09
Ene 17

Grutas de Lanquín y “tubbing”, cuarta etapa del viaje de fin de año

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Los murciélagos salen con el ocaso

Para los mayas las cuevas son entradas a Xibalbá o el Inframundo; para mi son maravillas geológicas…o las casas de Batman.  El caso es que tenía mucha ilusión de ir a las grutas de Lanquín, unas de las más grandes y fascinantes cuevas calizas llenas de estalactitas y estalagmitas, así como de formas fantásticas.  Para más gozo de los visitantes, junto a su entrada nace el río Lanquín.

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Yo tenía ilusión, también, de ver la salida de los murciélagos con el ocaso, cuando aquellos animalitos salen en busca de insectos y de frutas.

Los caminamientos y la iluminación en Lanquín le permiten al visitante disfrutar con seguridad los encantos de la espeleología.  La entrada a las grutas y el nacimiento del río dan la bienvenida con una vista espectacular y los rugidos del agua que sale -poderosa- de las piedras.  La vista de la salida de la cueva, desde adentro hacia la selva y el río es sobrecogedora.  ¡No digamos la salida de los murciélagos!  Los quirópteros salen por miles de entre las piedras y pasan sobre tu cabeza, a veces tienes la suerte de que algunos pasen a tu lado.

Vimos muchas formaciones rocosas encantadoras; pero mi favorita fue el escalofriante altar de sacrificios, donde uno puede imaginar cosas horribles ocurriendo, así como la imágen del tigre y de la cobra.

Cuando vayas lleva linterna y zapatos seguros y lo más antideslizantes posible.  Yo no pude internarme más allá de la tercera sala (hay cinco) porque, como uso anteojos, estos se empañaban constantemente lo que me impedía disfrutar plenamente de la experiencia. Si voy otra vez, usaré los lentes de contacto (que suelo usar sólo cuando me meto al mar).

Como siempre, si no tienes un todoterreno, los pick-ups que transportan visitantes son la mejor opción…con un caveat: la experiencia es mucho mejor si vas en la cabina.

A diferencia de lo que ocurrió en Semuc Champey, en Lanquín no hay colas para entrar porque los boletos de cobro son prácticos, y no burocráticos.

En la mañana del 29, antes de ir a Lanquín hicimos tubbing en el poderoso río Cahabón. El equipo de Utopía nos llevó al puente amarillo de Semuc Champey y ahí nos montamos en los tubos con el guía, los tres en fila, y yo de primero.  El agua es fría y ya te imaginas cómo me fue con eso.

Al principio el rio nos condujo gentilmente; hasta que escuchamos el rugir de las aguas al aproximarse a los primeros rápidos (que en realidad son rapiditos).  Es emocionante cuando los tubos…y uno que va en ellos saltan entre las aguas agitadas y veloces.   Me divertí como mico a lo largo del recorrido de poco más de 30 minutos y al atravesar los 5 rápidos que hay en el área.  Mi momento más extático fue cuando atravesamos un área de la jungla en la que había copal.  Imaginate: flotando garbosa y delicadamente en el río Cahabón, entre la selva, y…de repente…sentir el aroma del copal.

Tanto el paseo por el río, como le de las cuevas fueron memorables y muy divertidos.


05
Ene 17

Semuc Champey y el Sumidero, tercera etapa del viaje de fin de año

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El Sumidero del río Cahabón

No importa cuántas fotos de Semuc Champey hayas visto, ¡nada le hace justicia a ese portento de la naturaleza!; y yo quedé pasmado cuando llegué al Sumidero y vi cómo el poderoso río Cahabón bajaba entre la selva y las piedras para esconderse bajo la tierra.

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Agarramos camino para Semuc Champey el 28 desde Utopía.  Ya sabes…esos caminos lodosos que a veces parecen hechos para cabras; pero toda la agitación vale la pena.  El paso por los valles verdes y profundos salpicados de ermitas, y las hermosas plantaciones de cardamomo y de cacao principalmente.

Yo digo que uno nunca está preparado para el primer encuentro con las docenas de riachuelos, las pozas, la selva y las alucinantes tonalidades del color yax que exhibe Semuc Champey. Yax es el nombre maya para el azul verdoso, y el verde azulado de la jungla, los ríos, los cenotes y los lagos. Meter los pies en las pozas y sentir las caricias del agua es una experiencia encantadora.  Y como el ojo no se harta, supongo que no hay tiempo suficiente para apreciar e integrar los miles y miles de detalles en ese lugar cautivador.

Pero si las pozas de dejan papo, río arriba -a pocos metros- está el Sumidero.  Este es un fenómeno geológico magnífico que ocurre cuando el río Cahabón sale de la selva, se mete bravo entre las piedras para luego esconderse o sumirse bajo la tierra y desaparecer sobre las pozas, para volver a salir más adelante.  Yo creía que las pozas eran formadas por el Cahabón que perdía velocidad; pero en realidad son alimentadas por docenas de riachuelos.  El Sumidero impresiona mucho por su naturaleza, su fuerza, su estruendo y todo.  Por todo.

Al mirador de Semuc Champey no subimos porque es muy empinado y las piedras estaban muy resbalosas. Fue una buena decisión porque nos permitió relajarnos en las pozas y disfrutar serenamente de la belleza que nos envolvía.

En el sitio me llamó la atención que los caminamientos están en relativamente buen estado.  Cuando vayas lleva traje de baño y unos buenos tenis para mojar (no water shoes).  Hay lockers; pero debes llevar tu propio candado.  Lleva algo para comer y bastante agua.  Hay bastante seguridad y casi, casi no encontramos basura.  La que había es porque nunca falta la gente sucia y descuidada.

A inmediaciones del puente amarillo, justo antes de entrar a Semuc Champey, los niños del área venden chocolate artesanal que es muy sabroso.  Uno está en la tierra del cacao y hay que deleitarse con el sabor de ese alimento sagrado de los mayas.  Compra de niños distintos porque no todos los chocolates son iguales.

¿Qué hay que mejorar? El ingreso.  Algún burócrata aplastado en un escritorio en la capital dispuso que, cuando pagan, a los vistantes hay que darles un recibo con nombre, dirección, preferencias en Netflix y uno, o dos datos más.  ¡Y por lo tanto hay cola para entrar!  No es culpa de la chica que atiende, que por cierto es muy amable y diligente. Cuando le dije que no me diera recibo…para ver qué pasaba, me contestó que tenía que darlo porque era dinero el que estaba recibiendo ella.  Así que llenó mi recibo, con primor, mientras crecía la cola.

De verdad este es un lugar espectacular.


02
Ene 17

Cobán, la primera etapa del viaje de fin de año

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Rumbo a las pozas de Semuc Champey y las cuevas de Lanquín, lo sensato es detenerse an Cobán para pasar la noche.  Eso hicimos el 26 de diciembre.

Cuando yo era orquideólogo (una época que recuerdo con mucho cariño), tres veces fuimos en grupo a la exhibición de orquiídeas de allá con los cuates de la Asociación Guatemalteca de Orquideología.  Pasábamos unos días en Cobán, los cuales aprovechábamos para enmontarnos y pasear por los bosques en busca de especímenes raros.  Nos alojábamos en La posada y nos divertíamos como micos.

Yo tenía muy buenos recuerdos de la Ciudad imperial  de Carlos V y de La posada, y no fueron defraudados. La posada está en proceso de renovación; y sus propietarios conservaron el carácter propio de ese lugar encantador.  La arquitectura, el jardín, los muebles y la cordialidad de las personas que trabajan en ese lugar casi, casi te hacen viajar en el tiempo. Los desayunos siguen siendo muy sabrosos; y el café es digno de la región.

Para almorzar, de ida hacia Semuc Champey, en Cobán, elegimos Casa D´Acuña por recomendación del cuate Edgar.  ¡Que buena recomendación!  Yo diría que comí la mejor pizza Margarita que he probado y también unos deliciosos camarones asados en salsa de chile de Cobán.  El lugar, además, tiene una exhibición permanente de orquídeas nacionales y extranjeras.  La atención es muy buena.  El café está a  la altura.

Esa noche no salimos a cenar porque llevábamos los tradicionales sandwichs caseros con ensalada del pavo de la Nochebuena.

¿Sabes qué otra cosa me impresionó? Cobán es una ciudad muy limpia, lo que no es el caso de otras poblaciones en Guatemala.  Es una ciudad vibrante, con arquitectura propia y elegante…con excepción del Júpiter 2 en el Parque Central.  Llamo así al quiosco (seguramente setentero) que es tan feo que tiene gracia.   En fin, si hay basura en las calles es porque la gente es sucia y descuidada; pero es evidente que hay un esfuerzo deliberado de las autoridades por mantener limpia la población.

Al día siguiente agarramos camino para Lanquín donde nos esperaría el transporte hacia la jungla y hacia nuestro destino: Utopía Eco-Hotel.  El camino es embellecido por montones de Epidendrum ciliare, unas orquídeas rojas muy chulas; y lo malo es que una vez entramos a la parte de terracería nos encontramos con dos parejas  de esos extorsionistas que dicen estar reparando el camino y te cruzan un lazo para que no pases.

A Cobán volvimos el 30 cuando retornábamos a Guatemala.  ¡Por supuesto que nos volvimos a quedar en La posada! y regresamos a cenar a D´Acuña.  PIzza y lomito asado fue la elección de esa noche  (la parrilla de D´Acuña tiene buena reputación y bien merecida).  La joya culinaria de ese día, sin embargo la descubrimos en el almuerzo en XKape Kob´an.  Allí compramos el copal mágico que yo tenía mucha ilusión de traer y vimos que estaban preparando caldo de gallina.  Decidimos a comer allí y fue una decisión estupenda.  El caldo estaba delicioso y nos fue servido con arroz y un guiso regional llamado Tiú; que me dejó encantado.  Ya en confianza comimos tamalitos lanquineros de orejas de marrano que estaban de chuparse los dedos.  Todo acompañado por horchata caliente de amaranto, muy reconfortante, y un refresco riquísimo de naranjillas, frutas que yo no conocía.

De regreso también pasamos por el mercado de Tactic, un pequeño paseo muy agradable.

Me traje recuerdos gratísimos de Cobán.


17
Ago 16

Bloqueos y turismo como política de estado

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Con bombos y platillos, palo encebado, alegre alborada, exhibición de güipilitos y con torito, la administración de de Jimmy Morales (el Ñaque), anunció que el Plan Maestro de Turismo Sostenible de Guatemala sería elevado a política de estado; con el objetivo de mejorar el desarrollo turístico del país que, a su vez, atrae inversión, crecimiento económico y nuevos ingresos. Ya sabes…bla, bla, bla.  Uno puede sospechar que este tipo de política se traducen en bloqueadores de sol y repelentes de insectos para los burócratas del Inguat; así como en viajes a ferias, beneficios para la clientela y uno que otro dulce para los cuates.

Acto seguido los pipoldermos amenazan con elevarles los impuestos a la gasolina y al cemento con lo que encarecerán las operaciones de los empresarios honrados del turismo y las de sus colaboradores y proveedores; y encarecerán la construcción de infraestructura necesaria para mejorar los servicios turísticos.  Acto seguido un grupo de delincuentes revoltosos bloquea los accesos al aeropuerto internacional La Aurora y las autoridades (¿autoridades?) quedan embobadas e inutilizadas,  El bloqueo perjudica a viajeros y al comercio.  Daña vidas y negocios.  Todo a la vista de quienes están obligados a velar por los derechos de los mandantes y de los tributarios y todo en plena política de estado y Plan Maestro de Turismo Sostenible…siempre que a sus señorías (delincuentes sinvergüenzas) no se les ocurra bloquear el aeropuerto.

Jimmy Morales, tu política de estado es papas y pan pintados si la noticia de que cualquier grupo de delincuentes revoltosos puede bloquear el aeropuerto recorre el mundo.  ¿Viste?  Es humo y espejos si castigas con más impuestos a la gente que vive del turismo honradamente. ¿Te fijaste?

La foto es de elPeriódico.


16
Abr 16

…y no pude entrar al museo

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Desde que soy niño me gusta mucho el Museo de Santiago en la ciudad de Antigua Guatemala.  La primera vez que lo visité iba con mi padre y quedé invitado para regresar, regresar, y regresar…a pesar de que en realidad es muy modesto.

La última vez que lo vi estaba en su locación original, en el edificio del Ayuntamiento; pero no se cuando lo trasladaron al recién restaurado Palacio de los Capitanes Generales.  Hoy pasé por ahí y me dieron ganas de dar una vuelta rápida para ver cómo había quedado.  Al llegar a la puerta saqué un billete de Q50 (que era lo único que llevaba en mi billetera), la persona encargada de la entrada me preguntó si tenía un billete menor, porque la entrada era de Q5 (US$0.64) y ella no tenía cambio.

Como yo no tenía otro billete, ni estaba para ir a buscar sencillo,  me quedé sin entrar. Lo que voy a decir ahora no es por mi…yo iba a entrar rapidito y ya conozco la colección. No vengo de lejos y francamente no necesitaba entrar. Me hubiera gustado entrar; pero me daba igual entrar, o no.  Por US$ 0.64, ¿qué les costaba dejarme pasar como cortesía?  Repito que no porque fuera yo; sino por simple cortesía, para que el visitante potencial (quien quiera que fuera) se llevara un recuerdo agradable; para que no fuera a contar que sólo porque unos burócratas no tenían cambio para un billete de Q50 y por US$0.64 no pudo ver una parte de la historia de La Antigua y de Centroamérica. ¿Es que no preveén que alguien, ¡alguien!, podría llegar con un billete de Q50, o uno de Q100, o uno de Q200?  ¿Qué tiene que pasar para que abran la tienda sin tener vuelto? ¿De verdad vale la la pena no dejar entrar a alguien por sólo US$ 0.64?  Yo regresaré cualquier día con mis Q5 para entrar; pero ¿y si viniera de lejos, digamos de Huehuetenango, o de Chiquimula?

Sospecho que aquello es posible sólo porque se trata de un museo estatal, que es pagado con dinero tomado de los tributarios y donde es más importante el poder de dejar entrar, o no, que la posibilidad de que un visitante (quien quiera que sea) se vaya contento y agradecido.


11
Feb 16

¿De quién son los lugares turísticos?

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Pobladores del municipio de Lanquín tomaron medidas de hecho que pueden afectar el ingreso y tránsito libre al Semuc Champey y a las grutas de Lanquín, en Alta Verapaz; por lo que el Programa de Asistencia al Turista, emitió un comunicado en el que les recomienda a los visitantes no viajar a aquel destino.  Esta es la segunda vez que los pobladores hacen este tipo de cosas.  El comunicado fue dirigido al Cuerpo Diplomático acreditado en en Guatemala.

Según Proatur, al menos 200 personas tomaron las instalaciones de la Municipalidad de Lanquín y los dos lugares turísticos.  Lo que quieren con estas medidas violentas es que se les conceda el derecho de propiedad de los sitios turísticos.

La discusión de a quién le pertenecen los sitios turísticos es una discusión válida y que hay que tener; pero, ¿de forma violenta?   Este tema se parece bastante al de a quién le pertenece el pasado; tema que Alberto Garín explora en este pequeño artículo.

A finales del año pasado visité el Cimarrón, un sitio fantástico ubicado en Nentón, Huehuetenango; y cuando empecé a hacer los arreglos para ese viaje extraordinario, la persona a cargo me advirtió que posiblemente no podríamos visitar aquel fenómeno geológico porque había un enfrentamiento entre dos poblaciones debido a quien tiene derecho a cobrar por el acceso a la dolina.

Tuve suerte porque el conflicto terminó antes de que llega; pero caminando iba, en dirección del Cimarrón -habíendo pagado la tarifa de acceso- cuando vi los restos quemados de lo que parecían bancas y columnas de madera.  La explicación fue que más tardaban los habitantes de una población en construir la estación para el descanso de los visitantes (y vaya si no hace falta un lugar de descanso), que lo que tardaban los habitantes de otra población en llegar a destruirla y quemarla.

Imagínate cómo ha de ser que un turista eche viaje a aquellos lugares remotos y bellísimos, y se encuentre con que no puede verlos porque la gente está peleando.  Es como cuando turistas han llegado a Tikal sólo para encontrarse con que el sindicato ha cerrado el acceso.

Un país turístico debería resolver este tipo de asuntos, sobre todo un país turístico que no hay modo que aproveche todo su potencial.


05
Ene 16

La Costa sur, cuarta etapa del viaje de fin de año

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Amanecimos temprano en Chaculá y luego de despedirnos de la gente y del lugar agarramos camino rumbo a Quetzaltenango.  La idea era pasar la noche en Xela y al día siguiente emprenderla rumbo a Coatepeque…para comprar morelianas de la panadería La confianza y hacer visitas.

Las carreteras del altiplano son un desastre.  Entre los túmulos y los agujeros y los extorsionistas que ponen lazos y piden dinero, un viaje que podría ser muy agradable pierde algo de encanto.  Pasamos por el sitio paleontológico Tzik ab`b`e donde apreciamos los restos de un mastodonte y otras maravillas.  Nos divertimos mucho al pasar por el puente colgante sobre el río San Juan, donde recordé una peli que te recomiendo: El puente de San Luis Rey. Ya llegando a Xela nos recibió el volcán Santa María y no pude sino recordar las historias que oí de niño, sobre la descomunal erupción que hizo el coloso en 1902.

Xela nos recibió con su hermosa arquitectura y su carácter inconfundible, así como con un frío agradable. El hambre ya apretaba y ¿cómo no? fuimos a almorzar curry acompañado con nan y lassi a El sabor de la India.  Ahí agarramos valor y fuerzas y decidimos seguir camino rumbo a Coatepeque para pasar dos días allá.  Agarramos, pues, por Almolonga y el sol se empezó a ocultar.

Saliendo de Xela estábamos cuando nos topamos con una caravana de algún funcionario que llevaba nueve automóviles incluidas patrullas de la policía…así que nos fuimos detrás de ellos con comodidad.  Hasta que los muppets chocaron a causa de un tarado que se trató de meter en la caravana.  Luego tuvimos que seguir solos; pero encontramos a la caravana luego cuando entró a Xetulul.

Llegamos de noche a Coatepeque luego de 10 horas de camino, con Raúl heroicamente al volante, a hospedarnos en el siempre cómodo y agradable Hotel Mansión residencial. Como el hambre es canijo caminamos hacia el parque para cenar una sopa de elotes en Fuegos, en el balcón con vista al parque.  Y luego…a sentarnos por ahí para practicar el arte antiguo de people watching.  Ahí nos agarró un temblor y fue espectacular ver como se alborotan las aves que descansan en los cables que cruzan las calles aledañas.  ¡Osom! Luego de esa experiencia lo atinado era descansar y volvimos al hotel.

Al día siguiente pasamos a desayunar donde Shalbi: tamales, frijoles parados, queso recién hecho, plátanos y mosh…y agarramos camino para Tilapa.  El único propósito de ir allí era el paseo en lancha así que luego de desembarcar nos tomamos una Coca-Cola y de vuelta sólo para agarrar camino y encaramarnos rumbo a Colomba Costa Cuca. Lo más emocionante fue que vimos a un pescador limpiando mantarrayas y luego me arrepentí de no haber comprado algo para llevar y seguro nos lo hubieran preparado en el hotel.  Yo tenía ganas de subir desde la costa hasta las montañas de nuevo y dar una vueltita, vueltita, por esa zona cafetalera.  Vuelta por el parque y de regreso a Coatepeque para almorzar en La rueda; un Steak House estupendo donde sirven esa carne tan característica de la Costa sur que tiene -en el fondo- un sabor lechosito y uno de los pocos lugares donde uno todavía puede comer una carne asada como debe ser.  Luego de ahí pasamos a La confianza, a comprar morelianas, batidas y conchas y tutti contenti.  Luego siesta y al anochecer chelas y cena con Mario, Rosi, Mariarre y Pili.  Y a dormir como tiernos.

Llegó el jueves y salimos temprano rumbo a Guatemala.  Pasamos por las hermosas plantaciones de hule que hay junto a Coatepeque y en Escuintla nos recibió el majestuoso volcán de Fuego y para hacer la historia corta llegamos a tiempo para despedir el 2015 con un atardecer hermoso y una copa de Cava.  Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


04
Ene 16

El Cimarrón y los cenotes, tercera etapa del viaje de fin de año

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¡Llegó el día más esperado!…mi ilusión en este viaje era visitar ese fenómeno geológico comocido como El Cimarrón y los cenotes de Candelaria. Así en números fríos El Cimarrón es un agujero de unos 170 metros de diámetro y 150 de profundidad que, está localizado en un terreno escabroso y árido, que en el fondo tiene un bosque misterioso. Técnicamente es una dolina  de colapso y bajo su suelo seguramente hay agua y eso explica el bosque.  Los cenotes también son dolinas; pero inundadas a modo de lagunas cuyas aguas exhiben exhuberantes tonos de azul y verde…quizás como el color yax, de los mayas.  Basta de tecnicismos.  El Cimarrón es sobrecogedor a más no poder y los cenotes parecen gemas inmensas y mágicas.

El día 28 nos levantamos temprano para ver el amanecer e ir a la lechería a ordeñar vacas; pasó, sin embargo, que el amanecer es muy tarde y lo que quedaba era una vaca primeriza que no estaba muy cómoda con dos observadores.  Así que no hubo tal ordeñada.  Fuimos a desayunar a la posada, preparamos el equipo para el viaje, se nos unió nuestro guía, Jorge y emprendimos camino a El Cimarrón.

Luego de estacionar el carro y a modo de los exploradores del siglo XIX,  Raúl, Jorge y yo comenzamos a subir una cuesta ligeramente empinada que, durante un kilómetro y medio (poco más, o menos) nos conduciría por milpas, piedras y vistas espectaculares que incluyeron una dolina fértil sembrada de maíz, las fascinantes piedras oceánicas que abundan en Huehuetenango, los infaltables burritos, el sol de la montaña, y la permanente certeza de que lo que nos espera es fascinante y de que esta es una aventura.

El Cimarrón es sobrecogedor, inquietante e imponente.  Eso explica la multitud de leyendas -a cual más disparatada- que abundan sobre él.  Que si lo hizo el diablo, que si Pancho Villa ocultó ahí riquezas, que si un finquero arrojó mulas vendadas cargadas con piezas mayas, que si se duerme en el fondo uno se vuelve loco y cosas así.  Lo cierto es que uno se acerca a su orilla y siente algo, algo más allá que la reacción natural a las alturas, algo como: estoy en presencia de algo capaz de conmover.  Tuve dos momentos favoritos: el momento en el que me acerqué a la orilla y vi el bosque del fondo en vivo, por primera vez; y el momento en el que un zopilote de gran envergadura atravesó el hoyo y el batir de sus alas produjo un fum…fum…fum…fum poderoso y lento que hizo eco en el lugar.  En el silencio imponente del Cimarrón, aquel sonido me pareció como de otro mundo.  Junto con haber ido al reino Kan, esta visita y la visita a los cenotes han sido unas de las mejores decisiones de mi vida.  Me hubiera gustado  acampar y dormir cerca del Cimarrón…o no.

Al bajar del Cimarrón agarramos camino rumbo a los cenotes.  El camino es largo y mi auto no es para esos trotes. Atravesamos el río Jordán. Mi esperanza era que al llegar a la aldea homónima, que es la última población antes de llegar a aquellos fenómenos geológicos, pudiéramos conseguir un vehículo que nos llevara.  Llegamos y…niente.  Dos ceibas colosales, una plaza vacía, algunas edificaciones y ni un alma.  La suerte quiso que encontráramos a don Silvano que accedió a llevarnos.  Y nos encaramamos para cruzar numerosos arroyos y un camino tan escabroso como hermoso.

El área de los cenotes es distinta a la del Cimarrón, hay mucha más vegetación…y mosquitos con colmillos así de grandes.  Entre el verdor del bosque se asoma la primera gema que es un cenote relativamente pequeño…y uno se queda papo. ¿Es posible tanta belleza? Si…y más, porque el segundo cenote, el grande, es más espectacular que el primero.  Te rodean el silencio y la magnificencia de la naturaleza.  Ah que ganas tenía de echarme al agua; pero hubiera tenido que escalar la pared del cenote y…ya sabes, esas cosas no se me dan con facilidad.

Luego de admirar, admirar y admirar la belleza del lugar no pude resistirme y grité: La-rebelión-de-Atlas, para que el eco de aquel sitio me devolviera las palabras y para honrar la idea de que la existencia existe.

En los cenotes no me hubiera gustado quedarme a dormir porque el bosque me intimidaba y porque los mosquitos no atienden razones.

Al volver de los cenotes, ahí junto a ellos, hay el nacimiento de un riachuelo y es encantador ver como sale el agua del suelo, a borbotones.

Volvimos a Chaculá, nuestra base de operaciones para darnos un ansiado y merecido baño caliente, cenar delicioso, intercambiar historias con los nuevos visitantes, gozar de la noche estrellada y meternos en las camas para dormir como tiernos.  El día siguiente sería una jornada larga y dura.


03
Ene 16

Chaculá y Yalambojoch, segunda etapa del viaje de fin de año

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La posada rural Chaculá fue nuestro destino luego de abandonar Huehuetenango.  El plan para el día era ir a Yalambojoch y de ahí salir para la Laguna Brava.  Epic fail, pero divertido al final del día.

Raúl Contreras y yo salimos de Huehuetenango a las 6:00 a.m. del 27 de diciembre y nos dirigimos hacia el norte con rumbo a Nentón y la franja transversal del norte, atravesando paisajes que lo dejan a uno papo. Montes, bosques y barrancos magníficos.  Esas piedras que estuvieron bajo el océano hace miles de años y que son abundantes en Huehuetenango, son mis favoritas. Luego de Nueva Esperanza entramos a Chaculá que sería nuestra base de operaciones. La bienvenida nos la dieron un bosquecito como de cuento y un riachuelo que no se quedaba atrás.

Al entrar a la casa vieja de la finca Chaculá uno siente que ha sido transportado a otro mundo y en el tiempo.  Las fotos lo dicen casi todo; pero no pueden transmitir ni los sonidos (ni el silencio), ni los aromas que lo envuelven a uno al llegar.  Luego de instalarnos y tomar nuestro primer desayuno…con huevos fritos criados allí, frijoles parados del lugar y queso y leche de la finca decidimos emprender nuestra primera excursión a la Laguna Brava, a partir del cercano pueblo de Yalambojoch.  Y aquí es donde se pone bueno.

Habíamos arreglado (o eso creímos) que tendríamos un auto de doble tracción y caballos (o lo que fuera, porque aquella es tierra de burritos) para ir a la Laguna.  Mi auto no es de doble tracción, ni es muy alto.  Salimos de Chaculá, tomamos la franja transversal del norte y…nos fuimos a dar con una carretera inconclusa, no con hoyos, sino con verdaderos cráteres e impasable. Nos dieron, luego, que la construcción de la carretera (que iba hermosísima) fue suspendida porque los dirigentes de las poblaciones del área habían convencido a la gente de que las carreteras traen cosas malas y muertos.  Así que viraje de 180 grados y de vuelta a Chaculá.

En la posada se hicieron llamadas y nos consiguieron un pick-up que nos llevaría, por la carrretera inconclusa, a Yalambojoch para reunirnos con el guía que nos llevaría a la Laguna Brava y con el vehículo y las bestias que habíamos solicitado.  Nunca, nunca he sido tan sangoloteado como en aquel camino.  Reboté en la cabina como uno no puede imaginarse.  Y al llegar a Yalambojoch…niente; ni vehículo de doble tracción, ni cabalgaduras.  Sólo excusas e información confusa.  Vuelta de 180 grados, y de regreso a Chaculá.  Más sangoloteos y más rebotes…eso sí, en esta ocasión noté que toda la carretera, por quién sabe cuántos kilómetros que parecen una docena, había orquídeas terrestres rojas, llamadas Epidendrum ibagüense.  Kilómetros y kilómetros de hermosas orquídeas que endulzaron la excursión fracasada. Don Domingo, el conductor, nos llevó y regresó sanos y salvos.

De vuelta a Chaculá almorzamos y el administrador, Edgar, nos organizó rápidamente una excursión al sitió arqueológico de la finca.  Fue Jorge, un muchacho de la localidad, quien nos llevó por la Laguna de Chaculá, el sitio arqueológico y Laguna Ranera.  En esos bosques, entre muros y estructuras antiquísimas yo me sentía como un explorador del siglo XIX, o algo parecido.  Para mí, los sitios arqueológicos son mágicos y despiertan la imaginación y las fantasías del niño que hay en mí.  El exorquideólogo que hay en mí también tuvo su recompensa; aparte de las E. ibaguense de la carretera, en el sitio arqueológico encontramos una orquídea negra llamada Prosthechea cochleata (que es la flor nacional de Belice, según me cuenta mi amigo, Roberto Lizama), coronando un montículo de piedras talladas.  Ya sabes…una orquídea negra en el bosque, es motivo para la imaginación y para maravillarse. Salvando las distancias, sentí algo parecido a lo que sentí cuando visité el reino Kan.  Luego de una larga caminata y de aprender bastante sobre las personas que habitaron aquellos lugares y luego los abandonaron regresamos a la posada para tomar un baño y cenar.

Uno de los encantos de Chaculá es que las comidas se hacen en una mesa común, a la luz de candiles.  Uno conoce y platíca con personas y familias que no conoce y que ya estuvieron en los lugares que uno va a visitar, o que están por ir a los que uno ya visitó. Las charlas son muy amenas y divertidas.  Está claro que -con las naturales diferencias- uno comparte ciertos valores con la gente que encuentra en esos lugares: el gusto por la aventura, por la naturaleza, por conocer las culturas y por la sencillez de lo rural…siempre que haya un baño tibio, una buena cena (en Chaculá se come riquísimo)  y una cama limpia al final del día, en mi caso.

Es cierto que el viaje a la Laguna Brava fue un epic fail; pero ese es uno de los motivos para volver…y hay como media docena; pero de alguna manera fue compensado por las orquídeas y la visita al sitio arqueológico.  Aprendimos mucho sobre la gente y sus vidas y el lugar. Luego de la cena disfrutamos del alucinante cielo estrellado…y a la cama para amanecer temprano al día siguiente y emprender camino a El Cimarrón y los cenotes de Candelaria.


02
Ene 16

Zaculeu, primera etapa del viaje de fin de año

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Zaculeu fue la capital del señorío mam.  La ciudadela, rodeada por barrancos profundos y una muralla fue conquistada dos veces: primero por  Quicab y los quichés de Gumarkaj y luego por el ejército de Gonzalo Alvarado.  Allí Kaibil balam resistió a Alvarado y sólo rindió la ciudad a causa de la hambruna.

Por ahí anduve el 26 de diciembre, con Raúl Contreras, en la primera etapa de un viaje magnífico que nos llevaría hasta el noroeste de Huehuetengango, hasta Chaculá, el Cimarron, y los cenotes de Candelaria; para luego agarrar rumbo al suroccidente hasta pasar por Quetzaltenango, Coatepeque y Tilapa.

Zaculeu, como Iximché y Mixco Viejo es una experiencia encantadora.  La capital de los mames fue reconstruida en 1940 por la United Fruit Company y al caminar por sus plazas y sus edificios uno siente que está en una ciudad.  El bullicio de los visitantes -que son bastantes, sin ser molestos- ayuda a la impresón de estar en una ciudad viva.  Con bastante facilidad, uno puede imaginar el comercio, las ceremonias y otras actividades de una urbe precolombina.  De hecho, comí mi almuerzo en la cima de una de las pirámides y luego de la experiencia sabrosa jugué a imaginar cuáles serían los pensamientos, anhelos, planes y preocupaciones de un habitante precolombino de 54 años de edad si hubiera podido hacer lo que yo estaba haciendo.

El sitio cuenta con un museo pequeño y encantador, bien organizado y pedagógico que enriquece la experiencia del visitante. Son fascinantes las preguntas de los niños y las perspectivas de los visitantes de origen maya.  En el museo uno se entera de que un museo anterior fue quemado en la década de los 80 y que en el sitio se filmó Tarzan´s Jungle Rebellion.   Fue una dicha encontrar el museo porque cuando visité el sitio hace unos años no había ese recurso.

En general el sitio está bien cuidado y limpio, a pesar de que muchos de los visitante dejan bolsas plásticas y basuras.  La gente que atiende el lugar es amable y uno se siente bienvenido.

Luego del paseo por Zaculeu nos dirigimos a Huehuetenango para pasar la noche antes de emprender el camino hacia Chaculá.  Fue una estupenda idea quedarnos en el Hotel Casa Blanca en el centro de la ciudad.  Nos quedamos en la parte antigua del lugar porque tiene ese encanto antañón y tradicional que a mí me gusta tanto.  Además guisan delicioso.  Ahí tomamos el mejor jugo frapeado de mandarinas de todo el universo mundo; y cenamos un pepián huehueteco y un kak-ik que merecieron una ovación de pie. Resulta que el Casa Blanca es famoso por su cocina y su fama es bien ganada.

El día 27, a las 6:00 a.m. agarramos para Chaculá.