11
Dic 19

¿Qué se necesita para las fiestas chapinas de fin de año?

Gran parte del carácter tan propio de las fiestas de fin de año chapinas son las decoraciones que usamos en nuestras casas.  Muchas de esas decoraciones están íntimamente relacionadas con la naturaleza y lo que hay disponible para celebrar; y todas reflejan formas de cultura y costumbres. Aún si ocurre como en casa, donde celebramos el solsticio de invierno, el fin de año no sería igual de festivo sin toda la parafernelia chapina.

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En la foto se ven mi tortuga, chinchines y jícara de cuando era niño.  ¡Esa tortuga y lo demás deben tener por lo menos 50 años!  En Guatemala, las tortugas, chinchines y guacalitos sirven para las orquestas que acompañan los ritos y cantos propios de la Navidad.

Mi caparazón de tortuga me la  compraron La Mamita y mi abuelita Juanita cuando yo tenía unos seis años. Con mi pequeña tortuga acompañé docenas y docenas de festejos de fin de año, tanto en la casa de las citadas tía abuela y abuela, como en la casa de mis padres. Y en la casa de mi abuela Frances, tenía otra tortuga que todavía era más antigua y que quién sabe a dónde fue a parar.

Una orquesta navideña guatemalteca necesita de tortugas y de otros instrumentos como chinchines, guacales y jícaras hechas de frutos del morro. Mis chinchines, guacales y jícaras que están pintados de negro y tienen diseños en forma de animales, o de plantas. Y el chinchin que más me cae en gracia es el que ves en la foto, con cara de animalito.

El color negro de aquellas piezas es un laqueado singular. Los artesanos chapines lo hacen con hollín y la grasa de un insecto parecido a la cochinilla, al que le dan el nombre de nij. Pero también hay chinchines, guacales y jícaras pintados de colores; y de estos, mis favoritos son los que combinan el rojo y el amarillo.

Ahora bien, estos instrumentos encantadores y primitivos, en manos de niños de entre 3 y 12 años, le dan sonido a una orquesta atronadora que difícilmente puede llevar el ritmo, o si quiera tocar la misma pieza. Y sin embargo, es capaz de evocar recuerdos llenos de alegría y de extraordinarios momentos familiares. Al ritmo de tucutícutu, cada quién hace lo que puede y todos la pasamos contentos si sabemos disfrutar del contenido cultural de las fiestas, aunque no lo compartamos todo.

Son indispensables, para las fiestas de fin de año chapinas, los hilos de manzanillas, chiribiscos, pinos, cipreses o pinabetes, musgo, paxte, barba de viejo o musgo español, chichitas, camarones, aserrín de colores, hojas de pacayas, patas de gallo, pascuas, portales, gallitos, piñas de pino, pino suelto y chorizo de pino, arena y piedrín, pastores y ovejas y otras figuras variadas, bricho brillante y otros adornos de lo más dispares, ranchitos, tortugasy chinchines, cohetes y fuegos artificiales, ponche de frutas o caliente y, tamales.

¿Cuál es tu parte favorita de estas fiestas de fin de año?


10
Dic 19

¡Otro año de Luces Campero!

Con un vaso del delicioso ponche de frutas hecho en la casa, rodeado de gente querida y entre ¡Ooohs! y ¡Aaahs! disfruté mucho de las Luces Campero.

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El niño que hay en mi se maravilla con los colores y las formas de los fuegos artificiales. Hay algo en los juegos pirotécnicos que me emociona mucho y me invita a aplaudir y a expresar mi asombro en el sentido aquel de Baila como si nadie te estuviera viendo, ama como si nunca te hubieran herido y canta como si nadie pudiera oírte…Quizás por eso es que me gustan tanto las Luces Campero, los toritos y las mariposas, los castillos y otras pirotécnias.

¿Sabes que durante unos 10 años, minutos más y minutos menos, nunca vi las Luces Campero?  En parte porque se me olvidaba estar pendiente de ellos y en parte porque trabajaba el día en que se celebraban. El primer año tuve la mala idea de subir a verlos al mirador de la carretera a El Salvador y fue un desperdicio de tiempo y de esfuerzo, sólo recuerdo que se veían bien pequeños y que el tráfico fue infernal.

Que dicha por los niños que los ven por primera vez; y que dicha por los adultos que los gozamos como si fuera la primera vez.


08
Dic 19

Loas en Ciudad Vieja

¿Por dónde empiezo?…la fiesta de anoche, en Ciudad Vieja fue una experiencia que sobrepasó todas mis expectativas.  Vimos dos loas, bailamos y cantamos, me la gocé con amigos queridos y participamos de las tradiciones en una población donde uno se siente muy bienvenido y la gente es muy atenta.

Ibamos en busca de la célebre loa o danza-drama de los veinticuatro diablos que ya habíamos visto en 2014; y aunque no la encontramos tuvimos la suerte de darnos con la loa  o danza-drama de El Apocalípsis.  Esta loa incluye a Lucifer, unos siete diablos, otros siete arcángeles, la muerte, un fraile el mico infaltable y por lo menos otro personajes gracioso.  La escenificación es acompañada por dos músicos que tocan una guitarra y un acordeón.

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Hace cinco años lo notamos pero anoche fue muy evidente: la gente de aquella población es muy amable y atenta.  Rápido nos dieron información y estacionamos a doscientos metros de dónde se iba a realizar la presentación.  Nos tomamos fotos con muchos personajes y disfrutamos del inicio de esta loa con la correspondiente chelita Gallo.

Como en las calles de toda la población están ocurriendo docenas de actividades dispusimos caminar en busca de los Veinticuatro diablos, o de quién sabe qué pudiéramos hallar.  No tuvimos que andar más de 500 metros cuando nos encontramos con la loa o danza-drama  El tirador, de los niños.  Esta loa incluye a un tirador con honda, y poco más de una docena de niños vestidos de animalitos y una marimba de tres músicos.  El personaje que se robó el show fue el niño más pequeño que -disfrazado de perrito- era muy aplaudido por el público; y la verdad es que hizo su parte con mucha gracia.

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Luego dispusimos agarrar para el parque central en busca de fuegos artificiales y música de marimba orquesta; pero como el hambre es canijo nos detuvimos en la panadería La esquina donde estaban preparando unos churrasquitos que resultaron deliciosos.  Además me comí una polvorosa riquísima.

En Ciudad Vieja todas las calles son fiesta y la gente está de fiesta.  En la medida en que nos acercábamos al parque en esa medida las ventas y la multitud se hacía más densa.  La plaza estaba abarrotada y la marimba orquesta se lucía con su música, sus coreografías y los colores de sus luces; y las juegos pirotécnicos iluminaban el cielo.  En el camino nos encontramos con una Imagen de previsualización de YouTubey para no engentarme dispusimos regresar a las calles aledañas, con la esperanza de encontrar otra loa.

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No la encontramos pero hallamos a Las primas; un grupo de balile femenino que va por las calles con un musicón y que la gente disfruta mucho.

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Es una lástima que hayan pasado cinco años sin que volviera a Ciudad Vieja después de los Veinticuatro diablos de 2014.  Hoy la fiesta sigue y habrá toritos.  No estaré allá porque en la ciudad de Guatemala son las Luces Campero y hay fiesta en casa.  ¡Pero como quisiera volver!  De cualquier manera de ayer en ocho también hay celebraciones allá. Llama mucho la atención el hecho de que los jóvenes tienen una gran participación en la conservación de las tradiciones en aquella población.  Uno como visitante se siente muy bienvenido en esta fiesta.

¿Alguno de los lectores sabe detalles sobre El Apocalìpsis y El tirador, de los niños?  De verdad me gustaría saber más sobre esas representaciones.  Se, porque mi tía abuela La Mamita me contaba, que las loas son representaciones teatrales que los frailes escribieron durante la conquista para indoctrinar a los indígenas; pero me gustaría conocer detalles. En este enlace hay algo que escribió Celso Lara, al respecto.

Para mí fue una experiencia cautivadora la que tuve en Ciudad Vieja; y estoy seguro de que para Mayra, Marta Yolanda, Mario y Raúl fue igual de deleitosa y enriquecedora.  ¡Que dicha!


07
Dic 19

¡Ya tenemos arbolito en casa!

En casa celebramos el solsticio de invierno y otras fiestas de fin de año con arbolito y decoraciones tradicionales de Guatemala.  El arbolito tiene que ser pinabete; y no pueden faltar la manzanilla, los chinchines, la tortuga, los gallitos, el musgo, las luces y todo aquello que nos conecta con nuestra infancia y con las generaciones que nos han precedido.

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El niño que incluimos entre aquellas decoraciones representa nuestra confianza en un universo benevolente, nuestra esperanza por un futuro mejor y la alegría que traen a casa las nuevas generaciones.

En las casas de mis padres y de mis abuelas no siempre había pinabete. De cuando yo era niño recuerdo varios árboles memorables. En casa de mi abuelita Juanita me es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel (aquel cabello de ángel, de verdad, que era de fibra de vidrio) y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento (o Belén) en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles eran generalmente pinabetes, o cipreses. A veces eran adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; árboles siempre llenos de figuras variadísimas y algunas muy antiguas, así como con luces multicolores. Allá los árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos toda clase de arbolitos. Aunque los favoritos eran los pinabetes, tuvimos pinos, cipreses. Los pinos no me gustaban porque, a pesar de que olían rico, se ponían tristes rápidamente y también tuvimos algún chiribisco. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda unos árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared.

En casa es tradición que cada año compramos un adorno nuevo y lo incorporamos a los que ya tenemos. Hay adornos variados: dos hawaiianas, uno que muestra a Odin, otro de La rebelión de Atlas, uno del barco Estrella de la India, varios con motivos propios de la temporada, unos con mapas, y así.

Este año como en otros-gracias a doña Mireya, don Ronald y al Rafa que los cultivan hermosos y con mucho carácter- tenemos un árbol hermoso, aromático que nos llena de magia y de alegría la casa. Ese arbolito me trae gratísimos recuerdos de decenas de alegres festejos, y promete muchos más. Si quieres tu pinabete, los hay galanes en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


29
Nov 19

Fue un Día de Gracias diferente

Mi abuela decía que Es de bien nacido ser agradecido y en el Día de Gracias, que se celebró ayer, muchos agradecimos el trabajo, la salud, la familia, los amigos, el amor, y que no nos faltan techo y una mesa servida.  Eso es bueno, por supuesto, porque ser agradecido nos ayuda a ser conscientes del mundo que nos rodea y de nuestros contextos; y nos recuerda que la realidad existe.  Ser agradecido nos conecta con la cadena de causalidades que hacen posibles nuestras vidas.

Pavo es la comida tradicional en esta fiesta.

Escucha el podcast aquí.

El miércoles, sin embargo, mi amigo Ramón me llamó la atención sobre dos de esas causalidades que parecieran ser las causalidades olvidadas que pocos agradecen. ¿Cuáles crees que son? Pues son la propiedad privada y el afán de lucro, que hacen posible la abundancia; idea que expone muy bien Lawrence W. Reed, en un artículo titulado Why the Pilgrims Abandoned Common Ownership for Private Property.

Por cierto, la idea de tener un día de agradecimiento no es exclusiva de los gringos.  En Guatemala tenemos el día del fiambre o Día de los muertos en el que agradecemos la vida, la abundancia y la posibilidad de compartirlas con familia y amigos.

De vuelta al Día de Gracias, suelo recomendar en estas fechas una miniserie que se llama Saints and Strangers, que te acerca y te muestra las penurias espantosas que sufrieron los pilgrims -en la colonia de Plymouth- durante los primeros años de asentamiento. En esos años, la propiedad era común, las cosechas eran centralizadas y luego repartidas de forma igualitaria y había obligación de trabajar para la comunidad, en vez de para uno mismo, durante cierto tiempo.  El resultado no debería sorprender a nadie: hambre, enfermedades y muerte.

¿Qué salvó a aquellos colonos? El acuerdo moral de respetar la propiedad, que no es el derecho a tener bienes; sino el respeto a la posibilidad de actuar y hacer lo que es correcto para producir, u obtener bienes. No es la garantía de que uno obtendrá propiedad alguna, sino sólo la de que poseerá los bienes si los obtiene. Es el derecho a ganar, conservar, usar y disponer de valores materiales.

¿Qué piensas?

Columna publicada en elPeriódico.


17
Nov 19

¿Por qué me gusta tanto la fiesta del Árbol Gallo?

Como en casi todos los años, ayer fuimos a pasear a la fiesta del Árbol Gallo ¡que alegría da ver a las familias y a los niños gozando del ambiente y de las expectativas!  Hay que ver las caritas de los niños para entender la naturaleza de esta celebración popular.

Las familias se juntan para celebrar junto al Árbol Gallo y el ambiente es muy festivo.

Es alegre ver a las familias que se instalan desde temprano y hacen picnic en la Avenida de la Reforma y en otros espacios.  Tienden sus mantas, sacan sus comidas y bebidas, hacen la siesta, departen, se ríen y gozan de una tarde fría y agradable.  También es alegre ver a las familias y a los jóvenes que llegan a poner sus negocios con la esperanza de hacer unos centavos.  Ayer tuve la suerte de estar ahí en el momento en el que los vendedores se instalaron en la avenida y la cinta asfáltica cobró vida.

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Normalmente está adornada con luces la Avenida de las Américas, pero este año las luces cubren abrazan los árboles de la Avenida de la Reforma.  Por un rato nos quedamos viendo el show de los payasos y nos reímos mucho junto a docenas de niños, padres y abuelos que gozaban las ocurrencias.   La música coronaba muy bien todo el ambiente festivo.

Cuando paseo entre la gente, en aquel entorno de festival, vivo lo que es ser niño y la capacidad que uno tiene de maravillarse con la felicidad de otros, con las luces, con la música, con juguetes y con el mero hecho de estar vivos y de gozar la vida. De alguna manera  es algo como bailar como si nadie estuviera viendo.

Colores. música y alegría se viven en “El Obelisco” y junto al Árbol Gallo.

Al caer la noche nos fuimos a la casa de mi hermana, que se acaba de mudar, y vimos los fuegos artificiales desde la terraza; y ¡que dicha estar vivos y compartir con quienes amamos!

Admito que es una lástima que la misma gente que tanto disfruta de la fiesta sea la gente inmunda que deja el lugar y sus alrededores hecho un asco; pero date una vuelta en la madrugada del 15 de diciembre por la 18 calle; o date una vuelta por La Antigua en la noche del Viernes Santo y vas a ver bastante de lo mismo.  Date una vuelta por cualquier fiesta de pueblo y ¿qué crees que vas a encontrar? La cultura de la inmundicia está bien enraizada.


01
Nov 19

Fiambre para celebrar la vida

La fiesta del fiambre es el Día de gracias chapín.  Es una festividad que celebra la vida (como en el Día de los muertos), los frutos del trabajo productivo y la dicha de tener con quienes compartirlos. Hace unos años leí, en Twitter, que la verdadera soledad es no tener quién te regale un buen plato de fiambre.

Escucha el podcast aquí.

¡Fiambre!

No es posible un buen fiambre sin trabajo y sin productividad, sin ahorros, sin productos y sin familia y amigos para compartirlo.

Cada familia tiene su propia receta de fiambre, y ¿sábes cuál es el mejor fiambre? El que sabe como el de la casa de tus padres, o como en la de tus abuelos; pero también es el que tiene tu toque personal.  El que te recuerda tu niñez, tu adolescencia y tu proceso de maduración, y el que tiene tu carácter.  El mejor fiambre es el que es acerca de tus raíces y acerca de tus ramas…para usar una metáfora como cualquiera otra.

Hay fiambres rojos, blancos y verdes; y en casa el caldillo de nuestro fiambre es rosado.  El fiambre es un plato tradicional de la cocina guatemalteca y es muy complejo por lo que requiere de todo el buen juicio, la pasión y la sazón que puedan tener quienes lo preparan.  Las claves de un buen fiambre son la armonía de los sabores, de sus formas, sus texturas y sus colores, así como la calidad de los ingredientes y tener con quién compartirlo.

La preparación del fiambre lleva semanas de planificación y de ejecución.  La fiesta del fiambre no es sólo acerca de comerlo (que ya es bastante bueno); sino acerca de la expectativa de seleccionar las carnes, los embutidos y los adornos; es sobre la compra de las verduras y sobre el proceso de hacerlo en familia, con amigos y en buena compañía. Es sobre lo que se goza haciéndolo y sobre recordar y recordar las anécdotas relacionadas con su elaboración.

A mí me gusta el fiambre desde niño, y recuerdo muy bien la emoción que sentía cuando llegaba este día y nos dirigíamos a casa de mi abuela, para almorzar.  Recuerdo muy bien lo feliz que estaba el primer día que mi madre preparó el fiambre en casa y la ilusión con la que preparamos nuestro primer fiambre, en mi casa.

Columna publicada en elPeriódico.


31
Oct 19

¡Celebramos Halloween!

En Guatemala, con la llegada del Halloween y del Día de los muertos se inauguran las fiestas del fin de año. Durante tres días- entre hoy y el 2 de noviembre- se celebra una de las fiestas más importantes del calendario de celebraciones chapinas.

Este soy yo en el papel de El mojne loco.

Aquí, el Día de todos los santos y el Día de los muertos se fusionan en el asueto del 1 de noviembre día en que las familias se reúnen para comer e intercambiar el célebre Fiambre; y mi hipótesis -sin fundamento científico- es que esta fiesta es nuestro Día de gracias.  Celebración que es una mezcla encantadora de tradiciones precolombinas, virreinales y celtas.

Por cierto, que no te engañen, no es cierto que la tradición de pedir dulces en la noche de hoy sea ajena a la cultura chapina. Los niños de los tiempos de Naná camota, durante lo que ahora conocemos como Halloween, iban de casa en casa recitando: Angeles somos/ del cielo venimos/ cabecera pedimos./ Si no nos la dan/ puertas y ventanas lo pagarán. Era la versión criolla del trick, or treat; y si los críos no recibían sus dulces de ayote y de jocotes manchaban puertas y ventanas de los tacaños con cal.

La noche de hoy, la de Halloween, es importante porque es la víspera.  Es la noche en la que se deja curtiendo el Fiambre para comerlo mañana. La noche en la que los ingredientes quedan mezclándose e intercambiando sus sabores y aromas de la forma en la que lo hicieron nuestros padres, nuestros abuelos y los abuelos de nuestros abuelos. Además es una noche juguetona en la que -con disfraces- celebramos la vida y nos burlamos de la muerte; así como de las brujas, de la hechicería, de los monstruos y de otros productos del misticismo.

El 1 de noviembre y en celebración de la vida (este detalle es muy importante), las familias recuerdan a los que han fallecido y alrededor de un plato opulento –que incluye variedad de carnes, embutidos, vegetales y adornos exuberantes–  celebran que están unidas, que pueden comer aquellas delicias y que ¡hasta pueden compartirlas!

El Fiambre, como el pavo y otras maravillas del Día de Gracias, no es posible sin trabajo productivo, sin cosechas, sin ahorros, sin salud, prosperidad, ni talento. Todo ello digno de ser celebrado. El Fiambre que se come en soledad no sabe tan bien como el que se come acompañado por las personas que uno ama, que uno valora, que uno admira, que uno respeta o a las que uno les tiene cariño.

De cualquier manera, una fiesta en la que se celebra la vida y en la que se hace mofa del misticismo; una fiesta en la que se les quita importancia al mal y a los monstruos;  una fiesta en la que se celebran la bonanza y la prosperidad; y una fiesta en la que la familia es el núcleo unificador, es una fiesta que merece ser celebrada.


16
Sep 19

Fiesta en La Sexta y en el Obelisco

Como todos los años, me gusta celebrar la fiesta de la Independencia en La Sexta avenida, la Plaza de la Constitución y en el monumento a los Próceres (u Obelisco).  Me gusta mucho esta fiesta porque la gente la ha hecho suya.  Especlalmente la tradición de las antorchas es una expresión popular de alegría, pertenencia y libertad.

¡Antorcheros! Haz clic en la foto para ver más fotos.

La excusa  para la fiesta es celebrar a la patria; y es muy conmovedor ese patriotismo cándido que se pasa de generación en generación porque la patria es donde está enterrado tu mux.  Sospecho, empero, que en el fondo, fondo, lo que celebramos en estos días es la vida, o la simple posibilidad de celebrar.  El hecho de que se puede estar ahí, con quien uno elige para estar ahí y el hecho de que uno se puede divertir y pasarla bien.  Se vive plenamente cuando se disfruta la vida.

Me gusta ir a eso de las 5:00 p.m. al Centro a ver la llegada de las bandas escolares que enfilan hacia la Plaza de la Constitución y el paso de los antorcheros que van hacia el norte de la ciudad.  Me emociona mucho la alegría con la que participan familias enteras y gente de todas las edades.  Me conmovió una foto que envió Raúl, de antorcheros en sillas de ruedas; y una que tomé de una señora que no se perdió de la fiesta, aunque fuera en uno de aquellos muebles.

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Me enteré de que los colegios de Primaria no llegan hasta la Plaza para la ceremonia de arriar la bandera y para las escuchar las salvas de artillería; pero eso no impide que los chiquillos desfilen en la Sexta avenida, como otros estudiantes mayores.  La Sexta, por cierto estaba galana adornada con banderas; y personal de la Municipalidad hacía un buen trabajo ayudando al paso de vehículos, bandas y peatones.  Gracias a la PNC y al Ejército por proveer seguridad en el área y en el Obelisco.

Al aproximarse las 6:00 p.m. nos dirigimos a la Plaza de la Constitución y desde la desembocadura de la Sexta Avenida -casi junto a donde estaban los cañones- escuchamos las salvas de artillería.  Es muy divertido como reaccionan los niños que las oyen por primera vez; y al lado de nosotros había un grupo de adolescentes que nos hicieron reír mucho con sus reacciones.

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En la Plaza se canta el himno nacional que casi todos saben poco más, o menos; y también el himno de Centroamérica que casi nadie sabe.  En donde estábamos sólo Raúl, una señora y yo entonamos aquel himno, y mucha gente nos veía con cara de, ¿qué está cantando esta gente? Yo no soy centroamericanista; y quienes me conocen saben que yo me inclino más por las ciudades libres, que por los grandes estados-nación.  Pero hoy (y ayer) no sólo es fiesta de los chapines, sino de los centroamericanos.

Por el lugar en que estábamos no escuchamos los abucheos al Presidente; y ¿sábes qué? Los chapines deberíamos conservar la sana costumbre de abuchear a los presidentes.  Para ponerlos en su lugar, para recordarles de dónde vienen y a dónde van y que no son más que mandatarios de nosotros los mandantes.  Para recordarles que, a menos que encarnen la unidad de la nación y que se comporten com dignitas, gravitas e integritas, son prescindibles en estas celebraciones.

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Luego de las ceremonias nos quedamos un rato en la Sexta para ver el retiro de algunas de las bandas que optan por tomar esa vía. Me alegra mucho cuando el público aplaude el paso y las demostraciones que hacen las batonistas y los gastadores, por ejemplo.

Luego de pasar un buen rato sentimos que el hambre apretaba y nos fuimos a cenar: hamburguesas y Guinness. Es muy agradable caminar por la zona 1 durante fiestas como esta. Pasamos, por ejemplo, por la concha acústica en el Parque Centanario donde había una orquesta y gente bailando.  Y luego de cenar, como Panza llena, corazón contento, agarramos camino al  monumento a los Próceres donde nos esperaba la segunda parte de la fiesta.

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La celebración en el Obelisco se diferencia de las que hay en el Centro en que en el Obelisco  no hay funcionarios.  La gente llega a encender sus antorchas, a tomarse la fotos y a salir corriendo  cada quién en lo suyo, pero todos en todo, y cada quién sabe a dónde.  No hay edad para no pararla bien en esta fiesta. Llegan desde niños hasta ancianos, desde barrios cercanos al Obelisco hasta de pueblos lejanos. Es un punto de encuentro efímero, pero profundo porque de todos los que estamos allí es esta tierra.  Todos llegan en paz y con ganas de pasar buenos ratos. Todos esperan su turno, todos encuentran lo que iban buscando y todos se van en paz.  ¡Yo digo que es la fiesta de la gente!

No faltan, por supuesto docenas de ventas de tacos, gaseosas, cervezas, banderas, gorgoritos, vuvuzelas, bufandas, gorras, sombreros, máscaras, bandanas y todo eso que contribuye al espíritu celebratorio y de comunidad. La ente vende kits de antorchero y eso me da da mucho gusto.

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Antes de llegar al Obelisco caminamos por la Avenida de la Reforma en donde pasan un maral con sus antorchas.  Unos van corriendo y otros van en motos y bicicletas, unos van en buses. En el Obelisco, como en el centro,  ni la edad, ni las sillas de ruedas son obstáculos para que la gente disfrute de la fiesta.  ¿Cuándo fue la última vez que te maravillaste con cosas así en una fiesta callejera? En el Obelisco nos encontramos con mi cuata, Majo y un amigo suyo, y ahì pasamos un rato viendo como la gente goza y disfruta de la experiencia antorchera; y cuando estoy ahí pienso en lo arrogantees que se ven los que se quejan de ella, luego de participar en procesiones, manifestaciones, carreras y otras actividades similares.

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¿Sábes qué sería genial en el Centro y en el Obelisco? Que la gente no dejara tirada su basura, que con todo y todo no es desproporcionada.

Ayer, 15, también fuimos a la zona 1, esta vez en compañía de Mario.  Llegamos a ver las bandas en la Sexta, agarramos hacia la Plaza de la Constitución por la Séptima avenida y al llegar a la plaza conseguimos un lugar muy apropiado, casi al centro a sólo tres filas de la valla de seguridad.

Desde ahí vimos la ceremonia de arriar la bandera y escuchamos las salvas de artillería. Desde ahí vimos los fuegos artificiales y es la primera vez que los vemos desde tan cerca.  ¡Fue muy emocionante!  Al concluir los actos nos dirigimos a la Sexta a venida para ejercer el antiguo arte de people watching con cerveza en mano, vimos pasar varias bandas y así concluyó la fiesta.

Como el año pasado, y el pasado, y el pasado, y el pasado…quedé convidado a volver a estas fiestas en las que se celebran la libertad, lo que tenemos en común a pesar de nuestras diferencias, y la vida.

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Ojalá y el año entrante de animaras a sumarte a la fiesta.


05
Sep 19

Adiós a Celso Lara

Me paro junto a la Llorona, la Siguanaba, el Sombrerón y el Cadejo para despedir a Celso Lara, célebre escritor, historiador, antropólogo y folklorista guatemalteco que murió el 29 de agosto pasado.

Aunque nos cruzábamos de cuando en cuando, la última vez que tuve el agrado de saludarlo y de escucharlo en acción fue durante uno de los primeros encuentros del Club del terror que organiza la Bibliloteca Ludwig von Mises cada viernes 13.  Tan lejos, aquel día, como que fue el 13 de octubre de 2006.

Haz clic en la foto para ver la conferencia de Celso Lara y oír mi propia historia de fantasmas.

Celso Lara nos encantó con costumbres, cuentos y leyendas que los chapines conocemos por medio de la tradición oral.  Lara les contó a los más jóvenes (y nos recordpo a los que ya lo sabíamos) acerca de los personajes más importantes que -aún en el siglo XXI- aparecen en casas, barrios y calles del territorio guatemalteco, según las creencias populares.  Esa noche estuvieron, con nosotros,  el Sombrerón, la Llorona, los Rezadores de la noche, la Siguanaba, el Cadejo y las Ánimas Benditas, todos en la fuente que está frente a la biblioteca de la Universidad Francisco Marroquín.

Esa noche, también, tuve la oportunidad de contar la historia de cuando mi papá -que ya tenía como 8 años de muerto- me visitó…; puedes escucharla en el minuto 1:05:015 del vídeo.  Y como el mundo es chico, don Celso, papá, fue profesor de música de mi mi padre y de mi madre en el colegio; y durante varios años yo me encontraba -en la camioneta 1- con don Celso y su acordeón.  Y durante ese tiempo, siempre intercambiábamos saludos cordiales.  El mundo es un pañuelo, ¿o no?

La muerte de Celso Lara es una gran pérdida para la cultura chapina.