02
Dic 16

Adiós a la Tía Baby

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La Tía Baby era empresaria.  Tuvo gasolineras en Panajachel y tenía una en la Avenida Elena de la ciudad de Guatemala.  Era bisnera y cocinera respetada. Su fiambre tenía devotos; y en varias ocasiones -sobre todo a principios de los 80- recuerdo haber gozado mucho sus tamales.

En mi niñez su nombre estaba asociado a dos facetas distintas:  Los carros y banderas que regalaba la Shell en tiempos de Le Mans…y creo que también juegos de ajedrez; y fue ella..ella..quien cuando mi padre le contó que yo tenía muy mala letra, le aconsejó que me pusieran a hacer planas.  Y me pusieron a hacer planas…que yo igual no hacía.

La Tía Baby me dio a probar guarapo, por primera vez;  y me enseñó a no devolverles los boletos de las camionetas a los conductores porque se quedaban con dinero que no era de ellos. Una vez, en una excursión, uno de los niños que íbamos en el auto arrojó basura en la carretera e hizo que se detuviera el vehículo, para regresar y recojer el deshecho. De ella es la frase: El que es para vivir, es para vivir; y el que es para morir, es para morir.  Era algo severa La Chata (ese era su otro nombre de cariño); pero a mí siempre me daba gusto verla.  ¡Siempre!   Una vez, hace años, me contó que había destruido todas sus fotos de jóven y a mí me dio tristeza eso.

Janet, que ese era su nombre, era hermana -de madre- de mi abuela, Frances; e hija de mi bisabuela, Adela.  Nació en 1920 y murió a los 96 años.


30
May 16

En recuerdo de la abuelita Juanita

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Escucha el podcast aquí,

Quizás esta es la comparación más inapropiada que he hecho; pero, mi abuelita Juanita era como un ratoncito.  Menuda, silenciosa y discreta.  Era algo estoica…pero con un toque epicúreo.

Me pasaba siempre que, cuando me despedía de ella, se me hacía un nudo en la garganta; y creo que es porque yo tenía la impresión de que atrás dejaba algo muy frágil.  Pero no era así.  Era sólo que su fuerza era escondida y estaba adentro.  En realidad era como un roble, o como un cedro oculto en el cuerpo de una espiga.

En su vida soportó muchas adversidades y traiciones; pero si algún día quieres saber cómo no dejar de ser feliz, y si algún día quieres saber cómo ir por la vida deteniéndote a cada rato para oler el aroma de las rosas…ah, ojalá y hubieras conocido a esta dama.

No recuerdo qué música le gustaba y no veía la televisión; pero escuchaba la radio. Una vez, una sola vez que yo oía Y tú te vas, de José Luis Perales, me comentó: Que triste es esa canción.  Y le gustaba mucho leer Selecciones. Decía que los Corn Flakes ya no eran como antes, porque antes sabían a malta y ahora no.  Decía que los perfumes y las aguas de colonia de ahora no eran como las de antes; y nunca le gustó ninguna de las que yo le daba a oler.

Era dulcera y media.  Mi madre cuenta que una vez se comió varias docenas de higos en dulce; y en su casa siempre había frutas en almíbar.  Cuando no eran higos, eran manzanas, o mangos, o los que más me la recuerdan a ella: duraznos y cerezas. Ella me enseñó a hacer huevos chimbos.

En su casa, la carne, las frutas y las verduras siempre eran del día.  Ahí no había tales de comprar provisiones para la semana, o la quincena.

Después del terremoto de 1976 vivió en casa de mis padres un tiempo; y en la noche, cuando yo iba a darle las buenas noches, siempre me ofrecía una copita de licor de Apry que había rescatado de aquella tragedia.  Durante ese tiempo, oí de sus labios, durante largas conversaciones a media mañana, historias emocionantes y conmovedoras de su vida, que había sido una de novela. Las guardo como tesoros en mi corazón, y estarían en cintas si no se hubiera dado cuenta de que una vez la estaba grabando a escondidas y no me hubiera pedido que borrara la cinta.

La abuelita Juanita roncaba como olla de tamales. Dormía la siesta.  No usaba anteojos. Caminaba rapidito.  Iba a misa, pero no era fanática.  Tenía sentido del humor.

Cuando mis jóvenes padres viajaban -o andaban de parranda- mi hermano, Juan Carlos y yo íbamos a vivir a la casa de la abuelita Juanita y de La Mamita (su hermana). Ese era un mundo centrado en nosotros; ligeramente sobreprotector, pero enormemente creativo y entretenido, que se podría decir que, a veces hasta se ponía un poco alejado de la realidad.

La abuelita Juanita era un ratoncito; ¡pero qué ratoncito!

En la foto, la abuelita Juanita es la tercera de izquierda a derecha, de pie.  Las otras son primas suyas.


17
Jun 14

Recuerdos en el Día del padre

Recuerdos del Día del padre

Mi padre -Luis- era un personaje divertido y alegre.  Generoso. Era un buen hombre y es una lástima que haya muerto antes de conocer a sus nietos y antes de ver que sus hijos y sus familias crecimos y somos  felices. Es una lástima que no esté viendo el Mundial con mi madre.  A veces… hasta extraño las discusiones que teníamos.  No, eso no.

Un ejemplo de su espíritu juguetón era el juego de buscar el tesoro que armaba ya fuera cuando El ratón nos dejaba dinero a cambio de dientes, a mis hermanos y a mí; o cuando cumplíamos años.  Las fotos que acompañan esta entrada son muestras de uno de esos juegos.  Este fue en una ocasión en la que fui a pasar mi cumpleaños a Panajachel.  Al volver me estaban esperando en casa no con un regalo, sino con un sobre que contenía la primera instrucción: Happy Birthday Luisito, busque debajo de su almohada.

Luego de eso se desató el recorrido por toda la casa en el cual yo iba siguiendo las instrucciones y las pistas, y mis padres y mis hermanos iban detrás divirtiéndose como micos y emocionados, conmigo, por el misterio y la emoción.

A la primera instrucción seguía otras:

Manix tiene sorpresa, papás, Hnos, Nacho y Manix, etc. etc. etc.  Manix era uno de los perros de la casa y a Nacho -que era un gallo que nos habían regalado; ya sabes: Nacho, el gallo más macho.  Y la siguiente pista estaba en el collar de Manix.

Yu ju. Busque dentro de la caja de juegos de cuero.  Esa una caja con dados, baraja y que había sido de mi bisabuela.

Dentro del congelador de la hielera hay ALGO.

ALGO tenía que encontrar, busque en el limonar del patio de enfrente.

Aquí como hiede, se orinó Manix, busque debajo de la almohada Nona.  Nona es mi madre y ese era uno de sus apodos.

Buscar capítulo XXVII Libro 1 de los Paralipómenos…y uno tenía que averiguar qué jodidos era Paralipómenos.

Me gustan las toronjas.  Busque.  Allí sí verá algo.

Verdad que yáatengo toronjas? Busque debajo de la almohada de papito.  El era papito, claro.

Busque en la maceta de la flor de pascua.

Busque en horno de el comedor.

Te toca ir a la almohada de Guisela.  Guisela es mi hermana.

Dele un beso a La Chuchis, linda.  Ya casi, casi.  La Chuchis era Guisela…y habia que darle un beso.

Dale un beso a La Nona, y ya casi casi. Beto.  Beto era yo, por Alberto.  Me tenia varios apodos: Beto, Beto el recluta, Fray Junípero, Lalo, y algún otro que no recuerdo.

Ahora no recuerdo qué era el regalo.  Lo importante era el juego, el ambiente que se armaba, el cariño que se recibía.  El alboroto familiar.  Es una dicha que haya guardado los papelitos del juego porque en ellos estaba la clave de todo…  Estos son sencillos; pero otros eran más complejos e incluían dibujos: Un perico siendo perseguido por Simón, o Manix, por ejemplo.

Si no has visto, ni llamado a tu padre hoy…¿qué estás esperando?


28
May 14

Mi tatarabuela, la patinadora más elegante

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Mi tatarabuela, Minnie, fue la patinadora más elegante durante una competencia en la pista de patinaje en Yosemite, y como consecuencia se ganó un pastel hermoso. Esto ocurrió en 1885 y mi sobrino, Andrés, lo descubrió ayer.

La noticia fue publicada en el Daily Bulletin de Honolulu, en Hawaii el 15 de abril de 1885; y dice que La pista de patinaje en Yosemite estaba bien llena la noche anterior, y la atracción fue la de patinar para competir por el premio que era un pastel hermoso. Un buen número de señoritas compitieron por el premio, que le fue otorgado a la señorita Minnie Hart, quien fue declarada como la patinadora más elegante. La duda es si aquella pista de patinaje -en Yosemite, California- era de hielo, o era para patines de ruedas. 

No fue la única competencia de patinaje que ganó.  El Daily Bulletin del 24 de junio de 1885 reportó que en Central Park (¿NYC, o Central Oahu Regional Park?) Minnie se ganó un elegante vestidor de “plush” carmesí, con valor de $25.  En junio no hay nieve, y menos en Oahu…de modo que, ¿podemos suponer que el patinaje era con ruedas?

Yo no heredé la gracia patinadora de Minnie ya que la última vez que patiné con ruedas fue ca. 1975 y me dí un sentón que literalmente me dejó viendo estrellas.

Mi sobrino, Andrés, se ha dado a la tarea de hacer un árbol genealógico y está haciendo un buen trabajo.  Ha encontrado documentos muy curiosos.

Abajo la foto de Minnie.

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30
Mar 14

Pepián con espinazo, ¡que dicha!

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El pepián es una de mis salsas chapinas favoritas.  Me gusta muchísimo su sabor a semillas y a tortillas de maíz bien tostadas.  Eso es lo que, además, le da su color característico.

El viernes disfruté de una cena magnífica -en familia- en casa de mi tía Ana María; cuya cocina merece una ovación de pie.  ¿Qué cenamos? Pepián con espinazo y de postre moyetes.  El espinazo es una carne muy sabrosa y como viene acompañada con hueso le da al caldo un sabor intenso y profundo.  Y a mí me gusta comer la médula que hay en el hueso ya que el espinazo es la espina dorsal de la res.

¡Me encantan los ataditos de ejotes! y me encantan los moyetes.  Los del viernes estaban bien caladitos, cremosos en el centro y con su ciruela.

Tenía añales de no comer espinazo y el pepián lo he comido con carne de gallina, con carne de pollo, con carne de res y con tres carnes: gallina, res y cerdo.  El espinazo es delicioso con frijoles blancos.

Una cena magnífica, en compañía de personas queridísimas…¿qué más puede pedir uno?


22
Dic 13

Mi bisabuela y sus hijos en 1940

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Mi sobrino, Andrés, anda escarbando cajones y mandando correos en busca de sus raíces; y en esas estaba cuando una genealogista de Arizona, descendiente del hermano de mi bisabuelo, Federico, le envió esta foto.

Al frente están mi abuela, Frances; y luego mi tía abuela, Adelita; mi bisabuela, Adela (Mami); mi tía abuela, Janet (Baby) y mi tío abuelo, Emilio.  Atrás, mis tíos abuelos Jorge y René.  Frances era la madre de mi padre.

Esta foto no la conocíamos ninguno de los familiares en Guatemala y ve como son las cosas que fue a aparecer a miles de kilómetros de aqui.  ¡Que maravilla es la tecnología que permite estos descubrimientos!

Me encanta la foto, tan 1940 y todos elegantes y jóvenes.


20
Ago 13

El conservadurismo y la familia

Este es el programa Dimensión TV que fue transmitido el 18 de agosto pasado.  En él, Ana Sylvia Monzón y Warren Orbaugh explican la naturaleza de la familia en el siglo XXI y los orígenes de esa institución. También cuestionan los paradigmas conservadores y los mitos más comunes y generalizados sobre la familia.


19
May 11

Recuerdos de la Tía Adelita

Mi anéctota favorita, sobre mi tía Adelita es la siguiente: Ella y mi abuela, Frances, discutían con alguna frecuencia.   Y mi abuela siempre creía tener la razón, en el supuesto de que Adelita siempre estaba equivocada;  y por eso, la tía Adelita apodó a mi abuela Mrs. Right. (Adelita being Mrs. Wrong).

Un día cualquiera llegó una turista con algo que Adelita no podía resolver, así que le dijo: Please, go ask Mrs. Right.  Y la viajera se dirigió a donde estaba mi abuela, a quien le preguntó: Are you Mrs. Wright?; pregunta y guasa que dejó a mi abuela sin palabras y algo mosqueada por el ingenio de su hermana.

Mira tu como son las cosas.  Adelita murió el 18 de mayo de 2011; y Frances falleció el 18 de mayo de 2007.

Adelita fue una emprendedora que trabajó duro y al frente de su Hotel Cacique Inn hasta que sus ojos no pudieron seguirle el paso.  Ella tenía la pasión de la hotelería y sabía compartirla con otros.  Sabía cómo hacer que otros se sintieran bienvenidos y apreciados.

Fue madre y abuela cariñosa y generosa.  Daba cuando tenía, y daba cuando no tenía.  Y daba con cariño.

Yo pasé muchísimas temporadas inolvidables, en Panajachel, gracias a aquella generosidad suya, y gracias a aquel cariño suyo.   Muchas tardes y noches las pasamos paseando, platicando, escuchando música, o viendo televisión.  Mi papá y mi mamá la querían mucho, y estoy seguro de que siempre le agradecieron mucho el cariño que me daba.

La tía Adelita daba buenos consejos como el de siempre guardar algo for a rainy day.  Y tenía algunos dichos que a mí me causaban gracia: Santo rogado, santo cagado, era uno de ellos; y el otro era He smells like a house on fire.

¡Aaaaah, como se veía elegante con sus huipiles!  Yo siempre la recuerdo usando hermosísimos huipiles que sabía lucir muy bien.

Era muy difícil para la comida; pero una de las veces que más me la disfruté, fue una ocasión en la que –parados junto a la olla y la estufa– comimos jaibas hasta que teníamos los dedos bien lastimados.  Se gozaba, muchísimo, los palitos de queso que le enviaba a veces.

La primera memoria que tengo, de ella, es de cuando a la edad de 6 años pasé mis primeras vacaciones sólo, allá en Panajachel.  No nos dejaba sólos a los niños; pero su presencia no era opresora, ni nada parecido.  ¿Y la última vez que la ví? Hace unas semanas, cuando ya se veía malita, pero aún pudimos platicar.  Aún pudo tomar mi mano y aún pude sentir su cariño.

Heredera de la tradición hotelera de mi bisabuela, Adela, la tía Adelita fue un pilar importante para su familia y para su comunidad, el Panajachel en el que vivió, en el que trabajó, y en el que pasó sus últimos días.

En mi vida, la tía Adelita deja la huella de su sentido del humor, muchas alegrías y sólo buenos recuerdos.

La foto es de mi tìa Adelita y mi abuela, Frances, ca. 1940.


06
May 11

A Nora y a todas las madres

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Un día pasé por su casa y estaba feliz porque ayudaba a uno de mis sobrinos con su álbum del Mundial. Si hubieras visto las chispas que salían de sus ojos cuando contó que ya solo les faltaban 26 estampas, sabrías por qué es que es imposible no sentir admiración y cariño por esta septuagenaria que sabe cómo apasionarse como niña.

La admiro porque ha llevado la adversidad con dignidad; porque cuando faltó mi padre no se intimidó y porque si lo hizo, sus hijos no nos enteramos. La admiro porque sabe ser la voz de la razón, en medio de la confusión; porque sabe conservar la serenidad, en medio del caos; y porque siempre tiene palabra de consuelo para cuando hacen más falta.

La admiro porque es generosa, paciente, comprensiva y alegre. Aunque fracasó miserablemente en enseñarme a bailar, nunca se desanimó en esa empresa. Y aunque ella baila fabuloso, nunca se avergonzó de que su primogénito tuviera dos pies derechos.

Sin duda que Nora tiene un manual de cómo ser madre… y lo aplica en su versión de cómo ser abuela. Sus nietos la adoran y sé por qué. Porque contagia alegría, porque no pierde la cabeza y porque sabe lo que es la justa medida.

Que sea divertida, generosa y paciente, no quiere decir que no sepa cuándo apretar el tornillo. Una mirada suya solía ser suficiente para evitar travesuras y conductas infantiles. Y si la mirada no bastaba, pues ahí iba un pellizco seguido de la sentenciosa frase: Te-es-tás-lu-cien-do.

¡Nadie! hace mejor fiambre, mejor lasagna, mejores pies, ni mejores galletas que ella. Se goza igual, una tortilla con sal, que cualquiera de las comidas que he mencionado antes; y tiene un green thumb increíble para los culantrillos.

A mi lado estuvo cuando me dieron varicela, hepatitis y malaria; estuvo de mi lado cuando perdí un año en el colegio y cuando perdí mi primer empleo; estuvo cuando perdí a mi padre y cuando me le escapé a la parca. Ha sabido estar en las buenas, y se las arregla para estar en las malas. Sabe cuándo hay que abrir una botella de vino, y sabe cuándo es mejor que haya silencio. Nora se ve menuda, pero siempre ha sabido cuidar a sus cachorros.

A quien se le acerque con cariño siempre ha sabido ofrecerle un hogar feliz y un rincón a su lado; y aunque a veces no todo ha salido bien, lo cierto es que donde ella está, siempre hay lugar para la alegría, para la luz, para las cosas algo locas, para los aromas y sabores olímpicos y para la generosidad. A Nora, y a todas las madres: ¡Feliz Día de la Madre!

Esta columna fue publicada en El Periódico.


17
Jun 09

Padre Nuestro

Esta es la nota que, sobre mi padre, escribí para el 17 de junio de 2006; la comparto con ustedes porque hoy es el Día del Padre y porque entonces no existía este espacio:

“En 1986 las campanas doblaron por mi padre, que dejó de existir casi a la misma edad que tengo ahora; y desde entonces, el Día del Padre no ha sido lo mismo para mí.

Extraño a mi padre cuando tengo un éxito, y lo extraño más cuando tengo un fracaso. Lamento mucho que no esté aquí para ver a sus nietos creciendo y para ver sus caras de felicidad cuando gana su equipo en el Mundial de Futbol.

Mi padre me enseñó a limpiar calamares, a sentarme a leer tranquilamente al final de la tarde, a montar moto, a cangrejear en la playa, a preparar Bloody Marys, y a cantar En un bosque de la China y Pajarillo barranqueño.

Me enseñó a hacer castillos de arena y me construyó un invernadero cuando yo era orquideólogo. Me enseñó tiro al blanco y seguramente hubiera preferido que yo fuera beisbolista, a que fuera orquideólogo; pero recuerdo que estaba muy contento cuando gané mi primer Mención Honorífica en una exhibición nacional.

Con mi padre íbamos a La Placita Quemada a comprar mariscos, donde una señora que tomaba sangre de tortuga.

Íbamos cada 1 de noviembre al Cementerio General a visitar la tumba de su padre, y con mis hermanos entrábamos a pie. Él, además, había inventado la historia de un lorito suyo, de nombre Vito, que había sido piloto. El avión de Vito había sido derribado durante la Liberación y se hallaba enterrado cerca de la tumba de mi abuelo. Así que mis hermanos y yo llevábamos flores para el padre de mi padre, y flores para el lorito caído.

Al final de sus días discutíamos mucho. Él, sin lugar a dudas, era un constructivista irredento; y yo, soy un convencido total de la existencia de órdenes espontáneos. El era un apasionado con un corazonote así de grande; y yo que soy un objetivista, que sin duda le parecía exageradamente racional.

Mis padres eran muy jóvenes, y nada me daba más gusto y orgullo que el mío me presentara como su hermano y que cuando iba por la calle, con mi madre, alguien silbara y me dijera, ¡Adiós, cuñado!

Su última foto se la tomé junto a su Mustang, el mismo en el que hizo su viaje final. Y por cierto que, pocos años antes, había pasado por una crisis financiera. Eso lo lastimó mucho; pero nunca perdió su magnífico sentido del humor. De hecho, para pasar el aguacero vendía contratos funerarios; y en sus tarjetas, ¿qué cree usted que decía? Luis Figueroa, asesor en viajes celestiales.

La última vez que lo vi yacía bien rasurado, todo conectado a tubos, inconsciente, y aparentemente tranquilo.

Y no alcancé más que a decirle, muy quedito y entre dientes: ¡Gracias, fuiste un padre divertido! y te voy a extrañar”.

…y en efecto…lo extraño.