03
Abr 08

Bule bule


Pues…no se por qué…ahora, a esta hora, me he acordado de Bule Bule; y encontré este vídeo que me recordó mi más tierna infancia y las fiestas de mis tías en casa de mi abuela.


07
Feb 08

Desde mi balcón

Ayer, desde el balcón de mi casa, podía ver a este par de personajes. Uno cortándole el pelo al otro durante una agradable y brillante tarde.

La escena me recordó las barberías a donde iba a cortarme el pelo cuando era niño; eso sí, cuando no era don Rafa el que llegaba a cortarnos el pelo a la casa. Normalmente despues de almuerzo, justo antes de que pasara el bus para llevarnos al colegio, a mi hermano y a mí.

Cuando era niño pasé por Los caballitos, en la Quinta avenida y Primera calle; por la barbería del Hotel Palace, en la Cuarta avenida y ¿12 calle?; y por la barbería España, en la Quinta avenida y Novena calle, todas en la zona 1.


03
Feb 08

En el Centro Histórico, recuerdos en bronce

Estos letreros de bronce, o de latón, se encuentran en el concreto que cubre el crucero de la Sexta avenida y Octava calle(Sur y Poniente) de la zona 1 de la ciudad de Guatemala. ¿Quién sabe cuánto tiempo tienen de estar ahí?
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Recuerdo que yo los veía cuando era niño y cuando iba al colegio en la Décima calle y Cuarta evenida de la zona 1. Recuerdo que en los años 80 aún se leían bien la mayoría de ellos; pero no recuerdo cuántos eran exactamente. Me acuerdo que había uno de Pepsi. Deben ser viejos, porque los números de teléfono aún son de cuatro cifras.
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Los letreros que quedan son de: Royal Dry Cleaner; Ferretería El Candado Dorado, [ilegible]Productos de Calidad; Fuente de Soda Las Diamelas; Trajes [ilegible] Estilo [ilegible]; Cantel Buenas Telas; y La Estrella Muebles Fácil Pago.
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Algunos de esos letreros han sido arrancados y otros quizás estén cubiertos por una capa de asfalto. De esos negocios, el único que ha sobrevivido con éxico al tiempo, a las modas y a las transformaciones es Cantel.
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Hasta antes del terremoto de 1976, cuyo aniversario es mañana, era común ir a hacer compras y pasear por aquella área del Centro Histórico. Recuerdo que con mis padres o con mi abuela estacionabamos el auto en el parqueo que ahora está al lado de Los Cebollines, junto al extinto Almacén Marlin.
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De ahí, uno subía y bajaba desde el Parque Central hasta el Parque Concordia, a lo largo de la Sexta Avenida y, dependiendo de la hora, había una pausa ya fuera en el bar del Hotel Panamerican; en la cafetería París, al lado de la actual Plaza Vivar; o en El Tejano, justo en donde ahora se encuentra dicha Plaza.
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Las visitas a la Sexta incluian -aparte de los locales citados y dependiendo de con quién iba- La Perla, La Juguetería, Marlin, Max Tott, El Gran Emir, El Cairo, El Quijote, La Casa Música, Biener, el Cine Lux, Mi Amigo y La Ciudad de París. Entre otros. De estos sólo sobreviven, y muy venidos a menos, el cine, La Casa música y La Juguetería.
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¿Qué irá a ser de los letreros ahora que están remodelando el crucero indicado? ¿Quién será responsable de su conservación, o de su desaparición total?
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Por cierto que esta entrada no es un aval para las ideas absurdas de conservación por la fuerza, que impulsa el Alcalde Capitalino. No estoy de acuerdo con que la ciudad sea un lugar para el recuerdo, en vez de que sea un lugar vivo y productivo. Cuento lo que recuerdo para compartirlo y para que no se olvide.

19
Nov 07

Las canciones de mi padre

Como consecuencia de mis primeras entradas del día de hoy, me dieron ganas de acudir al Club de la Nostalgia. Y me puse a pensar en las canciones que me recuerdan a mi padre, canciones que él nos cantaba a mis hermanos y a mí. Por supuesto que están las dos que mencioné temprano. Aquella que dice:

Y nosotros los pobres marinos
hemos hecho un barquito de vela
pa’ vivir en el centro del mar
con una bodega repleta de vino.

Y nosotros los viejos marinos
hemos hecho un gran submarino
pa’ vivir en el fondo del mar
pues ya no se puede vivir en la tierra.

Y luego, la también mencionada:

Las pelotas, las pelotas, las pelotas de carey
son lo mismo en La Habana, en Japón y en Camagüey.

Mi padre solía cantar:

Pajarillo, pajarillo,
pajarillo barranqueño.
Que bonitos ojos tienes,
lástima que tengan dueño.

Otra, de su repertorio, era:

En un bosque, de la China,
la chinita se perdió;
como yo andaba perdido
nos encontramos los dos.

Algunos creerán que aquella es original de Enrique y Ana y que data de c. 1980; pero no. Esta que viene me costó encontrarla porque sólo recordaba bien la música y, como es en italiano, más bien me acordaba de sonidos, pero no de las palabras exactas:

Aveva un bavero color zafferano
e la marsina color ciclamino
veniva a piedi da Lodi a Milano
per incontrare la bella Gigogin.

Y por último la que más recuerdo en mi infancia, More, de Mondo cane, interpretada por Frank Sinatra.

More than the greatest love the world has known,
This is the love I give to you alone,
More than the simple words I try to say,
I only live to love you more each day.

More than you’ll ever know,
my arms long to hold you so,
My life will be in your keeping,
waking, sleeping, laughing, weeping,
Longer than always is a long long time,
but far beyond forever you’re gonna be mine.
I know I’ve never lived before
and my heart is very sure,
No one else could love you more.


15
Nov 07

El club de la nostalgia y el Odyssey

La mía debe haber sido la última generación urbana chapina que hacía capiruchos con canutos de madera para hilo y un pedazo de vidrio roto, o en hacer teléfonos con hilo y cajitas de fósforos de madera. Debe haber sido la última en usar televisores de tubos de esos a los que les quedaba un puntito de luz en la pantalla luego de apagarlos, o en usar teléfonos de disco y radios de bolsillo. La mía todavía conoció discos de vinilo.

Hoy, el Blog Tayuyo trajo a mi memoria algo que pasó tan fugazmente que es increíble. En casa teníamos un Odyssey.

El Odyssey es el tatarabuelo de los videojuegos. Aunque el juego es de 1972, a casa no llegó hasta finales de 1976. Mi padre los vendía y me pagaba unos pesos por irlos a instalar a las casas de quienes los compraban, también por revisar que todo viniera cabal y sin daños en su caja.

En su versión más sencilla era un simple ping pong; pero para hacerlo más complejo, el juego traía pantallas plásticas que uno adhería a la pantalla del televisor ya fuera con la estática que se generaba, o con cinta adhesiva.

El juego traía una casa embrujada, un rifle para la galería de tiro, una ruleta y no recuerdo qué variaciones más. Lo jugabamos con mis hermanos, mis padres y con los amigos. En casa no quedaron más que las fichas blancas, rojas y azules del casino de Odyssey. Y ahora…el recuerdo de tardes divertidas gracias a ese juego.


05
Oct 07

Nombres de recuerdos

Hace ratos leí, en un blog una entrada sobre nombres de recuerdos, y me cayó en gracia. Hoy, que no tenía ganas de comentar sobre el hoyo en el Barrio San Antonio, ni sobre otras cosas que deberían llamar la atención, hice mi lista: Miel de morro, Meme, el del 7, bicicleta, Panajachel, mosh, matemáticas, lectura, Emulsión de Scott, Drácula, astronautas, piratas, buques, el mar, el asesinato de Kennedy, figuras de caricaturas en madera barnizada, una casa de bloques de madera, una cubeta por casco, Mandy, Simón, Manix, Chiqui, Panchita, algo escondido en la mesa de noche, una pieza de trofeo, Joselito, Natasha Kinsky, la torre de control, la copa de peltre, balas de algodón, el Astrocar, el perfume en un frasco de Buda, vino tinto, el Mall, una artesa enorme, canciones (y más canciones), aroma y olores, frutos de café, química orgánica, El Mirador, El Q´sh, azul intenso y profundo, Howard Roark, Géminis, el sótano, Lucia di Lamermoor, el Bar Cinto, Goo Lin, pantalón azul de corduroy y camisa roja de cuello de tortuga, Templamere, pan para los lustradores, ojos color miel, galletas de Navidad, lunada, los espíritus de los conejos, las formas de las nubes, las Aes, El último adiós, Mi casita, el terremoto, malaria, hepatitis, la cebollita, yesos de colores, lluvia de estrellas, las fiestas de mis padres, Coca Cola float, grandes lodazales, la lluvia en el campo, barranquear, las calles del Centro, cacerías de orquídeas, esquí acuático, miel de abejas, anacates, monedas de plata, los centavos viejos, los chocolates Polo, leer noticias, Monterrico, goma blanca, Dipididú, panes franceses con Ketchup, panes franceses con queso crema y frijoles, manos metidas en el depósito de arroz, la despensa, la lavandería, panes franceses con aceite de oliva y tomate rallado, té con leche, Tortrix, centavos viejos pintados con mercurio, doña Tinita, la casita de madera sobre el garaje, latas de pulpo, Carpe Diem, Luna Llena, Aquí el mundo, Perdidos en el espacio, barquitos de papel en la toma, El Circus Bar, el árbol de Navidad en El Capuccino, jalea de mandarina, sopa de tortuga, las tardes del otro lado del río, Calisay, Cosito, S.E.D.C…

Y bueno…la lista irá creciendo.


10
Jun 07

Precios de 1960

Para el Club de la Nostalgia: precios de 1960, año en el que se casaron mis padres.

Una docena de huevos de gallina: 45 centavos de quetzal; unos $0.05 al tipo de cambio actual, sin deflatar. Una docena de huevos de parlama: Q0.60; unos $0.07.

Un ciento de naranjas: Q2.00; unos $.20. Una bolsa de vegetales mixtos para cocido: Q0.35; unos $0.04. Un camote: Q0.06, unos $0.007


23
Dic 06

Sonrisas de Navidad

¿Qué es lo mejor de la Navidad? Yo digo que son las sonrisas; y las mejores de todas esas son las de los niños.

Yo estaba por decir que los mejor son los tamales y el relleno del pavo, o los regalos, los turrones y los stollens; pero no, estoy convencido de que lo mejor de la Navidad son las sonrisas de los niños.

A mí, por ejemplo, me emociona y me conmueve la carita de asombro y la sonrisa inocente de mi sobrina cuando toma en sus brazos el Niño Dios de mi madre y explora su textura. Y le pide a uno que se calle porque el Niño está dormido.

A pesar de que he visto la escena igual, durante años, yo no cambio por nada el momento en que mis sobrinos abren sus regalos en la Nochebuena. Es emocionante ver sus caras de sorpresa y sus sonrisas de alivio al ver que el Niño, o Santa les ha traído lo que tanto esperaban; o algo que ni siquiera imaginaban en sus sueños más salvajes.

Pero mejor aún, ¿qué hay de la carita sonriente de un niño a la espera de ver cómo reacciona usted frente al regalo que él le ha hecho? O la sonrisa de un niño que no esperaba recibir regalo alguno, por quién sabe que soledad, que pobreza, o que enfermedad.

Usted dirá que soy un cursi; pero aquí, y haciendo cálculos, los mejores recuerdos de mis navidades siempre han involucrado sonrisas. Desde sonrisas inocentes, hasta sonrisas pícaras, pasando por sonrisas de complicidad y sonrisas de sí, yo también siento algo de nostalgia, pero me aguanto como los machos.

Desde que yo era niño mis instantes favoritos de la Navidad son: el momento en el que el árbol y el nacimiento están concluidos y se encienden las luces, el proceso de selección de obsequios, cuando veo la mesa puesta, cuando pruebo el relleno del pavo, mi desayuno navideño con (por lo menos) un tamal negro y uno colorado, y aunque esto ya no ocurre, ni podría volver a pasar, el momento en que mis padres subían al cuarto y nos levantaban a mis hermanos y a mí para avisarnos que Santa ya había venido. Todo ello iluminado con sonrisas estupendas.

Hay sensaciones navideñas que uno sólo puede experimentar cuando es niño, y por eso es triste cuando quiérase, o no, se pierde la alegría navideña vinculada a la niñez. Alguien a quien yo quiero mucho está ahora en ese proceso. Ha dejado de ser niño y está por convertirse en hombre. Ojalá que, si lee estas líneas, pueda entender que la Navidad, a final de cuentas, no está afuera de uno ni en las cosas, sino que está en la capacidad de uno de sentir alegría por la felicidad ajena, que está en ver sonrisas y en hacerlas propias, que está en sentirse infinitamente bendecido por la gente que le es leal, que le tiene cariño y que lo ama, a pesar de los defectos, de las manías y hasta de los agravios que uno ha cometido.

¡Que Dios los bendiga a todos y que cientos de sonrisas de amor llenen sus navidades!

2. ¡Felicitaciones a Zona 0!: El martes vi, en el noticiario Zona 0 de Canal Latitud, un reportaje extraordinario sobre la toma de la embajada de España ocurrida en 1980. El reportaje no sólo cuenta con vídeos escalofriantes de aquella desgracia; sino que muestra evidencias y testimonios reveladores.

En el reportaje uno ve personajes siniestros en una obra de espanto protagonizada por el Ejercito Guerrillero de los Pobres, por miembros del Frente Estudiantil Robin García y por dirigentes de organizaciones campesinas afines a la guerrilla. Todo ello con la sospechosa participación del embajador Cajal y a costa de muchas vidas inocentes. Eso sí, con la ayuda de autoridades que procedieron sin medir consecuencias y sin intención alguna de negociar.

Muchos jóvenes no conocen esa historia y es una lástima que los vídeos originales del noticiario Aquí el Mundo ya no existan; por eso sería bueno que Zona O volviera a transmitir ese reportaje que tiene mucho que enseñarles a los guatemaltecos que no vivieron el horror.

3. Más felicitaciones: A quienes fueron responsables de la decoración de la Plaza España. ¡Puchis, muchá, está hermosísima!

Publicada en Prensa Libre el 23 de diciembre de 2006