Este espacio -intolerante con el colectivismo, políticamente incorrecto y epicúreo- cumple cinco años desde el viernes pasado.
Los cumple bien, gracias a tí. Estos cinco años no han sido cualesquiera ya que, por medio de este espacio, he conocido mucha gente generosa y cariñosa; y he disfrutado posteando casi, casi, todos los días. Permítaseme, pues, celebrar lo que es bello, lo que es bueno y lo que es pacífico en el primer lustro de Carpe Diem, el Blog.
El viernes fue pizza nite en casa… y el miércoles también. La de la foto es la del viernes; una pizza deliciosa con champiñones, mozzarella, parmesano y la salsa de la casa que hemos estado perfeccionando.
El miércoles, sin embargo, fueron cinco porque celebramos con un grupo de amigas queridas. Hubo de rodajas de tomate y hojas de berrros, de anchoas, de lorocos, Margherita con ajo y con champiñones. Todas con mozzarella.
No recuerdo cuándo y de dónde comí mi primera pizza; pero podría apostar a que fue ca. 1970 y que era de Ovopast, la pizzeria y rosticeria que quedaba en la zona 9, junto a donde entonces estaba el Supermercado La Puerta del Sol y donde ahora hay una tienda de equipo eléctrico.
Con mis padres salíamos del supermercado y pasábamos comprando una pizza que comíamos en casa. No muy lejos de esa fecha, debo haber probado la de Vesubio, que íbamos a comprar a su restaurante original en la zona 4, que todavía existe. Generalmente, cuando levaba pizza, mi padre cantaba una canción de Dean Martin que decía: When the moon hits your eye/like a big pizza pie/ that´s amore. Y a principios de los 90 también me gustaba mucho la de hongos de un lugar que ya no existe y que se llamaba Boloña.
A mí, las pizzas me atraparon desde aquellos primeros momentos. Aunque no hago la masa, me gusta mucho pensar en las combinaciones y tengo mis favoritas. Aveces las hago con salsa, y aveces las preparo con tomates rodajados. Mis preferidas, que elaboro en casa son: la de anchoas, que he descubierto que si uno mezcla las anchoas con el mozzarella, en vez de sólo esparcir los pececillos, es mejor; la de flor de izote y la de lorocos (que, por recomendación de mi amiga Marialys, esta última es mejor con queso ricotta, que co nmozzarella); me gustan mucho la que hago con hongos Shitake y la de aceitunas negras; y también una con hojitas de berros. Sobre mis pizzas, aveces me gusta esparcir finas rodajas de aguacates.
En la ciudad de Guatemala, mis pizzas comerciales favoritas, en orden descendente, son: cualquiera de Pasta e Basta; y la Enzo y la Amore mio, del Vesubio de la carretera a El Salvador.
La pizza me gusta acompañada con cerveza, con vino tinto, con Coca-Cola, o con Grapette.
Desde hace ratos descubrí el encanto de las fiestas de Independencia. Primero asistía al monumento a los Próceres u Obelisco, porque ahí se juntaban los grupos de barrios, familias, amigos, colegios y escuelas, iglesias, empresas, equipos deportivos y toda clase de gente a encender sus antorchas y llevarlas a sus lugares de origen; algunas veces en la ciudad, y otras en poblaciones lejanas.
Esa era una fiesta bastante espontánea en la que la gente se divertía con muchísimo entusiasmo. La gracia era, siempre, la de pasarla bien. Ya fuera mojándose con los cuates en la fuente del monumento, o participando en alguno de los grupos de antorchas.
La fiesta en el Obelisco se estropeó cuando la Administración dispuso tener una participación directa en ella y dispuso organizarla. Los burócratas prohibieron que los chicos se metieran a la fuente y llevaron grupos musicales y artistas que le arrancaron lo espontáneo y la calidez humana a la celebración.
Desde el año pasado prefiero pasar la fiesta en el Parque Central o Plaza de la Constutición en donde -a pesar de que hay actos oficiales- la celebración conserva su carácter popular y encantador. Ahí hay bandas escolares, grupos que llevan antorchas, una ceremonia para izar la bandera y, a pesar de que los escolares son sometidos a la propaganda de los pólíticos de turno, domina el animus juvenil de gozarla y pasarla bien.
Por eso es que, cuando empezaron los discursos, lo que se me vino a la mente fue la siguiente frase: ¡Colom y Espada, esta es la juventud a la que le fallaron!
En estas fiestas, los niños son los más beneficiados. Ellos se gozaban a los personajes que llevó el Ejército que incluían un soldado vestido de Jeep; un grupo de soldados que acompañaban a una ardilla; y otros más. Los niños se gozan las golosinas y las bandas. La fiesta es para los que tenemos alma de niños.
Este año dispusimos cenar en el Centro con la esperanza de que menguara el tránsito; y, por casualidad nos dimos con Foto 30, una iniciativa creativa que le añadió un toque especial a las fiestas. La misma consistió en una serie de exposiciones fotográficas, actividades, música y diversión. ¡Hubo torito y quema de globos en la Sexta Avenida!
En la galería NOA visitamos Alienación, una muestra colectiva de fotógrafos chapines que incluía fotos por los cuates Rudy Girón y Andrea Aragón. En Incubador zona 1 encontramos la muestra ¡Cataplum!, por Andrés Asturias; y en Proyectos Ultravioleta encontramos Vestidos para expresar, por Byron Mármol. Paramos encaramados en el tejado, con una vista inusual de la antigua Calle Real. Sobre NOA encontramos, Casa Azul, una tienda encantadora de tchotchkes mexicanos que vale la pena visitar.
Ahora, espero el próximo 14 de septiembre para ver qué sorpresas encuentro en esta que es una de mis fiestas chapinas favoritas. Las fotos que ilustran esta entrada no son muy afortunadas porque no llevaba mi cámara y tuve que usar la del móvil; empero, creo que reflejan el ambiente festivo y juguetón de la ocasión.
¡Estupendas estuvieron las Luces Campero! Me encantan los colores, las formas y el modo en el que iluminan el cielo y la ciudad.
En este año, las Luces cumplieron 20 años de estarse celebrando. La primera vez, recuerdo que dispuse subir a verlas desde el Mirador en la carretera a El Salvador. Fue un desastre no sólo porque desde allá arriba se veían muy lejos y muy pequeñas, sino porque el tráfico fue espantoso.
Luego pasaron varios años en que no las vi. Durante un par de ocasiones las pude ver parcialmente desde la ventana de un edificio en la Plaza España; y desde mi casa anterior podía ver algunas entre las ramas de un hermoso árbol de Llama del bosque.
Anoche dispuse que, en vez de tomarles fotos, tomaría un vídeo para compartirlas aquí, en Carpe Diem.
Ayer estaba alegre el Mercado de la Villa de Guadalupe. Cómo en mi barrio se celebra la fiesta patronal, los inquilinos de aquel Mercado ponen música y hacen que ir a comprar las frutas y verduras sea más alegre que de costumbre….y hoy, la fiesta continúa hasta en la noche.
¿Cómo no dedicarle una noche a la celebración de todo lo bueno que hemos tenido en el año? ¿Cómo no celebrar a las personas que nos aman y que amamos, a nuestras familias y a nuestros amigos? ¿Cómo no celebrar las cosas buenas que tenemos: los frutos del trabajo, y la salud? ¿Cómo no celebrar a las ideas y a las personas que hacen posible lo que tenemos y lo que hace nuestras vidas más placenteras, más fáciles y más alegres?
A mí, por eso, me gusta mucho celebrar la fiesta del Día de Gracias. La verdad sea dicha, las fiestas en las que se celebran la muerte y el sacrificio sólo me interesan como fenómenos sociales y como parte de las tradiciones (¡Y por la comida que se acostumbra en ellas!); pero, realmente, me parecen perversas. ¡Que vivan la vida y la productividad!
Anoche celebramos con un pavo que hicimos en casa de acuerdo con la receta de mi bisabuela, Adela o Mami; acompañado por puré de camote, ensalada y un Quimera 2005, de Achaval Ferrer, que trajeron amigas queridas. Y el toque chapín lo puso una torta de yemas, de Totonicapán, departamento guatemalteco famoso por sus panaderías, entre otras cosas.
He aquí una meditación valiosa sobre esta fiesta, por el cuate Craig Biddle.
Hoy celebro que empieza mi último año en la década de los 40. ¡Y vaya si no tengo qué celebrar! Celebro a mi familia y a mis amigos y a las personas que amo y me aman. Celebro a los que me permiten andar a su lado. A los que me dejan compartir su mesa. A los que han sido generosos con sus ideas, con su cariño y con su respeto. A los que me han tendido una mano y a los que me han tenido paciencia. Celebro a los lectores de este espacio. Celebro que me acerco a cumplir medio siglo.
Por cierto que en 1961, el año en que nací, un equipo de médicos logró varias fecundaciones de óvulos humanos en un tubo de ensayo; el submarino atómico George Washington estuvo 67 días seguidos bajo el agua, lo cual fue un record; en el Cavern Club actuaron por primera vez Los Beatles; el criminal de Guerra Adolf Eichmann fue enjuiciado y sentenciado a muerte; Yuri Gagarin fue el primer ser humano en viajar al espacio y ocurrió el fracaso de Bahía de Cochinos; también aparecieron por primera vez Los cuatro fantásticos; . En ese año nacieron George Clooney, Enya, Michael J. Fox, Diana Spencer, Carlos Vives, Andrés Calamaro, Ralph Macchio y Nadia Comaneci. En ese año se estrenaron las películas Judgement at Nüremberg y West Side Story.
celebración / independencia — Comentarios desactivados en Celebración de Independencia en Centro Histórico 15 Sep 10
La noche del 14 de septiembre, que es la víspera de la celebración de la Independencia de Guatemala, se pone muy alegre en el Centro Histórico. Los grupos de personas que -de todas las edades y condiciones- llevan y traen antorchas por las calles son abundantes y de lo más variados. Aveces son pequeños grupos familiares y otras son equipos de barrios, o poblaciones. Algunos van solos, corriendo, y otros van en bicicletas, o acompañados por automóviles y autobuses. Algunos son sencillos, o otros son eleborados. ¡Todos van muy contentos! La verdad es que es muy alegre eso de ir a ver a los de las antorchas.
Tengo años de ir a verlos al Monumento a los Próceres; pero desde hace unos dos septiembres que dejó de ser la actividad popular casi espontánea, que era, para convertirse en una actividad gubernamental que le quitó lo bonito. Ahora hasta prohíben que los jóvenes se arrojen a la fuente que hay en el monumento y llevan artístas con programa y todo.
Así que en busca de la celebración perdida me fui al Centro y ahí la hallé. Con el añadido de que en la zona 1 desfilan docenas de pelotones de estudiantes con bandas que, igual que los grupos que llevan antorchas, cruzan aquella área de la ciudad de Norte a Sur y de Este a Oeste.
Hay que ir con paciencia porque el tráfico se pone pesado; pero si uno ya sabe a lo que va y va con tiempo, todo es diversión. Bueno…para mí, que me gozo estas cosas.
Al colegio que está en el vídeo lo vi frente al antiguo Hotel Panamerican que tiene una arquitectura muy característica; y por ahí vi pasar tres más y varios grupos de antorchas. Luego pasé entre la Plaza de la Constitución y el Parque Centenario para ir a ver otro colegio atrás del Palacio Nacional. Toda el área estaba limpia y había un ambiente seguro y tranquilo. Esta es una fiesta familiar que los chapines nos disfrutamos mucho y encima de todo el clima nos ayudó porque la noche estaba fresca y agradable.
El paseo concluyó en Café Casa, un lugar muy agradable y sabroso sobre la Sexta avenida y Décima calle, casi frente al antiguo estudio fotográfico del Canche Serra.
Esta es una escena muy divertida de la celebración de 2009; y estas son fotos de ese mismo año. Esto es lo que pasó en 2008. Por cierto que, lo que a mí me gusta de esta fiesta es su carácter festivo y lo mucho que se la goza la gente; me gustan su espontaneidad sencilla y cándida; y me gusta que se la disfruta todo el que quiere. No así su lado chauvinista; y los que han seguido Carpe Diem seguramente recordarán lo que he escrito del nacionalismo, del patriotismo, de todas esas cosas nefastas.
Aclaración: El vídeo que acompañaba esta entrada no lo pude pasar cuando cambié plataforma, sin embargo se puede ver aquí.
¿Y por qué no? Hoy celebro la tercera ocasión consecutiva en la que Carpe Diem supera los 1000 visitantes diarios; con el plus de que ayer fueron casi 2000 los visitantes. ¡Gracias!, y si les gustó, quédense.
Siempre hay lugar para la celebración, a pesar de los desastres y el dolor humanos causados por el Volcán de Pacaya y la tormenta Agatha.
Dos niñas que acaban de hacer sus primeras comuniones van acompañadas por su familia. Cruzan la 9a. calle y 5a. avenida de la zona 1, en una ciudad castigada por la arena del volcán y la lluvia de la tormenta.
En esa esquina estaban la Pastelería Las Américas y, a su derecha (sobre la avenida), estaba la Barbería España, donde yo me corté el pelo durante varios años. Sobre la calle, a la izquierda, estaba el Banco del Agro y está el Hotel Panamerican; al final de la cuadra, a la derecha, estaba el almacén El Cairo.
Carpe Diem significa Apodérate del día (sin desperdiciarlo) y resume bien mi visión del mundo. La libertad es el valor fundamental que guía mi vida y mis reflexiones en Carpe Diem. Vivo en Guatemala, un país que aún está por ser construido y en el que los derechos individuales y la igualdad ante la ley son precarios. Por eso, aquellos son mis temas favoritos para estos comentarios. Con todo y todo, este espacio -políticamente incorrecto- existe al amparo del artículo 35 de la Constitución de la República; y del 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (por si acaso). Me gustan la cocina, la lectura y la compañía de mi familia y de mis amigos. También me gusta pasar tiempo conociendo mi país y a su gente. Al perpetrar Carpe Diem comparto con mis lectores algunas reflexiones y experiencias en busca de lo que es bueno, lo que es bello y lo que es pacífico. ¡Por la libertad y la razón!
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