, y granos de pimienta negra y pimienta de Chiapas, así como con tres, o cuatro, clavos de olor.

El segundo paso ocurre el 28 de octubre, día de seleccionar y comprar la gallina para el caldillo. Nosotros la compramos en el Mercado Colón, donde también compramos las verduras. La gallina tiene que ser joven y galana, seleccionada especialmente por doña Ana y por Raúl.

El tercer paso es la cocción del ave para producir el caldo. A fuego lento y con paciencia, doña Gallina se cuece con sal, tomates, apio, y cebolla, con un toque de laurel y tomillo. Ese caldo hay que enfriarlo al tiempo para luego refrigerarlo de modo que pueda ser desgrasado con facilidad.

Hoy en la noche toca cocer las carnes y embutidos y el caldo de las primeras será añadido al caldo de la gallina para la preparación del caldillo del fiambre. ¿Qué carnes y embutidos son esos? Cesina, pollo y posta de marrano (esta última no se integra a los otros caldos); también butifarras y longanizas (de La Puerta del Sol, ¡por supuesto!).

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Hoy es noche de fiesta en la casa. ¡Que vivan la tradición, los sabores y los recuerdos!


28
Oct 25

Tradiciones que alegran la vida

 

Si ves una cola de gente que está recibiendo obsequios en la calle —que pueden ser pequeños recuerdos, o tamales con pan y café— es porque estás en la fiesta de San Judas Tadeo, en la ciudad de Guatemala.

La fiesta de San Judas Tadeo incluye obsequios de agradecimiento.

¿Sabías que existe el Índice de San Judas Tadeo? Si en la iglesia hay más flores que velas es que las cosas van bien; y si hay más velas que flores es que las cosas van mal. Eso me lo contó mi colega, Carlos, y es porque la gente deposita flores como agradecimiento y enciende velas a modo de rogativa. Si hay más agradecimientos es que las cosas van bien y si hay más rogativas es que las cosas van mal…especialmente en materia financiera. 

Tradición importante en esa festividad es que las personas que reciben favores del patrono de las causas difíciles agradecen los milagros mediante obsequios que regalan a quienes lo visitan en el día de su festejo, que es hoy.

La fila más larga que vimos fue la de tamales con pan y café, ofrecidos por una dama muy elegante; y sus asistentes llevaban T-shirts que decían Antojitos Superfronteras. Hubo quienes regalaban estampitas y otros recuerdos, también panes con jamón, chuchitos… y a Raúl le regalaron un pañuelo. A mí solo me cagó el reloj un pájaro.

Durante esta conmemoración había música de marimba en el interior del templo y mariachis en el atrio. Con mi cámara capté dos familias que llevaban sus imágenes; pero había muchas más que hacían lo mismo.

Es conmovedor ver a las personas que llegan con aflicciones en busca de protección, auxilio y soluciones; pero también es alegre ver a niños y ancianos comiendo las ofrentas de agradecimiento que llevan los devotos.

San Judas Tadeo, por cierto, comparte día de festividad con San Simón o Maximón. Este santo sincrético también resuelve causas desesperadas. ¿Qué tipo de cosas le pides a este personaje? Según un amigo: el tipo de cosas que no te atreverías a pedirle a la Virgen María.

Si visitas Carpe Diem con frecuencia sabes que me gustan muchísimo las tradiciones y las fiestas callejeras, místicas o no. Una vez escuché, de un habitante de San Sebastián, Retalhuleu, que Un pueblo sin tradiciones es un pueblo muerto. Dichosamente, los guatemaltecos —a lo largo y a lo ancho del país e incluso cuando migran— tienen las más variadas y ricas tradiciones. Todas con tronco y raíces comunes, pero adaptadas e interpretadas de acuerdo con los sistemas de creencias y patrones de crianza de millones de individuos, familias y poblaciones. Las tradiciones también crean comunidad, nos dan sentido de estabilidad y de pertenencia, y sentido de propósito común… cuando hace falta. De ahí que el valor sanador y constructor de las tradiciones sea consecuencia de un largo proceso evolutivo, y no pueda ser el resultado de imposiciones ni de prohibiciones. Y ese valor se aplica incluso para tradiciones cuyo contenido místico uno podría no compartir.


06
Oct 25

Convite, disfraces y tradición

El domingo hubo un convite en mi barrio. Tuve que salir corriendo a verlo porque estaba en pijama viendo una peli cuando oí la música a lo lejos. Estas fiestas son mucho más que disfraces y música; son una celebración de nuestra identidad, un recordatorio de que la tradición vive en cada paso, en cada baile, en cada risa compartida en las calles de nuestros barrios. Desde una perspectiva hayekiana, las tradiciones no son obsoletas, sino pilares de la civilización.

Variedad de personajes desfilan en un convite para deleite de todos.

Las fiestas populares son una de las grandes maravillas de vivir en un barrio antiguo con tanto carácter como este. La Villa de Guadalupe, como lo dice su nombre, fue un pueblo aparte; incluso hubo un tren Decauville que unía la ciudad de Guatemala con aquella población. De hecho, la estación de aquel transporte se hallaba donde hoy se encuentra el centro comercial La Estación, y de ahí su nombre. La villa se sitúa junto al montículo de la Culebra y su célebre acueducto, del que aún se conservan restos visibles. El barrio todavía conserva su plaza, su mercado y su iglesia, y fue anexado a la ciudad de Guatemala como uno de sus cantones en 1922.

¿Has visto un convite?

El primer convite que vi fue en Panajachel, cuando tenía unos 6 años. Recuerdo que no me lo esperaba y que me impresionó mucho lo grandes y cabezones que se veían los personajes. Recuerdo que seguí al cortejo hasta la cocina del Hotel Casa Contenta, donde nos dieron gaseosas y pastel, y que varios de los trabajadores bailaban disfrazados. Entre ellos, Mariano, que siempre fue muy atento y deferente conmigo y con mis padres.

En Guatemala hay convites muy célebres como el de Sumpango, el de Villa Nueva, el de Mixco, el de Ciudad Vieja y el de Quiché. Pero, ¿qué es un convite? Es un desfile danzante de parejas —generalmente de hombres— que van disfrazados de personajes humanos y de caricaturas, y así bailan por las calles de las poblaciones.

Por cierto, el domingo próximo, a partir de las 9:00 a. m., habrá un gran desfile de convites en la Sexta Avenida de la zona 1. ¡No te lo pierdas!

@luisficarpediem

¡Me encantan los convites! #convite #fiesta #villadeguadalupe #luisfi61 #personajes

♬ sonido original – Luis Figueroa


15
Sep 25

En peligro tradición querida

 

La fiesta de las antorchas, que en la ciudad de Guatemala arranca desde el monumento a los Próceres de la Independencia  y se extiende por todo el país, ya no es un espacio seguro para bebés, niños ni ancianos. Durante décadas, esta fue una celebración familiar, pero desde hace unos tres años, cafres la han transformado en algo muy diferente.

Muchas familias participan de forma sana en la fiesta de las antorchas.

¿Qué hacen los cafres?

Estos individuos lanzan bolsas plásticas con agua entre ellos, a quienes portan antorchas o a cualquiera que se cruce en su camino. Esta práctica, ya de por sí agresiva e invasiva, ha escalado en algunas localidades a niveles peligrosos: bolsas con hielo, pedazos de cemento e incluso meados.

La mayor parte de la gente celebra en paz.

Desde mi adolescencia soy fan de esta fiesta. Cuando viajaba por carretera con mis padres o tíos, ver grupos con antorchas rumbo a sus pueblos era emocionante. Más tarde, descubrí la fiesta del Obelisco y comprendí su alcance. Familias enteras llegaban a recoger el fuego: abuelos, bebés en carruajes, niños, todos en un ambiente de paz y alegría. Personas que quizás no saben la diferencia entre Independencia y Desvinculación; pero si entienden el valor de compartir momentos, crear recuerdos, vincularse a tradiciones y disfrutar de alegrías colectivas.

Los jóvenes se divierten.

Una fiesta para todos

Grupos de escuelas, barrios, iglesias, empresas, oficinas estatales, colegios y organizaciones voluntarias participaban. La idea era simple: llegar corriendo, encender la antorcha y regresar al lugar de origen. Era un fluir constante de personas de todas las edades y condiciones en una gran fiesta popular y callejera. Incluso había quienes llegaban en sillas de ruedas o muletas, porque fiesta es fiesta.

Antorchas van y antorchas vienen.

A veces, algunos grupos eran ruidosos, pero siempre dentro de lo razonable para una celebración de este tipo. Los jóvenes en bicicletas, metiéndose voluntariamente a la fuente del Obelisco, eran parte de la fiesta, sin faltarle el respeto a nadie.

Se celebra entre amigos, con la familia, como sea.

¿Qué cambió?

Durante la administración de los Colom-Torres, se instalaron grupos musicales en la plaza de los Próceres, incentivando a la gente a quedarse en lugar de recoger el fuego y partir. Esto marcó un cambio. Al principio, tomar una o dos chelas era normal, pero ahora hay bares completos en la plaza.

Pintarse la cara y el pelo es parte de la tradición.

En una ocasión, esa administración regaló tamales, y la plaza quedó cubierta de hojas, marcando la primera vez que la basura se hizo notar, provocada por el populismo y la mala educación. Otras administraciones continuaron con la música y luces, práctica ahora impulsada por TV Azteca. La plaza dejó de ser un lugar de paso para convertirse en un espacio donde muchos llegan a tomar y quedarse horas, creando un ambiente distinto al de la fiesta original. No es raro ver a gente buitreando en los jardines.

Este año varios niños llevaron antorchas de papel para seguridad. Las vuvuzelas también son parte de la tradición.

¿Qué empeoró?

Hace unos tres años, alguien decidió que lanzar bolsas con agua a los corredores era divertido. Esto derivó en guerras de bolsas y en ataques arbitrarios. No importa si llevas un bebé, o a tu abuelita: una bolsa lanzada con fuerza puede caer sobre cualquiera.

El cochinero de las bolsas de agua estaba siendo limpiado por trabajadores de Tu Muni.

Esta práctica no solo es agresiva, sino que deja calles, jardines y carreteras llenas de basura plástica. La fiesta de las antorchas y la tiradera de bolsas son fenómenos distintos, con motivaciones y calidades humanas opuestas. La primera era una celebración de cordialidad y comunión; la segunda, un acto de cafres que no respetan al prójimo ni al entorno.

Paralelo a la fiesta de las antorchas, en la zona 1 desfilan bandas escolares.

Un espíritu que se desvanece

Aún se siente algo de ese espíritu cuando, en medio del tráfico, alguien te da paso con una sonrisa o cuando se escucha el Ta, ta. Ta, ta, ta de las bocinas y vuvuzelas. Este año, vi niños con antorchas de papel, una forma segura y bonita de incluirlos en la fiesta. Pero ese encanto está siendo opacado.

Sin las bolsas de agua lo que hay es alegría y chapinidad.

La agresividad ha escalado. Este año hubo necesidad de que el pelotón anti-motines de la Policía Nacional Civil interviniera en el Obelisco porque la agresividad de los de las bolsas se fue de las manos. En San Luis las Carretas, Pastores, dos jóvenes fueron heridos por el lanzamiento de hielo. En Quiché fueron destruidos los vidrios de varias camionetas. Hordas de motoristas, que son temerarios todos los días en el tráfico, hicieron lo suyo en los recorridos de las antorchas.  No recuerdo donde, a una dama le lanzaron una bolsa con hielo y la golpearon. Leí que en algunas localidades hubo enfrentamientos violentos a causa de este asunto. En Teculután a una chica le dieron un bolsazo en la cara.

Esta niña imitaba a las batonistas en la Sexta Avenira.

Tengo la impresión, de que lo que ocurrió el 14 con las bolsas fue algo deliberado en parte porque escaló muy rápido y en parte por el tipo de bolsas y la cantidad de las mismas que había en el Obelisco; y porque ciertamente hay grupos que se oponen a la celebración de la Independencia porque creen que no hay nada que celebrar. Seres tristes que no disfrutan de las celebraciones populares porque no sirven a sus intereses ideológicos. Son el tipo de gente que no atiende razones y que actúan desde el sentir, y no desde el pensar, sin respeto por los demás, ni por el ambiente que ensucian.  Por cierto, mis respetos para los trabajadores municipales que hoy limpiaron todo el cochinero de las bolsas. ¿Cómo será en otras poblaciones y en las carreteras?

La cara de admiración que llevaba este niño me conmovió en la Sexta Avenida durante el desfile de bandas. Así es como se pasan las buenas tradiciones de generación en generación.

Un llamado a la acción

La fiesta de las antorchas merece ser rescatada. Es una tradición alegre, inocente y unificadora que ha hermanado a guatemaltecos de todas las edades durante décadas. Pero debemos actuar: Primero al separar esta celebración de la tiradera de bolsas; no es lo mismo la fiesta de las antorchas que el desmadre de las bolsas; y luego, tratar esta tiradera como un ataque que viola el principio de no agresión, principio clave que no sólo facilita la convivencia; sino que fomenta la cooperación social pacífica.

Si te interesa esta tradición hoy estuve en Libertópolis hablando al respecto. Checa el minuto 1:05:23.

Así y peor amanecieron muchas calles de la ciudad de Guatemala. Foto por Raúl Contreras.

Que no te extrañe que las autoridades no tengan autoridad para controlar a los cafres…y a lo mejor uno no quiere que las autoridades se metan porque, desde el poder, no vaya ser que prive el criterio de que hay que prohibir las antorchas. Es hora de que la gente de bien, las familias, los vecinos, se unan para devolverle a esta fiesta su esencia. Que vuelva a ser un espacio donde abuelos, niños y jóvenes celebremos juntos el orgullo de ser guatemaltecos, sin miedo ni basura. ¡Rescatemos la fiesta de las antorchas!

@luisficarpediem

La cara de admiración, del niño, hizo de esta primera toma mi favorita de las fiestas de hoy #antorchas #bandas #desfiles #independencia #chapinesenusa

♬ Mi Guatemala – Armando Colocho Música


27
Jul 25

Amigos y caldo colorado

 

Hoy fue día de caldo colorado y fuimos a Mixco en busca de esa delicia tradicional, esta vez en el comedor de la familia Yantuche. El caldo colorado se prepara con hueso y carne de res, tomates, tres tipos de chiles, clavos de olor, pimienta gorda y de Castilla, achiote, canela, cebollas, ajos, culantro, güicoyes sazones, repollos y güisquiles.

Las ollas tiznadas son impresionantes cuando se vierte el caldo colorado.

La fiesta comenzó al llegar a casa de Majito A., donde su mamá y su tía nos ofrecieron una riquísima limonada para refrescarnos, porque caminamos —bajo el sol— desde la entrada a la población, donde nos dejó el Uber, hasta la casa que queda poco más allá del parque central.

Una vez recuperados, caminamos hacia la casa de la familia Yantuche con un buen cargamento de tortillas de maíz negro, aguacates y limones. Este año no tomamos dos caldos —como el año pasado— porque las porciones estaban muy generosas. Y, por supuesto, no podía faltar la chelita correspondiente. Caldo colorado en buena compañía es lo puro utz.

El color, el aroma y el sabor del caldo colorado son tentadores.

El caldo colorado es rojizo, su color vibrante proviene del achiote y los chiles, que le dan un tono anaranjado intenso. Es ahumado, su aroma tiene notas profundas y ligeramente ahumadas por los chiles tostados. Su sabor destaca por un toque picante que estimula el paladar. Es cálido porque evoca una sensación reconfortante, con un equilibrio de especias y caldo. Es sabroso, rico y complejo, con matices de tomates, achiote y carne.

Mientras comíamos llovió con granizo y todo, así que la sobremesa se alargó y yo deseaba muchísimo hacer una siesta. Si no hubiera sido por las risas, creo que ahí me hubiera enrollado en un rincón para dormir unos minutos.

En toda feria guatemalteca debe haber dulces típicos chapines.

Acto seguido, caminamos hacia la casa de Majito A., donde nos esperaba el café, y pasamos a comprar pan a la panadería San Francisco. ¡Qué pan! Es como el buen pan que hemos comido en lugares como Quiché y Totonicapán. Champurradas, gusanitos, cubiletes y pan francés de primera. Así que, lleno de caldo y tortillas negras, y sin hacer siesta, me comí dos cubiletes, una y media champurrada, un pan francés y medio cuernito mexicano de mantequilla. ¡Todos deliciosamente memorables! Ahí hay que volver.

El café me espabiló y agarramos camino a la legendaria y centenaria tienda de María Valdéz, en la Calle Real, donde doña Carmen nos tendría preparados huevos chimbos para traer a casa. Llegamos a tiempo para ver cuando ella cortaba aquellos dulces y los sumergía en almíbar hirviendo. Los huevos chimbos son un postre antiguo preparado con yemas de huevo, azúcar y canela, y doña Carmen —que es la tercera de una dinastía mixqueña— le añade un piquete al almíbar. Esa tienda y su propietaria son joyas de aquella población y de la dulcería tradicional de Guatemala; además, ella atiende con mucha gracia, encanto y generosidad. 

Doña Carmen Valdéz está seria porque está concentrada; pero tiene mucho encanto cuando atiende.

Cuando íbamos a la tienda pasamos por un monumento que no habíamos visto en otras ocasiones: una cruz de tiempos de don Manuel Estrada Cabrera con símbolos propios de la albañilería y en el había un gato blanco chulo que suelen alimentar vecinos porque su dueña murió hace poco 

Este año no fuimos a ver el convite de Santa Cruz del Quiché, en la plaza de Mixco, pero nos encontramos con uno tradicional con sus personajes alegres. Y hablando de personajes, esta fiesta es una oportunidad para reunir buenos amigos alrededor de la mesa, con anécdotas y risas gracias a Majito A. y a su familia, que nos ofrecen su hospitalidad. Este año nos juntamos Majito S., Sergio, William, Raúl y yo.

Personajes entrañables en uno de los convites de Mixco.

Y así, entre caldos, risas y dulces, recordamos que la vida se vive mejor cuando se comparte. En Mixco, con un plato humeante y amigos queridos, el carpe diem cobra vida: bocados memorables, historias, momentos para atesorar.

@luisficarpediem

Hoy fue día de caldo colorado y fuimos a Mixco en busca de esa delicia. El caldo colorado se prepara con hueso y carne de res, tomates, tres tipos de chiles, clavos de olor, pimienta gorda y de Castilla, achiote, canela, cebollas, ajos, culantro, güicoyes sazones, repollos y güisquiles #caldo #caldocolorado #mixco #tradicion #comidatipicaguatemalteca #amigos #luisfi61 #chapinesenusa

♬ El Mono de los Moros de Mixco – Banda del Maestro Luciano Jimenez