26
Abr 17

¿Cómo cuidamos a Nemo y a Bambi?

En el cajón de mis recuerdos más queridos están mis paseos por el río San Juan, en Petén; por el río Lagartero, en Huehuetenango; y por el río Cahabón, en Alta Verapaz. Por eso me duele las fotos del basural que la gente tira en los ríos y va a parar al lago de Amátitlán (donde pasé inolvidables fines de semana en mi adolescencia), y las fotos del basural que la gente arroja en los ríos de Huehuetenango.

El plástico es especialmente escandaloso porque como flota, se ve. Pero la gente vierte todo tipo de basura e inmundicias en los ríos, lagos y lagunas.  Acabo de oír la historia de un alcalde que, cuestionado de por qué es que tenía un basurero expuesto en su jurisdicción, dio como excusa el hecho de no tener un río grande en el cual echar los desperdicios. ¡Así es como están las cosas! y las respuestas políticas tradicionales a problemas como los de la basura y la contaminación están pasando por prohibir y gravar. Un caso más en el que, como advirtió Henry David Thoreau, por cada mil personas atacando las ramas de un problema, hay una sola atacando sus raíces.

¿Cuál es la raíz de males como la mala administración de la basura y la contaminación? Hay una relación estrecha entre la pobreza y el descuido, y la destrucción del ambiente. Esta no es una afirmación ideológica, sino que es un hecho:

La lucha contra la pobreza no es, pues, sólo una prioridad para rescatar la dignidad humana, para evitar que los niños mueran antes de los 4 años por enfermedades evitables, o para evitar que familias enteras languidezcan en la desnutrición.  Es una prioridad para salvar a Nemo y a Bambi.

Las políticas que perpetúan la pobreza e impiden la creación de riqueza no sólo son las responsables de la muerte, la insalubridad y la infelicidad de millones de personas, sino que son responsables de que los niños no puedan disfrutar de nadar sanamente en ríos y lagos, y de que Nemo y Bambi se asfixien en las aguas, o se intoxiquen con quién sabe qué porquería.

Las políticas que impiden la flexibilidad de los contratos laborales, las que castigan el ahorro, las que gravan los rendimientos del capital, las que obstacuilizan la generación de enegía, la multiplicación de emprendimientos productivos, las que encarecen los bienes y los servicios, las que crean privilegios, y las que minan la propiedad, son las políticas fabricantes de miseria.  Miseria que resulta en contaminación y en destrucción del ambiente.

¡Para salvar vidas humanas, y para elevar la calidad de las vidas de millones de personas!, pero también para salvar a Nemo y a Bambi, y para mojarse los pies en los ríos de Huehue, y en los del todo el país, ya es tiempo de que nos pongamos serios y -habiendo comprendido cuáles son las causas de la riqueza- desmontemos todo el entramado ideológico y legal que perpetúa la pobreza. ¿Te apuntas?

La foto es del río Lagartero, en Huehuetenango.


07
Nov 16

Los pipoldermos contra el cambio climático

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Un recuento rápido:  Los pipoldermos chapines de todos los tiempos no han podido rescatar el lago de Amatitlán, no han podido evitar el deterioro rápido del lago de Atitlán, no han podido evitar que ríos y barrancos sean depósitos de todo tipo de inmundicias. No lo han logrado a nivel municipal (donde se supone que la gente está interesada porque se trata de su ambiente inmediato) y no lo han logrado a nivel nacional.  Pero eso sí…¡los pipoldermos del momento ya tienen un plan da acción nacional contra el cambio climático! como consecuencia de los Acuerdos de París.

En resumen habrá partidas presupuestarias para una gran variedad de oficinas burocráticas y Organizaciones no gubernamentales…que recibirán dinero de los tributarios por medio de sus contactos políticos. ¡Habrá viáticos y viajes a foros y congresos internacionales!

El culto del cambio climático antropogénico sostiene que aquel fenómeno que ha estado presente en toda la historia y la prehistoria del planeta Tierra, es ocasionado por los seres humanos…y especialmente por los seres humanos industrializados…y tu vas a pagar la factura.

Si te interesan temas como el conservacionismo, el ambiente, el cambio climático y otros desde perspectivas científicas y no ideológicas, te recomiendo que visites Rana.


19
Oct 16

No era el río Xequijel

lienzo-de-quauhquechollan

Cuando estaba en Tercer grado de primaria, en la clase de Historia de Guatemala, oí por primera vez la leyenda de que durante la conquista el pequeño río Xequijel, entre los departamentos de Quetzaltenango y Totonicapán se tiñó de rojo debido a las cantidades formidables de sangre vertidas en una batalla junto a él.  El nombre original de ese río era Olintepeque y, en el Lienzo de Quauhquechollan hay constancia de una batalla en ese lugar.  Xequijel significa debajo de la sangre. De esto me acordé cuando vi las imágenes del río Samalá teñido de rojo.

Lo que me llama la atención a estas altura lo que me llama la atención es en los primeros momentos de la noticia los dedos señaladores apuntaron a causas sobrenaturales y hubo alusiones al final de los tiempos a causa de tanta maldad; en esos primeros momentos, los dedos señaladores también apuntaron en dirección al Instituto Nacional de Electrificación y a la centenaria textilera Cantel.

Luego de una investigación y luego de que se asentó el polvo, la inspección de campo precisó que pequeños textileros, “cuando tiñen sus telas, desfogan el agua en sus drenajes, pero estos van a dar al río”. Se estableció que es común que estas familias lancen sus desechos crudos al afluente.

El misticismo y la mentalidad anti-industrial suelen olvidadar que los causantes de grandes catástrofes ambientales suelen ser docenas y centenares de personas haciendo lo suyo.  Las familias que talan bosques para conseguir leña y no los reponen; las familias que tiñen telas; las familias que tiran sus suavechapinas, sus palanganas, sus ropas viejas y su basura en los ríos y lagos; las familias que lavan sus ropas en las cuencas y llenan de fosfatos las aguas; las familias que tiran sus deshechos en los barrancos…en fin.

El cuidado del ambiente tiene dos enemigos en este contexto: la pobreza y la falta de derechos de propiedad asegurados.  Está claro que en tanto haya abundancia de pobreza y miseria la gente no está para preocuparse del ambiente, la gente corta la leña y dira la basura sin más porque si la mayor preocupación familiar es la de qué va a haber en la mesa para comer esta noche, ¿de dónde va a salir la inquietud por no destruir los bosques y los ríos, por ejemplo?  Está claro que en tanto los recursos naturales sean de todos y no haya derechos de propiedad claros y asegurados, los bosques, las aguas y otros recursos van a sufrir lo que se conoce como la tragedia de los comunes.  Esto es, la tragedia de que como los bienes son de todos, no son de nadie y a nadie cree que valga la pena cuidarlos racionalmente, frente a la necesidad de usarlos antes de que alguien más se los acabe.

Si de verdad te interesa el tema del ambiente, te invito a visitar y a explorar la Red de Amigos de la Naturaleza, donde encontrarás propuestas de mercado para la protección efectiva del ambiente.