03
Ene 12

El país del abuso, las colas y la humillación

El jueves pasado, cuando regresaba de la playa, me encontré con que para pasar por el acceso al Puerto Quetzal, los que van rumbo al mar tienen que pagar una cuota. Y entonces se arma un cuello de botella en esa área, que detiene no sólo a los vacacionistas, sino a los trailers que llevan productos al puerto.

Es una cola absurda y arbitraria -creada por la municipalidad local- que estropea la experiencia de viajar por la autopista y que consituye una falta de respeto y un abuso contra viajeros, transportistas y otros usuarios de esa vía. Es pura expoliación agravada con la afrenta de una larga e innecesaria cola bajo el sol abrasante.

El mismo fenómeno se da en las garitas de la autopista -en parte porque la infraestructura es insuficiente; y en parte porque a la mara no se le ocurre regresar temprano, o regresar más tarde de sus vacaciones.

Otras colas -muy humillantes- son las que tienen que hacer los padres de familia en los establecimientos escolares estatales para inscribir a sus hijos. Ayer leí que la gente se pasa entre dos y tres días acampando frente a las escuelas.

Algo parecido, e igual de indigno, les ocurre (¿o les ocurría?) a los ancianos que acuden al Centro de Atención Médica Integral para Pensionados, del monopolio de la seguridad social estatal, donde tienen que hacer colas, esperar de pié y enfrentar a funcionarios y empleados agresivos y ofensivos.


02
Ene 12

Arbusto de rosa de Jamaica

Con este arbusto de rosa de Jamaica nos encontramos el jueves cuando volvíamos de la playa. Creo que nunca había visto la planta que produce estas deliciosas flores y me dió mucho gusto encontrarme con esta planta.

En casa usamos este hibisco como infusión, para hacer refresco y es uno de mis favoritos; y también las usamos para hacer mermelada.

Hubo un tiempo en que me gustaba sentarme a ver televisión acompañado por un vaso generoso de rosa de Jamaica y una fila de panes franceses.  La mermelada me gusta para sustituir a la de cranberries; o para comerla con mantequilla sobre panes de manteca.


01
Ene 12

Consejos para el Año Nuevo, por B. Franklin

Como el año pasado, y el pasado, y el pasado, y el pasado, me gusta repasar los consejos para el Año Nuevo, por Benjamin Franklin.  Por supuesto que no estoy seguro de si yo podría practicarlas todas; porque si bien es cierto que ya hace añales que no bebo hasta la ebriedad, muchas veces como más de lo necesario. Y lo de la castidad, vamos, eso ¡ni siquiera debería estar incluido! Y en cuanto a la humildad, me inclino por la de carácter socrático-hayekiano, que por la cristiana-altruista.

Si tuviera que elegir tres que necesito practicar urgentemente, sigo con: resolución, frugalidad y serenidad.

Las 13 virtudes de Franklin, son:

Templanza: No comas hasta sentirte harto. No bebas hasta la ebriedad.

Silencio. No hables más que aquello que pudiera beneficiar a otros o a ti mismo. Evita las conversaciones triviales.

Orden: Ten un lugar para cada una de tus cosas. Ten un momento para cada parte de tu trabajo.

Resolución: Comprométete a llevar a cabo lo que debes hacer. Haz sin falta lo que te comprometes a llevar a cabo.

Frugalidad: No gastes más que en lo que pueda hacer el bien a otros o a ti mismo. No desperdicies nada.

Trabajo: No pierdas el tiempo. Ocúpate siempre en algo útil. Elimina todo acto innecesario.

Sinceridad: No lastimes a nadie con engaños. Piensa con inocencia y con justicia. Si hablas, hazlo de acuerdo con esto.

Justicia: No perjudiques a nadie, ni haciéndole daño ni omitiendo lo que es tu deber.

Moderación: Evita los extremos. No guardes resentimientos tanto tiempo como puedas creer que lo merecen.

Limpieza: No toleres la falta de limpieza, ni en el cuerpo ni en la ropa ni en la vivienda.

Serenidad: No te dejes alterar por nimiedades, ni por accidentes comunes o inevitables.

Castidad: Recurre al acto sexual rara vez, y esto por motivos de salud o descendencia, pero nunca hasta sentirte harto o débil, y sin que llegues a afectar tu propia paz o reputación o la de otra persona.

Humildad: Imita a Jesús y a Sócrates.


31
Dic 11

Una realidad de Nochevieja

Hace unos minutos, sobre la 20 calle de la zona 10, esta señora llamó por su móvil a su casa, para avisar que no había camionetas, que iba a caminar hacia allá y que por favor la salieran a recibir.

Esto ocurrió cuando en plena noche del 31 de diciembre salí a la farmacia y a la Despensa Familiar que estaban trabajando a plenitud. La gente contenta, supongo, porque los clientes hallaban lo que andaban buscando; y los trabajadores porque a diferencia de muchas otras personas, tienen empleo.

¿Por qué es que la farmacia, la Despensa y otros negocios sí están funcionando y las camionetas no?

Mi hipótesis es que el del transporte colectivo urbano es un negocio particularmente mercantilista, privilegiado y corrupto, a diferencia del de las farmacias, o el de los supermercados. El de las camionetas está subsidiado y es monopólico gracias a la connivencia entre los propietarios de buses y los políticos. En tanto el de las farmacias y el de los supermercados, no. Los autobuseros no necesitan atender a sus clientes en días de fiesta; pero los de las farmacias y los de los supermercados sí.

Por eso es que la señora de la foto tuvo que caminar a su casa después de haber esperado, en vano, durante quién sabe cuánto tiempo en la calle y de noche.

El mercantilismo, el socialismo y otras formas de colectivismo siempre terminan perjudicando a los más vulnerables.

…y, ¿por qué pudo llamar a su casa por un teléfono móvil barato? Gracias a una ley de telecomunicaciones que se negó a conceder monopolios, que propició la competencia y que es ejemplo para el mundo. Todo lo contrario al sistema de transporte colectivo urbano.

¿Cuántas personas se quedaron, hoy, sin transporte; pero no sin farmacia, sin supermercado, ni sin teléfono?


30
Dic 11

Efectos criminales de la ley antiadopciones

Aquí hay algo para que los promotores y patrocinadores de la ley criminal antiadopciones mediten en la nochevieja: 56 menores fueron abandonados en 2011; y 18 de ellos eran bebés de menos de 1 año de edad. Cuando estén comiendo sus uvas y su pavo, cuando estén brindando y cuando abracen a sus hijos, yo deseo que el llanto de los niños abandonados les eche a perder la fiesta y que los obligue a enmendar los daños que han causado.

Yo quisiera saber cuántos niños fueron abortados, en 2011, porque sus madres (o padres) no encontraron otra opción frente a la paternidad no deseada.

Antes de la ley antiadopciones, la noble institución de la adopción era una posibiidad ética y económica para las personas que no deseaban criar a los hijos que tenían. Pero ahora, que esa puerta está cerrada, sospecho que muchas personas (por la razón que sea) no tienen más opciones que abandonar a sus neonatos, o abortar.

Los promotores y patrocinadores de la ley antiadopciones se salieron con la suya; y cada niño abandonado en un basurero, o cada feto envuelto en periódicos lo atestigua. Cada niño que pasa la Navidad y el Año Nuevo sin familia, recluido en manos de políticos y burócratas, es un símbolo de aquella victoria pírrica.


30
Dic 11

Encuentro con el alfajor, el dulce perdido

Mis amigos, Los Lizama, hicieron alfajor ahora para la Navidad y tuvieron la gentileza de regalarme un plato delicioso.

El alfajor es un dulce antiguo que casi nadie conoce y poquísimas personas hacen.  En mi casa lo hacía mi tía abuela, La mamita; y mi madre lo ha hecho un par de veces.  Aunque la sazón final del de Los Lizama es distinto al que se hacía en casa, lo básico es siempre igual: miel, jengibre y migas de pan tostadas.

Cuenta, el doctor Lizama, que su madre (doña Amalia) se lo hacía a él para su cumpleaños y para el día del médico.

Muy conocidos son los alfajores argentinos Havanna, claro; pero estos son muy diferentes a los de La Mamita. En Google, las principales referencias a alfajor me llevaron a los argentinos que son dos galletas, masas, o pastas unidas por algún tipo de dulce y aveces cubiertas por chocolate. Empero, existe un dulce llamado alajú o alfajor que se parece al alfajor chapín: esto es un dulce hecho con pasta de almendras, piñones o nueces, pan rallado y tostado, especias y miel. El citado alajú se come entre obleas, como el turrón; y a mí eso me parece una idea muy práctica porque el alfajor chapín lo comíamos con cucharitas.


30
Dic 11

¡Feliz año!

Mis padres y tíos eran jóvenes, alegres y parranderos; de modo que para el Año Nuevo organizaban sus fiestas en la casa de mi abuela Frances y a los niños nos despachaban a la casa de mi abuela Juanita.

Ella y mi tía abuela, la mamita, montaban una fiesta para cuatro, cuyo propósito era conseguir que, en un ambiente alegre, los críos le diéramos la bienvenida al año nuevo.

La Mamita y la abuelita nos contaban historias; y así fue como supimos cómo era un viaje a Esquipulas –en la primera década del siglo pasado– para una niña de menos de 10 años, montada en un caballo llamado Chino.  Así nos enterábamos de cómo era la vida en la Guatemala  de cuando se amarraba a los chuchos con longanizas.  Así oí que había unos juegos pirotéctnicos llamados toritos, que lanzaban luces multicolores y que perseguían a la gente durante las festividades.

Aquella fiesta no podía pasar sin que quemáramos cohetes.  Pero como las dos viejitas eran prudentes, los que nos permitían quemar eran estrellitas y unas bolitas de colores que, al somatarlas contra el piso, estallaban.  Nada de ametralladoras, varas, y otras cosas más complejas, que solo quemábamos en la Nochebuena, acompañados por mi padre.

Para la cena, mi madre dejaba la mesa puesta con buena cantidad de golosinas, así como con algún pequeño pavo o pierna que los niños íbamos despedazando poco a poco entre relato y relato.  A veces, claro, nos vencía el sueño.  Quién sabe si porque se iba haciendo tarde, o porque la voz de La mamita nos arrullaba, o por la copa de rompopo, vermouth, o marsala al huevo que se nos permitía tomar.

Cerca de la media noche, las viejitas se aseguraban de que la radio estuviera sintonizada en la estación que transmitiría El brindis del bohemio y de que nuestras pequeñas copas estuvieran llenas.  Cada quién tenía sus doce uvas.  Los dos mayores teníamos nuestras estrellitas y nuestras bolitas explosivas.  Y cuando comenzaba el alboroto propio de la bienvenida para el nuevo año nos abrazábamos como si no nos hubiéramos visto en décadas.  Y mis padres llamaban por teléfono y nos gritábamos ¡feliz año! como mejor podíamos.   Y cada noche de Año Nuevo, no importa en dónde esté, siempre recuerdo esas fiestas, y en mi corazón les agradezco a las personas que me han dado una vida buena.

Columna publicada en El Periódico.


30
Dic 11

De vuelta, luego de ir a la playa

Luego de dos días en Monterrico vuelvo listo para decirle adiós a 2011 y darle la bienvenida a 2012.  Me encanta la playa en fin de año, cuando no hace mucho calor y el cielo nocturno está cundido de estrellas.

Con mis sobrinos disfrutamos de Orión y sus alrededores, así como de una luna roja e intensa. Me revolcó el mar, como corresponde; y comimos muy sabroso. No vi ballenas, ni tortugas, ni cocodrilos, como en otras ocasiones; pero disfruté mucho a mi familia.


27
Dic 11

Secuelas de Navidad: los subproductos del pavo

Medio en broma y medio en serio, digo que para mí el pavo de estas fiestas es sólo un vehículo para obtener los subproductos que deja. Más que la carne del ave, en sí, a mí me gusta el relleno. Y el que hacemos en casa, con pan, menudos, vino blanco, mantequilla, castañas, champiñones, apio, cebolla y salvia, es mi favorito. Me encanta comerlo durante la cena, en Nochebuena, y al día siguiente sólo, o en sandwich con gravy.

Al día siguiente, también, hacemos ensalada de pavo con lo que queda de la carne. En casa de mis padres esa era la costumbre y a mí me gustan mucho hacer sandwichs con ella. En la foto hay uno de esos sandwichs y otro con el lomo de cinta relleno que nos envió mi amiga, Elsa. ¡Con Guinness para elevar la experiencia! La ensalada, por supuesto, tiene el sabor intenso y complejo de la carne de pavo que ha sido horneada para ser -por sí misma- la estrella de una cena estupenda.

Cuando yo estudiaba en la University of Maryland solía almorzar en la Students´ coop porque era barato, divertido y sabroso. Mi almuerzo preferido era un sandwich con queso cheddar ahumado y ensalada de pavo. Así que para recordar aquellas experiencias gratas, ahora hago mis sandwichs de ensalada de pavo, de esa forma. La ensalada la preparo con la carne picada, cebolla, un toque de aceite de oliva, un toque de salsa inglesa y mayonesa.

Otro subproducto maravilloso de la cena de Nochebuena es el caldo de huevos hecho con los huesos del pavo. Ese todavía no lo he preparado, pero en un descuido y que tenga tiempo, y lo hago con mucha alegría.


26
Dic 11

Inglaterra y la publicidad desafortunada

El anuncio que ilustra esta nota salió hoy en la página 15 de