21
Abr 14

¡Caldo de huevos para el almuerzo!

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En casa, el caldo de huevos que hacemos es la receta de mi bisabuela, Adela.  Es uno de mis platos favoritos en todo el universo mundo porque es delicioso y es algo muy de la familia.  Y ayer disfrutamos de esta delicia.

Pones a hervir los huesos, y la carne del pavo de la Navidad (que has guardado en el congelador) junto con el relleno y el gravy que sobraran.  Que hierva a fuego lento unas dos, o tres horas.  Luego lo cuelas bien. Bien.  Le añades Cremas de tomate (de sobre, o de lata) hasta que adquiera un color rojo atractivo; pero que el sabor de las cremas no supere al del caldo del pavo.  Le añades un ramo de apazote y lo dejas hervir otra hora.  Sazonas y eso es el caldo.

En una olla pequeña pones caldo y ahí, en un cucharón de servir sopa, cueces un huevo. Cuando el huevo está cocido a tu gusto (a mí me gusta tierno) lo sirves en el plato en el que lo comerás y le añades caldo hirviendo, y buenos queso parmesano y crema.  Y algo de chiltepe, si te gusta el picante.

En realidad y para mi gusto, lo mejor del pavo es el relleno y lo que viene después: este caldo de huevos y los sandwichs de pavo.  Normalmente los comemos cerca de la Navidad o del Año Nuevo; pero esta vez esperamos para esta temporada y fueron muy bien aprovechados.


21
Abr 14

Este año también hubo alfombra

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¿Por qué es que practico algunas tradiciones -aunque no esté de acuerdo con la filosofía de muchas de ellas-? Es que me gusta el encuentro entre generaciones; el establecimiento y fortalecimiento de vínculos culturales, históricos, familiares, y amistosos.  Las tradiciones nos presentan la oportunidad de enriquecernos cultural y afectivamente.  Nos sirven para  aprender acerca de costumbres y prácticas que no sólo son inmemoriales (en muchos casos), sino que se han adaptado, o han permanecido prácticamente inmutables.

Los lectores descuidados creen que porque uno es individualista debería rechazar las prácticas culturales colectivas.  Empero, no hay nada en el individualismo metodológico que apunte en esa dirección; y ciertamente no hay nada en el individualismo -como principio según el cual los hombres poseen  derechos inalienables que no les pueden ser arrebatados por ningún otro hombre, ni tampoco por cualquier número, grupo o conjunto de hombres- que apunte hacia aquella creencia.

Las tradiciones colectivas son parte de la evolución social y la enriquecen.  Son parte del largo proceso de prueba y error por medio de cual crece y prospera una sociedad.  No sólo de forma, sino también de fondo.  Las tradiciones dan un sentido de pertenencia: a este grupo de amigos, a estas familias, o a esta tribu.

Dicho lo anterior, de verdad les agradezco a mi bisabuela, a mis abuelas, a mis padres, a mis amigos y a todos los que no sólo me enseñaron a disfrutar de las tradiciones y de la alegría de celebrarlas en compañía de quienes uno ama; sino que me permiten ser parte de ellas.  ¡Mi vida es muchos más rica gracias a las experiencias, y a quienes me acompañan en el camino de vivirlas!

Este año, como en 2013,  hicimos con unos amigos en la Quinta avenida y Primera calle de la zona 1. Las alfombras son componentes propios e indispensables de las procesiones chapinas. En su libro, Alfombras de aserrín,  Amelia Lau Carling cuenta que La semana antes del domingo de Pascua…los vecinos crean alfombras de aserrín teñido, de flores y de frutas sobre el camino de muchas procesiones.  Año tras año las hacen con nuevos diseños.  Año tras año las procesiones marchan sobre ellas, destruyendo sus dibujos al pasar.  De niña en Guatemala, mi hogar era el de una familia china que se aferraba a sus costumbres.   Pero la semana santa era una temporada como ninguna otra hasta para una familia china tan tradicional como la nuestra.  Con los vecinos nos juntábamos en las aceras para admirar las alfombras antes de que los cortejos caminaran sobre ellas.  Viendo las procesiones, yo sentía que la historia que narraban ocurría ahí mismo.  Y la belleza de los breves tapices creados con tanto primor se ha quedado grabada en mi corazón.

Elegí este relato porque Amelia expresa muy bien mis propios sentimientos frente a las alfombras; porque la familia de Amelia vivía en la Quinta Avenida de la zona 1, a unas cuadras donde vivía mi tatarabuela, Gilberta y su familia, sobre la misma avenida en la que hicimos la alfombra del viernes; y porque este año –por segunda vez en mi vida– estuve algo involucrado en la elaboración de una alfombra de aquellas.

Al describir el proceso, Amelia cuenta que Primero puso una capa de aserrín natural y la regó con agua.  En seguida sus ayudantes dibujaron sobre ella las figuras de aserrín coloreado.  Se encaramaban sobre  tablas para alcanzar los lugares que debían adornar sin estropear lo que ya habían hecho.  Con un colador y unos esténciles de cartón, pasaban finas lloviznas de colores.  Cuidadosamente medían los diseños, siguiendo las instrucciones…luego otro ayudante pasaba por toda la alfombra con una regadera muy fina de agua, “pish, pish”, para que el aserrín quedara bien plano.  Ay, que linda era.  ¡Parecía una alfombra de verdad!

Luego de elaborar la alfombra, y luego de que pasara la  procesión de La Recolección, doña Yoli nos invitó a almorzar los tradicionales bacalao a la vizcaína y torrejas.  ¡Que le salen deliciosos!  Una buena recompensa por unas 6 horas de trabajo…que no cuentan como trabajo porque es un agradable encuentro entre viejos y nuevos amigos, acompañado por buenas bebidas y variadas bocas o tapas. A veces cansados, pero siempre dispuestos a reírnos y a disfrutar de todo lo que es bueno, lo que es bello y lo que es pacífico.  Le haim.

El de la foto de abajo (por Bernardo) es el equipo que elaboró la alfombra frente a la casa de doña Yoli.

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20
Abr 14

La fiesta de la fertilidad

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¡Los huevos de colores ya están en casa…y los trajo El conejo, según la mitología! Desde tiempos antiguos, el conejo era un símbolo de la fertilidad asociado con la diosa fenicia Astarté, a quien además estaba dedicado el mes de abril.

Me gusta mucho esta fiesta porque es alegre y colorida.

En recuerdo de aquella diosa, a la festividad de pascua se la denomina Easter, en algunos paísesEsto es porque también era la festividad de la primavera para honrar a la diosa teutónica de la luz, a quien se conocía en el mundo anglosajón como Easter.  Para el siglo VIII los anglosajones ya habían transferido dicho nombre a la fiesta cristiana.

Según un mito del pueblo de Chiconamel, del norte de Veracruz, cierto dios ocasionó un diluvio universal; y sólo un hombre y su familia se salvaron contra la voluntad divina porque se escondieron en un cajón, siguiendo el consejo que les dio un conejo. El dios que había ocasionado el diluvio se enteró de los sobrevivientes cuando estos encendieron fuego para asar pescados; y de acuerdo con el relato nahua, el conejo fue castigado;  y por salvar a los hombres fue condenado a alumbrarlos y fue transformado en la Luna. ¡Por eso es que cuando hay Luna llena, lo que ves es la imagen de un conejo! Esto lo leí en Imágenes de la mitología maya, por Oswaldo Chinchilla.

Cuando era niño esperaba con muchas ganas este día (a pesar de que era el último de las vacaciones) porque el conejo llegaba a la playa, a Panajachel, a la casa -o donde quiera que estuviéramos- ya que mis padres acarreaban huevos de chocolate, o de almendras. Sin que los niños nos diéramos cuenta, mis padres escondían los huevos en el jardín y en el momento oportuno nos decían que el conejo había pasado y que saliéramos a buscar huevos. Cuando los mayores crecimos un poco, se nos mandaba a alguna habitación lejos del jardín y -aunque ya sabíamos que eran mis padres los que escondían los huevos, y que no había tal conejo- igual disfrutábamos de salir a buscar y encontrar los dulces. Cuando chicos, lo importante era encontrarlos; y cuando crecíamos el asunto era de a ver quién encontraba más.


20
Abr 14

Los aromas de la temporada: corozo y jocotes marañones

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¿A qué huele esta temporada en Guatemala? A corozo y a jocotes marañones.  A pan de yemas horneado en leña, a dulce de garbanzos, a bacalao, a moyetes y torrejas, a mangos en dulce, a encurtido…y a bronceador.

En casa el aroma del corozo y de los jocotes marañones alegra mis mañanas de esta temporada; así como el del pinabete y las manzanillas alegra mis mañanas de fin de año.

El corozo es la flor del manaco, una especie de palma; y viene en vainas conocidas como pochas.  A los jocotes marañones o anacardos me los gozo muchísimo en refresco y en helados. Me gustan su textura y su sabor; pero sobre todo su aroma.

En esta temporada, además de ser consumidos como frutas, la gente los usa para adornar altares y andas propios de la festividad.


19
Abr 14

¡Miel de garbanzos!, al estilo de la costa sur

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¿Y  qué hubo hoy, para el desayuno? La deliciosa miel de garbanzos tradicional de la costa sur guatemalteca.  Deliciosos y delicados garbanzos acompañados con cubitos de mangos, plátanos maduros y papaya, bien caladitos en panela canche.

Ya solitos son buenos; pero…¿qué tal si en esa miel remojas pan de horno de leña?  ¡Aaaaaaaaaaaah, eso es la vida!, como dijeron unos cuates peruanos el año pasado cuando la probaron en casa.

Este es uno de los dulces tradicionales de esta temporada y en casa hacemos dos versiones, esta de la costa sur y la que es propia de la ciudad de Guatemala y del altiplano.

Nota el colorido de la fruta entre la miel y los garbanzos.  Atrás, en la foto, se atisba algo del pan tradicional de la costa.


19
Abr 14

Choque de dos culturas

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Mi amiga Anna, me explicó que eso de los sneakers  colgados del tendido eléctrico se llama shoe tossing y que  podía significar que: en las inmediaciones se venden drogas, señalar el territorio de alguna pandilla, o algún tipo de celebración.   De esto me acordé el jueves pasado cuando al paso de la procesión de Candelaria los portadores de las liras que sirven para elevar los cables eléctricos -y que estos no obstaculicen el paso de las imágenes- bajaron un par de zapatos en la Décima calle y Quinta avenida de la zona 1.

Es el choque de dos culturas, pensé.


17
Abr 14

Mi no encuentro con García Márquez

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Esta es la historia de como me encontré con Gabriel García Márquez…y no. En septiembre de 1999, a mi regreso de Taiwán, pasé por Los Angeles;  y como tenía que esperar varias horas antes de mi vuelo para Guatemala tomé una habitación en un hotel cercano al aeropuerto y me quedé dormido.  Para cuando desperté el avión para Guatemala había salido de LAX una hora antes…y con mi equipaje.

A la mañana siguiente, tan temprano,  como pude me fui al aeropuerto y frente un escritorio le conté a la chica que me atendió lo que  me había pasado y le pedí que me confirmara si mi equipaje se había ido sin mí y si ya se hallaba en Guatemala, o si tenía que hacer algún trámite en Los Angeles para encontrarme con él.

En el escritorio de al lado había un hombre maduro acompañado por dos damas.  Una poco más o menos de su edad y otra menor.  El hombre escuchó mis penas y cuando resolvió su asunto se levantó, me puso la mano en el hombro y me dijo: Espero que su problema se arregle.  O algo parecido.  Asentí y sonreí, y él y sus acompañantes se alejaron.

La chica que me atendía me preguntó: ¿Sabe quién es él? Y yo, que a veces ando en piloto automático y que en ese momento estaba más interesado en mi equipaje que en otras cosas le contesté que no.   Es un escritor famoso, me dijo, y luego le preguntó a su  compañera: ¿Cómo es que se llama? A lo que la otra chica contestó: Gabriel García Márquez.

Y yo, ¿qué iba a hacer? Oh, me dije en voz alta.

La cosa es que aunque disfruté El otoño del patriarca y El coronel no tiene quien le escriba –y mucho más tarde disfrutaría de Memorias de mis putas tristes-  lo cierto es que no puedo ser fan de García Márquez.  No se si, aún sabiendo quién era, me hubiera animado a pedirle un autógrafo, o tomarme una foto con tan notorio  groupie y admirador del comandante Fidel Castro, el protagonista de la más larga y profunda tiranía en América Latina.

No. No me hubiera sentido cómodo en esa foto.

La ilustración la tomé de Facebook.


17
Abr 14

Dulce de garbanzos, mi favorito

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Mi dulce favorito de la temporada es el de garbanzos.  El sabor de los garbanzos se combina deliciosa y delicadamente con la miel y la canela.  A mí me transporta a mi niñez y su elaboración me da mucha alegría.

Me encantan su sabor y su aroma, su color y su textura.  Me divierte verles su carita de pollito a los garbanzos; y por eso es que se llaman chickpeas en inglés.  Pienso en Cicerón porque cicer significa garbanzo.

En mi casa hay dos tradiciones de dulce de garbanzos. Los de la foto cuya receta viene de mi madre, de mi tío Rony,  su tío abuelo Pancho y mi tía abuela La Mamita.  Y también hacemos la miel de garbanzos con frutas, tradicional de la Costa Sur.  Ya luego les contaré de esa.

Parece increíble que en la antiguedad estas delicias fueran asociadas con la frugalidad e incluso con la rudeza.  Los griegos comían garbanzos en los banquete fúnebres, y me pregunto si es por eso que este dulce es tradicional de esta temporada chapina.

En la ciudad de Guatemala, los garbanzos en dulce se preparan en una miel de agua, azúcar y canela. La noche anterior se dejan en agua, con un toque de bicarbonato y en la mañana se pelan laboriosamente. Luego se cuecen y cuando están cocidos se cuelan y se apagan inmediatamente en la miel para que calen bien.

El año pasado, ¡dos de mis fotos de garbanzos en dulce fueron publicadas por la Revista D!; y este año ¡una de esas fotos apareció en el diario Siglo 21!


17
Abr 14

Chayes con banderita

 

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A estos no los había visto desde hace un montón de tiempo.  Les decíamos chayes cuando era niño porque, en Guatemala se les dice chayes a los pedazos de vidrios rotos.  Son dulces de azúcar que parecen pedazos de vidrios rotos.  Vienen en esos cucuruchos y adornados por banderas de papel de China de colores.

En medio del alboroto sólo se me ocurrió tomarles fotos y olvidé comprar uno.  Espero que en mis andanzas de hoy, por el Centro Histórico, me tope con un vendedor de chayes para comprar unos y compartirlos en Carpe Diem.


16
Abr 14

“El bacalao es alabao…”

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Aaaaaaaah si, como dijeron Les Luthiers: el bacalao es alabao.  Por motivos de agenda, el bacalao que tradicionalmente se almuerza el viernes -en Guatemala-, en casa lo almorzamos hoy miércoles.   Y luego comeremos un poquito el jueves y otro poquito  el viernes y el sábado rasparé la olla con buen pan hasta que no quede nada.

Este año quedé fascinado por el color que tomó la salsa vizcaína.  Adquirió un color como de ladrillo, de un rojo intenso y profundo que daban ganas de verlo y  de verlo…y que invitaba a remojar en la salsa trozos y trozos de pan.

En casa lo cortamos en cubos y le cambiamos de agua unas tres o cuatro veces a lo largo del día para quitarle la sal. Luego colamos los cubos y los secamos bien, bien y  los freímos en abundante (generosamente abundante) aceite de oliva, cebollas rodajadas finamente, ajos picados y tomates asados y licuados, con chiles guaque y chiles pasa asados; a esa salsa le añadimos tiras de chiles morrones, aceitunas rellenas de pimientos y alcaparras sin sal. Luego lo comemos sobre arroz blanco, y en su salsa remojamos pan francés de horno de leña en la salsa. Con lo que hay que tener cuidado es con quitarle bien la sal.  ¡Es espantoso el bacalao salado!

Recuerdo que desde muy niño me gustaba mucho este plato emblemático de la temporada.  En aquel tiempo aún el bacalao de mejor calidad venía con espinas; de modo que a los niños nos vigilaban cuando comíamos el pescado y uno ya se sentía grande cuando podía comerlo por su cuenta.

No recuerdo cuándo fue la primera vez que preparé mi propio bacalao y voy  a aventurar la idea de que puede que haya sido muy a principios de los 90.  Antes de eso lo comía en casa de mis padres, o en las casas de mis abuelas, donde, además, a veces hacían el también tradicional pescado seco chapín, envuelto en huevo y con vegetales.   Ese también es una delicia.