Muy alegre y divertida estuvo la celebración popular, de la víspera del 15 de sepitiembre, en el Monumento a los Próceres de la Independencia de Centroamérica.
Mi parte favorita es la de los grupos de personas que llega con sus antorchas para llevarlas a sus poblaciones, sus escuelas, sus barrios, sus colegios y demás. Me gusta que es una fiesta familiar a la que acuden personas de todas las edades. En el lado sur de la plaza, cerca de El Obelisco, ahí eran encendidas las antorchas y desfilaban los grupos para llevarse el fuego de la libertad. Más al sur, bajo el asta de la bandera de la Municipalidad de Guatemala, había un pelotón de cadetes de la Escuela Politécnica y llegaban grupos a estacionar sus motos.
Los pitos y los tambores animaban la fiesta de ese lado de la plaza; en tanto que en el lado norte había grupos musicales y animadores.
Por supuesto que había ventas de comida por todas partes y no faltaban las tradicionales corbatas chinas, y los pirulíes. Aunque llegaron los acostumbrados grupos de jóvenes en bicicletas, desde el año pasado ya no les permiten que se arrojen unos a otros a la fuente de la plaza; y de hecho, este año la fuente estaba seca. Eso es una lástima porque los chicos disfrutaban mucho de las mojadas que se pegaban.
Muchos de los asistentes, especialmente los más jóvenes, se pintan las caras y lucen escudos nacionales y banderas, así como sus tatuajes. Y, por supuesto, no faltan las reinas y madrinas con sus tiaras, cetros y capas.
Los grupos de corredores, que llevan las antorchas, pasan por las calles de la ciudad acompañados por amigos y familiares que van en bicicletas, motos, automóviles, buses y hasta camiones, muchos de ellos decorados con piñatas, globos, y otros adornos. Bajo mi ventana estuvieron pasando durante todo el día.
Yo digo que este año había más gente que el año pasado y la plaza estaba muchísimo más limpia. Había trabajadores recogiendo la basura constantemente. La fiesta es amenizada por profesores de Educación Física y se ve que han ido perfeccionando el arte.
No me quedé muy tarde; pero a la media noche, y desde mi casa, pude ver que hubo cohetes y fuegos artificiales, y se escuchaba la marimba. A mí, esta fiesta me gusta mucho porque se nota cómo se la goza la gente y porque en la plaza hay un hermoso ambiente de celebración en el que participamos todos.