09
Feb 26

Las ideas mueven la historia

 

La batalla de las ideas no es una metáfora bélica vacía (que las hay): es la reconocimiento de que, en última instancia, lo que mueve la historia y guia el curso de las sociedades no son las armas, el dinero ni el poder bruto, sino las ideas filosóficas que los hombres aceptan y por las cuales están dispuestos a vivir, o morir. Ayn Rand lo expresó con claridad: No se puede forzar a un hombre a pensar, pero se puede desarmar intelectualmente a una sociedad al hacer que acepte ideas falsas, o evasivas. La política, las leyes y la legislación, las economías y las culturas son consecuencias de las premisas filosóficas dominantes en una época.

La batalla cultural se libra en la música, la arquitectura, el cine, el teatro, la escultura, así como en otros campos. Esta es una letra de Bad Bunny, y la tomé de X.

La batalla de las ideas es, fundamentalmente, la lucha entre dos visiones irreconciliables del hombre y de la existencia: Por un lado, la visión racional: el hombre como ser volitivo, cuya herramienta de supervivencia es la razón; cuya vida propia es el estándar moral supremo; cuyos derechos individuales (vida, libertad, propiedad y búsqueda de la felicidad) derivan de su naturaleza racional y no de la gracia de ningún colectivo o autoridad.

Por el otro, la visión mística-altruista-colectivista: el hombre como ser sacrificable, cuyo deber moral es servir a otros como la sociedad, el Estado, la étinia, el sexo, o la clase social; cuya razón es impotente, o sospechosa; y cuyos derechos son concesiones revocables otorgadas por el grupo, o el gobierno.

Esta segunda visión ha dominado la historia humana desde las teocracias primitivas hasta el comunismo, el fascismo y las formas modernas de estatismo mixto que hoy prevalecen. El siglo XX demostró, con cientos de millones de muertos, el poder destructivo de las ideas erróneas cuando se convierten en premisas aceptadas sin cuestionar.

¿Por qué se habla de batalla? Porque las ideas no coexisten pacíficamente en el vacío. Una filosofía que afirma la primacía de la existencia (la realidad objetiva) y la razón choca frontalmente con cualquier filosofía que afirma la primacía de la conciencia (subjetivismo, intrinsecismo, misticismo). Una ética del egoísmo racional es incompatible con una ética del altruismo. Un sistema político de derechos individuales absolutos es incompatible con cualquier grado de iniciación de la fuerza (impuestos coercitivos, regulaciones, controles). No hay tercera vía ni compromiso posible en los principios fundamentales: la fuerza está prohibida en las relaciones sociales, o está permitida; y no hay punto medio sostenible.

La tragedia del movimiento libertario y conservador en el siglo XX y XXI ha sido, con frecuencia, pelear batallas políticas y electorales sin ganar primero la batalla filosófica. Se han defendido consecuencias (mercado libre, impuestos bajos y menos regulación, por ejemplo) sin defender explícitamente las premisas que las justifican: la razón, el egoísmo racional y el capitalismo laissez-faire como único sistema moral. El resultado es que, incluso cuando se logran victorias tácticas, el terreno cultural sigue cedido al enemigo, y las conquistas se revierten con facilidad (y de ahí el péndulo).

Rand insistió en que la única forma de ganar esta batalla es a largo plazo, mediante la educación intelectual y moral. No se gana con eslógans, propaganda emocional, ni con compromisos pragmáticos, sino ofreciendo un sistema filosófico integrado, consistente y demostrable y esto requiere:

  • Claridad conceptual (definir términos, evitar palabras comadreja, rechazar paquetes falsos como derechos positivos, o libertad positiva).
  • Defensa sin disculpas del egoísmo racional.
  • Exposición constante de las consecuencias destructivas del altruismo y el colectivismo en la vida cotidiana y en la historia.
  • Creación de cultura (música, arquitectura, cine, teatro, y  escultura, por ejemplo)  que proyecte al hombre como ser heroico, racional y productivo.
  • Comprender que la principal función del lenguaje es posibilitar el pensamiento.

La batalla de las ideas es la batalla más importante que un defensor de la libertad puede librar, porque es la única que puede ganarse de manera definitiva. Las batallas políticas se ganan, o pierden según las ideas que las sustentan. Mientras el altruismo y el colectivismo sigan siendo considerados moralmente superiores, ninguna victoria política será duradera. Solo cuando la mayoría intelectual y moral acepte que el individuo racional es el fin en sí mismo, y que el único sistema social justo es aquel que prohíbe totalmente la iniciación de la fuerza, podremos hablar de una sociedad libre. 

Esto explica por qué Bad Bunny es una especie de ídolo intelectual de la izquierda y por qué algunas personas escuchan su música y al día sigueinte se autoperciben como perros. 


04
Feb 26

Epstein y el mito de las élites

 

En el contexto de la publicación de los archivos de Jeffrey Epstein, en medios de comunicación y en redes sociales, a menudo se alude a las élites corruptas que aprovecharon los favores y servicios de aquel personaje criminal y nefasto (y los de su socia Ghislaine Maxwell). El uso laxo del concepto de élites no le hace un favor a la causa de la dignidad humana, ni a la causa de la libertad; y por eso te invito a pensar en ese concepto, especialmente si eres de la Generación Z.

Las élites verdaderas crean y construyen, las falsas eliminan y destruyen. La ilustración es de Grok.

Desde la perspectiva del Objetivismo y de la tradición liberal clásica, las élites no son un grupo privilegiado por nacimiento, conexiones políticas, o coerción. Las verdaderas élites son los individuos que, mediante el uso excepcional de su razón, su capacidad productiva y su integridad moral, crean valores nuevos en el mundo. Son los productores por excelencia: inventores, empresarios, científicos, artistas, ingenieros y pensadores que generan riqueza, innovación y progreso.

Ayn Rand los llamó hombres de la mente, como Thomas Edison, Steve Jobs y John D. Rockefeller, o en nuestro contexto latinoamericano, personas como Manuel F. Ayau y Giancarlo Ibárgüen, que no solo crearon empresas, sino que transformaron realidades mediante su capacidad productiva y su vocación educadora.

Estas élites no gobiernan a los demás; no necesitan hacerlo. Su influencia proviene exclusivamente del valor que ofrecen voluntariamente en el mercado: productos mejores, servicios más eficientes, ideas más profundas. Los demás las seguimos porque elegimos libremente comprar sus productos, explorar sus ideas o adoptar sus inventos.

¿Para qué sirven las élites?

El rol de las élites es ser el motor del progreso humano. En una sociedad libre crean riqueza real (no la redistribuyen ni la extraen por la fuerza); elevan el estándar de vida de todos mediante innovación y competencia; sirven como modelos morales porque demuestran que el éxito se logra mediante la virtud de la productividad, la racionalidad y la independencia; y protegen implícitamente la libertad: cuanto más dependa una sociedad del genio individual y del mercado voluntario, menos espacio queda para la coerción estatal.

Sin estas élites productivas, no hay progreso sostenido. Las sociedades que las persiguen, demonizan o expropian (como ocurrió en muchos países socialistas) terminan en estancamiento y pobreza.

¿Quiénes no son élites?

En medios de comunicación, aulas universitarias estatistas y púlpitos se utiliza frecuentemente la palabra élite para referirse a grupos que nada tienen que ver con la verdadera élite productiva. (lo estás viendo en el tratamiento de los involucrados en los archivos de Jeffrey Epstein). Estos grupos suelen ser precisamente lo opuesto: parásitos del poder coercitivo, o beneficiarios de privilegios estatales. Por ejemplo, la élite política y burocrática, que son políticos, altos funcionarios, reguladores y lobistas que viven del presupuesto para políticos y burócratas y del poder coercitivo del Estado. Su éxito no proviene de crear valor sino de redistribuir (o apropiarse) la riqueza ajena mediante impuestos, regulaciones y privilegios. Por ejemplo, ministros que nunca han producido nada en el sector privado o familias políticas que se perpetúan en el poder.

Los empresarios mercantilistas, mal llamados capitalistas de compadrazgo o crony capitalists, que deben su riqueza no al mercado sino a contratos estatales, subsidios, monopolios concedidos o regulaciones que eliminan competencia. No son productores genuinos; son buscadores de rentas parasitarias que prosperan gracias al Estado, no a pesar de él. Aquí caben los creadores e innovadores constructivisetas (en el sentido hayekiano) que usan el poder para hacer ingeniería social.

La élite intelectual estatista como académicos, periodistas y expertos que viven de subsidios estatales, fondos de ONG internacionales o cargos en organismos multilaterales, y cuyo discurso consiste en justificar más intervención estatal. A menudo demonizan a los verdaderos productores mientras defienden sistemas que viven de la expropiación y defienden a los productores convertidos en ingenieros sociales.

Las celebridades y figuras mediáticas sin mérito productivo real, como actores, influencers o deportistas que, aunque pueden haber logrado éxito legítimo en su campo, son elevados a la categoría de élite moral o guías sociales cuando opinan sobre política o economía sin conocimiento profundo. Su influencia proviene del carisma o la fama, no de la creación sostenida de valor. Sin embargo, un actor, o director que, mediante su talento, esfuerzo y visión creativa, produce películas de alta calidad que millones pagan por ver, está creando valor real. Un influencer que ofrece contenido útil, educativo o entretenido de manera consistente (por ejemplo, tutoriales técnicos de alta calidad, análisis profundos o humor inteligente) y vive del apoyo voluntario de su audiencia, también está ejerciendo productividad racional.

Te voy a dar un ejemplo: Billie Eilish dijo que Nadie es ilegal en tierra robada. Pero resulta que su mansión (valorada en alrededor de 3 millones de US$ y rodeada de muros) se encuentra en lo que históricamente fue territorio ancestral de la tribu Tongva. Si Eilish considera que la tierra es robada, ¿por qué no la devuelve a la tribu Tongva o, al menos, la pone a disposición de migrantes indocumentados y abre su casa para alojarlos? La cantante predica desde una posición privilegiada, sin asumir las consecuencias prácticas de sus palabras. 

.Y, finalmente, herederos pasivos, o aristocracias tradicionales, que son personas cuya riqueza proviene exclusivamente de herencia, o posición social, sin haber demostrado capacidad productiva propia. No son élites en el sentido moral, ni productivo.

Las élites y la Gen Z

En Hispanoamérica, y particularmente en Guatemala, hemos visto ciclos repetidos de falsas élites políticas que prometen redención mediante más Estado, más regulaciones y más redistribución, mientras enriquecen a sus círculos. La Generación Z, que ha vivido crisis como la pandemia fabricada, la inflación y la polarización, está especialmente expuesta a populismos que disfrazan a estas falsas élites como representantes del pueblo.

Si no aprenden la distinción, corren el riesgo de apoyar sistemas que, históricamente, han empobrecido a nuestras sociedades y limitado sus libertades.

Para la Generación Z, distinguir la verdadera élite de la falsa es vital porque define:

  • A quiénes admiran y emulan.
  • Qué políticas apoyan.
  • Qué tipo de vida eligen construir: una de creación independiente o una de dependencia y resentimiento.

Quien admira a los creadores se convierte en creador. Quien admira a los manipuladores del poder termina justificando la coerción. Y de vuelta a los archivos de Jeffrey Epstein, la decadencia moral y la degradación no son fenómenos exclusivos de las élites verdaderas o de las élites falsas. Todo hijo de vecino —porque la naturaleza humana es volitiva— es susceptible de comportamientos repugnantes como los que protagonizaron los visitantes de la isla infame.

Observa tu feed diario con ojo crítico: ¿quién crea valor real que consumes voluntariamente? ¿Y quién solo pide atención, poder, o impuestos? La respuesta define el mundo que vas a construir.


17
Oct 25

Eutanasia y dignidad

 

Te voy a recomendar dos películas: It’s My Party y Blackbird. Ambas son exploraciones crudas y catárticas de la eutanasia como acto de agencia personal, donde el protagonista terminal organiza una reunión de despedida para reconciliarse con seres queridos antes de morir. Ambas abordan temas específicos como la eutanasia digna, los celos familiares, secretos generacionales, aceptación, perdón e hipocresía. Las dos son profundamente emotivas e invitan a la reflexión; pero no descuidan el sentido del humor (entre satírico e irónico) como salvavidas en medio de la pérdida y la despedida. Las separan treinta años de evolución con respecto a los derechos terminales y la última está a cinco años de distancia con respecto a la actualidad.

La eutanasia no es rendirse, es elegir con dignidad. Se puede honrar la vida al permitir un final en control. La ilustración es de Grok.

¿Por qué te lo cuento? Porque el Parlamento uruguayo aprobó la Ley de Muerte Digna y se convirtió en el primer país de Hispanoamérica en legalizar la eutanasia de forma legislativa. Colombia y Ecuador han despenalizado la eutanasia a partir de decisiones judiciales; pero no cuentan con una ley. Argentina cuenta con una ley que autoriza a pacientes terminales, o con enfermedades irreversibles, a rechazar tratamientos, incluida la alimentación, o hidratación, pero no habilita la eutanasia activa.

La ley uruguaya detalla en qué casos puede solicitarse la eutanasia. Toda persona mayor de edad, psíquicamente apta, que curse la etapa terminal de una patología incurable e irreversible, o que como consecuencia de patologías o condiciones de salud incurables e irreversibles padezca sufrimientos que le resulten insoportables, en todos los casos con grave y progresivo deterioro de su calidad de vida, tiene derecho a que a su pedido y por el procedimiento establecido en la presente ley, se le practique la eutanasia para que su muerte se produzca de manera indolora, apacible y respetuosa de su dignidad.

Desde un punto de vista ético, la principal razón para estar a favor de la eutanasia es el principio de que no debemos tratar a las personas como medios. Toda persona madura tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo y vida, sin interferencia estatal, o familiar. La eutanasia respeta la soberanía individual y evita que otros impongan sufrimiento prolongado. Si eso no fuera suficiente, un buen código moral te facilita minimizar el dolor. La eutanasia termina el tormento de forma humana y le da prioridad a la calidad de vida sobre la cantidad. Finalmente, desde la ética de la dignidad, morir en pañales, inmóvil, o dependiente total degrada la identidad. La eutanasia permite un adiós sereno, rodeado de seres queridos, y preserva el respeto propio. Negar la eutanasia es crueldad porque obliga a ver sufrir a un ser querido sin salida. La eutanasia facilita honrar el amor y permite despedidas compartidas y cierre emocional.

Tres objeciones a la eutanasia, que suelen ser planteadas frente, son: Que personas vulnerables podrían ser presionadas por familiares codiciosos, médicos o la sociedad para elegir la eutanasia, de modo que se disfraza la negligencia como compasión. Que legalizar la eutanasia para enfermos terminales abre la puerta a la depresión, la ansiedad o la pobreza como motivos válidos, lo que banaliza la vida y expande la posibilidad a enfermos no terminales. Que se subestiman las opciones paliativas como la morfina, que en muchos casos alivia el 95% del dolor terminal; la eutanasia ignora estas opciones y prioriza la muerte sobre el cuidado integral.

Es bueno saber que países con leyes sobre la eutanasia (Países Bajos, España, Colombia) no reportan abusos sistemáticos; y las tasas de depresión post-eutanasia son más bajas, siempre que se cuente con los instrumentos éticos correctos y con apoyo terapéutico apropiado para los deudos. Porque claro, no es cosa fácil. Eso sí, el argumento del slippery slope es una falacia, un argumento especulativo e irracional. Prohibir todo por miedo hipotético es paranoia utilitaria.

En resumen: la eutanasia no es rendirse, es elegir con dignidad. Se puede honrar la vida al permitir un final en control.

@luisficarpediem

No debemos tratar a otras personas como medios #eutanasia #eutanasialegal #dignidad #vida #luisfi61

♬ Keyboard_typing sound(894890) – keiichiro Akamine

Columna publicada en República y en el CEES; y te invito a leer sobre Alain Delon y la eutanasia. Warren Orbaugh ha escrito dos columnas sobre este tema. como consecuencia de conversaciones en el CEES y de verdad están muy buenas:

Acutualización: El testimonio sobre la decisión de optar por la eutanasia del cubano Carlos Alberto Montaner será también película.


28
Jun 24

Belleza, ética y flores

 

Recientemente participé en dos actividades que involucraron la importancia de la ética y la belleza en las relaciones sociales.  Me encantó el nivel de interés que despertaron y creo que hay espacios para hablar más y mejor sobre estos temas.

La primera actividad fue una conferencia titulada La ética en nuestras vidas y en exposiciones florales para el consejo de jueces del Club Floralí, del Club Jardín y del Círculo Floral.  La segunda fue el III Festival de Arte Cívico, la búsqueda de la belleza.

Catasetum sp. En la naturaleza no hay belleza porque no hay propósito. Lo que hay es estructura.

La idea del primer encuentro fue conversar acerca de las experiencias éticas de las juezas en las exposiciones y competencias florales. Durante la conversación fueron planteados problemas y dilemas éticos relacionados con las actividades propias de las asociaciones mencionadas. Fue una mañana enriquecedora debido a la participación y a las preguntas del público.

Me resultó evidente que, en estos tiempos de relativismo, muchas personas están interesadas en cuestiones como por qué necesitamos un código de valores; en la diferencia entre valores y virtudes, y en por qué necesitamos identificar racionalmente lo que es bueno y lo que es malo para alcanzar nuestro propósito y nuestros valores, por mencionar tres temas que abordamos.

¿Por qué es importante aquella conversación? Porque en occidente estamos perdiendo el valor ético de la belleza. Y porque la jardinería, los arreglos florales, y el cultivo de flores son expresiones de belleza. Lo que me lleva a la siguiente actividad.

Durante el Festival hubo exposiciones desafiantes, que deberían ser motivos de buenas conversaciones. Es difícil elegir cuáles compartir, pero aquí va un intento:

La crítica de arte, Avelina Lésper, dijo que la realidad no existe para el arte; el arte realista no existe. Pensar que la obra de arte es realismo es estar en un ejercicio de clase onanista, sin reflexión sobre lo que está enfrente. La inteligencia artificial es la herramienta de los mediocres. Siempre ha habido gente que ha mandado a hacer sus obras; ahora las hace la IA que es un `ready made´ porque tenemos una sociedad adicta a lo fácil. Los museos han entrado en un proceso de corrupción filosófica e ideológica. Siempre creemos que todo lo nuevo es bueno y el arte no se hace de novedades, sino de conocimiento y de perfeccionamiento. Los museos se afanan por presentar novedades como si fueran las pantallas de una TV.

Andrew Balio, el músico, hizo una pregunta que me encantó: ¿cuándo fue la última vez que llevaste a tu hijo a un concierto de música clásica? Yo tuve la dicha de que en mi familia la música clásica, el balé y el teatro estuvieron siempre presentes. Pero pudo haber sido distinto.

Walter Peter llamó la atención sobre un tema de mucha actualidad: La escuela de la ansiedad muestra imágenes mutiladas, derrota, falta de certeza, sufrimiento, culpa.

Warren Orbaugh nos recordó algo que a muchas personas les cuesta entender, porque confunden belleza con gusto: La belleza no es subjetiva, ni es lo que le gusta a cada individuo. No existe el orden en la naturaleza porque el orden sigue a un propósito y en la naturaleza no hay propósito. Lo que hay en la naturaleza es estructura.

Hubo mucho más y, de nuevo, me agradó muchísimo el interés del público, y especialmente del público joven en estos temas. Estoy convencido de que debemos platicar más sobre la belleza y su papel importantísimo en nuestras vidas diarias.

Columna publicada en República.


13
Jun 24

Ética y exposiciones florales

 

La ética en nuestras vidas y en exposiciones florales, fue el título de la charla que le ofrecí al consejo de jueces del Club Floralí, con la participación de juezas del Club Jardín y del Círculo Floral.

Brunch, ética y exposiciones florales.

La idea fue conversar acerca de las experiencias éticas de las juezas durante las exposiciones y competencias florales y fue una mañana muy enriquecedora debido a la participación y a las preguntas del público.

Hablamos de la ética como el código de valores que guía las acciones para alcanzar el propósito y el curso de nuestras vidas. También de por qué necesitamos un código de valores. Distinguimos entre valores y virtudes. Exploramos virtudes atingentes a los procesos que les interesan a las juezas, tales como: independencia, integridad, honestidad, justicia, laboriosidad, determinación, perseverancia, responsabilidad, honradez y sinceridad. Por supuesto que abordamos la importancia de la prudencia. 

Durante la conversación fueron planteados problemas y dilemas éticos relacionados con las actividades propias de las asociaciones mencionadas.

La actividad fue el 5 de junio y me recordó mis tiempos de orquideólogo.  Quizás no sepas que fui miembro de la Asociación Guatemalteca de Orquideología y fui vocal de su junta directiva.  Fui asistente de jueces el la II Exposición Centroamericana de Orquídeas y fui juez en varias exhibiciones nacionales.  También obtuve dos, que tres listones por algunas de mis plantas. 

¿Por qué es importante este tema? Porque Occidente está perdiendo el valor ético de la belleza. Y porque la jardinería, los arreglos florales, y el cultivo flores son expresiones de belleza. Si te interesa el tema, te recomiendo el siguiente reportaje:

La experiencia con el Consejo de Jueces me trajo muchos y queridos recuerdos.


02
Feb 24

“La sociedad de la nieve”, recuerdos y meditaciones

 

Cuando vi La sociedad de la nieve volví a tener los sentimientos de respeto y admiración que tuve cuando en conocí a Carlos Páez y a Roberto Canessa en 2002. Ambos héroes visitaron Guatemala y ofrecieron una conferencia organizada por la Organización para las Artes de la Universidad Francisco Marroquín. 

Yo tenía 11 años de edad cuando ocurrió el accidente que llevó a un grupo de jóvenes rugbiers uruguayos a vivir los 72 días de pesadillas que inspiraron la película de Juan Antonio Bayona. Yo tenía aquella misma edad cuando leí acerca de la tragedia en la revista “Selecciones”; y más tarde, por supuesto, vi Los supervivientes de los Andes, en 1976; y ¡Viven! una peli de 1993. Aquel es uno de los dramas humanos que más me han conmovido en la vida.

Carlos Páez, Yours Truly y Roberto Canessa en la UFM el 18 de julio de 2002. 

Por eso me impresionó bien la película nueva.  La peli logra transmitir muy bien aquella tragedia espantosa.  Los efectos especiales del choque del avión con la montaña; la angustia, el desconcierto, la confusión, el dolor y el miedo de aquellos momentos; así como el despedazamiento de la aeronave fueron muy bien logrados.

Luego… todo lo demás: el deterioro físico y las angustias morales y psicológicas de los sobrevivientes. La maravillosa capacidad de los seres humanos para no abandonar la civilización, ni la calidad humana, aún en circunstancias horriblemente adversas.  Como escribió Alberto Algorta, la resiliencia no es la capacidad de recuperación.  Es la capacidad de pasarla mal, de soportar lo indescriptible y no romperse.  Volver a la civilización y hacer una vida civilizada, es justamente producto de esa capacidad de ser igualmente normales en el dolor, enla angustia, en el hambre y en el frío.

Y lo más fascinante: la toma racional de las decisiones necesarias para conseguir que los objetivos de sobrevivir y volver a sus hogares tuvieran posibilidades de convertirse en realidad. Los sobrevivientes de los Andes -en la vida real- enfrentaron las mismas preguntas que enfrentó Mark Watney en The Martian -en la ficción-. Esas preguntas son: ¿Dónde estamos? ¿Cómo lo podemos saber? ¿Qué tenemos que hacer para vivir? Preguntas que deben ser respondidas de forma racional y objetiva para que provean la información necesaria que permita actuar con efectividad.

En el día a día, sin necesidad de enfrentar un accidente en los Andes y sin necesidad de quedar varados en Marte, todos nosotros tenemos que hacernos esas preguntas; y no sólo para sobrevivir biológicamente, sino para ¡Vivir!

De vuelta a La sociedad de la nieve, en esas condiciones extremas el reto de sobrevivir para luego vivir demandó el mayor esfuerzo intelectual y heroico de parte de los jóvenes rugbiers y de los adultos que los acompañaran.  La decisión de comer carne de sus compañeros fallecidos requirió una claridad moral monumental que tuvo que remontar todos los prejuicios místicos con los que la mayoría de nosotros cargamos como consecuencia de nuestros modelos mentales y patrones de crianza, especialmente -pero no solamente- a los 20 años de edad.  Y luego, para vergüenza de muchas personas, tuvieron que enfrentar esos mismos perjuicios cuando volvieron a sus hogares.

A mí aquella tragedia me sacudió mucho.  Estimo que los sobrevivientes son héroes porque actuaron para promover sus vidas y demostraron grandes habilidades morales y prácticas.  Un héroe, explica mi amigo Andrew Bernstein, es una persona de elevada estatura moral y habilidades superiores que -de forma audaz- persigue valores en condiciones de dificultades extremas. 

Revista Selecciones. La foto es de Ginette Leiva y la tomé de https://bit.ly/3SxY2sf.

¿Qué es lo que hace posibles y necesarios a los héroes?  Los héroes son posibles porque, en medio del caos aparente, el mundo está abierto a la consecución y a la creación de valores por parte de personas racionales. De ahí que las grandes mentes creadoras, que hacen posible la vida humana, merezcan ser protegidas.  Andy explica que aunque los  héroes cometan errores y tengan flaquezas, y la cultura enferma en la que vivimos se enfoque en aquellas flaquezas y errores, las personas racionales deben dimensionar los errores y flaquezas y estilizar la grandeza en los héroes.  

Chapó de nuevo para aquellos jóvenes, que no sólo sobrevivieron a 72 días perdidos en un infierno espeluznante, sino que han tenido que sobrevivir a un mundo que no siempre ha sido comprensivo.

En un ensayo titulado La ética de las emergencias, Ayn Rand aborda temas relacionados con esta película y seguramente querrás leerlo. El amor y la amistad son valores profundamente personales y egoístas; el amor es una expresión y una afirmación de la autoestima, es una respuesta a los valores de uno en la persona de otro. Uno recibe una alegría profundamente personal y egoísta a partir de la mera existencia de la persona a la que ama. Es la propia felicidad personal y egoísta la que uno busca, gana y deriva del amor, dice la autora.

De cualquier manera, La sociedad de la nieve rescata el tema de la amistad solidaria en tiempos extraordinarios, incluso más allá de la muerte; y la frase con la que te dejo es: Acá lo único que nos queda es la vida y debemos protegerla más que todo. Y te recomiendo mucho la conversación entre Arturo y Numa, a una hora y 15 minutos de la peli.; así como unas palabras de Nando Parrado: Cuando el destino te atropella no te avisa y el mejor día de tu vida, y el peor día de tu vida amanecen iguales..  Disfruten el presente.

Columna publicada en República.


13
Nov 23

¡Lista mi conferencia sobre buenas costumbres y ética!

Cuando era adolescente fui a pasar un fin de semana a la casa de campo de los padres de un amigo y poco tiempo después el padre de mi amigo se encontró con mis padres y les dijo ¿Saben qué me gusta de Luis? Que se levanta cuando uno entra al salón.  Esa observación me reivindicó frente a mis padres por lo que te voy a contar en el próximo párrafo.

Yours Truly durante la conferencia sobre buenos modales y ética en la UFM.

Estaba en la Primaria cuando jugábamos futbol en el jardín de la casa de mis papás no era raro que la pelota se fuera a la vecindad.  La dueña de la casa vecina nos devolvía las pelotas; pero alguna vez la cosa se complicó y debo haber hecho un berrinche.  Tal fue la cosa que un día la vecina nos encontró a mi mamá y a mí en la calle y dijo: Ahí va el malcriado.  Y yo hubiera querido que me tragara la tierra.

Aquel par de anécdotas inspiraron mi conferencia titulada Las buenas costumbres y la ética, que ofrecí en el Festival del Capitalismo, 2023 que se celebró en septiembre pasado. 

En ella expliqué que como escribió Henry Hazlitt, los modales son una ética menor; pero en otro sentido son una ética mayor porque son la ética de la vida diaria.

Los modales son:

  • Pequeños costos de oportunidad.
  • Tienen en cuenta los sentimientos de otros.
  • Facilitan un orden de precedencia.
  • Ahorran tiempo.
  • Eliminan malestares menores.
  • Facilitan la cooperación social.

Por eso es que a mi me incomoda muchísimo la gente que no tiene buenos modales en el tráfico, por ejemplo.  La desgracia del tráfico sería menos dramática si la mayor parte de la gente actuara educadita en los embotellamientos y en los cruceros difíciles. 

Me encanta la gente que tiene sentido del humor en el tráfico; y no entiendo a la gente que, por avanzar dos metros, le cierra el paso a otros vehículos.  De verdad no entiendo por qué es que hay conductores que se dejan ir en el semáforo en amarillo y terminan bloqueando cruceros.  ¿Es tan difícil entender el concepto del zípper a la hora de dar paso en vías principales, o no principales? ¿Por qué es que mucha gente prefiere dejarse ir con fuerza, antes que bajar su vidrio oscuro, pedir paso, por favor y luego dar las gracias? Me encanta la gente que sonríe y da paso cuando otro conductor lo necesita para facilitar el tráfico.  ¿De verdad es tan costoso usar las luces pidevías? 

Si lo piensas, la moralidad cotidiana debería preocuparnos más que la moralidad en tiempos de crisis porque, como explicó Ayn Rand, por su naturaleza, las emergencias son temporales, y si perduraran, la vida humana se extinguiría.

En el Festival del Capitalismo se abordaron temas como arte, buenos modales, capitalismo, propiedad, historia, objetivismo, inteligencia artificial, justicia, heroísmo y la responsabilidad de pensar.

En este enlace puedes ver los otros temas abordados y quienes fueron los conferencistas; también hay enlaces a otras conferencias. 

Si te interesa el tema checa la conferencia.


26
Sep 23

Buenas costumbres y moral en Festival del capitalismo

 

En el Festival del Capitalismo se abordaron temas como arte, buenos modales, capitalismo, propiedad, historia, objetivismo, inteligencia artificial, justicia, heroísmo y la responsabilidad de pensar. Tuve el gusto de exponer sobre la relación que hay entre las buenas costumbres y la ética.

La ilustración es de https://www.differencebetween.com/difference-between-mores-and-vs-norms/

Jeniffer Grossman, CEO de la Atlas Society, destacó la importancia del capitalismo y el ahorro en su conferencia. Warren Orbaugh, director del Centro de Estudio del Capitalismo de la Universidad Francisco Marroquín y organizador del Festival se refirió a la abolición de la esclavitud en Guatemala. Claudia Antillón habló sobre héroes del capitalismo. María Dolores Arias advirtió sobre no ser tontos útiles. Cris Lingle elogió la participación de los estudiantes. Leonel Morales reflexionó sobre la inteligencia artificial. Walter Peter habló sobre el arte y la libertad. Ricardo Rojas destacó la importancia de la propiedad y la libertad.

El propósito de los buenos modales es facilitar la cooperación social, Luis Figueroa. Foto por Claudia Antillón.

Hablé acerca de situaciones de la vida contemporánea en las que es importante acudir a los buenos modales, tales como el tráfico pesado, o el uso de teléfonos móviles.

Los buenos modales son la moralidad de la cotidianidad. Foto por Raúl Contreras.

Comenté que para Henry Hazlitt, las buenas costumbres son una ética menor. pero en otro sentido son una ética mayor, porque son la etica de la vida diaria. Por lo tanto, sirven para favorecer la cooperación social y no para hacer la vida más complicada.  

Son pequeños costos de oportunidad que tienen en cuenta los sentimientos de otros.  Facilitan el orden de precedencia.  Ahorran tiempo.  Eliminan malestares menores. 

En la ciudad de Guatemala, una dama usa un guante de Minnie Mouse para pedir paso, con gracia. La foto la tomé de Facebook.

Son costumbres, normas o modos de proceder que son socialmente convenidos. Algunos pueden ser arbitrarios como el tipo de tenedor que se usa para ciertas comidas, pero generalmente responden a consideraciones razonables como el hecho de que en la acera, cuando se camina al lado de una dama, ella debe ir del lado de la pared, no de la calle.

Otras conferencias que he ofrecido en el Festival del capitalismo:


14
Sep 23

Ética y Costumbres: Reflexiones en el Festival del Capitalismo

 

Las buenas costumbres y la ética será el tema que presentaré durante ell Festival del Capitalismo que se celebrará el jueves, 21 de septiembre del 2023. Mi conferencia será a las 10:15 en el auditorium Milton Friedman, de la Universidad Francisco Marroquín.

El festival es organizado por el Centro de Estudio del Capitalismo y otros temas y conferencistas serán Capitalism, por Jennifer A. Grossman; Escultura heroica, por Walter Peter; En defensa del derecho de propiedad, por Ricardo Rojas; Las Españas y los derechos de gentes, por Warren Orbaugh; Objectivism, por Jennifer A. Grossman; Inteligencia artificial, individualidad, personalidad y libertad, por Leonel Morales; Foundations of Justice, Moral Action & Human Liberty, por Christopher Lingle; Héroes del capitalismo, por Claudia Antillón; y Tontos útiles, por María Dolores Arias. 

Las conferencias serán entre las 8:00 a. m. y las 5:15 p. m. en la Universidad Francisco Marroquín, y puedes ver los detalles aquí.

Otras conferencias que he ofrecido en el Festival del capitalismo:


21
Oct 22

La indecencia de forzar el barbijo

 

Es indecente, por moralmente reprobable, que cajeros, meseros, cocineros, guardias de centros comerciales y otros empleados de atención al público sigan siendo obligados a usar mascarillas, mientras que muchísimas personas ya nos las usamos y la mayoría de quienes las usan lo hacen de forma voluntaria.Ya el papá gobierno les dio -a quienes lo necesitaban- el permiso para no usar barbijos en público, ni en privado. Hasta cuando van solos en sus automóviles, pueden no llevar mascarilla.  Pero hay empresarios y gerentes que, como parte una actitud cuestionable de señalización de virtud, siguen exigiéndoles a sus empleados que usen barbijos.

En estas meditaciones no niego que las empresas tengan la facultad de pedirles ciertas conductas a sus empleados; pero lo que pongo en duda es la bondad de imponer la mascarilla, cuando ya no tiene sentido (ni médico, ni legal) sólo para aparentar virtuosidad frente a cierto tipo de clientela. ¿Por qué? Porque mi derecho no termina donde empieza tu miedo.

Es cuestionable la bondad de forzar a ciertos empleados a usar la mascarilla porque suelen ser trabajadores muy vulnerables económicamente, empleados a los que no les queda de otra.  Conozco, por ejemplo, a una chica a la que el barbijo le causa alergia y le ha hecho mucho daño en la cara.  Pero tiene que usar aquel objeto infame porque trabaja en atención al cliente…y no vaya a ser que un cliente delicado se incomode si es atendido por alguien sin mascarilla. El mismo cliente que convive con docenas de personas que no usan barbijo, pero a las que no puede obligar a usarlo.

Ya es tiempo de ser más decentes y de liberar a cajeros, meseros, cocineros, guardias y otros empleados del uso obligatorio de la mascarilla.  Por supuesto que estas meditaciones no cuestionan su uso voluntario, que es una decisión personal y en muchos casos es prudente.  Pero eso es muy diferente a la idea de que otros deben usarla, aunque yo no, aunque mis vecinos no, aunque mis compañeros no, aunque mis amigos no.

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Columna publicada en elPeriódico.