A esta organillera la encontré en la Sexta avenida de la zona 1, el 15 de septiembre pasado durante los festejos de la Independencia. A mí me caen muy en gracia los organillos y a la gente siempre le llaman la atención. Hace unos tres años me encontré a otro en el Cementerio General; y, a principios de este año, cuando visité el Museo de los Músicos Invisibles, descubrí una buena fuente de información sobre estos instrumentos y su fabricación aquí en Guatemala.tradiciones
26
Sep 10
Organillera en la calle
A esta organillera la encontré en la Sexta avenida de la zona 1, el 15 de septiembre pasado durante los festejos de la Independencia. A mí me caen muy en gracia los organillos y a la gente siempre le llaman la atención. Hace unos tres años me encontré a otro en el Cementerio General; y, a principios de este año, cuando visité el Museo de los Músicos Invisibles, descubrí una buena fuente de información sobre estos instrumentos y su fabricación aquí en Guatemala.16
Sep 10
En peligro el puente que hizo el diablo
15
Sep 10
¡Ya es temporada de pasteles de Luna!
Hoy fui a traer mis pasteles de Luna. En otoño y en celebración del Festival Zongquiu, es una costumbre china la elaboración de estas delicias. Los pasteles de Luna son densos y pesados comparados con los pasteles occidentales tradicionales; y suelen estar decorados con caracteres que aluden a la felicidad, la longevidad y otros buenos deseos, acompañados por imágenes de flores y conejos entre otros.
Los rellenos varían; pero usualmente son pastas de flor de loto, de frijoles dulces, o de alguna combinación de nueces y semillas. Hoy conseguí de los que tienen incluida una yema de huevo salada; pero los prefiero sin huevo. Me gustan mucho más con sólo rellenos dulces no sólo por su sabor delicado, sino por su textura y su aroma.
A mí, los pasteles de Luna me gustaron desde la primera vez que los probé, seguramente a finales de los años 90, gracias a mis amigos de Taiwán. Desde entonces, siempre estoy pendiente de que salgan a la venta, a mediados de septiembre, en el restaurante Lai Lai.
28
Ago 10
Fortuna, prosperidad y longevidad
22
Jul 10
Prepucios, cráneos, y otras reliquias
Cuando yo era niño, había en la casa de mis padres un cuadrito que contenía un pedazo del hábito de Martín de Porres. El pedacito no podía haber tenido más de dos milímetros de diámetro y era de color gris, según recuerdo. La última vez que vi el cuadrito fue ca. 1973 y ahora nadie conoce su paradero.
01
Jul 10
Desfile de carrozas alegóricas
03
Jun 10
El da la paloma y ella da el mico, costumbre chapina
01
Jun 10
¿Qué es del Puente de Los Esclavos?
Mientras que la mayoría de puentes construidos por Jorge Ubico (1931-1944) sobrevivieron a los huracanes Mitch y a Stan, la mayoría de puentes construidos por administraciones posteriores y supuestamente con materiales y tecnología modernas, se caen. ¿A qué se deberá eso? Yo empezaría a explorar la corrupción…;pero puede que esté equivocado.
11
May 10
Barquillos, horchata y refresco de canela
Típicos de las fiestas infantiles, en Guatemala, son los barquillos, los chiquiadores, el helado y los refrescos de horchata y de canela; también el pastel con turrón y los sandwichs de jamón y queso, y más recientemente los hot dogs, o las pizzas.
El sábado pasado, durante un almuerzo al que asistí, nos ofrecieron barquillos y turrón; y fue impresionante cómo reaccionamos en la mesa. ¡Aaaaaah, barquillos y turrón! Esas golosinas sacaron a los niños que llevamos dentro y ahí mismo brincó el espíritu ludico. Lo primero fue recordar el menú de las fiestas infantiles de casi todos los que estábamos en la mesa; y acto seguido el infaltable juego de ponerse los barquillos en los dedos.
La verdad sea dicha, nunca disfruté de las piñatas y de las fiestas infantiles. Me fastidiaba tener que socializar con niños desconocidos y -como era introvertido- detestaba ser el centro de atención cuando había que romper la piñata. Y para mí, lo único bueno que había en aquellos acontecimientos era el momento en el que comía mi helado con barquillos, y el momento en el que tomaba agua de canela (que ya no se acostumbra).
En casa nunca tuve una piñata. Mis padres organizaron dos, o tres en el colegio, cuando estaba en Pre-primaria y Primaria; y mi abuela, Frances, me hizo otra cuando tenía unos 5, o 6 años. En casa de mi abuelita Juanita y de La Mamita mi hermano y yo podíamos tener piñatas para dos cuando quisiéramos; pero poquísimas veces hicimos uso de esa facultad. Yo era un antisocial y mi hermano era el sacrificado.
¿Y cómo celebrábamos nuestros cumpleaños? Mis padres nos invitaban a cenar afuera, con amigos de ellos, o con alguno que otro tío, o tía. Y nos la gozábamos como micos. La primera vez que rompimos con el tema de la fiesta infantil fue cuando estaba en el Segundo año de primaria y cuando volví de clases, al medio día, mis padres me estaban esperando para ir a almorzar a La Antigua. Comparado con eso, ¿por qué iba a querer una piñata con críos?
Eso sí, antes y ahora, siempre estoy listo para comer barquillos con turrón. Y por lo visto, los niños que ahora son mis cuates, también.






