03
Nov 07

¡Vaya, pues!

1. Por fin llega el día de la segunda vuelta electoral; pero para mí, viene como el día en el que tuve que sacarme las muelas cordales.

Luego de mucho darle y darle; luego de leer todos los días los reportes de los diarios acerca de las ideas, las promesas y las actitudes de los dos candidatos; luego de echarles un ojo a lo que dicen que son sus planes de gobierno y luego de meditarlo bien; he confirmado lo que ya me temía: En el largo plazo, y para la generalidad de los guatemaltecos, no importa mucho quién de los dos gane.

Ninguno se ha comprometido a respetar absolutamente la vida, la libertad y la propiedad de los chapines. Ninguno ha prometido que eliminará el impuesto a los rendimientos del capital. Ninguno ha anunciado que liberará a los guatemaltecos del monopolio del seguro social, o de esos lastres que son la educación y la salud burocratizadas.

Yo, por candidatos como los que hay, no voto con gusto. Por otro lado, y a la larga, el problema no son los candidatos; porque el problema de Guatemala no tiene tanto que ver con las personas que llegan a la administración; sino con el sistema en sí mismo. Tenemos un sistema que no garantiza ni el respeto a los derechos individuales de todas las personas, ni la igualdad de todos ante la ley.

Desde las elecciones pasadas yo he votado nulo. La razón de esa forma de elección es que, aunque mi sufragio nulo no tiene valor jurídico, esa forma de voto sí manda un mensaje político: El de un franco rechazo al sistema; acompañado por la manifestación de mi derecho a no ser obligado a elegir entre dos opciones que no quiero, ni merecen mi confianza.

En esta ocasión, sin embargo, en mi papeleta no voy a poner algo como Mejor cambiemos el sistema o Denme candidatos que valgan la pena. Con sabor a bilis en la boca y con mucha dificultad, voy a poner una X sobre la casilla de una de las opciones.

Primero, porque he llegado al convencimiento de que uno de los dos candidatos, con todo y sus roscas y sus clientelas, es ligeramente peor que el otro. Francamente, en eso tuve que elegir entre cuáles sinvergüenzas son tolerables y cuáles no. Y me consuelo al parafrasear a Chumi Chumez: ¡Estoy harto, quiero ineptos nuevos! Segundo, porque le tengo respeto a uno de los candidatos vicepresidenciales; en tanto que al otro, niente.

Como elector, y como tributario, estoy totalmente claro de que con mi sufragio seré cómplice de un absurdo en el corto plazo. Pero tengo ganas de decir Se los dije, cuando la próxima administración nos arrastre por el mismo camino de servilismo con las burocracias internacionales, por el mismo camino de incoherencia, y por el mismo camino de confusión por el que nos ha arrastrado la administración que se va.

¡Vaya, pues!, mañana voy a ir a poner mi X en una de las casillas; pero que conste que más que nada es porque lo que se perfila en la otra casilla me para el pelo. Eso sí, mi compromiso con cambiar el sistema –que es lo que verdaderamente generará más bienestar y desarrollo para los guatemaltecos– sigue firme. Por eso es que mi opción real se halla en ProReforma.

2. Bloguear no es un crimen. ¿Recuerda usted a Kareem? El es un joven bloguero egipcio que se encuentra en prisión por algo que muchos guatemaltecos han derramado sangre para que todos tengamos y conservemos. Está preso por ejercer su libertad de expresión. Kareem ha criticado a la administración egipcia y a su presidente y por eso ha sido encarcelado. Bajo la presión del fundamentalismo y de la tiranía, su padre ha renegado de él. Este viernes 9 de noviembre, en muchas ciudades del mundo, habrá expresiones de solidaridad con Kareem.

Si desea contribuir a su liberación, y a la defensa de la libertad de expresión, dele una llamada telefónica al embajador Maher Baddar al 2333-6296. Por favor pídale que su gobierno respete la vida y la integridad de Kareem y que lo libere.

Publicado en el diario Prensa Libre el sábado 3 de noviembre de 2007


31
Oct 07

Rigoberta se quiere llevar su pelota

Cuando uno era chico, uno de los personajes más desagradables que uno se podía encontrar era aquel vecino, o condiscipulo que, dueño de la pelota, del guante, o del bate, agarraba sus cosas, hacía berrinche y se iba, cuando perdía el juego, o cuando el árbitro fallaba en su contra.

Así se ve, ahora, Rigoberta Menchú; que luego de haber perdido estrepitosamente las elecciones, ¡hasta en su propio pueblo y entre su propia gente!, nos sale hoy con que “Estas elecciones no pueden ser legítimas”.

Desde 2003, los comicios guatemaltecos han demostrado que algunos ídolos tenían pies de barro. Tal es el caso de la memoria de Jacobo Arbenz, cuyo hijo obtuvo 1.52% de los votos; o el caso del difunto dirigente guerrillero, Rodrigo Asturias, que sólo consiguió 2.58 de los sufragios. Por cierto que en esa eleccion iconoclasta, también cayó el mito de Ríos Montt, que fue favorecido por un magro 19.32% de los electores. Y en 2007, Rigoberta Menchú y los otros dos candidatos exguerrilleros, no juntaron (entre todos) ni el 6% de los votos válidos.

Yo digo que en lugar de hacer berrinche y de actuar como en la barricada; la señora Menchú (y la izquierda exguerrillera) deberían enfrentar el gran reto que se les presenta: convencer a los ciudadanos de que la suya es la mejor opción, en el marco del ejercicio democrático y con respeto a las leyes y a los procedimientos republicanos.

Comparto con ella la idea de que en estos comicios no hay por quién elegir; y comparto con muchos la idea de que es menester reformar todo el sistema porque el que tenemos ya no responde a las necesidades de la evoulción de la sociedad guatematleca. Estoy seguro de que gane quien gane, el país seguirá en picada si no reformamos la Constitución de modo que garantice absolutamente el respeto a los derechos individuales y la igualdad de todos ante la ley.

Pero una cosa es proponer la reforma del sistema; y otra cosa es minarlo y deslegitimizarlo a fuerza de pataleos…y de todos modos, ni es su pelota; porque con 3.09% de votos a su favor (compartidos con el liderazgo de Nineth Montenegro) la señora Menchú no puede decir “con justicia” que tenga algún peso político.


20
Oct 07

La legislación da risa

Según el amansaburros de la Real Academia Española, optar quiere decir “entrar en la dignidad, empleo u otra cosa a la que se tiene derecho”.

Cuento esto porque en esta semana se conoció que el Tribunal Supremo Electoral no quiere hacer la revisión de las solvencias por juicios de cuentas de quienes alcanzaron puestos de elección popular en las elecciones de septiembre pasado.

Oscar Bolaños, presidente del TSE, dijo que ese tribunal no exigirá aquella certificación como condición para la entrega de credenciales a los que ocuparán diputaciones, o corporaciones municipales. Resulta que el Tribunal les permitió a los candidatos inscribirse para participar por un puesto de elección popular sin presentar la constancia de solvencia para ahorrar tiempo en los trámites.

Todo esto viene a cuenta porque la Ley de Probidad dice que no podrán optar a ningún cargo o empleo público quienes habiendo recaudado, custodiado o administrado bienes del Estado, no tengan su constancia de solvencia o finiquito de la institución en la cual prestó sus servicios y de la Contraloría General de Cuentas; y resulta que hay diputados y alcaldes electos que no cuentan con aquella constancia.

Como veo la cosa es que un ciudadano puede entrar en la dignidad congresil o municipal a la que tiene derecho, sólo después de ser electo. Es decir, posteriormente a los comicios. Nadie puede tener derecho a la dignidad de diputado, o de alcalde, sin haber sido electo antes. La elección es la que le da el derecho.

A no ser, claro, que uno se refiera a los tradicionales derechos a elegir y ser electo; facultades ciudadanas que son preexistentes a cualquier acto electoral.

La Corte de Constitucionalidad ya expresó que la opción, o acto de optar se materializa al aceptar la proclamación y se formaliza al solicitarse la inscripción como candidato, y no solamente si se alcanza la mayoría necesaria para optar a ser declarado electo. Empero, esto tendría sentido si el Diccionario de la Lengua Española no dijera que optar quiere decir entrar en la dignidad, empleo u otra cosa a la que se tiene derecho. Y un diputado, o un alcalde electos sólo tienen derecho a su dignidad como tales, después de ganar las elecciones. No antes, ni por sólo el acto de estar debidamente inscrito.

En su acepción filosófica, el tiempo no puede ser más que pasado o futuro; sin embargo, cuando lo que estudiamos es la acción humana, Ludwig von Mises nos explica que “entre el pasado y el futuro se extiende un presente amplio y real. La acción humana se halla en el presente porque utiliza ese instante donde se encarna su realidad. El presente comprende todo aquel pasado que todavía conserva actualidad, es decir idoneidad para la acción…las actuaciones se suceden invariablemente unas a otras. Nunca pueden realizarse en el mismo instante: pueden sucederse con mayor o menor rapidez, pero eso es todo. Hay acciones, desde luego, que pueden servir al mismo tiempo a varios fines; pero sería erróneo deducir de ello la coincidencia temporal de acciones distintas”.

¿Saben qué me da risa? Que discutimos aquellas complejidades jurídicas, mientras que la Ley de Probidad dice que no podrá optar al desempaño de cargo o empleo público quien no demuestre fehacientemente los méritos de capacidad, idoneidad y honradez. ¿Supo, usted, alguna vez, quiénes eran los candidatos a diputados por los cuales votó? ¿Supo, alguna vez, si eran capaces, idóneos y honrados? ¿O por lo menos si reunían dos de esas tres? ¡Nah!

Una vez más, se comprueba que el sistema es un fracaso; y que, en Guatemala, dependemos de la calidad de las personas para que funcionen nuestras organizaciones gubernamentales. Las normas no se cumplen porque son absurdas; y porque no hay quien tenga autoridad alguna para hacer cumplir las leyes que si vale la pena hacer que se cumplan.

Publicada en el diario Prensa Libre el sábado 20 de octubre de 2007


09
Oct 07

Mafias en torno a los candidatos chapines

Luego de leer el reportaje de El Periodico sobre las redes de influencia en torno a los candidatos presidenciales en Guatemala, mi cuate Juan Francisco dice: “Lo bueno de la democracia guatemalteca es que aquí las mafias no se nos imponen; sino que votamos por ellas en las elecciones”. Y, como estoy de acuerdo con la observación, aquí la comparto con ustedes.


02
Oct 07

Campaña electoral del absurdo

El teatro del absurdo es un estilo dramático que se rige por los principios existencialistas expresados en términos absurdos. Se caracteriza por tramas que parecen carecer de significado, diálogos repetitivos y falta de secuencia dramática que a menudo crean una atmósfera confusa.

Ayer leí que el candidato presidencial guatemalteco, Alvaro Colom, ofreció crear 703 mil nuevos empleos; y detalló: 503 mil por medio del crecimiento de las exportaciones, 50 mil por medio del turismo comunitario y 70 mil con Mipymes. ¡Y ofreció 20 mil más en el gobierno! Por su parte, el otro aspirante, Otto Pérez, calcula que con duplicar las exportaciones puede generar 1 millón de empleos.

¡La feria del empleo se quedó atrás! ¿Sabrán, los candidatos, cuánto cuesta crear una plaza de trabajo?

Según el Industrial Conference Board, citado por Cómo mejorar el nivel de vida, cada puesto de trabajo cuesta, en dólares de 1977 y en los EUA: 22,500 en la industria de aguas gaseosas; 124,600 en la industria de ropa; 85,500 en la industria de muebles domésticos, 31,500 en la industria de comida rápida; 49,700 en la industria de supermercados.

A ver…salvando las distancias, si el sector privado guatemalteco consiguiera responder a las ilusiones de los candidatos presidenciales, yo apuesto a que será a pesar de los gobiernos que estos encabecen; y no como consecuencia de ellos.


24
Sep 07

¿Cuál desbalance?

Si la izquierda revolucionaria guatemalteca termina de desaparecer, como debería de haber desaparecido hace ratos, ¿habrá un desbalance en el país? Esa inquietud ha sido manifestada por varios comentaristas políticos luego de la implosión que sufrió la exguerrilla en los comicios del 9 de septiembre pasado.

Mi hipótesis es que no; y que no hay que perder de vista las habilidades para las que si son buenos los exguerrilleros. Para comenzar, ni el 6% del electorado encuentra expresión en las opciones revolucionarias; y si a esas le descontamos a Rigoberta Menchú, que según Pablo Monsanto “dejo de ser revolucionaria hace muchos años”, sus cifras se ponen mucho más tristes. Adicionalmente, al verdadero revolucionario la democracia le sopla las verijas.

El revolucionario coherente percibe a la democracia burguesa como una falsedad que se presenta como defensora de la igualdad y de los derechos de las personas; pero que sólo sirve a los intereses de la clase dominante. El revolucionario consistente intuye que la democracia burguesa es un escenario muy limitado para la lucha del proletariado. El revolucionario de verdad siente que la democracia socialista (o dictadura del proletariado) es la única expresión política que sirve a la clase trabajadora.

Eso explica la arremetida que Monsanto le pegó a la dirigencia indígena en la célebre entrevista del 2 de septiembre pasado. Al final, la dirigencia mayense le falló a la revolución porque esa dirigencia es más indigenista que proletaria y porque la gente es menos cándida de lo que creía la vanguardia de la revolución. Todo el candongueo terminó en nada.

Lo que no ha colapsado es el ideal socialista según el cual los intereses colectivos tienen prioridad sobre los derechos individuales; una idea compleja, y poderosa en su sencillez aparente.

La incomprensión de sus alcances perversos hace posible, por ejemplo, que muchos integrantes de algunas élites del país crean, ¡de verdad!, que su responsabilidad social va más allá de servir a los consumidores, respetar los derechos ajenos y obtener ganancias. Y ahí andan, proclamando que ¡yo soy más santo que tú!, porque acceden a las demandas que impone la creencia de que los intereses colectivos tienen prioridad sobre los derechos individuales.

Lo que no ha colapsado es lo políticamente correcto y la complacencia con el relativismo. Los revolucionarios han tenido mucho éxito en desprestigiar la lealtad a los principios y la confianza en los valores. Por eso es que, en muchos ambientes, la flexibilidad en los principios es más apreciada que la verticalidad. Por eso es que se admira al acomodaticio y al inconsistente. Por eso es que para La Revolución, ahora son más importantes los progres y los que buscan el balance, que los mismísimos comandantes.

Ya desde 1848, los revolucionarios sabían que para el éxito de su causa era importante desarticular la propiedad, promover impuestos progresivos, gravar el derecho de herencia, controlar el crédito, controlar el transporte, controlar la producción, hacer del trabajo una obligación social y manipular la educación. Todas estas prácticas políticas son prácticas socialistas que materializan la consigna de que el interés colectivo debe privar sobre los derechos individuales. Son prácticas que muchos dan por incuestionables, y son prácticas que deberían llenar de orgullo a cualquier revolucionario que haya leído: “Un espectro se cierne sobre Europa…”

No hay, ni habrá desbalance alguno si desaparece la izquierda revolucionaria. Sus ideales todavía sobreviven entre nosotros porque el socialismo no necesita de la exguerrilla para hacer avanzar su agenda entre muchos chapines. Cada vez que alguien se olvida de que los intereses colectivos NO deben prevalecer sobre los derechos individuales, la libertad pierde sus alas, y los ideales de La Revolución hacen crecer las suyas.

Publicada en el diario Prensa Libre el sábado 22 de septiembre de 2007


19
Sep 07

La juventud y su responsabilidad

“Lo más importante del proceso es que la juventud ha determinado como quiere el futuro del país. No se ha dejado manipular por medios, opiniones ni grupos, y optado por lo que cree más conveniente para ella. Ha ejercido su libertad y derecho de voto y elegido a quienes más les han convenido y, por otra parte, desechado a quienes por años han venido poniendo en jaque al país, comprometiendo el futuro, engañando a la opinión pública nacional e internacional. Este episodio electoral pone, ahora sí, punto y final a los años de guerra militar y política que ha sufrido el país, trasciende, clarifica y cierra el capítulo especialmente en relación a lo que los Acuerdos de Paz no supieron hacer”, por Pedro Trujillo. Por favor, lea más.

Este articulo fue publicado por el Hispanic American Center for Economic Research.


15
Sep 07

Sin sorpresas

Pasó lo que tenía que pasar. Las elecciones fueron un éxito; y aunque hubo algunas quemas de urnas, esto no sería Guatemala si la gente no quemara algo.

La primera consecuencia electoral notable fue la extinción de aquel dinosaurio que era la Democracia Cristiana. El socialcristianismo fue enterrado “entre cuatro zopilotes y un hermoso gavilán”, como decía mi tía abuela, La Mamita, y con cerca de 0.5% de los sufragios.

El colapso de la izquierda revolucionaria chapina se merece un análisis más detenido. La exguerrilla, con auxilio de la Premio Nobel de la Paz y dirigente indigenista, Rigoberta Menchú y de Winak; así como de la intelectualidad de izquierda, la comunidad oenegera, amplios sectores de la comunidad internacional y los progres, a duras penas arañó 5.74 % de los votos válidos.

Uno de los partidos más rabiosamente socialistas, la ANN incluso va a desaparecer porque ni llegó al porcentaje mínimo, ni pudo meter un diputado siquiera.

Tanto Menchú, como Nineth Montenegro le atribuyen el fracaso de su participación al racismo; pero esa hipótesis carece de sustentación alguna desde el momento en que se observan los hechos. En Quiché, Menchú sólo ha obtenido 2.83% de los votos válidos. En Uspantán, el total que ha alcanzado asciende a 2.78% de los sufragios válidos. En Alta Verapaz, Sololá y Totonicapán, que como Quiché son indígenas en su mayoría, Menchú ha alcanzado 3.22%, 5.05% y 7.95% de los votos válidos, respectivamente. Si el racismo fuera un factor medianamente importante, ¿son racistas los indígenas que no votaron por Menchú? Otra duda que cabe plantear es: De aquel triste 2.83%, ¿cuántos votos son de Menchú y cuántos son de Montenegro?

Aparte del racismo, otra excusa presentada por las dirigencias de la izquierda es que su fracaso fue por falta de recursos económicos. Sin embargo, Eduardo Suger casi no hizo campaña; y con un partido pequeño ha llegado a 7.45% , o sea que él solito rebasó por 1.71 por ciento a toda la izquierda unida. Además, hay dos formas de obtener plata: que pocos den mucho, o que muchos den poco. ¿Dónde están los muchos de la URNG, del Maiz, de EG, de Winak y de la ANN?

El problema de la izquierda es que su dirigencia tiende a tomar decisiones basadas en lo que quisiera que fuera la realidad, o en consignas; en vez de tomarlas basándose en la realidad.
Ya desde 1990 una encuesta de la Cámara de la Libre Empresa mostraba que sólo 5% de los consultados opinaba que lo mejor sería un presidente de izquierda. La gente rechazó a la izquierda, durante la Consulta Popular de 1999. En La Encuesta, elecciones 2003, la URNG aparecía con 1.7% en las intenciones de voto, y la ANN ni siquiera estaba en el mapa. A no ser que empuñara un AK47, o que “los países amigos” presionaran para que se la tomara en serio, la izquierda revolucionaria chapina nunca ha sido una opción real para los chapines.

Eso no quiere decir que el socialismo y sus ideales no estén presentes entre nosotros. Están ahí cuando la propiedad privada es amenazada por el Plan de Ordenamiento Territorial; cuando se quiere colectivizar el agua; mientras el subsuelo no es propiedad de los dueños del suelo; cuando se impide la desaparición del monopolio del seguro social; cuando se presiona para que no sea eliminado el impuesto a los rendimientos del capital; cuando el relativismo mina las instituciones; y cuando en vez de promover la igualdad de todos ante la ley, lo que se propone es multiplicar los privilegios, para citar sólo unos ejemplos.

Las consignas, la mitología y la dirigencia de la izquierda son inútiles para conseguir votos entre los guatemaltecos; pero no lo son para medrar en el poder, para conseguir concesiones de parte de algunas élites incautas, ni para levantar barricadas. Es ahí donde la revolución anota sus éxitos. No en las urnas.

Publicada en el diario Prensa Libre el sábado 15 de septiembre de 2007; día en que se celebra la Independencia de Centroamérica.


14
Sep 07

Otro paradigma que se derrumba

Una vez más se derrumba un viejo paradigma sobre la supuesta realidad guatemalteca. Hoy leo que “La organización Mirador Electoral presentó ayer su informe oficial de observación, en el cual destaca que se registró entre 85 y 89 por ciento de asistencia a las urnas por parte de la población indígena, lo que refleja su participación activa”, y que “La Misión Indígena de Observación Electoral subrayó en su informe oficial que se logró el objetivo de la descentralización, y que la población indígena y de áreas rurales asistiera a votar. Incluso, hubo más participación de la mujer indígena. El informe, que fue presentado ayer oficialmente, también refiere que los indígenas fueron el sector que más votó, con más del 70 por ciento de sus empadronados”.

Un amigo que visitó Patzicia, Patzún y Tecpán durante el día de los comicios ya me había comentado que a él le había llamado mucho la atención la abundante participacion de mujeres indígenas, principalmente en las dos primeras poblaciones. Incluso observó que en las mesas electorales las delegadas del Tribunal Supremo Electoral eran principalmente mujeres.


13
Sep 07

¿Será el racismo?

Al momento en que han sido contados 99.5% de los votos válidos en las elecciones de Guatemala, Rigoberta Menchú ha recibido un total de 3.09% del total de sufragios. El argumento del racismo está siendo somatado para explicar esta derrota. Pero, ¿es válida esta consigna? ¿Cuál es la realidad del “racismo” en Guatemala?

Según un despacho de Associated Press, publicado el 12 de septiembre de 2007, “Menchú ha explicado los magros resultados que estaba previsto que obtuviera desde la perspectiva del racismo que divide a los guatemaltecos en indígenas y ladinos, como se conoce a los blancos y mestizos en este país donde el 42% de los 13 millones de habitantes pertenece a una etnia maya”. Por su parte, en el mismo despacho, el también dirigente indigenista, Alvaro Pop, advierte que tras la derrota “queda el movimiento de líderes indígenas Winaq, que servirá de germen para un partido político integrado por mayas que, en futuras elecciones, podría postularla con más éxito”.

Hoy, Nineth Montenegro, seretaria general de Encuentro por Guatemala (el partido que postuló a Menchú), dice que “el racismo en el país impidió que la candidatura de Rigoberta Menchú obtuviera el apoyo que esperaban”. Montenegro añade que “se demuestra que no hay movimiento indígena en el país. Más que por identidad étnica son intereses personales”.

Si los argumentos de Menchú y Montenegro tuvieran sustentación alguna, ¿cómo se explican los malos resultados de la candidatura de la Premio Nobel en la tierra de sus abuelos y de sus hermanos?

En el Departamento de Quiché, Menchú sólo ha obtenido 2.83% de los votos válidos.

En el municipio de Uspantán, el total que ha alcanzado asciende a 2.78% de los sufragios válidos.

En los Departamentos de Alta Verapaz, Sololá y Totonicapán, que como Quiché son mayoraitariamente indígenas, Menchú ha alcanzado 3.22%, 5.05% y 7.95% de los votos válidos, respectivametne.

¿Es el racismo, o algo más, lo que determinó la derrota de Menchú? ¿Son racistas los indígenas que no votaron por Menchú? ¿Es viable el indigenismo como una opción política?