09
Mar 11

Resarcimiento para las víctimas, no para los políticos

Aparentemente todavía hay víctimas, vivas, de los experimentos con enfermedades venéreas que se realizaron en Guatemala en tiempos de La Revolución.  Presuntamente un grupo de abogados habría contactado a un grupo de hombres de edad avanzada, de San Agustín Acasaguastlán y a sus familias, y supuestamente ellos fueron conejillos de indias en tiempos de Juan José Arévalo, cuando hacían el servicio militar y el ministro de la defensa era Jacobo Arbenz.

Si se probara que aquellas personas fueron parte de aquellos experimentos, cualquier resarcimiento o indemnización debe ser para ellas (o sus herederos) y no para los políticos y burócratas como pretende Rafael Espadita Espada.

Las víctimas de aquellos experimentos fueron personas individuales y específicas con nombres, caras, historias propias y familias.  Para ellos debe ser cualquier resarciminento, no para que se diluya en ese colectivo oscuro y anónimo que es el estado.


23
Feb 11

Hablando de los experimentos con ETS


De Mario, cuate y lector, recibí el libro titulado Evolución de la salud pública en Guatemala, por Ramiro Rivera, exministro del ramo.  La obra contiene fotografías de los ministros de Salud durante el primer gobierno de la Revolución, tiempo durante el cual se efectuaron los tristemente célebres experimentos –sobre enfermedades de transmisión sexual– con locos, soldados, prostitutas, huérfanos y otros grupos vulnerables.

El ministro de la defensa, en aquellos tiempos, era Jacobo Arbenz, quien luego presidiría el segundo gobierno de La primavera chapina.  Siendo que los experimentos se originaron em los Estados Unidos de América, sin duda es interesante saber que los ministros de Relaciones Exteriores de Juan José Arévalo fueron Enrique Muñoz Meany, Guillermo Toriello Garrido, Eugenio Silva Peña e Ismael González A.

Algo de esto ya había publicado en Carpe Diem; pero no deja de ser interesante la colección de fotos de ministros de Salud que proporciona la obra de Rivera.  Estas son de Carlos Federico Mora que fue ministro sólo unos meses porque luego fue electo Rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala; y de Julio Bianchi (Mar. 1945-Ene. 1947), Guillermo Morán (Ene. 1947-Mar. 1948), Bernardo Aldana (Mar. 1948-Nov. 1949) y Victor Giordani (Nov. 1949-May.1950).

También ocuparon la cartera, en su calidad de viceministros o sub-secretarios Alberto Herrarte, Romeo de León, Guillermo Balz, Ponciano España, Manuel María Avila, Alfonso Marroquín, Jorge Cáceres y Jesús Guerra.

¿Quiénes de estos funcionarios revolucionarios estuvieron directamente involucrados en la aprobación y práctica de los experimentos? ¿Quiénes tenían conocimiento de ellos? ¿Quiénes no?


15
Oct 08

Los crimenes de "La Primavera Chapina"

Este 20 de octubre, la socialdemocracia y algunos sectores de la exguerrilla están haciendo su terapia; y han dispuesto celebrar -por todo lo alto- lo que llaman La Primavera Guatemalteca, refiriéndose a las administraciones de Juan José Arévalo y de Jacobo Arbenz.

Lo que me parece injusto, en el festejo, es que son omitidas las partes tenebrosas y espeluznantes de aquel período de la Historia nacional. La Historia rosa de La Revolución hunde en el silencio los asesinatos, las torturas, las vejaciones y las persecusiones a las que fueron sometidos los que no estaban de acuerdo con el rumbo que había tomado la gesta cívica que había acabado con el ancien regime.

Centenas de personas murieron, o fueron electrocutadas, colgadas, apaleadas y sometidas a diferentes formas de tortura, en las ergástulas que dirigían personajes como Jaime Rosenberg y Rogelio Cruz Wer, al servicio de La Revolución y de sus líderes como Jacobo Arbenz.  Fue el mismísimo Juan José Arévalo en Carta política al pueblo de Guatemala con motivo de haber aceptado la candidatura y otros escritos, quien dijo que, en el gobierno de Arbenz, la policía fue obligada a practicar torturas repugnantes y a cometer crímenes contra la vida de los adversarios políticos.

La historia que comparto ahora, con ustedes es del libro Genocidio sobre Guatemala*, editado por la administración de Carlos Castillo Armas, en 1954. En él hay muchos testimonios que hielan la sangre; pero he elegido el de Geraldo Cattousse porque Jerry Cattousse fue un empresario muy conocido en la sociedad guatemalteca en los años 70. Era el propietario de Jerry´s Tours, una operadora de turismo importante. También lo elegí porque fue asesinado c. 1981; y porque, anque Cattousse era beliceño, hay familia suya que vive en Guatemala.

Esta publicación es para que no se olvide la memoria de las víctimas de La Revolución; cuyo sacrificio es opacado por panegíricos, loas y cantares dedicados a las víctimas favorecidas por el capricho de quienes escriben la Historia rosa de La Primavera chapina.

He aquí, el testimonio de Cattousse:

El viernes 25 de junio, cuando salí de mi trabajo en la Tropical Radio, para ir a cenar en el restaurante Altuna** y a eso de las 20 horas, fui capturado por dos rebajados* quienes me dijeron que el mayor Jaime Rosenberg me quería hablar. Al contestar a dichos señores que yo iba a cenar en ese momento y que iba a llegar después, me contestaron que tenía que acompañarlos por las buenas o por las malas. No me quedó más remedio que ir con ellos.

Como media hora antes de ese episodio, fui llevado a la oficina del ex director de Telecomunicaciones, coronel Federico Fuentes Girón, quien tenía todos los teléfonos interceptados. Allí también llevaron al periodista norteamericano Jules Dubois; en estos arrestos jugó papel importante el capitán Constantino Bernasconi. Nos acusaron de haber enviado un mensaje tendencioso a los Estados Unidos, por teléfono. Después se llevaron al corresponsal Dubois y cuando él preguntó a dónde lo conducían, se le contestó que a su hotel. A mí me dijeron que regresara a la Tropical Radio. Más tarde supe que el corresponsal Dubois fue llevado con Jaime Rosenberg para ser torturado, pero logró dar aviso a la Embajada americana, lo cual le salvó y tuvieron que ponerlo en libertad.

Como decía, me llevaron con el asesino Rosenberg, a su despacho en la Guardia Judicial. Este me abofeteó en el rostro dos veces y me dio un puñetazo en el pecho, gritándome al mismo tiempo que era un anticomunista desgraciado y acusándome de estar conspirando con unos corresponsales americanos contra el gobierno. No me dio oportunidad para defenderme, dando orden a los agentes judiciales que me llevaran al primer cuerpo de la Guardia Civil y diciendo que me iban a fusilar al día siguiente. Pasé la noche del viernes y la mañana del sábado en una asquerosa celda junto con más de 400 anticomunistas. El sábado 26 de junio, como a las 14 horas, llegó a traerme un agente rebajado de la Guardia Civil, llevándome al segundo piso del primer cuerpo, donde me agarraron otros rebajados, vendándome los ojos, me quitaron toda mi ropa y me amarraron las manos fuertemente por detrás y m e llevaron al famoso cuarto donde está la no menos famosa pila. Allí me dejaron en el suelo. En ese momento otro anticomunista estaba siendo torturado por Rosenberg y otros. Al torturado le hacían preguntas y cuando no contestaba como ellos querían, lo golpeaban ferozmente, dando el infeliz tremendos gritos de dolor. Después dieron orden de meterlo en la pila. Otra vez se oía el grito del hombre y su voz sofocada cuando trataba de levantar la cabeza para tomar aire. Después de unos minutos que parecían una eternidad, lo sacaron del agua y el coronel Cruz Wer le dijo que lo iban a fusilar. Inmediatamente dio la orden de “apunten” y luego la vos de “fuego”. Se oyó entonces una ráfaga como de ametralladora de mano. Luego de dispararle el tiro de gracia, oí: “A éste hay que juntarlo con los otros para tirarlos en la noche”.

Después me agarraron y el verdugo Rosenberg me ordenó que confesara que yo estaba conspirando con unos corresponsales norteamericanos. Yo le respondí que eso no era cierto. Entonces él, personalmente, me dio de patadas en el estómago, sintiendo que de cada patada se me iba la respiración. En seguida ordenó que me sujetaran entre dos hombres y un tercero procedió a flagelarme sin misericordia las piernas y la parte trasera del cuerpo, con un objeto de hule pesado, causándome terribles dolores, en tanto, Rosenberg insistía para que yo confesara. Le dije que yo no sabía nada de lo que él me preguntaba, y volvían a flagelarme, cada vez con mayor saña. Como yo gritaba me dieron patadas en la boca. En seguida Rosenberg dio orden para que me metieran en la pila. Me amarraron los pies y me echaron al agua sumergiéndome, y cuando yo trataba de sacar la cabeza para tomar aire, una mano férrea me empujaba la cabeza hacia el fondo de la pila, sintiendo que mis pulmones iban a reventar.

Después me sacaron y de nuevo Rosenberg me dijo que me iban a fusilar en la mañana. Me pusieron la ropa, no sin antes robarme lo que tenía en los bolsillos, hasta el último papel y entre otras cosas de valor, mi reloj Cortébert Speroflix (sic) con su respectiva pulsera de oro. Atado de pies y manos, vendados los ojos, me metieron hasta la esquina de un cuarto; por las voces que llegaban a mí me enteré que había otros dos anticomunistas en el mismo local, también vendados, un señor Portillo, de Zacapa y un capitán Aldana, quienes también esperaban ser fusilados de un momento a otro.

Esa misma noche y durante un apagón me trasladaron a otra celda. Pensé que con seguridad eso significaba que me iban a matar como a un perro y me vino la idea de escapar. Logré desatarme de las manos, me quité la venda de los ojos y al ver alrededor de mí cinco guardias civiles roncando, desaté mis pies y subí hasta el techo que da al lado del Callejón Concordia. Cada paso que daba hacia arriba, ya esperaba que los guardias iban a despertar y bajarme a tiros, Llegué hasta la esquina de la paren, entre el palacio de la Guardia Civil ***y el viejo primer cuerpo****, y al intentar bajar tuve que esconderme rápidamente porque por el Callejón Concordia se aproximaba una ambulancia de la Cruz Roja. Esta ambulancia entró en el palacio de la Guardia Civil y de ella bajaron unos seis hombres bien armados. Se me heló la sangre en el cuerpo, pues pensé que seguramente habían llevado esa ambulancia para conducirme después de ser fusilado.

Iba a bajar después el gran paredón, cuando tuve que esconderme de nuevo, pues esta vez se aproximaban unos guardias civiles por el callejón. Estos entraron por la puerta de la Sargentía del primer cuerpo. Mi permanencia arriba, con toda esa demora, fue muy prolongada y oí que ya me estaban buscando abajo. Un guardia subió al techo y gritó: “Allí está el cabrón”. No vacilé más y salté de ese paredón, que mide varios metros de altura, hasta la calle, y corrí como loco por el Callejón Concordia. Atrás de mí una decena de guardias entablaron la persecución, corriendo y disparándome. Yo corría en zig-zag. Tomé la 15 calle y luego la 7ª. Avenida sur, sin que me dejaran mis perseguidores de disparar en mi dirección. Llegué hasta la 20 calle y 12 avenida, lugar donde me interceptó una radiopatrulla con ametralladoras. Rápidamente levanté las manos en señal de rendición. Llegaron agitados los guardias y me hicieron caminar de regreso en medio de la calle, a punta de ametralladoras y fusiles. Durante esa larga caminata varios de ellos me amenazaron con ultimarme para acabar conmigo de una vez, pero otros insistieron en que debían devolverme al primer cuerpo. Durante esa marcha recibí un sinnúmero de culatazos y cañonazos de ametralladora en la cabeza y el cuerpo.

Al nada más entrar en el primer cuerpo de la Guardia Civil, me agarraron unos diez o quince rebajados, todos armados, me golpearon todo el cuerpo, diciendo que eran órdenes de Rosenberg. Uno de ellos, alto, de rasgos definidamente indígenas, levantó su ametralladora en actitud amenazante, como para liquidarme. Luego me vendaron los ojos, me amarraron las manos atrás; me condujeron por unas escaleras hasta un cuarto donde reanudaron su agresión con sus armas, dándome de puntapiés en el estómago y en el pecho. Caí al suelo y mis verdugos, enfurecidos, proseguían golpeándome. En seguida me amarraron los pies y uno de ellos dijo: “Yo me llevo estos zapatos, son muy bonitos…” Me dejaron en calcetines, solo. Al rato entró un rebajado y con su navaja me pinchó el cuello, diciéndome que en ese momento me iba a matar. Luego me propinó otros golpes y para concluir su misión, me disparo a quemarropa tres tiros, uno de los cuales hizo blanco en mi pierna derecha. Después de todo esto, me dormí o desmayé, porque ya no me di cuenta.

En la madrugada (domingo 27), al levantar la cabeza, me encontré sobre un charco de sangre. Al tratar de incorporarme se me cayó la venda de los ojos. Dos rebajados que estaban allí se asustaron al ver que yo los estaba observando. Uno de ellos se levantó como una fiera, saltó junto a mí me dio seis patadas brutales en la cabeza, abriéndome dos tremendas heridas en la boca y en la cara, diciéndome que eso se debía a que me había quitado la venda de los ojos. Yo le hice ver que eso era imposible, porque tenía las manos y pies amarrados.

Me pusieron otra venda. Luego me di cuenta que tenía los dedos de la mano izquierda fríos y la misma mano paralizada, debido a que estaba tan apretada su ligadura que impedía la circulación de la sangre, y en esta condición ya llevaba más de tres horas. Rogué a uno de los rebajados que me aflojara un poco las manos, pero me respondió que no podía hacerlo sino hasta que llegara el jefe y, cuando éste llegó y le habló el rebajado de mi petición, le contestó: “Déjelo así, que se le pierda la mano”.

Más tarde llegó un rebajado que parece que me conocía, porque me llamó por mi nombre. Alojó las ligaduras y sentí un gran alivio. Me llevó un poco de agua, pues no me había dado de comer desde el sábado en la mañana, en que me habían dado una taza de café detestable y un pan francés duro. En ese momento pude darme cuenta que la bala del disparo que me habían hecho el día anterior, la tenía dentro de la pierna, lo cual me causaba un gran dolor y, cuando supliqué que se me llevara al hospital de la Guardia Civil, los agentes que me rodeaban se rieron, diciéndome uno de ellos que no era necesario, que con una navaja me iba a sacar la bala.

Todo el día domingo, lunes y martes por la mañana, tuve que soportar la bala incrustada en mi pierna. Y como debido a la humedad me había sobrevenido un ataque de tos, un rebajado me dijo, que como continuara tosiendo me iba a patear la boca.

El día 28 de junio, cuando se oyó el tiroteo de los puestos militares contra uno de los aviones del Ejército de Liberación sobre la capital, nos sacaron de nuestras celdas y nos introdujeron en las bartolinas de la terraza del primer cuerpo, pues decían que esperaban que fuésemos ametrallados por el bombardeo. Esa noche nos sacaron bruscamente de allí. Yo pensé que había llegado nuestro fin; pero circuló el rumor de que la Junta de Gobierno había dispuesto que nos pusieran a los detenidos en libertad el martes por la mañana.

¿Cómo no se me desarrolló una gangrena en la pierna? Es un milagro. Al salir del primer cuerpo el martes por la mañana, mi ropa estaba completamente llena de sangre, al igual que otros muchos detenidos. Recuerdo entre ellos al licenciado Martínez del Rosal. Mi primera idea fue tomar un taxi para dirigirme al Palacio Nacional, para poner en conocimiento del Estado Mayor, el estado en que me encontraba; de allí se me envió al Hospital Militar, donde se me practicó una operación para extraerme la bala y hasta la fecha no he podido recuperar completamente la salud.

Este relato quedaría incompleto, si no sugiriera al actual Gobierno, la conveniencia de destruís ese centro de tortura erigido por el poder comunista. La famosa pila está situada en el segundo piso, al lado de la 13 calle, en un cuarto con puerta de madera, que también debe ser abolido, y quiero dejar constancia, que el coronel Federico Fuentes Girón, en compañía de de un tal Constantino Bernasconi, asi como un telegrafista, Efraín Moreno, colaboraban en aquellas infamantes faenas con el asesino Jaime Rosenberg. Estos individuos tenía todos los teléfonos de la ciudad interceptados en la oficina de Federico Fuentes Girón, habiendo sido otra de las víctimas de este último, Félix Gaitán, empleado de la Tropical Radio, acusado de haber hablado por teléfono con un norteamericano.

* El término genocidio está siendo utilizado aquí de manera muy laxa.

** Guardias Civiles (policías), sin uniforme.
***Que entonces quedaba en la esquina de la Sexta avenida y Once calle, de la zona 1
****Actual Palacio de la Policía Nacional Civil
***** Antiguo convento de San Francisco, actual estacionamiento que está atrás del Palacio de la PNC.

La foto es del libro Genocidio sobre Guatemala.

19
Sep 08

¿Luisfi está chochando?

“Vos Luis, estás chochando…deberías de revisar antes lo que escribís”. Así truena el comentario que envió Jorge Ramirez para la entrada titulada El fuego jacobino de los linchamientos.

Luego de la estocada, Ramírez abunda en su argumentación: “¿De dónde sacás que los linchamientos vienen del gobierno del Coronel Jacobo Arbenz Guzmán??? El único fuego jacobino que nos dejó la revolución fue el recuerdo de 10 años de primavera Democrática derrocada por los traidores del patria que aqui pareces admirar tanto”. Sic.

No es que yo sea malvado, ni que quiera poner en ridículo a Ramírez; pero quiero usar este comentario para poner en evidencia tres vicios del debate que abundan entre algunas personas que participan en este gran diálogo nacional que es el intercambio de ideas.

Ramírez comienza su argumentación y la termina con ataques ad hominem. Me dice senil, y me manda a ser más cuidadoso –como si no lo fuera–; y con ello pretende descalificar mis juicios sobre el fenómeno de los linchamientos. Me descalifica, argumenta y me vuelve a descalificar.

Entre ciertas personas existe la cultura de ningunear a otros, o sus contribuciones, acudiendo a circunstancias (verdaderas, o falsas) que nada tienen que ver con lo que se está discutiendo. En vez de poner a prueba ideas, quienes acuden a los argumentos ad hominem insultan y descalifican…generalmente y precisamente a falta de mejores ideas. Por ejemplo, a mí me suelen descalificar como instrumento del capitalismo (lo cual me honra); y con eso, los pretendidos críticos de los principios que yo defiendo, se dan por servidos.

Quizás yo le parezca chocho y descuidado a Ramírez; pero lo la hipótesis de la entrada en cuestión es que los linchamientos son propios de extremistas, capaces de instaurar un régimen de terror. Y aquí viene la parte jocosa del comentario en cuestión.

El pobre Ramirez se creyó que cuando yo me refería a los jacobinos franceses (Robespierre, Marat, Dantón, y Mirabeau, entre otros), en realidad yo estaba hablando de su coronel Jacobo Arbenz. Con ese fetichismo que tienen algunos por la Revolución chapina, Ramirez sumó Jacobino y Jacobo, y le dio lo único que pudo ver desde su perspectiva parroquial.

“Revisá antes lo que escribís”, me manda a hacer, aquel que desenfundó y ni siquiera se el ocurrió chequear en la Wikipedia, si existía algo como jacobino y jacobinismo. La cosa es atacar, y hacerlo con rabia…así de jacobina es la Revolución que añoran los que sudan las fiebres de la Primavera Democrática cuyos crímenes ocultan, discretamente maquillados, los apologistas de aquél fracaso de la izquierda criolla.

Este es otro de los vicios a los que me refiero. Existe una cultura nefasta que, a falta de buenos argumentos, ataca lo que sus practicantes dicen que uno dijo, en vez de discutir lo que uno efectivamente dijo. Ocurre, por ejemplo, cuando digo que los derechos individuales deben prevalecer sobre los intereses colectivos; y alguien salta para espetar que es una iniquidad que se pretenda que los intereses individuales prevalezcan sobre los intereses colectivos.

En el caso que nos ocupa, yo sostengo que los linchamientos tienen que ver con el extremismo y con el terror; y el buen Ramírez apunta sus saetas contra una supuesta alusión al pobre Arbenz, cuyas hazañas, por cierto, están lejos de las de Robespierre y Dantón. Lejos en el tiempo, y lejos en magnitud.

Creo que las miserias de la Revolución Chapina deben ser discutidas; pero no viene al caso traerlas a colación cada vez que algo suene a Jacobo–y menos repitiendo consignas de la cartilla– .

Una cosa debo reconocerle a Ramírez; y es que, a diferencia de otros, por lo menos no escribió un anónimo. Este, el de tirar la piedra y esconder la mano, es el tercer vicio del debate chapín.

A mí me gustan el debate y las buenas discusiones; y bueno, por eso es que tengo un blog. Sin embargo, prefiero tenerlos con personas que pueden sostenerlos con cierta altura. Un mínimo de estándares no le hace daño a una buena discusión. Eliminemos los insultos y enfoquémonos en las ideas. Esa es mi propuesta.


05
Ene 08

Pies de barro

Estoy convencido de que el avance de la humanidad, y su mejor forma de aprendizaje, son un largo proceso de prueba y error. A veces damos tres pasos para adelante, y cuatro para atrás; pero a la larga no se pierde si aprendemos de los errores, y porque perder por conocer, no es perder. Verá, usted, que la historia política reciente de Guatemala ilustra muy bien aquel largo proceso de aprendizaje.

En el primer período presidencial, luego de la Constitución de 1985, los chapines eligieron como emperador a un muchacho de barrio, bastante hiperactivo, que, abanderado del socialcristianismo, hizo de su administración una parranda de cinco años. A él le sucedió un advenedizo que trató de hacer las de Fujimori y a quien hubo que sacar a cinchazos. El tercero de esta etapa fue sólo para pasar el aguacero y, anodino, como pocos, concluyó sin pena ni gloria.

El cuarto período presidencial, de esta etapa, fue el del aristócrata arrogante que sabe mejor que nadie lo que es bueno y que no duda en hacer berrinches y pataleos si no se hace su voluntad. Como reacción a tanto encumbramiento, los electores chapines optaron por un matón con sombrero, botas y todo; y el pobre se mareó tanto de vivir en la zona 14 que terminó fugitivo en México. Eso porque allá había pasado sus años de revolucionario y a pesar de que allá es donde debía unos ayotes.

El sexto período presidencial fue para el bonachón. Arrastrado a la presidencia por la falta de algo mejor, el actual jefe de la administración vino, vio, y pasó, con cantos de grillos como música de fondo.

En aquella importante tradición de la prueba y el error, el chapín promedio va a saborear, ahora, una fórmula diferente: la de la socialdemocracia pelada. Digo pelada porque, en realidad, Guatemala siempre ha sido una socialdemocracia. Aquí, los intereses colectivos siempre han privado sobre los derechos individuales; los impuestos sirven para redistribuir la riqueza, o para moralizar; el estado se reserva muchos monopolios como el del seguro social y el de la educación pública; la Junta Monetaria diseña y controla la macroeconomía; y bueno…uno puede seguir enumerando características que no son propias de una sociedad libre y que dibujan una sociedad inclinada hacia el socialismo.

Claro que aquella socialdemocracia no ha sido expresa; pero aquí ha estado siempre, al servicio de quienes tienen la posibilidad de usar el poder en su beneficio propio. Y ahora, en manos de un empresario progre y de un médico chispudo, los chapines tendremos la oportunidad de experimentar sin inhibiciones.

Lo bueno de todo esto es que, en la política guatemalteca, vivimos un período de desplome de ídolos con pies de barro. Tal fue el caso de la memoria de Jacobo Arbenz, cuyo hijo obtuvo 1.52% de los votos en su oportunidad; o el del difunto guerrillero, Rodrigo Asturias, que sólo consiguió 2.58 de los sufragios. Por cierto que, en aquella elección iconoclasta, también cayó el mito de Ríos Montt, que fue favorecido por un magro 19.32% de los electores. Y en 2007 Rigoberta Menchú y los otros dos candidatos exguerrilleros, no juntaron ni el 6% de los votos válidos.

Los triunfadores, Colom y Espada, tienen la oportunidad de hacer realidad los sueños más salvajes de los socialdemócratas, de los socialcristianos, de los socialistas reales y de otros revolucionarios y reformadores; y ojalá que lo que hayan de hacer lo hagan pronto. Que la agonía no dure cuatro años. Que ofusquen al máximo la fatal arrogancia del colectivismo y que pasado el primer año de desmadres, retornen la razón y el buen juicio. Así, se desplomará el ídolo con pies de barro que es la “nunca antes probada socialdemocracia chapina”.

Publicada en el diario Prensa Libre, el sábado 5 de enero de 2007


31
Oct 07

Rigoberta se quiere llevar su pelota

Cuando uno era chico, uno de los personajes más desagradables que uno se podía encontrar era aquel vecino, o condiscipulo que, dueño de la pelota, del guante, o del bate, agarraba sus cosas, hacía berrinche y se iba, cuando perdía el juego, o cuando el árbitro fallaba en su contra.

Así se ve, ahora, Rigoberta Menchú; que luego de haber perdido estrepitosamente las elecciones, ¡hasta en su propio pueblo y entre su propia gente!, nos sale hoy con que “Estas elecciones no pueden ser legítimas”.

Desde 2003, los comicios guatemaltecos han demostrado que algunos ídolos tenían pies de barro. Tal es el caso de la memoria de Jacobo Arbenz, cuyo hijo obtuvo 1.52% de los votos; o el caso del difunto dirigente guerrillero, Rodrigo Asturias, que sólo consiguió 2.58 de los sufragios. Por cierto que en esa eleccion iconoclasta, también cayó el mito de Ríos Montt, que fue favorecido por un magro 19.32% de los electores. Y en 2007, Rigoberta Menchú y los otros dos candidatos exguerrilleros, no juntaron (entre todos) ni el 6% de los votos válidos.

Yo digo que en lugar de hacer berrinche y de actuar como en la barricada; la señora Menchú (y la izquierda exguerrillera) deberían enfrentar el gran reto que se les presenta: convencer a los ciudadanos de que la suya es la mejor opción, en el marco del ejercicio democrático y con respeto a las leyes y a los procedimientos republicanos.

Comparto con ella la idea de que en estos comicios no hay por quién elegir; y comparto con muchos la idea de que es menester reformar todo el sistema porque el que tenemos ya no responde a las necesidades de la evoulción de la sociedad guatematleca. Estoy seguro de que gane quien gane, el país seguirá en picada si no reformamos la Constitución de modo que garantice absolutamente el respeto a los derechos individuales y la igualdad de todos ante la ley.

Pero una cosa es proponer la reforma del sistema; y otra cosa es minarlo y deslegitimizarlo a fuerza de pataleos…y de todos modos, ni es su pelota; porque con 3.09% de votos a su favor (compartidos con el liderazgo de Nineth Montenegro) la señora Menchú no puede decir “con justicia” que tenga algún peso político.


21
Oct 07

La V, de la Victoria, al estilo de Carlos Peña

Una vez más -sin pena, ni gloria- pasó un aniversario de la Revolución de 1944 en Guatemala (ni siquiera hubo feriado porque cayó en sábado); pero en el Paraninfo de la Universidad de San Carlos hay una magnífica muestra fotográfica de la época de Jorge Ubico, Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz.

Entre las fotos encontré esta, de un grupo de niñas que hacen la V de la Victoria al estilo de Carlos Peña. No al estilo de Winston Churchil que la hacía con la palma de la mano hacia el frente, sino al revés.


08
Oct 07

A 40 años del asesinato de Ernesto Guevara

El Che estaba “con la cara flamante, como Cristo”, dice Susana Osinaga, la efermera que lavó el cadáver de Ernesto Guevara, en 1967 (PL, 8/10/2007, P. 60).

Ese es el Che que a fuerza de propaganda y de ocultar la totalidad de su persona, quieren sus fans que sea recordado. Sin embargo, hay otro Che que espanta, uno que repugna por su afición a la sangre y a la violencia. Uno que creía que la Revolución, en Guatemala, había fracasado porque no hubo suficientes fusilados. Ese es el Ché de verdad, el que describo en mi columna titulada Tu playera no es chilera.

El nieto del Che, Canek Sánchez Guevara, escucha con entusiasmo Porno para Ricardo, un grupo punk cubano que critica y denuncia, sin eufemismos, la dictadura totalitaria de Fidel Castro. Canek describe a su abuelo como un hombre de su tiempo, y dice que tiene mil críticas que hacerle. “No me gusta su concepción del hombre nuevo, su concepción del socialismo del Estado, de dictadura del proletariado”. Así lo leí en el Diario de Mallorca del 9 de mayo pasado. Lo anterior lo dijo Sánchez en compañía de Jorge Masetti, hijo del guerrillero guevarista Masetti. Jorge dice que el Ché era autoritario y que trató de crear un sistema autoritario. Pero autoritario, claro, no es lo mismo que asesino. Y Ernesto Guevara era una “maquina de matar”.

Cito a Alvaro Vargas Llosa cuando relata que en abril de 1967 y hablando de su experiencia, Guevara resumió su idea homicida de justicia en su Mensaje a la Tricontinental: “El odio como elemento de la lucha; el odio inflexible contra el enemigo, que empuja al ser humano más allá de sus limitaciones naturales, haciendo de él una efectiva, violenta y selectiva máquina de matar, con la sangre fría”.

En una carta a Jacobo Arbenz, Guevara escribió que “fue divertido que, con bombas, discursos y otras distracciones, se rompiera la monotonía en la que estaba viviendo”. En otra carta, a su esposa, dijo estar “aquí en la jungla cubana, vivo y sediento de sangre”. En su diario, en la Sierra Maestra, al referirse a un problema con un delator, dice: “Resolví el problema con una pistola calibre .32 en el lado derecho de su cerebro…sus pertenencias ahora son mías”. Según Humberto Fontova, citando a Enrique Ros, Guevara explicó el triunfo de la Liberación, en Guatemala, a que “Arbenz no fusiló a suficientes personas”.

Con el triunfo de Castro, cuando el Ché estuvo a cargo de la prisión La Cabaña y tenía la misión de defender la revolución contra la infección. “Las ejecuciones tenían lugar de lunes a viernes a la media noche”, dice un testigo. Guevara sabía lo que hacía y recomendaba: “Siempre interroga a tus prisioneros de noche, de noche es más fácil doblegar a un hombre porque su resistencia está más baja”. No se sabe exactamente cuántas fueron las víctimas del Ché y algunos hablan de hasta 2000; sin embargo, un estudio documentado, de Armando M. Lago, cita 14 en la Sierra Maestra; 23 en Santa Clara; y 164 en La Cabaña.

A eso, claro, habría que añadir a los muertos en combate, fuera de Cuba.Ernesto Guevara fue ministro de Economía, relata Fontova; y a los pocos meses el peso cubano, que estaba a la par del dólar de los Estados Unidos de América y estaba respaldado por las reservas de oro cubanas, era prácticamente inútil. Luego fue ministro de Industrias y consiguió que su país, que antes tenía un ingreso per capita más alto que los de Austria y Japón, que tenía un elevado ingreso de emigrantes y que era el tercer consumidor de proteínas en el hemisferio, se convirtiera en un país en el que había racionamientos de comida, cierre de fábricas, y en del cual la gente huía despavorida.

Muchos jóvenes llevan playeras con la imagen de Guevara como símbolo de rebeldía. Esos mismos jóvenes hubieran terminado en campos de trabajo forzado, si se hubieran topado con el Che. En un discurso de 1961, Guevara denunció todo “espíritu de rebelión” como “reprobable”. “La juventud debería evitar todo cuestionamiento de los mandatos del gobierno”, dijo. “En vez de eso, deberían dedicarse a estudiar, a trabajar y al servicio militar”. “La juventud”, escribió Guevara, “debería aprender y a actuar como masa”. Así lo relata Fontova en su Carta a Johnny Depp acerca del verdadero Che Guevara.Eso ya pasa, claro, porque muchos jóvenes pueden decir, ¿con orgullo?: “Llevo una playera del Che, y no se por qué”. Yo, por mi parte, me he unido a un grupo de Facebook que se llama Che Guevara was a murderer, and your T-shirt is not cool; o sea “El Ché Guevara era un asesino, y tu playera no es chilera”.

Publicada en Prensa Libre el sábado 14 de julio de 2007


14
Jul 07

Tu playera no es chilera

El nieto del Ché, Canek Sánchez Guevara, escucha con entusiasmo Porno para Ricardo, un grupo punk cubano que critica y denuncia, sin eufemismos, la dictadura totalitaria de Fidel Castro. Canek describe a su abuelo como un hombre de su tiempo, y dice que tiene mil críticas que hacerle. “No me gusta su concepción del hombre nuevo, su concepción del socialismo del Estado, de dictadura del proletariado”.

Así lo leí en el Diario de Mallorca del 9 de mayo pasado. Lo anterior lo dijo Sánchez en compañía de Jorge Masetti, hijo del guerrillero guevarista Masetti. Jorge dice que el Ché era autoritario y que trató de crear un sistema autoritario.

Pero autoritario, claro, no es lo mismo que asesino. Y Ernesto Guevara era una “maquina de matar”. Cito a Alvaro Vargas Llosa cuando relata que en abril de 1967 y hablando de su experiencia, Guevara resumió su idea homicida de justicia en su Mensaje a la Tricontinental: “El odio como elemento de la lucha; el odio inflexible contra el enemigo, que empuja al ser humano más allá de sus limitaciones naturales, haciendo de él una efectiva, violenta y selectiva máquina de matar, con la sangre fría”.

En una carta a Jacobo Arbenz, Guevara escribió que “fue divertido que, con bombas, discursos y otras distracciones, se rompiera la monotonía en la que estaba viviendo”. En otra carta, a su esposa, dijo estar “aquí en la jungla cubana, vivo y sediento de sangre”. En su diario, en la Sierra Maestra, al referirse a un problema con un delator, dice: “Resolví el problema con una pistola calibre .32 en el lado derecho de su cerebro…sus pertenencias ahora son mías”. Según Humberto Fontova, citando a Enrique Ros, Guevara explicó el triunfo de la Liberación, en Guatemala, a que “Arbenz no fusiló a suficientes personas”.

Con el triunfo de Castro, cuando el Ché estuvo a cargo de la prisión La Cabaña y tenía la misión de defender la revolución contra la infección. “Las ejecuciones tenían lugar de lunes a viernes a la media noche”, dice un testigo. Guevara sabía lo que hacía y recomendaba: “Siempre interroga a tus prisioneros de noche, de noche es más fácil doblegar a un hombre porque su resistencia está más baja”.

No se sabe exactamente cuántas fueron las víctimas del Ché y algunos hablan de hasta 2000; sin embargo, un estudio documentado, de Armando M. Lago, cita 14 en la Sierra Maestra; 23 en Santa Clara; y 164 en La Cabaña. A eso, claro, habría que añadir a los muertos en combate, fuera de Cuba.

Ernesto Guevara fue ministro de Economía, relata Fontova; y a los pocos meses el peso cubano, que estaba a la par del dólar de los Estados Unidos de América y estaba respaldado por las reservas de oro cubanas, era prácticamente inútil. Luego fue ministro de Industrias y consiguió que su país, que antes tenía un ingreso per capita más alto que los de Austria y Japón, que tenía un elevado ingreso de emigrantes y que era el tercer consumidor de proteínas en el hemisferio, se convirtiera en un país en el que había racionamientos de comida, cierre de fábricas, y en del cual la gente huía despavorida.

Muchos jóvenes llevan playeras con la imagen de Guevara como símbolo de rebeldía. Esos mismos jóvenes hubieran terminado en campos de trabajo forzado, si se hubieran topado con el Che. En un discurso de 1961, Guevara denunció todo “espíritu de rebelión” como “reprobable”. “La juventud debería evitar todo cuestionamiento de los mandatos del gobierno”, dijo. “En vez de eso, deberían dedicarse a estudiar, a trabajar y al servicio militar”. “La juventud”, escribió Guevara, “debería aprender y a actuar como masa”. Así lo relata Fontova en su Carta a Johnny Depp acerca del verdadero Che Guevara.

Eso ya pasa, claro, porque muchos jóvenes pueden decir, ¿con orgullo?: “Llevo una playera del Che, y no se por qué”. Yo, por mi parte, me he unido a un grupo de Facebook que se llama Che Guevara was a murderer, and your T-shirt is not cool; o sea “El Ché Guevara era un asesino, y tu playera no es chilera”.

Publicada en Prensa Libre el sábado 14 de julio de 2007