19
Dic 16

El Mirador no deja de sorpender

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Inmensas pirámides, calzadas, plazas, terrazas, muros y diques; carreteras que unen ciudades como El Mirador, Tintal y otras fueron reveladas por medio de un escaneo y radar láser que lo deja a uno papo.  Es admirable lo que consiguieron los mayas en un ambiente tan hostil, sin metales duros, sin ruedas, sin bestias de carga, y sin fuentes de agua.  Tanta grandeza colapsada debería recordarnos los daños que la mala filosofía y la mala economía le pueden hacer a una civilización.

Recorrí el sak´be o camino blanco -una calzada que une Tintal y El Mirador- en diciembre de 2005 y desde entonces me maravillo con todo lo que tiene que ver con el reino Kan. Dormí en Tintal y en El Mirador bajo las estrellas y las copas de los árboles, mojado hasta el tuétano en una de las noches.

Este es un enlace al relato de esa aventura:

El aroma a copal inundó el aire, y desde lo más alto de la pirámide El Tigre, mis amigos y yo observamos el ocaso. A nuestros pies estaba ese inmenso mar verde que es la selva. Nos llevó dos días y tantito atravesarla, pero ahí estábamos al fin, en la cuna de la civilización maya: la ciudad colosal de El Mirador.
 
Allá arriba, emborrachado por la luz, los aromas y los colores, uno no puede sino pensar en las personas que construyeron ciudades y calzadas a lo largo y lo ancho de esa jungla. Frente a nosotros estaba la La Danta, una mole increíble que mide 10 metros más que el templo IV de Tikal y cuya base ocupa el área de tres estadios de fútbol. La ciudad es inmensa, ¡y es unos 800 años más antigua que Tikal!
En toda la cuenca de El Mirador hay unas 26 ciudades grandes; y en nuestra jornada a través de la selva visitamos: La Florida, El Tintal y La Muerta. No es fácil llegar a El Mirador; pero el duro viaje hacia esa ciudad formidable es el vivo ejemplo de cuando el camino vale tanto como el destino. Auxiliados por Billy Cruz, de Petén, mis amigos Silvia, Inés, Antonio y Raúl, así como mi sobrino Alejandro, y yo, emprendimos la aventura el 17 de diciembre pasado. Ale de 12 años, y yo, fuimos a lomo de macho; pero los demás caminaron por bosques interminables y por bajos intimidantes a través de humedales enormes.
 
A veces el agua fangosa les llegaba arriba de la cintura, yo me caí cuatro veces de mi Rucio, y el Ale quedó colgando de un árbol en una ocasión. Tras horas de montar, más de una vez reviví mi pierna entumecida poniéndole una cruz de saliva, según la costumbre local. Y entendí lo que es ser terco como una mula. Vimos cualquier cantidad de orquídeas, aunque muy pocas en flor; extrajimos copal del árbol que lo produce. Conocimos el chicle. Vimos aves hermosas y el cielo más estrellado que uno pueda imaginar.
 
Pero aquello es la selva, y no hay que olvidarlo. Vimos huellas de jaguar y escuchamos sus rugidos, junto a los de los monos aulladores. Dormimos en campamentos en los que el olor a serpiente era perturbador. A mi sobrino se le metió una tarántula en el zapato y le apareció otra en su carpa. Y tuvimos que esquivar ejércitos de hormigas feroces, algunas de ellas muy olorosas. Dormíamos como tiernos, aunque una noche se inundó el campamento y tuvimos que pasarla entre el agua. Una culebra zumbadora se atravesó en el camino y yo regresé con dos garrapatas conchudas, mostacilla y docenas de piquetes.
El viaje a El Mirador fue toda una aventura, hecha más inolvidable gracias a los cuidados y a la extraordinaria habilidad de nuestro guía Henry Darwin; y gracias a la cocinera, Gladys. Por ella teníamos tortillas del comal y panqueques en plena selva. También por el asistente, Wilmer, y por los arrieros Manuel y Rudy que cargaban las 12 acémilas y montaban los campamentos con eficiencia.
 
Mi corazón se aceleraba cuando entrábamos a algún sitio, cuando mirábamos algún montículo, y más, cuando llegamos a El Mirador. A lo largo de la jornada uno puede llegar a experimentar algo de lo que sentían los primeros exploradores de esas regiones en el siglo XIX. Yo pensaba mucho en Stephens y Caterwood, así como en los Maudslay, y también en mi amiga Mayra, que hace años estuvo perdida en la selva durante dos noches.
En febrero de 2003, en el Museo Popol Vuh, tuve la suerte de conocer a Richard Hansen, el arqueólogo que está a cargo del proyecto de la cuenca de El Mirador. Y en esa ocasión quedé admirado del trabajo que está haciendo. Y desde entonces que tenía ganas de viajar hacia allá. A diferencia de otros sitios desarrollados, El Mirador todavía es un mundo perdido, ¡de verdad! y lleno de tumbas sin abrir. En él, uno no encuentra montones de turistas, ni mucha basura; y entra en contacto extremo con uno mismo, con la naturaleza y con grandes obras del genio humano. Por eso, la visita a aquella ciudad preclásica y los cinco días que pasamos en la jungla, fueron una experiencia física y psicológica inolvidable que enriqueció nuestras vidas.
La foto es de nuestro campamento en Tintal.

12
May 14

¿Se acerca el nuevo colapso de El Mirador y del reino Kan?

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¿Se acerca el nuevo colapso de El Mirador y del reino Kan?  Lo que empezó como un trabajo para mejorar los senderos peatonales que llevan al El Mirador —antigua capital del reino Kan— se convirtió en preocupación para pobladores dela aldea  Carmelita,  en  Petén, y para arqueólogos y promotores de turismo, al descubrir que la brecha, proyectada con dos metros de ancho, llegó a tener hasta siete metros en ciertas áreas, pese a ser de uso peatonal y de las mulas.

Visité El Mirador en 2005 en compañía de mi sobrino que tenía 10 años y 4 amigos más.  Nos tomó dos días llegar gracias a un patacho de 12 mulas y un equipazo integrado por Darwin, el guía; Gladys, la cocindera, un ayudante y dos muleros.  Fue una hermosa y grande aventura en la selva, que siempre voy a recordar con respeto y cariño.

Cuando la gente me pregunta le digo: Ve ahora, antes de que todo aquello desaparezca y sea estropeado.  Detesto pensar que esa sea una posibilidad; pero cuando leo noticias como la de arriba me da rabia y me pregunto que qué será de El Mirador si esas cosas siguen ocurriendo.

En la foto se ve nuestro campamento en El Tintal.  Estoy en la mesa y al lado izquierdo están mis amigas Ami y Hue yin; al lado derecho se ven las carpas que usamos y algunas de las mulas que cargaban con los bártulos.


10
Mar 11

Mel Gibson en El Mirador

Cuando un grupo de amigos y yo estuvimos sobre la pirámide de El Tigre, en El Mirador, nuestro guía, Darwin, nos contó que el actor Mel Gibson había estado ahí y que había puesto su nombre en una hoja de esta planta de ¿magüey?  Claro que la hoja ya no estaba ahí porque inmediatamente alguien se la llevó.

De esta historia me acordé ahora que leí que Gibson volvió al Reino Kan.


02
Feb 11

Mataron a un jaguar

Los jaguares son animales preciosos; y, el domingo pasado, dos cazadores mataron a uno en El Remate, Petén.   A cambio de Q300 los dos cazadores le dieron muerte al felino, lo destazaron y lo quemaron.

La foto es de una huella de jaguar que mis amigos Alejandro, Raúl, Ami Tai, Hue Yin, y Yan Ho don vimos  en nuestra excursión a El Mirador, en 2005.  Allá en el Reino Kan, escuchamos rugidos de jaguar y vimos esta hermosa huella de Balam, hallada por nuestro guía, Darwin.


12
Nov 10

¿Y si aprendemos de Pompeya? ¿Muy feo?

Pompeya es un tesoro de la humanidad.  Es aquella ciudad romana que fue enterrada por la violenta erupción del volcán Vesubio en agosto de 79 D.C.  Aún los que nunca la hemos visitado sabemos de ella porque hemos visto imágenes de sus bien conservadas calles y edificaciones, así como los cuerpos impresionante conservados de las personas que murieron a causa de la erupción.  Otros, recordamos el dramático relato de Plinio el jóven, que fue testigo de la destrucción.

Pues bien…Pompeya no está bien conservada y está colapsando; y nosotros podríamos ser testigos de su segunda destrucción.  O no.

La legendaria Casa de los gladiadores, en aquella ciudad romana, colapsó a causa del descuido de parte de las autoridades encargadas de la conservación de la urbe.  Los medios de comunicación lo llaman el colapso de la vergüenza y la opinión pública está explorando la opción de quitarle el control de Pompeya a los políticos y privatizar la ciudad.

Aquí en Guatemala tenemos varias pompeyas.  Recién leímos que las ruinas de la cuna de la cultura maya están en peligro de destrucción por saqueo; y El Mirador, la que fuera la ciudad más grande de los mayas -en el reino Kan-, allá por 600 a.C. está por llegar a un punto de destrucción irreversible.  El saqueo y la destrucción de centenares de ciudades mayas es una realidad de la que los guatemaltecos no queremos hablar.  Pero, ¿hasta cuándo? ¿Cuando ya no quede nada, o quede muy poco de El Mirador, de El Perú-Waká, de Naranjo, de Cancuén, de Piedras Negras, de Seibal, ni de Tikal?

Antes de que un nuevo colapso de la vergüenza ocurra por aquí, ¿qué tal si tomamos en serio el rescate de la Historia y de nuestra herencia histórica? A lo mejor podríamos aprender algo de la discusión sobre la antigua Pompeya.

Si a usted le interesa el tema de la conservación del patrimonio histórico, seguramente le interesará leer Who owns the past.

La foto es de la pirámide de La Danta, en El Mirador, desde la pirámide de El Tigre.


20
Oct 10

El reino Kan en el reino de la impostura


Lo triste es que no debería de extrañarnos: Las ruinas de la cuna de la cultura maya están en peligro de destrucción por saqueo; y El Mirador, la que fuera la ciudad más grande de los mayas -en el reino Kan-, allá por 600 a.C. está por llegar a un punto de destrucción irreversible.

Afortunadamente tuve la oportunidad de visitar el reino Kan en 2005 y de vivir ahí, junto a la mejor compañía, una aventura extraordinaria.  En diciembre de ese año volamos a Flores, Petén, y ahí nos estaban esperando 2 vehículos que nos internaron en la selva hacia la población de Carmelita donde desayunamos.

Al concluir los alimentos, un equipo de lugareños -integrado por el guía Darwin, la cocinera Gladys, un ayudante y dos muleros- nos tenía preparada la recua de 12 mulas que nos llevaría por dos días y medio hasta El Mirador.  Y así agarramos camino.

Nos enlodamos hasta dentro de las orejas, dormimos en un campamento de chicleros y en otro que olía a orines de serpientes.  Vimos huellas de jaguar y oímos a esos magníficos felinos una noche.  Comimos el mejor pollo frito que he saboreado en mi vida.  Vimos la osamenta de una mula que fue atacada por abejas y  mi sobrino sacó una tarántula de su zapato.  En la única noche que vimos el cielo, este era tan estrellado que no pudimos identificar las constelaciones.  Una noche dormimos entre el agua y bajo un aguacero.  El vino no faltaba para la cena, y los panqueques se sentían deliciosos en el desayuno.  Dos veces me caí de la mula porque la silla de montar no estaba bien apretada. Atravesábamos bajos en los que el agua nos llegaba hasta la cintura, y pasábamos sobre lodo que, al pisarlo, despedía nubes, ¡nubes! de insectos.  La lluvia sólo de oía, porque la espesura de la selva no dejaba que llegara hasta nosotros en el suelo.  A ratos, no había nada más que verde, verde, verde, y más verde.  A ratos había un sol que abrazaba, a ratos la humedad mantenía mis anteojos nublados y a ratos todo era tan fresco y tan rico.

¿Cuál fue mi experiencia más dramática en esa aventura?  Pues…iba yo montado en mi mula durante el segundo día del viaje, pensando: What possessed me?, cuando vi que por mi izquierda se aproximaba hacia mí una hoja llena de espantosas arañitas negras con rojo.  Con un movimiento como de la película Matrix me incliné hacia la derecha y logré evadir el conglomerado repugnante de arácnidos. Entonces, con la mano izquierda me quité los anteojos y con el dorso de la mano derecha me sequé el sudor que caía sobre mi ojo izquierdo.  Y fue, entonces, cuando una hoja quedó atrapada entre el dorso de mi mano y mi ojo, así que sentí cuando aquella se frotó contra mi piel.  Momentos más tarde empecé a sentir calor y ardor alrededor de mi ojo izquierdo.  Y el calor y el ardor empeoraron. Y pensé: Voy a perder el ojo. Ahí estaba yo, a dos días de la población más cercana, en medio de la jungla, y me iba a quedar tuerto.  Pero el guía, Darwin, me dijo que seguramente no perdería el ojo y me lo lavó con agua abundante.  Y bueno, yo seguí montado en mi mula hasta que las molestias desaparecieron.  No sin que antes yo me imaginara como el pirata cojo y con parche en el ojo de Joaquín Sabina.

Con todo y todo, la sensación de gozo y triunfo al haber llegado hasta allá en mula y caminando, sólo es superada por la intensidad de lo que se siente cuando uno está viendo la pirámide de La Danta, desde la pirámide de El Tigre, y tiene a sus pies el inmenso mar verde que es la selva.  Todo ello envuelto en la luz del atardecer y el olor a copal.

Que bueno que fuimos porque a como van las cosas, quizás ya no haya El Mirador para rato.  Hoy sabemos de que a pesar de proyectos megalómanos como Cuatro Balam, la abulia, la ineptitud y la guerra contra las drogas podrían acabar con el reino Kan.  El Mirador, ahora, está en el reino de la impostura en el que estamos sumidos los chapines.


19
Jul 10

La guerra contra las drogas amenaza El Mirador

Grandes áreas de los bosques lluviosos de Guatemala, que una vez fueron la cuna de unas de las grandes civilizaciones del mundo, están siendo arrasados por ganaderos-narcotraficantes. Así lo denunció The New York Times en un reportaje publicado al sábado pasado, sobre El Mirador. De forma voluntaria, o no, los invasores de tierras se convierten en peones de los narcos. Los ocupas son numerosos, frecuentemente están armados y son difíciles de expulsar. En muchos casos funcionan como guardias para los traficantes y evitan que las autoridades ingresen al área; también hacen otras labores para los narcos.

Un informe del Departamento de Estado, citado por TNYT, indica que regiones enteras de Guatemala están bajo el control total de los narcotraficantes; y el gobernador de Petén afirmó que los carteles de drogas han comprado grandes ranchos ganaderos en aquel Departamento, con el propósito de lavar dinero y ocultar sus operaciones.

Gracias a mi amiga, Ana María, por la pista. La foto la tomé desde la pirámide de La Tigra, en 2005.

16
Oct 09

Reportaje sobre El Mirador

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CNN transmitió un reportaje sobre El Mirador, en Petén. Visité el reino Kan en 2005 y siempre me gusta recordar esa aventura y compartirla con quienes puedan tener la oportunidad de hacer el viaje a aquel lugar mágico.

El aroma a copal inundó el aire, y desde lo más alto de la pirámide El Tigre, mis amigos y yo observamos el ocaso. A nuestros pies estaba ese inmenso mar verde que es la selva. Nos llevó dos días y tantito atravesarla, pero ahí estábamos al fin, en la cuna de la civilización maya: la ciudad colosal de El Mirador. Allá arriba, emborrachado por la luz, los aromas y los colores, uno no puede sino pensar en las personas que construyeron ciudades y calzadas a lo largo y lo ancho de esa jungla.

Frente a nosotros estaba la La Danta, una mole increíble que mide 10 metros más que el templo IV de Tikal y cuya base ocupa el área de tres estadios de fútbol. La ciudad es inmensa, ¡y es unos 800 años más antigua que Tikal!

En toda la cuenca de El Mirador hay unas 26 ciudades grandes; y en nuestra jornada a través de la selva visitamos: La Florida, El Tintal y La Muerta.

No es fácil llegar a El Mirador; pero el duro viaje hacia esa ciudad formidable es el vivo ejemplo de cuando el camino vale tanto como el destino. Auxiliados por Billy Cruz, de Petén, mis amigos Silvia, Inés, Antonio y Raúl, así como mi sobrino Alejandro, y yo, emprendimos la aventura el 17 de diciembre pasado.

Ale de 12 años, y yo, fuimos a lomo de macho; pero los demás caminaron por bosques interminables y por bajos intimidantes a través de humedales enormes. A veces el agua fangosa les llegaba arriba de la cintura, yo me caí cuatro veces de mi Rucio, y el Ale quedó colgando de un árbol en una ocasión. Tras horas de montar, más de una vez reviví mi pierna entumecida poniéndole una cruz de saliva, según la costumbre local. Y entendí lo que es ser terco como una mula. Vimos cualquier cantidad de orquídeas, aunque muy pocas en flor; extrajimos copal del árbol que lo produce. Conocimos el chicle. Vimos aves hermosas y el cielo más estrellado que uno pueda imaginar. Pero aquello es la selva, y no hay que olvidarlo. Vimos huellas de jaguar y escuchamos sus rugidos, junto a los de los monos aulladores. Dormimos en campamentos en los que el olor a serpiente era perturbador. A mi sobrino se le metió una tarántula en el zapato y le apareció otra en su carpa. Y tuvimos que esquivar ejércitos de hormigas feroces, algunas de ellas muy olorosas. Dormíamos como tiernos, aunque una noche se inundó el campamento y tuvimos que pasarla entre el agua. Una culebra zumbadora se atravesó en el camino y yo regresé con dos garrapatas conchudas, mostacilla y docenas de piquetes.

El viaje a El Mirador fue toda una aventura, hecha más inolvidable gracias a los cuidados y a la extraordinaria habilidad de nuestro guía Henry Darwin; y gracias a la cocinera, Gladys. Por ella teníamos tortillas del comal y panqueques en plena selva. También por el asistente, Wilmer, y por los arrieros Manuel y Rudy que cargaban las 12 acémilas y montaban los campamentos con eficiencia.

Mi corazón se aceleraba cuando entrábamos a algún sitio, cuando mirábamos algún montículo, y más, cuando llegamos a El Mirador. A lo largo de la jornada uno puede llegar a experimentar algo de lo que sentían los primeros exploradores de esas regiones en el siglo XIX. Yo pensaba mucho en Stephens y Caterwood, así como en los Maudslay, y también en mi amiga Mayra, que hace años estuvo perdida en la selva durante dos noches.

En febrero de 2003, en el Museo Popol Vuh, tuve la suerte de conocer a Richard Hansen, el arqueólogo que está a cargo del proyecto de la cuenca de El Mirador. Y en esa ocasión quedé admirado del trabajo que está haciendo. Y desde entonces que tenía ganas de viajar hacia allá. A diferencia de otros sitios desarrollados, El Mirador todavía es un mundo perdido, ¡de verdad! y lleno de tumbas sin abrir. En él, uno no encuentra montones de turistas, ni mucha basura; y entra en contacto extremo con uno mismo, con la naturaleza y con grandes obras del genio humano. Por eso, la visita a aquella ciudad preclásica y los cinco días que pasamos en la jungla, fueron una experiencia física y psicológica inolvidable que enriqueció nuestras vidas.


17
Jul 09

Mapa del reino Kan y El Mirador

La Asociación de Amigos del Patrimonio Natural y Cultural de Guatemala, con el apoyo del hospital Herrera Llerandi, presentó el primer mapa del sitio arqueológico Tintal, ubicado en la Cuenca Mirador y conocido como reino Kan o Serpiente.


Dormí en El Tintal cuando visité el reino Kan en diciembre de 2005. Volvía después de cuatro días en la selva, la noche anterior había llovido a cántaros en El Mirador; de modo que las carpas y casi toda nuestra ropa estaban mojadas…y todo el lugar olía a orines de culebras, además de que en donde se asentaba nuestro campamento habíamos encontrado la piel de uno de aquellos reptiles. ¿A que huelen los orines de culebra? A clara de huevo.

Esa noche no fue tranquila. Para tratar de distraernos cantamos canciones de Enrique y Ana; y como iba con dos amigas y un amigo de Taiwán, también cantamos canciones típicas de allá. Cenamos con las piernas recogidas, sobre los troncos que hay en el área para campamento, y recuerdo que en la madrugada había un frío intenso. Raúl, que odia a las culebras, no pudo cenar y a duras penas tomó un vaso de leche; y tengo la impresión de que mi sobrino, El Ale, era el único que andaba desentendido de los ofidios. Aunque él ya había tenido encuentros cercanos del tercer tipo con tarántulas.

Ah, pero el viaje al reino Kan fue maravilloso y mágico; y si pudiera, lo haría otra vez.

16
Ene 09

¿Qué fin tendrá El Mirador?

La revista Archaeology, en su edición de enero-febrero 2009, hace un recuento de los sitios mundiales que están bajo la mayor amenaza. Entre ellos está la Cuenca de El Mirador, en Guatemala.

De la Cuenca de El Mirador, dice: “Guatemala’s north-central Peten region contains the largest concentration of Preclassic Maya cities in Mesoamerica and features the grandest architecture in the Maya world. But the sites are threatened by massive deforestation, looting, and destruction caused by equipment used in logging road construction, which itself facilitates intrusive settlements”.

En 2005 tuve la dicha de visitar El Mirador; y al paso que vamos, ¿me pregunto que cuánto más durará? Hasta ahora, la conservación de la Historia de Guatemala y del patrimonio cultural ha descansado en esquemas que han llevado a su desaparición y a su destrucción. En la administración pública, ¿quién tiene autoridad para detener los asentamientos y las invasiones?; desde la administración pública, no me digan ustedes que no hay quien lucra con la deforestación y con el saqueo.

Seguramente es tiempo de explorar esquemas distintos. Seguramente es tiempo para hacer algo distinto, si se quieren obtener resultados diferentes a los que se han tenido hasta el momento. ¿Quién se atreve a explorar otras ideas?

La foto es de su servidor, en el sitio El Tintal, de la Cuenca de El Mirador.