13
Nov 18

¿Al servicio de qué intereses está la conflictividad?

En un comunicado publicado hoy, la municipalidad indígena de Sololá, la junta directiva de los 48 Cantones de Totonicapán, la autoridad indígena Ixil, la alcaldía indígena de San Pedro Jocopilas, el Consejo Espiritual Maya Coataneco y el Consejo Maya Akateco, hicieron fuertes revelaciones.

Los firmantes constataron que los actos violentos ocurridos el 11 y 12 de octubre en Ixaquisis, San Mateo Ixtatán, se dieron en el marco de una convocatoria oficial del llamado gobierno ancestral plurinacional q´anjob´al, chuj, akateco y popti mediante invitaciones oficiales.

Esa es la ocasión en la que Antonio Juan Pascual, trabajador de la hidroeléctrica Energía y Renovación, S. A. en San Mateo, Ixtatán, fue hallado muerto el viernes 12 por la mañana, luego de que durante la madrugada un grupo armado atacó las instalaciones del proyecto Ixquisis. Durante el ataque fueron quemadas por o menos 30 máquinas, diez polimas y una trituradora. La caravana de solidaridad que causó los destrozos incluia hombres fuertemente armados y con las caras cubiertas con pasamontañas.

El comunicado fue publicado en elPeriódico, de hoy, página 7.

El documento de las autoridades indígenas legítimas pide que sus pueblos sean respetados y que no se usurpe su representación; y, además, hace una observación de mucha importancia; los firmantes consideran que el país necesita puentes de entendimiento y no de confrontación permanente; que necesita soluciones y no promoción de conflictos; que necesita de un sincero respeto de la ley y de la aplicación de la justicia, en lugar del rechazo al Estado, al Estado de Derecho y a sus istituciones como condiciones para prolongar más tiempo la impunidad.

Al final los firmantes celebran el diálogo y la negociación cuyos objetivo es ponerle fin al conflicto que ha cobrado vidas humanas; y el contenido completo del documento vale la pena leerlo porque hay bastante más para entender el fenómeno.

Ahora que las autoridades indígenas genuinas y responsales se han separado expresamente de los grupos violentos y usurpadores de la representatividad indígena, ¿no te da curiosidad? ¿Al servicio de qué intereses está la conflictividad?


02
Nov 18

Un trofeo de karate y el mérito

Era un niño como de siete, u ocho años.  Entro a la fiesta en casa de mi hermano con su karategui, o algo así, y con un trofeo en su mano.  Cuando se acercó a saludar, le dije: ¡Ganaste un trofeo!, y el patojito, con cara de fastidio me contestó: Nos dieron a todos.

A su corta edad, ese chiquillo sabe que un trofeo tiene valor si uno se lo ha ganado; y que carece de valor si todos los participantes reciben uno independientemente de los resultados de su desempeño.

Hace poco leí que, durante los Juegos Olímpicos de la Juventud, en Buenos Aires, no hubo medallero oficial, no por error, sino porque la idea era celebrar por igual el esfuerzo de todos los atletas.  Me recordó una escena de Los increíbles en la que Dash le dice a su madre: Papá dice que somos especiales; y Helen le contesta: Todo el mundo es especial, Dash.  Y Dash murmura: Esa es sólo otra forma de decir que nadie lo es.

Es cierto que el verdadero valor de ganar una competencia no está en derrotar a otros, sino en superarse a uno mismo; pero, ¿qué clase de sociedad estamos construyendo cuando se recompensan los méritos de igual forma que los resultados? La respuesta nos la da Friedrich A. Hayek.

Una sociedad en la que se estatuyese la posición de los individuos en correspondencia con las ideas humanas de mérito sería el polo más diametralmente contrario a la sociedad libre.  Sería una sociedad en la que se recompensaría a los hombres por las obligaciones cumplidas en vez de por el éxito; una sociedad en la que cada movimiento individual vendría guiado por lo que otras gentes pensasen, y en la que cada persona se vería relevada de la responsabilidad y del riesgo de la decisión. En una sociedad así destruiríamos los incentivos que permiten a los hombres decidir por sí mismos lo que deben hacer.  Y añade que el determinante de nuestra responsabilidad es la ventaja deducida de lo que otros nos ofrecen, no su mérito al proporcionárnoslo. Al contrario, en una sociedad libre esperamos ser recompensados por lo que valen nuestras acciones y no por nuestro mérito subjetivo.

Columna publicada en elPeriódico. Foto por Hautbois [Dominio púbico], por medio de Wikimedia Commons.


26
Oct 18

¡Felicitaciones a los 48 cantones!

No ha sido suficientemente aplaudida, ni elogiada la decisión de prohibirles a los partidos políticos que pintarrajeen piedras, paredes, paredones, puentes y edificios privados y públicos durante el proceso electoral de 2019.  La decisión la tomaron los dirigentes de los 48 cantones de Totonicapán y sería genial que fuera emulada en otros departamentos del país.

¡Ninguna agrupación política debería tener la idea de que puede ensuciar y pintarrajear a su antojo! No sólo porque quien pinta pared y mesa demuestra su bajeza, sino porque ¿cuál es el mensaje subyacente de aquel tipo de prácticas brutales y contaminadoras? El mensaje es que a los dirigentes políticos que permiten que sus seguidores hagan pintas, y a los que animan a sus seguidores a hacer pintas les importa un bledo ensuciar, afear y causar daños.  Ese mensaje debería poner a pensar a los electores.  Si así actúan estos políticos con tal de conseguir el poder, ¿qué otras barbaridades van a hacer cuando tengan el poder?  O como diría mi abuela: Si así son las vísperas, ¿cómo serán las fiestas?

No es sólo que las pintas repugnantes son vacías de contenido programático; sino que son mensajes claros de que yo hago lo que me da la gana, cuando me da la gana, porque puedo.  La gente que permite y promueve esas pintas entre sus partidarios, es la misma gente que cuando llegue al poder va a comprar medicinas vencidas, va a inaugurar rampitas, va a construir puentes y caminos de mala calidad, va a favorecer el clientelismo y el mercantilismo, va a elevar y a multiplicar los tributos y va a repartir plazas entre amigos, compadres, familiares, amantes y socios, ¿por qué? ¡Porque puede! Porque nadie le paró la mano cuando pintaba y ensuciaba.

Cuando he viajado por Guatemala durante un proceso electoral y he hablado con la gente, he notado un disgusto generalizado; pero pasivo contra las pintas.  Ese disgusto debe materializarse en condenas claras, acciones y rechazo electoral contra los grupos e individuos que manchen y embadurnen con su propaganda y su insolencia.

Columna publicada en elPeriódico.


16
Jul 18

Actividades temerarias y la carga moral del rescate

¿Qué pasa cuando una persona practica deportes extremos que le pueden costar la vida a otra persona? ¿Qué pasa cuando uno pone en riesgo su vida -de forma temeraria, o no- y para sacarlo a uno de un aprieto otra persona pierde su vida?

Esas preguntas me asaltaron cuando leí que Saman Kunan un buzo, voluntario,  murió por salvar a los niños tailandeses; no tenía hijos, pero dejó una viuda. Y me recordó dos escenas de la película  Everest : En la primera,  Rob muere como consecuencia de que tuvo que regresar para que Doug pudiera cumplir su sueño, a sabiéndas de que Doug ya no estaba en capacidad de hacerlo y de que estaban atrasados y llegaba una tormenta; en la otra, para rescatar a Beck casi se matan dos soldados nepalíes y se usa un helicóptero posiblemente pagado por tributarios de Nepal (que como se sabe no son el pueblo más próspero de la Tierra).

No siento simpatía por hobbies, deportes, aficiones, competencias, ambiciones, o sueños que ponen en peligro las vidas de terceros con el propósito de que los practicantes alcancen sus propósitos; y tampoco por aquellas que colectivizan las consecuencias de las malas decisiones de los practicantes.

Creo que para quienes ponen en práctica hobbies, deportes, aficiones, competencias, ambiciones, o sueños que ponen en peligro las vidas de otras personas, o colectivizan las consecuencias de sus malas decisiones hay una pesada carga moral no sólo por usar recursos ajenos para cumplir sus objetivos; sino que, ¡sobre todo!, si sus rescatistas mueren y dejan viudas, o huérfanos.

Esta carga moral pesada, no se alivia por el hecho de que los rescatistas sean voluntarios. ¿Por qué? Porque quienes practican aquellas actividades saben, o deberían saber, que si toman malas decisiones, o tienen un accidente alguien más podría pagar el precio más alto (que es el de la vida), para que el rescatado no tenga que pagarlo. Y porque no es lo mismo ser voluntario para rescatar víctimas de circunstancias que no podrían prever, que para rescatar personas que deliberadamente se han puesto en peligro.

¿Los que practican hobbies, deportes, aficiones, competencias, ambiciones, o sueños peligrosos y temerarios deberían ser dejados a su suerte si tienen accidentes? ¡Por supuesto que no!  Claro que no.  Pero, pesa sobre ellos una carga moral formidable no sólo por la vida, o vidas perdídas en su rescate; sino por las familias de quienes pagaron el precio del rescate.

¿Me alegro de que los niños de Tailandia hayan sido rescatados? ¡Por supuesto que sí!  Claro que si.  Y me da pena la muerte de Kunan, y admiro a los rescatistas que lograron sacarlos.

La foto es de Lanquin, Guatemala.


25
May 18

Guatemala y la irresponsabilidad

Quince cantinas fueron destruidas, en Cahabón, por una turba de unas 600 personas de tres poblaciones aledañas. Los responsables de la destrucción estaban molestos por la muerte de una pareja en una venta de licor. Aparentemente un sujeto estranguló a una mujer y luego se ahorcó, y ambos estaban bolos.

Escucha el podcast aquí.

Pero la responsabilidad es de las cantinas, no de los que acuden a esos lugares a emborracharse (sarcasmo).

La ineptitud y el irrespeto por los usuarios del servicio de pasaportes ha generado largas colas en Migración donde a veces no hay cartillas y a veces las dan con cuentagotas.  Eso ha generado la necesidad de tramitadores que les ahorran tiempo y molestias a los usuarios; pero el clamor es contra los tramitadores; según la sabiduría popular la responsabilidad no es de los políticos y burócratas incapaces.

Los tragantes de muchas poblaciones están llenos de basura y esas poblaciones han sufrido inundaciones severas. Las cuencas del país están atiborradas de basura de todo tipo.  Pero la responsabilidad, según la gente y muchos comunicadores, es de la basura y del plástico que, en su imaginario (supongo) llegan a donde están solitos, sin responsabilidad alguna de la gente inmunda e inescrupulosa que los arroja donde sea.

Políticos y burócratas aprueban legislación que prohíbe el uso de animales en espectáculos circenses y hay una fecha fatal para que tigres, leones y otros animales sean entregados al gobierno…pero a nadie se le ocurrió estar preparado; y ahora los dueños de circos deben cuidar a los animales, no pueden usarlos en sus atracciones, y tienen que cargar con los costos de alimentación y lo que se ofrezca.

Eramos muchos y parió la abuela, la economía se deteriora, y los aeropuertos y puertos (en manos de políticos y burócratas) se deterioran a la par.  Varias empresas navieras dejarán de usar la Empornac y se mudarán a Puerto Cortés porque el puerto chapín es insoportablemente ineficiente; ¿habrá responsables? Sospecho que no.

¿Son mis nervios, o Guate es el reino de la irresponsabilidad?

Esta columna fue publicada en elPeriódico.

La ilustración es de dominio público, via Wikimedia Commons.


04
Feb 18

El chato va sin luces

Ese chato de la bicicleta va sin luces.  Esto fue el miércoles en la noche y dos, o tres minutos antes me encontré a otro ciclista en iguales circunstancias.

Andar en bicicleta, sin luces y en la noche es una irresponsabilidad, no sólo porque el ciclista puede salir lastimado e incluso perder la vida; sino que por su desidia puede arruinarle la vida a quien pase golpeándolo, o pase sobre él

Suelo montar bici -aunque menos de lo que debería- y disfruto mucho hacerlo en la noche cuando vuelvo del trabajo; pero siempre uso chaleco y llevo luces.  Nadie debería salir sin chaleco, ni luces para no ponerse en peligro, y para no poner en peligro a los automovilistas.

¿El miércoles, dónde estaban los PMT?  Por ningún lado.


29
Jun 17

Seguros y una lección para aprender

En esta semana las redes sociales están llenas de sapos y culebras contra las empresas de seguros.  El caso es que circuló la carta de una aseguradora en la que se le informa a la familia de un asegurado -que falleció a balazos, víctima de un acto delincuenical- que el pago de la suma asegurada no procede.

La victima del acto criminal era una persona muy querida y respetada. Entonces, la gente -en línea-  se levantó en sumas indignación y ardimiento.

¿Qué podemos aprender de este asunto?

  1. Que es una razonable obligación de todo asegurado leer las clausulas del seguro que contrata, entender la naturaleza del mismo y en caso de dificultades, consultar y obtener asesoría sobre el mismo. También, informar a su familia acerca de la naturaleza del seguro, o seguros que ha contratado.
  2. Que hay distintos tipos de seguros y que hay distintos precios para los distintos tipos de seguros.  No es lo mismo un seguro de vida, que un seguro de accidentes personales y sueldos asegurados, por ejemplo.
  3. Que hay distintos tipos de coberturas dentro de un mismo tipo de seguros y que la calidad y cantidad de coberturas tiene distintos precios.
  4. Que todo ello está especificado en las pólizas, en los beneficios adicionales y en las exclusiones, así como en los endosos.

En casos como el que genera estas meditaciones es muy fácil irse por lo sentimental. ¿Cómo iba a ser de otra forma si hubo asesinato, hay víctimas, hay expectativas y hay decepciones?  Pero pasado el momento sentimental, lo mejor que podemos hacer es serenarnos y acudir a la razón.  ¿Para qué? Para recordar que podemos evadir la responsabilidad de tomar el control de nuestros asuntos; pero no podemos evadir las consecuencias de no tomar el control de nuestros asuntos.

El estado niñera nos acostumbra a delegar en políticos y burócratas decisiones tan importantes como, cuál es el plan de salud que tenemos, o cuál es el plan de invalidez, vejez y sobrevivencia con el que nos vamos a proteger. Nos acostumbra a que políticos y burócratas deciden cómo va a ser la educación de nuestros hijos.  Nos acostumbra a que son los políticos y burócratas los que nos quitan la responsabilidad de evaluar el banco en el que guardamos nuestros ahorros.  El estado niñera nos convierte en niños a merced de políticos y burócratas.

Cuando uno contrata un seguro, normalmenente toma la decisión de firmar los papeles sin leerlos.  No porque la aseguradora le impida leerlos, o quiera ocultar algo en ellos.  Esa es una decisión que uno hace, por cualquiera que sea la razón no sólo cuando contrata seguros, sino en otras circunstancias.  Uno lo hace, incluso, cuando baja software y hace uso de servicios en línea. ¿Quién de nosotros ha leído las condiciones de uso de Facebook, por ejemplo? ¿Cuántos de quienes están leyendo esto se quejan de que Facebook hace esto, o aquello…y no leyeron las condiciones en las cuales Facebook les presta el servicio gratuito?

Que pena y que decepción (en el peor de los momentos) cuando resulta que luego de un hecho que uno creía que estaba cubierto por su seguro, no lo está.  Comparto el sentimiento de quienes tenían expectativas.  Sin embargo, no puede atribuírsele a mala fe la improcedencia del pago de un tipo de seguro que no ha sido contratado.  Por más triste que sea el caso (y todos los casos son tristes), no es eso, sino los términos del contrato acordado, de forma libre, voluntaria y pacífica, lo que determina si procede el pago, o no.

¡Por supuesto que las aseguradoras no pagan los seguros más allá de lo acordado; y por supuesto que los beneficiarios tratarán de cobrar los seguros hasta dónde puedan! Pero no caben el pago, ni el cobro fuera de lo contratado.  ¡Por supuesto que cabe la posibilidad de fraude en ambas partes!  Empero, los tribunales de justicia son los encargados de dirimir las disputas y hacer justicia.

Para tratar de no llegar a aquellos extremos, la lección que podemos aprender de este caso es: Nos corresponde entender bien qué tipo de seguros contratamos; y si no tenemos tiempo para hacerlo por nosotros mismos, lo mejor es consultar con los expertos, que para eso son expertos.

Ilustración por Wikimedia Commons


03
May 17

¡Que no haya otra Brenda…y no haya otro Jabes!

Con tanto caos alguien va a hacer algo estúpido, dice el inspector Finch en la película V for Vendetta; y acto seguido un señalador le dispara a una niña y esta cae muerta.   Cuando aquello ocurra, las cosas se van a poner muy mal, añade el policía y en la siguiente escena un grupo de personas acorrala al señalador asesino, que desenfunda su arma para luego recibir un golpe con una llave inglesa por parte de uno de los que lo tienen rodeado. Ese acto desata la cadena de sucesos que llevan el desenlace de la película.

Escucha el podcast aquí.

De esa escena me acordé cuando vi que el miércoles pasado una persona (entonces no identificada) atropelló a un grupo de jóvenes que bloqueaba la Calzada San Juan.  Luego se identificaría al hechor como Jabes Meda Maldonado.  La sucesión de actos en aquél día y lugares fatídicos resultó en la peor de las tragedias cuando Brenda Domínguez, una de las chicas que bloqueaban la vía perdió la vida a causa de las heridas recibidas bajo el automóvil que conducía Meda.

Desde hace ratos –en mayo de 2016 y en junio de 2015– para citar dos ejemplos, he advertido que los bloqueos de calles y carreteras no sólo afectan la libertad de locomoción (así en abstracto); sino que afectan las vidas y los negocios de miles de personas reales, individuales (en concreto). Por eso son situaciones muy volátiles y peligrosas y que lo peor que puede pasar durante un bloqueo, ¡y lo que no debería ocurrir!, es la violencia.

Por su naturaleza, los bloqueos son situaciones muy tensas, en las que la irracionalidad y la violencia pueden encontrar el campo fértil, como triste y desgraciadamente ocurrió en la San Juan.   Además de la muerte de Brenda Domínguez, por lo menos 10 chicos más resultaron embestidos y heridos.

Ahora bien, le corresponde a un tribunal de justicia establecer qué es lo que ocurrió ahí exactamente y quiénes (quiénes, no sólo quién) fueron los responsables de la cadena de sucesos que llevó al desenlace fatal. ¿Está claro que deberíamos tratar de que cosas así no vuelvan a ocurrir?

Parece evidente que hay un consenso con respecto a que quien conducía el automóvil que atropelló a Brenda Domínguez y a sus compañeros están la primera línea de responsabilidad. El piloto tomó la decisión de avanzar y acelerar y embestir a los bloqueadores.

Pero hay una segunda línea de responsables: ¿Quiénes organizaron el bloqueo? ¿Quiénes convencieron a otros de que salir a bloquear la San Juan era una buena idea? ¿Había maestros entre ellos? Brenda Martínez era menor de edad, ¿bajo la responsabilidad de quién, o de quiénes está un estudiante menor de edad cuando se halla en la escuela, o en el instituto cualquiera que este sea? ¿Había estudiantes mayores de edad entre los organizadores? Estos responsables no son los hechores, claro; pero sin su participación activa, o sin su negligencia, el bloqueo y el sucesivo atropellamiento no hubieran sido posibles.

La tercera línea de responsabilidad es la de las autoridades castradas encargadas de hacer cumplir la ley y las de mantener despejadas las vías de tránsito y circulación.  Los bloqueos son  delitos, y cuando las autoridades incumplen con sus obligaciones legales, y permiten que un delito continuado como el bloqueo ocurra y se extienda innecesariamente, su negligencia hace que se intensifique en clima de tensión y que el caldo de cultivo para la irracionalidad y la violencia se haga más nutritivo.

Finalmente hay una cuarta línea de responsabilidad, la de los formadores de opinión y la de las dirigencias que fomentan los bloqueos, las marchas y otras formas de violencia como instrumentos políticos.  Los que no dudan en usar jóvenes y gente modesta, desde lejos, para bloqueo tras bloqueo, marcha tras marcha, generalizar un ambiente de tirantez y estrés sociales que, se suman a los problemas que día a día tiene que enfrentar la gente.  Inocentemente, muchas personas dudan que los bloqueos sirvan para algo, y se preguntan, que, ¿qué ganan los bloqueadores y marchistas? Pues ganan angustia, incertidumbre, tensión y un sentimiento generalizado de estar al borde. En el Hogar seguro virgen de la asunción se llegó al borde; y aquel triste y fatídico miércoles en la San Juan se llegó al borde.

A veces, los chapines sentimos que estamos en una de esas semanas en las que se nos descompone el automóvil, nos abandona la pareja, se nos muere el gato y perdemos el examen parcial.  En esas condiciones, y recordando lo que dijo el inspector Finch: Alguien pude hacer algo estúpido, y las cosas se pueden poner verdaderamente mal. Tal y como ocurrió en la San Juan.

Esto es, en parte (pero no totalmente) a causa de que no distinguimos derechos, de necesidades; ni derechos, de caprichos.  Me explico:

Una característica esencial de un derecho es que su ejercicio no viola derechos ajenos.  Si en el ejercicio de una facultad que yo creo que es mi derecho, violo un derecho ajeno, uno de los dos no es derecho.

Me explico:

Tengo necesidad a trabajar, lo cual implica que otros tienen la obligación de  no impedir que yo busque y encuentre un empleo de forma pacífica y voluntaria. Lo que no puedo hacer, a pesar de tener necesidad de trabajar y el derecho a buscar trabajo libremente, es a forzar a otros a darme empleo.  Si fuerzo a otros a emplearme, violo sus derechos a la libertad y a la propiedad y lo que era mi derecho a trabajar se convierte en una forma de violencia.

¿Otro ejemplo?

Tengo derecho a la libertad de expresión y eso quiere decir que nadie debería impedir, o tratar de impedir que yo diga, o escriba lo que pienso, o creo.  Eso sí, no puedo, de manera alguna, forzar a otros a publicar, difundir, o patrocinar mis ideas, u opiniones, si no están de acuerdo con ellas.  Y ni siquiera si están de acuerdo; pero simplemente no tienen deseos de colaborar con ellas.

¿Un tercer ejemplo?

Tengo el derecho a congregarme y manifestar.  Tengo la facultad de ejercer el derecho de petición.  Incluso puedo manifestar y ejercer mi derecho de petición para solicitar privilegios y hasta disparates.  Pero si en el ejercicio de aquel derecho le ocasiono daños y perjuicios a otras personas, en sus vidas, o en su propiedad, el derecho de manifestar y el derecho de petición dejan de serlo para convertirse en formas de provocación, de agresión, de presión y de violencia.  ¡No existe tal cosa como el derecho a la amenaza del uso de la fuerza, o el derecho al uso de la fuerza para conseguir privilegios, o disparates!  Si existiera, los extorsionistas no serían delincuentes. ¿Verdad?

Voy a apostar a coincidimos en lo que ocurrió en la San Juan el miércoles pasado fue muy malo y muy triste, y que deberíamos evitar que vuelva a pasar.  Voy a apostar a que coincidimos en que los responsables deben enfrentar -con justicia- las consecuencias de sus acciones, u omisiones. ¿Coincidimos en que las autoridades deben proteger la vida, la libertad y la propiedad de todos por igual?  ¿Podemos coincidir en que no está bien usar jóvenes y personas modestas para fines alcanzar nuestros fines?

No se vale derivar, de estas meditaciones, que no se debe salir a manifestar.  ¡Contra la tiranía, contra la corrupción, contra los abusos de las autoridades, para evitar la injusticia, hay que manifestar!  Lo que no es aceptable es violar derechos ajenos durante las manifestaciones, ni dañar, ni perjudicar a otros durante las manifestaciones.

¿Cachas la idea?

¿Podemos coincidir, también, en que debemos evitar acciones violentas, incluidas las amenazas en el uso de la fuerza?  ¿Podemos coincidir en que no es un derecho aquello que causa daños y perjuicios a otros?

A mi me conmueve y me da tristeza cuando mueren jóvenes, especialmente si es en circunstancias evitables; y me conmueve y me da tristeza cuando jóvenes estropean sus vidas por no actuar con prudencia, o por actuar criminalmente. Por las Brendas y los Jabes potenciales que andan por ahí, ¡que no haya una víctima más!


14
Ene 17

La tragedia en Acatenango

volcanes-luis-figueroa

El fin de semana pasado falleció, en el volcán Acatenango, Lucía Sánchez a quien tuve la dicha de terner como estudiante en un curso de Improvisación; y también fallecieron cinco personas más, cuatro de ellas muy jóvenes igual que Lucía.

Luego del shock y de la tristeza primera que uno siente al enterarse de una tragedia como aquella, lo que me vino a la mente fue el siguiente párrafo:

La naturaleza no decide; simplemente es; el hombre no decide en cuestiones de conocimiento, simplemente observa lo que es. Cuando se trata de aplicar su conocimiento, el hombre decide lo que elige hacer, según lo que ha aprendido, recordando que el principio básico de la acción racional en todos los aspectos de la existencia humana, es: “La naturaleza, a ser gobernada, debe ser obedecida”. Esto significa que el hombre no crea la realidad y sólo puede lograr sus valores si toma sus decisiones en consonancia con los hechos de la realidad.  Who is the final authority in ethics?, por Ayn Rand.

El párrafo es atinado porque -ante la usual presión popular en el sentido de que hay que hacer algo para evitar que haya más hechos trágicos como el citado- hay autoridades que pretenden ejercer un control sobre el ascenso al Acatenango y que, por lo pronto, han lilmitado el acceso a ese volcán.  Un diputado quiere hacer una ley para estas cosas.

Hay una creencia generalizada, no solo en este caso, sino en otros simlares, de que la regulación y los controles pueden evitar todo el sufrimiento y garantizar la seguridad…a pesar de la evidencia en contra.  ¿Quiéres un ejemplo? Todos los controles, las regulaciones y las burocrácias que hay para garantizar la seguridad del transporte colectivo extraurbano no impiden los busazos en los que mueren docenas y docenas de personas cada año. ¿Otro ejemplo? Todos los controles y regulaciones, todas las burocracias que hay para garantizar la seguridad de los expendios de gas y de los cilindros de gas no impiden la existencia de expendios clandestinos, ni el despacho en cilindros defectuosos, ni la explosiones.

Cuando las autoridades (o sea la burocracia y los políticos) tomen el control del acceso al volcán Acatenango (¿y por qué no al de otros volcanes y lugares de aventuras?), ¿cuántos formularios va a haber que llenar? ¿Qué requisitos de equipo, de salud y otros habrá que satisfacer? ¿Cuánto será suficiente? ¿Cuánto será insuficiente? ¿Quiénes llevarán los controles y quiénes decidirán cuándo son satisfechos? ¿En qué momento? ¿Quién autorizará a los guías, con qué criterios?…¿A qué costos, legales e ilegales, va a ocurrir todo aquello?

Acabo de estar enmontado en Alta Verapaz y entre otras actividades hice tubbing en el río Cahabón.  Con lo cleto que soy…¿alguna autoridad debería haber ejercido control sobre esa aventura mía? Cuando yo estudiaba en la University of Maryland y salía de mi apartemento para ir a pasear -pero más cuando salía a parrandear- siempre dejaba un papel con una indicación de los sitios a los que iba, y de con quiénes iba.  Me parecía que eso era prudente en caso de que algo me ocurriera.  Quizás sea prudente, también, que cuando uno vaya a un volcán le avise a alguien por dónde va, cuánto tiempo va a estar ahí y con quienes va.  Un registro así suena razonable; pero, ¿controles políticos y burocráticos para garantizar al seguridad de los aventureros? Yo lo pensaría dos, tres y cuatro veces para luego descartarlos.

El reconocimiento de que la naturaleza, para ser gobernada, debe ser obedecida; y una bena dósis de objetividad y de responsabilidad individual deberían ser las precondiciones de toda aventura como la de subir un volcán, y esas cosas.  Aún así, si se hicieran todas las previsiones razonables…¡siempre están las posibilidades de imprevistos y del clima desfavorable sorpresivo!

Dicho lo anterior  y salvando las distancias porque subir un volcán chapín no es lo mismo que escalar el Everest (¿Está claro?); no siento simpatía alguna por hobbies, deportes, aficiones, competencias, ambiciones, o sueños que ponen en riesgo las vidas de terceros con el propósito de que los practicantes alcancen sus objetivos; y tampoco por aquellas que colectivizan las consecuencias de las malas decisiones de los practicantes.  Dos escenas de la película  Everest son ejemplos de lo que digo: La primera es la escena en la que Rob muere como consecuencia de que tuvo que regresar para que Doug pudiera cumplir su sueño, a sabiéndas de que Doug ya no estaba en capacidad de hacerlo y a sabiéndas de que estaban atrasados y venía una tormenta; y la escena en la que para rescatar a Beck casi se matan dos soldados nepalíes y se usa un helicóptero posiblemente pagado por tributarios de aquel país (que como se sabe no son el pueblo más próspero de la Tierra).

Mi punto es que ninguna regulación, ningún control y ninguna autoridad política y burocrática sustituye a la responsabilidad individual, a la razón, a la prudencia a la objetividad y al hecho de que la naturaleza, para ser gobernada debe ser obedecida.

Mientras tanto, lamento mucho la muerte de Lucía y de sus compañeros de infortunio. Ella era una estudiante ejemplar valorada por sus compañeros y sus profesores.  Era un gusto tenerla en clase y era miembro del equipo de estudiantes anfitriones de la Universidad Francisco Marroquín.  Mis respetos para su familia y para sus amigos y compañeros.

En la foto, los volcanes de Agua, de Fuego (en actividad) y Acatenango (con sus dos picos).


29
Nov 16

Oakland Mall y responsabilidad

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¿Sabes qué es lo que más me impresionó de mi visita del domingo al Oakland Mall? Las caras de los niños y de los ancianos cuando admiran el árbol de cristales y el Rooftop. Los niños son especialmente expresivos porque sus ojos se iluminan entre las luces, la música, los colores y en el ambiente propio de la temporada.

Al ver el árbol y el nuevo espacio -y ver las caras de la gente que los disfruta- entiendes por qué es que los destruccionistas odian el árbol, odian los centros comerciales, odian la Sexta avenida limpia y bonita y odian como sólo pueden odiar los que envidian lo que es bueno porque es bueno.  Como escribió Helmuth Schoeck  la mayoría de las conquistas científicas por las cuales el hombre de hoy se distingue de los primitivos por su desarrollo cultural y por sus sociedades diferenciadas, en un palabra, la historia de la civilización, es el resultado de innumerables derrotas de la envidia, es decir, de los envidiosos.

Celebro la alegría que la gente encuentra en lugares como el mencionado y en temporadas como la que celebramos.  Celebro la productividad que los hace posibles y las inversiones que los hacen realidad.  ¡Que dicha que hay gente que tiene empleos en esos lugares!

Y…sin embargo…lamento que los desarrolladores de aquel centro comercial sean los directamente causantes de el fastidio del tráfico sobre la Calle real de la Villa de Guadalupe o Diagonal 6.  Desde la décima calle hasta pasada la 12 avenida, el tráfico se pone lentísimo, cuando no se detiene del todo debido a que cuando fue construido al Oakland Mall, sus desarrolladores hicieron un chapuz para facilitar el acceso a sus instalaciones.  Sin tomar en cuenta el efecto que el lugar tendría sobre el tráfico (que luego se intensificó como ya sabemos), los desarrolladores no sólo no previeron un buen acceso al principio (cuando hubiera sido relativamente menos costoso), sino que prefirieron hacer ampliaciones gigantescas, antes que atender la externalidad negativa que estaban causando.

¿Sabes que para controlar el tráfico en el área hacen falta por lo menos dos policías municipales de tránsito?  Estos, ¿son pagados por los tributarios? Si no estuvieran controlando el tráfico en un lugar donde no deberían hacer falta, ¿estarían en un lugar donde sí hacen falta?

Cuando fue inaugurado aquel centro comercial lo celebré; pero ahora es momento  para recordarles a los inversionistas, a los empresarios, a los desarrolladores y a otros actores económicos en todas partes que, cuando ellos eluden responsabilidades y descuidan las externalidades, abren la puerta para caballos de Troya como la responsabilidad social empresarial.  Dicho concepto hace insuficiente que el empresario sirva bien a sus clientes eficientemente sin hacer daños a los demás, y hace insuficiente que el empresario multiplique la riqueza; para exigirle que -supuestamente- devuelva algo que -supuestamente- ha tomado y demanda de él cierto sentimiento de ilegitimidad y culpabilidad que convierte el héroe en villano y lo bello en indecoroso.  Extremos perversos que pueden ser evitados si se evita la tentación de los chapuces.

Queda en jaque, sin duda, la planificación por parte de burócratas ya que -una vez más y por si hiciera falta- se evidencia que es ineficaz para prever externalidades tan sencillas como la del tráfico por ingreso a un centro comercial.