24
May 15

Encuentro con el guerrero jaguar enmascarado

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El Guerrero con máscara de jaguar en posición de acecho es la pièce de résistance de la exhibición Tesoros del espíritu maya organizada por la Fundación Ruta Maya. Desde que supe de la existencia de esta obra maestra me moría de ganas de verla. ¡Y se me hizo!

El guerrero es uno de los hallazgos asociados al Período Clásico Temprano de Guatemala (ca. 250 AC -600 DC) más impresionantes de las últimas décadas. De hecho, es el único ejemplo bien preservado conocido hasta la fecha, de una figura tridimensional de gran tamaño realizada en estuco y con su color original conservado.  Sus medidas son 66 cm. de alto; 266 cm. de largo; y 105 cm. de ancho.

Esta escultura fue encontrada a mediados de la década de 1990 durante la perforación de un pozo de agua en una finca de ganado, al suroeste del lago Petén Itzá, rumbo a La Libertad (Petén) donde los montículos circundantes ya habían sido destruidos. La escultura fue severamente quebrada al ser sacada por los trabajadores locales y se vendió hecha pedazos en el mercado ilícito.  Mientras se mantuvo en una colección privada, lejos de la vista pública, se inscribió en el Registro de Bienes Culturales (1996) y se procuró su restauración. En agosto de 2013 fue cedida a La Fundación La Ruta Maya con los propósitos de custodia, conservación, exhibición, educación e investigación de esta pieza única en su género.

El guerrero está expuesto junto a otras piezas magníficas en la exhibición Tesoros del Espíritu Maya  desde el 21 de mayo hasta finales de octubre de 2015 en el Artecentro Graciela Andrade de Paiz ubicado en la 9ª calle entre 8va y 9ª avenidas de la zona 1. Hay parqueo enfrente.

Todas las piezas de esa exhibición merecen mención; pero mis favoritas fueron las siguientes:

  • Una imágen de Ah puch, el dios de la muerte, porque la mayoría de las personas ignora que en los chapinesdecimos ¡Ah puchis!, cuando algo nos sorprende, nos causa repulsión o nos espanta, en referencia a aquel personaje del panteón maya.
  • Una hacha antropomórfica que representa la cara de una persona aparentemente cubierta con la piel de un desollado.  La piedra está pintada con cinabrio que, por su color, representa sangre.
  • Un disco con serpiente emplumada, que posiblemente era un pectoral, hecho con mosaicos de jade, coral y concha.  Me recordó muchísimo a un dragón chino.
  • Una tapadera de inciensario estilo teotihuacano que representa a una deidad con dos caras, como Jano y me recordó a Abraxas (de Demián, por Herman Hesse, que es uno de mis libros favoritos). La foto me salió fatal y por eso no la publico aquí.
  • Finalmente una colección de hondas encantadoras.  Una de ellas hecha con la quijada de algún animal, y otra cuyo mango es una cajita en la cual se encuentra un esqueleto tallado en madera.

Entre los vasos y platos que se exhiben hay uno que muestra a un gobernante con máscara de reptil, otro que muestra al dios del maíz danzando y un plato que es una flor. ¡Ah, toda la exhibición es estupenda, no te la pierdas!


27
Abr 15

Calavera de cristal expuesta en Museo Popol Vuh

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Una calavera de cristal, parecida a las de la película Indiana Jones en el reino de la calavera de cristal, es exhibida por unos días en el Museo Popol Vuh, de la Universidad Francisco Marroquín.

El cráneo es de cristal de roca y muestra rastros de cinabrio; un mineral rojo que  simboliza sangre, por su color y era usado por los mayas para la protección de tumbas por su alta toxicidad.

Entre los aztecas y toltecas era común guardar cráneos como trofeos de guerra. Por ejemplo, la diosa Cuatlicue o La de la Falda de Serpiente, está adornada con calaveras y otras partes humanas en su cuerpo. Los primeros españoles que tuvieron contacto con los habitantes del continente americano observaron que en muchos edificios estaban ornamentados con calaveras colgadas, y en la colección del Museo Popol Vuh, varias urnas funerarias están decoradas con cráneos descarnados. Los sacerodotes Xipe Totec se cubrían a sí mismos con la piel de sus víctimas y en la colección de Museo pueden ser observadas piezas con esta característica macabra.

La revista Archaeology, en su edición de mayo/junio de 2008, publicó un reportaje sobre la leyenda de los cráneos de cristal.

En el mundo hay varias calaveras similares. En el Museo de Arqueología de México hay una adornada con turquesas, y más de una circula en exhibiciones y ferias como objetos con poderes sobrenaturales y curativos. Las hay de cristal de roca; pero también hay falsificaciones, tan evidentes, que son de vidrio y de acrílico. De una de las más famosas se cuenta que fue encontrada por un arqueólogo en un templo de Belice, en la selva; sin embargo, no falta quien diga que la compro en una subasta en Europa. En el Museo Británico hay otra que se supone que fue elaborada en el siglo XIX. También el Museo del Hombre, en París; y la Smithsonian Institution, cuentan con calaveras de cristal.

La calavera del Museo Popol Vuh forma parte de la colección que le dio origen al mismo y que fue propiedad del coleccionista Jorge Castillo, antes de que él lo donara a la UFM en 1977.

El Museo Popol Vuh se encuentra en el campus de la Universidad Francisco Marroquín, 6 calle final, zona 10. Teléfono 2338 7896. La admisión es de Q35 para adultos, y de Q10 para niños de 10 a 12 años; para estudiantes con carné es de Q15. Estacionamiento, Q30 por hora.


23
Mar 15

En recuerdo de Hipatía de Alejandría

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Acabo de notar que varios de mis cuates de Facebook están posteando alusiones a Hipatía de Alejandría; y esto es porque aquella filósofa y científica fue asesinada en marzo de 415, o 416.

Hipatía estacó en los campos de las  matemáticas y la astronomía. Cultivó la lógica y las ciencias exactas. Hija y discípula del astrónomo Teón, Hipatia fue la primera mujer matemática de la que se tiene conocimiento razonablemente seguro y detallado. Escribió sobre geometría, álgebra y astronomía;  gmejoró el diseño de los astrolabios primitivos e inventó un densímetro.

Su asesinato es impresionante: En plena Cuaresma un grupo de fanáticos  se abalanzó sobre la filósofa cuando ella regresaba en carruaje a su casa.  Fue golpeada y arrastrada por toda la ciudad.  Fue desnudada y  golpeada con piedras y tejas hasta ser descuartizada y sus restos fueron paseados en triunfo por la ciudad para finalmente ser incinerados.

Ahora que se recuerda a esta mujer extraordinaria, Agora es una película que te recomendo.   Su nombre ha sido rescatado, para la cultura popular, por la extraordinaria película de Alejandro Amenábar.


19
Dic 14

José García Sánchez y los terremotos de 1917 y 18

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José García Sánchez, propietario del estudio fotográfico La exposición, fue El hombre que fotografió la Historia.  Con ocasión de los terremotos de 1917 y 18 él y su esposa se hallaban en la Catedral de la ciudad de Guatemala.  El tomó una foto de la nave, viendo hacia el Poniente e inmediatamente ocurrió el sismo que derribó la cúpula y destruyó parcialmente aquel edificio. Gracias a que él se hallaba ahí, en ese preciso instante, nos legó fotografías -separadas por pocos segundos-  que retratan aquella gran tragedia. Así me lo contó mi cuate, el doctor Jorge Mario Zebadúa G., nieto de don José.

De don José, el autor de Imágenes del recuerdo (en Prensa Libre), Armando Moreno, escribió:  don José García Sánchez, fue el hombre que dejó plasmada parte de la historia gráfica de Guatemala, en sus momentos de alegría y tragedia.  Español de pura cepa, llegó a Guatemala con una compañía de zarzuela, se enamoró de Guatemala y se quedó aquí para siempre. Falleció hace ya algunos años.  En diversas oportunidades la pregunta obligada de los amigos lectores es ¿Y cómo consigue las fotos?  Hoy contestaremos la pregunta adjunta a la evocación de uno de los más grandes fotógrafos que ha tenido Guatemala, gráficas que él tomó personalmente durante una época que ya es historia en nuestro medio.  En los libros “La calle donde tu vives” [de Héctor Gaitán] se han publicado.

En 1970, Arturo Taracena F. editó el libro Los terremotos de Guatemala, Album conmemorativo del cincuentenario (1917 y 18-1968) , que fue publicado por la Tipografía Nacional.

El álbum con las fotos de don José García S.

En el libro, Taracena cuenta que para conmemorar el cincuentenario de los terremotos que destruyeron la ciudad de Guatemala, se presentó en el pasaje del Palacio Nacional una exposición de fotografías alusivas. Este álbum ofrece la imagen de Guatemala antes de los terremotos y de los efectos de aquella catástrofe a fin de perpetuar su recuerdo ante las nuevas generaciones, las cuales tendrán, como es natural, cada día menos noción de la magnitud y consecuencias de la dramática prueba de los terremotos ocurridos entre el 25 de diciembre de 1917 y el 24 de enero de 1918. La idea conmovedora de la destrucción material, proporcionada por las fotografías, se completa con la lectura de dos de las emocionadas e impresionantes crónicas de José Rodríguez Cerna, reproducidas de su libro “Entre Escombros”, publicado a mediados de 1918, haciendo verdad su título, literalmente entre escombros, frescas, patentes, las terribles escenas vividas por los guatemaltecos de entonces.

Algo de lo que escribió Rodríguez Cerna: 

La ciudad alegre y confiada tuvo en la noche del 25 el despertar del terremoto.  Un instante bastó para que el “Aquí fue Guatemala” fulgurara en el muro sombrío; y el techo se desplomó sobre los desprevenidos comensales de la vida… Nada permanecía en pie.  Los edificios caían con sordo estruendo o como con quejidos lastimeros, envueltos en el espeso sudario de un polvo de asfixia.  En una inverosímil embriaguez, como una bacante loca, la ciudad se entregaba a la más trágica de las danzas, presa de un vértigo sin nombre.  Las maderas unificaban su fracaso en un solo estrépito infernal.  Por los techos rotos, a través de los claros que dejaban las tejas que a chorros caían a la calle, el cielo se asomaba por primera vez… Apagada la luz eléctrica, la catástrofe exterminó con la complicidad de la tiniebla.  Y arriba, aunque velada por el polvo, la ironía de una luna veraniega poniendo su  manso contraste de claridad sobre el pavor indescriptible; aunque a las veces parecía también pálida de miedo… Las gentes saltaron enloquecidas y semidesnudas de los lechos.  Entre la oscuridad y el tumulto del maderamen y de los muros que caían, los niños fueron llevados casi a rastras.  Las pequeñas camitas, cerca de las cuales pudiera aún oírse vibrar de alas angélicas, quedaron destrozadas, como frágiles cuerpos… el loco terror se daba cuenta de lo que sucedía.  Un inmenso grito de desesperación subió desde todos los ámbitos hasta los cielos impasibles y serenos… Llegaban veloces mensajeros de horror, con detalles del cataclismo, que en cada barrio se creía mayor que en los demás.  Para escuchar los detalles espeluznantes la curiosidad se arremolinaba en corrillos ansiosos, que se estremecían a cada relato:  Por los suelos los templos, los edificios públicos, las casas famosas por su lujo o su belleza… Poco a poco la ciudad se fue convirtiendo en campamento.  Las primeras covachas, las improvisadas barracas, surgieron entre la arboleda de los parques, a lo largo de las calles, dentro de los solares, en los campos vecinos. Fue un heterogéneo conjunto de materiales, en que el zinc fraternizó con el petate y la madera con flotantes telas.  La metrópoli cobró un vistoso y bizarro aspecto de agrupación de beduinos y de conglomerado de esquimales… Al aire libre ardieron fogatas y aparecieron puestos de venta.  La oferta y la demanda entablaron su antigua disputa bajo cualquier toldo tambaleante.  Las abluciones mañaneras se hacían a la vista de todo el mundo: se iniciaba la promiscuidad de la desgracia.  Lo que se pudo salvar se aglomeraba en montón: sillas sobre camas, consolas de mármol a la par de enseres de cocina.  Se oyeron las primeras risas y todos contaban a todos dónde y de qué manera les había sorprendido el terremoto.  Hubo chisporrotear de anécdotas y asomó la eterna vanidad en el relato de sucedidos estupendos y salvaciones milagrosas...

Los terremotos de 1917/18 y yo

Tuve la dicha de que mi abuelita Juanita y mi tía abuela La Mamita me contaran, durante mi niñez y mi adolecencia, sus experiencias durante aquellos terremotos.  La casa de mi bisabuela, Gilberta, quedaba en la Quinta avenida y 15 calle de la zona 1, justo al lado del consulado de los Estados Unidos de América, edificio que cayó parcialmente en el patio de mi bisabuela.  Ella y su familia se mudaron al campamento que se instaló en el vecino Parque Concordia y ahí pasaron unos días antes de conseguir un alojamiento mejor en lo que su casa era descombrada.  Por ella supe de las angustias y las penas, las privaciones y las incomodidades.  Relatos y experiencias que luego viviría -salvando las distancias- en el terremoto de 1976.

¿Por qué compartir estas fotos?

Francis Gall, presidente de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala, le escribió a Taracena Flores y le dijo:

  1. Los terremotos de 1917-1918 echaron por los suelos la mayoría, si no todas, las construcciones que eran orgullo de la ciudad, como lo demuestra la valiosa serie de sus fotografías.
  1. Las fotografías dan una idea completa de la magnitud de los sismos y constituyen los únicos testimonios gráficos existentes de los fenómenos telúricos acaecidos hace 50 años [96 años, ahora].  Son, de consiguiente, importantes documentos que muestran lo que era la ciudad antes del aciago mes de diciembre de 1917.
  1. De consiguiente, opino que debe hacerse un esfuerzo para publicación de todas las fotografías, por constituir valiosos documentos que hablarán a la posteridad y que, gracias a su conocida acuciosidad y devoción hacia lo nuestro, con ímprobos trabajos usted ha sabido reunir.

Celebro, pues, que mi cuate Jorge Mario Zebadúa G, nieto de El hombre que fotografió la Historia, haya compartido conmigo estas fotografías y el libro de Taracena Flores.  Estoy seguro de que los lectores valoran ese gesto, y que lo valorarán muchas generaciones de chapines más.


12
Dic 14

“Cómo se manipuló la paz”

141212 Como se manipuló la paz

¡Ya está a la venta el libro Cómo se manipuló la paz!; pero, ¿por qué es importante? Porque la Historia estudia la acción humana como tal y esta no es sólo una colección poco más o menos ordenada de datos; sino que trata de las valoraciones y las motivaciones de los actores en contextos específicos.

Durante 36 años grupos armados intentaron establecer –en Guatemala– una dictadura del proletariado inspirada en los pensamientos colectivista y totalitario que hace posibles pesadillas como la de Cuba, la de Corea del Norte, para citar sólo dos que sobreviven en nuestros días.

Aquellos grupos fueron derrotados cívica, política y militarmente.  Cuando colapsaron sus patrones en Europa oriental, la Unión Soviética y Asia, se hubieran vuelto irrelevantes (como pelusa en el ombligo), si no hubieran recibido apoyo  –en Occidente – para conseguir acuerdos de pacificación que no sólo les lavarían la cara, sino que les conseguirían espacios políticos y mediáticos.   Actualmente mantienen esos espacios mediante actos de violencia como bloqueos de carreteras; y el control de la narrativa acerca de la natualeza de sus acciones, de sus valoraciones y de sus motivaciones.

Cómo se manipuló la paz es una obra que ayuda al lector intelectualmente honesto a integrar y comprender lo que ocurrió luego del colapso de la exguerrilla y su resurgimiento como casta revolucionaria en ¿tiempos de paz?

Uno puede estar en desacuerdo con ciertas partes de la obra.  Por ejemplo, en el hecho de que –en un estado de derecho– es inadmisible que la institución armada se dedique a hacer obras que les deberían estar vedadas a otras ramas del sector público (que es el sector coercitivo de la economía y de la sociedad).  Pero, superado este detalle (importante), a quien quiera entender qué ocurrió en Guatemala seguramente le interesará conocer la perspectiva de la historiografía militar sobre los derechos humanos en el conflicto armado, así como las ficciones y la leyenda negra elaborada en ese campo.  Le interesará saber cómo es que los vencidos se apoderaron no sólo del tema de los derechos humanos, sino del indigenismo y de la bandera de la paz.

Columna publicada en El periódico.


07
Dic 14

El abuelo de mi tatarabuela, ella y la anexión de Hawaii

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Hawaii fue formalmente anexado a los Estados Unidos de America el 12 de agosto de 1898, y el abuelo de mi tatarabuela -William Wond-  fue uno de los que se opuso; y también mi tatarabuela, Edwina  Minnie Schuman née Hart. El 17 de enero de 1893 un grupo de ciudadanos estadounidenses, apoyados por el gobierno de los Estados Unidos, le dio un golpe de estado a la reina Lili’uokalani, y estableció una república independiente cuyo objetivo fue el de facilitar la anexión de aquellas islas a los EE.UU.  Como miembro de la Hawaiian Patriotic League, William Wond firmó una de las peticiones hechas la presidente William McKinley para que no se hiciera aquella anexión.  La ilustración de esta nota muestra una de las hojas de la petición, encabezada por Wond.

Curiosamente, o tal vez no tan curiosamente, la historia familiar cuenta que Fred W. Makinney, el tercer esposo de mi tatarabuela (antes de que se casar con ella) redactó la carta -enviada por el gobierno provisional de Hawaii al presidente Grover Cleveland- en la que se solicitaba aquella anexión. Me encanta esta historia porque es uno de esos casos en que en una misma familia hay dos posiciones políticas radicalmente opuestas. Cuando mi tatarabuela firmó la carta, todavía estaba casada con mi tatarabuelo, Emil Schuman.  Abajo la petición firmada por mi tatarabuela Minnie. Los hombres firmaban en peticiones distintas a las de las mujeres.

Parte de los Makinney acaban de estar de visita en Guatemala y conocieron La Antigua y Panajachel.  Mi sobrino, Luis Andrés, encontró las peticións firmada por William y su nieta Minnie…y qué coincidencia, hace 73 años fue el ataque japonés a Pearl Harbor.

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13
Nov 14

Parque Concordia y terremotos de 1917-18

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Para los terremotos de 1917-18, mi bisabuela Gilberta y su familia pasaron varios días y noches en carpas (polveras o tembloreras, les decía la gente) ubicadas entre los grandes árboles que había en el Parque Concordia (ahora conocido como Parque Enrique Gómez Carrillo y mucho antes conocido como Las victorias).  Luego pasaron un tiempo en la Casa de te, en el Zoológico La aurora y luego no recuerdo donde hasta que pudieron volver a su casa.

Su casa, ubicada en la Quinta avenida y Quince calle de la zona 1 no fue muy dañada; excepto porque parte del consulado de los Estados Unidos de América, que era su vecino de mano izquierda, cayó en la parte de atrás del inmueble.  Todo esto me lo contó mi abuelita Juanita.  La embajada de los Estados Unidos se nos metió en el patio de atrás, decía ella.

Gracias al grupo Fotos antiguas de Guatemala encontré las fotos que ilustran esta entrada. Una es del parque como era en aquellos tiempos, y otra de una polvera.  Nótense el hacinamiento de los muebles y el estilo de estos. ¡Y otra de la Quinta avenida y 15 calle viendo hacia el Sur!  Mi abuela, Juanita, contaba de unos italianos que tomaban bon vino, y de un chino que componía bombillas eléctricas.  Si lo que está a mano izquierda (aunque no se ve) es el Parque Concordia, la casa de mi bisabuela estaba sobre la Quinta, a mano derecha, y sería la penúltima casa de esa cuadra.  Al fondo de la cuadra de la izquierda parece que  todavía no estaba construido el inmueble que luego ocuparía el consulado de los EUA. Esta foto es de Kildare & Valdeavellano.

Los terremotos de 1917 y 1918 se les llaman así porque aunque los sismos comenzaron el 17 de noviembre de 1917, lo sucedieron cuatro mas fuertes y devastadores. El primero fue el del 25 de diciembre de 1917 a las 10 de la noche y el segundo ocurrió el 29 de diciembre de de ese año;  el tercero fue el 3 de enero de 1918 y el ultimo sacudió el 29 de enero de ese año.


03
Nov 14

Idolos de piedra en el camino a Mixco

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Dicen los Maudslay: We had set out late in the afternoon, and our first journey  was purposely a short one of eight miles, -just enough to settle down men and mules to their work, – to the small town  of Mixco, the home of arrieros, mules, washerwomen, and bakers and purveyors in general to the capital.  A los viajeros les faltó contar que de Mixco también venían las chichiguas o nodrizas para los niños que las necesitaban en la ciudad de Guatemala.

Me dieron ganas de compartir las fotos de A Glimpse at Guatemala(1899); un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.


26
Oct 14

“La ciudad de Guatemala desde el Cerro del Carmen”

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Cuentan los Maudslay: The city of Guatemala occupies a beautiful position in the middle of a broad plain, surrounded on all sides by mountains and volcanoes…Two storied houses are as scarce as earthquakes are frequent.  Churches and houses alike are white-washed, and the general  effect is cheerful and even dazzling in the bright sunlight of the tropics…Street tramways, telegraph and telephone wires and enectric lights are there to keep us up to date; but in spite of their intrusion, it is Old Spain -the Spain of the Moors- which comes uppermost to one`s mind when wandering agout the city….Nothing in the whole city was so attractive to both of us as the great market-place, and there we spent many hours.

Me dieron ganas de compartir las fotos de A Glimpse at Guatemala(1899); un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.

La ilustración es de Blanche Hunter a partir de una fotografía.


23
Oct 14

“Desembarcando en San José”

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Me dieron ganas de compartir las fotos de A Glimpse at Guatemala (1899); un libro publicado por Ann Carey Maudslay y Alfred Percival Maudslay, viajeros británicos que estuvieron en Guatemala a finales del siglo XIX.  La primera es esta de un grupo de viajeros desembarcando en el puerto de San José.  No sólo es una de las primeras del libro, sino que recuerdo que mi bisabuela, Adela, me contó que así la bajaron del barco cuando ella vino a Guatemala unos años después.

Dicen los Maudsley: We anchored in the open sea, and when the time came to go ashore we were each in turn swung over the ship´s side in a chair and deposited with a bump on the top of the other passengers and piles of baggage in a large lighter which swayed alongside.

La ilustración por Ada Hunter es a partir de una fotografía.