05
Ago 18

Sequía, cambio y colapso maya

Como atiendo muchos visitantes extranjeros, con frecuencia debo responder a la pregunta de por qué es que colapsó la civilización maya.

Con base en conferencias a las que he asistido y a artículos especializados que he leído, mi respuesta siempre va en cuatro vías: 1. Sequías que causaron falta de lluvias, y en consecuencia malas cosechas, entonces hambre, multitudes hambrientas y enojadas, y luego sacerdotes, aristócratas y monarcas decapitados.  2. Malas filosofía y tecnología, incapaces de entender y de enfrentar efectivamente lo que estaba ocurriendo. 3. El mantenimiento de élites improductivas y ciudades inmensas que pesaba sobre las masas cuya productividad era precaria.  4. Lo de siempre: guerras, enfermedades y tecnología insuficiente que dificultaban el comercio.

En un plazo de tiempo no muy prolongado, las principales dinastías desaparecieron y las ciudades más importantes fueron abandonadas a su suerte. Aunque los mayas sobrevivieron, su poder económico y político fue desde entonces una triste sombra de tiempos mejores.

Recientemente, con base en los análisis de los isótopos de oxígeno en un lago de Yucatán,  científicos confirmaron que sequías extremas y muy frecuentes fueron una de las causas principales del colapso maya.

Nuestras reconstrucciones paleoclimáticas ponen de manifiesto que durante este periodo se produjo un descenso en la cantidad de lluvia anual de un 40 al 55 por ciento, con picos de hasta el 70 por ciento, y una reducción de la humedad ambiental de hasta un 7 por ciento, en comparación con la actualidad», ha enumerado este investigador.

Y me pregunto: ¿Un Protocolo de Kyoto que hubiera reducido las emisiones de dióxido de carbono, metano, oxido nitroso; así como de hidrofluorocarbonos, perfluorocarbonos y hexaflourouro de azufre, hubieran detenido aquel proceso? ¡Por supuesto que no!, porque el cambio climático no es antropogenico.  El cambio no es causado por los seres humanos, sino que es una constante de toda la vida en la naturaleza de las cosas aquí en el planeta Tierra. Es el dinamismo y no la estasis lo que no cambia.

La foto la tomé desde la pirámide El tigre, en El mirador.


10
Feb 18

Tesoros mayas de Guatemala

La tecnología láser conocida como LiDAR quita digitalmente el dosel de la selva para revelar ruinas antiguas debajo, mostrando que las ciudades mayas como Tikal podrían haber sido mucho más grandes que lo sugerido por la investigación en tierra. Dicha tecnología ha revelado más de 60,000 vestigios mayas, en una pequeña porción de Petén; y ha revelado una civilización maya que podría mucho más grande, compleja e interconectada de lo que hasta ahora nos habíamos imaginado.

Mis padres visitaron Tikal en los años 60 y desde que vi fotos de aquel viaje me entraron muchos deseos de ir.

Mi primera visita a un sitio arqueológico mayense fue a Iximché, la capital de los cakchiqueles, cuando estaba en Cuarto grado de primaria; y no visité Tikal hasta 1975 cuando fui en una excursión del colegio.  Desde entonces he estado ahí unas tres veces más.  También he estado en Waká-Perú y…¡lo máximo! fue la excursión que hice -durante 5 días en mulas y en la selva- y visité El Tintal y El Mirador, en el reino Kan.  También tengo la dicha de trabajar de cerca con el Museo Popol Vuh, de la Universidad Francisco Marroquín.

Por eso, cuando me enteré de lo que estaban haciendo la Fundación Pacunam y NatGeo con la tecnología LiDAR, no hallaba la hora de ver los resultados.  Se me hizo el viernes durante una presentación especial; y te recomiendo que no la dejes de ver el domingo 11 de febrero, a las 8 p.m., en NatGeo.  Espero que quedes tan intrigado como yo; haz clic en la foto  de arriba para ver un trailer del documental.

Para darte una idea, siempre he sabido que en su momento cumbre, Tikal habría tenido unos 150,000 habitantes, que es el tamaño de Londres en aquel tiempo.  Los nuevos descubrimientos apuntan a que habría tenido unos 250,00 habitantes.  En total, se estimaba que en su mejor momento, la civilización maya incluía unos 4, o 5 millones de personas; y los nuevos descubrimientos apuntan a que bien podrían haber llegado a 15, o 20 millones.  Si eso fuera cierto, ¿es posible que en el área estudiada hubiera 80 ciudades mayas del tamaño de Tikal, en el supuesto de que Tikal tenía 250,000 habitantes?  Para darte una idea, 20 millones de habitantes es unas 5 veces el tamaño del área urbana de la ciudad de Guatemala.

Si con las cifras conocidas hasta ahora ya era fascinante tratar de entender cómo había sido posible una civilización en un ambiente hostil como la selva tropical, sin ríos, sin lagos, sin ruedas para el transporte y sin bestias de carga, más fascinante (por decir algo) es imaginarse ¿cómo habría logrado prosperar tanto una sociedad en la edad de piedra, prefilosófica y colectivista? Con las nuevas cifras, los descubrimientos de nuevas ciudades, calzadas y estructuras militares, las dimensiones de aquella civilización y sus alcances plantean nuevas preguntas.

En ese contexto, las razones del colapso de la civilización se me hacen menos misteriosas. En aquellas circunstancias, con tanta gente en un ambiente tan hostil, cualquier desbalance en los ciclos de lluvias afectaría gravemente las cosechas y habría hambrunas; y ya sabes la gente hambrienta es gente enojada, la gente enojada puede volverse violenta y la gente violenta decapita aristócratas y sacerdotes.

Añadele a aquello que el costo de las ciudades magníficas, los palacios, los templos, las calzadas, las plazas y las fortalezas -así como el costo de la aristocracia y la clase sacerdotal- debe haber pesado mucho sobre una plebe campesina, con tecnología de la edad de piedra, en un ambiente de equililbrio precario.

Hasta ayer, la información que yo tenía es que los mayas hacían la guerra principalmente de forma ceremonial, para capturar víctimas de sacrificio y de dimensiones relativamente pequeñas.  Los descubrimientos por LiDAR han mostrado enormes y complejas instalaciones militares, lo que implica que había guerras de grandes dimensiones y de larga duración.  ¿Por qué es que los mayas iban a ser diferentes a otros seres humanos? Sin duda había guerras por razones de poder y por razones comerciales.

Me imagino el siguiente círculo vicioso: sequía y malas cosechas, más demanda de sacrificios para aplacar a los dioses, guerra, poblaciones pasando penas, más sacrificios, más guerras, más penas, elites decapitadaas…y así.  A esto añádeles las enfermedades que vienen con el hambre y la guerra.

En aquellas condiciones es admirable que las élites mayas lograran una de las civilizaciones más espectaculares del mundo y de todos los tiempos.

Por cierto, la foto que ilustra esta nota y sus detalles contrastan de forma encantadora con los mapas que levantaban los primeros viajeros, como este, de Alfred P. Maudslay:

Mientras tanto, el INGUAT, el Ministerio de Comunicaciones -y otras burocracias-, ¿van a estar a la altura de los aportes de Pacunam y NatGeo…o los mexicanos van a seguir vendiendo los sitios arqueológicos de Guatemala como sitios del sur de México?

Actualización: Con respecto a descubrimientos similares con respecto a la ciudad puèrpecha de Agamuco, un reportaje titulado Manhattan en Michoacán, una exageración, cita al mexicano José Luis Punzo y dice: Todo este conglomerado tan grande, 26 kilómetros cuadrados, hay que ver cuándo estuvo ocupado. Son muchos asentamientos, no sabemos si es una sola ciudad o varias ciudades superpuestas. Un asentamiento ocupado en diferentes momentos. Puede parecer una sola cosa, pero también pudo haber sido una cosa ocupada varias veces a lo largo de los siglos. O sea, en vez de un Manhattan, varias Hoboken de diferentes épocas superpuestas.

Me pregunto si estas observaciones también son válidas para los descubrimientos en Petén, dadas las cifras que se están manejando.

La foto principal  es de NatGeo, la segunda es del álbum familiar y la tercera es de A Glimpse at Guatemala, por A.P. Maudslay.


04
Oct 17

Adiós a don Tomás Calvo

Conocí al nim winaq, Tomás Calvo, en agosto de 2012 y hoy toca despedirlo.

Me encontré con don Tomás cuando él y  sus compañeros de la Alcaldía indígena de Chuwilá o Chichicastenango llevaron llevaron un facsimil del Popol Vuh al Museo Popol Vuh, para una memorable visita, de aquel libro, que duró una semana.

El nim winaq ofreció unas palabras durante el acto y luego el escribano, Manuel Xiloj, contó acerca del conmovedor encuentro de los principales de Chuwilá con el original del Popol Vuh en la Biblioteca  Newberry.

Con ocasión de la visita de los señores Alcaldes, don Manuel, expresó que la municipalidad maya de Santo Tomás Chuwilá se sintió honrada de que el Museo Popol Vuh y la UFM le dieran un techo al facsímil del libro sagrado y a las actividades educativas durante la exhibición. Sabemos la trayectoria del ingeniero Manuel Ayau, que has sido un hombre visionario que ha dejado semilla; y que esa semilla ha germinado. Para él nuestro saludo -donde quiera que esté- y, porque sabemos de la filosofía que él tenía para este país es que nos sentimos honrados de estar en este establecimiento, dijo don Manuel. Muchas gracias a ustedes por cobijar nuestro manuscrito, añadió.

Poco después tuve la oportunidad de tener en mis manos un facsimil del Popol Vuh, en la Biblitoteca Newberry.  Aún tengo pendiente ver el original.

En la foto, don Tomás Calvo es el tercero de izquierda a derecha.


19
Dic 16

El Mirador no deja de sorpender

luis-figueroa-tintal

Inmensas pirámides, calzadas, plazas, terrazas, muros y diques; carreteras que unen ciudades como El Mirador, Tintal y otras fueron reveladas por medio de un escaneo y radar láser que lo deja a uno papo.  Es admirable lo que consiguieron los mayas en un ambiente tan hostil, sin metales duros, sin ruedas, sin bestias de carga, y sin fuentes de agua.  Tanta grandeza colapsada debería recordarnos los daños que la mala filosofía y la mala economía le pueden hacer a una civilización.

Recorrí el sak´be o camino blanco -una calzada que une Tintal y El Mirador- en diciembre de 2005 y desde entonces me maravillo con todo lo que tiene que ver con el reino Kan. Dormí en Tintal y en El Mirador bajo las estrellas y las copas de los árboles, mojado hasta el tuétano en una de las noches.

Este es un enlace al relato de esa aventura:

El aroma a copal inundó el aire, y desde lo más alto de la pirámide El Tigre, mis amigos y yo observamos el ocaso. A nuestros pies estaba ese inmenso mar verde que es la selva. Nos llevó dos días y tantito atravesarla, pero ahí estábamos al fin, en la cuna de la civilización maya: la ciudad colosal de El Mirador.
 
Allá arriba, emborrachado por la luz, los aromas y los colores, uno no puede sino pensar en las personas que construyeron ciudades y calzadas a lo largo y lo ancho de esa jungla. Frente a nosotros estaba la La Danta, una mole increíble que mide 10 metros más que el templo IV de Tikal y cuya base ocupa el área de tres estadios de fútbol. La ciudad es inmensa, ¡y es unos 800 años más antigua que Tikal!
En toda la cuenca de El Mirador hay unas 26 ciudades grandes; y en nuestra jornada a través de la selva visitamos: La Florida, El Tintal y La Muerta. No es fácil llegar a El Mirador; pero el duro viaje hacia esa ciudad formidable es el vivo ejemplo de cuando el camino vale tanto como el destino. Auxiliados por Billy Cruz, de Petén, mis amigos Silvia, Inés, Antonio y Raúl, así como mi sobrino Alejandro, y yo, emprendimos la aventura el 17 de diciembre pasado. Ale de 12 años, y yo, fuimos a lomo de macho; pero los demás caminaron por bosques interminables y por bajos intimidantes a través de humedales enormes.
 
A veces el agua fangosa les llegaba arriba de la cintura, yo me caí cuatro veces de mi Rucio, y el Ale quedó colgando de un árbol en una ocasión. Tras horas de montar, más de una vez reviví mi pierna entumecida poniéndole una cruz de saliva, según la costumbre local. Y entendí lo que es ser terco como una mula. Vimos cualquier cantidad de orquídeas, aunque muy pocas en flor; extrajimos copal del árbol que lo produce. Conocimos el chicle. Vimos aves hermosas y el cielo más estrellado que uno pueda imaginar.
 
Pero aquello es la selva, y no hay que olvidarlo. Vimos huellas de jaguar y escuchamos sus rugidos, junto a los de los monos aulladores. Dormimos en campamentos en los que el olor a serpiente era perturbador. A mi sobrino se le metió una tarántula en el zapato y le apareció otra en su carpa. Y tuvimos que esquivar ejércitos de hormigas feroces, algunas de ellas muy olorosas. Dormíamos como tiernos, aunque una noche se inundó el campamento y tuvimos que pasarla entre el agua. Una culebra zumbadora se atravesó en el camino y yo regresé con dos garrapatas conchudas, mostacilla y docenas de piquetes.
El viaje a El Mirador fue toda una aventura, hecha más inolvidable gracias a los cuidados y a la extraordinaria habilidad de nuestro guía Henry Darwin; y gracias a la cocinera, Gladys. Por ella teníamos tortillas del comal y panqueques en plena selva. También por el asistente, Wilmer, y por los arrieros Manuel y Rudy que cargaban las 12 acémilas y montaban los campamentos con eficiencia.
 
Mi corazón se aceleraba cuando entrábamos a algún sitio, cuando mirábamos algún montículo, y más, cuando llegamos a El Mirador. A lo largo de la jornada uno puede llegar a experimentar algo de lo que sentían los primeros exploradores de esas regiones en el siglo XIX. Yo pensaba mucho en Stephens y Caterwood, así como en los Maudslay, y también en mi amiga Mayra, que hace años estuvo perdida en la selva durante dos noches.
En febrero de 2003, en el Museo Popol Vuh, tuve la suerte de conocer a Richard Hansen, el arqueólogo que está a cargo del proyecto de la cuenca de El Mirador. Y en esa ocasión quedé admirado del trabajo que está haciendo. Y desde entonces que tenía ganas de viajar hacia allá. A diferencia de otros sitios desarrollados, El Mirador todavía es un mundo perdido, ¡de verdad! y lleno de tumbas sin abrir. En él, uno no encuentra montones de turistas, ni mucha basura; y entra en contacto extremo con uno mismo, con la naturaleza y con grandes obras del genio humano. Por eso, la visita a aquella ciudad preclásica y los cinco días que pasamos en la jungla, fueron una experiencia física y psicológica inolvidable que enriqueció nuestras vidas.
La foto es de nuestro campamento en Tintal.

10
Oct 16

Calavera de cristal, a tiempo para Halloween

calavera-luis-figueroa

El niño que hay en mi se emociona cuando el Museo Popol Vuh exhibe su calavera de cristal; especialmente cuando la muestra coincide con la fiesta de Halloween y con El museo a oscuras, una actividad para patojos.

El cráneo es de cristal de roca y muestra rastros de cinabrio; un mineral rojo que simboliza sangre, por su color y era usado por los mayas para la protección de tumbas por su alta toxicidad.

Entre los aztecas y toltecas era común guardar cráneos como trofeos de guerra. Por ejemplo, la diosa Cuatlicue o La de la Falda de Serpiente, está adornada con calaveras y otras partes humanas en su cuerpo. Los primeros españoles que tuvieron contacto con los habitantes del continente americano observaron que en muchos edificios estaban ornamentados con calaveras colgadas, y en la colección del Museo Popol Vuh, varias urnas funerarias están decoradas con cráneos descarnados. Los sacerodotes Xipe Totec se cubrían a sí mismos con la piel de sus víctimas y en la colección de Museo pueden ser observadas piezas con esta característica macabra.

La revista Archaeology, en su edición de mayo/junio de 2008, publicó un reportaje sobre la leyenda de los cráneos de cristal.

En el mundo hay varias calaveras similares. En el Museo de Arqueología de México hay una adornada con turquesas, y más de una circula en exhibiciones y ferias como objetos con poderes sobrenaturales y curativos. Las hay de cristal de roca; pero también hay falsificaciones, tan evidentes, que son de vidrio y de acrílico. De una de las más famosas se cuenta que fue encontrada por un arqueólogo en un templo de Belice, en la selva; sin embargo, no falta quien diga que la compro en una subasta en Europa. En el Museo Británico hay otra que se supone que fue elaborada en el siglo XIX. También el Museo del Hombre, en París; y la Smithsonian Institution, cuentan con calaveras de cristal.

La calavera del Museo Popol Vuh forma parte de la colección que le dio origen al mismo y que fue propiedad del coleccionista Jorge Castillo, antes de que él lo donara a la UFM en 1977.

El Museo Popol Vuh se encuentra en el campus de la Universidad Francisco Marroquín, 6 calle final, zona 10. Teléfono 2338 7896. La admisión es de Q35 para adultos, y de Q10 para niños de 10 a 12 años; para estudiantes con carné es de Q15. Estacionamiento, Q30 por hora.


04
May 16

May the fourth be with you

ewoks-museo-popol-vuh-mayas

Con una imagen de los ewoks mayas que hay en el Museo Popol Vuh, celebramos el Día de La guerra de las galaxias aquí en Carpe Diem.

¡Que la fuerza te acompañe!, o May the fourth be with you!

En realidad el ewok en cuestión es la imagen de un guerrero; y el objeto es un silvato con efigie que luce una armadura de algodón, un escudo y maza y lleva un casco con figura de animal. Es del período clásico tardío y viene del altiplano norte.


24
May 15

Encuentro con el guerrero jaguar enmascarado

Haz clic en la foto para ver más fotos

El Guerrero con máscara de jaguar en posición de acecho es la pièce de résistance de la exhibición Tesoros del espíritu maya organizada por la Fundación Ruta Maya. Desde que supe de la existencia de esta obra maestra me moría de ganas de verla. ¡Y se me hizo!

El guerrero es uno de los hallazgos asociados al Período Clásico Temprano de Guatemala (ca. 250 AC -600 DC) más impresionantes de las últimas décadas. De hecho, es el único ejemplo bien preservado conocido hasta la fecha, de una figura tridimensional de gran tamaño realizada en estuco y con su color original conservado.  Sus medidas son 66 cm. de alto; 266 cm. de largo; y 105 cm. de ancho.

Esta escultura fue encontrada a mediados de la década de 1990 durante la perforación de un pozo de agua en una finca de ganado, al suroeste del lago Petén Itzá, rumbo a La Libertad (Petén) donde los montículos circundantes ya habían sido destruidos. La escultura fue severamente quebrada al ser sacada por los trabajadores locales y se vendió hecha pedazos en el mercado ilícito.  Mientras se mantuvo en una colección privada, lejos de la vista pública, se inscribió en el Registro de Bienes Culturales (1996) y se procuró su restauración. En agosto de 2013 fue cedida a La Fundación La Ruta Maya con los propósitos de custodia, conservación, exhibición, educación e investigación de esta pieza única en su género.

El guerrero está expuesto junto a otras piezas magníficas en la exhibición Tesoros del Espíritu Maya  desde el 21 de mayo hasta finales de octubre de 2015 en el Artecentro Graciela Andrade de Paiz ubicado en la 9ª calle entre 8va y 9ª avenidas de la zona 1. Hay parqueo enfrente.

Todas las piezas de esa exhibición merecen mención; pero mis favoritas fueron las siguientes:

  • Una imágen de Ah puch, el dios de la muerte, porque la mayoría de las personas ignora que en los chapinesdecimos ¡Ah puchis!, cuando algo nos sorprende, nos causa repulsión o nos espanta, en referencia a aquel personaje del panteón maya.
  • Una hacha antropomórfica que representa la cara de una persona aparentemente cubierta con la piel de un desollado.  La piedra está pintada con cinabrio que, por su color, representa sangre.
  • Un disco con serpiente emplumada, que posiblemente era un pectoral, hecho con mosaicos de jade, coral y concha.  Me recordó muchísimo a un dragón chino.
  • Una tapadera de inciensario estilo teotihuacano que representa a una deidad con dos caras, como Jano y me recordó a Abraxas (de Demián, por Herman Hesse, que es uno de mis libros favoritos). La foto me salió fatal y por eso no la publico aquí.
  • Finalmente una colección de hondas encantadoras.  Una de ellas hecha con la quijada de algún animal, y otra cuyo mango es una cajita en la cual se encuentra un esqueleto tallado en madera.

Entre los vasos y platos que se exhiben hay uno que muestra a un gobernante con máscara de reptil, otro que muestra al dios del maíz danzando y un plato que es una flor. ¡Ah, toda la exhibición es estupenda, no te la pierdas!


27
Abr 15

Calavera de cristal expuesta en Museo Popol Vuh

calavera-de-crista-museo-popol-vuh

Una calavera de cristal, parecida a las de la película Indiana Jones en el reino de la calavera de cristal, es exhibida por unos días en el Museo Popol Vuh, de la Universidad Francisco Marroquín.

El cráneo es de cristal de roca y muestra rastros de cinabrio; un mineral rojo que  simboliza sangre, por su color y era usado por los mayas para la protección de tumbas por su alta toxicidad.

Entre los aztecas y toltecas era común guardar cráneos como trofeos de guerra. Por ejemplo, la diosa Cuatlicue o La de la Falda de Serpiente, está adornada con calaveras y otras partes humanas en su cuerpo. Los primeros españoles que tuvieron contacto con los habitantes del continente americano observaron que en muchos edificios estaban ornamentados con calaveras colgadas, y en la colección del Museo Popol Vuh, varias urnas funerarias están decoradas con cráneos descarnados. Los sacerodotes Xipe Totec se cubrían a sí mismos con la piel de sus víctimas y en la colección de Museo pueden ser observadas piezas con esta característica macabra.

La revista Archaeology, en su edición de mayo/junio de 2008, publicó un reportaje sobre la leyenda de los cráneos de cristal.

En el mundo hay varias calaveras similares. En el Museo de Arqueología de México hay una adornada con turquesas, y más de una circula en exhibiciones y ferias como objetos con poderes sobrenaturales y curativos. Las hay de cristal de roca; pero también hay falsificaciones, tan evidentes, que son de vidrio y de acrílico. De una de las más famosas se cuenta que fue encontrada por un arqueólogo en un templo de Belice, en la selva; sin embargo, no falta quien diga que la compro en una subasta en Europa. En el Museo Británico hay otra que se supone que fue elaborada en el siglo XIX. También el Museo del Hombre, en París; y la Smithsonian Institution, cuentan con calaveras de cristal.

La calavera del Museo Popol Vuh forma parte de la colección que le dio origen al mismo y que fue propiedad del coleccionista Jorge Castillo, antes de que él lo donara a la UFM en 1977.

El Museo Popol Vuh se encuentra en el campus de la Universidad Francisco Marroquín, 6 calle final, zona 10. Teléfono 2338 7896. La admisión es de Q35 para adultos, y de Q10 para niños de 10 a 12 años; para estudiantes con carné es de Q15. Estacionamiento, Q30 por hora.


21
Oct 14

¡Volví a El chayal!

141019-obsidiana.mayas.luis.figueroa.carpe.diem

El domingo y con un grupo de cuates extranjeros volví a  El chayal.  Fuimos atendidos por una vecina amable que nos internó en su terreno, donde nos mostró abundantes vestigios de herramientas de obsidiana.

El Chayal es uno de los dos principales sitios de donde los mayas antiguos extraían la preciosa obsidiana taj.  Esta piedra era usada para elaborar armas de guerra y caza, como lanzas flechas; instrumentos ceremoniales y de sacrificiosadornos; así como para hacernavajas  con fines puramente utilitarios.  El sitio es enorme y se halla a pocos kilómetros de la ciudad de Guatemala, por la carretera al Atlántico y ya lo había visitado en 2012.

Lissa, Christiane, Zach, Sara, Raúl y yo -con compañía de nuestra anfitriona- nos enmontamos un rato.  Disfrutamos del bosque y sus sorpresas, vimos una fuente de agua natural y encantadora, y hallamos varios núcleos, puntas de lanzas y navajas de aquella piedra volcánica.

Site interesa el tema, haz clic aquí para ver una conferencia sobre la lítica y la economía mayas.

Los chapines -y yo cuando era niño- conocemos a las obsidianas como piedras rayo debido a la creencia de que se forman en lugares donde caen los rayos.  Eso no es cierto, claro; pero es lo que a uno le decían.  Allá por 1974 recuerdo haber recogido muchas obsidianas en el Campo de Marte, en la ciudad de Guatemala; pero no eran trabajadas como las que se hallan en El Chayal.  Ese nombre, por cierto, está relacionado con chayes (de chay abaj, en quiché), que es como se les dice, en Guatemala, a los pedazos de vidrio.

La foto es de dos puntas de lanza y dos núcleos en la mano de mi cuata, Christiane.  Nótese el suelo, cundido de piedras rayo.


15
Jul 14

Exhibición de máscaras tradicionales

Haz clic en la foto para ver más fotos

Una máscara con dientes humanos enormes, o de mono, es lo que  más me impresionó de la exhibición de máscaras de danzas tradicionales, en el Museo Popol Vuh.  Lo otro que más me impresionó fue el montaje…es que parece que las máscaras estuvieran flotando.  Finalmente me impresionó la variedad.

El Museo explica que Guatemala cuenta con un gran número de danzas que forman parte de las expresiones culturales de las personas. En los bailes, los participantes de valen de trajes y de máscaras para representar diferentes personajes que pueden ser reales, o mitológicos; humanos, o animales.  El equipo se compra, o se alquila en morerías que son negocios especializados en donde se fabrican y se guardan los trajes y las máscaras.  En 2011 visité la morería de don Esteban Suruy.

Durante la época de la colonia la iglesia católica trató de erradicar algunas danzas porque consideraba que eran paganas e introdujo nuevos temas de acuerdo con sus intereses.  Algunos bailes antiguos sobrevivieron parcialmente, o cambiaron de nombre.  Entre las que aún se conservan se cuentan: la del venado, la de los mexicanos, la de moros y cristianos, la de los viejitos y la de los güegüechos.

La exhibición del Museo Popol Vuh muestra el uso de máscaras en distintos contextos y a través de la Historia.  El uso de las mismas se relaciona con el concepto de cambio y de transformación.  Transformarse en algo distinto a lo que uno es convierte situaciones cotidianas en mágicas y espirituales.  Las máscaras son elaboradas con materiales distintos y se usan en danzas así como en rituales de guerra, mortuorios y mágicos.

En la exhibición del Museo también destacan una máscara prehispánica, de barro, que es espantosamente bella; y una colección de figuritas enmascaradas que parecen personajes salidos de un cunto de H. P. Lovecraft, como un hijito de Cthulhu, o algo así.