14
Mar 26

Especulador: ¿villano, o héroe?

 

En el lenguaje del cuchubal y en los titulares sensacionalistas, el especulador es pintado como un villano siniestro. A la especulación se la presenta como una manipulación altruista y codiciosa del mercado, mediante la cual, individuos, o empresas acaparan bienes para inflar artificialmente los precios y obtener ganancias exorbitantes a expensas de los consumidores. Por ejemplo, se acusa a los especuladores de acaparar grandes cantidades de combustibles cuando los precios son bajos, retenerlos en inventarios y luego venderlos caro cuando surge una escasez percibida, como durante una crisis geopolítica, o la interrupción en la cadena de suministro…como ahora, pues.

La especulación es la anticipación racional de cambios futuros en la oferta y la demanda. La ilustración es de Imagine.

Esta visión popular asocia la especulación con la codicia, la inmoralidad y hasta con conspiraciones, culpándola de inflación, desigualdad y sufrimiento económico. En esencia, se la pinta como un acto parasitario que distorsiona el precio justo estimado desde la política, y obliga a la gente a pagar más por necesidades básicas. ¡Cuántas veces hemos oído a políticos, tiktokeros y periodistas clamar por regulaciones para frenar a los especuladores!

Ciencia económica, no política

Pero tú, que lees Carpe Diem con frecuencia sabes mejor: la especulación no es un mal, sino una función esencial y benéfica del mercado. La especulación es, en su núcleo, la anticipación racional de cambios futuros en la oferta y la demanda. El especulador actúa como un emprendedor visionario: observa señales del mercado, evalúa riesgos y toma decisiones basadas en su juicio sobre lo que vendrá. Si cree que el precio del diésel subirá (por guerras, regulaciones ambientales, o escasez de petróleo), comprará ahora a bajo precio para vender después a uno más alto. Si se equivoca, pierde dinero; si acierta, gana.

Lejos de causar alzas artificiales, la especulación estabiliza los precios en el mediano y largo plazo y asegura una asignación eficiente de recursos escasos. Imagina: sin especuladores, una escasez repentina de diésel causaría picos drásticos en los precios, dejando a muchos sin acceso. Pero el especulador, al acumular inventarios anticipadamente, libera suministros justo cuando más se necesitan, moderando las subidas extremas. Esto no es manipulación; es el mercado en acción, guiado por la información que llevan y traen los precios que reflejan el conocimiento disperso. En La acción humana, Ludwig von Mises explica que toda acción económica es especulativa en algún grado, ya que el futuro es incierto y los actores deben preverlo. Prohibir la especulación equivaldría a cegar al mercado, llevando a desequilibrios, desperdicios y, en última instancia, a una economía planificada que fracasa estrepitosamente, como hemos visto en regímenes estatistas, intervencionistas y socialistas.

Ciencia económica y ética

La especulación es no solo económica, sino moralmente virtuosa cuando se basa en el egoísmo racional: el derecho de cada individuo a perseguir su propio interés por medio de la razón, sin sacrificar a otros, ni exigir sacrificios ajenos.

El especulador racional, entonces, es un productor de valor, no un parásito. Usa su intelecto para identificar oportunidades, asume riesgos personales y comercia voluntariamente en un mercado libre. Si gana, es porque ha creado riqueza al alinear recursos con necesidades futuras, beneficiando indirectamente a la sociedad (por ejemplo, asegurando que el diésel esté disponible cuando escasea). Ayn Rand lo vería como un acto de virtud: la productividad racional en pos de la vida propia. En cambio, condenaría cualquier especulación basada en fraude, coerción, o favores gubernamentales (como subsidios, o monopolios estatales), ya que viola el principio de no agresión.

Éticamente, culpar a la especulación por alzas de precios es un error altruista-colectivista, que prioriza el bien común nebuloso sobre los derechos individuales. En La rebelión de Atlas, Rand muestra cómo los verdaderos innovadores y especuladores son los motores del progreso, mientras que los reguladores y críticos los demonizan por envidia. Así, la especulación genuina es ética porque fomenta la excelencia humana y la prosperidad mutua por medio del intercambio.

Desde otra perspectiva, muy valiosa, mi colega, Migue Anxo Bastos explica la especulación muy bien en este vídeo En defensa del especulador:

Al final, la especulación no es el monstruo que pintan; es el pulso racional que mantiene vivo al mercado libre.


20
Ene 26

Sueldos altos y discrecionalidad

 

El 40% del presupuesto de la Superintendencia de Competencia se va a ir en los sueldos de los directores de esa burocracia. ¿Vas a creer que los tres titulares y tres suplentes se sirvieron con la cuchara grande y se autorecetaron sueldos de Q75,000 al mes?

Los afortunados. La imagen es de La Hora. 

Para ponerlo en perspectiva, si dividimos Q75,000 entre 20 días hábiles, la cifra es de Q3,750 al día. Por supuesto que entiendo que los sueldos deben ser proporcionales a las responsabilidades; pero la diferencia entre el sector voluntario de la economía (que es el sector privado) y el sector coercitivo (que es el sector estatal) es que en el primero los salarios están relacionados con la productividad y los resultados; en tanto que en el segundo son de orden político y arbitrarios.

El Decreto 32-2024 del Congreso de la República creó la Superintendencia de Competencia. Sus funciones principales incluyen: investigar y sancionar prácticas anticompetitivas (absolutas o relativas), controlar concentraciones económicas y promover una cultura de libre competencia.

Friedrich A. Hayek, en obras como Los fundamentos de la libertad, Derecho, legislación y libertad y en ensayos sobre monopolio y competencia, defendió la competencia no como un estado estático de competencia perfecta (modelo que consideraba irreal y peligroso), sino como un proceso dinámico de descubrimiento. Los empresarios, guiados por precios y señales de mercado, descubren continuamente nuevas formas de satisfacer necesidades, innovan y coordinan conocimiento disperso en la sociedad. El orden de mercado es espontáneo, no diseñado.

Desde esta perspectiva, la superintendencia en cuestión presenta tres problemas graves:

  1. El peligro de la pretensión de conocimiento. Hayek advirtió que los planificadores, o reguladores estatales sufren de una fatal arrogancia al creer que pueden poseer el conocimiento disperso y tácito que solo el mercado coordina. Una autoridad de competencia debe juzgar si una concentración reduce la eficiencia económica, si una práctica es abusiva, o si un acuerdo restringe injustificadamente la competencia. Estas decisiones requieren evaluar intenciones, efectos futuros y alternativas contrafactuales, tareas que exceden la capacidad humana centralizada. En Guatemala, la ley otorga a la Superintendencia (a Q3,750 el día) amplio poder discrecional para definir mercados relevantes, evaluar dominancia y aplicar sanciones. Esto abre la puerta a errores sistemáticos o captura por intereses particulares, distorsionando el proceso de descubrimiento en lugar de protegerlo.
  2. Reglas generales vs. poder discrecional. Hayek distinguió entre nomos (normas o leyes generales abstractas, aplicables a todos por igual) y thesis (como legislación para órdenes dirigidos). Prefería leyes que prohíban coerción clara (como fraudes, violencia, o monopolios sostenidos por privilegios estatales) sin otorgar a una autoridad la facultad de intervenir caso por caso según criterios subjetivos de eficiencia. La Superintendencia guatemalteca, aunque autónoma en teoría, ejerce poder administrativo amplio con capacidad sancionatoria. Esto se asemeja más a una planificación discrecional que a reglas generales.
  3. Riesgo de protección a competidores en vez de a la competencia. Hayek criticó las leyes antimonopolio que, en la práctica, protegen a competidores ineficientes en lugar de preservar el proceso competitivo. En países con instituciones débiles como Guatemala, una Superintendencia puede ser capturada por grupos de interés (empresas incumbentes que denuncian a nuevos entrantes o políticos que usan la institución para favorecer aliados). Esto frena la innovación y consolida privilegios, contrario al orden espontáneo.

La creación de la Superintendencia de Competencia es una imposición para cumplir compromisos internacionales en mercados regulados (a 3,750.00 al día, por director). Desde criterios hayekianos, genera profunda cautela: su poder discrecional amplio amenaza el orden espontáneo del mercado y sustituye el descubrimiento descentralizado por decisiones centralizadas inevitablemente políticas.

Mejores serían reglas generales claras en la ley —prohibición de coerción contractual, fraude y privilegios estatales que creen monopolios— aplicadas por jueces ordinarios, sin necesidad de una agencia especializada con iniciativa investigativa y sancionatoria (con el 40% de su presupuesto dedicado a sus directores… lo cual no quiere decir que deba ser aumentado). Vamos a ver si, como sociedad, podemos vigilar que la Superintendencia no se convierta en un instrumento de intervencionismo, o cooptación. Porque si eso pasa, causará más daño que cualquier beneficio esperado. Y en un país como Guate, la experiencia enseña que esa vigilancia suele llegar tarde.

Actualización: Para más INRI el pago a estos burócratas va a ser retroactivo desde agosto del 2025.  ¡Eso es Q375,000.00 para cada uno a fin de este mes!


16
May 25

Mercado, o mercantilismo

 

Porque mercado y mercantilismo tienen etimologías relacionadas con comprar, vender y comerciar, no es extraño que algunas personas confundan un concepto con el otro. Algunos creen que el mercantilismo es el sistema propio del mercado porque ambos involucran empresarios; pero esto es un error. No es lo mismo un empresario que un empresaurio.

Mediante el mercantilismo los empresaurios hacen prosperar sus negocios por medio de legislación a su favor, o en perjuicio de otros. La ilustración es de ChatGpt.

El mercado es lo que ocurre cuando se respetan la vida, la libertad, la propiedad y el cumplimiento de los contratos, sin más intervención del gobierno (políticos y burócratas) que para garantizar seguridad e impartir justicia. El mercantilismo es un sistema que promueve la intervención del gobierno (políticos y burócratas) para fomentar el comercio exterior y proteger actividades productivas por medio de aranceles, subsidios, barreras no arancelarias y privilegios.

El mercado y el liberalismo clásico tienen en común el hecho de que su existencia depende de que el poder del gobierno y de la sociedad sea limitadísimo; en tanto que el mercantilismo tiene en común con el estatismo el hecho de que su existencia depende de poderes amplísimos para el gobierno y la sociedad.

¿Es posible la existencia de políticas de mercado en un sistema mercantilista? Sí, pero asfixiadas y en deterioro permanente. Por lo tanto, si queremos mercado y políticas de mercado, debemos actuar contra el mercantilismo. Es decir, si desde la opinión pública nos oponemos a aranceles, subsidios, barreras no arancelarias y privilegios. ¿Por qué tiene que ser desde la opinión pública? Porque el análisis económico de las decisiones públicas nos enseña que los políticos legislan y promueven políticas (policies) que agradan a sus electores con tal de conseguir y conservar el poder. ¿Me sigues el paso aquí? Si la opinión pública clama por privilegios, o no se opone a ellos con entusiasmo, habrá privilegios y, por lo tanto, habrá mercantilismo. De ahí que, si queremos mercado, es absurdo que convirtamos el Congreso o el Ejecutivo en antros para comprar y vender privilegios.

¿Por qué te cuento esto? Porque escribí un artículo en el que recomiendo que, para resolver el problema de las aguas, en vez de pedir la estatización, deberíamos confiar en soluciones de mercado. ¿Y sabes qué pasó? En TikTok, un lector me escribió: Políticas de mercado en un país mercantilista. Se cuenta solo el chiste. TikTok, por supuesto, no es el mejor lugar para explicar asuntos complejos como este; pero le contesté: Políticas de mercado… contra el mercantilismo y otras políticas estatistas. ¿Ves? Lo que traté de hacer es llamar su atención sobre el hecho de que mercado y mercantilismo son opuestos, excluyentes. Sobre el hecho de que el mercantilismo es una forma de estatismo. Por suerte, el lector siguió la conversación y preguntó: ¿Qué políticas de mercado pueden ocurrir en favor de la mayoría dentro del mercantilismo que vivimos hoy en Guatemala a favor de los que heredaron el territorio? Y los actores políticos que defienden ese orden. A lo que contesté: Las que apoye la opinión pública. Cero privilegios, por ejemplo. Esto es porque las políticas antimercantilistas no ocurren; hay que demandarlas y hacerlas realidad activamente. Cada vez que le pedimos algo a los políticos y burócratas, multiplicamos el mercantilismo.

En mi blog Carpe Diem y en mis columnas hay bastantes artículos contra el mercantilismo y a favor del mercado; pero debería haber más, y más, en otros espacios de opinión pública. No para beneficiar mayorías ni minorías, sino para no dañar la vida, la propiedad y la libertad de nadie, y para que no haya privilegios para nadie.

Si queremos un futuro donde prevalezcan la libertad y la justicia, debemos rechazar el mercantilismo con la misma fuerza con que defendemos el mercado. ¡Es hora de actuar desde la opinión pública y exigir  cero privilegios!

Columna publicada en República.


27
Nov 24

Legislación de incompetencia

 

Entre mis amigos que saben de estas cosas, hay dos posiciones con respecto a la legislación de incompetencia, más conocida como Ley de Competencia. Unos dicen que será un instrumento del gobierno para la coacción (y de extorsión) política contra los grandes empresarios que no se alineen; y otros dicen que es compadre hablado, y que los grandes —que tienen abogados de renombre— ya saben cómo usar esta legislación contra competidores eventuales. ¡Vaya uno a saber!

El Congreso. Foto de RepúblicaGt.

Creo, eso sí, que fue una medallita que se pusieron los semilleros de una facción para tratar de compensar un año de desatinos y de desgaste político casi sin precedentes. De ahí que, al día siguiente de la aprobación de aquella normativa, Twitter estuviera lleno de trinos como: Loa de Bernardo para Samuel, Elegía de Samuel para Bernardo, Madrigal de fulano para mengano y así. Todos los semilleros abrazándose entre sí.

Lo cierto es que, si desde el poder de verdad se quería que hubiera competencia libre, lo único que había que hacer era eliminar todos los privilegios políticos, las barreras arancelarias y no arancelarias, y las regulaciones que impiden la competencia. Bastaba con que se le devolviera a la gente la facultad de comprar, vender, producir y servir sin coacción ni privilegios… pero ¡NO! Había que legislar y generar partidas presupuestarias. No sólo para complacer a la burocracia europea, sino para gozo de los estatistas de todos los colores, y para el de la clientela semillera más básica.

Lo cierto, sin embargo, es que la legislación de incompetencia crea una burocracia todopoderosa, de esas que podrán ejercer la arbitrariedad y gastarán, en canastos, dinero de los tributarios. Con una legislación que viola el principio de inocencia, y en la que los acusados tienen que demostrar que son inocentes, ¿cuánto tiempo pasará antes de que veamos grandes empresarios hincados por la extorsión, como en tiempos de la CICIG?

La ley de incompetencia es un disparo en el pie para una economía emergente como la de los guatemaltecos, y ha creado muchas expectativas tan altas —como la de los precios justos— que terminará siendo otra decepción. Además, ¿ya sabes? ¿Verdad? Mientras más regulaciones, más requisitos, más burocracia y más partidas presupuestarias hay… más oportunidad para la corrupción hay, también. Esta es una legislación mercantilista más para los guatemaltecos. 

Esta legislación, además, tiene el potencial de operar en beneficio de los que ya están operando en el mercado, porque ya están establecidos, en perjuicio de los que quisieran entrar, o son muy pequeños, o son foráneos. Con el equipo apropiado de abogados, muchos prodigios son posibles.

En fin… la administración semillera sigue legislando en su favor… y en su favor… y en su favor… una normativa aquí, y una normativa allá. ¿Cuáles crees que serán los efectos electorales y en las instituciones de esta estrategia? ¿Te acuerdas de la gente que decía que no importaba que la mala simiente obtuviera la presidencia porque el Congreso iba a ser de oposición? Pues siempre No. ¿Estamos preparados para eso? 


13
Sep 23

Lecciones de Lysol: el lado B de la libertad comercial

 

El mercado es maravilloso.  Durante los encierros forzados del 2020 hubo escasez de Lysol; y, ¿qué hizo algún emprendedor chispudo? 

En vez de traerlo de los Estados Unidos de América de donde la cadena de distribución no estaba funcionando, trajo aquel producto desde Francia, al otro lado del océano Atlántico.

Como consecuencia de aquella iniciativa el Lysol siguió disponible para los consumidores chapines; y la escasez sólo se sintió por unos días.

Ese fenómeno ocurre cuando se respetan el comercio y a los consumidores.  Ocurre cuando se deja hacer y se deja pasar, sin interferencias de carácter político.  El fenómeno de reabastecimiento, razonablemente rápido, fue posible gracias a que no hubo precios tope, no hubo regulaciones y no hubo una concentración artificial de la importación.

El precio tope para mascarillas no funcionó porque todo el que quiso trajo mascarillas por donde pudo; los precios de los primeros días se desplomaron y estoy seguro de que -por lo inciertas que eran las regulaciones en aquellos días- más de alguien todavía tiene mascarillas embodegadas que nunca pudo vender.

El ejemplo del Lysol comprueba que donde se permite el libre tránsito comercial -incluso en medio  de una crisis- ahí no falta lo que la gente necesita.  

¿Sabes qué noté? Que las boquillas en Francia no son elegantes como las gringas.  Supongo que eso es algo europeo, ahorrar en cuestiones que les parecen superficiales.

¿Se vale quejarse de algo? Sólo está viniendo -y ocurre también con el Lysol gringo- el aroma que se supone que es el de ropa limpia; pero a mí no me agrada. Extraño muchísimo el aroma original de ese producto.


10
Feb 22

Lo maravilloso del mercado

 

El mercado es maravilloso, causa admiración y asombro.  Uno de los primeros productos que escasearon durante los encierros forzados de 2020 fue el Lysol, seguramente porque tiene muy buena reputación como desinfectante.

Y mira…el Lysol gringo desapareció del mercado, seguramente por la demanda altísima y por las dificultades de transporte y distribución no sólo durante los encierros forzados, sino como consecuencia de la crisis de contenedores.  Y ahí está que como es un producto muy requerido por los consumidores y valorado, aunque no haya Lysol gringo, he conseguido Lysol francés.  Traído desde Europa, pero traído.  Los actores en el mercado, si se los deja en libertad, no dejan de abastecer a su clientela y le encuentran solución a la escasez y a otras dificultades.

Yo uso ese producto desde los años 70 y -aunque lamento mucho que ya no venga en su aroma original desde hace años- todavía confío en él y me gusta.

¿Sábes que me llama la atención? Que los botes franceses son así como vintage.  Mi opinión, sin ningún fundamento científico, es que el mercado europeo es mas sencillo en sus requerimientos estéticos para este tipo de productos que el mercado gringo.  De ahí que el diseño del bote de Lysol gringo sea más cuidadoso que el del europeo, o por lo menos que de el francés.


20
Ene 22

¿Cuál es el rol de la cultura en una sociedad libre?

 

En esta conversación, el historiador y economista Carlos Newland explica cuál es el rol de las instituciones para el desarrollo de una sociedad y por qué hay países del mundo que tienen mejores instituciones, que otros.

El concepto de instituciones, en este contexto, no es lo mismo que organizaciones; sino que se refiere a sistemas de reglas, de normas. Carlos explica que esas instituciones deben corresponder a una cultura.  Sobre esa premisa, la Encuesta mundial de valores muestra que el pensamiento promercado generalizado entre los habitantes de un país genera instituciones que favorecen el desarrollo y el bienestar.

Como desde un punto de vista hayekiano la ideología de las personas tiene mucho que ver con sus experiencias de vida cotidianas, Carlos encontró que los países con un número elevado de población involucrada en la actividad agrícola independiente hasta mediados del siglo XIX son los países con más cultura promercado y con mejores instituciones para el desarrollo y el bienestar.

¡Claro que las ideas prevalecientes en una sociedad le dan forma a las instituciones, y claro que las instituciones pueden fomentar el desarrollo y el bienestar, o pueden convertirse en cadenas con bola!  ¿Qué ideas prevalecen entre los guatemaltecos? ¿Quiénes las diseminan?


19
Mar 21

Un tiquismiquis y el mercado

Esta semana hubo un tiquismiquis porque al MSPAS se le filtró una normativa para la importación y distribución privada de vacunas anti covid; y algunas reacciones fueron reveladoras.

El mercado es un proceso, es lo que ocurre cuando las personas intercambian su propiedad.

La vacuna no debe ser privada…El mercado nunca va a funcionar para garantizar derechos, dijo un político estatista.

Pero, ¿qué es el mercado? El mercado es lo que ocurre cuando las personas intercambian voluntariamente su propiedad; y se basa en el principio de no agresión.  El mercado sólo es posible cuando se protegen los derechos de los participantes. Cuando los políticos colectivistas se meten en el mercado, ¡entonces es cuando los derechos son sustituidos por privilegios! Dados el carácter pacífico y voluntario del mercado, los intercambios se sellan mediante apretones de manos y contratos; en tanto que, cuando se involucran los criterios políticos estatistas, son la coacción, la legislación (e incluso la corrupción) lo que signa los bisne. Los mercados cooptados sólo son posibles con ayuda desde el poder político.

Cualquier solución privada generará inequidad duradera y profunda, dijo otro de aquellos. Lo que implica que, desde el poder, antes que una solución sanitaria efectiva, debería tener prioridad el propósito político de evitar la inequidad.

En aquel contexto, advertí que el poder político no debería tener el monopolio de las vacunas; y un lector opinó que el gobierno no tiene monopolio porque debe cumplir con lo que dice la Constitución.  Sin embargo, un monopolio es un monopolio, aunque sea un monopolio constitucional. El carácter constitucional sólo le da la bendición política al monopolio; la peor clase de monopolio. Otro lector señaló que la farmecéuticas que hacen vacunas no les venden a privados y que la discusión era estéril.  Pero digo que no es vana. Digo que la pita se va a reventar por lo más débil y que más vale estar listos para cuando la emergencia sea tal, que algunos gobiernos tengan que reconocer que necesitan ayuda para velar por la salud de la gente. Ya ocurre en Ecuador, por ejemplo.

Columna publicada en elPeriódico.


20
Nov 18

¿Hay que proteger a los cines contra Netflix?

El gobierno italiano va a imponer un plazo entre el lanzamiento de una película en las salas de cine y su distribución en las plataformas de streaming con el propósito inmoral y mercantilista de proteger a la industria del cine local.

La reacción contra el cambio está ocurriendo en otras esferas: Grupos de hoteleros han pedido protección privilegiada contra Airbnb; y grupos de taxistas han pedido el privilegio de protección contra Uber; y en ese ambiente, ¿por qué es que las salas de cine no iban a pedir su privilegio contra Netflix?

A mí, ese tipo de demandas me recuerda la Petición de los fabricantes de candelas, velas, lámparas, candeleros, faroles, apagavelas, apagadores y productores de sebo, aceite, resina, alcohol y generalmente de todo lo que concierne al alumbrado a los señores miembros de la Cámara de Diputados, artículo ingeniosísimo por Frederic Bastiat.

En él, aquellos fabricantes piden  una ley que ordene el cierre de todas las ventanas, tragaluces, pantallas, contraventanas, póstigos, cortinas, cuarterones, claraboyas, persianas, en una palabra, de todas las aberturas, huecos, hendiduras y fisuras por las que la luz del sol tiene la costumbre de penetrar en las casa, en perjuicio de las bellas industrias con las que nos jactamos de haber dotado al país, pues sería ingratitud abandonarnos hoy en una lucha así de desigual...porque su competidor -extranjero par más señas- es el Sol que obstaculiza y arruina la industria de las velas y objetos asociados.

También me recuerda The Future And Its Enemies, por Virginia Postrel en el cual aborda el conflicto creciente sobre la creatividad, la empresarialidad y el progreso. La forma en que nos sentimos acerca del futuro que evoluciona nos dice qué somos como individuos y como civilización.  ¿Buscamos el estancamiento (stasis) -un mundo regulado e ingenieril- o abrazamos el dinamismo (dynamism) -un mundo en constante creación, descubrimiento y cmpetencia?

¿De qué lado están los cineros, los hoteleros y los taxistas que usan el poder del estado para eliminar a la competencia? ¿En qué se parecen aquellos a los fabricantes de candelas de la parábola de Bastiat? ¿De qué lado estás?

Foto por Fernando de Sousa de Melbourne, Australia [CC BY-SA 2.0]


28
Mar 17

La batalla de las ideas y el toro de Wall St.

El Charging Bull o El toro de Wall Street es una escultura de bronce que -en la figura de un toro bravo- representa la entereza del mercado bursátil de Nueva York, así como el optimismo, el capitalismo y la prosperidad.  Dicha escultura, por Arturo Di Modica, nunca ha sido la favorita de los socialistas, de los adversarios del mercado y de otros estatistas. De hecho, durante las protestas de Occupy Wall Street, hubo que levantar barricadas para proteger al toro y lo que representa.

En febrero pasado, con el pretexto de que iba a ser temporal, frente al toro y su simbolismo fue colocada la estatua de una niña, conocida como Fearless Girly dicha adición no sólo cambió completamente el significado del célebre toro, sino que es posible que se quede ahí permanentemente.  El toro ya no es un símbolo de optimismo y prosperidad, sino que es una amenaza, una fuerza bruta, irracional y peligrosa…enfrentada por una niña inocente.

Quién diga que la Revolución del siglo XXI no se está haciendo en el campo de los valores, las creencias, las identidades y la cultura, alla Gramsci, se equivoca.  Toda revolución, escribió el italiano, ha sido precedida por un intenso trabajo de crítica, de penetración cultural, de penetración de ideas.  

La idea de que el mercado (o sea lo que ocurre cuando las personas intercambian su propiedad de forma voluntaria) trae prosperidad y es fuente de optimismo ha sido sustituida por la imagen de que el mercado (o sea el intercambio voluntario de propiedad) es un peligro y es fuente de terror.

Actualización: Del lector, Esteban, recibí el siguiente comentario que vale la pena compartir: To Di Modica, MarketWatch said, the 50-inch girl is almost a form of vandalism of his work, recasting his bull as a villain, an oppressor. It would be as though someone put an AR-15 rifle in the hands of Michelangelo’s David.

Actualización: ¡Hay esperanza en el mundo! Añaden estatua de perro meando a la Fearless Girl en Wall Street | goo.gl/HcdXiF

Por cierto, hice una consulta entre los lectores de @luisficarpediem y de 21 personas que la respondieron, 18 opinan que el mercado es fuente de prosperidad y 3 opinan que es una fuerza irracional.

La foto es por Sebastián Alvarez CC BY-SA 2.0 y la escultura del toro es por Arturo Di Modica.