15
Jul 14

Exhibición de máscaras tradicionales

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Una máscara con dientes humanos enormes, o de mono, es lo que  más me impresionó de la exhibición de máscaras de danzas tradicionales, en el Museo Popol Vuh.  Lo otro que más me impresionó fue el montaje…es que parece que las máscaras estuvieran flotando.  Finalmente me impresionó la variedad.

El Museo explica que Guatemala cuenta con un gran número de danzas que forman parte de las expresiones culturales de las personas. En los bailes, los participantes de valen de trajes y de máscaras para representar diferentes personajes que pueden ser reales, o mitológicos; humanos, o animales.  El equipo se compra, o se alquila en morerías que son negocios especializados en donde se fabrican y se guardan los trajes y las máscaras.  En 2011 visité la morería de don Esteban Suruy.

Durante la época de la colonia la iglesia católica trató de erradicar algunas danzas porque consideraba que eran paganas e introdujo nuevos temas de acuerdo con sus intereses.  Algunos bailes antiguos sobrevivieron parcialmente, o cambiaron de nombre.  Entre las que aún se conservan se cuentan: la del venado, la de los mexicanos, la de moros y cristianos, la de los viejitos y la de los güegüechos.

La exhibición del Museo Popol Vuh muestra el uso de máscaras en distintos contextos y a través de la Historia.  El uso de las mismas se relaciona con el concepto de cambio y de transformación.  Transformarse en algo distinto a lo que uno es convierte situaciones cotidianas en mágicas y espirituales.  Las máscaras son elaboradas con materiales distintos y se usan en danzas así como en rituales de guerra, mortuorios y mágicos.

En la exhibición del Museo también destacan una máscara prehispánica, de barro, que es espantosamente bella; y una colección de figuritas enmascaradas que parecen personajes salidos de un cunto de H. P. Lovecraft, como un hijito de Cthulhu, o algo así.


12
Jul 13

Los héroes y el Popol Vuh

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Este es el principio de las antiguas historias aquí en el Quiche. Aquí escribiremos y empezaremos las antiguas historias; así es como comienza el Popol Vuh, y el miércoles pasado tuve la dicha de leer en voz alta ese texto directamente de un estupendo facsímil del documento traducido por Francisco Ximenez en el siglo XVIII.  Estuve en la Newberry Library, de Chicago, en donde se halla el manuscrito.

Para qué te voy a decir que no, si sí.  Estaba muy emocionado cuando me dieron cita para visitar el documento; y conforme me acercaba al edificio de la biblioteca mi emoción crecía.  El bibliotecario, John Brady, nos recibió a Marta Yolanda Díaz-Durán y a mí y nos hizo una breve relación de la historia de esta joya histórica y cultural.  Luego nos condujo a una mesa en la que se hallaban tres facsímiles del libro, y de una caja sobria extrajo ¡El Popol Vuh!…en realidad un facsímil precioso.

Gracias a mi abuela, Frances, y a otras buenas influencias en mi vida, hace años que adoro los libros y lo que traen. Pero cuando se trata de libros históricos, realmente me da por maravillarme.  Tengo la dicha de estar en contacto frecuente con la Enciclopedia de Diderot y D´Alambert, con la Constitución de Cádiz (conocida como La Pepa), con el Código Napoleónico y con una primera edición de La riqueza de las naciones, en español; y a pesar de la rutina aparente, el hecho de entrar en contacto físico y  directo con la Historia, por medio de aquellas obras, y del Popol Vuh de Ximenez, es un placer que siempre tiene algo nuevo y encantador.

Hace casi un año, y gracias a la alcaldía indígena de Chuwilá cuando sus miembros visitaron el Museo Popol Vuh, se renovó mi interés por las antiguas historias del Quiché; historias que suelo relatar a personas que visitan Guatemala y que tienen respeto por la riqueza cultural de otras naciones. Historias que conocía por medio de libros y cursos; e historias que conocía desde la Primaria.  Historias que recién he tenido en mis manos y cuyos héroes y villanos merecen más atención de parte de aquellos que sabemos que los héroes son posibles. Los héroes tienen un papel vital en la vida humana, y ahora tengo muchas ganas de estudiar a los del Popol Vuh.

Columna publicada en El periódico.


27
Oct 11

El Mickey Mouse maya en un jacuzzi

Esta es una de las piezas que mas me divierten en el Museo Popol Vuh; y siempre digo que es el Mickey Mouse maya en un jacuzzi.

En realidad, el animalito represantado en el cuenco es un Bassariscus sumichrasti o cacomistle, que nada tiene que ver con ratón alguno.

En el Museo, y con un poco de ingenio, he encontrado otros ejemplos de la cultura Pop:  Alf, el extraterrestre y los originales Batman, Duckman, la Pantera Rosa y Bambi; así como Profundos, de H.P. Lovecraft.


23
Oct 09

La calavera de cristal, de nuevo en el Popol Vuh

Una calavera de cristal de roca, similar a las presentadas en la película Indiana Jones en el reino de la calavera de cristal, es propiedad del Museo Popol Vuh, de la Universidad Francisco Marroquín y a petición del público se halla nuevamente expuesta. El año pasado llevé a dos de mis sobrinos a verla y se lo disfrutaron mucho.

El cráneo en cuestión es de cristal de roca y muestra rastros de cinabrio. Este mineral rojo, era usado por los mayas para la protección de tumbas por su alta toxicidad; y simbolizaba la sangre, por su color.

En contextos aztecas y toltecas era común guardar cráneos como trofeos de guerra. Por ejemplo, la diosa Cuatlicue o La de la Falda de Serpiente, se muestra adornada con calaveras y otras partes humanas en su cuerpo. Los primeros españoles que tuvieron contacto con los habitantes del continente americano observaron que en muchos edificios estaban ornamentados con calaveras colgadas, y en la colección del Museo Popol Vuh, muchas urnas funerarias están decoradas con cráneos descarnados. Los sacerodotes Xipe Totec se cubrían a sí mismos con la piel de sus víctimas y en la colección de Museo pueden ser observadas piezas con esta característica macabra. La prestigiosa revista Archaeology, en su edición de mayo/junio de 2008, publicó un reportaje sobre la leyenda de los cráneos de cristal.

Por falta de la tecnología adecuada, la calavera de cristal del Museo Popol Vuh no ha sido estudiada a profundidad; y como muchas otras calaveras similares, esta no fue encontrada en contexto arqueológico. Llama la atención, sin embargo, que tiene agujeros, debajo de la mandíbula, que son demasiado perfectos, lo que no corresponde a la capacidad tecnológica de la época en la que se supone que fue elaborada.

En el mundo hay varias calaveras similares. En el Museo de Arqueología de México hay una adornada con turquesas, y más de una circula en exhibiciones y ferias como objetos con poderes sobrenaturales y curativos. Las hay de cristal de roca; pero también hay falsificaciones, tan evidentes, que son de vidrio y de acrílico. De una de las más famosas se cuenta que fue encontrada por un arqueólogo en un templo de Belice, en la selva; sin embargo, no falta quien diga que la compro en una subasta en Europa. En el Museo Británico hay otra que se supone que fue elaborada en el siglo XIX. También el Museo del Hombre, en París; y la Smithsonian Institution, cuentan con calaveras de cristal.

De las calaveras se cuenta que hay 13; y que el día en que se reúnan, todas, su energía positiva evitará que ocurra el cataclismo que –según una leyenda– está previsto para diciembre de 2012.

La calavera del Museo Popol Vuh forma parte de la colección que le dio origen al mismo y que fue propiedad del coleccionista Jorge Castillo, antes de que él lo donara a la UFM en 1977. En junio de 2008 estuvo expuesta al público y ahora, en vacaciones, estará expuesta de nuevo.

El Museo Popol Vuh se encuentra en el campus de la Universidad Francisco Marroquín, 6 calle final, zona 10. La admisión es de Q35 para adultos, y de Q10 para niños de 10 a 12 años; para estudiantes con carné es de Q15. Estacionamiento, Q12 por hora.


26
Abr 09

Alegre excursión al cementerio

El Cementerio General de la ciudad de Guatemala es un espacio rico en historia y arte; así que, un grupo de amigos y yo fuimos a visitarlo el sábado pasado. Fuimos como parte de una excursión organizada por el Museo Popol Vuh.

Lo primero que llama la atención es lo saqueado, sucio y abandonado que está; pero luego, cuando uno va prestando atención, le agarra el modo al lugar. ¿De qué me acuerdo cada vez que voy a ese lugar? De No es serio este cementerio, de Mecano.

El Cementerio General no me es ajeno porque durante algún tiempo acompañaba a mi abuela, Frances, a visitar tumbas de parientes y amigos; y mi padre solía llevarnos, a mis hermanos y a mí, en el Día de los Muertos. Sin embargo, hay muchas cosas que yo no conocía del lugar. No sabía, por ejemplo, que en el área había una pequeña ciudad maya, estrechamente relacionada con Kaminaljuyú. No sabía que los columbarios que lindan con la Avenida del Cementerio eran abovedados y que debajo del piso, lleno de escombros, hay un sótano en el que hay galerías de nichos que fueron sepultados durante los terremotos de 1917 y 18.

En esta visita me dió tristeza ver que la tumba de Virgilio Rodríguez Macal -autor de La mansión del pájaro serpiente y de Guayacán- se encuentra destruida por los ladrones; me dió pena la tumba del expresidente Jorge Ubico, que se ve tan sola. Frente a la tumba de José Milla, el autor de El visitadorLos Nazarenos y otros clásicos de la literatura chapina, escuchamos unos párrafos de sus Cuadros de Costumbres. En la sepultura del aviador Jacinto Rodríguez vimos una hermosa escultura de Rafael Yela Günther.

La excursión fue guiada por el doctor Amilcar Chajón, que hizo una relación muy rica sobre la historia y el arte del que están llenos este cementerio. La riqueza de esta necrópolis, por cierto, podría tener una mejor suerte en manos de alguna fundación que encontrara la forma de hacerlo financieramente rentable, para evitar que continúe su deterioro.

Ahí en ese cementerio fueron sepultadas mi bisabuela Gilberta, mi abuelita Juanita, mi abuelito Jorge y mi tía abuela La Mamita. También fueron enterrados ahí mi bisabuela Mami y mi bisabuelo Federico, mi bisabuela Chus, y muchos otros parientes y amigos


06
Jun 08

¡Calavera de cristal en Guatemala!

Una calavera de cristal de roca, similar a las presentadas en la película Indiana Jones en el reino de la calavera de cristal, es propiedad del Museo Popol Vuh, y será expuesta al público del 9 de junio al 20 de julio de 2008.

El cráneo en cuestión es de cristal de roca y muestra rastros de cinabrio. Este mineral rojo, era usado por los mayas para la protección de tumbas por su alta toxicidad; y simbolizaba la sangre, por su color.

En contextos aztecas y toltecas era común guardar cráneos como trofeos de guerra. Por ejemplo, la diosa Cuatlicue o La de la Falda de Serpiente, se muestra adornada con calaveras y otras partes humanas en su cuerpo. Los primeros españoles que tuvieron contacto con los habitantes del continente americano observaron que en muchos edificios estaban ornamentados con calaveras colgadas, y en la colección del Museo Popol Vuh, muchas urnas funerarias están decoradas con cráneos descarnados. Los sacerodotes Xipe Totec se cubrían a sí mismos con la piel de sus víctimas y en la colección de Museo pueden ser observadas piezas con esta característica macabra.

La prestigiosa revista Archaeology, en su edición de mayo/junio de 2008, publicó un reportaje sobre la leyenda de los cráneos de cristal.

Por falta de la tecnología adecuada, la calavera de cristal del Museo Popol Vuh no ha sido estudiada a profundidad; y como muchas otras calaveras similares, esta no fue encontrada en contexto arqueológico. Llama la atención, sin embargo, que tiene agujeros, debajo de la mandíbula, que son demasiado perfectos, lo que no corresponde a la capacidad tecnológica de la época en la que se supone que fue elaborada.

En el mundo hay varias calaveras similares. En el Museo de Arqueología de México hay una adornada con turquesas, y más de una circula en exhibiciones y ferias como objetos con poderes sobrenaturales y curativos. Las hay de cristal de roca; pero también hay falsificaciones, tan evidentes, que son de vidrio y de acrílico. De una de las más famosas se cuenta que fue encontrada por un arqueólogo en un templo de Belice, en la selva; sin embargo, no falta quien diga que la compro en una subasta en Europa. En el Museo Británico hay otra que se supone que fue elaborada en el siglo XIX. También el Museo del Hombre, en París; y la Smithsonian Institution, cuentan con calaveras de cristal.

De las calaveras se cuenta que hay 13; y que el día en que se reúnan, todas, su energía positiva evitará que ocurra el cataclismo que -según la leyenda maya- está previsto para diciembre de 2012.

La calavera del Museo Popol Vuh forma parte de la colección que le dio origen al mismo y que fue propiedad del coleccionista Jorge Castillo, antes de que él lo donara a la UFM en 1977.

El Museo Popol Vuh se encuentra en el campus de la Universidad Francisco Marroquín, 6 calle final, zona 10. La admisión es de Q35 para adultos, y de Q10 para niños de 10 a 12 años; para estudiantes con carné es de Q15. Estacionamiento, Q12 por hora.


30
Ene 08

Maya chic

La imágen de arriba es de un cuenco trípode maya. Seguramente del Período Clásico Temprano y de la Costa Sur, que puede ser visto en el Museo Popol Vuh, en la ciudad de Guatemala. Las patas no se ven bien, pero muestran aves antropomorfas.

El logo de abajo lo encontré en una tienda hiperlujosa de relojes, en el Centro Comercial La Pradera, también en la ciudad de Guatemala.

Me encantó la coincidencia y pregunté que qué significaba y que de qué marca era el logo. La respuesta fue que significaba Relojes.


28
Oct 07

Viaje a las estrellas

Este bordado extrarordinario procede de Magdalena Milpas Altas, Guatemala, ca.1941.

Muestra estrellas y no se sabe si tiene un patrón, o no. Es decir, no se sabe si muestra asterismos, o constelaciones.

Me encontré con él, ayer, cuando visitaba la exhibición especial de bordados indígenas guatemaltecos en el Museo Ixchel.

Llamó mi atención no sólo porque su composición y su colorido son hermosos, sino porque durante una etapa de mi vida dediqué bastante tiempo a la observación del cielo.

A principios de mi adolescencia leí un libro en el que uno de los personejes principales -el capitán de un barco- apunta el cielo y dice Aquella es Lucifer. En ese momento me dije que sería muy enriquecedor y emocionante conocer el nombre de las estrellas; e inmediatamente pasé a tratar de conocer algunas: Sirio, Capella, Betelegeuse, Bellatrix, Castor y Pollux y Antares fueron las primeras. Y esta última pasó a ser mi estrella favorita.

Muchos años después, cuando me fui a vivir a La Antigua, compré un telescopio reflector con el cual pude disfrutar de otras maravillas celestes. Con él vi a Jupiter y sus lunas, a Saturno y sus anillos, a la luna y sus miles de sombras y formas, e incluso vi manchas solares (experiencia peligrosa que me costó el derretimiento de las monturas del ocular de mi telescopio).

Ahora ya no veo estrellas con frecuencia; pero en los últimos dos años he visto los cielos nocturnos más extraordinarios en la selva de la Cuenca de El Mirador, Petén; y a 10,000 pies de altura en las montañas junto a Telluride, Colorado.

Por cierto que, casualmente, esta visita a la exhibición del Museo Ixchel, tuve la suerte de hacerla en compañía del arqueólogo Richard Hanson, que tiene a su cargo la excavación de El Mirador; del también arqueólogo Nicolai Gruber; y de Alexander, príncipe de Sajonia. Esto fue en el marco de la donación de una copia del Códice de Dresden que el Principe y la Biblioteca Real de Sajonia le hicieran a Guatemala.

Coincidentemente aquel Códice maya contiene observaciones sobre el planeta Venus (que es Lucifer -la estrella del libro que me animó a conocer las estrellas) y una copia del mismo se encuentra en el Museo Popol Vuh, de la Universidad Francisco Marroquín, que también visitamos.