05
Ene 26

Vírgen de la pólvora y ¡pum!

 

El 2026 no pudo empezar mejor: arroz a la Java y la Virgen de la Pólvora para el primero de enero.

Los toritos siempre me han fascinado. Haz clic en la foto para ver la transmisión en vivo que hice.

El rezado de la Virgen de la Pólvora hace su recorrido por los barrios antiguos de Santa Cecilia y San Gaspar para luego dirigirse a la zona 3 de la ciudad de Guatemala. ¿Por qué se llama de la Pólvora? Porque la cantidad de pólvora que le quema la gente a su paso es espectacular. No… es más que espectacular. Mi amiga, Lissa, nos acompañó este año y dijo: Cuando Luisfi describió esa procesión pensé que exageraba; pero no, esto es fabuloso.

De tanta pólvora que se le ofrece a la imagen —entre ametralladoras, toritos, bombas y fuegos artificiales— este año la procesión iba cuatro horas atrasada con respecto a su horario calculado. Nosotros estuvimos cerca de ella durante cuatro horas y en ese tiempo sólo avanzó dos cuadras.

Al ritmo de “La tortuguita” los reyes cristianos y los reyes moros, armados con machetes, libran la lucha eterna del bien contra el mal.

Detrás de un carro y sin poder parar de reír vimos un torito fiero, espléndido y deslumbrante. De esos que disparan horizontalmente. Tanto Sergio, William, Raúl, Lissa y yo aguantamos los disparos con entereza y nos divertimos como micos. Mi sombrero sufrió quemaduras; pero las luce como seña y recuerdo de que enfrentamos un torito sensacional.

Al llegar a una bocacalle vimos una alfombra de ametralladoras que cubría el asfalto de acera a acera. ¡Chispas!… la cohetería que sonó cuando fue encendida aquel tapete de pólvora superó toda expectativa. Al concluir la tronazón era tanto el papel en el suelo que agarraba fuego y los vecinos salieron con baldes de agua a apagar los pequeños incendios.

Ametralladoras a todo lo ancho de la calle. Foto por Raúl Contreras.

En esa misma calle —que es empinada— los cargadores y los timoneles tuvieron que hacer muchos esfuerzos para detener el anda.

Otra novedad de esta ocasión fue que algunos vecinos incluyen sobres con dinero en sus alfombras, y antes de que pase el anda dan la señal para que las personas recojan los sobres que tienen billetes de entre Q10 y Q100. ¡Ya te imaginarás el barullo que se arma cuando llega el auncio esperado.

El ambiente en Santa Cecilia y San Gaspar es uno de calidez humana y fiesta. A lo largo de la caminata que nos llevó del automóvil a donde se hallaba la procesión, nunca paramos de recibir y ofrecer saludos de ¡Buenas noches! y ¡Feliz año!. En dos casas pudimos entrar a ver los Nacimientos instalados ahí por las familias que las habitan. Uno tenía una variedad de adornos tradicionales encantadores y otro tenía faroles chinos preciosamente integrados. ¿Qué te digo de la música? Ese rezado se caracteriza por la música alegre que la gente pone en sus casas y por incluir mayoritariamente canciones a la mujer amada, o de despecho. En un callejón, los habitantes instalaron un altar para la Virgen de Concepción y a su lado una marimba amenizaba el espacio destinado a que las parejas bailaran.

Es imposible no contagiarse por el espíritu celebratorio de esta tradición y fiesta popular. Es imposible no cantar las canciones y medio bailar al ritmo de la música que hay en las calles. Es imposible no sentirse parte del ambiente familiar. Las calles de aquellos barrios están tan vivas y contrastan muchísimo con la modorra que hay en el resto de la ciudad el primer día del año. Desde el año pasado, en casa no queremos estar en ningún otro lado que con la Virgen de la Pólvora el primero de enero.

La marimba Perla de Hormigo amenizó uno de los callejones.

El anda es precedida por una troupe de reyes cristianos y reyes moros que se enfrentan con machetes que hacen sonar de una forma cautivadora. Representan la lucha del bien contra el mal y el grupo es de la colonia Guajitos de la zona 21 de la ciudad de Guatemala. Esta es una tradición antigua pero, sobre todo, en 2021 esa lucha cobró un significado de actualidad fascinante.

¿Sabes qué? Tengo todas las ganas de que, el año entrante, alquilemos un Airbnb en Santa Cecilia, en San Gaspar, o en la zona 3 para quedarnos lo más posible en esta fiesta asombrosa.

¿Y el almuerzo?

Desde el año pasado vamos a este rezado a las 7:00 p. m. porque los fuegos artificiales y los toritos se lucen más de noche; de modo que nuestro pequeño grupo se reúne a almorzar para celebrar el nuevo año, para brindar y para divertirnos alrededor de una buena mesa. El año pasado ofrecimos enrolladas de mole de pato y este año el almuerzo fue arroz a la Java o rijsttafel.

Arroz a la Java para empezar bien el año.

El arroz a la Java o rijsttafel es un plato tradicional de Indonesia y era ofrecido por mi bisabuela, Adela, en el Hotel Casa Contenta, de Panajachel. Debe ser una receta familiar porque una prima suya, Thelma Macshke Makinney, solía servirlo con el nombre de Hawaiian Style Chicken Curry.

El curry de pollo se sirve sobre una mesa de arroz (de ahí rijsttafel) y se acompaña con maní picado, coco rallado, India relish, mango chutney, cebollas fritas, bananos fritos y pasas picadas. Este año le añadimos lime pickle (que nos regaló mi prima, Rita); y otros años le hemos agregado huevos duros picados. La gracia es que a cada bocado de curry uno le añade un acompañamiento distinto, de modo que cada bocado es diferente. Y rápidamente uno elige cuál es su combinación favorita. Es un plato alegre y divertido que invita no sólo a disfrutar de sus sabores, aromas, texturas y colores, sino a la exploración y a la conversación. Tal vez teníamos unos 20 años de no servirlo en casa.

Y de postre… de postre hubo mincemeat pie que era el pie favorito de mi padre. Además es el pie tradicional que servimos en casa para la Nochebuena. El relleno no lo preparamos from scratch y es posible gracias a nuestra amiga y compañera de aventuras, Rachel. Lo que sí hacemos 100% a mano y nos sale de película es la pasta del pie.

Luego de tremendo almuerzo salimos a buscar a la Virgen de la Pólvora para darle la bienvenida al 2026 que —¿ya te diste cuenta?— es un año que empezó a todo vapor. ¡Bienvenido 2026: que sigan la pólvora retumbando en las calles, los sabores explotando en la mesa y la alegría contagiándonos a todos como este primero de enero inolvidable!


25
Dic 25

Nochebuena, sabores y recuerdos

 

La cena de Nochebuena fue un éxito en casa porque nos reunimos familia y amigos alrededor de las tradiciones y de la mesa.  Puedo decir, con alegría, que el relleno del pavo salió mejor que nunca y que el ponche chapín estuvo más que delicioso. Añado que la caponata fue una explosión de sabores y color. Los fuegos artificiales en la ciudad de Guatemala se vieron especialmente claros y hermosos.

En casa, la cena tradicional de Nochebuena incluya pavo relleno y ensalada Waldorf.

Lo del relleno lo atribuyo a que este año usamos salvia fresta en vez de salvia seca; lo del ponche siempre se debe al cuidado en la selección de las frutas y al cuidado en el proceso, lo mismo ocurre con la caponata con respectro a las verduras.   El hecho de que cocinemos con cariño seguramente influye en los resultados.  Lo de los fuegos artificiales en parte fue gracias a las condciones meteorológicas que nos dieron una noche pristina; y en parte a que la calidad de los colores y las formas ha ido mejorando con los años.  ¡Es espectacular la pirotécnia de cualquier vecino en toda la ciudad!

Cenamos pavo relleno con la receta que lleva cuatro generaciones en mi familia porque era la de mi bisabuela, Adela y pasará a la quinta; acompañado por la ensalada Waldorf que hacía mi abuela, Frances. También hubo ponche y caponata hechos por Raúl. Para nosotros, y a pesar de lo delicioso que nos sale, el pavo principalmente es un vehículo para que haya relleno y para hacer caldo de huevos.

La caponata es una tradición de esta temporada en casa.

En casa, la nochebuena es la celebración del solsticio de invierno esos días en los que -aunque aquí no lo notemos mucho- en el norte las noches empiezan a hacerse más cortas y empieza a volver la luz. En ese contexto los recuerdos y las tradiciones son muy importantes; por eso en casa no faltan mi tortuga y chinchines de cuando celebrábamos en casa de mi abuelita Juanita y de mi tía abuela, la Mamita. Por eso siempre contamos anécdotas de las fiestas en casa de mis padres. 

Dicho lo anterior, algo que gozo mucho en esta fiesta es la pirotécnia tres generaciones disfrutamos desde el balcón. 

Hoy en la mañana desayunamos nuestros tradicionales tamal colorado y tamal negro acompañados de buen café y algo de ponche frío, que a mí me gusta frío.

Los tamales, algo serio

¡Quienes me conocen se han de imaginar lo que gozo cuando abro las hojas de maxán  y me encuentro con los colores brillantes de los tamales, que son delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de los tamales colorados y negros  invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por un laberinto de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado glorioso llegan a mi paladar.

Nos gusta desayunar tamales en la mañana de la Navidad. Acompañados por buen pan, el mejor café y ponche delicioso….y pescado de mazapán.

Quienes visitan este espacio, desde hace tiempo, saben que valor mucho las tradiciones como formas de mantener puentes con los recuerdos, el pasado y con quienes nos precedieron; así como con el futuro y quienes nos sucederán.

En ese laberinto de recuerdos, tengo la dicha de acordarme muy bien de los tamales de mi bisabuela, Mami; y de los de mi tía Baby.  Y los pequeños, de 2 x 2 pulgadas y perfectamente doblados que  mi tía abuela, La mamita, nos hacía a los niños. Desde hace cinco años nos hace los tamales Madame Tso, la señora que nos cuida en casa y realmente son estupendos.

Los tamales de Nochebuena, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo e incluso de res (y un lector me contó que los hay de cocodrilo).   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole….y entonces no se aplica exacatamente lo de colorados y negros.

Los tamales tienen raíces precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras, las pasas y las ciruelas.

Que haya caldo de huevos y relleno es nuestro objetivo práctico de hacer pavo en casa.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado. Hay que lavar y asar las hojas. La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento. Como siempre, el éxito de un tamal se halla en el balance de ingredientes, en la calidad de los mismos y en la pasión que se pone en ellos.


19
Dic 25

Navidad y deseos alcanzables

 

En la ONU, o en alguno de esos ñaques, hubo tres embajadores importantes reunidos para el convivio navideño. El embajador de los Estados Unidos de Wokica, el de la Républic du Baguette y el del Reino Desunido. El último les preguntó a los otros dos qué deseaban para Navidad y el embajador de los Estados Unidos contestó que La paz mundial, en tanto que el de la Baguette respondió que El fin del hambre en el mundo. Acto seguido, los dos que ya habían contestado le preguntaron al representante del Reino Desunido qué había pedido; y este contestó: Pedí un pudín de persimones.

Mi chinchín, tortuga y guacalito de cuando era niño.

Este chiste que adapté —y sí, es un chiste— me gusta porque expresa muy bien el significado profundo de la Navidad y de las fiestas de fin de año que trasciende el misticismo. El mensaje es: Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. Un deseo que se basa en la benevolencia incluso entre completos desconocidos, y hasta entre enemigos. ¿Quién no conoce la historia de la Tregua de Navidad en la que soldados alemanes e ingleses detuvieron una batalla —durante la Primera Guerra Mundial— para celebrar la fiesta? En esa ocasión cantaron villancicos e incluso intercambiaron regalos improvisados.

¿Y qué tiene esto que ver con el pudín de persimones? Con el hecho de que los deseos —para que sean más obtenibles y no creen frustración— deben ser claros, alcanzables y reales. Así, las fiestas de fin de año y la Navidad en particular son oportunidades para encontrarse con amigos y familia; para asistir a eventos tradicionales, cantar canciones propias de la temporada; ver películas viejas y nuevas que aluden al espíritu navideño; y para enviar mensajes de cariño y buenos deseos a quienes valoramos. También para intercambiar regalos.

En casa ya no hay niños; pero en cuanto los haya mantendremos el ambiente festivo con el que crecimos, y gozaremos con sus caritas de asombro. En casa no faltan los tamales, los turrones, el pavo y el mincemeat pie. Nos gusta recibir a amigos y familia y nos alegra compartir con quienes sabemos que son menos afortunados.

Verás, la Navidad es la celebración de todo lo bueno: amistad, amor, benevolencia, comercio, familia, felicidad, productividad y racionalidad. Es una gran oportunidad para amar la vida y para agradecerla porque, como me dijo un cuate que acaba de sufrir una pérdida familiar muy triste, la vida es frágil y es un milagro; pero no en el sentido místico, sino porque en el cosmos, la vida es un fenómeno altamente improbable y genera un asombro profundo por su complejidad y belleza.

Desde Carpe Diem —a tu familia y a ti— mi familia y yo les deseamos ¡Feliz Navidad! Larga vida y prosperidad.

@luisficarpediem

La Navidad es la celebración de todo lo bueno: amistad, amor, benevolencia, comercio, familia, felicidad, productividad y racionalidad. Es una gran oportunidad para amar la vida y para agradecerla porque, como me dijo un cuate que acaba de sufrir una pérdida familiar muy triste, la vida es frágil y es un milagro; pero no en el sentido místico, sino porque en el cosmos, la vida es un fenómeno altamente improbable y genera un asombro profundo por su complejidad y belleza #navidad #nochebuena #carpediem #vida #tradiciones

♬ Feliz Navidad (Marimba Guatemala) – Marimba Maderas Chapinas

Columna publicada en República.


13
Dic 25

Toritos, moros y algarabía

 

Salir a buscar toritos durante las festividades y las procesiones es una de las tradiciones que más disfruto, sobre todo cuando involucra amigos, familia y extranjeros que los ven por primera vez, aquí en Guatemala. 

Un buen momento para tomar un descanso.

¿Sabías que hay toritos para el día y toritos para la noche? Los del día lanzan humos de colores y un tipo diferente de fuegos artificiales; y los de la noche son los de toda la vida. En las fiestas de estos días (Concepción y Guadalupe) también destacan las participaciones de moros que, con sus trajes coloridos, bailan y preceden a las procesiones. En casa tenemos la tradición de fotografiarnos con los micos, personajes que son encargados de colectar dinero entre la gente. Los micos suelen llevar un chicote para amenazar a quienes se rehúsan a contribuir y suelen actuar de forma chistosa para hacer reír a chicos y grandes.

En pleno baile al ritmo de la marimba Alfa y Omega.

En la fiesta de ayer, en la zona 1, vimos por primera vez un torito de día, pero de lejos; porque por el gentío no llegamos a tiempo para grabarlo. Un detalle encantador fue que desde una casa salieron dos señoras mayores y les ofrecieron panes y ponche a los policías que acompañaban al cortejo procesional y a los moros. Es un gesto generoso ofrecer comida y bebida a quienes pasan todo el día en esas. Algo muy agradable de este tipo de fiestas populares y callejeras es que uno encuentra amigos, cuates, colegas y conocidos que también comparten el gusto por las tradiciones y su algarabía.

Un buen momento para merendar antes de seguir en la procesión.

El primer torito de la noche lo vimos en el Callejón de Maravillas, dos o tres cuadras antes de llegar a la casa de nuestros amigos, Sergio y William, en donde veríamos el paso de la procesión y el torito que queman sus vecinos para luego disfrutar de la tradicional sopa azteca que ofrecen, en compañía agradabilísima. Su casa siempre está decorada con piñatas tipo satélite, muy en estilo mexicano, y eso alegra la fiesta y suele causar admiración entre quienes pasan enfrente. Luego de ver el torito y tras el paso de la guadalupana nos sentamos a la mesa para disfrutar la cena, platicar y reírnos como micos hasta la una de la mañana.

Las costumbres, los ritos y las tradiciones tienen todo el sentido del mundo cuando se comparten. Unen generaciones y fortalecen vínculos en el tiempo y en el espacio. Y como escribió Gustav Mahler: «La tradición no es el culto a las cenizas, sino la preservación del fuego».

Mico, torito y piñata en el Callejón de Maravillas.

En 2021 escribí que las tradiciones no sólo nos dan un sentimiento y una sensación de comunidad, sino que cumplen una función sanadora frente a la desesperanza y a la inestabilidad. Aromas, alimentos y sonidos, texturas y colores, así como rituales, nos traen recuerdos y nos invitan a reflexionar. Fuegos artificiales, costumbres, disfraces y más son parte de aquel acervo rico y enriquecedor.

Cuando yo era niño, las historias de mi tía abuela, La Mamita,, acerca de toritos durante las fiestas tradicionales disparaban mi imaginación. Yo tenía muchas ganas de ver toritos y no fue hasta bastantes años después que vi el primero en San Juan del Obispo. Desde entonces, pocas cosas me emocionan, me divierten tanto y me ponen tan contento como salir a buscar toritos y verlos desplegando sus luces y sus colores entre la gente y salir correteado por uno. ¿Alguna vez te ha corrido un torito? Es de lo más chistoso y vibrante.

El torito ilumina el paso del cortejo procesional.

Pero la fiesta empezó el miércoles

Como vivimos en la Villa de Guadalupe y ese es un barrio vivo con mucho carácter, la fiesta empezó el miércoles 10 en la noche, cuando en la plaza frente a la iglesia del lugar hubo fuegos artificiales abundantes y música de banda propia de estos festejos.

Haz clic en la foto para ver los fuegos artificiales y escuchar la musica en la Villa de Guadalupe. 

Como cosa muy rara, el jueves 11 no amaneció con bombas y juegos pirotécnicos, rareza que se explicó en la madrugada del viernes 12 cuando la procesión fue recibida con por lo menos hora y media de fuegos artificiales y detonaciones que empezaron por lo menos 300 metros antes de la llegada del cortejo a la iglesia. ¡Todo ello alrededor del edificio donde vivo! Lo curioso es que en mi somnolencia no me podía despertar. Escuchaba la música y la tronazón y quería despertarme para grabar algo de la fiesta; pero no podía y no podía. Sólo la necesidad madrugadora de ir al baño logró que me levantara de la cama, momento que aproveché para grabar un poco de las luces y la fiesta alegre.

Para nosotros, en casa, es una dicha vivir de cerca y con toda su intensidad esta y cualquiera otra fiesta popular y callejera que se arme en el barrio. No sólo porque son parte de la cultura chapina, sino porque cada una nos deja recuerdos con los que vamos construyendo nuestra historia particular.

¡Viva las tradiciones que nos unen, nos sanan y nos llenan de fuego vivo! ¡Carpe diem con toritos, moros y algarabía chapina!


10
Dic 25

Temporada de toritos

 

Ayer inauguramos la temporada de toritos y mariposas, así como la temporada Concepción-Reyes en el calendario de festividades chapinas de fin de año. Vimos toritos y mariposas con fuegos artificiales a inmediaciones del Cerro del Carmen y en el parque de Isabel la Católica, donde todavía está vandalizado el monumento a la ilustre reina. A mí me persiguieron dos toritos y uno de ellos nos acorraló a una señora y a mí en el umbral de una puerta. Fue muy chistoso porque el toro fregado se quedó detrás de nosotros y la dama y yo no podíamos parar de reír.

Haz clic en la foto para ver el vídeo de la mariposa.

En 2021 escribí que las tradiciones no sólo nos dan un sentimiento y una sensación de comunidad, sino que cumplen una función sanadora frente a la desesperanza y a la inestabilidad. Aromas, alimentos y sonidos, texturas y colores, así como rituales, nos traen recuerdos y nos invitan a reflexionar. Fuegos artificiales, costumbres, disfraces y más son parte de aquel acervo rico y enriquecedor.

Cuando yo era niño, las historias de mi tía abuela, La Mamita, acerca de toritos durante las fiestas tradicionales disparaban mi imaginación. Yo tenía muchas ganas de ver toritos y no fue hasta bastantes años después que vi el primero en San Juan del Obispo. Desde entonces, pocas cosas me emocionan, me divierten tanto y me ponen tan contento como salir a buscar toritos y verlos desplegando sus luces y sus colores entre la gente y salir correteado por uno. ¿Alguna vez te ha corrido un torito? Es de lo más chistoso y vibrante.

Haz clic en la foto para ver el vídeo del torito.

Además, como dijo Gustav Mahler: La tradición no es el culto a las cenizas, sino la preservación del fuego. Y en esta noche de luces y risas, entre el estruendo de los cuetes y el latido acelerado del corazón, volvemos a encender ese fuego vivo que nos une como chapines. ¡Que nunca se apague!


07
Dic 25

No quemamos al diablo

 

Este año no bajamos a quemar al diablo como hubiera correspondido.  En buena parte porque estoy medio agripado; pero por también porque andaba con la inquietud de que no debería salir. Si visitas Carpe Diem desde hace ratos seguramente recuerdas que nos gusta vivir la tradición en el Cerro del Cármen. Hace seis años descubrimos que esta fiesta familiar se celebra de forma tradicional y encantadora en lo alto del Cerro del Carmen, en la ciudad de Guatemala….y, ¿vas a creer? poco antes del inicio de la quema, hoy fue asesinada una persona a inmediaciones de aquel lugar lo cual es una pena. 

El diablito de casa mañana será apaleado cual piñata.

El año pasado nos fue muy bien porque una familia y sus vecinos nos acogieron para quemar el diablo, de acuerdo con la tradición chapina. Este año nos quedamos en casa y vivimos la fiesta desde el balcón.  Desde ahí vimos a una familia que salió a quemar cohetes a la calle; pero lo mejor fue que por toda la ciudad hubo fuegos artificiales y el ambiente se llenó del conocido aroma a pólvora, aróma que necesariamente despierta el antojo de comer tamales y tomar ponche.  

El vídeo de abajo muestra cómo se vieron los fuegos artificiales desde mi balcón. 

¿Qué es la quema del diablo?

La quema del diablo es una tradición guatemalteca que representa la oportunidad ritual para echar al fuego lo malo, lo inservible, lo caduco, lo que hace daño y lo que no queremos para el año que viene, en un contexto místico y mitológico. 

En la víspera de la fiesta de la Inmaculada Conceptión, el Diablo es quemado en Guatemala. A las seis de la tarde, el cielo, ya para esa hora oscuro, se torna rojizo debido a los cientos de fogarones que arden en las calles de todos los barrios de la ciudad, tal como sucede en todos los pueblos del país.  Para el imaginario guatemalteco, es una especie delimpia”, dice la novela De cara al sol, por mi amigo, Milton Estuardo Argueta. 

Desde una perspectiva racional y más universal, la fiesta trae la luz y el fuego a la época del año en la que las noches son más largas, frías y oscuras, por lo que es apropiado celebrarla con familia y amigos, y recordar que, aun en la oscuridad, es posible la luz. Estoy seguro de que cada quien podrá sacar de todo esto lecciones de vida y aprendizajes que habrá que transmitir a las generaciones siguientes.

Disfruto mucho esta fiesta chapina porque es una ocasión propia para celebrar la vida y recordar a dos personajes malentendidos, uno de ellos casi olvidado, que -aparentemente- no tiene nada en común: Lucifer y Prometeo. Ambos se rebelaron contra dioses tiránicos y arrogantes. Ambos fueron cruelmente castigados por su atrevimiento. Uno es el traedor de luz, y el otro les dio el fuego a los hombres. Ambos son heroicos.

En 2018, cuando fuimos a la quema del diablo en el Cerro del Carmen por primera vez, el cura explicó que María, la que anuncia la luz, precede a Jesús, que es el Sol; y en la realidad, ¿quién precede al Sol? ¡Venus precede al Sol cuando Venus es lucero de la mañana! ¿Y cuáles son otros nombres antiguos de Venus? Lucifer, el traedor de luz; e Ishtar, diosa del amor, de la belleza y de la fertilidad. Los mayas, por cierto, no eran ajenos al concepto de que Venus, Lucifer o Ishtar es traedor de luz, ya que para ellos Venus (el heósforo) anunciaba que el Sol saldría ese día, luego de su paso por Xibalbá. ¡Hay que celebrar estas fiestas por la vida y por el valor de quienes traen la luz y de quienes se rebelan ante dioses tiránicos y arrogantes!

Cuando era niño, por cierto, la fiesta solía incluir la reunión de amigos en la mañana para ir a buscar ramas y chiribiscos con qué armar una buena pira. Luego, en la tarde, llegaba mi padre con cohetes y algunos fuegos artificiales, y a las seis mi madre preparaba buñuelos, y había mucha alegría en la calle y en la casa. De cualquier manera, como dijo Gustav Mahler: La tradición no es el culto a las cenizas, sino la preservación del fuego.

¡Me alegra mucho que se conserve la tradición!


06
Dic 25

Tradiciones de arbolito en casa

 

En casa, el día en que ponemos el arbolito tradicional es fiesta. Lo tomamos muy en serio y celebramos el solsticio de invierno, yuletide, Navidad, las saturnales y otras fiestas de fin de año con pinabete y decoraciones tradicionales. El pinabete tradicional no solo nos trae su aroma encantador unido al de las manzanillas, sino que su color y sus formas, así como las luces y las figuras que lo adornan, nos traen muchos recuerdos y son símbolos de paz y de amor.

El aroma del pinabete y de las manzanillas alegra la casa.

El arbolito tiene que ser Abies guatemalensis y  a su lado no pueden faltar los chinchines, la tortuga y otros objetos que nos conectan con nuestras historias propias, nuestras infancias y con las generaciones que nos han precedido. El niño que incluimos entre aquellas decoraciones representa nuestra confianza en un universo benevolente, nuestra esperanza por un futuro mejor y la alegría que traen a casa las nuevas generaciones.

Hoy fuimos a traer el arbolito a El Encanto de Tecpán. Esos árbolitos nos gustan mucho porque son frescos, su aroma es espectacular y cada uno que viene tiene su propio caráctacter.  A la hora de escoger el que nos acompañará a casa no sólo es importante su belleza, sino eso que la gente llama su personalidad

Para los que vienen por primera vez:

En las casas de mis abuelas y de mis padres no siempre hubo pinabetes. De cuando yo era niño recuerdo varios árboles inolvidables. En casa de mi abuelita Juanita me es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel (aquel cabello de ángel, de verdad, que era de fibra de vidrio) y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles eran generalmente pinabetes, o cipreses. A veces eran adornados con nieve elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; árboles siempre llenos de figuras variadísimas y algunas muy antiguas, así como con luces de colores. Allá algunos de aquellos árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos gran variedad de arbolitos. Aunque los favoritos eran los pinabetes, también tuvimos cipreses y creo que algún pino. Los pinos no me gustaban porque, a pesar de que olían rico, se ponían tristes rápidamente y también tuvimos algún chiribisco plateado. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda unos árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared.

En casa es tradición que cada año compramos un adorno nuevo y lo incorporamos a los que ya tenemos. Hay adornos variados: dos hawaianas, uno que muestra a Odin, otro de La rebelión de Atlas, uno del barco Estrella de la India, una estrella de Santa Catarina Palopó, varios con motivos propios de la temporada, unos con mapas, y así. Los de 2023 fueron vintage, hechos de hojalata y pintados como de principios del siglo XX. Ese año fueron un animalito al que le digo El tacuacín, acompañado de otras figuras encantadoras.

@luisficarpediem

Empieza la fiesta. Ya hay árbol de navidad #arboldenavidad #navidad #solsticiodeinvierno #luisfi61 #fiesta

♬ Oh Albero – O christmas tree – La Brigata Canterina

En esta temporada, el pinabete no solo adorna nuestras casas, sino que nos recuerda la importancia de las tradiciones que unen generaciones, el valor de la paz familiar y la esperanza que renace cada fin de año. ¡Que esta Navidad llene tu hogar de aroma a pinabete, recuerdos entrañables y amor!


30
Nov 25

Desde el balcón Luces Campero

 

Es cierto que desde mi balcón las Luces Campero ya no se ven como antes de los encierros forzados del 2020; pero este año decidimos no subir al tejado para disfrutarlas más tranquilos. Siempre con una copa de riquísimo rompopo cubano.

Luces Campero por Alejandro Masdeu.

Como todos los años, el niño que hay en mí se emociona mucho con los fuegos artificiales. Me gusta hacer fiesta con las Luces Campero.

¿Sabes que durante unos 10 años, poco más, o menos, no vi las Luces Campero? En parte porque se me olvidaba estar pendiente de ellas y en parte porque trabajaba el día en que se celebraban. El primer año de aquellos juegos pirotécnicos tuve la malísima idea de subir a verlas al mirador de la carretera a El Salvador, y fue un error: solo recuerdo que se veían bien pequeñas y que el tráfico fue infernal.

Así se ven ahora las Luces Campero desde mi balcón, pero iual las disfrutamos mucho.

Ahora, aunque se ven poco desde el balcón (o desde el tejado, como el año pasado), lo bueno es que igual las disfrutamos como micos. Ya lo he mencionado en otras ocasiones: cuando se trata de fuegos artificiales, mi regla es Baila como si nadie te estuviera viendo, ama como si nunca te hubieran herido y canta como si nadie pudiera oírte. Así que yo exclamé: ¡Oh! ¡Ah! Wow!, y aplaudí a gusto.

A diferencia del año pasado, que no subí mi copa de rompopo tipo cubano de doña Luisa Cuadrado porque pensé que iba a estar muy incómodo con tanto viento y sin tener dónde depositar la copa, este año me disfruté una viendo las luces y otra escribiendo estas líneas. Ese rompopo, por cierto, es una receta francesa que preparaba una tía española -de doña Luisa- que vivía Cuba y ahora ella lo prepara en Guatemala.

Y así, con rompopo en mano y el cielo encendido, te recuerdo que la vida es demasiado corta para verla de lejos: hay que acercarse, brindar y gritarle al universo que seguimos vivos. ¡Feliz solsticio de invierno y feliz navidad!


16
Nov 25

Luces y asombro en Árbol Gallo

 

Con el Festival del Árbol Gallo comenzaron las fiestas de fin de año en Guatemala. Anoche, la Plaza de El Obelisco, la Avenida de la Reforma, la Avenida de las Américas y el Bulevar Liberación se llenaron de familias y niños con caritas de asombro cuando fue encendido el árbol simbólico y empezaron los fuegos artificiales.

Estuvo alegre la inauguración del Festival del Árbol Gallo en la ciudad de Guatemala.

Este año no tuvimos tan buen ángulo como el año pasado; pero igual disfrutamos la fiesta. Este año estuvimos más bien en la periferia donde la fiesta es menos intensa; pero igual de alegre.

Nunca es suficiente reiterar que lo más alegre de esta ocasión es ver a los niños admirados por las luces. Escuchar los ¡Oooh! y ¡Aaah! de grandes y chicos. Ver a las familias juntas y a los jóvenes actuando como niños. Por supuesto que abundan las ventas de lo más variadas y es inevitable salir con olor a humo de churrasco si uno se descuida. Yo me embobo viendo aquellas maravillas y desde finales de octubre me ilusiona mucho ir a la calle a esta fiesta. Me encanta ver a familias completas, especialmente a las que llegan desde temprano y hacen picnic en la tarde. También las que van quedando en la noche y caminan para sus casas. De hecho, nosotros vamos en Uber y regresamos a pie.

Luces y alegría hubo en el Árbol Gallo.

Anoche, como en otras ocasiones, les regalamos juguetes con luces a niños cuyos padres evidentemente no pueden comprárselas. Preguntamos a los padres: «¿Le podemos regalar esto al niño?». Y cuando nos dicen que sí, contentos, es fabuloso ver cómo se iluminan las caritas de los muchachitos.

El Festival del Árbol Gallo —de la Cervecería Centroamericana— se celebra desde hace 40 años y es parte importante del imaginario chapín de las fiestas del solsticio de invierno y de la Navidad. En unas semanas serán las Luces Campero y el Festival Navideño en la Plaza de la Constitución, y Cayalá ya está vestida de fiesta y luces.

Este año vimos la fiesta desde el Bulevár Liberación.

¿Qué más viene ahora? La quema del diablo; la fiesta de Guadalupe en mi barrio y en el centro con sus fascinantes toritos; y la Nochebuena con la alegría de los fuegos artificiales.

¡Que estas fiestas y el espíritu celebratorio chapín vivan por siempre!… Y desde Carpe Diem les deseo a los lectores felices fiestas junto a sus familias y seres queridos, larga vida y prosperidad. ¡Que vivan las tradiciones que nos unen y encienden los corazones de los guatemaltecos!

@luisficarpediem

Con el Festival del Árbol Gallo comenzaron las fiestas de fin de año en Guatemala. Anoche, la Plaza de El Obelisco, la Avenida de la Reforma, la Avenida de las Américas y el Bulevar Liberación se llenaron de familias y niños con caritas de asombro cuando fue encendido el árbol simbólico y empezaron los fuegos artificiales #arbolgallo #solsticiodeinvierno #tradicion #fiesta #luisfi61

♬ All I Want for Christmas Is You – Mariah Carey


02
Nov 25

¡Fiambre y a celebrar la vida!

 

Este año no comimos el fiambre en la fecha tradicional, que es el 1 de noviembre, sino que lo comimos hoy. ¿Por qué? Porque ayer fue la boda de El Ale y Cristi una ocasión extraordinaria y alegre que se ganó todo nuestro espíritu celebratorio del día. Después del tremendo fiestón las vibras celebratorias se concentraron en el fiambre que nos ocupó el 28, 29 y 30 de octubre, contando el día en que fuimos a traer la gallina al Mercado Colón.

El fiambre guatemalteco es una combinación delicada de carnes, embutidos, verduras y mariscos unificada por un caldillo.

En casa, la del fiambre es una de nuestras fiestas favoritas; y este año lo compartimos con la familia Masdeu—de El Salvador—con mis hermanos y cuñadas, con mi hermana y con mi mamá.  La familia salvadoreña vino a la boda de El Ale y tuvimos la dicha de compartir con ellos esta fiesta familiar.

El fiambre que comemos hoy es el plato estelar de la cocina guatemalteca, no solo por su sabor y complejidad, sino porque carga con una historia que nos conecta con recuerdos y nuestras raíces. En Guatemala, el Día de Todos los Santos y el Día de los Muertos se funden el 1 de noviembre y esa mezcla no es solo de fechas, sino que es la tradición que materializa nuestra versión del Día de Acción de Gracias, con sabores, aromas y texturas nostálgicas y bien chapinas. Este día no se trata de comer por comer, sino de celebrar la vida, el trabajo productivo y, sobre todo, la oportunidad de agradecer que tenemos con quién compartir el fiambre.

En casa  comemos en fiambre acompañado por el más delicioso pan de muerto que hay en todo el universo mundo.

Entre los guatemaltecos, cada familia tiene su receta y la cuida con la solemnidad de quien guarda un tesoro. Pero, ¿cuál es el mejor fiambre? Pues ese que sabe al de la casa de los abuelos, al de la familia o al de los amigos, porque el mejor fiambre es el que nos da un golpe de nostalgia y nos recuerda quiénes somos. En mi caso, la receta que hacemos en casa viene con una historia de al menos cuatro generaciones, como si cada cucharada trajera un eco de las manos que lo prepararon antes. Ahí está mi madre, Nora, que la aprendió de mi abuela, Frances, y ella de mi bisabuela, Adela, quien la recibió de su cuñada, Elisa. Cada año, al preparar el fiambre, es como si todas ellas estuvieran en la cocina y en la mesa. Pero nuestro fiambre, en casa, tiene nuestro carácter.

Hay fiambres para todos los gustos: rojos, blancos, verdes y, me han contado que también hay amarillos; y los hay ácidos y dulces. En casa, el nuestro tiene un caldillo rosado y destaca el sabor amaderado de la miel. No es un plato fácil, requiere paciencia, buen juicio y el entusiasmo de quien sabe que algo bueno viene en camino. Porque el fiambre es una sinfonía de sabores y texturas, donde cada ingrediente, cada color y cada forma tienen un lugar. Un buen fiambre es armonía, no una mezcla arbitraria de carnes y verduras. El fiambre, por supuesto que lo acompámos por el pan de muerto que hace Raúl.

Para un buen fiambre chapín la buena calidad de los ingredientes, el balance armonioso, y el cariño son muy importantes.

La preparación del fiambre no es asunto de un solo día; se necesitan semanas de planificación y de escoger ingredientes como quien elige recuerdos. Cada año vamos al Mercado Colón a escoger la gallina gorda y a La Puerta del Sol a recoger los embutidos y la cecina, porque don Virgilio y su equipo interpretan magistralmente la receta de don Abel. Por supuesto que comer el fiambre es motivo de celebración, pero también lo es el ritual mismo de la preparación: las conversaciones y bromas en la cocina, las anécdotas que inevitablemente reaparecen.

En este contexto, tiene sentido que Halloween se celebre antes del día del fiambre. A primera vista, la Noche de Brujas parece una fiesta siniestra, cargada de símbolos oscuros, pero esa es precisamente su gracia. Bajo toda esa parafernalia, lo que realmente se celebró el 31 es la vida y se hace mediante la burla de los temores que el misticismo nos ha impuesto. Anoche, mucho de lo que nos da miedo perdió poder. Los monstruos y los fantasmas son excusas para vestirnos de personajes extravagantes y reírnos en sus narices. Por eso, Halloween merece ser celebrado.

El mejor pan de muerto de todo el universo mundo.

Lo del 31 de octubre fue un juego en el que la muerte y sus aliados pierden solemnidad. Con disfraces y risas nos damos permiso para mofarnos de la hechicería, los aparecidos y de otros mitos viejos que nos regaló la imaginación. En la Noche de Brujas, el miedo se convierte en diversión entre risas y sustos.

Las fiestas de ayer (la de la boda y la del fiambre) son una afirmación de que la vida es más que existencia y merece ser festejada. Por eso, a ustedes, lectores, les deseo larga vida, prosperidad y paz en unión de quienes valoran. En casa celerbramos la vida con fiambre y alegría, en familia.