11
Feb 16

¿De quién son los lugares turísticos?

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Pobladores del municipio de Lanquín tomaron medidas de hecho que pueden afectar el ingreso y tránsito libre al Semuc Champey y a las grutas de Lanquín, en Alta Verapaz; por lo que el Programa de Asistencia al Turista, emitió un comunicado en el que les recomienda a los visitantes no viajar a aquel destino.  Esta es la segunda vez que los pobladores hacen este tipo de cosas.  El comunicado fue dirigido al Cuerpo Diplomático acreditado en en Guatemala.

Según Proatur, al menos 200 personas tomaron las instalaciones de la Municipalidad de Lanquín y los dos lugares turísticos.  Lo que quieren con estas medidas violentas es que se les conceda el derecho de propiedad de los sitios turísticos.

La discusión de a quién le pertenecen los sitios turísticos es una discusión válida y que hay que tener; pero, ¿de forma violenta?   Este tema se parece bastante al de a quién le pertenece el pasado; tema que Alberto Garín explora en este pequeño artículo.

A finales del año pasado visité el Cimarrón, un sitio fantástico ubicado en Nentón, Huehuetenango; y cuando empecé a hacer los arreglos para ese viaje extraordinario, la persona a cargo me advirtió que posiblemente no podríamos visitar aquel fenómeno geológico porque había un enfrentamiento entre dos poblaciones debido a quien tiene derecho a cobrar por el acceso a la dolina.

Tuve suerte porque el conflicto terminó antes de que llega; pero caminando iba, en dirección del Cimarrón -habíendo pagado la tarifa de acceso- cuando vi los restos quemados de lo que parecían bancas y columnas de madera.  La explicación fue que más tardaban los habitantes de una población en construir la estación para el descanso de los visitantes (y vaya si no hace falta un lugar de descanso), que lo que tardaban los habitantes de otra población en llegar a destruirla y quemarla.

Imagínate cómo ha de ser que un turista eche viaje a aquellos lugares remotos y bellísimos, y se encuentre con que no puede verlos porque la gente está peleando.  Es como cuando turistas han llegado a Tikal sólo para encontrarse con que el sindicato ha cerrado el acceso.

Un país turístico debería resolver este tipo de asuntos, sobre todo un país turístico que no hay modo que aproveche todo su potencial.


08
Feb 16

Ordenamiento territorial y miedo a lo insospechado

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Puedes escuchar el podcast aquí.

Para los efectos de esta ley se entiende por ordenamiento territorial la función pública que ejerce el estado y las municipalidades, por si, por convenio, o en forma mancomunada, para gestionar la planificación, ordenamiento y regulaciones sobre la ocupación y uso del territorio, de acuerdo a criterios de respeto y preservación del medio ambiente, sostenibilidad, desarrollo económico, competitividad y mejoramiento de la calidad de vida de la población, materializándose en un sistema integrado de normas, políticas públicas, directrices y acciones de planificación y actuación territorial, dice el proyecto de ley marco de ordenamiento territorial que se discute en el Congreso.

Ahora te lo voy a traducir:  Para efectos de esta legislación se entiende que los políticos y funcionarios pueden usar la fuerza para obligarte a usar tus inmuebles de forma en que tu no lo harías voluntariamente.  Los políticos y funcionarios se atribuyen la facultad de prohibirte usar tus inmuebles de forma que contravenga sus designios.  Tu derecho de propiedad queda anulado y sobre él prevalecerán criterios políticos que no excluyen la arbitrariedad propia de la esfera coercitiva de la economía.  Los intereses de quienes se atribuyan la representación de los intereses colectivos prevalecerán sobre los derechos de todos.

Según la Comisión Extraordinaria de Catastro y Ordenamiento Territorial la ocupación del territorio nacional ha sido hecha sin un orden preestablecido, de forma arbitraria y antojadiza, lo que condena a los ciudadanos a un crecimiento insospechado.  Según este texto la ocupación del territorio de Guatemala debería hacerse de forma centralmente planificada, como han crecido y se han desarrollado otrás áreas en las que los políticos y funcionarios usan la fuerza para ordenarlas; por ejemplo, ¿salud, educación, vivienda, puertos, turismo, aeropuertos, carreteras, agricultura y otros que funcionan tan, pero tan bien?  ¿Para no condenar a los ciudadanos a la incertidumbre? Independientemente de otras consideraciones, ¡estos son los stasists en acción!

En  The future and its enemies, Virginia Postrel explicó -hace como 18 años-  identificó a dos grandes grupos en la sociedad. Los devotos de la stasis o sea los que no quieren cambios y prefieren sociedades controladas y uniformes que sólo cambian con el permiso de alguna autoridad centralizada; y los dynamists que prefieren sociedades con fines abiertos en los que la creatividad y el emprenderurismo operan sobre reglas impredecibles y generan el progreso de forma impredecible.

Sólo en la stasis es posible que medren y colaboren plutócratas que creen que un país debería ser gobernado como se administra una empresa; militares que creen que el país debería ir hacia un solo objetivo común, como si fuera un ejército; exguerrilleros que creen que el país debería marchar por el camino que trazaron Marx, Lenin, o Mao; indigenistas que creen que su cosmovisión es superior a cualquiera otra;  tecnócratas e intelectuales que creen que deberíamos tener un interés nacional multi e interclasista en el que tengamos tareas específicas a desempeñar como parte de un plan con fases que nos incorpore a todos; y políticos y funcionarios arrogantes que creen que ellos saben más y mejor que tu.  Y por eso le temen a la libertad y al crecimiento insospechado, es decir aquel que no está bajo su control político.

Los dynamists, en cambio no están unidos por una agenda política común, sino por el entendimiento de que la sociedad es un orden complejo de procesos evolutivos tales como la investigación científica, la competencia en el mercado, el desarrollo artístico, y los inventos tecnológicos.

La ley marco de ordenamiento territorial es una manifestación de un cáncer que está ocurriendo en la sociedad guatmalteca: Los que le tienen miedo al futuro y al cambio, están enfrentados con los que sabemos que todo cambia, y que podernos ser parte del cambio. Aquellos enfrentados con los que en vez de aferrarnos a lo conocido, no tememos explorar lo ignoto e insospechado. Están enfrentados con los que ya nos dimos cuenta de que si seguimos haciendo lo de siempre, fracasaremos como siempre.

Los stasists tienen miedo y por eso se emboban con cosas como la ley marco de ordenamiento territorial.  Además…para ellos ha de ser sabroso imponer sus criterios y de paso conseguir una teta más para aferrarse al presupuesto del estado.   La ley viene con ministerio ad hoc y todo lo que eso implica: plazas para los compadres, contratos para los socios, viáticos, gasolina,…casas, carros, sueldos, puntos.

La legislación propuesta es criminal porque, ¿vas a creer que el texto prohibe que en suelos rurales sean construidas edificaciones de tipo urbano?  ¡Es la locura del stasis; que condena a los habitantes del campo a quedarse al margen del desarrollo y de la infraestructura.

Es criminal porque el artículo 66 faculta a los políticos y funcionarios (y a su clientela) a expropiar(despojar) cuando los políticos y funcionarios (y su clientela) dispongan que un inmueble es de utilidad colectiva, beneficio social, o interés público lo que confirma que el derecho de propiedad deja de existir en función de los intereses de quienes digan actuar en nombre de la colectividad, o del público.

Es criminal porque el artículo 67 faculta a los políticos y funcionarios (y a su clientela) a forzar a los propietarios a usar sus recursos de forma en que no lo harían voluntariamente y aún contra sus propios intereses, so pena de despojo o expropiación.  Este artículo es una versión urbana de la vieja legislación de tierras ociosas que use recetaba en el campo.

Todo esto es el stasism, es el colectivismo, el estatismo, la fatal arrogancia, y el totalitarismo hechos legislación.


19
Nov 15

Los murales de González Goyri, y Benito Juárez

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En 1976 yo recibía clases de mecanografía en un colegio que está situado a dos cuadras del parque Enrique Gómez Carrillo y la camioneta Uno me dejaba en ese lugar.  En una de tantas pasadas vi para arriba y en el edificio localizado en la Quinta avenida y Quince calle noté unos murales firmados por Roberto González Goyri, uno de los más notables, admirados y respetados artistas guatemaltecos. Hay murales bellísimos suyos en el Banco de Guatemala, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y otros edificios.  El Tecún Uman monumental de la zona 13 es del maestro.

A lo largo del proceso de deterioro de la zona 1 a veces pasaba por mi mente el hecho de que era notable que aquellas obras de arte estuvieran por ahí sin que nadie -aparentemente- reparara en ellas.  En medio de la fealdad y de la inmundicia del área, y aunque artisticamente  no fueran de mi gusto, era bonito saber que estaban ahí.  Y me hubiera gustado que se quedaran ahí. En esa cuadra estaba  la casa de mi bisabuela, Gilberta a principios del siglo XX, lo cual le añadía encanto a todo el asunto. iPero ya no están…y no faltan los clamores, las vestiduras rasgadas, los puños cerrados y el crugir de dientes a causa su desaparición, o eliminación.  A  mucha gente le  gusta pensar que ciertas obras de arte, incluidas las de arquitectura, no son propiedad de sus propietarios, sino que son algo así como propiedad de todos. Esa forma colectivista de ver las cosas supone que si algo es del gusto de algún colectivo, su propietario no puede disponer de él.  Sucedió hace poco con las estructuras de una gasolinera en la Avenida de las Américas y sucedió hace ratales con un mural pintado en un teatro.

Hace años, yo mismo lamentaba la destrucción de varias casas de arquitectura extraordinaria y cincuentera, que estaban ubicadas en la Avenida de la Reforma, y que fueron sustituidas por edificios.  Pero una cosa es lamentar un cambio; y otra muy diferente es pretender que el propietario de un inmueble, o de una obra de arte, no pueda disponer de ella como corresponde, sólo porque un grupo de interés estima que no deba hacerlo….o peor aún, que no tenga derecho a hacerlo.

La pretensión de que los propietarios de un edificio (o de una obra de arte) no pueden cambiarlo porque hay un grupo que valora  el edificio (o la obra de arte)  parte de la pretensión arrogante de que todos deben valorar lo mismo; y parte de la pretensión peligrosa de que lo tuyo, no es tuyo.  Si prevaleciera el criterio de que los propietarios de una obra de arte en un edificio no pueden alterarla, se crearía un incentivo perverso: el de que es mejor no añadir obras de arte a los edificios para no correr el riesgo de que luego, haya gente que disponga que no se pueden alterar la obra de arte, ni el edificio.

Lamento la sustitución de los murales del maestro González Goyri por azulejos anodinos; pero respeto el derecho de los propietarios de los murales no sólo a tener gustos distintos a los míos, sino a disponer de su propiedad como le convenga. ¿Por qué? Porque ya lo dijo Benito Juárez: el respeto al derecho ajeno es la paz.


06
Oct 15

¿Robo de fotos en Facebook?

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En un grupo en el que participo hay una discusión acerca de si la gente se roba las fotos de uno cuando las copia y las usa en su muro, o en otros muros.

Mi perspectiva es que uno pone fotos en lugares como Facebook, Twitter para que otros las vean, las usen, las compartan y las aprovechen (a menos que expresamente advierta lo contrario y/o use un copyright*). Sería bonito que cuando otras personas usan fotos originales de uno le dieran el crédito; pero no hacerlo es más una descortesía que un hurto, y ciertamente no es un robo; esto es porque el robo implica violencia, y hacer copy/paste no involucra violencia.

Cuando cacho que alguien ha usado una foto de mi autoría sin darme crédito, normalmente trato de contactar a la persona y le pido que por favor me reconozca como autor. No le pido que no use la foto, ni nada parecido porque me parece absurdo tratar de evitar las copias y poner material como fotos en un espacio público a merced de tecnología que no sólo hace posible la copia, sino que hace que la copia sea muy sencilla.

A veces les pongo un sello que dice luisfi61.com a las fotos que pongo en Carpe Diem, o en redes sociales, sólo para que si alguien las aprovecha se sepa de donde vienen; pero parto del supuesto de que serán copiadas y aprovechadas (¡y me halaga mucho que sean copiadas!).  Desde una perspectiva más formal, habrás notado que en este espacio hay el siguiente caveat:  A menos que se especifíque lo contrario, los contenidos y fotografías de Carpe Diem son de Luis Figueroa y están disponibles bajo licencia

Creative Commons License

Carpe Diem by Luis Figueroa is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 Unported License.  Esta es una buena opción para facilitar el aprovechamiento del material que uno pone; y permite que este sea copiado con el crédito debido, no para usos comerciales, ni para hacer derivados. pero hay otras opciones.

En Carpe Diem trato de usar sólo ilustraciones mías; y cuando uso las de otros reconozco al autor, o por lo menos indico que no son mías, o de donde las obtuve. Un recurso muy valioso para ilustraciones ajenas es Wikimedia Commons.

Comparto estas meditaciones porque es un buen tema de discusión. Entiendo que como mi mente es mi propiedad, los derivados (artísticos, científicos, intelectuales y otros) de mi mente también son mi propiedad.  Y entiendo que mi propiedad es mía y que nadie tiene derecho a usarla sin mi permiso…pero si no quiero que alguien más use mi bicicleta, tal vez no debería dejarla en la calle sin candado. ¿Verdad?

*Y aún en este caso habría que tomar en cuenta la Fair Use Policy.  Gracias a Fernando McDonald por recordarme este punto.

La foto es de Su servidor en bicicleta y la tomó Raúl, de Así es la vida.


20
Feb 15

“Swiss Leaks”, una vez más porque es importante

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Anda en boca de muchos la posibilidad de que lista de Swiss Leaks podría incluir cuarenta y un cuentas bancarias de guatemaltecos con unos $32.4 millones en depósitos. Según las noticias y una lista filtrada por Hervé Falciani -un ex trabajador del banco de servicios financieros multinacionales, HSBC, con sede en Reino Unido- aquella organización bancaria sirvió para que miles de sus clientes escondieran millones de dólares por medio de su filial en Suiza.

Los medios chapines no han publicado la lista anunciada de guatemaltecos  (hasta el jueves al mediodía cuando escribí estas líneas); pero estoy seguro de que –en alguna oficina oscura– más de uno se está saboreando con la cacería de brujas.

Este es un momento apropiado para detenerse y meditar:

Hay tres grandes grupos de personas que esconden dinero: 1. Aquellos cuyas fortunas son consecuencia de actos delictivos comunes (como secuestros, por ejemplo); 2. Aquellos cuyas fortunas son consecuencia de actos criminales y delictivos como el saqueo del dinero ajeno tomado por la fuerza y aquellos cuyas fortunas son consecuencia del abuso del ejercicio del poder, tal es el caso de los políticos y su clientela que se roban los impuestos y viven de privilegios y, finalmente, 3. Aquellos que protegen de la expoliación y del saqueo sus fortunas legítimamente producidas con ingenio y trabajo.

Los primeros y segundos son de naturaleza muy distinta a los terceros.  Los primeros y segundos deben ser expuestos, perseguidos, procesados y condenados por delincuentes y criminales. Pero el tercer grupo sólo hace lo que está moralmente obligado a hacer: defender su propiedad contra el robo. Nadie que proteja lo que es legítimamente suyo contra los depredadores debe ser moral, ni penalmente condenado por defender su propiedad y sus derechos.

Es inaceptable que se ponga en el mismo canasto a los saqueadores y a sus víctimas que se protegen.  Moralmente, no son iguales; son opuestos. Y Falciani no es un héroe ya que faltó a la confianza y traicionó la seguridad de quién sabe cuánta gente que no debería haber sido expuesta.  Ahora ya sabes, no dejes que te mareen con esto.

Columna publicada en El periódico; y la ilustración la tomé de aquí.

 


10
Feb 15

Swiss Leak: no es lo mismo Juan Domínguez…

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Hoy amanecimos con la novedad de que la lista de Swiss Leaks podría incluir cuarenta y un cuentas bancarias de guatemaltecos con  unos $32.4 millones en depósitos. Según las noticias y una lista filtrada por Hervé Falciani -un ex trabajador del banco de servicios financieros multinacionales, HSBC, con sede en Reino Unido- aquella organización bancaria asirvió para que miles de sus clientes escondieran millones de dólares por medio de su filial en Suiza.

Los medios chapines no publicaron la lista anunciada de guatemaltecos; pero estoy seguro de que ya empezó la cacería de brujas.

Este es un momento apropiado para detenerse y meditar:

Hay tres grandes grupos de personas que esconden dinero:  Aquellos cuyas fortunas son consecuencia de actos delictivos comunes; aquellos cuyas fortunas son consecuencia de actos criminales y delictivos como el saqueo de el dinero ajeno tomado por la fuerza y aquellos cuyas fortunas son consecuencia del abuso del ejercicio del poder, tal es el caso de los políticos y su clientela que se roban los impuestos y viven de privilegios; y aquellos que protegen de la expoliación y del saqueo sus fortunas legítimamente producidas con trabajo e ingenio.

Los dos primeros son de naturaleza muy distinta a los terceros.  Los dos primeros deben ser expuestos, perseguidos, procesados y condenados por delincuentes y criminales. Pero el tercer grupo sólo hace lo que está moralmente obligado a hacer: defender su propiedad contra el robo. Nadie que proteja lo que es legítimamente suyo contra los depredadores debe ser moral, ni penalmente condenado por defender sus derechos.

Es inaceptable que se ponga en el mismo canasto a los saqueadores y a sus víctimas que se protegen.  Moralmente, no son iguales; son opuestos.

La ilustración es de El periódico.


01
Feb 15

No vendamos a Pachamama, le faltó decir a Bergoglio

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Jorge Mario Bergoglio arremetió contra las reglas del mercado. Pidió que sea reestructurado el sistema de producción y distribución de la comida.  Aseguró, con la fuerza que solo puede asegurar cosas así un Papa (o Nicolás Maduro, o Hugo Chavez), que vender la tierra es como si se vende a una madre. No vendamos nuestra madre tierra. No hagamos como esas personas sin sentimientos que terminan vendiendo a la madre; no cedamos a la tentación de vender a la madre tierra. ¡No vendamos a Pachamama, le faltó decir a Bergoglio.

¿Qué es el mercado?  El mercado, explicaba Manuel F. Ayau, es lo que ocurre cuando se intercambia voluntariamente la propiedad privada.  ¿Cuáles son las reglas del mercado que no le gustan a Bergoglio? ¿Las que protegen la  propiedad privada? ¿Las que protegen y facilitan el intercambio pacífico y voluntario?

A Bergoglio no le gustan algunos de los resultados del mercado: como lo que él cree que es desperdicio; y por eso quiere que el sistema de producción y distribución de comida sea reestructurado.  ¿Qué quiere? ¿Planes quinquenales y comisarios? ¿Quiere que midan y pesen lo que compras y lo que comes?

¿Quiere, Bergoglio, hacer el mundo a su antojo como lo quisieron Lenin, Mao, Hitler y otros socialistas -que no entendían el mercado- antes que él?


28
Dic 14

El peor argumento contra la piratería

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El peor, peor, peor argumento contra la piratería es ese de que dicha actividad perjudica al fisco.  ¿Por qué? Porque los impuestos son una forma de robo; y defenderse del despojo violento no tiene nada de malo. De hecho, el gobierno debería defendernos de la expoliación, en vez de ser el sujeto activo de dicha actividad criminal.  Es éticamente incuestionable la facultad…No, ¡el derecho! que tienen las personas de defender su propiedad contra el robo.

En el caso de la piratería, sin embargo, está el hecho de que esta constituye robo de propiedad ajena; y está claro que un derecho deja de serlo -o no lo es- si al ser ejercido viola derechos ajenos.  En este caso, la facultad de las personas a evitar el despojo por medio de impuestos no se constituye en derecho porque para ejercerla los piratas, y los que compran objetos piratas, infringen derechos de terceros.  La piratería es mala no porque evite que un ladrón mejore sus ingresos; sino porque daña a otros en su derecho de propiedad.

En el caso de la piratería de medicamentos hay un hecho agravante ya que están de por medio la salud y la vida de terceros.  El que produce y el que vende productos medicinales piratas (que no tienen los efectos benéficos que deberían tener) dañan la vida y la salud de otras personas y eso sí es intrínsecamente malo.  No sólo debería ser delictivo, sino que es criminal. Pero lo malo no es evitar que un ladrón mejore sus ingresos; lo malo es engañar a terceros y perjudicar sus vidas y su salud.

Que no te hagan sentir mal, pues, con eso de que la piratería causa estragos al fisco; porque hay otras razones…verdaderas razones, para sentirse mal por la piratería.


25
Sep 14

Peligrosa ley de subdesarrollo rural

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Hay dos grandes aspectos muy peligrosos en torno a la mal llamada ley de desarrollo rural (cuyo verdadero nombre debería ser ley de deterioro rural, ley de subdesarrollo rural o algo parecido).

El primero es su contenido:   La ley de deterioro rural es el fruto  de una perseverante y talentosa estrategia política.  Es la materialización de la reforma agraria, del separatismo indigenista y de otros ideales de la lucha guerrillera; ideales no conseguidos luego de miles de muertos y 36 años de enfrentamiento armado, pero relativamente fáciles de alcanzar con paciencia y con la complicidad de políticos y dirigentes oportunistas y depredadores.

Crea privilegios y condiciones de clientelismo para sectores y regiones en el contexto del comercio.  En vez de eliminiar los privilegios, que tanto daño hacen en la sociedad, la normativa los multiplica e institucionaliza.  Faculta a quienes ejercen el poder para administrar la reforma y democratización de la estructura de la tenencia y el uso de la tierra…desincentivando su concentración; y a esto, en mi pueblo, se le llama reforma agraria. Traducido, aquel texto quiere decir que los políticos y funcionarios -no el mercado, ni los actores económicos- decidirán por medio del uso de la fuerza y de la ley, quién puede tener tierra y quién no.  Ese mismo artículo les otorga los políticos y sus funcionarios la facultad de decidir qué se puede cultivar y qué no; y en dónde.  Lo tuyo ya no será tuyo, porque otros te dirán si puedes conservarlo, y otros te dirán qué puedes hacer con ello.  La ley acaba con el derecho de propiedad y lo somete no sólo a la arbitrariedad de los políticos y sus funcionarios, sino a la voluntad de la mayoría (que es lo mismo que decir a la voluntad de quien diga representarla). La ley habla de promover y garantizar la participación de la población rural en los procesos y espacios de toma de decisiones en los diferentes niveles (local, municipal, departamental y regional). Esta previsión  desnaturaliza el concepto de ciudadano, que es individual, y lo colectiviza integrándolo en dos grandes grupos difíciles de definir y por lo tanto expuestos a la arbitrariedad: población rural, y población urbana.   Además crea dos clases de personas, unos son los habitantes de las áreas rurales que tendrán el privilegio de influir directamente en las decisiones que los afecten; y otros son los habitantes de las áreas urbanas que tendrán que aguantarse con lo que les receten los pipoldermos y los grupos de interés que influyan en ellos.

El segundo es que su discusión agolpada confirma que el Congreso está legislando bajo presión y chantaje; unas veces por temor, otras veces para cosechar clientela a corto plazo, y otras veces por ambos motivos.  Como ocurrió con la mal llamada ley de telecomunicaciones (que debería llamarse ley de privilegios para los grupos dominantes en el mercado de telecomunicaciones), la aprobación de un prestmao por US$280 millones, y la ley de obtenciones vegetales, la aprobación de la ley de subdesarrollo rural hiede a legislación para satisfacer las demandas de grupos de interés específicos.  En el caso de esta última, a los mismos grupos que son capaces de desatar actos de terrorismo y de violencia extrema para impedir la contrucción de una fábrica y una carretera que beneficiará a miles y miles de personas; y cuya existencia depende de la multiplicación e intensificación de conflictos, así como de la proletarización de la clase media.  Aquellos grupos bloquean calles y carreteras, se plantan ante el Congreso, presionan al Ejecutivo y aterrorizan  a quien tengan que aterrorizar para conseguir sus objetivos.  Que en este caso es una ley violatoria de los derechos individuales, corruptora del estado de derecho, empobrecedora, generadora de enfrentamientos y enconos, y generadora de arbitrariedades.

La ley de subdesarrollo rural es tan importante para sus promotores que es un parteaguas o un punto de inflexión.  Y en momentos como este vale la pena recordar esto que escribió Ayn Rand: En todo conflicto entre dos hombres (o grupos) que comparten los mismos principios básicos, gana el más consistente. En toda colaboración entre dos hombres (o grupos) que se apoyan en diferentes principios básicos, el más maligno, o irracional es el que gana. Cuando los principios básicos opuestos están abierta y claramente definidos, eso obra en ventaja del lado racional; y cuando no están claramente definidos, sino que están ocultos, o difusos eso obra en ventaja del lado irracional.

Para conocer los grupos de conflictividad que presionan para aprobar esta legislación haz clic aquí.


22
Ago 14

¡Que abunde el maíz!

 

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La legislación sobre obtenciones vegetales es la nueva manzana de la discordia entre los chapines. Su objetivo es proteger el derecho de propiedad intelectual sobre semillas u obtenciones vegetales. Aquellas normativas les reconocen –a los creadores de nuevas variedades vegetales– un derecho sobre su creación, derecho que les permite explotación exclusiva por tiempo determinado. La legislación se refiere a las variedades desarrolladas que cumplen son nuevas, distintas y homogéneas, y que sean registradas como tales. No se refiere a todo el maíz, por ejemplo. Solo al que ha sido desarrollado o creado y es nuevo, distinto, homogéneo y está registrado como tal.

En brochazos gruesos, hay dos grandes posiciones dentro de la tradición liberal: una es que la propiedad intelectual merece la protección del Gobierno porque es una consecuencia del trabajo intelectual de quienes la producen. En resumidas cuentas, el hombre tiene derecho al producto de su mente una vez este adquiere una forma material. Esta es la posición que favorece mi formación objetivista. Claro que uno no puede patentar las notas musicales, como no puede patentar los genes; pero sí puede patentar ciertas combinaciones de notas, o ciertas combinaciones de genes (para producir melodías nuevas, o semillas distintas).

La otra posición es que la propiedad intelectual es distinta a otras formas de propiedad. Por ejemplo: Puedes defender tu casa sin la intervención de esa combinación de políticos y funcionarios que llamamos Gobierno. En tu casa puedes poner una pared alta y así evitar que sea invadida, sin intervención del Estado. Pero no puedes hacer eso con tus canciones, o con las semillas que desarrollaste. Para protegerlas necesitas, inevitablemente, que los políticos emitan leyes específicas y destinen impuestos. No se puede proteger la PI sin la intervención del Gobierno. En ese sentido, el de PI se parece más a un privilegio, que a un derecho. Esta es la posición que inquieta al anarco-capitalista que hay en mí.

Lástima que la discusión no es a este nivel y que grupos interesados la han convertido en algo mitológico y barricada.

Columna publicada en El periódico.  Foto por Así es la vida.