Ponerles un precio tope a los combustibles y subsidiar la diferencia con dinero tomado de los impuestos, es mala idea por donde se la vea. Quienes por populismo, o por intereses electoreros respaldan aquellos disparates le hacen un daño tremendo no sólo a las finanzas de la Administración, sino… peor aún, al sistema de asignación de recursos que conocemos como sistema de precios y a la moral pública.

Cuando los precios cumplen su función de mensajeros, las personas pueden tomar decisiones racionales para asignar sus recursos. La ilustración es de Grok.
En los años 80, en la universidad, mi cuate -Rafa- escribió una canción que no recuerdo bien y decía:
Everything you want to buy,
Everything you want to sell,
Do it, if the price is right.
Input, output information
Is the message of the prices.
Alocation of resources,
Is the function of the prices.
There can´t be any decision
If there are no proper prices.
If you want a healthy economy,
Let it be,
The market free,
Where the prices are right.
Me faltan versos, pero esa canción describe muy bien la función de los precios y te permite atisbar lo que ocurre cuando los precios no son reales, sino políticos, por decreto.
En los años 70 y 80 los precios tope acabaron con industrias como la de la leche y la del pan en Guatemala. ¿Te acuerdas cuando la leche estaba re cuarteada con agua? Era por el precio tope. ¿Te acuerdas cuando los panes franceses y de manteca parecían panitos de San Antonio? Era por el precio tope. Y esas industrias sólo se recuperaron -hasta niveles espectaculares- hasta que desaparecieron los precios máximos. En los años 80, o 90 hubo racionamientos de combustibles, y colas largas en las gasolineras, porque había racionamientos y precios tope.
Con los subsidios sugeridos para combustibles no habrá precio tope exactamente porque la Administración usará parte del dinero que les quita a los tributarios para subsidiarles el combustible a los tributarios al modo de un perro que gira y gira porque se muerde la cola. Dicho de otra forma, la Administración tomará dinero del bolsillo izquierdo de los tributarios y se lo dará para que lo metan en su bolsillo derecho. Eso sí… eso es nada más que una transferencia forzada de recursos de un grupo que no está organizado (tú y los tributarios) a grupos organizados como ciertos consumidores y, ciertamente, los distribuidores.
Eso distorsionará la toma de decisiones económicas y la asignación de recursos porque los consumidores de combustibles percibirán que están baratos (mediante un precio establecido de forma política) y no tendrán suficientes motivos para economizar combustibles y asignar lo más racionalmente posible su uso. Si el precio de los combustibles es un precio real (no político), los consumidores tienen que pensar bien cómo van a asignar el recurso de los combustibles. ¿Sabes por qué se desperdicia tanta agua corriente en Guatemala? Porque su precio está subsidiado y casi nadie paga un precio real por el líquido vital. El fenómeno del desperdicio grosero se ve entre los cafres que tiran agua durante la fiesta de las antorchas. ¿Sabes por qué escasea el agua corriente en muchas colonias, poblados y zonas? Porque el precio está subsidiado y casi nadie paga el precio real por el líquido.
Es que los precios reales (no políticos) son mensajeros. Los precios reales (no por decreto) acarrean información acerca de la abundancia, o escasez de los recursos; y esa información sirve para que los que usan los recursos tomen decisiones racionales acerca de cómo los van a aprovechar al máximo, y cómo no los van a desperdiciar. Como cuando mi abuelita, Frances, compraba cajas de tomates cuando los tomates estaban baratos, hacía salsa y la congelaba para cuando fuera temporada de tomates caros. Como los precios acarrean información, la intervención política en el acarreo de esa información constituye censura.
El daño más grave, sin embargo, es el daño moral en la sociedad. Cuando grupos de presión amenazan con hacer uso de la fuerza para conseguir objetivos, o hacen uso de la fuerza para conseguirlos (como cuando bloquean calles y carreteras), el mensaje que recibe la sociedad es: Debes amenazar y forzar para conseguir tus objetivos. Cuando la Administración accede a las exigencias violentas, irracionales e inmorales de los grupos de presión, el mensaje que recibe la sociedad es: Las autoridades te darán lo que pides si amenazas y fuerzas. Cuando la Administración les confirma a los electores que puede tomar dinero ajeno por la fuerza para satisfacer sus demandas, los electores concluyen en que es moralmente aceptable tomar dinero ajeno por la fuerza para satisfacer sus exigencias. Cuando la Administración acostumbra a los electores a falsear la realidad de precios altos debido a factores puramente económicos, los electores exigirán que, cada vez más, la Administración falsee la realidad con propósitos electorales. ¿Te das cuenta de lo que esto significa para el sistema republicano y para lo que la gente conoce como democracia? ¿Te das cuenta de lo que esto significa en un contexto electoral?
La forma usual de amenazas y violencia son los bloqueos. No hay tal cosa como bloqueos pacíficos porque estos siempre implican intimidaciones y amenazas de uso de la fuerza. Los bloqueos causan daños y perjuicios; y -además- encarecen los productos que tienen que ser transportados. El viernes, trailers fueron incendiados durante un bloqueo en Zacapa, y a inmediaciones de la colonia Betania los bloqueadores estaban extorsionando a los usuarios del Periférico para que firmaran una petición. Dicha petición, por supuesto que es inválida porque las firmas que la acompañan son obtenidas mediante amenazas. Pero eso no importa, porque lo que importa es el pulso político y el espectáculo.
Los semilleros/raiceros, que vienen de las barricadas y de pintar paredes, nunca, nunca imaginaron que iban a tener la enorme responsabilidad de gobernar. ¿Qué sentirán ahora que cosechan los vientos que sembraron antes de encontrarse con el poder, sin estar remotamente preparados para ejercerlo bajo la ley?
Los precios altos de los combustibles son un fenómeno mundial y de mercado; pero la intrusión política en ellos es contraproducente en el largo plazo, e inmoral. ¿Cuál sería la solución racional y más ética? ¡Quitarle a los combustibles el Impuesto a la Distribución de Derivados del Petróleo y los impuestos de importación? ¿Por qué? Porque esos tributos son cargas que la Administración pone -por decreto- sobre los precios reales de los combustibles. Si la Administración pone esas cargas, la Administración debe quitar esas cargas. En cambio, los pipoldermos (hablemos claro: la Administración son los pipoldermos) prefieren conservar los impuestos y engañar a los electores y tributarios con un precio tope y un subsidio.
Los precios no piden permiso para decir la verdad. Quienes los tapan con techos y cheques del fisco no abaratan la gasolina: entrenan a una sociedad a exigir lo que no está dispuesta a pagar y a celebrar la censura de la escasez. Que hablen los precios. Que la política deje de fingir.


















