06
Oct 08

Los muertos eran menos

Cuando se exagera el número de muertos, aún en una masacre espantosa, o en dos, ¿debería ser corregido el error?

Según una nota de la Associated Press, citada por Milenio.com, el bombardeo aliado de la ciudad alemana de Dresde, en 1945, mató a unas 25 mil personas; muchas menos que las 135 mil calculadas hasta el momento, según informa una comisión especial integrada por 12 especialistas.

Cuatro años de investigaciones confirmaron 18 mil muertes y demostraron que la policía y las autoridades municipales de aquel entonces creyeron que hubo unas 25 mil víctimas. Desde fines de la II Guerra Mundial, los eruditos han variado sus cálculos de víctimas muertas por los bombardeos británicos y estadounidenses del 13 y el 14 de febrero de 1945. Algunos cálculos las situaron en 135 mil, o más. En su libro de 2005, sobre los bombardeos, el historiador británico Frederick Taylor sostuvo que la cifra real osciló entre 25 mil y 40 mil.

El elevado número de víctimas civiles y la destrucción de la ciudad ha sido un motivo de polémicas durante décadas — especialmente sobre si los aliados estuvieron justificados al atacar una ciudad repleta de refugiados. Los aliados esperaban que los bombardeos acelerarían la capitulación de los nazis. El crimen de Dresde es un artículo interesante por Fernando Díaz, de la Fundación Juan de Mariana.

Recientemente, los neonazis el Alemania hablaron de unos 500 mil a un millón de víctimas, y consideraron la medida un Holocausto de bombardeo, además de compararlo con el asesinato de 6 millones de judíos decretado por Adolfo Hitler. Acusaron a Gran Bretaña y Estados Unidos de cometer asesinatos en masa.

Las cifras de muertos suelen ser exageradas si los conteos se hacen con propósitos que van más allá del interés histórico. Otro caso similar es el de los muertos por el enfrentamiento armado en Guatemala.

La cifra estimada por el establishment ya va por 200,000 muertos; mientras que un conteo sereno -como el de Guatemala, la historia silenciada, por Carlos Sabino- no reporta más que unas 37,000 víctimas mortales.

¡Por supuesto que el asunto no es de números, porque igual de horrible es 37 que 200 mil muertos por una guerra para establecer la dictadura!; sin embargo hay dos cosas interesantes en estas comparaciones:

1. El recurso de elevar el número de víctimas para empeorar el aspecto de las cosas; y
2. Que en ambos casos, el porcentaje de exageración es de 18.5%


01
Oct 08

AIPE: Una magnífica fuente de información

La Agencia Interamericana de Prensa Económica es una magnífica fuente de información. AIPE, fundada en 1991, sirve a periódicos en español en América Latina, Estados Unidos y España. Más de 675 economistas, analistas políticos, periodistas, historiadores y abogados han colaborado con la agencia, la cual se especializa en la interpretación y análisis de los acontecimientos económicos y políticos de la región, informando al lector de periódicos cómo los titulares lo afectan a él, a su familia y a su bolsillo.

Entre sus columnistas y analistas se encuentran Alberto Benegas Lynch (h), Alberto Mansueti, Carlos Sabino, Enrique Ghersi, Gabriela Calderón, Gary S. Becker (Premio Nobel), Luis Pazos, Manuel F. Ayau, Martin Krause, Richard Rahn, Roberto Salinas León, Ron Paul y Tibor R. Machan.

La dirige Carlos Ball; que es académico asociado del Cato Institute y miembro Mont Pèlerin Society. Fue gerente general del diario La Verdad, de Venezuela y director general de El Diario de Caracas, senior fellow de la Heritage Foundation y primer vicepresidente de la Philadelphia Society. Estudios: B.S., M.B.A., Boston University.

He aquí dos artículos recientes de Carlos:

Trágica falla

Los republicanos merecen perder, pero


10
Jun 08

Discutible moralismo

Discutible moralismo es el título de la atinada columna que publico, hoy, Carlos Sabino, autor de Guatemala, la historia silenciada. En ella Sabino responde a la doble moral de algunos comentaristas que justifican lo injustificable, con base en un doble estándar.

Al finalizar su columna, el autor concluye: Resulta un dudoso ejercicio de moralismo criticar a los anticomunistas por recibir apoyo extranjero, cuando sus adversarios lo consideraron siempre legítimo y necesario, recibiendo abundante apoyo militar durante décadas.

Sabino ataja, así, uno de los análisis maliciosos que usualmente se hace alrededor de la gesta liberacionista de 1954. Sabino pone la pica en Flandes, y la Izquierda no hace más que repetir consignas.


13
May 08

Desojando la Margarita

Cuando me topé con el artículo de Margarita Carrera sobre el segundo volúmen de Guatemala, la historia silenciada, por Carlos Sabino, lo que más me llamó la atención fue el siguiente párrafo: “Pareciera que Sabino, al criticar severamente la Revolución del 44 y a sus máximos representantes y exaltar la Liberación y a Castillo Armas, no hubiera tenido en cuenta las investigaciones realizadas por el historiador italiano Piero Gleijeses”.

Me llamó la atención porque todavía no he terminado de leer la obra y a mí me parecía que Gleijeses aparecía una y otra vez. Y me puse a contar: Gleijeses aparece en las páginas 46, 50, 80, 97, 101, 124, 127, 130, 132, 134, 141, 157, 158, 160, 161, 162, 167, 173, 174, 188, 193, 201, 203, 204, 205, 215, 232, 233, 234, 236, 238 y 240. ¡Total, 32 veces!

Entonces me pregunto, ¿qué puede llevar a Margarita Carrera a mandar a Sabino a leer a PG, si es evidente que lo cita, lo cita y lo cita?

Yo creo que Carrera no lee los textos; o los lee a su conveniencia como ocurre con demasiadas personas. Creo que a ella le gusta hacerles bulla a sus propios libros y por eso suelta cualquier cosa con tal de llamar la atención. Y el problema con “críticas” como la de Carrera es que como ya está grande, es mujer, y es ubícua, pues se le dejan pasar esas cosas sin más.

Empero, con todo y lo políticamente incorrecto que pueda ser poner en evidencia a la escritora citada, me animo a hacerlo porque saetas envenenadas como la que usó Carrera pasan inadvertidas con demasiada frecuencia en nuestro medio tan modesto y tan pretencioso, a la vez.
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Aquella es una maña demasiado extendida. Hace años, con motivo del cincuentenario de la Revolución del 44, escribí que ya sólo se celebraba entre viejitos nostálgicos; y una de esas señoras que publican cosas escribió que yo había dicho que sólo se celebraba entre viejitos idiotas. ¿Notó usted la diferencia? Pues ya ve…es esa maña de atacar, en vez de discutir; y encima…de atacar por donde no es.

Otro ejemplo: uno de mis maestros siempre dice, con razón, que los derechos individuales deben privar sobre los intereses colectivos; sin embargo, uno de los próceres de la Revolución lo denunció por andar diciendo que los intereses individuales deben privar sobre los intereses colectivos. ¿Notó usted la diferencia?

Los mismos trucos de Carrera y de la poetisa que atacó mi argumentación nostálgica: decir que uno dijo, y pasar por alto lo evidente.

Sabino no es un historiador complaciente; y por eso cuestiona autores y somete sus hipótesis a prueba. Pero para Sabino, la Historia es más importante que el cuento y que la ideología. Por eso no se contenta con la versión corriente de lo que pudieron ser los hechos; sino que explora, provoca e investiga.

Pareciera que Carrera, al criticar a a Sabino y exaltar las propuestas de Gleijeses…no se tomó la molestia de leer al primero. Y si lo hizo…talvez lo hizo distraída.


06
May 08

Anoche dormí en el suelo…

…bueno, ni tanto; pero me dormí a las 3:00 a.m. porque no podía soltar el II tomo de Guatemmala, la historia silenciada; por Carlos Sabino.

Con su pluma tan hábil y con ese talento suyo para contar la Historia, Carlos me embarcó a través del golpe de estado de 1963, en el surgimiento de la guerrilla, en el inicio de la lucha contrainsurgente, del pacto entre el PR y el ejército, y de la muerte de Turcios Lima, entre otros epísodios de epopeya.

Luego me dió un paseo por las aventuras de Marian Peter, los Maryknoll, El Cráter, los cursillos y el nuevo protagonismo de la iglesia católica en la vida política chapina.

Ahí me quedé, pero ahora, antes de almorzar, voy a echarme otro rally en esta Historia que está de pelos.

El libro, por cierto, acaba de salir a la venta y será presentado el jueves 8 de mayo a las 6:00 p.m. en el auditorio de la Embajada de México. La obra fue publicada por el Fondo de Cultura Económica.


25
Abr 08

Ya viene el tomo II de Guatemala, la Historia silenciada

El jueves 8 de mayo será la presentación del tomo II de Guatemala, la Historia silenciada, por mi amigo Carlos Sabino y editado por el Fondo de Cultura Económica.

Carlos es un historiador impecable y tiene una pluma clara y amena. Quienes ya hemos leído su tomo I esperamos este con ansias; en tanto que quienes no lo han leído tendrán la oportunidad de devorar los dos tomos uno tras otro.

La presentación estará a cargo de mi ex jefe y presidente de la Asociación de Amigos del País, Lionel Toriello.


14
Abr 08

Guatemala, la historia silenciada II

Hoy es día de magníficas noticias en el campo de la historiografìa guatemalteca. A partir del 24 de abril de 2008 estará a la venta en las principales librerías de ciudad de Guatemala el segundo tomo de Guatemala, la Historia silenciada, por mi amigo Carlos Sabino. Por razones técnicas la presentación formal se ha postergado para dos semanas después, el 8 de mayo, a las 6:00 p.m. en la embajada de México, salón Cardoza y Aragón, zona 10.

El tomo I trata de la Historia chapina desde la caída de Jorge Ubico, hasta los años 70; y este tomo, que amenaza con romper paradigmas, trata de la Historia más reciente.

Mis felicitaciones a Carlos que no sólo es un historiador acucioso, sino que un narrador magistral.


10
Mar 08

Guatemala, la Historia silenciada; en Sophos

Mi amigo y maestro, Carlos Sabino, comentará su libro Guatemala, la Historia silenciada, en la librería Sophos de la ciudad de Guatemala el martes 11 de marzo de 2008 a las 6:30 p.m.

En esta obra, Carlos trata sobre la historia política, fundamentalmente, aunque se abordan también, en ocasiones, problemas económicos, sociales o culturales de importancia.

En Sophos (Avenida de la Reforma y 14 calle esquina, de la zona 10), la presentación incluirá comentarios del amigo, abogado e historiador Ramiro Ordóñez Jonama.

En el primer tomo de su obra, se ocupa de la Historia de Guatemala entre 1944 y 1989; y el próximo tomo, con la Historia más reciente, está por ser publicado. En Guatemala, la Historia silenciada, Sabino llama la atención sobre hechos general y convenientemente ocultos por “la Historia oficial” y por las versiones historiográficas de general aceptación a falta de mejores datos e información. A Sabino no le va lo políticamente correcto, ni le inquieta pisar callos. Por eso es que, en su búsqueda de la verdad histórica, lo que hace es arrojar luz en dónde antes había oscuridad.

Pero, además, Carlos es un narrador extraordinario. Su Historia silenciada lo toma a uno de la mano -con gracia y con técnica- para conducirlo a uno por un viaje de cuatro décadas a lo largo de golpes de estado, asesinatos, acciones heróicas, acciones pusilánimes y civismo. Uno toma este libro y no lo suelta a menos que lo venzan el hambre, o la necesidad de trabajar.

En la foto, Carlos Sabino recibe su libro de manos del embajador mexicano Eduardo Ibarrola, en el auditorium de la Embajada de México. El libro fue editado por el Fondo de Cultura Económica.


11
Oct 07

San Che

“Se lo recuerda como un mártir, desprendido, incorruptible, lleno de amor por la humanidad, especialmente por los más pobres y los más oprimidos. Se lo rodea ya con la aureola de la santidad -una santidad laica, claro está- como un personaje noble e idealista que luchó por una utopía que proponía la creación de un hombre nuevo, revolucionario y altruista. Se evoca siempre su trágico final, asesinado cuando ya se había rendido, después de fracasar en un intento guerrillero que lo llevó hasta las selvas bolivianas al frente de un puñado de hombres. Se lo ensalza hoy, a cuarenta años de su muerte, convertido en un mito que apela a los sentimientos más puros de la juventud.

Sucede así porque El Che, y la extraña parábola de su vida, ofrecen el material propicio para construir a su alrededor la imagen mítica que los seres humanos siempre queremos tejer en nuestros sueños, porque parece apelar a ciertos valores que se presentan como puros, superiores, propios de un humanismo no contaminado. Pero la realidad, lo sabemos bien, poco tiene que ver con su supuesta santidad ni con esta imagen idealizada por el tiempo.
El Che nunca alcanzó el poder supremo y, por eso, puede ser más fácilmente canonizado que otras figuras que se convirtieron en despóticos amos de pueblos enteros: Mao, Lenin, Ho Chi Minh o Tito, por ejemplo. Pero Ernesto Guevara era sin duda uno de ellos, un revolucionario dispuesto a todo por imponer su visión del mundo, no por la persuasión sino por medio de la más descarnada violencia, ansioso de crear dictaduras totalitarias donde el ser humano pierde todo vestigio de libertad. Murió en una encrucijada trágica, no cabe duda, pero sucumbió cuando trataba de levantar en armas un pueblo que quería vivir en paz, cuando trató de subvertir el orden de un país que no lo había llamado, cuando su aventura fracasó del modo más estrepitoso ante la indiferencia o el profundo rechazo de esos mismos campesinos a los que quería incorporar a su guerra santa.

Sí, es cierto que se movió por ideas a las que entregó su vida y que no se detuvo ante ningún sacrificio. Pero no debiera olvidarse que en el camino no tuvo la menor piedad por quienes se oponían a su violenta cruzada y que no vaciló en matar, con su propia mano cuando llegó el caso, a quienes juzgó como burgueses o contrarrevolucionarios, escorias de un mundo al que quería destruir de raíz.

Su dureza y su pasión sin límites por esa utopía a la que quería arrastrar a los demás me parecen más las actitudes de un fanático o de un inquisidor que las de un santo o un modelo de humanismo. Su martirio no fue el de quienes se enfrentaron con sus manos desnudas a los leones del circo romano sino la del portador de una metralleta que quería llevar a una guerra implacable a todo un continente. Quería muchos Vietnam el Che Guevara, porque no le bastaban los millares de muertos que produjo la guerra en Indochina.

Y, por último, unas preguntas sobre su trágico final: ¿Valía más la vida del Che Guevara que la de esos jóvenes soldados indígenas que murieron por culpa de su descabellada aventura? ¿Por qué no recordarlos también a ellos, y a todos los cubanos y congoleños que tuvieron la mala fortuna de encontrarse con la dura realidad que provocaban sus utópicas visiones?”

Este artículo, publicado en infolatam.com, es de mi amigo Carlos Sabino.