¿Quién -que haya conducido, o caminado por la ciudad de Guatemala- no coincide conmigo en que los camioneteros son unos abusadores, insolentes e irresponsables?
Ayer, mientras veíamos alfombras en las calles con unas amigas, este autobusero se metió contra la vía. Se dejó ir con su caminoneta.
En esta esquina había una mujer en un vehículo (en la vía correcta); y el caminonetero se le dejó ir con la intención de hacerla retroceder, aunque él era el que estaba en la vía incorrecta.
Todo hubiera pasado como siempre, con la fuerza imponiendose sobre la razón, hasta que llegó mi amiga Astrid. Ella se interpuso entre el autobus y el vehículo de la mujer y no se dejó intimidar por el camionetero que fue acercando el vehículo a ella para obligarla a moverse. La audacia de Astrid permitió que la mujer del automóvil pudiera maniobrar y hacerese a un lado para pasar.
Claro que una vez se quitó Astrid el camionetaro siguió avanzando y obligando a los otros vehículos a retroceder y a hacerese a un lado. ¿Y la Policía Muncipal de Tránsito? Seguramente persiguiendo vendedoras de tortillas en la Zona Viva.
Yo no pude evitar la tentación de tomar la foto porque me acordé de aquella del muchacho en Tiananmen que se enfrenta a los tanques.
Una de las peores cosas de salir por la ciudad de Guatemala es encontrarse con los extorsionistas que le cobran a uno “por cuidarle el auto”. En la mayor parte de los casos el trato es que si uno paga, el vehículo no será rayado, o dañado de alguna manera.
