17
Abr 18

Adiós a Miloš Forman

El viernes pasado falleció el director de cine Miloš Forman, entre cuyas obras se cuentan Amadeus, El pueblo contra Larry Flynt, Goya´s Ghosts, Valmont, Alguien voló sobre el nido del cuco.

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Amadeus tengo que volverla a ver porque la vi en circunstancias adversas y no la disfruté.  Es que no quería ir al cine y fuimos muy tarde.  Larry Flynt es de no perdérsela si te interesa el tema de la libertad de expresión, Goya´s Ghosts la vi el año pasado, o algo así, y me me gustó muchísimo. Valmont es una historia inquietante, bien contada. ¿Sábes que nunca vi Alguien voló sobre el nido del cuco?

Forman era checo y dijo: Tengo un enorme respeto por los rebeldes porque viví demasiado tiempo bajo el nazismo y el comunismo. También, de él, es esta frase sobre la que vale la pena meditar: Si hubieras vivido, como yo lo hice, varios años bajo el totalitarismo Nazi, y luego 20 años en totalitarismo comunista, ciertamente te darías cuenta de lo preciosa que es la libertad y de lo fácil que es perder tu libertad.

Mis respetos para  Miloš Forman.


12
Jun 15

¿Y ahora, qué?

51LtbUHTyLLLos crímenes de los nazis fueron actos oficiales y legales, fueron políticas de la Alemania moderna que era una nación occidental educada, industrializada  y civilizada, reconocida en el mundo por el prestigio de sus logros intelectuales y culturales, cuenta Leonard  Peikoff en The Ominous Parallels, al explicar por qué es que aquella nación fue la cuna del nacionalsocialismo.

Peikoff cuenta que los universitarios fueron de  los primeros en apoyar a Hitler y que los intelectuales se contaron entre sus patrocinadores más ardientes.  Los nazis no obtuvieron el poder contra los deseos de la gente y no había brecha entre los intelectuales prevalecientes y la mayoría de la gente. Esa gente votaba por los nazis porque compartía con Goebbels la idea de que ser socialista es someter el yo al nosotros…es sacrificar el individuo por el todo”.

El libro es relevante porque en la Guatemala cada vez más personas se dan cuenta de que algo está carcomiendo nuestra sociedad precaria.  Pero, ¿qué es?  Entre nosotros mucha gente sabe que algo monstruoso podría estarse gestando; pero no tiene idea de qué es, ni por qué.  De ahí la pregunta desesperada: ¿Y ahora, qué?

La tesis de Peikoff es que la respuesta a la pregunta de por qué es que los nazis triunfaron en la Alemania de principios del siglo XX (y por qué es que sus ideales son tan populares actualmente, aunque no estemos conscientes de ello) se halla en una ciencia cuyo objeto son las ideas, en una ciencia que determina el destino de las naciones y el curso de la historia.  Y esa ciencia es la filosofía.  La filosofía nos sirve para entender en qué tipo de universo vivimos, explica cómo es que adquirimos el conocimiento, y define el código de valores de acuerdo con el cual actuamos, tanto en la esfera privada, como en la pública.

Para responder a la pregunta de ¿Y ahora, qué? Sugiero que cada uno de nosotros empiece por preguntarse si comparte el ideal filosófico de los nacionalsocialistas y de Goebbels.  ¿Estás de acuerdo con someter tu yo al nosotros y en sacrificarte por el todo? ¿Estás dispuesto a someter el yo de otros al nosotros y en sacrificarlos por el todo?

Columna publicada en elPeriódico.


27
Sep 10

Las pelis del fin de semana

El fin de semana lluvioso y gris no estuvo tan mal gracias a las buenísimas pelis que vimos:

1. The White Ribbon o Das Wiesse Band. Si a usted le interesan el tema de la maldad y el de la responsabilidad de los propios actos, esta película le va a dar bastante en que pensar.  Se desarrolla en la Alemania rural de entre 1913 y 1914, y muy atinadamente es una peli en blanco y negro.  Mientras la veía, me acordé que si el sintoismo fue el sistema de valores que hizo posible el imperialismo y el militarismo que desencadenó el involucramiento de los japoneses en la II Guerra Mundial; los valores y las supuestas virtudes que atestiguamos en The White Ribbon son los que prepararon a los alemanes para necesitar, buscar y elegir a Adolf Hitler y al nacionalsocialismo.

2. The Class o Entre les murs.  Esta peli explora las relaciones intensas entre un maestro de francés y sus estudiantes de distintos orígenes culturales.  Es una película que me puso muy, pero muy tenso no sólo por las situaciones que muestra, sino por los dilemas que plantea.  Expone, muy bien, los problemas que, para la búsqueda de la excelencia, representa la educación estatizada y obligatoria.  La peli, además, está hecha como si fuera un documental y a ratos uno de verdad tiene la sensación de que está viendo un aula de verdad, no una película.

3. Eulogy.  Esta comedia, de estupendo humor negro le puso el toque lite al fin de semana.  Con un final sorpresivo y personajes bien desarrollados, y si usted no se intimida por el humor inteligente y audaz, esta peli no lo va a decepcionar.

4. Chéri.  Esta peli se desarrolla -minutos menos- en la misma época que The White Ribbon; pero en un ambiente diametralmente distinto:  en París de La belle époque.  Llena de color y de art nouveau, no cuenta una historia particularmente retadora; pero los diálogos, ¡ah, los diálogos!, son ingeniosos y dignos de atención.  Como cuando Madame Pelux le dice a Lea de Doneval: Hueles bien.  ¿Has notado que la piel ligeramente fláccida retiene mejor el aroma del perfume?


Las tres primeras son de Take One, la tienda de vídeos en Futeca de la zona 14; y la cuarta la vi en la tele.  Las cuatro son muy recomendables.


06
Oct 08

Los muertos eran menos

Cuando se exagera el número de muertos, aún en una masacre espantosa, o en dos, ¿debería ser corregido el error?

Según una nota de la Associated Press, citada por Milenio.com, el bombardeo aliado de la ciudad alemana de Dresde, en 1945, mató a unas 25 mil personas; muchas menos que las 135 mil calculadas hasta el momento, según informa una comisión especial integrada por 12 especialistas.

Cuatro años de investigaciones confirmaron 18 mil muertes y demostraron que la policía y las autoridades municipales de aquel entonces creyeron que hubo unas 25 mil víctimas. Desde fines de la II Guerra Mundial, los eruditos han variado sus cálculos de víctimas muertas por los bombardeos británicos y estadounidenses del 13 y el 14 de febrero de 1945. Algunos cálculos las situaron en 135 mil, o más. En su libro de 2005, sobre los bombardeos, el historiador británico Frederick Taylor sostuvo que la cifra real osciló entre 25 mil y 40 mil.

El elevado número de víctimas civiles y la destrucción de la ciudad ha sido un motivo de polémicas durante décadas — especialmente sobre si los aliados estuvieron justificados al atacar una ciudad repleta de refugiados. Los aliados esperaban que los bombardeos acelerarían la capitulación de los nazis. El crimen de Dresde es un artículo interesante por Fernando Díaz, de la Fundación Juan de Mariana.

Recientemente, los neonazis el Alemania hablaron de unos 500 mil a un millón de víctimas, y consideraron la medida un Holocausto de bombardeo, además de compararlo con el asesinato de 6 millones de judíos decretado por Adolfo Hitler. Acusaron a Gran Bretaña y Estados Unidos de cometer asesinatos en masa.

Las cifras de muertos suelen ser exageradas si los conteos se hacen con propósitos que van más allá del interés histórico. Otro caso similar es el de los muertos por el enfrentamiento armado en Guatemala.

La cifra estimada por el establishment ya va por 200,000 muertos; mientras que un conteo sereno -como el de Guatemala, la historia silenciada, por Carlos Sabino- no reporta más que unas 37,000 víctimas mortales.

¡Por supuesto que el asunto no es de números, porque igual de horrible es 37 que 200 mil muertos por una guerra para establecer la dictadura!; sin embargo hay dos cosas interesantes en estas comparaciones:

1. El recurso de elevar el número de víctimas para empeorar el aspecto de las cosas; y
2. Que en ambos casos, el porcentaje de exageración es de 18.5%


07
Jul 07

¿Se repetirá la Historia?

Después de la Noche de los Cristales Rotos, muchos judíos alemanes se dieron cuenta de que la situación con el nacionalsocialismo era insostenible y de que era preciso salir de Alemania. En mayo de 1939, un grupo de 937 judíos abordó el SS St. Louis para viajar a Cuba y luego, si los Estados Unidos de América relajaban su cuota migratoria, ir hacia allá.

La nave llegó a La Habana, pero las autoridades cubanas sólo permitieron el desembarco de 28 pasajeros. Los otros le habían comprado sus visas a un funcionario cubano de migración corrupto y el gobierno de Cuba se negó a recibirlos.

El St. Louis se dirigió a La Florida con la esperanza de que el gobierno de los EUA recibiera a los refugiados, o de que el gobierno cubano reconsiderara su decisión. El barco ni siquiera pudo entrar a aguas estadounidenses y, con su carga de afligidos judíos, tuvo que regresar a Europa. Durante el viaje hubo suicidios y un motín fracasado.

Temerosos de regresar a Alemania los pasajeros, el Jewish Joing Distribution Commitee y otras agencias, trataron de conseguir refugio, para los pasajeros, en otros países. El barco regresó a Amberes luego de andar durante un mes de un lado a otro en el mar; y Francia, Gran Bretaña, Holanda y Bélgica les ofrecieron amparo a los refugiados. Sin embargo, debido a la invasión nazi a Polonia, los ciudadanos alemanes en el exterior (incluidos los judíos) eran vistos como extranjeros enemigos. Con la ocupación nacionalsocialista de Europa, muchos de los pasajeros del St. Louis terminaron deportados en el Este, y en campos de concentración.

La familia de Julius Hermanns, por ejemplo, paró en el ghetto de Riga, mientras que él fue deportado a Auschwitz luego de que todos pasaron por varios campos de prisioneros.

La historia del St. Louis la conocí cuando visité el Museo del Holocausto en Washington D.C.; y fue una de las que más me impresionó.

Esta historia es atingente porque para fines de los años 30 muchos empresarios, periodistas, políticos y otras gentes de influencia veían al régimen nacionalsocialista como algo relativamente inofensivo y hasta positivo. La persecución contra los judíos era ignorada, a veces por falta de información y a veces por conveniencia.

Tal es el caso del régimen de Pekín; una dictadura socialista que al abrir ventanas en sus grandes ciudades del Este ha deslumbrado a Occidente.

De este lado del mundo no faltan empresarios, periodistas, políticos y otras gentes de influencia que ven un buen ejemplo en lo que está pasando en China. Esas personas han elegido ignorar que allá hay millones y millones de personas que sufren bajo una dictadura que fomenta el trabajo forzado, que censura la información, que mantiene prisioneros políticos, que tiene campos de concentración, que fomenta abortos para el control de la natalidad forzada, que invadió Tibet y que practica la tortura, entre otras cosas.

Hacer negocios con China no es moralmente neutro, como lo es hacerlos con El Salvador, Irlanda, o Japón; porque si bien es cierto que el comercio internacional no es otra cosa que el intercambio entre personas que viven en diferentes localizaciones políticas, en los países que son relativamente libres este intercambio se ve poco más o menos protegido de la intervención política de los gobiernos; mientras que en países que viven bajo dictaduras, más o menos autoritarias y hasta totalitarias, aquel intercambio depende directamente de la intervención y la conveniencia política de los regímenes a los que está sometida la sociedad.

De hecho, el régimen chino tiene una exigencia política para “hacer negocios” con plenitud en su país: esta es, que sus socios le den la espalda a Taiwán, una república que, con todos sus defectos, no es una dictadura chantajista, esclavista y totalitaria.

Publicado en Prensa Libre el sábado 7 de julio de 2007


24
May 07

El Papa flip-flop

En Brasil, Benedicto XVI dijo que “el anuncio de Jesús y de su Evangelio no conllevó en ningún momento una alineación de las culturas precolombinas y no impuso una cultura extranjera”. El comentario papal fue un desatino, evidentemente; porque hasta las piedras saben que los españoles impusieron el cristianismo a hierro y fuego. ¿Quién ignora que Alejandro VI le dió licencia a la corona española para conquistar estas tierras con la condición de que “salvaran las almas” de sus habitantes”.

Benedicto XVI tuvo que tragarse sus palabras, entre otras cosas, porque Hugo Chávez le exigió que les pidiera perdón a los indígenas de América por haber negado “el holocausto aborígen”. El Papa reconoció ayer que esos “crímenes injustificados” fueron “condenados en su época por misioneros” y que, en todo caso, no deben hacer olvidar “la obra maravillosa llevada a cabo por la gracia divina entre sus poblaciones a lo largo de los siglos”. Las palabras del Pontífice fueron interpretadas por los expertos en temas vaticanos como una especie de redención para la Iglesia Católica en esos “crímenes” cometidos por “los colonizadores”.

Fray Matías de Paz consideraba que el “justo título” para la conquista era la donación papal; y que la guerra tenía como justificación última que los indios “abrazaran la verdadera fe de Cristo”. El clérigo Juan Ginés de Sepúlveda consideraba la guerra “justísima y obligatoria” con el objetivo de corregir la impiedad, los abusos y pecados de los indios. El Requerimiento, de Juan López de Palacios Rubios, amonestaba a los indígenas para que aceptaran el dominio español y “la verdadera fe”. Claro que personajes como el obispo Francisco Marroquín cuestionaban el trato que se les daba a los indígenas; pero prevaleció el criterio de que los conquistadores tenían el deber de cristianizar a los indios, a como diera lugar.

Esta no es la primera vez que el papa Ratzinger tiene que desdecirse en materia de su interpretación de la Historia.

En 2006, en Ratisbona, el discurso del Papa sobre las relaciones entre la fe y la razón provocó una oleada de indignación en el mundo musulmán por el presunto nexo que implicaba entre Islam y violencia. Benedicto XVI se defendió de esas críticas e hizo públicas algunas precisiones, pero no se excusó por las mismas. Ese mismo año, durante su visita a Auschwitz, el obispo de Roma habló de seis millones de víctimas polacas, sin precisar que la mitad fueron judíos. Nuevamente volvió a intentar arreglar las cosas cuando volvió al Vaticano hablando de “unos seis millones de judíos” exterminados en los campos de concentración nazis.


08
Ene 07

Su Eminencia, el policía secreto

Allá por 1986 estalló el Waldheim Affaire. Resultó que el presidente austriaco y ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Kurt Waldheim, había sido miembro de una división paramilitar del partido Nazi durante la II Guerra Mundial. Waldheim fue declarado Persona non grata en varios países y en 1987 fue puesto en una “lista negra” para impedir su ingreso a los Estados Unidos de América. Durante su gobierno Waldheim no realizó muchas visitas a paises extranjeros, salvo al Vaticano y a algunos países del Oriente Medio.

Yo digo que si alguien fue colaborador del régimen totalitario que fue responsable del Holocausto y de 6 millones de judíos asesinados, lo menos que se merece es ser declarado Persona non grata, ¿o no?

El 7 de enero pasado Stanislaw Wielgus, recien nobrado arzobispo de Varsovia, renunció bajo la presión del Vaticano tras conocerse que había sido ex agente de la policía política polaca durante la dictadura comunista. Una comisión especial de el episcopado polaco comprobó que Wielgus colaboró efectivamente con la policía comunista; y el prelado cometió su “error” en un mensaje publicado el viernes 5 de enero. El portavoz del Vaticano, Federico Lobardi, dijo que “el comportamiento de Wielgus durante el régimen comunista comprmietió gravemente su autoridad”.

¿Qué se merece alguien que colaboró como policía secreto de un régimen que costó casi 62 millones de muertos en la Unión Soviética, casi 77 millones de muertos en la China Popular, unos 2 millones en Caboya, casi 2 millones en Vietnam, más de 1.5 millones en Polonia, casi 2 millones en Corea del Norte y muchos, muchos, muchos, más en otros lugares de Africa, Asia, y en Cuba, por ejemplo?

“En Alemania es ilegal negar el Holocausto. Es ilegal en los Estados Unidos discriminar con base en la raza, o credo. Pero, los líderes de Rusia no han pedido perdón por el pasado; algunos, incluso, lo están celebrando. Gracias a una notable derrota militar y a los juicios de Nuremberg, el gobierno Alemán de la post guerra pasó por medio siglo en expiación. El gobierno ruso post soviético, cuyos funcionarios incluyen a muchos ex comunistas, es un descendiente directo del régimen soviético. Por eso es que no existe un sentido de responsabilidad hacia las víctimas de la era comunista, que duró casi seis veces más que el terror Nazi”, escribieron Gary Kasparov y Therese Raphael en la National Review el 8 de abril de 2002.

“¿Por qué los crímenes comunistas parecen ser perdonables? Al hablar con ocasión del día nacional Checo, el 28 de octubre, el presidente Havel notó el lento ritmo de las investigaciones y de los juicios de los ex-comunistas y la falta de interés público, y ofreció una respuesta: De una forma o de otra, la mayoría de nuestra población, bajo presión evidente e inteligente, cooperó con el régimen, o por lo menos lo toleraba. El ve que un sentimiento subconsciente, de cierta medida de involucramiento, o de culpabilidad por la participación, podría llevar a un debilitamiento de la necesidad de ver juzgados al antiguo régimen y a sus representantes”.

“Una de las grandes mentiras del último siglo la de que el comunismo fue una fuerza fundamentalmente benigna que cayo en manos de hombres perversos tiene un gran poder de permanencia. Los manifestantes en contra de la globalización llevan carteles del Che Guevara y de Mao. Los coreanos protestan contra la presencia de tropas americanas, ignorantes o indiferentes a que su presencia simbolice el sacrificio en nombre de la libertad. Algunos profesores en universidades occidentales se las arreglan para separar la teoría comunista de su aplicación horrible. Miles de húngaros protestan contra su nuevo museo llamado La Casa del Terror, sorprendidos de que el comunismo y el fascismo pueda recibir igual tratamiento, o de que el primero, en particular, pueda ser descrito como una forma de terror. En un mundo que ha redescubierto los valores de la realpolitik, tales cosas deberían de encender los timbres de alarma”, dicen Kasparov y Raphael.