25
Dic 16

El “cueterío” de anoche

Imagen de previsualización de YouTube
¡La madre del cordero!, ¿peroetoquee, illo?, dijo mi cuate, Manuel, cuando vio el vídeo de la cohetería en la ciudad de Guatemala con ocasión de la noche de anoche.

Una vez leí que alguien le llevó unos indígenas a Fernando VII y temprano, en la mañana, el rey felón les preguntó a los visitantes que, qué estarán haciendo sus coterráneos a esa hora, y los indígenas contestaron: Quemando “cuetes”. El monarca hizo la misma pregunta al medio día y obtuvo la misma respuesta.  Al anochecer, el rey volvió a preguntar y la respuesta fue Quemando “cuetes”.  Cierta, o no esa anécdota, lo cierto es que a los chapines nos encanta quemar pólvora, y que no hay fiesta chapina que se respete sin fuegos artificiales y petardos.

La cohetería de la Nochebuena chapina nunca deja de maravillarme.  Toda la noche, desde que oscurece, la ciudad se ilumina con fuegos artificiales aquí y allá; pero a la media noche los fuegos y las luces alcanzan intensidades formidables.  En toda la ciudad de Guatemala -y supongo que también en otras poblaciones- los juegos pirotécnicos nos fascinan a quienes tenemos la dicha de disfrutar sus formas ingeniosas y sus colores.

En la antigüedad el solsticio de invierno se celebraba porque a partir de ese momento las noches empezaban a hacerse más cortas y volvía la luz.  Por eso es muy apropiado que el fin del 24 de diciembre sea celebrado con luces y fuegos festivos. Que vuelva la luz!…y que los encuentre a ti, a tu familia y a tus amigos rodeados de amor y de paz.

Los chapines tenemos la costumbre de quemar pólvora en grande el 24 a la media noche, el 25 a las doce del día y de nuevo a las seis de la tarde.


25
Dic 16

¡Benditas las manos que hacen tamales!

161225-tamales-luis-figueroa

Escucha el podcast aquí.

¡Benditas las manos que preparan los tamales!…todos los tamales.  ¡Bendito el trabajo productivo que nos permite disfrutarlos! y ¡Benditos mis padres que me ensañaron a gozarlos!

Si visitas este este espacio desde hace algún tiempo habrás notado que es una tradición de mi casa que desayunemos tamales en este día: un negro y un colorado; y sabrás que en Guatemala, las fiestas de fin de año no pueden prescindir de tamales, pólvora, manzanillas y pinabetes.

¡Gozo tanto cuando corto el cibaque y abro las hojas de maxán y de sal para encontrarme con los colores brillantes de estas delicias de la cocina guatemalteca!  Al mismo tiempo, los aromas intensos de ambos tamales invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por una montaña rusa de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado vivo y profundo llegan a mi paladar.

Tengo la dicha de recordar los tamales de mi bisabuela, Mami y los de mi tia Baby.  Y los de mi tía abuela, La mamita,  que nos hacía tamales pequeños para los niños.  Cuando éramos chicos no dejaban que comiéramos la carne de cerdo que venía en los tamales comprados; y una noche, cuando me sirvieron mi tamal, retiré la carne.  Mi madre, al verme me dijo que podía comer esa carne porque esos tamales eran hechos por mi bisabuela.  Y los tamalitos de La Mamita, los recuerdo pequeños, como de 2×2 pulgadas, perfectamente doblados y amarrados.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son -principalmente- colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz y el recado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate, almendras ciruelas pasas, pasas y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina y pollo…e incluso de res.   Eso sí a mí me gustan más los de marrano, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado del altiplano, sino una especie de mole.

Los tamales tienen raíces precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente de Occidente. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras así como las ciruelas, las pasas y el marrano.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentidos.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy espesa.

Hacer tamales es algo muy elaborado.    Hay que lavar y asar las hojas.  La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento.  El año pasado, gracias a mis amigos (y primos) Carol y Manolo, participé en una tamaleada; y fue una experiencia atesorable.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre en San Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.  Son los mejores tamales de todo el universo-mundo. El teléfono de doña Estelita  es 2474-0260.


11
Dic 16

Pinabete y manzanillas

161211-arbolito

La costumbre de adornar un árbol con ocasión del solsticio de invierno es muy antigua y está enraizada en las tradiciones nórdicas.  En mi casa es una de las tradiciones más celebradas en estas fechas.  Cuando llega el pinabete y la casa empieza a llenarse con su aroma, uno no puede sino llenarse de alegría y ese aroma me hace viajar en el tiempo. El aroma del Abies guatemalensis y el de sus inseparables manzanillas me lleva a recuerdos como el de hornear galletas junto a mi madre y mis hermanos; el de quemar cohetillos en la calle con mi padre, o con los cuates; el de los tamales en los desayunos de la temporada; o el del pavo horneado y relleno.

Sin lugar a dudas la mañana posterior al día en que ponemos el árbol en casa es una de mis mañanas favoritas del año.  A quienes leen este espacio, en casa les deseamos que pasen estas fiestas rodeados de amor y cariño, y que 2017 venga lleno de sólo cosas buenas.

Como en años anteriores, nos gozamos un árbol galán; cultivado cuidadosamente en El encanto, Tecpán. Si te gustan los pinabetes los hay hermosos en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


23
Dic 15

¡Al fin participé en una tamaleada!

Haz clic en la foto para ver más fotos

Desde hace varios años yo andaba con la cosa de que quería aprender a hacer tamales. Quería participar en una tamaleada (como se le llama en Guatemala al procedimiento de hacer tamales en familia) y hacer estas maravillas de la cocina tradicional chapina.

Mis amigos (y primos) Carol y Manolo me dieron la oportunidad, ayer.

Hacer tamales es complejo e implica varios procesos paralelos.  En eso se parece a la elaboración del fiambre.  Como con el fiambre, aquellos procesos pueden ser intimidantes, sobre todo porque los tamales requieren de fuego de leña.   Desde muchas perspectivas, la tamaleada es enriquecedora.  El hecho de hacerlos en familia -como ocurre con el fiambre- eleva la experiencia más allá de lo propiamente culinario que ya de por sí es alucinante.

Ahora me estoy comiendo uno de los tamales que hicimos; y sus sabores, sus aromas, y su textura están íntimamente asociados a las emociones vividas durante su elaboración.

Nada en los tamales de Carol y Manolo es casual.  Las hojas de sal para envolverlos son cultivadas en las faldas del volcán de Fuego, las aceitunas son sin hueso y rellenas, la carne de cerdo es de primera, las ciruelas fresquísimas y así puede uno seguir y seguir enumerando.  Y, claro, la sumatoria de todo aquello bueno y seleccionado con cuidado es excelente.  Los tamales son una forma de excelencia que merece admiración y respeto.

¿Cuál fue mi parte favorita de la tamaleada?  El momento de armarlos, envolverlos y amarrarlos.  En el porche de la casa armamos una mesa larga y una línea de ensamblaje que funcionó a la perfección.  Todos alrededor de la mesa, entrándole a los tamales, platicando, comiendo y bebiendo, todos disfrutando de esos momentos valiosos.  Otra característica que se comparte con la elaboración del fiambre.

Algo que nunca había hecho -porque cómo iba yo a saber que puede hacerse- es comer la masa cocida mezclada con recado y acompañada por cerveza.  ¡Ah cosa más rica!

Las fiestas de fin de año chapinas, que en casa empiezan con la quema del diablo, huelen a pinabete, a manzanillas, a pólvora, a ponche de frutas y a tamales.  Tamales colorados y negros.  Cuando era niño, mi parte favorita de estas festividades eran los regalos; y ahora, desde hace años, son los tamales.  ¡Que dicha disfrutar de buenos tamales¡; y más dicha, aún, fue haber participado en la tamaleada!


12
Dic 15

Las fiestas empiezan con el árbol

151212-arbol-de-navidad-luis-figueroa

El aroma del pinabete, las luces y las figuras decorativas alegran las fiestas del fin de año en mi casa. El aroma del arbolito y el de la manzanilla celebran el mensaje de Paz en la tierra, a los hombres de buena voluntad ; y hace un rato me dio los buenos días.

De mi infancia recuerdo varios árboles importantes. En casa de mi abuelita Juanita es imposible olvidar unos chiribiscos hermosamente adornados con cabello de ángel y con luces en tonos pastel. También recuerdo los pequeños árboles que ella, y mi tía abuela La Mamita, solían montar -con primor extraordinario- para mi hermano y para mí, junto a nuestro propio nacimiento en miniatura.

En la casa de mi abuela, Frances, recuerdo que los árboles generalmente pinabetes, o cipreses. A veces adornados con nieve fabricada elaborada en la casa con un jabón que venía en escamas; y siempre llenos de figuras variadísimas, algunas muy antiguas, y luces multicolores. Allá los árboles eran tan altos que mi padre y mi tío Freddy tenían que usar escalera para llegar hasta arriba y distribuir bien las luces y las figuras.

En la casa de mis padres tuvimos toda clase de árboles. Aunque los favoritos eran los pinabetes, tuvimos cipreses, pinos y chiribiscos. En algún momento de principios de los años 70 se pusieron de moda los árboles que ya venían nevados y tuvimos uno de esos. Y en los malos tiempos tuvimos un árbol prestado, y un árbol simbólico, hecho con chorizo de pino, en la pared. Con el árbol listo, ya estamos preparados para los tamales, las galletas, el turrón, el stollen, el mazapán, el ponche, el pastel de frutas, el mincemeat pie, los regalos y los cohetes.

Este año, gracias a doña Mireya, don Ronald y al Rafa, tenemos un árbol galán -cultivado cuidadosamente- que nos llena de alegría la casa. Ese arbolito me trae invaluables recuerdos de decenas de alegres festejos, y promete muchos más; y si usted quiere su pinabete, los hay hermosos en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496.


25
Dic 14

Maravillosos fuegos artificiales de Nochebuena

Imagen de previsualización de YouTube

¡Que cantidad de pólvora queman los chapines en la Nochebuena!  Es maravilloso el espectáculo de miles y miles de juegos pirotécnicos que se encienden desde las 11:45 hasta casi las 0:30 durante esta fiesta.   Lo mejor, claro, es a la media noche.  El cielo oscuro de toda la ciudad de Guatemala se enciende con luces de colores y formas creativas e impresionantes.

Este año tuvimos la buena idea de subir al tejado para ver el espectáculo.  El vídeo muestra casi 360 grados de hermosos colores, formas y estallidos.  Algunos muy cercanos -digamos 100 metros- y algunos hasta en los últimos rincones de la meseta que ocupa esta ciudad.

¡Por supuesto que no hay Navidad chapina sin cohetes!  Cuando yo era niño los cohetes y fuegos artificiales no eran tan complejos e impresionantes.   Había unas varas y unas candelas romanas que arrojaban luces; pero nada parecido a lo que disfrutamos ahora.  A mí me gustaban mucho los volcancitos, los silbadores y las estrellitas.  También unas bolitas de colores que tronaban cuando uno las arrojaba contra el piso.  Me gustaba quemar cohetillos de ametralladora uno por uno y -a principios de los 80, con mi amigo Bobby- hicimos con un tubo de metal y el cabo de una escoba, sendas pistolas para arrojar cohetillos.  Los copiamos de unos niños que los tenían en San Lucas Tolimán y eran muy divertidas.  Lastima que me deshice de la mía.


25
Dic 14

La alegria del desayuno de Navidad

141225_tamales-luis-figueroa-carpe-diem

¡Como me disfruto mis dos tamales para el desayuno de Navidad! Uno negro y el otro colorado; este año acompañados por algo que no había probado antes: la torta de recado, tradicional de la Costa Sur de Guatemala. Un desayuno digno de la Saturnalia.

Este año he gozado de buenos tamales: los de Majito, los La Yoli, y los de Ana María; estos últimos según la receta de su mamá: Chabe, a quien recuerdo con mucho cariño.

¡Gozo muchísimo cuando abro las hojas de maxán y de plátano y me encuentro con los colores brillantes de estas delicias de la cocina guatemalteca!  Los aromas intensos de ambos tamales invaden mi cuerpo y mi mente y me llevan por una montaña rusa de recuerdos y alegrías.  El momento culminante  es cuando la masa gentil y el recado poderoso llegan a mi paladar.  A mí me gustan los tamales de masa suave de maíz.

Tengo la dicha de recordar los tamales que hacía  mi bisabuela, Mami y los de mi tia Baby.  Y los de mi tía abuela, La mamita, que  nos hacía tamales pequeños para los niños.   A estos los recuerdo pequeños, como de 2 x 2 pulgadas, bien doblados y bien amarrados.

Los tamales de Navidad, en Guatemala, son colorados y negros.  Cada región y cada familia tienen su propia receta de tamales; pero básicamente son de masa maíz y/o de arroz.   El rrecado se prepara con tomates, chiles y aceitunas (aveces con semillas tostadas, como pepitoria y ajonjolí) y, en el caso de los negros, con chocolate y anís. Estos últimos son los más delicados de hacer para que sean bien balanceados. También pueden ser de cerdo, pavo, pato, gallina, pollo y res.   Eso sí a mí me gustan más los de cerdo, y los de pato.  En ciertas regiones -especialmente en la Costa Sur- no se usa el recado propio del altiplano, sino una especie de mole.

Los tamales tienen raices precolombinas, y fueron elevados a la décima potencia cuando se le añadieron ingrediente occidentales. Del Nuevo Mundo son el maíz, los tomates, los chiles, y las hojas de maxán en las que son envueltos.  Los tamales negros, además, llevan chocolate. Del Viejo Mundo son las almendras, las aceitunas y sospecho que también las ciruelas.

La gracia de los tamales no está sólo en la masa y en el recado, sino en la forma de envolverlos y amarrarlos.   Son una experiencia para todos los sentido.  Un tamal que no ha sido envuelto y amarrado elegante y apropiadamente pierde algo de su encanto.  A mí, por cierto, me gustan más grandes que pequeños, y me gusta que la masa no sea muy dura. Hacer tamales el algo complejo y elaborado que requiere de muchos procesos.   Hay que lavar y asar las hojas.  La masa tiene su propia ciencia y es cocida tres veces de tres formas distintas.  El recado lleva varios ingredientes que hay que asar y sazonar con mucho talento.

Desde mediados de los años 80, en casa comemos los de doña Estelita de Alburéz que son basados en  la receta de su madre enSan Martín Jilotepeque (en el altiplano), de modo que sus tamales son distintos a los de la Costa Sur y a los de Oriente, por ejemplo.  Si quieres un tamal memorable, el  teléfono de doña Estelita  es 2474-0260.


19
Dic 14

Diecinueve niños sin Navidad

adopcion-luis-figueroa-carpe-diem

¿Qué tal si tus primeras siete navidades hubieras sido forzado a no pasarlas con tu madre y la familia que te ama? En Guatemala, 19 niños están condenados a eso, y no porque no tengan familias, sino por la falta de escrúpulos de organismos internacionales, ONG, jueces y otros funcionarios.

Este es uno de esos casos: José ha tenido vínculos emocionales y personales con Rose, que es su madre adoptiva potencial desde que él tenía 2 meses de edad (antes de la ley antiadopciones) y durante 7 años y más de 30 viajes de los EE.UU a Guatemala. Pero José vive en grave peligro de ser forzado a regresar a manos de su madre biológica. Los nombres están cambiados, pero su historia es dolorosamente real.

José y Rose –¡como otros 18 niños y sus familias adoptivas!– viven pesadillas desde que sus procesos de adopción quedaron atrapados en el agujero negro de la ley antiadopciones y el prejuicio. Dos veces la Procuraduría General de la Nación se ha pronunciado a favor de la adoptabilidad de José; pero cierto juez, ¡el séptimo que vio el caso!, dispuso que José debería ser regresado con su madre biológica. En su fallo el juzgador ignoró reportes documentados, de expertos, que confirman que la madre biológica de José es incapaz de proveerlo con un ambiente sano y que representa un riesgo para él.

Si te indignó la noticia del abandono y abusos contra los pacientes del hospital Carlos Federico Mora, porque se trata de seres humanos vulnerables a quienes se les violan sus derechos, piensa un momento: ¿qué clase de personas les niegan familias a niños que podrían tenerlas? ¿Quién les repone –¡a 19 niños!– siete navidades sin familias?

Una sala de apelaciones revocó la decisión de aquel juez; pero no falló a favor de la adoptabilidad de José. El futuro de José sigue en manos de un tribunal que no resuelve. Y mientras los funcionarios, oenegeros y jueces reciben a Santa y se abrazan con sus familias en esta Navidad…posiblemente frente a un Nacimiento, José estará en el orfanato por séptima vez. ¿Cómo se les reponen 7 años de navidades a 19 niños?

Columna publicada en El periódico.


13
Dic 14

El arbolito de Navidad y “La rebelión de Atlas”

ARBOLITO1

Este año el arbolito de Navidad, en mi casa, tiene una novedad: un adorno de La rebelión de Atlas, o Atlas Shrugged.  Es tradición que cada año le agreguemos un adorno nuevo y este vino tarde en 2013 así que es hasta ahora que alegra nuestras fiestas de fin de año.

Desde que era niño me encantan los arbolitos de esta temporada.  Me gustan las luces, los adornos y sobre todo el aroma.  Sobre todo el aroma de los pinabetes mezclado con el de las manzanillas.

El pinabete y las manzanillas me dicen: Esta es tu casa.

El pinabete y las manzanillas me invitan a agradecer todo lo bueno que me rodea y, sobre todo, a agradecer todas las personas buenas que me enriquecen mi vida.  Me invitan a agradecer el amor, el cariño y los cuidados de quien comparte mi camino.

En casa el arbolito, sus aromas, sus luces y sus decoraciones nos recuerdan el mensaje de la estas fechas: Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Y también simbolizan la alegría de que podemos reunirnos a su alrededor y celebrar.

Como todos los años, desde hace añales, gracias a doña Mireya, don Ronald y al Rafa -que los cultivan en las montañas de Tecpán y al amparo de la neblina tan característica de allá- tenemos un árbol hermoso, aromático y con mucha personalidad que nos llena de magia y de alegría la casa. Ese arbolito me trae recuerdos maravillosos de decenas de alegres festejos, y promete muchos más; y si quieres tu pinabete, los hay galanes en la 30 calle 11-42, zona 12, colonia Santa Rosa II; teléfono 2476-0496. ¿Sabes que el nombre científico de estos pinabetes es Abbies guatemalensis?


16
Nov 14

El Arbol Gallo y el comienzo de las fiestas de fin de año

Imagen de previsualización de YouTube
En Guatemala, las fiestas de fin de año comienzan con la inauguración del Arbol Gallo en el monumento a los próceres de la independencia.  De una forma u otra siempre había visto el Arbol de lejos; pero ayer me di una vuelta por el área. ¡Es toda una fiesta!  Las familias llegan al lugar desde temprano y hacen picnic.  Desde niños de brazos hasta ancianas en sillas de ruedas,  todos gozan de un día sabroso de noviembre en la grama de la Avenida de la Reforma y en los alrededores.  ¡Por supuesto que no faltan las ventas de comida!, desde los tradicionales churrasquitos con carne adobada, longanizas y otros embutidos hasta los hot-dogs, panes, dulces artesanales, tacos y demás.  ¡Se venden hasta memorias USB y ropa interior de señoras!  El musicón no para y el ambiente es de fiesta, de feria.

Para ver el espectáculo de las luces del Arbol y de los fuegos artificiales me fui para mi casa y desde ahí pude imaginar la alegría de la gente cuando se encienden las primeras luces.  A la distancia se oye la algarabía. Uno puede ver a los niños emocionados y a los ancianos maravillados.

El Arbol Gallo es obsequio de la Cervecería Centroamericana y a mí empieza a ponerme en Xmas Mode; y seguramente a la gente que acude al espectáculo, también.  Al finalizar el mismo, me gusta ver cuando las familias retornan a sus hogares.  Todos bien cubiertos por el frío.  Los niños cansados, cansados, pero contentos.  Ya no van saltando como cuando se dirigen a la fiesta; sino que van arrastrando los pies cuando no van cargados por sus padres.

¡Y ya se va a acabar el año!

Haz clic en la foto para ver más fotos