25
Dic 13

Tamales en la mañana de la Navidad

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¿Cuál es mi desayuno navideño favorito en todo el universo mundo? ¡Un tamal negro, un tamal colorado, café con leche y algún pastel, galletas, turrón, o postre de la temporada!  Así da mucho gusto celebrar la Saturnalia.

¡Gozo tanto cuando abro las hojas de maxán y me encuentro con los colores brillantes de estas delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de ambos tamales invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por una montaña rusa de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado poderoso llegan a mi paladar.

Tengo la dicha de recordar los tamales de mi bisabuela, Mami; y los de mi tia Baby.  Y los de mi tía abuela, La mamita,  nos hacía tamales pequeños para los niños.  Cuando eramos chicos no dejaban que comiéramos la carne de cerdo que venía en los tamales comprados; y una noche, cuando me sirvieron mi tamal, retiré la carne.  Mi madre, al verme me dijo que podía comer esa carne porque esos tamales eran hechos por mi bisabuela.  Y los tamalitos de La Mamita, los recuerdo pequeños, como de 2 x 2 pulgadas, bien doblados y bien amarrados.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolì) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo…y anoche me enteré de que hay de res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole.

Los tamales tienen raices precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras y supongo que también las ciruelas.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado.    Hay que lavar y asar las hojas.  La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento.  Aaaaaaah, un día de estos haré aunque sea media docena de tamales.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre enSan Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.  El teléfono de doña Estelita  es 2474-0260.


25
Dic 13

Fuegos artificiales en la Nochebuena


Si alguien tiene dudas acerca de cuánto es que nos gusta quemar pólvora, a los chapines, que salga a ver la Nochebuena.  Durante toda la noche, desde que oscurece, hay fuegos artificiales en la ciudad; pero a eso de las 11:45 p.m. se intensifican las explosiones de luces que alcanzan su estrellato a la media noche y no empiezan a disminuir hasta cerca de las 12:15 a.m….y luego continúan los juegos pirotécnicos hasta quién sabe que hora. Toda la ciudad se enciende.  En miles de hogares se lanzan fuegos artificiales y la cohetería anima la fiesta.  Millones de personas gozan de este espectáculo y yo, especialmente, me pongo como niño.

Cuando yo era niño no había este tipo de fuegos artificiales disponibles para los mortales.  Lo más parecido eran unas varas y luces de Bengala que a uno le parecían maravillosas.

¡Que dicha es celebrar así la Saturnalia!


24
Dic 13

Los cohetes burlados

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No hay Navidad chapina sin cohetes.  Los cohetes o petardos, así como los tamales, las manazanillas y los pinabetes son elementos propios de las fiestas de fin de año en Guatemala. Estos cohetes fueron burlados porque sus compañeros si estallaron y ellos no.

Cuando yo era niño no era muy de quemar cohetes; pero me gustaban muchísimo los volcancitos, los saltapericos, las luces de bengala, las estrellitas, los silvadores, los misiles y unas bolitas de colores que uno golpeaba contra el piso y estallaban.  Los saltapericos, por cierto, fueron prohibidos a principios de los 70 porque había mara que los confundía con dulces y se los comía…y bueno…el fósforo hacía lo suyo.  Los silvadores fueron prohibidos a principios del siglo XXI porque antes se hacían con papel enrollado y no agarraban fuego; luego los empezaron a hacer con plástico y, al agarrar fuego, caían en lugares donde podían ocasionar incendios.

En algún momento de mi adolescencia, tuve un tubo de cañería que en un extremo estaba tapado con un palo de escoba. Usaba ese tubo para poner dos cohetillos; uno viendo para adelante y otro para atrás. Luego encendía la mecha del que veía para adelante y al estallar ese expulsaba a su compañero y le encendía la mecha para que -al instante- saliera volando y estallara en el aire.

A los guatemaltecos nos gusta quemar cohetes y bombas para las festividades.  Los chapines quemamos pólvora cada vez que podemos.  Cuenta la leyenda (que leí en Noticias del imperio, por Fernando del Paso)  que en tiempos de Fernando VII . cierto mexicano visitó la corte de aquel monarca español y en algún momento de la mañana el Rey le preguntó que qué es lo que sus paisanos estarían haciendo en ese momento.  Y el mexicano contestó que seguramente estarían quemando cohetes.  El Deseado volvió a hacer la pregunta más tarde, sólo para obtener la misma respuesta.  Y a la misma pregunta, horas más tarde, volvió a contestar lo mismo.  Exactamente lo mismo durante todo el día. Lo que digo es que eso mismo se nos aplica a los chapines.  Los chapines quemamos pólvora con cualquier pretexto, a cualquier hora


23
Dic 13

Tarjetas de fin de año

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En casa, este año decidimos volver a practicar una tradición que habíamos abandonado: la de enviar por correo tarjetas de fin de año.  ¿Sábes qué? Me emocionó mucho la alegría con la que fueron recibidas.

Abandoné aquella tradición cuando colapsó el correo estatal allá por finales de los años 90. Cuando yo estudiaba en Maryland escribía tres cartas a la semana; pero las tenía que enviar por medio del P.O. Box en Miami y luego por correo privado.  Ahora no existe correo estatal, y el correo nacional funciona bien…algo lento…pero bien.

Hay algo encantador en los actos de enviar y recibir correo que no sea el estado de cuenta de la tarjeta de crédito, ni las cuentas de la luz y el teléfono.  Hay algo especial en elegir las tarjetas, escribir a mano unas líneas, meter las tarjetas en los sobres y llevarlas al correo.

Mi bisabuela, Frances, enviaba y recibía centenares de tarjetas.  No exagero…eran un mínimo de 200.  Cuidadosamente dedicaba varias horas a eso de las tarjetas y de ella aprendí a hacerlo.  Cuando era niño me gustaba mucho ver las tarjetas que a veces colgaba en la baranda de las gradas de su casa, o en las cortinas que había al lado de las gradas.  Me gustaba ver hasta dónde llegaban de tantas que venían y me gustaban las imágenes que traían.

En casa estamos muy contentos de haber revivido la tradición; y seguramente la haremos crecer el año que viene.


17
Dic 13

¡LLegó la Navidad a casa!

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Con el pinabete y las manzanillas llegó la Navidad a casa.  Con el pinabete, las manzanillas y la Navidad llegó la fiesta.

La navidad guatematleca huele a pinabete y a manzanillas; y huele a pólvora, a tamales, y a aserrín coloreado.  Huele a estreno.

A mí el aroma del pinabete me transporta en el tiempo y en el espacio.  A veces me pone en pijama de piesitos y y me baja del dormitorio a la sala en brazos de mis padres.  A veces me pone en pantalones cortos y me sube a mi primera bicicleta.  Otras veces me mete a la cocina a hacer galletas con, o a rellenar el pavo con mi madre.  El aroma del pinabete me lleva por las casas de mis abuelas y me acaricia con las manos suaves de mi bisabuela. El aroma del pinabete me lleva de compras con mi padre.

El pinabete y las manzanillas me dicen: Esta es tu casa.

El pinabete y las manzanillas me invitan a agradecer todo lo bueno que me rodea y, sobre todo, a agradecer todas las personas buenas que me enriquecen mi vida.  Me invitan a agradecer el amor, el cariño y los cuidados de quien comparte mi camino.

En casa el arbolito, sus aromas, sus luces y sus decoraciones nos recuerdan el mensaje de la Navidad: Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Y también simbolizan la alegría de que podemos reunirnos a su alrededor y celebrar.

Como en otros años el pinabete que celebra la alegría de estas fechas es gracias a doña Mireya, don Ronald y al Rafa; y si quieres el tuyo los hay hermosos en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


13
Dic 13

Colorida la fiesta en mi barrio

Los colores, la música, los cohetes, los aromas y los sabores llenan las calles de mi barrio durante su fiesta.  La villa de Guadalupe, su mercado y su plaza se llenan de un ambiente festivo.  Y el tráfico es una vaina, especialmente cuando sale la procesión.

De cualquier manera es difícil no contagiarse y disfrutar del alboroto.  En el mercado echan la casa por la ventana y la marimba suena todo el día.  Este año la procesión no fue en la noche del 11 como en otras ocasiones, sino al medio día del 13 y los bailarines que la precedían eran impresionantes.  Especialmente sus tocados que nunca había visto antes.  No eran las coronas de reyes y reinas que he visto con anterioridad aquí en La villa y en el Centro Histórico, sino enormes soles y lunas.  Tampoco en el Centro Histórico usaron las coronas de siempre, en esta ocasión los bailarines iban con sombreros de tres picos y con gorras como de gendarmes.   Otro detalle que me llamó la atención es que mientras que en La villa los del tambor y el pito eran jóvenes, en el Centro eran ancianos.

En el Centro vi dos buenos toritos (y no pude tomarles vídeo porque se me acabó la pila del teléfono); y tanto en La villa como en el Centro hubo quema épica de pólvora.


12
Dic 13

Bombas en la fiesta de mi barrio


La fiesta de Guadalupe es la fiesta  de mi barrio; y así comienza el día, con bombas pirotécnicas a las cinco de la mañana.

A los guatemaltecos nos gusta quemar cohetes y bombas para las festividades.  Los chapines quemamos pólvora cada vez que podemos.  Cuenta la leyenda (que leí en Noticias del imperio, por Fernando del Paso)  que en tiempos de Fernando VII . cierto mexicano visitó la corte de aquel monarca español y en algún momento de la mañana el Rey le preguntó que qué es lo que sus paisanos estarían haciendo en ese momento.  Y el mexicano contestó que seguramente estarían quemando cohetes.  El Deseado volvió a hacer la pregunta más tarde, sólo para obtener la misma respuesta.  Y a la misma pregunta, horas más tarde, volvió a contestar lo mismo.  Exactamente lo mismo durante todo el día. Lo que digo es que eso mismo se nos aplica a los chapines.  Los chapines quemamos pólvora con cualquier pretexto, a cualquier hora

La villa de Guadalupe es un barrio antiguo de la ciudad de Guatemala.  Tiene su plaza, su mercado y su iglesia.  Allá por principios del Siglo XX era un pueblo distinto al la ciudad capital y entre ambos corría un tranvía Decauville.

El área todavía conserva algo de su carácter de pueblo y la fiesta de hoy es una de esas características. También lo es la vida en la plaza, el convite, el aroma a leña que las áreas más interiores del barrio y el hecho de que si caminas por sus calles la gente te saluda. Buenos días. Buenas tardes.

He vivido aquí en dos etapas de mi vida.  La actual y cuanto tenía entre 8 y 14 años.   En los 70 era un área residencial muy tranquila; pero ahora se ha animado.  Hay muchos negocios; tres, o cuatro restaurantes buenos; un bar que se ve muy alegre.  Y todo ello hace una emocionante y agradable mezcla de tradiciones y dinamismo.


09
Dic 13

Luces Campero 2013

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Así vimos las Luces Campero, acompañados con queso chancol, paches quetzaltecos y vino tino. El niño que hay en mí goza mucho con las luces y las formas.  Es muy agradable, también, verlas acompañados por la familia y amigos.  Me encanta escuchar los ¡Oooh! y ¡Aaah! de la gente y echarme mis propios ¡Ooloh! y ¡Aaah!

El año entrante quiero grabar los últimos 4 minutos del espectáculo que que son más que impresionantes.


07
Dic 13

¡A quemar al Diablo!

131205_diablos_luis_figueroaLos diablos -cachudos, barbados, rojos y con sus números 7- está por todas las calles de la ciudad de Guatemala a la espera de arder hoy en la noche.  Y con los diablos arderá El Diablo; aunque a El Diablo esas cosas le dan risa..

Es tradición chapina que el 7 de diciembre a las 6 de la tarde las familias se reunan para encender un fogarón en el cual se supone que arde Satanás.  Es un rito purificador en el cual se supone que se entragan a las llamas nuestros diablos personales.  ¿Cúal es tu diablo para quemar el 7?, me preguntaron en el programa de radio Así es la vida.  Y yo respondí que mi diablo es la impaciencia; pero igual hubiera podido responder otras cosas como la maña de procrastinar.

Con los fogarones se queman cohetes y a su alrededor también acuden los amigos. Es tradición chapina que en esta fecha se coman buñuelos con miel de anís; y que se beba un ponche de frutas (con piquete, mejor).

Con esta fiesta comienzan los festejos chapines del fin de año, conocidos popularmente como La vuelta Concepción Reyes en alusión al santoral.


10
Nov 13

¡Premio Charles L. Stillman para una de mis columnas!

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¡Por esta  columna publicada en El periódico, gané el Premio Charles L. Stillman 2013 para columna de periódico!   Este es un concurso al que están invitados todos los profesores universitarios de América Latina y me siento muy honrado y agradecido porque ese artículo haya sido elegido.

El texto de la columna, titulada: Se muere el palo volador, dice así:

La presentación de la danza precolombina del palo volador está en riesgo debido a la escasez de pinos de más de 50 metros de altura en bosques comunitarios. Este hecho, culturalmente triste, expone una realidad que hay que reconocer: El sistema colectivista de protección de bosques no está funcionando y la clave está en la palabra comunitario. Lo que es de todos, no es de nadie; y por eso es que la gente derriba los árboles que son de todos para hacerlos leña.

Entre la tragedia de los comunes y la pobreza (que hace que la gente tenga que usar leña), las malas políticas económicas están acabando no solo con los árboles, sino con la riqueza cultural de la gente.

¿Sabes? Nunca he visto un palo volador de verdad; y por compromisos de trabajo no lo vi este año. Una vez vi uno de metal en el D.F. en México; pero no es lo mismo. En los años setenta fue puesto un palo volador allá por donde está la estatua de Tecún Uman al lado del zoológico La Aurora. Se lo usó y ahí estuvo por años. Lo veía todos los días porque por ahí pasaba el bus de mi colegio y siempre me llamaba la atención. Me impresionaba lo alto que era y me imaginaba a los voladores bajando de él, porque mi padre me había explicado para qué servía.

En Cubulco, este año usaron el palo de 2012 luego de inspeccionar que la humedad no hubiera dañado la base; y afortunadamente no se supo que hubiera accidente alguno. Yo espero ver el palo volador el año entrante.

Para proteger la naturaleza y la cultura hace falta sustituir el régimen colectivista que carece de reguladores de las acciones de las personas y el estatista que se basa en la fuerza, por uno compatible con la naturaleza de los seres humanos. Uno que produzca incentivos para el éxito y los beneficios; así como sanciones para el fracaso y los costos innecesarios. Nadie cuida mejor lo tuyo, que tú. H. Lepage explicó que la función social de la propiedad privada ha sido, siempre, la de asegurar el buen uso y la conservación de aquello que se considera como los bienes que en común hemos recibido como humanidad*. ¿Qué tal si probamos algo diferente para no seguir teniendo resultados tristes?

Este es el quinto Premio Stillman que recibo y estoy feliz como una perdiz.

* Bendfelt J.F.  Economía y medio ambiente, Centro de Estudios Económico-Sociales, Guatemala, 1992.