26
Dic 11

Nuevo libro de Alberto de Aragón

El cuate Alberto de Aragón escribió un nuevo libro; y esto es lo que el columnista Gustavo Berganza escribió acerca de la obra:

Alberto de Aragón publicó recientemente “Al fin conocí a mi hijo”. Este libro, a diferencia de lo que ha escrito antes, no es un libro sobre su profesión. Es una obra en la que pasa revista a su vida, desde que su niñez en Florida y en Cuba hasta el momento en que logra conocer a Alberto José, su primogénito.

Esta revisión, a vuelo de pájaro – son 126 páginas que abarcan un período de casi 70 años- hace un pintura muy vívida de cómo se fue formando la comunidad cubana en Miami, exiliada luego de que la revolución de Fidel Castro se entronizó en la mayor de las Antillas. Alberto, cubano de nacimiento, describe con riqueza de detalles los esfuerzos de sus connacionales y de él por restablecerse en un lugar extraño, en donde no siempre se les mostraba aprecio. Cuando Alberto salió de Cuba, en 1960, era un hombre muy joven, recién casado y con la esposa esperando su  primer hijo.

Sin que Alberto lo supiera al momento de partir, esa salida a Miami rompería su primer su matrimonio. Y también pospondría durante tres décadas la posibilidad de conocer a Alberto José, su primer hijo.  Nunca rompió el contacto con él, ni siquiera cuando, cinco años después de haber dejado La Habana, decidió divorciarse.

A través del esfuerzo por no perder ese hilo de comunicación con Alberto José, que se convierte en el leit motiv que da unidad a su historia, Alberto nos narra momentos claves de su vida: su llegada a Miami, sus dificultades para encontrar trabajo en Florida, las tareas que tuve que realizar para sobrevivir, su establecimiento en Puerto Rico, donde definiría su carrera como analista de mercados y consultor político y su establecimiento definitivo en Guatemala, en la década de los 70.  Aunque es una historia que enfatiza las dificultades para lograr un trabajo digno y decorosamente remunerado, el libro es también un agradecido recuento de todas aquellas personas con quienes compartió amistad, aventuras y alegrías en Cuba, Florida, Puerto Rico y Guatemala. Es un testimonio de reconocimiento a quienes le ayudaron a establecerse o le apoyaron en momentos difíciles de su vida.

La narrativa culmina con el encuentro de Alberto y Alberto José. El encuentro es la culminación de un largo proceso, con momentos tensos y de rechazo durante la adolescencia del muchacho, pero que luego fueron suavizándose gracias a la intercesión de amigos del padre. Alberto logra ver hablar en persona con Alberto José en Antigua Guatemala. En esa ocasión el primogénito conoce también a Alicia Elena, la menor de sus hermanas, con quien establece un vínculo instantáneo de simpatía y cariño fraternal.

Seguramente por el elocuente retrato que hace de los afanes de los emigrantes cubanos en Florida, la Casa Bacardí lo escogió para presentarlo en un acto especial realizado en su sede, en  el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos, de la Universidad de Miam, hace algunas semanas. Un homenaje muy merecido, creo yo, para quien por medio del testimonio de su vida ha descrito las alegrías,trsitezas dificultades y triunfos de una de las diásporas más grandes que se dieron en Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX. Un abrazo para Alberto y mi admiración sincera por este relato


25
Dic 11

Los fuegos artificiales de la Nochebuena

Imagen de previsualización de YouTube

Bajo la mirada de Júpiter, en el cielo, los cuatro puntos cardinales de la ciudad de Guatemala se cubrieron de luces. ¡Chispas, qué cantidad de pólvora queman los chapines para la Nochebuena!

Los juegos pirotécnicos comenzaron a eso de las 11:45 p.m., tuvieron su climax a las 12:00 y continuaron hasta pasadas las 00:30 a.m. Hubo de todos los colores y de todos los tamaños. Los había en todos los rincones de la ciudad y algunos a sólo unos metros de mi balcón.

Por supuesto que no hay Nochebuena chapina sin pólvora; y me llamó la atención que el ruido de cohetillos disminuyó bastante, en tanto que el número de fuegos artificiales es impresionante.

Ahora, que son las 6:00 p.m. del día de Navidad, ya se ven multitud de luces en el cielo. Ahora son Venus y una Luna -como una uña casi imperceptible- los observan desde encima del volcán de Agua.   Los chapines quemamos cualquier cantidad de pólvora en la Nochebuena y para el Año Nuevo a la media noche.  También es costumbre quemar cohetes a las 12:00 del medio día el 25 de diciembre y el 1 de enero; así como quemar fuegos artificiales y cohetes a las 6:00 p.m. de esos días.


25
Dic 11

Globos durante la Nochebuena


Anoche hubo varios globos volando sobre la ciudad de Guatemala; me llamaron la atención porque no recuerdo haberlos visto el año pasado. Se ven hermosos con su luz, sus colores vivos y su paso tranquilo.


25
Dic 11

Mi tradicional desayuno de Navidad

Un tamal colorado y otro negro son mi tradicional desayuno de Navidad.  ¡Que gozo siento cuando abro las hojas de maxán y me encuentro con los colores brillantes de estas delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de ambos tamales invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por una montaña rusa de recuerdos y alegrías.  El momento culminante, sin embargo, es cuando la masa gentil y el recado poderoso llegan a mi paladar.  ¡Aaaaah, que cosas mas ricas!

Para el desayuno de la Navidad me gustan mis tamales acompañados con café; y este año el postre fueron galletas.  Algunas de las galletas tradicionales que eran elaboradas en las casas de mi abuela, Frances, y de mis padres.  Eso sí, ahora elaboradas en mi casa.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolì) y, en el caso de los negros, con chocolate. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, y pollo.  Aunque a mí me gustan más los de cerdo.

Los tamales tienen raices precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente adicionales. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de plátano y de maxán en las que son envueltos. Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las aceitunas, las alcaparras y las almendras.

Los de doña Estelita son la receta de su madre y su familia es de San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.

El teléfono de doña Estelita, por cierto, es 2474-0260.


24
Dic 11

Venus sobre el volcán de Agua

Este es Venus sobre el volcán de Agua, sobre el valle de la ciudad de Guatemala en esta Nochebuena.


24
Dic 11

La cena de Nochebuena

Mi madre, dos de mis sobrinos y mi hermana pasaron un rato hoy en la noche; también algunos amigos.  Buena música, delicioso Merlot y la cena que nos quedó estupenda complementan una noche muy agradable.  Faltan las luces de la media noche y los regalos.

Esta vez hicimos pavo relleno, con la receta de mi bisabuela; e hicimos ensalada Waldorf por primera vez.  Yo no era muy amigo de esta ensalada porque las he probado con mayonesa y no me parecía algo particularmente agradable.  Empero, esta vez hicimos un aderezo dulce, de crema y huevos que casi me saca las lágrimas.  Como siempre, mi parte favorita del pavo es el relleno, y he estado comiendo cucharadas de él.  Lo de usar este aderezo se me ocurrió porque hace dos años probé algo parecido en casa de mi amiga, Carmen F. y realmente era otro nivel.

¿Cuál es el complemenento perfecto de esta noche? Pasarla con las personas a las que uno ama y recibir las llamadas de los amigos que lo quieren a uno.


24
Dic 11

El incendio en la fábrica Flamingo

Así se vio el incendio de la fábrica de calcetines Flamingo, desde mi balcón. De lunes a domingo, todos usamos calcetines flamingo era el slogan de esta empresa.  Cuando yo era niño, para la celebración de mi cumpleaños 11, o 12, un cuate me llevó a regalar una caja de estos calcetines y recuerdo que eran varios y de muchos colores.  El slogan era pegajoso porque fue lo primero que me vino a la cabeza cuando me enteré cuál era el origen de la humazón.

El slogan de Flamingo es un clásico de la industria chapina; junto a La cigueña los trae y Mi amigo los viste, de los almacenes Mi amigo; No diga dólar, diga quetzal, no diga acumulador, diga Tikal, de los acumuladores Tikal; o Tan guatemalteco como tú, de Pollo Campero.


24
Dic 11

Imprudencias en el transporte extraurbano

Estos iban, ayer, sobre la Calzada San Juan; pero no son los únicos.  El miércoles, por el monumento a Tecún Umán vi a otros en circunstancias parecidas.


23
Dic 11

Aromas de Navidad

La Navidad me huele a ponche, manzanillas y pinabetes.  Huele a los nacimientos en las casas de mis abuelas, y a la cena y al intercambio de regalos en la casa de mis papás. Huele a mincemeat pie y a galletas recién horneadas. Tiene el aroma de sentarse en la acera a quemar cohetes ¡de uno en uno! Huele a tamal negro y tamal colorado para el desayuno del 25; y a caldo de huevos, hecho con los huesos del pavo, para el almuerzo.

Es la fiesta en la que más disfruto las sonrisas de mis sobrinos y las llamadas de mis amigos. ¡Me encanta el espíritu de Navidad!  Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad, compartir con los que no tienen, y en mi caso, turrones y tamales.

Es una lástima que los enemigos de la alegría y del placer aprovechen para emprenderla contra lo que califican de consumismo. ¿Preferirían, quizás, que el mensaje navideño fuera: Llorad y arrepentíos, en lugar del que se manifiesta con la tradicional algarabía?

En el aspecto material, lo que otrora fuera las fiestas saturnalias –de los romanos– genera corrientes inmensas de ingenio y de emprendimiento.  Creatividad que produce alimentos, ropa, juguetes, luces, adornos y numerosos objetos de placer.  Muchas gentes tienen trabajo durante todo el año para preparar la parafernalia navideña.  De modo que lo que los scrooges critican como la parte maligna de la Navidad, resulta ser el pan de cada día y una vida digna para miles y quizás millones de familias alrededor del mundo.

La que estamos celebrando es una fiesta poderosa, cuyo encanto inocente y alegre invade a todo aquel que se relaja y tiene algo de niño.   Usted dirá que soy un cursi; pero aquí, y haciendo cálculos, los mejores recuerdos de mis navidades siempre han involucrado sonrisas.  Desde sonrisas inocentes, hasta sonrisas pícaras, pasando por sonrisas de complicidad y sonrisas de sí, yo también siento algo de nostalgia, pero me aguanto como los machos.

Dada su popularidad, parece evidente que los  humanos, de casi todos los colores y convicciones, disfrutamos de un festejo universal que nos recuerda los principios que valoramos, una fiesta propicia para intercambiar regalos y halagar a las personas que amamos.

Si alguien lee estas líneas: ¡Muchas bendiciones!, y que esta Noche Buena la pasen rodeados de amor y en paz.

Esta columna fue publicada por El Periódico.


23
Dic 11

¡Que alegre, ya vinieron los tamales!

Los tamales, para la Navidad, ya vinieron a casa.  ¡Por supuesto que vinieron colorados y negros y, por supuesto que son de cerdo!  Esas delicias me están haciendo ojitos; pero a mí me gusta comer los primeros para el desayuno del 25.

¡Como disfruto de su sabor y aromas intensos!  ¡Cómo me gustan sus colores brillantes y su textura suave y acariciadora del paladar!

Este año no llegué a tiempo para ver cómo los armaban; pero el año pasado si tuve la dicha de ver ese proceso complejo y extramadamente cuidadoso.  Los tamales bien hechos son una muestra de excelencia culinaria que a mí me deja maravillado y contento.  Desde la textura y el sabor de la masa, hasta el doblado perfecto de las hojas, pasando por la sazón del recado.

De niño, recuerdo haber comido los de mi bisabuela, Adela; y los de mi tía abuela, La Mamita; pero lastimosamente no recuerdo su sabor que deben haber sido maravillosos, dado que eran cocineras estupendas.  Recuerdo muy bien los de mi tía Baby, que también eran riquísimos y su receta derivaba de la de mi bisabuela.  También recuerdo que, durante un tiempo, le compraba tamales a una señora de por allá por el barrio de Gerona; y esos eran muy sabrosos.

Actualmente, y para mí, los tamales de doña Estelita son los mejores de todo el universo mundo.  Su sazón es impecable y usa ingredientes de primera.  Me encanta que no es tacaña con el recado, ni con los aderezos.  Y amarra los tamales como debe ser.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolì) y, en el caso de los negros, con chocolate. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, y pollo.  Aunque a mí me gustan más los de cerdo.

Los de doña Estelita son la receta de su madre y su familia es de San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.

El teléfono de doña Estelita -que, en casa, nos ha hecho dichosos con sus tamales durante casi 25 años- es 2474-0260.