03
Dic 15

Zuckerberg, Chan, Max y yo

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Mi maestro Manuel F. Ayau contó, un vez, que él tenía negocios con Bill Gates…porque le compraba software para su oficina y su casa con alguna frecuencia.  Así de pasada lo que dijo Muso parece una de sus humoradas; pero detente y léelo de nuevo: cuando un millonario como Gates se hace inmensamente rico porque les vende a Ayau, a tí y a millones de personas los productos que fabrica, o diseña, los que reciben los productos ganan más de lo que entregan a cambio.  El intercambio no es un juego de suma cero.

De aquello me acordé ahora que mucha gente está embobada con la historia de que, en el contexto del nacimiento de su hija, Max,  Mark Zuckerberg y su esposa prometieron dar el 99% de sus acciones de Facebook para promover el potencial humano y la igualdad. Específicamente para personalizar el aprendizaje, curar enfermedades, mejorar la conectividad de las personas y cosas asi (importantes).  ¿Qué tienen en común estos propósitos? Tienen en común que son necesidades y las necesidades se satisfacen con recursos económicos.  Esos hay que producirlos y el ambiente más propicio para producirlos es uno de libertad, es decir: uno de ausencia de coacción arbitraria por parte de otras personas, y del poder político.

Alex Epstein recién llamó la atención sobre el hecho de que entre las 2,234 palabras que Zuckerberg usó para describir lo que él más valora en el mundo no está incluida la palabra libertad.

Habiendo dicho eso, es triste que en las redes sociales muchas personas celebren la decisión de Zuckerberg y su esposa porque de esa manera devuelven algo a la sociedad.  ¡Como si hubieran tomado algo que no les correspondía!  En el mismo espíritu en que mi maestro, Manuel F. Ayau recibía de Gates todo lo que él quería a cambio de su dinero, ¿no recibimos, todos los usuarios de Facebook mucho a cambio de…cuánto pagas tú por usar Facebook?  ¿Te das cuenta? Tu, yo, la sociedad y todos los usuarios de los productos de Zuckerberg, Gates y otros millonarios regalones recibimos más de ellos de lo que damos a cambio, cada vez que hacemos negocios con ellos.

Los millonarios regalones como Gates y Zuckerberg no están allí como: Aquí casual, haciendo millones; ni sus fortunas son consecuencias de haber tomado de la sociedad (o más bien de los individuos que formamos la sociedad) más de lo que han entregado.  Sus millones no son consecuencias aleatorias de nada, o de casi nada.  De hecho, para hacer sus fortunas, tienen que haber dado a cambio algo que los individuos que formamos la sociedad valoramos mucho.  Es un hecho que ya dieron, están dando y van a dar; pero no van a devolver.

Celebro la benevolencia filantrópica enraizada en las grandes tradiciones de personajes como Rockefeller y Carnegie; pero me sería digna de admiración si en vez de ser consecuencia de sentimientos como la culpabilidad y algo de vergüenza, fuera consecuencia de virtudes como el orgullo.

Foto por TechCrunch  [CC BY 2.0 ], via Wikimedia Commons


17
Nov 15

A que ni te imaginabas: los chapines, los más benevolentes

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A pesar del gobierno y en América Latina los guatemaltecos son los que más donan a causas benéficas según un informe que analiza lo que los ciudadanos del mundo están dispuestos a dar a cambio de nada para los menos afortunados.

La fundación Charities Aid Foundation , que promueve la donación y la filantropía en todo el mundo, elabora anualmente el índice World Giving Index, una lista de los países más solidarios. En América Latina, Guatemala, con 16 millones de habitantes y un ingreso promedio de US$288, se sitúa en primer lugar en la región. En el mundo los birmanos son los más solidarios seguidos por los estadounidenses, los neozelandeses, los canadienses y los australianos.

En el área, a los guatemaltecos los siguen los ticos, los panameños, los hondureños, los nicas, los beliceños, mexicanos y salvadoreños.

Gracias al cuate Danilo por la pista.  La foto es de El Cambray II por Así es la vida.


09
Oct 15

El Cambray II

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Pasé frente a la Escuela José Antonio Salazar,  que es donde me toca votar,  justo al lado del Mercado de la Villa de Guadalupe; y ahí hay un mural en recuerdo de niños estudiantes que murieron en la tragedia de El Cambray II.  Me detuve sólo un momento y, ¡chispas!, que tristeza y que ternura da ver el lugar y lo que significa.

En realidad, la tragedia de El Cambray II, no es la tragedia de El Cambray II; es la tragedia, el dolor y las pérdidas de la gente que vivía en El Cambray II.  Cuando cosificamos desastres como el que vivieron los habitantes de aquel lugar, corremos el riesgo de olvidar el drama humano.

Por eso es que la solución del drama humano debe ser prioritaria.  Me aflige ver las fotos de montones y montones de ropa, agua, alimentos y otras ayudas que la gente buena envió para las víctimas; pero que no están fluyendo hacia quienes las necesitan. Sospecho que este es uno de esos casos en los que la eficiencia del flujo es más importante que la racionalización del reparto. Sospecho que la gente podría resolver una mala distribución mediante el intercambio; en tanto que nada justificaría que algo se estropeara por no ser repartido de acuerdo con el criterio de algún planificador.

Frente a las dimensiones de toda tragedia -tipo El Cambray- ¡me admiro por la generosidad de la gente!; y viene al caso una cita de The Martian: Solucionas un problema, y luego otro.  Solucionas suficientes problemas y puedes irte a casa. Y al ver el mural para los niños me acordé del siguiente sarcasmo: “Sin municipalidades y sin gobierno,  ¿quién autorizaría los desarrollos inmobiliarios en lugares peligrosos?”

Frente a la posibilidad de que haya otro Cambray (o un terremoto,  una erupción, o una inundación) recordemos que no hay tal cosa como desastres naturales, sino amenazas naturales; y que no tenemos control sobre las amenazas naturales, pero sí sobre nuestras decisiones, por lo que podemos evitar muchísimas de las condiciones de vulnerabilidad.

Muchos desastres son artificiales y muchas veces tienen más que ver con nuestra responsabilidad como personas que con la naturaleza.

Columna publicada en elPeriódico.


26
Jun 12

La diferencia entre benevolencia y expoliación

Se está armando alboroto porque cierta asociación privada, operadora de asilos de ancianos, no ha recibido el dinero que se supone que debería recibir del Ministerio de Salud.

Antes de continuar voy a aclarar que no tengo nada contra la benevolencia, ni contra la solidaridad; siempre que sean voluntarias y pacíficas.  Voy a aclarar que creo que una sociedad civilizada no debería dejar en el abandono a sus ancianos.  Pero lo que no creo es que el cuidado de los ancianos (para citar un ejemplo atingente) deba hacerse por medio de acciones violentas, como tomar dinero ajeno por la fuerza y transferirlo políticamente a grupos de interés.

Quiero cuestionar la bondad de esta práctica: la de establecer una asociación supuestamente privada, para obras de caridad, y luego esperar que esta sea financiada con dinero de los tributarios.  Esto es esperar que sea fiananciada por medio de una transferencia forzada de recursos.

Voy a cuestionar la bondad de esta práctica: la de asignarles dinero de los contribuyentes, tomado por la fuerza, a actividades supuestamente privadas que esperan que sus operaciones sean sostenibles por medio de ese recurso.

Las organizaciones privadas voluntarias de servicio deben nacer y vivir sin necesidad del dinero de los impuestos, precisamente porque el sector privado de la economía es el sector voluntario y pacífico de la misma; en tanto que el sector público de la economía es el sector coercitivo y forzado de la misma.  Es incongruente e inaceptable que alguien decida hacer una obra de caridad, y que luego crea que puede usar su influencia política y la fuerza para obtener dinero ajeno y financiarla…sobre todo si recibe un sueldo, o recibe alguna ventaja como consecuencia de su obra de caridad.

Ojalá que me equivoque, pero sospecho que muchas de estas obras de caridad que reciben dinero tomado de los tributarios, para sobrevivir, no son más que operaciones de connivencia entre políticos y personas aprovechan la oportunidad.  Puede que algunas hayan nacido sanamente y con buenas intenciones, pero en el momento en el que piden y/o aceptan dinero ajeno tomado por la fuerza le venden el alma al diablo y se convierten en clientela política y en usufructuarios de privilegios.

Esta mala práctica debe ser erradicada para salud de la sociedad y del presupuesto del estado.


03
Ago 10

Y…¿por qué no cantó Arjona?

El concierto benéfico que Ricardo Arjona anunció, para ayudar a las víctimas de la tormenta Agatha fue cancelado por razones de fuerza mayor. Y a mí me da curiosidad, de cuáles serían esas razones de fuerza mayor; digo, porque que bonito era eso de que tamaña estrella, como es Arjona, culminara una gira con algo tan generoso como donar las ganancias para quienes perdieron todo a causa de aquel fenómeno natural.

Y así como es de bonito el gesto, también es lastimoso que se haya quedado en gesto y que no haya pasado a más. Por eso me come la curiosidad. Además, me si yo fuera responsable de los conciertos frustrados y del buen uso que se le fuera a dar al producto de los mismos yo me hubiera preguntado que cuál iba a ser el canal por medio del cual las ganancias iban a ir a parar a quienes les habían sido ofrecidas.
¿Podrían, Arjona y su gente, haber elegido cómo se iba a canalizar la ayuda? Muchas organizaciones privadas voluntarias de servicio son obligadas a canalizar su ayuda por las vías oficiales; ¿se habrá enterado de esto Arjona? Puede que sí, y puede que no. Por eso es que a mí me da curiosidad saber cuáles fueron las razones de fuerza mayor que obligaron a Arjona y a su gente a echarse para atrás y tomar la decisión de ya no hacer los conciertos que habían ofrecido.

01
Mar 10

Carlos Fajardo, la prosperidad y la benevolencia

Don Carlos Fajardo no cree que el individualismo mejore la calidad de vida de las personas porque no ha podido establecer la relación que hay entre un ambiente propicio para la creación de riqueza, la riqueza, y el bienestar. Y quizás estas evidencias nos ayuden en ese asunto.

Hola don Carlos. Si usted chequea cuáles son los países en los que hay más libertad económica (y en general mejor respeto a los derechos individuales) y luego chequea en qué países hay un mejor índice de desarrollo humano, va a encontrar con que la gente vive mejor en los países donde hay más libertad. La gente goza de mayor bienestar, de más desarrollo y de mejor nivel de vida, en aquellos países donde hay una tradición de respeto a la libertad y a los otros derechos individuales.

Se va a encontrar con que la gente vive mal, o peor, en aquellos países donde la libertad, la vida y la propiedad, así como el derecho a la búsqueda de la felicidad, no son, ni han sido respetados.

No me crea; véalo en: el Indice de Libertad Económica y véalo en el Indice de Desarrollo Humano.

De verdad creo que si aspiramos a ayudar a los pobres, lo mejor que podríamos hacer es fundar un sistema que no los haga depender de la caridad y menos, aún, de los favores políticos. Yo digo que sería mejor fundar un sistema en el que hubiera oportunidades. Oportunidades para tener mejores empleos, mejores salarios y hasta para fundar y multiplicar sus propias empresas. La idea sería crear riqueza, en vez de sólo repartir lo que hay. Honestamente, creo que es mejor ayudar a los pobres con oportunidades, que con limosnas y con caridades. Lo cual no excluye la benevolencia, ¡para nada!, especialmente en casos de emergencias, desastres naturales y otras calamidades. La gente del corredor seco, en Guatemala, por ejemplo, necesita desesperadamente que les echemos una mano.

Usted pone en duda que la gente sea más generosa cuando le sobran más recursos. Y si bien es cierto que la benevolencia no es exclusiva de ningún grupo social, o es cierto que aún en la miseria más desesperante la gente comparte y es generosa con los más necesitados, también es cierto que más tiene la gente, más puede dar. Eso es sólo cuestión de aritmética.

No conozco rico alguno que no tenga por lo menos una obra de benevolencia favorita. Los ricos apoyan fundaciones para combatir enfermedades, para combatir el analfabetismo, el hambre, la mendicidad, el abandono, y muchas otras cosas indeseables.

Por cierto, ¿sabía usted que las mujeres ricas dan más que los hombres ricos? Ricos como Bill Gates y Warren Buffett – además de crear riqueza y hacer nuestras vidas más cómodas– dan millones y millones para todo tipo de causas artísticas, científicas, y de lucha contra la pobreza. Lo mismo hicieron Rockefeller, Mellon, Carnegie, Vanderbilt y otros Y aquí en Guatemala es lo mismo. Busque una obra de benevolencia significativa y en su junta directiva encontrará a los ricos locales.

A nivel de países, los países pobres reciben millones y millones de dólares en ayuda de los ricos en los países ricos. Esa ayuda llega directamente por medio de individuos, fundaciones y clubes de servicio; e indirectamente por medio de la cooperación internacional. Las víctimas de tsunamis en Asia, sequías en Africa, huracanes en Honduras, Guatemala y Nueva Orleans, terremotos en Turquía y en Haití y otros desastres naturales reciben generosas ayudas monetarias, tecnológicas y científicas de parte de los ricos en los países ricos. Y aunque los terremotos sean más fuertes en los países prósperos (y libres) como Chile; hacen menos daño que en países pobres (y no libres) como Haití. Y en muchos países ricos existe una cultura de benevolencia. No me crea a mí; por favor, vea las cifras.


25
Nov 09

Nunca colaboraré con la Teletón

Cuando la Teletón y Fundabiem consiguieron que se les asignara dinero de los tributarios, por medio del Presupuesto General de Ingresos y Egresos de la Nación dejaron de ser organizaciones voluntarias de servicio para convertirse en rentistas parasitarios. Abandonaron el sector voluntario y pacífico de la economía, para pasarse al sector coercitivo y violento de la misma.
¡Nunca colaboraré con esa operación, ni con ninguna otra que haga lo mismo! Los impuestos, para quien no lo sepa, son dinero ajeno tomado por la fuerza; y, para más INRI, es asignado políticamente a objetivos ajenos a quienes han producido ese dinero.
La benevolencia y la caridad son virtuosas, sí y sólo sí son voluntarias; empero, si la transferencia de riqueza se hace por la vía forzada, dejan de ser benevolencia y caridad para convertirse en expoliación. Es una lástima que la gente de Teletón y Fundabiem hayan abandonado la virtud de su obra para sumarse a la multitud de intereses particulares que creen que es moral obligar a otros a colaborar con su causa -por buena que sea-. Sepan que usar la fuerza de la ley para obtener el privilegio de expoliar a otros, no es bueno, no es virtuoso y no es correcto.
Me enteré de esto por un anuncio de agradecimiento que publicaron los beneficiados el 23 de noviembre en la página 41 de Prensa Libre.