09
Feb 23

Coñac, vinos y moscatel para el señor juez

Los tributarios siempre pagamos las extravagancias de los políticos y burócratas.  Esta es una factura del 28 de marzo de 1898 emitida por Adolfo Saravia, comerciante y comisionista por las siguientes mercancías pagaderas en moneda efectiva en plata acuñada. La factura está emitida a Emilio Fajardo.

¡Era cara la visita de un juez!

Lo primero que llama la atención es que el pago no es en moneda fiat, o dinero por decreto, cuya principal característica es que es una moneda de papel cuyo único respaldo es una promesa del gobierno.  Aquí estamos hablando de dinero de verdad, el que es de plata, por ejemplo. En aquel tiempo la moneda era el peso, no el quetzal.

Lo que luego llama la atención son las mercancías: vinos tinto Chateau Margaux y blanco Chateau D´´Yquem, coñac Martell, ginebra Old Tom, moscatel extra y ¿guaro? y el total es de $53.

El siguiente documento es un recibo por $94.50  y dice: Recibí del señor Alcalde primero municipal la suma de noventa y cuatro pesos cincuenta centavos según la factura adjunta por la permanencia en esta del señor juez de primera instancia y su acompañamiento en la visita.  Patulul, marzo 28 1898, Firma E. Fajardo V.

El siguente listado es encantador, tiene la fecha de marzo 26 de 1898 y está firmado por E. Fajardo V.  Dice: La Municipalidad a E. Fajardo V. Debe: por 5 personas dos días $ 25; cuatro cubiertos extra $4; 2 criados, dos días $4; 12 botellas de vino $39; 2 medidas de algo que no identifico $6; cigarros $1; 1 botella de coñac Martell $5; 1 botella de ¿olla? $1.50; 1 botella de Old Tom $3.50; 1 botella de Moscatel extra 1873 $3.50; 2 botellas de guaro $2.  Todo ello suma $94.50. Firma E. Fajardo V. en Patulul.

Si pidieron tantos vinos finos, ¿para quién era el guaro? ¿Para el juez, para el alcalde, o para los criados?  ¿Viste que la visita del juez requería de criados?

El coñac Martell debe haber sido muy popular en aquellos tiempos de afrancesamiento de la sociedad guatemalteca en los que se estaban abandonando los tradicionales anís y jerez propios de la tradición española demodé.  Recuerdo que mi abuelita, Juanita, tenía un hermoso picahielo de plata, que decía Martell.

Gracias a Luis Andrés Schwartz por los descubrimientos.


06
Feb 23

Ecologismo, antiestractivismo y otras modas

 

Acabo de leer que los volcanes dormidos emiten tres veces más azufre que lo estimado.  En Guatemala se estima que hay entre 37 y 43 estructuras volcánicas y se considera como activo todo volcán que ha tenido actividad registrada en los últimos 10,000 años.

Técnicamente no se usa la frase volcán dormido, pero uno podría decir que un volcán que no ha manifestado actividad medible en su superficie está dormido. ¿Será lo mismo un volcán dormido que uno extinguido?

En aquello me puse a pensar cuando vi publicada esta conversación que tuve sobre la gestión del ambiente con Carlos Martínez, Asesor de la Subsecretaría de Interior, en Chile, en temas relacionados con medio ambiente y conflictos socio-ambientales.

Hay pocos temas tan de moda como el del ambiente, dijo Carlos, al apuntar que todos somos defensores del ambiente; pero los problemas son cómo y para qué.  Carlos ha dedicado muchos años a estudiar las líneas de defensa del ambiente y algunas le parecen altamente cuestionable.  Actualmente nos enfrentamos a una ideología ambientalista que pone en juego el progreso, el desarrollo, la libertad de las personas y la economía libre.  Una cosa es la conciencia ambiental y otra es atribuirles los problemas ambientales a una sola causa.

SI te interesan estos temas, seguramente quieres ver esta conversación.

Actualmente el mercado premia a quien protege el ambiente y castiga a quien lo daña, explica Carlos que, también, se refirió a las profecías catastróficas que no se han cumplido. Hizo alusión a la inviabilidad de la vida primitiva y autárquica que promueven algunos ambientalistas.

Hizo alusión al atropello contra los derechos humanos, implícito en algunas políticas impulsadas por el ambientalismo radical que sostiene que los árboles, los glaciares y otros tienen derechos. Esta es una concepción muy ajena a occidente y ajena a las tradiciones humanistas, ilustradas y antropocéntricas de occidente.

Advirtió contra los peligros implícitos en el antiestractivismo, una corriente más reciente del ambientalismo, que tiene raíces en el marxismo y va de la mano del ecoindigenismo y de la deep ecology.

Carlos es autor de La república independiente de Douglas Tompikins; y de La nostalgia del paraíso, las raíces ideológicas del ecologismo.


03
Feb 23

Depredación desde el IGSS

 

El Instituto Guatemalteco de Seguridad Social dispuso que, a partir del 17 de enero pasado, todo patrono debe inscribirse en el IGSS aunque cuente sólo con los servicios de un trabajador.  Los perpetradores de esa medida dicen que la misma incentivará la incorporación de las micro, pequeñas y medianas empresas, así como otros emprendimientos y, seguramente, creen que eso es cierto.   Lo que va a pasar, sin embargo, es que la nueva medida depredadora va a incentivar la informalidad.

Para forzar el registro, el IGSS va a usar sus acuerdos con otras instancias gubernamentales para identificar e inscribir de oficio a quienes intenten quedar al margen de los tentáculos del seguro social monopólico, centralizado y coercitivo del estado.

En el afán depredador por parte de la burocracia del seguro social, la inscripción de oficio tendrá efectos retroactivos para el pago de las mal llamadas contribuciones, que en realidad son formas de expoliación.  Es decir, formas de quitarle a los generadores de empleo, de forma injusta y con amenazas, lo que les pertenece.  Injusta porque la disposición es unilateral, injusta porque no hay proporción entre el despojo y los supuestos beneficios, injusta porque castiga la productividad y a los más vulnerables.  Un castigo que pesa más en tiempos de inflación y en tiempos de encarecimiento artificial y político del tipo de cambio.  Un castigo que pesa más en tiempos en que los combustibles están carísimos, en parte por las dos circunstancias recién mencionadas.

La nueva disposición es una caja de Pandora porque abre la posibilidad para otras formas de abuso por parte del IGSS al desnaturalizar los contratos de, por ejemplo, las personas que cobran con factura y trabajan por horario.  Personas que podrían echar a andar la maquinaria que fuerza la inscripción de oficio.

A lo largo de su existencia ominosa a lo largo de más de 70 años, el IGSS no ha conseguido ser el instrumento que los trabajadores guatemaltecos necesitan para mejorar su calidad de vida en términos de servicios de salud y en términos de protección en casos de invalidez, vejez y sobrevivencia.  En el IGSS, sin embargo, toda su vida han medrado redes de corrupción.

En el libro Del monopolio a la libertad, Alfonso Abril puso en evidencia los vicios originales del esquema del IGSS.  Esquema que consecuencia del racionalismo constructivista revolucionario de los años 40 y de un mandato que vino a Hispanoamérica desde Washington D.C.

A los trabajadores sometidos a su régimen, el IGSS les anula el derecho de propiedad y el control de los ahorros, del mismo modo que les mina sus libertades de contratación y de asociación.  Los trabajadores están forzados a pagar, sí, o sí.

La existencia del IGSS depende de la legislación y del poder coactivo del gobierno; pero ¿sabes que el gobierno no paga sus cuotas? El gobierno tiene una deuda acumulada de más de 35 mil millones (al momento en que fue publicado el libro, en 2017 y la deuda sigue creciendo*).

Abril afirma, y coincido con él, que el IGSS deshonra a los trabajadores porque no respeta la dignidad de los pacientes, ni de quienes están sometidos a su régimen de IVS; por ser una organización corrupta saqueada por políticos, burócratas, empleados, y proveedores; y, porque además, en la mayoría de los casos, es un modelo sumamente injusto para los trabajadores más pobres.

El zarpazo del IGSS al segmento más vulnerable del sector voluntario de la economía no es de naturaleza financiera; ya que, como el seguro social chapín no ajusta las pensiones para sus supuestos protegidos, no corre el riesgo de descapitalizarse como ocurre con otros esquemas similares.  En ese sentido es peor que un sistema piramidal y la nueva disposición sólo hiede a pura depredación y expoliación.

¡Pero es una conquista revolucionaria!…¿Verdad?

*Q60 mil millones es el monto aproximado que el gobierno le debe al IGSS por cuotas patronales no pagadas durante años.

Columna publicada en elPeriódico.


01
Feb 23

Telegramas y responsabilidad del gobierno

 

Mira que chulada de diseño, es un telegrama del 11 de noviembre de 1897, enviado desde Santa Bárbara, San Marcos.  ¿Alguna vez recibiste telegramas?

Aparte de lo elegante y bonito del diseño, me llama la atención el párrafo que dice:  El gobierno no es responsable por errores ó inexactitudes en los partes transmitidos por sus Telégrafos, pero si lo será por la suma pagada por su transmisión cuando el error ó inexactitud dependa de los telegrafistas.  Es interesante que el gobierno se hiciera cargo de los errores de sus empleados, aunque fuera sólo por el monto de la transmisión.  No se cuanto costaba la transmisión, pero creo recordar que cuando yo era niño, el envío de una palabra costaba Q 0.07 cuando Q1 era igual a US$1 menos la inflación.

El texto del telegrama también es encantador. Va dirigido al arzobispo Ricardo Casanova y Estrada, y dice:  Por Dios, sírvase “compeler” a nuestro obispo velez vuelva a su diócesis abandonada sin causa canónica hace más de 3 años hecha un montón de ruinas en orden religioso y moral.  M. Recarte. Vicario foráneo Santa Bárbara, según está indicado atrás.

Recuerdo que aprendí a enviar telegramas y cartas cuando estaba en Tercer grado de primaria como parte de la clase de Idioma Español. Era graciosa la redacción de los telegramas porque, como cobraban por palabra, cuando fuera posible había que unirlas.  Por ejemplo, en vez de Te recuerdo, lo que se ponía era recuérdote.  También era muy particular la forma en la que eran doblados los telegramas para ocultar el texto y permitir que se viera bien el destinatario.

Mi tío Freddy y mi padre importaban telégrafos y recuerdo que en su oficina había uno instalado.  ¡Cómo me gustaba su sonido!  Traté varias veces de aprender el Código Morse; pero nunca puse empeño y solo me divertía escuchando su sonido.

Gracias a Luis Andrés Schwartz por la pista.


31
Ene 23

La guía telefónica

 

En la antigüedad había algo que se llamaba guía telefónica.  Era un librote en el que estaban registrados los números telefónicos con los nombres de sus titulares y las direcciones en las que estaban localizados.  Encontré dos de esos en mi casa, uno de 2019 y otro del fatídico año de 2020.

Yo creía que ya no existían porque con la Internet se fueron haciendo obsoletas; y me sorprendió hallar estas dos.

En la antigüedad eran muy útiles porque, por ejemplo, si yo quería llamar a un compañero de clases, pero no sabía su número de teléfono, pero si conocía sus apellidos, o el nombre de sus padres, o algo parecido, pues lo encontraba en la Guía.  Igual ocurría con negocios, o lo que se necesitara.

Para mí la Guía tenía otras utilidades.  Antes de los teléfonos inteligentes y de otros recursos de la modernidad, cuando yo necesitaba entretenerme y sólo había cuatro canales de televisión que funcionaban de 12:00 a 24:00 horas, o de 16:00 a 24:00 horas, tenía dos posibilidades: leía la guía telefónica, o leía un diccionario.  ¿Patético? Si…un poco…sobre todo porque antes de caer en aquello tenía la opción de leer enciclopedias, o la revista National Geographic, antes de que se volviera insoportable.


29
Ene 23

Adiós a Lloyd Morrisett

Lloyd Morrisett fue uno de los creadores de Plaza Sésamo un programa que, aunque fue creado para enseñarles las primeras letras a niños en edad preescolar, tuvo impacto en otros niveles. Morrisett, fue cofundador de la serie junto a Ganz Cooney y Jim Henson

En los años 70  yo veía el programa junto a mis hermanos.  En mi casa había muñecos de Enrique y Beto.  Tengo dos escenas favoritas:

Una es Maná maná que todavía me causa mucha risa cuando lo veo:

La otra escena que no encuentro.  En ella un personaje habla por teléfono y dice:

Hola, Lola.  Habla Carlitos O.  Me gustaría saber si quieres ir conmigo al baile de los bomberos.

Me causaba mucha risa el tono de voz de Carlitos y por quién sabe por qué, también me divertía la situación.

En fin, adiós a Lloyd Morrisett que falleció el 23 de enero pasado a la edad de 93 años.


27
Ene 23

Descubrimientos fabulosos en El Mirador

 

En diciembre pasado hizo 18 años que caminé por la selva petenera rumbo a El Mirador.  Todavía me fascina todo lo que tiene que ver con el reino Kan y no pude sino alegrarme de que han sido encontradas una cantidad increíble de ciudades y calzadas que hacen de la Cuenca Mirador un sistema integrado.  Los descubrimientos con tecnología LiDAR y el liderazgo del arqueólogo Richard Hansen así como el profesionalismo de su equipo, nos están descubriendo un mundo que ni imaginábamos.

Sylvia, Inés y Luisfi en el campamento de El Tintal. Foto por Alejandro Masdeu.

Cuando uno ha viajado bajo el dosel espeso de los árboles, en la selva, bajo el cual oyes que llueve, pero la lluvia no llega al suelo debido a lo espeso del follaje en las alturas, uno se da cuenta de lo fascinante que es la tecnología que permite ver estructuras y ciudades ocultas por la jungla.

La imaginación se dispara cuando uno trata de traer a la vida toda aquella infraestructura, al servicio del comercio, de la política y de la guerra.  Porque, ¿ya sabes, verdad? Los mayas no eran aquellos matemáticos y observadores de estrellas pacíficos con los que fantaseó Eric Thompson.

El MIrador. La foto la tomé de Facebook.

Me deja papo el hecho de que los mayas hayan conseguido los niveles de complejidad que consiguieron en un ambiente tan hostil como el de las tierras bajas.  Otras grandes civilizaciones de la humanidad prosperaron al lado del Nilo, del Ganges, del Yangtse y del Tigris y el Éufrates, pero los mayas prosperaron en las selvas y a merced del agua de lluvia.

Como durante mi visita al reino Kan tuve la dicha de conversar con nuestro guía, Darwin, y con la cocinera, los muleros, y el ayudante, se lo valioso que es el involucramiento de los habitantes de la cuenca en la explotación racional de aquellas maravillas.  Se que los saqueadores, los ladrones de madera y los narcos son amenazas para quienes viven pacíficamente en el área y para quienes quisieran visitarla.  Se que esos problemas son camisas muy grandes para el gobierno y se que la riqueza potencial de El Mirador sólo será aprovechable significativamente si hay un involucramiento más profesional de quienes viven por allá y un involucramiento del sector privado; y por si acaso, por sector privado me refiero al sector voluntario de la economía, en oposición al sector coercitivo de aquella.

Imagen LiDAR. La foto la tomé de Facebook.

Dicho lo anterior, te comparto lo que escribí en 2005 luego de mi visita a El Mirador:

El aroma a copal inundó el aire, y desde lo más alto de la pirámide El Tigre, mis amigos y yo observamos el ocaso. A nuestros pies estaba ese inmenso mar verde que es la selva. Nos llevó dos días y tantito atravesarla, pero ahí estábamos al fin, en la cuna de la civilización maya: la ciudad colosal de El Mirador.

Allá arriba, emborrachado por la luz, los aromas y los colores, uno no puede sino pensar en las personas que construyeron ciudades y calzadas a lo largo y lo ancho de esa jungla. Frente a nosotros estaba la La Danta, una mole increíble que mide 10 metros más que el templo IV de Tikal y cuya base ocupa el área de tres estadios de fútbol. La ciudad es inmensa, ¡y es unos 800 años más antigua que Tikal!

En toda la cuenca Mirador hay unas 26 ciudades grandes [ahora se sabe que hay centenare]; y en nuestra jornada a través de la selva visitamos: La Florida, El Tintal y La Muerta. No es fácil llegar a El Mirador; pero el duro viaje hacia esa ciudad formidable es el vivo ejemplo de cuando el camino vale tanto como el destino. Auxiliados por Billy Cruz, de Petén, mis amigos Silvia, Inés, Antonio y Raúl, así como mi sobrino Alejandro, y yo, emprendimos la aventura el 17 de diciembre pasado. Ale de 12 años, y yo, fuimos a lomo de macho; pero los demás caminaron por bosques interminables y por bajos intimidantes a través de humedales enormes. 

A veces el agua fangosa les llegaba arriba de la cintura, yo me caí cuatro veces de mi Rucio, y el Ale quedó colgando de un árbol en una ocasión. Tras horas de montar, más de una vez reviví mi pierna entumecida poniéndole una cruz de saliva, según la costumbre local. Y entendí lo que es ser terco como una mula. Vimos cualquier cantidad de orquídeas, aunque muy pocas en flor; extrajimos copal del árbol que lo produce. Conocimos el chicle. Vimos aves hermosas y el cielo más estrellado que uno pueda imaginar.

Pero aquello es la selva, y no hay que olvidarlo. Vimos huellas de jaguar y escuchamos sus rugidos, junto a los de los monos aulladores. Dormimos en campamentos en los que el olor a serpiente era perturbador. A mi sobrino se le metió una tarántula en el zapato y le apareció otra en su carpa. Y tuvimos que esquivar ejércitos de hormigas feroces, algunas de ellas muy olorosas. Dormíamos como tiernos, aunque una noche se inundó el campamento y tuvimos que pasarla entre el agua. Una culebra zumbadora se atravesó en el camino y yo regresé con dos garrapatas conchudas, mostacilla y docenas de piquetes.

Sylvia, Raúl, Ines, Alejandro y yours truly en la Cuenca Mirador.

El viaje a El Mirador fue toda una aventura, hecha más inolvidable gracias a los cuidados y a la extraordinaria habilidad de nuestro guía Henry Darwin; y gracias a la cocinera, Gladys. Por ella teníamos tortillas del comal y panqueques en plena selva. También por el asistente, Wilmer, y por los arrieros Manuel y Rudy que cargaban las 12 acémilas y montaban los campamentos con eficiencia.

Mi corazón se aceleraba cuando entrábamos a algún sitio, cuando mirábamos algún montículo, y más, cuando llegamos a El Mirador. A lo largo de la jornada uno puede llegar a experimentar algo de lo que sentían los primeros exploradores de esas regiones en el siglo XIX. Yo pensaba mucho en Stephens y Caterwood, así como en los Maudslay, y también en mi amiga Mayra, que hace años estuvo perdida en la selva durante dos noches.

En febrero de 2003, en el Museo Popol Vuh, tuve la suerte de conocer a Richard Hansen, el arqueólogo que está a cargo del proyecto de la cuenca de El Mirador. Y en esa ocasión quedé admirado del trabajo que está haciendo. Y desde entonces que tenía ganas de viajar hacia allá. A diferencia de otros sitios desarrollados, El Mirador todavía es un mundo perdido, ¡de verdad! y lleno de tumbas sin abrir. En él, uno no encuentra montones de turistas, ni mucha basura; y entra en contacto extremo con uno mismo, con la naturaleza y con grandes obras del genio humano. Por eso, la visita a aquella ciudad preclásica y los cinco días que pasamos en la jungla, fueron una experiencia física y psicológica inolvidable que enriqueció nuestras vidas.

Columna publicada en elPeriódico.


26
Ene 23

Sopas del corazón y del recuerdo

 

Hay dos sopas que me encantan por deliciosas y porque me traen muy buenos recuerdos.  Sus aroma, sabor y textura tienen el poder de transportarme en el tiempo y el espacio. Una es la sopa de ajos, de la que escribí en diciembre pasado, y la otra es sopa de arroz con menudos de pollo.

Igual que la sopa de ajos, la de arroz con menudos también es comfort food que tiene propiedades curativas no sólo para el cuerpo, sino para el alma.   Tenía añales de no comerla y la extrañaba bastante.

Lleva arroz, caldo de pollo, menudos, tomate y se sazona con clavo de olor, la clave es el clavo de olor.  En casa de mis padres y de mis abuelas se hacía con los piecitos y el cuello del pollo y se picaban los menudos; pero en mi casa se hizo con los menudos enteros y así me gusta más.  En su orden, me encanta comer los corazones, las mollejas y los hígados.  Cada uno con su textura particular.

Me ocurre, como con la sopa de ajos, que comer esta delicia es como recibir un abrazo.

En los años 80 y 90 solía comerla en un restaurante tradicional que quedaba cerca del kilómetro 100 de la carretera panamericana; pero modernizaron el lugar y dejaron de servirla, lo cual fue una lástima.


25
Ene 23

“Los que vivimos”…un obsequio “vintage”

 

Los que vivimos es la historia de Kira Argunova. Se desarrolla en 1920 alrededor de la familia de Kira y su lucha por sobrevivir a los cambios sociales e ideológicos a principios de la revolución bolchevique y de la Unión Soviética.   La película está basada en la novela homónima por Ayn Rand y la semana pasada recibí un bellísima versión en VHS, de 1988, gracias a la generosidad de Lucy A. de Ríos.

La peli, de 1942, fue dirigida por Goffredo Alessandrini y producida por Massimo Ferrara-Santa María.  Este último fue acusado por el régimen fascista, de Benito Mussolini, de haber hecho -intencionalmente- una película de propaganda antitotalitaria contra aquel régimen.  En consecuencia el film fue confiscado por los fascistas y desaparecido hasta que, en 1968, fue redescubirerto por Erika y Henry Mark Holzer. Curiosamente Vittorio, hijo de Il Duce, ayudó a su producción y convenció al ministro de Cultura,  Corrado Pavloni, de autorizar la peli.  En contraste con la reacción italiana, para Joseph Goebbels, en Berlín, Los que vivimos era muy blanda con los soviéticos a quienes los cineastas alemanes describían como animales inhumanos.  El burro hablando de orejas, diría mi abuela.  La información para este párrafo la tomé de textos que acompañan los VHS.

La novela y la peli son de gran valor.  Según Warren Orbaugh, El propósito principal de las cinco novelas de Ayn Rand –IdealLos que Vivimos, Himno, El Manantial, y La Rebelión de Atlasno fue la conversión filosófica de sus lectores (aunque todas tienen un tema filosófico principal), sino que proyectar y hacer real los caracteres que son los héroes de sus libros. El deseo de hacer visible al hombre ideal fue lo que la llevó a escribir las novelas, y la necesidad de definir lo que hace posible a un hombre ideal, la llevó a formular el contenido filosófico de esas novelas.

Dicho lo anterior, Los que vivimos no sólo es una historia de amor conmovedora, sino que plantea un problema de mucha actualidad: ¿Cómo puede vivir una persona buena, íntegra e independiente en una sociedad maligna?

En 1988, cuando fue lanzada la edición que generosamente me obsequió Lucy…en recuerdo del querido Roberto Bobby Ríos, The Boston Globe publicó que We the Living viene de una época en que las películas no se avergonzaban de ser operáticas, lujuriosas y de pura sangreEs una mezcla de “Doctor Zhivago” y “A Tale of Two Cities”.  En el New York Daily, ike McGrady escribió que “We the Living” califica, en todo aspecto, como un tesoro fílmico.  En The New York City Tribune, Nels Ericson escribió que será un crímen que pocas personas vean esta película cuando sea exhibida en la sala de cine de Bleeker St. y en la Carnegie Screening Room; pero es un crimen que esta gran película haya estado escondida y olvidada por cerca de 50 años.  Variety opinó que el de We the Living debe ser considerado un redescubrimiento importante; y The  Hollywood Reporter recordó que la peli es una denuncia moral del colectivismo, según había explicado Holzer.

Leí el libro y vi la peli hace varios años, y me dan ganas de volver a por lo menos uno de ellos.

Como dato curioso que no tiene nada que ver, pero sí,  Rossano Brazzi es el actor que interpreta a Leo Kovelensky en Los que vivimos y protatonizó, en 1975 una película filmada en Guatemala, que se llama El derecho de asilo.


24
Ene 23

Pajaritos de la suerte y otras historias de antes

 

Las siguientes son comunicaciones de, o para el ministro de Gobernación que era Manuel Estrada Cabrera durante la presidencia de José María Reyna Barrios.

  • En 1893 José Mora le pidió permiso al Ministerio de Gobernación para andar vagando por las calles con unos pájaros que adivinan la suerte sacando un papelito y paga la gente medio real.

Hasta hace poco todavía se veían esos pajaritos en las ferias; pero la penúltima vez que fui a la feria de agosto, en la ciudad de Guatemala, noté que ya no los había. Lo bueno es que encontré estos en el mercado de Nebaj.

  • ¿Qué fue de José Mora? No sé; pero en 1894 Asturias, jefe político departamental le comunicó al Ministro de Gobernación que se le dio permiso a N.N. para que pueda dar su espectáculo de pájaros que sacan la suerte.  ¿N.N. era José Mora?

  • En aquella línea de comunicaciones, madame Smith, en 1893, le solicitó al Ministro de Gobernación su autorización para ejercer la profesión de espiritista.

  • Eran otros tiempos, así que, en aquel año, don Manuel Cabral, ministro de Instrucción Pública se dirigió al Ministro de Gobernación para comunicarle que el alumno del Conservatorio de Música, Miguel Gutiérrez se fugó del establecimiento y fue capturado, por lo que solicitó una orden para que fuera recibido un mes en la Casa de Corrección de Menores.  ¿Qué sería de Miguel? ¿Terminaría sus estudios en el Conservatorio? ¿Cómo habrá sido ese mes en la correccional de menores? ¿Por qué se habrá fugado?

  • Como hay cosas que no cambian, en 1894 R. Morales, de la Policía Departamental, le comunicó que el libre acceso a la Plazuela del Teatro Colón -que fue muy dañado por los terremotos de 1917 y 18– da lugar a que en ella se satisfagan necesidades corporales y crímenes.  Lo de la gente que mea y depone en plazas, parques y lugares públicos sigue siendo una realidad muy lamentable.

  • En 1895 Federico Chacón Valenzuela recibió una invitación para asistir puntualmente a las próximas sesiones de la Asamblea.  La puntualidad nunca ha sido una virtud chapina, Federico, ¿era diputado en la Asamblea? ¿Era funcionario del Legislativo, o del Ejecutivo?

Carlos Federico Chacón V. era abuelo de mi abuela, Frances, y padre de mi bisabuelo, Víctor Federico Chacón Ubico.

Carlos Federico Chacón Valenzuela.

En su libro El dictador y yo, Carlos Samayoa Chinchilla describe el derrocamiento de don Jorge Ubico.  Cita al periodista Baltasar Morales y dice: Resulta que el señor Arturo Saravia Ubico, amigo y pariente del general Ubico, cuando salió de su casa el domingo 25 a las nueve de la mañana, se encontró con el aparato de fuerza concentrado en las principales calles de la ciudad y a tiempo que caminaba se puso a meditar -según dice en carta de indiscutible valor documental-, acerca de las graves consecuencias tanto para el gobierno como para el país.  Y decidió consultar con su primo Federico Chacón Ubico, sobre lo que convendría hacer para evitar los males que preveía.  Ambos resolvieron visitar inmediatamente al general Ubico deseosos de hacerle conocer con claridad la gravedad de la situación.

  • En 1896, Julio Lowenthal (¿Sería Julio Lowenthal Behr, o su hijo Julio Lowethal Castellanos?) le solicitó al jefe político, permiso para introducir en los paseos y calles públicas una especie de juego llamado slot-machine.  Cuando yo era niño había tragamonedas en el Aeropuerto La Aurora, cuando ese aeródromo se hallaba donde ahora está la Fuerza Aérea Guatemalteca y luego los había en el edificio que se inauguró en los años 60.  Mi abuela, Frances, disfrutaba de las maquinitas y siempre que íbamos al aeropuerto, con ella, pasábamos un rato jugando.

  • En 1899, Francisco Villacorta, de la Secretaría de Estado, le envió al Ministro de Gobernación el expediente relativo a la denuncia de una mina hecha por Emilio Schuman.

Emilio Schuman.

Emilio Schuman,mi tatarabuelo, era el padre de mi bisabuela, Adela Schuman de Morales (Mami).

La foto de abajo es encantadora porque -aunque es posterior- podría ser contemporánea de la nota con que inicié esta entrada. ¿Puedes leer los nombres de los pajaritos? Juanito, Tintán, Lusero y Jesusito. Supongo que es posterior por el nombre de uno de los pajaritos que se llama como un célebre cómico mexicano que no existía en 1893. Empero, los pajaritos de José Mora no deben haber sido muy diferentes a estos. 

Mujer con pajaritos de la suerte, en mercado de La Antigua Guatemala. La foto es de Mario Fernando Montufar y la tomé de Guatemala del ayer a través de fotografías. 

Gracias a Luis Andrés Schwartz por estas ventanas a un pasado curioso con el que los chapines tenemos conexiones, unas veces familiares y otras veces solamente porque eran parte del día a día en una sociedad guatemalteca que ya no existe, pero de la que venimos.