La fiesta del caldo colorado, una tradición de Mixco, es importante para nosotros en la casa. En primer lugar, porque nos reúne a amigos queridos alrededor de la mesa para celebrar la vida; y en segundo lugar, porque ese caldo mixqueño es una delicia.
Nos la gozamos gracias a la invitación de Majito A. y a las manos virtuosas de la familia Yantuche. En sus ollas y en sus fuegos los huesos y carne de res, tomates, tres tipos de chiles, clavos de olor, pimienta gorda y de Castilla, achiote, canela, cebollas, ajos, culantro, güicoyes sazones, repollos y güisquiles se mezclan armoniosamente para el placer de los sentidos y del espíritu.
A nosotros nos gusta disfrutarlo acompañado por aguacates y tortillas negras, y ¿cómo no?, por Gallo heladas y Orange Crush!
La fiesta comenzó al llegar a casa de Majito A., donde su mamá y su familia nos ofrecieron refresco de rosa de Jamaica para refrescarnos y luego emprendimos camino rumbo al salón donde se come el caldo. ¿O se toma? Un caldo como este, ¿se come, o se toma?
El caldo colorado es rojizo, su color vibrante proviene del achiote y los chiles, que le dan un tono intenso. Es ahumado, su aroma tiene notas profundas y ligeramente ahumadas por los chiles tostados. Su sabor destaca por un toque picante que estimula el paladar. Es cálido porque evoca una sensación reconfortante, con un equilibrio de especias y caldo. Es sabroso, rico y complejo, con matices de tomates, achiote y carne.
Este año no llovió y, como en otras ocasiones, me cuesta no enrollarme en un rincón y dormir la siesta luego del caldo.
La decepción del día nos la llevamos cuando llegamos a la tienda María Valdéz en busca de huevos chimbos, y doña Carmen nos informó que ya se habían terminado. Fue nuestro error no llamar antes y apartar aquellos delicados y exquisitos dulces tradicionales. Los huevos chimbos son un postre antiguo preparado con yemas de huevo, azúcar y canela, y doña Carmen —que es la tercera de una dinastía mixqueña— le añade un piquete al almíbar. Esa tienda y su propietaria son joyas de aquella población y de la dulcería tradicional de Guatemala; además, ella atiende con mucha gracia, encanto y generosidad. El año entrante no se nos olvidará llamar antes de ir para allá.
Tristones, pero no desanimados, nos dirigimos a la Panadería San Francisco en busca del célebre pan dulce de allá. Es como el buen pan que hemos comido en lugares como Quiché y Totonicapán. Royales, shecas, gallinitas, conchas, cuernitos y cubiletes deliciosamente memorables. Así que llevamos unas bolsas para comer en casa de Majito, donde nos esperaba el café, y un par de bolsas para llevar a casa. Este año nos juntamos Majito A., Majo S., Alessandro, Sergio, William, Raúl y yo.
El domingo 26 de julio del 2026 no vimos los convites y si bien es cierto que extrañé esas experiencias alegres, también lo es que aprecié mucho el relajamiento y la menor exposición al Sol.
Y así, entre el rojo intenso del caldo, el sabor de la amistad y el pan caliente, Mixco nos regaló otra de esas tardes que se quedan pegadas al alma.
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