01
Jun 18

Managua, Nicaragua donde yo me enamoré

No es cierto, nunca he ido a Managua y ciertamente no me enamoré allá; pero cuando mi padre trabajaba para el Incae, él viajaba allá con frecuencia y a veces cantaba la canción que le da título a estas notas.  De Nicaragua nos vinieron las carpas después del terremoto del 76.  La diáspora nica, después del 79, me proveyó con buenos cuates y me encantan el queso frito y la semilla de jícaro.

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Hace unos años, cuando leí que un empresario chapín decía que las condiciones para los negocios eran muy favorables en Nicaragua debido al consenso entre el sector privado y el régimen de Ortega/Murillo; y que estaba impresionado por la sofisticación, la cultura de diálogo, la seguridad y el respeto a la institucionalidad que había allá, pensé que si algo deberíamos haber aprendido –en el siglo XXI– acerca de las tiranías del siglo XX es que las del siglo nuevo eran iguales a las del pasado pero más aburridas, como dijo J.M. Aznar, porque ya sabíamos en qué terminaban.

En eso pensé cuando vi la manifestación de madres del miércoles pasado, y en aquello he pensado cuando he estado viendo que los jóvenes, que nada tuvieron que ver con la llegada de Ortega/Murillo al poder, son los que tienen que salir a la calle y darse en la madre con gorilas que disparan a matar para defender el régimen y la revolución.

Muchas personas son blandas con gentes como Ortega/Murillo cuando se pueden beneficiar del poder que ejercen y cuando ignoran el consejo de B. Franklin en el sentido de que “aquellos que renuncian a la libertad para comprar un poco de seguridad, no merecen libertad, ni seguridad, y acabarán perdiendo ambas”.

Lo malo es que ese pragmatismo, que cree que antes que estar del lado de los principios hay que estar del lado de “la historia”, nos lleva a todos entre las patas.  El pragmatismo que creyó que podía apaciguar y convivir con gente como Ortega/Murillo, o Maduro/Cabello, el que cree que podrá hacerlo con AMLO -y el que coquetea con Podemos, o Morena, o el chavismo- cuesta vidas de jóvenes cuando no queda otra que salir a las calles.

Columna publicada en elPeriódico.


20
Abr 18

Urge una depuración

Un coronel, segundo comandante regional de Quetzaltenango y exdirector de Logística del Estado Mayor de la Defensa, fue capturado por supuesto lavado de dinero y ser el testaferro de uno de los líderes de la Mara Salvatrucha.

Un ministro usó un helicóptero para ir a votar en la Consulta Popular, a pesar de que la distancia para desplazarse es sólo de unos 30 Kms. desde la ciudad de Guatemala. Al principio el funcionario negó el hecho; pero luego, ya cachado, no le quedó otra que ofrecer disculpas.

La educación de los más pobres y vulnerables está en manos de maestros que, más que docentes, son burócratas y extorsionistas, muchos de ellos responsables de que sea bajísimo el porcentaje de graduados de diversificado que gana las pruebas de matemáticas y lectura del Ministerio de Educación.

El Ejército es la institución llamada a mantener la independencia, la soberanía y el honor de Guatemala, la integridad del territorio, la paz y la seguridad interior y exterior. El Ejército nos salvó de crecer en una sociedad como la cubana, o la venezolana.  Como institución, no puede, ni debe permitir seguir siendo minada por corruptos y delincuentes.  El Ejecutivo, y la Administración en general, debería ser intolerante no sólo con los grandes corruptos que medran en sus rincones, sino con los robavueltos, los descarados y los sinvergüenzas que minan la autoridad.  Tampoco debería ser tolerante con sus empleados chantajistas y parásitos, ni con los sistemas y los incentivos perversos que abren las puertas a la corrupción y a los abusos.

Hay grupos sociales que están al acecho y aprovechan cada oportunidad que tienen para pedir la disolución del ejército, la renuncia del Presidente, y cosas parecidas, a la sombra del caos, el descontento y el desencanto que producen actos como los citados arriba.  Si vemos la historia reciente de América Latina, es muy posible que descubramos que cada tiranía incrustada en nuestros países, ha sido precedida por gobiernos corruptos, de los que la gente se ha hartado. ¿Te das cuenta del peligro? ¡Urge una depuración!

Columna publicada en elPeriódicoy la ilustración la tomé de Facebook.


25
Feb 17

Uber en una sociedad condenada

uber

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Según el Intendente de la Policía Municipal de Tránsito el servicio de Uber es ilegal porque no se ha comunicado con la Municipalidad*.  En sus declaraciones, el funcionario llegó a asegurar que el servicio representa un riesgo para los usuarios, porque no hay quien lo regule.

¡Cómo si los servicios de transporte regulados no fueran peligrosos en extremo! ¿No has oído de los asesinatos y de  los asaltos en las camionetas reguladas hasta la saciedad? ¿No has oído de asaltos y violaciones en los taxis regulados hasta el cansancio?  El mal llamado relleno sanitario está regulado, normado y reglamentado, y allí no hay mafias, ni la gente corre peligro, ¿verdad? ¿Seguimos?

Lo puro cierto es que a todo nivel, la regulación política no es garantía de nada.

La actitud del Palacio de la Loba con respecto a Uber me recordó el siguiente párrafo por Ayn Rand: Cuando para producir necesites autorización de los que no producen nada, cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican con favores y que surgen más ricos por el soborno y las influencias que por el trabajo, cuando veas que las leyes no te protegen contra los infames, sino que son ellos los que están protegidos contra ti,  cuando los corruptos sean recompensados y ser honrado te resulte un auto sacrificio inútil, podrás deducir, sin temor a equivocarte, que te encuentras atrapado en una sociedad condenada.

Lo que quiso decir el Inspector es que aquí nadie pasa sin saludar al Rey. La verdad es que vivimos por permisos, no en libertad.

Los taxistas, por su parte, no se quejan de estar sometidos a un sistema regulatorio y expoliador; sino que se quejan de que Uber no esté sometido al mismo tipo de dictadura. La actitud de los taxistas me recuerda la historia del campesino ruso que tenía una vaca y odiaba a su vecino porque él tenía dos. Un hechicero le ofreció al primer campesino que le concedería un único deseo. Y ¿qué pidió el campesino? Mata la vaca de mi vecino fue lo que le ordenó al brujo.

Actualización: Hice una consulta en @luisficarpediem y este es el resultado. Me pareció curioso que 5 de los 37 lectores que participaron dijo que no le interesa usar Uber.  Veintiún participantes dijeron que sí han usado Uber.

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*La noticia está en la página 10 de Prensa Libre del 24 de febrero  y no la encontré en línea.