Nos valió madre la Corte de Constitucionalidad y las cámaras y aquí estamos, dijo Joviel Acevedo, el dirigente de las ordas de burócratas de la educación que, ayer, tomaron el edificio del Ministerio de Finanzas.
Acevedo se refirió a la resolución de aquella Corte en el sentido de que las manifestaciones no deben violar los derechos de terceros y de que la Administración debe actuar contra los manifestantes que violen derechos ajenos.
A Acevedo le pelan los derechos ajenos, le pela la Constitución, le pela la Corte de Constitucionalidad y what else is news, diría mi abuela; empero, no está de más que lo haya dicho con ese desparpajo que no deja de ser algo ofensivo. Está claro que los burócratas de la educación y su dirigencia sólo entienden el lenguaje de la fuerza, y que les valen madre la ley y la institucionalidad.
Lástima grande, eso sí, porque una de las cosas que menos necesita esta sociedad es otro grupo organizado de gente para quien la violencia es el principal recurso de acción. Acevedo, por cierto, acusó de traidores a los maestros que no se unan a sus bloqueos, sus tomas y sus manifestaciones de fuerza. Lo que no necesita esta sociedad es otro grupo organizado al que le pele la Constitución.
Irónicamente, Acevedo es embajador de la paz.




