01
Nov 13

Helado de camotes

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¡Ay caray!, como si el fiambre no fuera suficiente delicia para la celebración de este día en casa preparan un magnífico helado de camotes aderezado con mermelada de mandarinas.

El color cremoso y amarillo intenso de los camotes combina maravillosamente con el dorado y anaranjado de las mandarinas; escogidas una por una de modo que sus cáscaras sean impecables y aromáticas como uno no puede imaginarse.

Los sabores y los aromas se combinan graciosa y generosamente para producir una experiencia intensa y algo lujuriosa.  Este helado es perfecto para amarrar un almuerzón de fiambre porque a la tradición de aquel plato propio de este día se le añade la innovación audaz a partir de otro plato tradicional como lo es el dulce de camotes, o ate de camotes.


01
Nov 13

¡A comer fiambre, pues!

¡Qué dicha y qué alegría es ser parte de esta celebración del fiambre, en esta tierra costumbrera, como decía José Milla.

El que hacemos en casa es la receta de mi madre que, a su vez, es la receta de  mi abuela y de mi bisabuela paternas. No hay una sola receta de fiambre, porque cada familia tiene la suya; y aunque dos, o tres recetas vengan de una misma, todas serán distintas, porque cada quien le pone su sazón y cada quien le quita, o le pone ingredientes a su gusto. En mi familia –por ejemplo– aunque los fiambres de mi abuelita Frances y el de mi tía Baby venían del de mi bisabuela Adela, el primero tiraba a dulzón y el segundo, a ácido. A mí me gusta ligeramente endulzado con miel de abejas por el toque de madera que da la miel.

Hay cuatro tipos básicos de fiambre: verde, blanco, rojo y rosado; y el que hacemos en casa es de este último tipo. Lo importante, sin embargo, es que no importa qué receta se haga, el fiambre sea armonioso y balanceado. Demasiados, o muy pocos de algunos ingredientes pueden estropear la elegancia sutil de este plato.

El fiambre es, por mucho, el plato más extraordinario y magnífico de la cocina chapina. El plato tiene sus detractores que yo pongo en dos cajones: el de los melindrosos, del cual no vale la pena ocuparse; y el de los que han tenido una mala experiencia con él, principalmente porque han probado alguno que, en vez de ser una combinación armoniosa y balanceada, ha sido una mezcla pretenciosa, o sin equilibrio, ni sentido común.

Este es un plato que se come en familia y compartido. En la ciudad es algo difícil notarlo, pero en los pueblos es muy evidente. A lo largo de la mañana del día 1 de noviembre, platos van y platos vienen de una casa a otra. O bien, a la casa donde se hace el fiambre, llegan familiares y amigos a comer. Los invitados –y los invitados de los invitados– suelen llevar algo de su propio fiambre, o bien, a veces llevan otra cosa, como dulces de ayote, o de jocotes, conocidos como cabeceras. O panes de muerto. En casa el postre tradicional es helado de camote con mermelada de mandarinas. ¡Hágase, pues, la fiesta!

Columna publicada en El periódico.


30
Oct 13

Saqueo y robos en cementerios

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Hoy leo la denuncia de un lector de diarios que cuenta que en el Cementerio General de Chimaltenango a los panteones les han robado todos los elementos metálicos y que en el lugar abundan grupos de jóvenes que se drogan y piden dinero (PL, P. 19) Lo mismo ha de ocurrir en otros cementerios; y el de Quetzaltenango es un ejemplo.  Ahí los ladrones se roban todo lo que pueden.

En Cementerio General de Guatemala hay mausoleos que están por caerse al barranco; y el saqueo y los robos son cosa de todos los días.

De la tumba de mi bisabuela, Adela, hace ratos que fueron robados una lápida y dos floreros de bronce que la adornaban; también fue robada la baranda de hierro que rodeaba el lugar.  Afortunadamente cuando cambiamos de cementerio a mi abuelo, Luis, rescaté su lápida de bronce.  Si no hubiera hecho eso, la pieza también hubiera sido robada.

Hace dos años, y por casualidad, descubrí la tumba de mi bisabuela Gilberta; y a los pocos días de hacerlo llevé a mi madre.  Ni bien habíamos bajado cuando notamos movimientos extraños de un hombre con moto y dos que merodeaban.  Nos dió mala espina, nos subimos al automóvil y no volvimos jamás.  En realidad no vale la pena el riesgo, aunque es una lástima no poder hacerlo.  Hemos ido a entierros de amigos y familares, pero nada más.

Cuento aquello porque el 1 de noviembre es tradición chapina la de visitar cementerios.  Práctiva que yo disfrutaba mucho; pero que me anima menos y menos.

El Cementerio General se ha deteriorado muchísimo.  Los saqueos y los asaltos están acabando con él.  La basura y la inmundicia se ven en todos los rincones.  La belleza arquitectónica y artística de muchos mausoleos es eclipsada por las consecuencias del abandono, la mala administración y la indiferencia.

Cuando yo era niño, mi padre solía llevarnos a mis hermanos y a mí al Cementerio el 1 de noviembre; y como en estas fiestas no se permite la entrada de automóviles a la necrópolis, mi madre nos pasaba dejando, entrábamos caminando y visitábamos a varios familiares enterrados allá.  Luego salíamos a tomar horchata a una célebre refresquería que quedaba por ahí cerca y mi madre nos recogía para ir a almorzar el fiambre a casa.

Hasta hace un par de años todavía llevaba a amigos extranjeros a observar esta costumbre chapina…pero no más.  Ahora tengo la impresión de que es peligroso, inseguro y muy, muy  insalubre.

La foto es de una gárgola en un mausoleo del Cementerio General de la ciudad de Guatemala.


02
Ago 13

Se muere el palo volador

La presentación de la danza precolombina del palo volador está en riesgo debido a la escasez de pinos de más de 50 metros de altura en bosques comunitarios. Este hecho, culturalmente triste, expone una realidad que hay que reconocer: El sistema colectivista de protección de bosques no está funcionando y la clave está en la palabra comunitario. Lo que es de todos, no es de nadie; y por eso es que la gente derriba los árboles que son de todos para hacerlos leña.

Entre la tragedia de los comunes y la pobreza (que hace que la gente tenga que usar leña), las malas políticas económicas están acabando no solo con los árboles, sino con la riqueza cultural de la gente.

¿Sabes? Nunca he visto un palo volador de verdad; y por compromisos de trabajo no lo vi este año. Una vez vi uno de metal en el D.F. en México; pero no es lo mismo. En los años setenta fue puesto un palo volador allá por donde está la estatua de Tecún Uman al lado del zoológico La Aurora. Se lo usó y ahí estuvo por años. Lo veía todos los días porque por ahí pasaba el bus de mi colegio y siempre me llamaba la atención. Me impresionaba lo alto que era y me imaginaba a los voladores bajando de él, porque mi padre me había explicado para qué servía.

En Cubulco, este año usaron el palo de 2012 luego de inspeccionar que la humedad no hubiera dañado la base; y afortunadamente no se supo que hubiera accidente alguno. Yo espero ver el palo volador el año entrante.

Para proteger la naturaleza y la cultura hace falta sustituir el régimen colectivista que carece de reguladores de las acciones de las personas y el estatista que se basa en la fuerza, por uno compatible con la naturaleza de los seres humanos. Uno que produzca incentivos para el éxito y los beneficios; así como sanciones para el fracaso y los costos innecesarios. Nadie cuida mejor lo tuyo, que tú. H. Lepage explicó que la función social de la propiedad privada ha sido, siempre, la de asegurar el buen uso y la conservación de aquello que se considera como los bienes que en común hemos recibido como humanidad*. ¿Qué tal si probamos algo diferente para no seguir teniendo resultados tristes?

¡Por esta  columna publicada en El periódico, gané el Premio Charles L. Stillman 2013!

* Bendfelt J.F.  Economía y medio ambiente, Centro de Estudios Económico-Sociales, Guatemala, 1992.


22
Jul 13

Se muere el palo volador

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La presentación de la danza precolombina del palo volador está en riesgo debido a la escasez de árboles de más de 50 metros de altura en bosques comunitarios.  Este hecho, culturalmente triste, pone expone una realidad que hay que reconocer: el sistema actual de protección de bosques no está funcionando y la clave está en la palabra comunitario.  Lo que es de todos no es de nadie y por eso es que la gente derriba los árboles que son de todos para convertirlos en ocote.

En el fondo, reconozcámoslo, entre la tragedia de los comunes y la pobreza (que obliga a la gente a usar ocote), las malas políticas económicas están acabando no sólo con los árboles y las aguas (ese tema lo podemos discutir luego), sino con la riqueza cultural las gentes de este país.

Yo nunca he visto un palo volador de verdad; y por compromisos de trabajo no lo veré este año.  ¿Lo veré el año entrante? No se.  Una vez vi uno de metal en el Distrito Federal de México; pero no es lo mismo.  En los años 70 y no recuerdo en qué contexto se puso un palo volador allá por donde está la estatua de Tecún Uman al lado del zoológico La Aurora.  Se lo usó y ahí estuvo por años.   Lo veía todos los días porque por ahí pasaba el bus de mi colegio y siempre me llamaba la atención.  Me impresionaba lo alto que era y me imaginaba a los voladores bajando de él porque mi padre me había explicado para qué servía.  También me llamaba la atención el hecho de que, durante todo el tiempo que estuvo ahí enhiesto, siempre tuvo una lata en su extremo superior.

En fin.  En Cubulco este año usarán el palo de 2012 con la esperanza de que la humedad no haya dañado la base.  Y yo espero que no haya un accidente.  Y espero poder ver el palo volador el año entrante.

El de la foto es el palo volador que vi en el D.F.


27
Jun 13

Con el ataúd por la calle

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¿A quién le llevarán su cajón?   En algunas poblaciones es costumbre que las personas compren sus ataúdes con anticipación.  La gente no está tranquila si no tiene su cajón en su casa.  ¿Será este el caso, o la entrega del mueble es ex post facto?  Cuando vi esta escena me pregunté aquello y otras cosas.  Por ejemplo, quienes llevan la caja, ¿son familiares del difunto, o sólo prestan el servicio?  ¿Es para un servicio que se necesita en ese momento, o sólo están cambiando de lugar el féretro?

El velorio será algo muy sencillo, o será como se acostumbra en muchas poblaciones:  con panes, chocolate, tamales, café, caldo y la participación de casi todo el pueblo?  Cuando murió la abuela de un amigo, hasta construyeron una galera en el patio de la casa para recibir a los dolientes que llegaban de los alrededores.  Cuando murió el papá de este amigo, venían gentes en buses a presentar sus condolencias.

Yo quiero que mi caja sea muy sencilla; pero quiero que haya tamales.


18
Jun 13

Los riquísimos huevos chimbos

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Los huevos chimbos son mis dulces típicos guatemaltecos favoritos. Son de puras yemas de huevo y miel, una cosa muy sencilla, pero deliciosa. Además, tienen un atractivo color de oro.  La foto la tomé con mi móvil y no capturó el color; pero haz de caso que son como rayos de sol comestibles.

La primera vez que oí hablar de ellos fue allá por el año del terremoto cuando mi tía abuela, La Mamita, me los mencionó; y, curiosamente, no fue sino hasta unos años después, cuando ella ya había muerto, que los probé porque los hice en casa con la ayuda de mi abuelita Juanita.  La primera clave está en batir bien las yemas hasta que estén casi blancas y en cocinarlos en baño maría, o con el horno apagado.  Es decir poniéndolo al máximo mientras se calienta y luego apagarlo cuando se introduce el recipiente con las yemas y dejarlas así unas 4 horas.  La segunda clave es la miel que debe tener una consistencia tal que se introduzca en las yemas y al mismo tiempo no choreee.

Los de la foto, llamados chimbitos,  los compré en La Antigua y son tan buenos como los hechos en casa.


10
Jun 13

Tamales chinos y el Festival del bote del dragón

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Hace unos 2,600 años, Chiu Yuan o Qu Yuan era  funcionario del estado Chu y uno de los grandes poetas chinos.  Una de sus funciones era la de criticar al gobernante y el rey  se cansó de eso y ordenó su destierro. Sin embargo, siguió preocupándose por el futuro de su país. En el destierro Chiu Yuan supo que la capital de su reino había caído en manos de las tropas del reino Qin sintió un profundo dolor, y lleno  tristeza se tiró a un río y murió ahogado.

Al saber de su muerte, la población se embarcó en botes con forma de dragón con la esperanza de rescatar su cadáver en el río; pero los esfuerzos fueron en vano. Con mucho respeto y para evitar que los peces y monstruos marinos mordiesen el cuerpo del poeta, la gente echaba tamales de arroz en el agua. Y un viejo doctor echó una jarra de vino para que los peces y otros animales acuáticos se emborracharan. Por eso es que en esta fiesta se come  Zongzi o tamales de arroz glutinoso rellenos con carne de cerdo, yema de huevo, hongos, maní y condimentos deliciosos y envueltos en hojas de bambú.

Gracias a la embajada de Taiwán y a la Cámara taiwanesa, ayer tuve la dicha de celebrar el Festival del bote del dragón con tamales chinos, kaoliang, boba tea, sopa de cuatro dioses, pastel de arroz dulce, panes al vapor y una sopa maravillosa cuyo nombre olvidé.

Me gustan muchísimo los zongzi y los comí por primera vez hace ratos, cuando celebramos el año nuevo chino en casa de mi amiga Ami.  La fiesta del bote del dragón es una de las tras fiestas principales de los chino junto al año nuevo y a la del otoño (en la que se consumen los pasteles de Luna)

Además, se me ha ocurrido una cosa.  Siendo que el arroz no es nativo de mesoamérica, ¿es posible que la costumbre de hacer tamales chapines con arroz (en vez de con maíz, o mezclado con la masa de maíz) haya sido idea de alguna familia china hace quién sabe cuántos años.  En Quetzaltengango suele usarse arroz para preparar tamales chapines y es evidente que esa no era la práctica mesoamericana, de modo que, ¿por qué no?  He probado unos tamales guatemaltecos preparados por una familia de origen árabe, y la sazón de esos tamales tiene especias propias del Oriente medio.  ¡Me encanta cómo las culturas intercambian gustos y costumbres!

En la foto se ve a unos jóvenes aprendiendo a preparar tamales de arroz glutinoso para esta fiesta.


10
May 13

En celebración de la mía, y de todas las madres

Ayer* pasé por su casa, en la tarde, y se hallaba feliz porque estaba ayudando a uno de mis sobrinos con su álbum del Mundial. Si hubieras visto las chispas que salían de sus ojos cuando contó que ya sólo les faltaban 26 estampas, sabrías por qué es que es imposible no sentir admiración y cariño por esta septuagenaria que sabe como apasionarse como niña.

Lo de las estampas me llega porque cuando yo era niño, era ella la que me llevaba a la Sexta Avenida, a inmediaciones del antiguo almacén Marlin, a comprar las de mis álbumes. Se, como mi sobrino, que ella de verdad se goza lo de las estampas y lo de llenar los álbumes.
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La admiro mucho porque ha sabido llevar la adversidad con dignidad; porque cuando faltó mi padre no se intimidó y porque si lo hizo, sus hijos nunca nos enteramos. La admiro porque sabe ser la voz de la razón, en medio de la confusión; porque sabe conservar la serenidad, en medio del caos; y porque siempre tiene palabra de consuelo y cariñosas para cuando hacen más falta.
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La admiro porque es generosa, paciente, comprensiva y alegre. ¡Ah, como es alegre! Aunque fracasó miserablemente en enseñarme a bailar, nunca se desanimó en esa empresa. Y aunque ella baila fabuloso, nunca se avergonzó de que su primogénito tuviera dos pies derechos. Gracias a ella y a mi padre, en casa nunca faltaba la música.
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Nora debe tener, por ahí, un manual de cómo ser madre…y ahora lo aplica en su versión de cómo ser abuela. Sus nietos la adoran y yo se por qué. Porque contagia alegría, porque no pierde la cabeza y porque sabe lo que es la justa medida.
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Que sea divertida, generosa y paciente, no quiere decir que no sepa cuándo apretar el tornillo. Una mirada suya solía ser suficiente para evitar travesuras y otra conductas infantiles. Y si la mirada no bastaba, pues ahí iba un pellizco de dimensiones bíblicas seguido de la sentenciosa frase: Te es-tás luciendo.
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Ahora, con sus nietos, es incapaz de dar un buen porrazo; pero una de las anécdotas que estos más gozan que les cuente es cuando una vez, en la cocina, sin duda la tenía tan desesperada que agarró una paleta de madera y la levantó como para darme una nalgada con ella. Empero, la paleta  estaba algo quemada, y, con la fuerza del momento de levantarla se rompió. Y yo quedé mudo, y ella se echó a reír con muchas ganas.
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Nora cocina como…como…como…!cocina de una forma innenarrable! Por mencionar sólo cuatro cosas, ¡nadie! hace mejor fiambre, mejor lasagna, mejores pies, ni mejores galletas, que ella. Tiene un green thumb increíble para los culantrillos; y sabe disfrutar de la vida. Se goza igual, una tortilla con sal, que cualquiera de las comidas que he mencionado antes. Tiene un talento nato para navegar en los ambientes más diversos y para hacer que los demás se sientan cómodos, bienvenidos, valorados y queridos.
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A mi lado estuvo cuando me dieron varicela, hepatitis y malaria; estuvo de mi lado cuando perdí un año en el colegio y cuando perdí mi primer empleo; estuvo cuando perdí a mi padre y cuando me le escapé a la parca. Ha estado en todas las buenas, y se las arregla para estar en las malas. Sabe cuándo hay que abrir una botella de vino, y sabe cuándo es mejor que haya silencio. Nora se ve menuda, pero siempre ha sabido cuidar a sus cachorros.
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A mis hermanos, a mis sobrinos y a mi -¡y a quien se le acerque con cariño!- siempre nos ha ofrecido un hogar feliz y un lugar a su lado; y aunque aveces no todo ha salido bien, lo cierto es que donde ella está, siempre hay lugar para la alegría, para la luz, para las cosas algo locas, para los aromas y sabores olímpicos y para la generosidad.
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Amo a mi madre porque es como es; y porque me ayudó a ser como soy.  A Nora -y a todas las madres que, por dicha, tengo en mi vida- ¡Feliz Día de la Madre!
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* Este artículo lo publiqué por primera vez en 2010.

07
May 13

El “quilt” de mi tatarabuela

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El domingo en la noche mi madre me obsequió este quilt hawaiiano que hizo mi tatarabuela, Minnie.  La abuela de mi abuela y bisabuela de mi padre murió en 1938 así que, como mínimo, el quilt tiene 75 años; pero mi abuela, Frances, lo recordaba de su niñez, y ella volvió de Hawaii ca. 1927, de modo que no sería raro que esta pieza tenga cerca de 86 años.  Se le notan, claro, pero igual lo usaré en ocasiones especiales.

Los quilts hawaiianos se distinguen por sus grandes diseños simétricos y por sus patrones aplicados radialmente.  Generalmente los motivos son diseños botánicos estilizados.  Las puntadas, parejas y firmes, siguen los contornos del diseño de las aplicaciones.  El arte hawiiano de hacer quilts se deriva de los kapa moe, que son textiles nativos para cubrir las camas, influidos estos por los misioneros y los materiales  que llegaron en el siglo XIX.

El diseño de un quilt es algo personal y las mujeres, con frecuencia, creaban ciertos diseños basados en algo que habían observado, o en un evento significativo.  Los sueños eran considerados como fuentes de inspiración.  Cada quilt recibía un nombre que reflejaba la inspiración de la cual había surgido.  Debido a esta tradición de diseños individuales, numerosos quilts hawaiianos únicos han sido hechos a lo largo de los años.

Afortunadamente este de mi tatarabuela sobrevivió y me pregunto si tendría un nombre y de dónde sacó ella el diseño.

Edwina Minnie  Nihoa Hart y su primer esposo Emil Schuman fueron padres de mi bisabuela, Adela.  Mi abuela, Frances, se crió con Minnie y vino a Guatemala cuando tenía 12 años.  Frances era mi abuela paterna y le obsequió a mi madre, Nora,  el quilt de su abuela.  Esta es una foto de Minnie:

Minnie Hart