La de Guatemala es una sociedad en la que el anhelo de la igualdad de todos ante la ley es sofocado por el griterío de los que exigen tratos diferenciados y privilegiados.
En una sociedad sana, la ley diría: “Violencia económica. Comete este delito quien, dentro del ámbito público o privado, incurra en una conducta de menoscabar los bienes o derechos, patrimoniales o laborales; quien obligue a suscribir docuentos, destruya u oculte documentos que afecten a otra persona, quien la someta a su voluntad o ejerza violencia psicológica, sexual o física”. Así, general y abstracta, protectora de los derechos de todos sin distingo de étnia, sexo, religión, y demás.
En una sociedad sana, la ley diría: “Violencia contra la persona. Comete delito quien ejerza violencia física, psicológica o sexual, valiéndose de ls siguientes circunstancias: pretension reiterada de establecer relaciones de intimidad con la víctima, como resultado de ritos grupales, usando armas de cualquier tipo, o menospreciando su cuerpo para satisfacción sexual, o por conducta derivada del odio”. Así, general y abstracta, protectora de los derechos de todos, sin distingo de étnia, sexo, religión y demás.
Pero la de Guatemala no es una sociedad sana; y ya tenemos una nueva ley concreta, específica (como si hicieran falta más). ¡Ya tenemos la Ley contra el Femicidio!
La nueva legislación es severa cuando una mujer es asesinada en el marco de relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres; pero, ¿qué pasa si un hombre es asesinado en el mismo marco, ahora que cada vez hay más mujeres en posiciones de poder? La nueva legislación es severa con quien cometa violencia psicológica contra una mujer y sus hijos; pero, ¿qué pasa con quien cometa violencia psicológica contra un hombre y sus hijos?
Yo simpatizo con la búsqueda de la igualdad de derechos para las mujeres y me repugnan los crímenes de odio; pero no estoy de acuerdo con la búsqueda de privilegios y con la de tratos desiguales. Los abusos se combaten con la protección de los derechos individuales de todos por igual, y no con la multiplicación y repartición desigual de privilegios.


