23
Nov 17

¿Y por qué celebramos el Día de Gracias?

En el siglo XXI -y seguramente para muchos de los lectores de este espacio- es difícil dimensionar apropiadamente lo que significa poner en la mesa comida abundante y poder compartirla con las personas a las que amamos, respetamos y admiramos.  Tal vez por eso es que a los destruccionistas no les gusta la celebración del Día de Gracias.

Creo que es un buen día para ver Saints and Strangers, en Netflix y poner en perspectiva el contexto filosófico, jurídico, económico y políticamente hostil en el que se originó la fiesta de hoy.  También te recomiendo este artículo El gran engaño de Acción de gracias.

Estas es una celebración que festeja la vida, la productividad, el ahorro y a la familia y a los amigos.  Y no hay que hacerse el papo, ¿a quién no le gusta celebrar aquello? ¿Qué no es eso lo que hacemos el 1 de noviembre con el fiambre? Celebramos virtudes burquesas y el sistema que ha permitido que los pavos y otras delicias no sólo sean para as aristocracias, las oligarquías y los obispos.  ¿Qué sistema es ese? El que respeta los derechos individuales de todos por igual, el que respeta el proceso de mercado, el que favorece el intercambio y abomina de las relaciones forzadas, go figure. Tal vez por eso es que a los destruccionistas no les gusta la celebración del Día de Gracias.

Hace un momento mi familia y yo celebramos con una deliciosa cena.  Fue una cena íntima, en casa de mi madre. Gracias a todos porque no sólo es que la cena estuviera deliciosa, sino que nos divertimos como micos y siempre es maravilloso sentir ese cariño que sólo se siente alrededor de una mesa cuando se juntan tres generaciones.

El pavo y los demás componentes de la cena no aparecieron de la nada.  Fueron posibles gracias al ingenio, la empresarialidad y la productividad de miles de personas que no conocemos. Fueron posibles gracias a nuestra productividad y a la de quienes nos facilitan ser productivos. Fueron posibles gracias a quienes los transportaron y a quienes nos lo vendieron. Fueron posibles porque ahorramos y fueron posibles porque muchos participaron en su elaboración.

En este día, no está de más darles las gracias a aquellos y a quienes valoran nuestros talentos humildes. Gracias a los agricultores, transportistas, comerciantes, industriales, científicos, técnicos y demás que hicieron posibles el pavo, los tomates, las papas, los camotes, los panes, las arvejas, el tocino, los pasteles y demás.  Gracias a quienes lavaron los platos, los moldes, los cubiertos y demás.  Gracias a quienes hicieron el vino y las gaseosas.

Gracias a mi madre que siempre tiene espacio, siempre tiene tiempo, siempre tiene ganas, siempre tiene buenos consejos, siempre tiene amor, siempre tiene sentido del humor, siempre tiene alegría, siempre nos reúne…y ya no da paletazos.    Gracias a mi familia por mantener la tradición.

Actualización: Hice una consulta entre los lectores de @luisficarpediem y 56 personas contestaron: ¿Celebraste el Día de Gracias?  De ellos 22 dijeron que sí y que lo disfrutaron; 15 lectores dijeron que no, pero que les gustaría; y 19 personas dijeron que no y que ¿para qué? Me cayó dio algo de tristeza que 19 lectores no encontraran motivos para celebrar, o para estar agradecidos.


05
Nov 17

¡Sandwich de fiambre!

Esta es una tradición que tenemos en casa: la preparación de sandwichs de fiambre unos días después de la celebración.

Mis sandwichs de fiambre son elaborados en buen pan francés con mayonesa y algunas carnes (e incluso vegetales) que sobraron y que se han estado marinando en el caldillo.  Se hace con los últimos poquitos de fiambre que se rescatan luego de la comilona.

En el emparedado hay que poner una variedad de carnes y esparcir los ingredientes como caigan, para que cada bocado del sandwich tenga una sorpresa.  Igual te toca una rodaja de butifarra, como te toca una remolacha, un trocito de cesina, uno de queso, o unas arvejas.

Me gozo mucho los subproductos de las festividades.  Por no decir las sobras.  Por ejemplo, del fiambre hacemos los huevos revueltos con lengua salitrada, fritos en aceite de oliva y acompañados por buen pan francés.  Del pavo -en las fiestas de fin de año- me gozo mucho el caldo de huevos; y  los sandwichs de relleno, y de ensalada de pavo.


02
Nov 17

¡Delicioso el fiambre 2017!

Si hace cinco años me hubieran dicho que iba a llegar el día que no podría cenar fiambre luego de almorzar cuatro platos de esa maravilla de la cocina tradicional chapina, me hubiera reído y no lo hubiera creído….pero llegó el día. O más bien, llegó la noche.  Eso sí. Nada impedirá que hoy almuerce fiambre, que por cierto, nos quedó delicioso en casa.

¿Cual es el mejor fiambre? El mejor fiambre es el que sabe como el de la casa de tus padres, como el de la de de tus abuelos, o como el de la de tus bisabuelos; pero también es el que tiene tu toque personal.  Es el que te recuerda tu niñez, tu adolescencia y tu proceso de maduración, y es el que tiene tu carácter.  El mejor fiambre es el que es acerca de tus raíces y acerca de tus ramas…para usar una metáfora como cualquiera otra.

Ya sabes, hay fiambres rojos, blancos y verdes; y cada familia tiene su propia receta y su propia versión de cualquiera de las variedades.  El fiambre es un plato tradicional de la cocina guatemalteca.  Es muy complejo y  requiere de todo el buen juicio,  la pasión y la sazón que puedan tener quienes lo preparan.  Es un plato para compartir con la familia y los amigos.

La fiesta del fiambre no es sólo acerca de comerlo (que ya es bastante bueno); sino acerca de la expectativa, de seleccionar las carnes, los embutidos y los adornos; es sobre la compra de las verduras y sobre el proceso de hacerlo en familia, con amigos y en buena compañía. Es sobre lo que se goza haciéndolo y sobre recordar y recordar las anécdotas relacionadas con su elaboración.

Sospecho que la fiesta del fiambre es el Día de gracias chapín.  La del fiambre es una festividad que celebra los frutos del trabajo productivo y la dicha de tener con quienes compartirlos.  Hace unos años leí, en Twitter,  que la verdadera soledad es no tener quién te regale un buen plato de fiambre.

En casa, este año comenzamos a preparar el fiambre el lunes pasado cuando cocimos y cortamos las carnes y los embutidos:  la cesina, la gallina, el cerdo y el pollo; así como las longanizas y las butifarras.  Nos abundó la mano y cocimos las verduras: zanahorias, arvejas, güisquiles, coliflores y repollos.  Ese día mezclamos los caldos y sazonamos el caldillo resultante con vinagre y miel de abejas.  También mezclamos las carnes, los embutidos y las verduras y el caldillo.  La miel de abejas le da un toque amaderado que en casa apreciamos mucho.

El primer sábado de octubre preparamos el encurtido de remolachas y en esos días hemos encargado los embutidos, así como adquirido los adornos enlatados y conservas. El dia 1 de noviembre, el fiambre lo adornamos camarones, huevos duros rodajados, chiles chamborotes y chiles chocolate, espárragos verdes y blancos, chiles morrones, atún, salmón, sardinas en aceite y en tomate, pepinillos ácidos y dulces, aceitunas verdes rellenas y negras, pacayas, rábanos, perejil colocho y lechugas. .  Ese día también añadimos rodajas de gelatina de cerdo, jamón de sangre, queso de cerdo, salami, lengua salitrada y otros jamones, así como queso duro y queso de capas, y algo de remolachas.

Como ves, la preparación del fiambre lleva varios días de planificación y de ejecución.  Y ya intuirás que, con tantos y tan variados ingredientes se requiere de un balance muy fino para que todo esto salga bien.  Ya no digamos para que salga magnífico y memorable. Las claves para un buen fiambre son: ingredientes de primera, armonía, pasión y tener con quiénes compartirlo.

Una vez un cuate extranjero me preguntó que  por qué es que usaba enlatados y conservas en vez de ingredientes frescos.  El sostiene que si se usan salmón y atún frescos, por ejemplo, sería mejor.  Y puede ser…¿por qué no?  Lo que pasa es que parte de la experiencia del fiambre está relacionada con recuerdos, nostalgia y tradición.  El fiambre, en mi casa, tiene que tener no sólo la sazón particular que nos gusta en casa, sino una íntima e inequívoca relación con los sabores y texturas que recuerdo en casa de mis padres y en casa de mi abuela.  Y allá se usaban enlatados y conservas.

Desde hace varios años el postre tradicional, en casa, es un helado de camotes aderezado con mermelada de mandarinas; y este año venía acompañado con arándanos.  Lo hace Raúl y corona maravillosamente el almuerzo.

Como en años anteriores, el  almuerzo de hoy salió como debe ser…¡Estupendo! Y lo gozamos como debe ser y como siempre, con la familia y amigos.


31
Oct 17

¡Listos para el Jalogüin!

Con la lectura de The Black Cat, por Edgar Allan Poe; y quizás con una probadita del fiambre para mañana, en casa celebraremos el Halloween.

En Guatemala el Jalogüin se fusiona con los dos días siguientes cuando se celebra la vida -con los vivos- (recordando a los muertos) y las familias se reúnen para comer e intercambiar el fiambre. Mi hipótesis, sin fundamento científico alguno, es que la fiesta del fiambre es nuestro Día de Gracias.

La noche de Halloween es importante porque es la víspera.  Es la noche en la que se deja curtiendo el fiambre para comerlo al día siguiente. La noche en la que los ingredientes quedan mezclándose y fusionando sus sabores y aromas. Además es una noche lúdica en la que nos burlamos de la muerte y celebramos la vida; así como es noche de brujas, de hechicería y de otros productos del misticismo, que también son objeto de mofa.

En el día 1 las familias recuerdan a los que han fallecido y alrededor de un plato opulento –que incluye carnes, embutidos, vegetales y adornos exuberantes–  celebran que están unidas, que pueden comer aquellas delicias y que puedan compartrirlas; compartir el fiambre es muy importante.

El fiambre, como el pavo y otras maravillas del Día de Gracias en otras latitudes, no es posible sin trabajo productivo, ni cosechas, ni ahorro, ni salud, prosperidad y talento. La del fiambre es una festividad que celebra los frutos del trabajo productivo y la dicha de tener con quienes compartirlos.  Hace unos años leí, en Twitter, que la verdadera soledad es no tener quién te regale un buen plato de fiambre.

De vuelta al Jalogüin, no es cierto que la tradición de pedir dulces en la noche de hoy sea ajena a la cultura chapina. Los niños de antaño, durante lo que ahora conocemos como Halloween, iban de casa en casa recitando: Angeles somos/ del cielo venimos/ cabecera pedimos./ Si no nos la dan/ puertas y ventanas lo pagarán. Era la versión criolla del trick, or treat; y si los críos no recibían sus dulces de ayote y de jocotes manchaban puertas y ventanas con cal.

Ahora está de moda quejarse del Halloween porque hay gente que dice que es cosa del diablo, queja que me parece tan absurda como el tema de los encantamientos.  ¿Qué de diabólico puede haber en un montón de críos pidiendo dulces?  El hecho es que eso es lo único que les importa a los niños. ¿Y a los grandes? Pues a los grandes nos gusta la parranda…¿y qué?  De todos modos, sospecho que el diablo tiene mucho que ver con los prejuicios de aquella gente que teme que alguien, en algún lugar, esté siendo feliz.   Como dijo Facundo Cabralhay que ser feliz en este mundo; porque los que no son felices se la pasan jodiendo a los demás.

Para ponerte en el modo jalogüin, te recomiendo All Souls Night, de Loreena McKennit.

Imagen de previsualización de YouTube

.

De cualquier manera, una fiesta en la que se celebra la vida y en la que se hacen befas del misticismo; una fiesta en la que se celebran la bonanza y la prosperidad, y una fiesta en la que la familia es el núcleo unificador, es una fiesta que merece ser celebrada.


25
Oct 17

¡Ya es temporada de barriletes!

En Guatemala -y con estos vientos- esta es la temporada de barriletes, cometas, papalotes o chichiguas.

Al nomás despedirse la temporada de lluvia, los cielos de Guatemala se tornan cristalinos, brillantes y de un azul intenso…y entonces vienen los vientos que son propicios para volar barriletes.

Aquí se hacen con cañitas de bambú y con papel de china colorido. Las colas se le hacen con papel periódico, o con trapo, dependiendo del tamaño del barrilete.

Yo solía volar barrilete cuando vivía en la casa de mis padres y cerca de ahí había un campo abierto, muy propicio para ese juego. ¡Tuve uno que me duró tres años!

Mi historia favorita con los barriletes tiene que ver con su nombre. En otros países se les llama cometas o papalotes; y en la República Dominicana, por ejemplo, se les dice chichiguas. Ahora bien, aquí, en Guatemala, las chichiguas eran las nodrizas indígenas de la villa de Mixco que, hasta temprano en el siglo XX, venían a amamantar a niños de la ciudad de Guatemala cuyas madres no podían, o no querían, darles el pecho.

De ahí la frase mi hermano de leche, para referirse a aquellos con los que se había compartido el pecho.

De paso, en esta temporada me viene a la mente Quincho barrilete.

Imagen de previsualización de YouTube

.
Los barriletes de la foto los vi en mi excursión del sábado a Chuwa nim abaj.


16
Sep 17

¡Ya hay pasteles de Luna!

Con todo el alboroto que hay, por poco se me olvida: ¡Ya es temporada de pasteles de Luna!

En el mismo mes que llega el otoño en el hemisferio norte -y mi cumpleaños- vienen los pasteles de Luna.

En China, es costumbre que en esta  temporada y en celebración del Festival Zhongquiu o Festival de la Luna, sean elaboradas estas delicias. Los pasteles de Luna son densos y pesados comparados con los pasteles occidentales tradicionales, y suelen estar decorados con caracteres que aluden a la felicidad, la longevidad y otros buenos deseos, acompañados por imágenes de conejos y flores entre otros.

A mi me gustaron desde la primera vez que los probé, seguramente allá por finales de los años 90, gracias a mis amigos de Taiwán; y desde entonces siempre estoy pendiente de que salgan a la venta en estos días. En Guatemala los venden en el restaurante Lai Lai.  Los hay sin huevo y con huevo.  Los primeros no serán ajenos al gusto occidental y de hecho pueden recordar algunos dulces tradicionales chapines hechos con camote; pero los segundos sí son un gusto adquirido que, a quienes nos fascina la comida oriental, nos parece encantador.


10
Sep 17

Preparados para la fiesta del 15

JiLa presencia de vendedores de banderas, en las calles, es el distintivo característico de la primera quincena de septiembre en Guatemala.  Esto es porque el 15 se celebra la fiesta de Independencia.

Dicha fiesta se celebra con las tradicionales antorchasdesfiles, bandas, y otras expresiones de alegría popular en las que cada año recomiendo participar.  Los que ya las conocemos disfrutamos de ellas y de compartir la alegría de la gente; y quienes aún no las conocen, si tienen una mente activa y espíritu celebratorio, esta fiesta es una ocasión para compartir lo que nos une y lo que podemos disfrutar con otras personas que también tienen enterrado su ombligo en Guatemala.

Este año me ha llamado la atención que, a pesar de que los vendedores de banderas casi en todas partes, pocos automovilistas han puesto una en sus vehículos, a diferencia de lo que ha ocurrido en años anteriores.  Mi hipótesis, sin fundamento científico alguno, es que el deterioro político que ha habido en 2017 está afectando muy negativamente a muchas personas.  Los ambientes de inestabilidad y de enfrentamiento están inhibiendo la identidad de valores que podría unirnos.  La estrategia de Divide y vencerás, sembrada por grupos políticos que viven del conflicto, y le hace creer al guatemalteco promedio que este es un estado fallido, es una semilla que está echando raíces.

Ojalá que me equivoque.  Ojalá que me equivoque.

Este año parezca inapropiado celebrar independencia…y menos libertad. Empero, el espíritu de derrota no es opción.  No con ánimo nacionalista, y menos con espíritu patriotero, espero que el jueves haya muchas antorchas en el Monumento a los Próceres y en calles, barrios, carreteras y poblaciones; y espero que el viernes haya desfiles, bandas y mucha alegría en el Centro de la ciudad de Guatemala y en todas partes, donde se pueda.  Espero que las notas del Himno nacional lleguen a las misiones de las zonas 10 y 14. No por chauvinismo, sino porque, como escribió Luis Cardoza y Aragón: No amamos nuestra patria por grande, o por pequeña; sino porque sencillamente es la nuestra.


20
Ago 17

¡En la Feria de Jocotenango!

Como quien dicen nada, llegó y se está yendo la Feria de Jocotengango o Feria de agosto en la ciudad de Guatemala.  Es la primera de la cadena de festividades que caracterizan al segundo semestre del año.  Luego viene la fiesta de Independencia, el Halloween, el Día de los muertos y el Día del fiambre o Día de todos los santos; la Quema del diablo y la celebración de la navidad, o del solsticio de invierno.

Escucha el podcast aquí.

Cada quien vive esas celebraciones a su modo y de acuerdo con sus particulares valores.

Para mí, la Feria de Jocotenango es de sabores, aromas, texturas y colores.  Es la variedad asombrosa de dulces, unas garnachas con chela (gusto adquirido más recientemente), churros, tacos, atol de elote y elote asado. Este año, sin embargo, descubrí que ya no puedo con el menú completo.

Los que visitan este espacio con regularidad saben que voy a la feria desde que era niño y que luego abandoné la práctica cuando aquella festividad decayó en calidad y seguridad. Hace varios años retomé la costumbre acompañado de un grupo de amigos queridos y siempre la pasamos bien.

Un par de cartones de lotería y los premios del tiro al blanco le agregan emoción a la experiencia.  Pero este año hacía mucho calor y entre las risas, las conversaciones y el antiguo arte de people watching, se me olvidó hacer unos disparos. ¡Es primer año que regreso de la feria sin premios!

Regresé, eso sí, cargado de dulces.  Mis favoritos siempre son la conserva de coco, la pepitoria, los encanelados, las canillitas de leche, los mazapanes, los chilacayotes, los higos y las cocadas.  A mí me encanta comerlos para el desayuno; pero también los disfruto cuando vuelvo a casa, en las tardes, luego de un día productivo.

Mi primer recuerdo de la Feria de Jocotenango es de cuando estaba en primer grado de primaria. Mi padre y mi tío Freddy nos llevaron a mi hermano y a mí; y en el tiro al blanco me gané una botellita de vino que mi mamá usó para sazonar un pollo.

También recuerdo que me dio miedo pasar junto a las carpas en las que eran exhibidas la mujer araña y el niño gusano. ¿Por qué es que ya no hay ese tipo de espectáculos en la feria? ¿La gente dejó de disfrutar de aquella candidez?

En aquella visita a la feria recuerdo que subimos a uno de esos aparatos que dan vueltas y que me bajé totalmente mareado. No volví a sentir nada tan espantoso hasta hace unos unos años, en Sumpango, cuando tuve la mala idea de subirme a la rueda de Chicago.

De la feria me fascinaba cómo cantaban lotería; y en casa mi tía abuela La Mamita imitaba muy bien a los de la Feria: ¡El Sol, cachetes de gringo! ¡El negrito, calzón rayado! ¡La muerte quirina, que andando se orina! Ojalá me acordara de más de esas frases, que no volví a oír hasta el año pasado.

Imagen de previsualización de YouTube

16
Abr 17

En celebración de la fertilidad

Con el equinoccio de primavera se celebra el regreso de la luz -luego de los meses de oscuridad en el invierno- y se celebra la fertilidad.  De ahí los colores alegres de esta fiesta, y los conejos.

Son los colores del amanecer y de la vida tibia, suave y agradable propia de la primavera, donde la hay..  Nosotros en el trópico no tenemos inviernos largos y oscuros; pero una fiesta es una fiesta.  Mi abuela, Frances, solía estrenar  algo de ropa en esta fiesta y los colores que usaba eran los propios de la festividad.

Los colores  son importantes porque los de la pascua milenaria contrastan grandemente con los de la semana santa que son el negro y el morado.  El negro es el color de la muerte, de lo oscuro, del vacío, de la soledad, de la noche, del mal y la tristeza.  El morado (violeta, o púrpura) es el color del poder, y de la magia y de la fe (frente a la racionalidad); es el color del confesionario (de la culpa) y de algunos ritos funerarios.

Cuando yo era niño, el conejo llegaba a la playa, a Panajachel, a la casa -o donde quiera que estuviéramos-  porque mis padres acarreaban huevos de chocolate, o de almendras.    Sin que los chicos nos diéramos cuenta, mis padres  y tíos escondían los huevos en el jardín y en el momento oportuno nos decían que el conejo había pasado y que saliéramos a buscar los huevos. Cuando los mayores crecimos, se nos enviaba a alguna habitación lejos del jardín y -aunque ya sabíamos que eran mis padres y tíos los que escondían los huevos, y que no había tal conejo- igual disfrutábamos de salir a buscar y encontrar los dulces.

Aquella tradición es de origen germánico y precede al cristianismo; pero también las culturas mesoamericanas tienen conejos benefactores involucrados en sus leyendas.   En la luna llena, donde otras culturas ven la cara de un hombre (o la de Jakie Geason), los pueblos de mesoamérica (como los chinos) ven un conejo.  ¿Y cómo fue a parar ahí?

Según un mito de Chiconamel, del norte de Veracruz, cierto dios ocasionó un diluvio universal; y un hombre y su familia se salvaron contra la voluntad divina porque se escondieron en un cajón, siguiendo el consejo que les dio un conejo.  El dios que había ocasionado el diluvio se enteró de los sobrevivientes cuando estos encendieron fuego para asar pescados; y entonces el conejo fue castigado y por salvar a los hombres fue condenado a alumbrarlos y fue transformado en la Luna.  Esto lo leí en Imágenes de la mitología maya, por Oswaldo Chincihlla.

Me gusta mucho esta fiesta porque es alegre y colorida. Desde tiempos muy antiguos, el conejo era un símbolo de la fertilidad asociado con la diosa fenicia Astarté, a quien además estaba dedicado el mes de abril.  En recuerdo de aquella diosa, a la festividad de pascua se la denomina Easter, en algunos paísesEsto es porque también era la festividad de la primavera para honrar a la diosa teutónica de la luz, a quien se conocía en el mundo anglosajón como Easter.  Para el siglo VIII los anglosajones ya habían tomado dicho nombre para la fiesta que los cristianos celebran ahora.


15
Abr 17

El bacalao es el rey de la fiesta

Espero el bacalao con tanta ilusión como espero el fiambre de noviembre y los tamales de diciembre. Desde niño me gozaba mucho la textura y el sabor característicos de este pescado preparado hábilmente por mis abuelas y luego por mi madre. Cada receta con su carácter propio, pero enraizada profundamente en una tradición larga.

Me gusta comerlo caliente, al tiempo y frío.  Acompañado por arroz  (y este año lo acompañamos con aguacate y fue buenísima idea).  Me gusta acompañarlo con un buen carmenere, con un buen shiraz, o con cerveza.  Y si es de boca, en la noche, con un buen whisky. Es una delicia remojar pan francés, de horno de leña, en esa salsa intensa.

En casa nos gusta que el de hoy sea un almuerzo ceremonioso, que subraye el carácter festivo de la  ocasión en la que se comparten los alimentos, las risas y los buenos recuerdos.

Como dijeron Les Luthiers: El lenguado es alabado, y el bacalao es alabao.

Actualización: Consulté con los lectores de @luisficarpediem con respecto a si les gusta el bacalao; y de los 35 que contestaron, 23 dijeron que si les gusta, y mucho; en tanto que 12 dijeron que no.