31
Ago 10

Guerra contra las drogas: Monterrey y Tamaulipas

La guerra contra las drogas no sólo se está perdiendo qua guerra, es decir que no está cumpliendo con su objetivo; sino porque cada vez cuesta más vidas humanas y porque está teniendo consecuencias no intencionadas de dimensiones insospechadas.

La masacre de 72 migrantes, y entre ellos por lo menos 5 chapines, revela cómo es que la presión que la guerra contra las drogas ejerce sobre los narcotraficantes, ha hecho que estos se enfoquen en otros delitos como la extorsión, el secuestro y el tráfico de ilegales.
También en México, donde el presidente Felipe Calderón hizo más intensa aquella guerra, el personal estadounidense del consulado de los EUA en Monterrey recibió la recomendación de que saque a sus hijos de aquella ciudad ante la delincuencia que se vive en Nuevo León. La propuesta fue consecuencia de un enfrentamiento armado ocurrido a inmediaciones del Colegio Americano en el municipio de Santa Catarina.
Estos dos hechos, deberían ponernos a pensar. Seguramente deberíamos meditar acerca de las reglas por las que nos guiamos y sobre el futuro que nos espera si seguimos aferrados a ellas. En este ensayo, Paul Romer arguye que el principal obstáculo para elevar nuestro nivel de vida en este Siglo, no vendrá de la falta de recursos, ni de tecnologías limitadas; sino de nuestra capacidad limitada para descubrir y poner en práctica nuevas reglas. Y aunque el trabajo está enfocado a la eliminación de la pobreza -que de por sí ya es un objetivo importante-, el tema de las reglas es la cuestión principal, tanto para multiplicar la riqueza, como para acabar con la delincuencia relacionada con la guerra contra las drogas. ¿Vamos a seguir esperando resultados distintos y haciendo lo mismo?
Por lo pronto, el nuevo presidente de Colombia apoya la discusión de la legalización de las drogas.

26
Ago 10

La payasada de los chalecos: otro fracaso

En lo que va del año la Policía Nacional Civil reportó 100 atracos cometidos por personas que se conducían en motocicleta. Tomando en cuenta que en 2009 hubo 150 de esos delitos, ¡haga cuentas! La payasada de los chalecos negros numerados es un fracaso; lo cual no debería sorprendernos. Es el mismo caso que el de la ley contra el robo de teléfonos móviles, que no ha disminuido aquel tipo de delitos.

La delincuencia no se acaba con la multiplicación de leyes y regulaciones, sino con la aplicación cierta e ineludible de las que hay. ¿Cuándo vamos a aprender la lección?
Por cierto que esto me recordó un chiste: Se abre el telón y sale Alvaro San Nicolás Colom; y se cierra el telón. Se abre el telón y sale Sandra Evita Torres; y se cierra el telón. Se abre el telón y salen San Nicolás y Evita vestidos cada uno con un frac; y se cierra el telón. ¿Cómo se llama la obra? Se llama: ¡Qué fracasos!

23
Jul 10

Las leyes deben ser difíciles de pasar

La noticia de que la multiplicación de bancadas en el Congreso de la República está haciendo difícil que pasen las leyes, es buena noticia. Las leyes -como normas generales y abstractas- no deberían ser muchas y su discusión debería ser exahustiva. Debería ser intelectualmente costosa; y absolutamente prohibida en la esfera del Derecho Privado.

Por otro lado, la legislación -como normativas particulares y concretas- debería ser limítadísima, políticamente costosísima y casi imposible. Limitada sólo a la esfera del Derecho Público.
Churros como la ley de seguros, ¡que necesita 26 reglamentos!, son una aberración que sólo se explica porque el Congreso es una especie de mercado de influencias al que los grupos de interés acuden para conseguir normativas particulares y específicas que los beneficien, o que perjudiquen a sus competidores.
El Congreso no es una fábrica de salchichas cuyo desempeño deba ser evaluado por el número de salchichas o normativas que salgan de él. Y por eso es que es bueno, ¡muy bueno!, que se haga difícil la producción de regulaciones por parte del Legislativo.

20
May 10

Las leyes inútiles y la pérdida de autoridad

En Guatemala se reporta un robo de 83 teléfonos móviles diarios, en promedio. En varios puntos del Centro Histórico de la ciudad de Guatemala están disponibles aparatos robados, bajo las narices de ¿las autoridades?

¡Ups!, pero si hay una Ley que prohíbe utilizar o comercializar terminales móviles que hayan sido hurtadas o robadas y que aparezcan identificadas en las bases de datos de teléfonos robados. ¡Ups!, quizás es que las leyes inaplicadas e inaplicables no son la solución para los problemas. ¡Ups!, quizás es que con esta ley pasa lo mismo que con la ley que prohíbe que vayan más de una persona en moto. ¡Ups!, quizas es que con esta ley pasa lo mismo que con la ley anticapuchas (¿se acuerda, usted?).
Talvéz sería mejor que hubiera menos leyes y que las que hay se cumplieran. Quizás sería mejor acabar con la impunidad, antes que multiplicar las regulaciones y las prohibiciones. Quizás si las autoridades no fueran cómplices de los ladrones y de los habilitadores de teléfonos…quizás, quizás, quizás.

13
May 10

Un fantasma recorre el campo chapín

Al grito de La madre tierra no se compra ni se vende, se recupera y se defiende, la dirigencia agrarista de Guatemala organizó una manifestación para exigir la inmediata aprobación de una ley que privilegie sus intereses particulares, sobre el derecho de propiedad.

La ley agraria apunta a la redistribución de la tierra, y a combatir los cultivos de caña de azúcar, bananos, palma africana y otros cultivos que son para su venta fuera del país. Los que proponen dicha ley hablan de regularizar la tenencia de la tierra para las comunidades campesinas e indígenas; por lo que uno puede suponer que aquella normativa busca eliminar o minimizar el derecho de propiedad y busca colectivizar la tenencia de la tierra. La normativa busca, claro, que dinero ajeno tomado por la fuerza (o impuestos) sean canalizados políticamente para atender las exigencias de los privilegiados que resulten tenedores de tierras bajo el régimen que establecería esta normativa.
Este es un ejemplo más de cómo es que grupos de interés pueden usar la ley para sus propios beneficios, si hacen suficiente bulla y si ejercen suficiente presión.

13
May 10

Proteccionismo descarado en seguros

Hoy, algunos diarios publicaron un campo pagado en el que el Banco de Guatemala, la Superintendencia de Bancos, el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras, así como varios grupos de interés vinculados con el negocio de los seguros, presionan…¡No!, le solicitan al Congreso de la República que ¡inmediatamente! aprueben una ley proteccionista que le garantizará el negocio de los seguros a las empresas aseguradoras de los agremiados de aquellos grupos de interés. Usted puede ver el campo pagado en la página 7 de Siglo Veintiuno de hoy.

La ley restringirá la oferta de seguros en la plaza chapina y les garantizará a los aseguradores locales que no tendrán que preocuparse por la competencia extranjera. La ley restringe las opciones que tendrán los clientes de las aseguradoras y los obligarán a contratar sólo seguros emitidos por los agremiados de los grupos de interés que firman el comunicado de prensa.
Esta ley tribal y proteccionista es un buen ejemplo de cómo es que, en una sociedad en la que todo es regulable por los políticos, los grupos de interés que tienen acceso a presionar y quizás hasta a comprar políticos, pueden conseguir leyes que sirvan a sus intereses, aunque violen los derechos y los intereses de los demás.

14
Abr 10

Celebran ley para favorecer el clientelismo

Si la Ley de las Alianzas Públicas Privadas no llevara un nombre tan coqueto, seguramente no sería objeto de celebración.


Después de 5 meses de estar engavetada, la Ley de las Alianzas Público Privadas fue aprobada en el Congreso de la República. El Decreto 16-2010 dio vida a la normativa que permitirá que el sector privado construya obras de infraestructura para beneficio de la población.

Empero, usted, a quien ya no le dan atol con el dedo, sabe que este tipo de leyes lo que hacen es crear una dependencia clientelista entre el sector privado y los políticos y sus funcionarios que manejan el presupuesto del estado y distribuyen la ejecución de obras. Usted sabe que este tipo de leyes perpetúan y le lavan la cara al crony capitalism y al mercantilismo que tanto favorece al establishment.

Si esta ley se llamara Ley para favorecer el clientelismo, o Ley para favorecer al mercantilismo, su nombre sería más honesto; y ¿quiénes la celebrarían?


07
Abr 10

¿Por qué hay leyes estúpidas?

La ley que obliga a los motoristas a no llevar pasajeros es una ley estúpida; porque nadie está dispuesto a hacerla cumplir, y nadie tiene autoridad moral para hacerla cumplir. La iniciativa de Impuesto a la Primera Matrícula, que reduce del 10 al 60% la tasa, si los vehículos tienen golpes, es una iniciativa estúpida que producirá otra ley estúpida.

Adivine usted qué es lo que pasará: que todos los autos vendrán chocados. Y como aquí, la mano de obra es relativamente barata, pues los autos con abolladuras serán fácilmente reparados y no habrán pagado la totalidad de aquel impuesto inicuo. Y, encima de todo, como el descuento dependerá de las decisiones arbitrarias de algunos funcionarios, se abrirán las puertas de la corrupción cuando los importadores quieran elevar de 20 a 40 ó a 60% el descuento, y los funcionarios puedan decidir si lo elevan, o no.

19
Feb 10

Samuel Pérez y el criterio de la máquina

No encuentro muy justo que si existen reglas claras en honor al “servicio al cliente” se apele a romperlas. No es eso lo que tanto luchas erradicar? No es esto un poco inconsistente? O somos o no somos, dice el lector Samuel Perez Attías al comentar mi entrada del jueves pasado sobre una visita que hice al Museo del Ejército.
 
Para los que no leyeron la entrada citada, he aquí lo que relaté: Llegué justo a las 4:00 p.m., justo cuando acababan de cerrar el lugar, así que el centinela de la puerta me dijo que no podía entrar. Me sobrepuse al disgusto, puse mi mejor puppy face y le dije al guardia que por favor preguntara, que venía con una colega italiana y que averiguara si nos dejaban entrar. Yo crucé los dedos y desee que ocurriera lo que uno cree que es inusual: esperé que alguien tuviera un poco de sentido común, que hubiera leído algo de servicio al cliente, que quisiera ser algo amable con una turista italiana, y que nos hiciera el favor de dejarnos entrar. Todo eso junto…o una de todas. Y así sucedió. Vino otro muchacho y muy cordialmente nos dejó entrar. Y mi colega disfrutó del museo, disfrutó de la vista, tomamos muchas fotos y la pasamos re bien. Y ella lleva ahora recuerdos hermosos de ese paseo.
 
Y Samuel cree que aquí me cachó en una inconsistencia. Empero, le pregunto a usted que está leyendo ahora: Si usted fuera dependiente de una farmacia que cierra a las 7:00 p.m. y un cliente con una necesidad viniera a esa hora en punto, ¿lo atendería, o no? Cumpliría usted el reglamento (horario), o daría 15 minutos de su propio tiempo para atender al cliente? Si usted hubiera estado en la puerta del Museo, ¿hubiera dado 30 minutos de su propio tiempo para que una turista se fuera encantada con ver la ciudad desde ahí, o hubiera aplicado el reglamento (horario) y la hubiera mandado a freír niguas en sartén de palo?
 
Si yo fuera el de la farmacia y el del museo, yo hubiera hecho lo primero. De hecho lo hago más de una vez al mes cuando, en circunstancias similares tengo que atender a gente que, por una u otra razón viene a mí fuera de horas de oficina. Y si se trata de no ser malataza y de atender a alguien que quiere conocer algo de Guatemala, pues yo me esmero.
 
Verás, Samuel, los buenos reglamentos proveen orden y facilitan las cosas; en tanto que los malos reglamentos las obstaculizan y las dificultan. Un buen reglamento, como el de Tránsito, facilita que lleguemos vivos a nuestros destinos y, ¡por supuesto!, mal haríamos en pasarnos los semáforos en rojo, sólo porque sí. Yo nunca haría puppy face en cada semáforo en rojo, y nada bueno saldría de eso.
 
El horario en un lugar de atención al público, sin embargo, es distinto. Puede ser un sistema de referencia, o puede ser un grillete. ¡Que maravilla que el encargado de aquel Museo encantador no es una máquina insensible, programada para cumplir a sangre y fuego un horario! Vos, Samuel, ¿de verdad crees que el guardia hizo mal en dejarnos entrar? ¿De verdad crees que yo hice mal en solicitarle que nos permitiera compartir la hermosa vista que hay allá con una visitante que venía de lejos? ¿De verdad crees que hubiera sido mejor que ella no hubiera podido subir al fuerte, con tal de cumplir un reglamento de horario?
 
Yo creo, que si el encargado, o yo hubiéramos actuado como parece que quiere Samuel que actuáramos, eso hubiera sido una victoria pírrica. Se hubiera cumplido el reglamento que tanto parece valorar Samuel; pero, ¿a qué costo?
 
Nótese que no llegué a pedir que fuera incumplida una Ley (qua norma general, abstracta y de conducta justa), lo único que pedí fue que el encargado usara su criterio y que nos diera un poco de su tiempo, con relación a un horario. Afortunadamente, él fue lo suficientemente generoso, atento y chispudo como para entender el momento y nos facilitó el ingreso al lugar. El buen juicio, en estos casos de atención al público, es más importante que la aplicación insensible de un horario. Para eso, digo yo, es que sirve el criterio humano; para saber, entre otras cosas, cuándo vale la pena cerrarle a alguien la puerta en la nariz, y cuando es mejor tener algo de empatía y atender generosamente a un visitante.
 
Finalmente, quizás valga recordar que la visitante y yo llegamos ahí a las 4:00 en punto, y no a las 4:30, o 6:30. Eso es importante porque para alguien que no es una máquina automática e irreflexiva aplicadora de reglamentos, es técnicamente irrelevante si uno llega a las 3:59, a las 4:00, o a las 4:01. Yo creo que el guardia entendió que la noblesse oblige.
 
Vos Samuel, por cierto, ¿sos el columnista, o es este un molesto homónimo?
 
La foto es del Noreste de la ciudad de Guatemala, desde el Museo; y es por mi amigo Raúl.

09
Feb 10

Comentarios sobre ley de cine

Tres lectores comentaron mis entradas sobre la Ley de la Industria Cinematográfica y Audiovisual que, según yo, es un caso ejemplar que ilustra por qué es que Federico Bastiat dijo que El estado es la gran ficción por medio de la cual todo el mundo trata de vivir a expensas de todo el mundo.

Las entradas son:

1. Los gorrones tendrán que doblar la cerviz; y

2. Más gorrones al ataque.

El destacado Giacomo Buonafina, cuyo trabajo en teatro y cine respeto, dice que en ningún momento se piensa utlilizar “su” dinero para hacer cine, de hecho el arte en Guatemala se ha hecho en los últimos 20 años de iniciativa privada, de la iniciativa de los artistas y productores guatemaltecos por hacer arte y no esperar que nadie nos regale ni un solo centavo… Creo que antes de hacer semejantes comentarios que solo demuestran ignorancia y falta de interés por comprender la verdadera situación, solo levantan la mano para criticar sin saber de que están hablando.

Cuando Buonafina dice su dinero, creo que se refiere a mi dinero -y por extensión al de los tributarios- porque en la entrada que origina su respuesta lo que argumento es que los promotores de la ley y sus beneficiarios lo que quieren es que se destine dinero de los impuestos para pagar su afición al cine. Buonafina dice que soy ignorante y que ellos no piden que se les regale nada; pero lo cierto es que la ley en cuestión, en su artículo 16, dice que el Instituto Nacional del Audiovisual y la Cinematografía tendrá una asignación del Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado. Y usted ya sabe, ¡por supuesto!, que esa plata sale del bolsillo de los tributarios.

Usted sabe que el estado tomaría su dinero y mi dinero, y lo redistribuiría políticamente para que los cineastas tengan un Instituto que se ocupe, entre otras cosas, de incentivar y promover la producción, distribución, exhibición, preservación, y difusión de las obras de quienes resulten privilegiados con el patrocinio del Instituto, y con el dinero de los tributarios destinado al Instituto. El Instituto también promovería el desarrollo de infraestructura para que los cineastas puedan hacer cine; y estimularía la calidad y la diversidad del cine que hagan los cineastas. Vea el artículo 5 de la ley en cuestión y verá todo lo que el Instituto haría por los cineastas. Vea el artículo 20 y verá que el Fondo del Audiovisual y de la Cinematografía contaría con 0.025% del Presupuesto del Estado (¿Millones de Q?) para contribuir con la producción, difusión, distribución y comercialización del cine que hagan los cineastas.

Lo haría con dinero de los tributarios; y ese dinero no se usará para centros de salud, ni para escuelas, ni para policías, ni para tribunales. Se usaría para que los cineastas puedan hacer cine. No me crea a mí, ni le crea a Buonafina, por favor lea el proyecto de ley. Buonafina dice que el dinero de los tributarios no sería usado para hacer cine; pero la ley dice otra cosa. Buonafina dice que no piden que les regalen dinero; pero la ley facultaría al estado para que tome el dinero de los contribuyentes y para que luego se lo redistribuya a los cineastas.

Buonafina dice que lo que queremos más bien es llegar a un acuerdo donde todas las partes involucradas estén contentas y que podamos proteger y regular una industria que genera muchos empleos ya en estos momentos y que cada día son más. ¿Se dará cuenta de que no hay acuerdo posible; porque una vez sea apoyada la ley, los tributarios serán expoliados sin más? ¿Se dará cuenta de que con esa ley, a los tributarios no les quedará más opción que pagar la afición de los cineastas? ¿Se dará cuenta de que proteger una industria en particular es crear un privilegio? ¿De veras cree que el estado debería proteger industrias? ¿Qué piensan los cineastas acerca de la protección de industrias, que es lo mismo que proteger los intereses de los industriales y propietarios de esas industrias’

Buonafina dice más y sale con lo de los empleos, pero ese es el mismo argumento que usan otros industriales protegidos, y ya nadie se traga ese cuento. Al final, la protección a la industria del cine, es el aseguramiento de las ganancias para los industriales del cine, sin riesgo, sin mayor esfuerzo y a costa de los tributarios.

El lector, Alberto Jiménez, también comentó una de las entradas sobre la Ley de la Industria Cinematográfica y Audiovisual. Jiménez asegura que no se trata de una ley de producción sino de fomento de la industria cinematográfica; pero eso no es cierto. Si Jimenez lee la ley va a darse cuenta de que con claridad dice que el Idecine se ocupará de incentivar y promover la producción, distribución, exhibición, preservación, y difusión del cine que hagan los beneficiados por la ley. Y a ver, ¿qué parte de incentivar, promover y producir, no se lee claro? La ley dice que el Facine servirá para otorgar contribuciones para la producción de obras audiovisuales y cinematográficas guatemaltecas. ¿A quién quiere engañar Jiménez? Y por último, ¿qué sentido tendría fomentar el cine chapín si no se produce cine chapín?

Jiménez se queja de que me opongo a que los tributarios (que él llama contribuyentes) aporten para que los cineastas chapines puedan dedicarse a lo que les gusta. Y yo reitero que sí. Yo no me opondría si eso que el llama aportaciones fueran pacíficas y voluntarias; pero lo que sí me molesta es que sean forzadas. Me molesta que los cineastas usen a sus agentes y a la fuerza que les da la ley, para extraer aportaciones de parte de los tributarios.

Jiménez asegura que descalifico el trabajo de los profesionales; pero busco y busco en mis textos originales y no encuentro nada como descalificaciones contra el trabajo de los cineastas chapines. Lo que sí digo es que los promotores de esta ley son gorrones porque, como dice el amansaburros, gorrones son los que comen, viven o se divierten a costa ajena. Cuando yo estaba en secundaria, por ejemplo, había compañeros que fumaban Alas y Delta (dos marcas populares de cigarrillos, en aquella época); y el humor chapín interpretaba que fumaban Alas costillas de otros; o Delta-baco de otros. Es evidente que eran gorrones.

Y no sigo con Jiménez porque sus argumentos son muy superficiales y falaces.

Finalmente alguien que firma como Teatristas chapines dice que nuestra industria cinematográfica se ha hecho sin recursos; y aquí hay dos falacias muy evidentes.

Primera: no hay tal cosa como nuestra industria cinematográfica, así como no hay nada como nuestra industria azucarera. La industria azucarera es de los dueños de los ingenios y yo nunca, nunca, nunca, he recibido dividendos de ingenio alguno. Si yo fuera accionista de algún ingenio podría decir nuestro ingenio y nuestra industria; pero no hay tales. Yo nunca, nunca, nunca he recibido dinero alguno por película alguna, ni premio alguno por película alguna. Si yo tuviera acciones de alguna productora de cine podría decir, con propiedad, que tengo parte en nuestra industria del cine; pero no hay tales. La industria cinematográfica, pues, es de los que hacen cine; y es un argumento falaz suponer que porque los cineastas chapines son guatemaltecos, lo que hacen es nuestro. No ganamos, ni perdemos un partido de fútbol; quienes lo ganan, o lo pierden -propiamente- son los de la selección.

Aunque estas formas colectivistas de expresarse están justificadas en el discurso metafórico y como instrumentos para ahorrar palabras, hay que tener precaución de no utilizarlas cuando se tenga la intención de explicar algo que sucede en el mundo.

Segunda: el cine chapín si se ha hecho con recursos; porque si no, no se haría. Lo que pasa es que, en muchos casos, esos recursos han sido privados, voluntarios, obtenidos de forma pacífica y, seguramente, con dificultad. Sospecho que esta última parte es la que ha movido a los cineastas a buscar opciones, y que la más fácil ha sido la de acudir a la falacia de que la industria es nuestra y a la falacia de que se hace por los empleos que genera; y que con eso se han fabricado una moral blindspot que les permite recibir dinero ajeno, tomado por la fuerza, y usarlo para objetivos que algunos de los legítimos dueños de aquellos recursos no elegirían si tuvieran la libertad de elegir.

Lo siento, muchachos, pero esta ley no está bien. Es perversa y debe ser rechazada por los tributarios y por todos los que se opongan a la multiplicación de privilegios.