El sábado almorcé en Los esclavos; y el domingo almorcé en La libertad. Esto es porque, con un grupo de amigos, nos fuimos a El Salvador. Pasamos, por supuesto, por el Puente de Los Esclavos, en Santa Rosa; y me extrañó mucho que, aunque todos los del grupo ya habían pasado por ahí, y conocían de la existencia de este hermoso puente de finales de los años 1500, ninguno sabía que lo hizo el Diablo.
Según la leyenda, el esclavo que estaba encargado de la construcción del puente le vendió su alma al Príncipe de las Tineblas, a cambio que la obra fuera terminada. Una vez concluida esta, el esclavo se le escapó a Satanás y este, enojado, le quitó una piedra al puente para que no quedara concluido.
Detrás del puente se observan el embalse y la represa del río, mismos que sirven para la generación de energía eléctrica.
Frente al puente nuevo, sobre el río, hay un turicentro donde se comen sandwichs sabrosos, y bueno…el domingo, salimos de San Salvador para almorzar pescado y caldo de mariscos en el puerto de La libertad. Por cierto que, para regresar, usamos la impresionante carretera panorámica del país vecino, ruta que pasa a lo largo de la costa y atravisesa 5 puentes. Es más larga que la vía normal, pero de verdad es muy hermosa.

