26
Mar 20

Delincuencia y penas en tiempos de pandemia

La delincuencia en la zona 1 ha crecido; y ya hay gente empeñando sus cosas para sobrevivir.

Tuve que salir a comprar cigarros y medicina al Centro, y pude apreciar que la delincuencia se disparo en el centro de la ciudad, cuenta el criminólogo, Ricardo Mendoza.

La PNC controla a un presunto asaltante en la Sexta avenida de la zona 1. Foto por Ricardo Mendoza.

Grupos de siete personas entre hombres y mujeres, entre nacionales, centroamericanos y garífunas, aprovechan lo desierto del Centro para intimidar y asaltar transeúntes. No hay presencia de la Policía Nacional Civil; y, sin embargo, si se encuentra la Policía Municipal de Tránsito.  Pocos, pero se encuentran y son los que están controlando este fenómeno. Al ser asaltada una persona,  ellos proceden a brindar la seguridad, y coordinar para la presencia de la PNC y de esta manera -reactiva- se neutraliza al delincuente, cuenta Mendoza.

En serio la delincuencia a elevó como no tienen idea, si es mujer absténgase de pasar por la Sexta avenida y áreas circundantes después de las once de la mañana, esta peligroso, advirtió el criminólogo. Y, por cierto, no sólo en la zona 1.  Mi amiga, Sylvia, cuenta que en Vista Hermosa II una SUV blanca está acosando empleadas y aconsejó tener cuidado. 

Mientras tanto, la economía ya se está viendo afectada por el virus chino, pude apreciar en las casas de empeño como las familias están llevando a empeñar objetos grandes con el fin de hacerse de dinero para el sustento de sus familias, añadió Ricardo Mendoza.

Hay gente empeñando sus cosas. Foto por Ricardo Mendoza.

Este último detalle es sólo el principio de algo que va a empeorar; no sólo por el encierro forzado, sino porque el Congreso aprobó las medidas que van a destrozar la economía de los guatemaltecos: controles de precios, ampliación del gasto estatal, regulaciones financieras, subsidios, y más.  Te recomiendo que leas el artículo de UFM Market Trends en este enlace.


25
Mar 20

Ser, o no ser…y mi padre como ejemplo

La lectura de hoy me trajo uno de los monólogos más célebres de toda la literatura universal: el que empieza con Ser, o no ser, ese es el dilema.

Harvard Classics, Vol. 46.

Esa frase de Hamlet me lleva al hecho de que el dilema fundamental es vivir, o morir.  Si morimos, ahí todo se acaba, no hay nada que discutir y está todo dicho y hecho.  Pero si vives la vida debe ser vida digna, vida floreciente, vida plena o vida feliz.  Como para los seres humanos la vida no sólo es biológica (como  para las amebas, las tortugas y los árboles) necesariamente tenemos que tomar las decisiones que favorezcan aquel tipo de vida.  Decisiones que no dañen aquel tipo de vida.  Vivir es lo que hacemos y nos pasa, escribió José Ortega y Gasset. Aquella toma de decisiones debe ser racional y ese es el origen no sólo de la necesidad de códigos éticos racionales que favorezcan el florecimiento; sino de los derechos que facilitan la cooperación social y, por ende, aquel florecimiento.

Dicho lo anterior, una de las cosas que más disfrutaba de mi padre era encontrarlo sentado en la sala de la casa, libro en mano, en las tardes cuando yo regresaba de jugar en la calle con mis amigos.  Ahí estaba él, en un rincón y acomodado.  Y se veía tan bien, galán como era.  Sereno y absorto.  Yo quería ser así…o, por lo menos, hacer eso.

Una tarde de aquellas me senté junto a mi padre con Hamlet en mano y lo empecé a leer. No recuerdo por qué elegí  Hamlet en particular; pero cuando mi padre me vio con eso me dijo que quizás debería leer algo más como para mi edad.  Yo calculo que tendría unos 10, u 11 años, entonces.  Y me dió Vida y combates de Luis Angel Firpo (un boxeador argentino).  Y me explicó que el libro había sido de mi abuelo, y que a él le gustaba mucho el boxeo. Recibí el libro e hice lo posible por leerlo, mas nunca lo terminé; y tampoco volví a Hamlet.  Pero empecé a cultivar un hábito de lectura.

¿A qué viene esto? A que en estos días de recogimiento, por decir algo, dispuse leer lo que toque de The Harvard Classics, de acuerdo con su guía de lectura Fifteen Minutes a Day.  Dicha guía le permite, al lector viajar por las mentes y los escritos de algunos de los más fascinantes pensadores de todos los tiempos…y algunos no tan fascinantes.

El editor, Charles W. Eliot, que fue presidente de la Harvard University, más de una vez dijo en público que, en su opinión, un estante de cinco pies, podría contener suficientes libros para permitir un buen sustituto para una educación liberal, a cualquiera que los leería con devoción, incluso si sólo dispusiera de quince minutos al día para leer.  En fin, The Five-Foot Shelf of Books fue uno de los regalos que mi abuela, Frances, me regaló cuando me gradué de bachillerato en 1979.  De cuando en cuando acudo a la colección para consultas en casa; pero hoy decidí leer las lecturas asignadas cada día durante el distanciamiento social, para leer temas distintos a los que suelen ocupar mis momentos de lectura por trabajo y por placer, que al final resultan ser lo mismo.


25
Mar 20

Analizando la pandemia, por Carlos Sabino

Muchas y terribles plagas ha sufrido la humanidad a lo largo de los siglos. Desde las epidemias que sufrieran los griegos en la época de la Guerra del Peloponeso hasta la terrible devastación que provocó la Peste Negra en Europa, en el siglo XIV –con graves brotes en siglos posteriores- las epidemias han devastado pueblos y naciones, hasta continentes enteros. Los aborígenes americanos fueron severamente golpeados por ellas en el siglo XVI, por falta de los anticuerpos que ya tenían los europeos que aquí llegaron, explica Carlos Sabino, sociólogo e historiador.

La ilustración la tomé de Facebook.

No comparto el último párrafo sus conclusiones, ni la idea de que el régimen comunista de China no debe ser señalado como responsable de las dimensiones del problema; pero opino que leer las perspectivas de Carlos siempre ayuda a aclararse uno las ideas y explorar.

Dice, pues, Carlos Sabino:

Todas las plagas, como tales, han desaparecido con el curso del tiempo. Han quedado las enfermedades, pero convertidas en flagelos más o menos controlables, como lo son ahora, por ejemplo, la tuberculosis, el paludismo y las gripes. En algunos casos esto ha ocurrido porque se han creado vacunas contra ellos –como el sarampión o la viruela- o existen medicamentos que reducen grandemente sus efectos. En otros casos, como el de la gripe común y en parte el mismo SIDA, los virus se han ido haciendo cada vez más benignos, provocando dolencias menos severas y menos muertes. Esto se debe a la forma en que opera la evolución: si un virus mata a todos los organismos en que se aloja tiene menos probabilidades de subsistir y reproducirse que si provoca una enfermedad leve, lo que facilita en tal caso su continua dispersión y reproducción.

El nuevo virus

Lo que está ocurriendo con el COVID 19 no es nuevo, en ese sentido histórico, pero sí es nuevo en cuanto a las consecuencias sociales y económicas que está produciendo. El mundo se ha prácticamente paralizado, ante una incertidumbre profunda y perturbadora. Y las reacciones, como siempre sucede ante el peligro, han oscilado entre extremos muy poco racionales. Recordemos que, en ocasiones anteriores, la conducta de muchas personas, de quienes podían hacerlo, era básicamente huir, alejarse de las regiones infectadas. Eso a veces los salvaba, pero en otros casos, como de seguro en el de la Peste Negra, contribuyó grandemente a la dispersión de la enfermedad. Ahora, y esto es lo nuevo, no hay adónde huir, el mundo está tan interconectado que es imposible hacerlo. La epidemia es una pandemia, que a todos nos afecta: viajar no es la solución.

Las reacciones extremas a las que me refiero son la temeridad y el pánico. La temeridad hace que no demos suficiente importancia al riesgo que se vive, lo que seguramente lo aumenta, pero la desmedida alarma puede provocar actitudes muy negativas, pues el terror es un mal consejero. Entre esos dos extremos han oscilado en estas semanas personas y gobiernos. Es comprensible: no sabemos qué pasará, cada virus es diferente y no podemos predecir el futuro.

Dos estrategias

Ante la situación que vivimos creo que, en definitiva, existen dos estrategias, dos maneras diferentes de responder. Ninguna es buena o mala en sí, si pensamos con frialdad y no nos dejamos llevar por las pasiones. Ambas tienen consecuencias muy positivas y muy negativas, para qué negarlo. Veamos en qué consisten.

Estrategia 1: consiste, en esencia, en evitar la difusión del virus, el contagio, la expansión de la enfermedad. Recursos básicos son la cuarentena (que los venecianos asumieron, creo, allá por el año 1400), el aislamiento de las personas contaminadas, la suspensión de eventos en que se reúnan multitudes. El confinamiento de la población, el toque de queda y el cierre de actividades deportivas, religiosas y comerciales son medidas más severas, que operan en esta dirección.

Lo positivo de esta estrategia, que más o menos sigue en estos días todo el mundo, es que reduce la intensidad de la pandemia, la confina y la hace más manejable. Esto da tiempo para encontrar soluciones de fondo: creación de una vacuna y, sobre todo, de un tratamiento para que los afectados puedan llevar la enfermedad con menos riesgo de muerte. 

Los aspectos negativos de tal estrategia son básicamente dos: a) no elimina realmente al virus, por lo que el control, por más intenso que sea, es a la postre insuficiente, y b) no puede sostenerse por mucho tiempo por las graves consecuencias psicológicas y económicas que tiene. Ni la economía puede paralizarse por mucho tiempo, porque la producción de cualquier bien está sujeta a la de muchísimos otros bienes y servicios, ni la gente puede vivir meses confinada en sus casas.

Estrategia 2: en este caso se deja que el virus se expanda, esperando que se vaya debilitando, concentrando los esfuerzos en el tratamiento de los casos que van ocurriendo y esperando que la pandemia vaya reduciéndose por sí sola.

El fundamento de esta solución está en reconocer que todos los agentes patógenos han seguido este camino a lo largo de la historia. Cuando se adopta este modelo de acción solo tratamos los casos de infección que se producen, aislamos a los enfermos y trabajamos en medicamentos y vacunas. El cólera y la fiebre amarilla, por ejemplo, han seguido este camino. Lo positivo de esta estrategia reside en que no hay impactos psicológicos o económicos de primera magnitud. El mundo sigue su camino, aunque con una salvedad, que constituye su peor aspecto negativo: aumenta rápidamente el número de personas contagiadas y por lo tanto los fallecimientos que se producen. Esto, llegado a cierto punto, puede resultar ética y sanitariamente insostenible: es imposible dejar que las cosas marchen como siempre si la gente muere a nuestro alrededor y es imposible atender a todos los enfermos si estos superan cierto número.

¿Qué hacer?

En el fondo, los resultados de las medidas que se tomen dependen de la evolución de la enfermedad, de la velocidad con que se contagia la gente y de la forma en que pueden reducirse los decesos, no la enfermedad en sí. Por eso creo que ninguna de las dos estrategias puede descartarse de plano. Ambas tienen limitaciones evidentes, de corto y de largo plazo. Por otra parte, su efectividad depende fuertemente de dos factores: a) del grado de extensión de la pandemia en cada lugar, en cada estado nacional, dado que los estados nacionales son las únicas entidades políticas que toman medidas concretas y efectivas, y b) de la cantidad de recursos sanitarios y económicos disponibles en cada sitio.

Muy mala me parece la reacción de quienes buscan culpables, en China y en algunos gobernantes, o se dejan guiar por teorías de conspiraciones malignas. Con eso nada avanzaremos. Crear una especie de guerra, un enfrentamiento de cualquier tipo, en momentos de crisis, solo añadiría un problema más a los que ya padecemos.

En países con pocos recursos y pocos afectados, como Guatemala y muchos otros, relativamente pobres y con escasos recursos sanitarios, pienso que lo mejor es mantener por ahora la suspensión de los viajes y el cierre de las fronteras para las personas, no las mercaderías, pero aliviar las restricciones internas en corto tiempo. No podremos resistirlas por muchas semanas, en todo caso, y restricciones parciales, como el toque de queda, me parecen mejores que las medidas más drásticas que se han tomado en otros países. Para países en otras condiciones no me atrevo a decir nada, al menos por ahora, porque no conozco lo suficiente cada realidad en concreto. Parecería que la estrategia tipo 1, que he descrito más arriba, ha funcionado en China, pero solo después de dos o tres meses.

¿Qué pasará?

No pretendo prever el futuro, sé perfectamente que eso es imposible, pero puedo atisbar algunas de las cosas que pueden pasar. El virus, a largo plazo, se instalará entre nosotros como tantos otros agentes patógenos que soportamos. No acabará con el mundo, como tampoco llegó a hacerlo la peste bubónica o la gripe española.

El impacto sobre la economía es severo, sin duda alguna, y seguirá haciéndose sentir cada vez con más fuerza en el corto plazo. Cuando empiecen a levantarse las restricciones, y eso tendrá que pasar en algunas semanas, sin duda alguna, empezará una recuperación. Muchos quedarán en el camino y, como siempre, serán los más pobres y los más débiles los mayores perjudicados, así como las empresas que ya estaban en dificultades.

Por ahora hay que tratar de actuar con prudencia. No vender ningún activo salvo en el caso de la más estricta necesidad, porque los precios están y seguirán estando por el suelo. Prepararse para producir, para la etapa de recuperación que seguramente seguirá, como ocurrió después de los estragos de la Primera Guerra Mundial y de la gripe española, de otras pandemias anteriores y de las que hemos vivido en los últimos tiempos.

No recomiendo comprar ni vender divisas, porque el dólar puede debilitarse debido a las acciones que está tomando la Reserva Federal, el euro circula en los países ahora más afectados y comprar yuanes es algo difícil y de pronóstico totalmente incierto. Hay que gastar con prudencia, porque esto puede ir para largo.

 


24
Mar 20

Hoy conocía a Guenevere

Pues hoy conocí a la reina Guinevere que, siendo esposa del rey Arturo tuvo un affaire trágico con sir Lancelot, que era caballero y amigo del Rey. Como las cosas se pueden poner muy mal, se pusieron mal y aquello terminó en la muerte de Arturo y la caída del reino.

Harvard Classics, Vol. 42.

El poeta William Morris escribió The Defence Guenevere, y te comparto las estrofas que más me gustaron:

“‘The thing they seem to mean: good friend, so dear

To me in everything, come here to-night,

Or else the hours will pass most dull and drear;

 

“‘If you come not, I fear this time I might

Get thinking over much of times gone by,

When I was young, and green hope was in sight:

 

“‘For no man cares now to know why I sigh;

And no man comes to sing me pleasant songs,

Nor any brings me the sweet flowers that lie

 

“‘So thick in the gardens; therefore one so longs

To see you, Launcelot; that we may be

Like children once again, free from all wrongs.

El poema se dejó leer rico y en el volumen que me tocó leer hoy está incluido The Lady of Shallot, por Alfred Tennyson poema del cual Loreena McKennit hizo una hermosa canción.

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¿A qué viene esto? A que en estos días de recogimiento, por decir algo, dispuse leer lo que toque de The Harvard Classics, de acuerdo con su guía de lectura Fifteen Minutes a Day.  Dicha guía le permite, al lector viajar por las mentes y los escritos de algunos de los más fascinantes pensadores de todos los tiempos…y algunos no tan fascinantes.

El editor, Charles W. Eliot, que fue presidente de la Harvard University, más de una vez dijo en público que, en su opinión, un estante de cinco pies, podría contener suficientes libros para permitir un buen sustituto para una educación liberal, a cualquiera que los leería con devoción, incluso si sólo dispusiera de quince minutos al día para leer.  En fin, The Five-Foot Shelf of Books fue uno de los regalos que mi abuela, Frances, me regaló cuando me gradué de bachillerato en 1979.  De cuando en cuando acudo a la colección para consultas en casa; pero hoy decidí leer las lecturas asignadas cada día durante el distanciamiento social, para leer temas distintos a los que suelen ocupar mis momentos de lectura por trabajo y por placer, que al final resultan ser lo mismo.


23
Mar 20

Una gacela, dos perros negros y una mula

No hay duda de que Las mil y una noches es uno de los más grandes libros de todos los tiempos; y hoy me tocó La historia del mercader y el genio.  De la lectura, la frase que me gustó, dice: Sow good, even on an unworthy soil; for it will not be lost wherever it is sown.

No la pude traducir a mi gusto; pero ahi te la dejo.

Harvard Classics, Vol, 16.

De paso, conocí Las mil y una noches y a Scherezade por Scheherazade del compositor ruso Nikolai Rimsky-Korsavov ca. 1973 y esa música me fascinaba.  Mi padre me contó la historia de aquella chica desafortunada y la música me fascinó más.  Esa música me transportaba y la oía con mucha frecuencia.

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Espero que la disfrutes.

¿A qué viene esto? A que en estos días de recogimiento, por decir algo, dispuse leer lo que toque de The Harvard Classics, de acuerdo con su guía de lectura Fifteen Minutes a Day.  Dicha guía le permite, al lector viajar por las mentes y los escritos de algunos de los más fascinantes pensadores de todos los tiempos…y algunos no tan fascinantes.

El editor, Charles W. Eliot, que fue presidente de la Harvard University, más de una vez dijo en público que, en su opinión, un estante de cinco pies, podría contener suficientes libros para permitir un buen sustituto para una educación liberal, a cualquiera que los leería con devoción, incluso si sólo dispusiera de quince minutos al día para leer.  En fin, The Five-Foot Shelf of Books fue uno de los regalos que mi abuela, Frances, me regaló cuando me gradué de bachillerato en 1979.  De cuando en cuando acudo a la colección para consultas en casa; pero hoy decidí leer las lecturas asignadas cada día durante el distanciamiento social, para leer temas distintos a los que suelen ocupar mis momentos de lectura por trabajo y por placer, que al final resultan ser lo mismo.


23
Mar 20

“Madam C. J. Walker” y “Diecisiete”, para ver en Netflix

¡De lo mejor que he visto en esta temporada! Madam C. J. Walker, que es una miniserie; y Diecisiete, que es una película.  Las dos son muy diferentes, con personajes entrañables e historias bien contadas.

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Self Made: Inspired by the Life of Madame C.J. Walker es la historia de Sarah Breedlove una empresaria y filántropa estadounidense, considerada la primera mujer negra en convertirse en millonaria en los Estados Unidos. Artífice de su éxito hizo su fortuna desarrollando y vendiendo una exitosa línea de productos para el cabello y de belleza para mujeres negras con la compañía que fundó, la Madam C.J. Walker Manufacturing Company. Es la historia conmovedora  de una mujer admirable y Octavia Spencer hace los honores al representar a la señora Breedlove. Tiene solo cuatro, o cinco capítulos y cada uno es una joya.  En la peli, queda un poco mal Booker T. Washington, por quien tengo cierto respeto.

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Diecisiete es la historia de Héctor  que es un chico de 17 años que lleva dos años interno en un centro de menores. Insociable y poco comunicativo, apenas se relaciona con nadie hasta que se anima a participar en una terapia de reinserción con perros. En ella establece un vínculo con un perro, al que llama Oveja. Pero un día el perro es adoptado y Héctor se muestra incapaz de aceptarlo. A pesar de que le quedan menos de dos meses para cumplir su internamiento, decide escaparse para ir a buscarlo con la ayuda de su hermano Ismael.  A le peli le cuesta un poco arrancar, pero un vez lo hace te lleva por una aventura de hermanos, de sentimientos y de aprendizaje que disfruté mucho.

En serio te recomiendo ambas.


22
Mar 20

La tragedia de Fausto y una buena filosofía

¡Ay!, la Filosofía,
Medicina, Jurisprudencia también,
Y a mi costa la Teología,
Con trabajo ardiente, he estudiado.
Y aquí estoy, Pobre tonto,
No más sabio que antes.

Harvard Classics, Vol. 19.

Así se lamenta el doctor Fausto al comenzar La tragedia de Fausto, por Johann Wolfgang von Goethe.  Goethe a quien Federico Nietzsche llamó El Superhombre o Übermensch por sus virtudes, según me ha contado mi maestro, Warren Orbaugh.

Ayn Rand explicó que la filosofía estudia la naturaleza fundamental de la existencia, del hombre y de la relación del hombre con la existencia. A diferencia de las ciencias especiales, que se ocupan solo de aspectos particulares, la filosofía se ocupa de aquellos aspectos del universo que pertenecen a todo lo que existe. En el ámbito de la cognición, las ciencias especiales son los árboles, pero la filosofía es el suelo que hace posible el bosque; de modo que lo importante no es estudiar filosofía, sino estudiar una buena filosofía. No que no haya que estudiar filosofías, para ponerlas en evidencia cuando no son buen suelo.

La tarea de la filosofía es proporcionar al hombre una visión integral de la vida. Esta visión sirve como base, marco de referencia, para todas sus acciones, mentales o físicas, psicológicas o existenciales. Esta visión le dice la naturaleza del universo con el que tiene que lidiar (metafísica); los medios por los cuales debe lidiar con eso, es decir, los medios para adquirir conocimiento (epistemología); los estándares por los cuales debe elegir sus metas y valores, con respecto a su propia vida y carácter (ética) y con respecto a la sociedad (política); los medios para concretar este punto de vista le son dados por la estética, explica Rand.  Luego, ¿cómo puede, un doctor de la talla de Fausto, ser más sabio que antes, si no ha encontrado buen suelo, y buena filosofía?

¿Por qué supongo que Fausto no ha encontrado una buena filosofía? Porque anda buscando respuestas y poder en la magia y el misticismo.  ¿Ves que ha estudiado teología? ¡A su costo! Y en un espíritu más ligero, ¿qué sabemos de la teología? Es como estar en una habitación oscura buscando un gato negro que no está ahí; pero afirmarles a los demás, con seguridad: ¡Lo he encontrado!

Aunque La tragedia de Fausto está escrita en versos, como La Eneida, de ayer, me fue muchísimo más fácil leer aquella, que esta.  Mucho más fácil.

I HAVE, alas! Philosophy,
Medicine, Jurisprudence too,
And to my cost Theology,
With ardent labour, studied through.
And here I stand, with all my lore.

Poor fool, no wiser than before.

La lectura de hoy conmemora la muerte de Goethe el 22 de marzo de 1832.

¿A qué viene esto? A que en estos días de recogimiento, por decir algo, dispuse leer lo que toque de The Harvard Classics, de acuerdo con su guía de lectura Fifteen Minutes a Day.  Dicha guía le permite, al lector viajar por las mentes y los escritos de algunos de los más fascinantes pensadores de todos los tiempos…y algunos no tan fascinantes.

El editor, Charles W. Eliot, que fue presidente de la Harvard University, más de una vez dijo en público que, en su opinión, un estante de cinco pies, podría contener suficientes libros para permitir un buen sustituto para una educación liberal, a cualquiera que los leería con devoción, incluso si sólo dispusiera de quince minutos al día para leer.  En fin, The Five-Foot Shelf of Books fue uno de los regalos que mi abuela, Frances, me regaló cuando me gradué de bachillerato en 1979.  De cuando en cuando acudo a la colección para consultas en casa; pero hoy decidí leer las lecturas asignadas cada día durante el distanciamiento social, para leer temas distintos a los que suelen ocupar mis momentos de lectura por trabajo y por placer, que al final resultan ser lo mismo.


22
Mar 20

Los Maudslay en Esquipulas…y yo, años después

El relato sobre la visita a Esquipulas, por parte de Percival y Ann Maudslay es encantador:

A veces nos despertaba antes del amanecer por el sonido distante de la voz aguda de un niño que cantaba algunos compases de una melodía, que era captada por un coro de voces de hombres un quinto más bajo, y se repetía una y otra vez cuando el sonido se acercaba rápidamente a nuestra tienda, y luego se desvaneció en la distancia. Era el himno matutino de una compañía de peregrinos indios que regresaban del santuario del Cristo Negro en Esquipulas, que se encuentra distante durante muchos días hacia la frontera de Honduras. La gran fiesta del año se celebra en enero, y luego durante una semana o más, el pequeño pueblo de Esquipulas, generalmente medio desierto, está repleto de peregrinos. En los viejos tiempos, su fama era tan grande que atrajo a fieles desde México y Panamá, y la feria que se llevó a cabo al mismo tiempo fue el gran evento comercial del año. Allí, los comerciantes ingleses de Belice trajeron sus mercancías y continuaron con lo que era prácticamente todo el negocio extranjero de Honduras, Salvador y Guatemala, tomando a cambio el añil nativo. Durante algunos años, el trabajo de las minas vecinas de Alotepeque ayudó a mantener el negocio, pero ahora los barcos de vapor y los ferrocarriles han cambiado tanto el rumbo del comercio que la feria no tiene más importancia local. Sin embargo, el indio amante de las costumbres todavía hará un viaje de un mes alegremente, con su cacaste, para rendirle culto al Cristo Negro, y la gran iglesia todavía se mantiene en buen estado, aunque no hace muchos años fue despojada de su rico tesoro de ofrendas votivas de oro y plata por parte de una tropa de caballería guatemalteca que había sido enviada para defender la frontera contra un ataque de Salvador, y se recompensó por sus servicios patrióticos saqueando una de sus iglesias.  Los soldados ladinos regresaron a la capital con pañuelos llenos de pequeños brazos y piernas dorados  atados a sus sillas de montar, y distribuyeron libremente el botín entre sus amigos y admiradores, quienes abarrotaron  las calles para darles la bienvenida a casa.

Nótese el tamaño de la pequeña villa de Esquipulas y lo despoblado del lugar.

Durante esta y la semana siguiente nos encontramos con muchas compañías de peregrinos regresando de Esquipulas a sus pueblos cargados con los bienes que habían comprado, y con un paquete de cohetes atados al cuerpo de cada hombre, para ser despedido fuera en celebración de su regreso a casa seguro. Los peregrinos a menudo se detienen para cubrir las cruces en el camino con flores, ramas y hojas verdes, y para esparcir el suelo a su alrededor con agujas de pino frescas, y cada hombre arranca una rama verde de un árbol y golpea su pierna bruscamente con ella, para garantizar una buena salud en su viaje. A veces los indios de la colina, cuando viajar a las llanuras, unen un pequeño manojo de palos y los depositan al costado del camino, si es posible cerca de una fuente termal, como un encantamiento contra las fiebres.

Me parecieron particularmente valiosas las observaciones sobre el comercio con los ingleses de Belice y el rol del añil, así como el de la minería. En el relato del saqueo de las ofrendas votivas, ¿se halla el origen de los adornos tan particulares que usan los romeristas en Esquipulas? Como todas las guerras aquella debe haber sido horrible para los habitantes del lugar y no deja de ser curioso el rol de las supersticiones y los amuletos contra las fiebres.

Luisfi y Esquipulas

Mis padres viajaban anualmente a Esquipulas y cuando mi hermano y yo éramos muy pequeños nos dejaban en casa de mi abuelita Juanita y mi tía abuela, La Mamita.  Ahí escuché, por primera vez, de voz de La Teshita, la historia de un hombre ciego y rico que había dejado una cadena de oro como ofrenda y que había recuperado la vista; solo para volverla a perder y encontrar en su bolso la cadena luego de renegar de la visita al templo.  También escuché (¿Y no estaba muy niño como para oír historias como esa?), la leyenda de la  piedra de los compadres; que eran, ni mas ni menos, los cuerpos de un hombre y una mujer, convertidos en piedra porque, siendo compadres, se habían metido uno con la otra durante la peregrinación. Mis padres siempre volvían con amuletos, incluido mi favorito que era una pata de conejo.

Poco tiempo después, un par de veces, mis padres se iban el sábado con mi abuela, Frances; y el domingo mi tío Freddy  y otros miembros de la familia nos llevaba a mi hermano, y a mí para regresar todos juntos el domingo.

¡Pero lo mejor vino cuando yo tenía unos 9 y 10 años, ocasiones en las que nos levantábamos muy de madrugada, nos bañaban, nos vestían y nos metían al carro medio dormidos para salir rumbo a Esquipulas.  Desayunábamos en el camino, seguramente en un lugar célebre llamado…¡Chispas, se me olvidó como se llamaba!…y luego llegábamos a la iglesia, para luego almorzar, hacer alguna siesta y emprender el regreso.

A Esquipulas volví, años después en una excursión con un grupo de estudiantes y un amigo, de la Universidad y esa vez acampamos junto al cementerio de la localidad.  Fue gracioso que, en esa ocasión, el líder del grupo (el grupo era del Opus Dei) trató de convencerme de que debía confesarme.  Al negarme a hacerlo las cosas se pusieron un poco tensas, pero no mucho, y logré sobrevivir a la aventura.  En ese viaje también acampamos en la playa, de Mariscos, Izabal, y conocí Copán, en Honduras. Y ca. 1982 acompañé la caravana del Movimiento de Liberación Nacional durante la campaña electoral de aquel año.

Otro tanantal de años después volví con Raúl y el Ale durante un viaje que hicimos por el oriente del país con el propósito de visitar Copán, el Lago de Izabal, Río Dulce y Quiriguá.

Antecedentes de esta serie de entradas

Hace como cinco años me dieron ganas de compartir las fotos de A Glimpse at Guatemala(1899); un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala en tiempos de Naná Camota.  Había dejado a un lado el proyecto que voy a retomar en estos días propicios para priorizar y valorar no sólo lo que tenemos, sino a quiénes tenemos.


22
Mar 20

Adiós a Kenny Rogers

Islands in the Stream, con Dolly Parton, es mi canción favorita de Kenny Rogers y la única que me transporta en el tiempo.

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El cantante de música counrty falleció el 20 de marzo pasado y sus fans lamentan su partida. Siempre es muy triste cuando muere un ícono de la música. La estrofa que me gustaba de aquella canción, dice:

You do something to me that I can’t explain
Hold me closer and I feel no pain
Every beat of my heart
We got something going on.

Y es mi favorita no porque uno no pueda explicar por qué ama a una persona, ni qué es lo que ese amor hace por uno; sino porque abrazarse con la persona amada en momentos de dolor y de tribulación alivia los dolores  y las inquietudes; y porque es maravilloso tener algo con quien uno tiene comunidad de valores.


21
Mar 20

Un escudo para Eneas

“Hijos míos, dijo Vulcano, “deja a un lado vuestras tareas; ahora debéis probar vuestra fuerza y ​​vuestra destreza magistrales. Forjad armas para un héroe; armas que requieren de vuestra fuerza, vuestra velocidad y todo vuestro fuego en formación”, dijo. Pusieron a un lado sus trabajos anteriores, y sus nuevos trabajos dividieron ansiosamente. Un torrente de plata fundida, bronce y oro, y acero mortal, en el gran horno pusieron; De esto, sus ingeniosas manos preparan un escudo, sólo lo suficiente como para sostener la guerra. Varios orbes dentro de una ronda espaciosa se cierran: uno agita el fuego y el otro sopla el fuelle. El acero silbante está en la herrería ahogada; La gruta con yunques golpeados gime alrededor. Por turnos sus armas avanzan, al mismo tiempo; Por turnos, sus manos descienden y los martillos repican. Convierten la masa brillante con pinzas torcidas; El ardiente trabajo continúa, con canciones rústicas, dice Virgilio, en LaEneida, al relatar cómo es que Vulcano y sus hijos forjan un escudo prodigioso para Eneas, a solicitud de Venus, padre del héroe troyano.

Harvard Classics, Vol. 13

¡Ah, chispas!, cómo me costó leer aquellos versos en inglés y admito que la traducción al español está fatal. Empero, es notable que en el Día mundial de la poesía, la asignación de lectura haya sido La Eneida; que es una epopeya que describe la destrucción de Troya y la  posterior fundación de Roma.

Con ocasión de esta conmemoración, es oportuno recordar algo que John Keating les dijo a sus estudiantes en La sociedad de los poetas muertos; No leemos y escribimos poesía porque es lindo; leemos y escribimos poesía porque somos miembros de la raza humana. Algo que no debemos olvidar en tiempos difíciles, digo yo. Y en esa dirección les comparto el poema If, de Rudyard Kippling, leído por Michael Caine.

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¿A qué viene esto? A que en estos días de recogimiento, por decir algo, dispuse leer lo que toque de The Harvard Classics, de acuerdo con su guía de lectura Fifteen Minutes a Day.  Dicha guía le permite, al lector viajar por las mentes y los escritos de algunos de los más fascinantes pensadores de todos los tiempos…y algunos no tan fascinantes.

El editor, Charles W. Eliot, que fue presidente de la Harvard University, más de una vez dijo en público que, en su opinión, un estante de cinco pies, podría contener suficientes libros para permitir un buen sustituto para una educación liberal, a cualquiera que los leería con devoción, incluso si sólo dispusiera de quince minutos al día para leer.  En fin, The Five-Foot Shelf of Books fue uno de los regalos que mi abuela, Frances, me regaló cuando me gradué de bachillerato en 1979.  De cuando en cuando acudo a la colección para consultas en casa; pero hoy decidí leer las lecturas asignadas cada día durante el distanciamiento social, para leer temas distintos a los que suelen ocupar mis momentos de lectura por trabajo y por placer, que al final resultan ser lo mismo.