Con la muerte de Jorge Cac, ayer, Efraín Cac y su famila asesinada pusieron el 50% de los cadáveres del bombazo del 3 de enero pasado en un autobús.
Yo no puedo dejar esta sin sentir rabia e indignación; ¿y usted?
Con la muerte de Jorge Cac, ayer, Efraín Cac y su famila asesinada pusieron el 50% de los cadáveres del bombazo del 3 de enero pasado en un autobús.
Yo no puedo dejar esta sin sentir rabia e indignación; ¿y usted?
¿Será que mi amiga Andrea, que tomó la foto, y yo somos malpensados? Vea usted: en el semáforo de la foto, el letrero electrónico avisa que se está usando una versión ilegal del software para los mensajes. ¿Usted qué dice? Mi amiga, Andrea, y yo opinamos que se parece a cuando alguien instala software pirata en su compu y Microsoft le avisa que está usando software de forma ilegal.
Usted, ¿qué cree? A lo mejor no; pero ¿y si sí? ¿Qué tal si Tu Muni compró el software en el mercado para discos piratas que construyó en El Amate? No. No podría ser. ¿O sí?
La primera parte de la trilogía de Atlas Shrugged, para el cine, ya está encaminada; y el pasado 7 de diciembre, en The Millennium Broadway Hotel, en Nueva York, hubo una presentación encabezada por John Aglialoro, productor y guionista de la peli.
Taylor Schilling es Dagny Taggart, Paul Johansson es John Galt, Grant Bowler es Hank Rearden, Jsu García es Francisco D´Anconia y se espera que esté en los cines el 15 de abril de 2011.
¡Yo casi no puedo esperar!, y mi amigo Giancarlo estuvo en Nueva York el 7 de diciembre pasado durante la presentación. El trajo la foto firmada por Taylor Schilling.
Para mí, ir a San Salvador e ir a cenar a la pupusería Carolina es un ritual parecido al de ir al Mercado Central de la ciudad de Guatemala y pasar comiendo a donde doña Mela.
Me fascinan las pupusas revueltas (con queso, chicharrón y frijoles), las de sólo queso y las de mora, que es el nombre que allá le dan a la hierbamora o quilete. Las hay, también de camote, pero esas nunca las he probado. No me gusta ponerles mucho repollo, pero sí me gusta que estén bien bañadas con salsa. Y, por supuesto, me gusta comerlas acompañado de un par de cervezas Golden.
Otra cosa que me gusta de ese lugar es que las meseras siempre son muy amables y divertidas. Nunca me ha tocado una que esté de malas pulgas.
Nunca estoy muy seguro de cómo llegar; pero a partir del Salvador del Mundo, agarra uno bajo un túnel, llega a un semáforo, cruza a la derecha y ahí está la pupusería Carolina. ¡Eeeeeeeeeh!
El Ministerio de Educación acaba de disponer que los estudiantes sometidos al sistema estatizante de indoctrinación y de coco wash que tiene a su cargo no podrán tener novias, ni novios, ni celulares en las escuelas. Eso me recordó aquello de que en tiempos del presidente Carlos Arana, los policías les cortaban el pelo a los patojos que usaban el cabello largo (como era la moda) y les bajaban los ruedos a las faldas de las chicas que usaban minifalda (como era la moda).
La norma del noviazgo dice que no serán aceptadas manifestaciones indecorosas de afecto; pero…¿qué es una manifestación indecorosa de afecto? ¿Quién decidirá qué, exactamente, es indecoroso? Ya me imagino a esos maestros de Joviel Acevedo, olorosos a rancio, persiguiendo chicos y chicas porque andaban de la mano, o porque se saludaron de beso.
La prohibición de armas de fuego y de estupefacientes tiene sentido; pero yo quiero ver cómo le van a hacer las autoridades escolares para obligar a los chicos a prescindir de sus BB y de ser afectuosos con sus güizas. Me atrevo a decir que esta va a ser otra de esas normativas de risa, como la ley anticapuchas, o la ley que prohibe que más de una persona viaje en motocicleta. Casi nadie va a tener la autoridad para hacerla cumplir y casi nadie la va a respetar. Además, como dijo el lector de un diario: estas actitudes paternalistas sólo ayudan a perpetuar la cultura de látigo que impera en Guatemala, cuando lo que necesitamos es cultura de responsabilidad.
Es inadmisible la pretensión de los diputados que quieren forzar la recontratación de los empleados del Registro Nacional de Personas, suyos contratos vencieron en diciembre. Es inadmisible que aquellos diputados citen al directorio del Renap; y que traten de obligar al director ejecutivo del Registro a echar marcha atrás en una disposición propiamente administrativa. Es inadmisible que los no recontratados traten de forzar una relación contractual ya que la naturaleza misma de las relaciones contractuales se basa en su carácter voluntario y pacífico, carácter que quedaría desvirtuado si se concretan sus pretensiones y las de los diputados demagogos que los apoyan.
Por algo se dice, con toda razón, que mientras que el sector privado de la economía es el sector voluntario de la misma; en tanto que el sector público de la economía es el sector coercitivo de aquella. El sector público está acostumbrado a basarse en la fuerza y en la coacción para actuar y, cuando dentro de él se dan relaciones contractuales que deberían ser pacíficas y voluntarias, rápidamente trata de imponerse la cultura de la fuerza.
Llama la atención, también, el hecho de que el ex director del Renap, Mauricio Radford, logró que muchos de los empleados del Renap se hicieron miembros del proceso de inscripción del comité pro formación de un partido político que estaba organizando el citado director destituido. ¿Cuántos firmantes serían coaccionados, o chanteajeados para que firmaran? ¿Sería inusual que aquello ocurriera? ¿Cuántos trabajadores del sector coercitivo de la economía se ven obligados a hacer cosas parecidas para obtener, o conservar sus contratos?
La semana pasada tuve el gusto de visitar el taller de añil Doctor Akio Hosono, en El Salvador. Ahí conocí algo del proceso de producción de este tinte natural y del proceso de teñido mediante el uso de nudos. Esta técnica es muy importante, aquí en Guatemala, y se la conoce como jaspe.
El añil o indigo se extrae de una planta conocida como jiquilite y fue uno de los productos principales de Guatemala, desde el tiempo de los mayas hasta antes que fueran descubiertos los tintes sintéticos y fuera sustituido por el café.
En casa tengo una colchita antigua teñida con grana cochinilla; pero no tengo nada teñido con añil. Eso es una lástima porque los tintes naturales tienen una intensidad y una profundidad que vale la pena disfrutar.
En la foto sostengo unos granos de añil.
El actual Mercado Central de la ciudad de Guatemala fue construido hace como 28 años y, según los inquilinos, desde entonces no ha recibido mejoras. En los últimos meses los inquilinos han enfrentado problemas con el voltaje de la energía eléctrica y, aunque hay cajas para los extinguidores de fuego, estas se encuentran vacías. La falta de agua impidió que los bomberos pudieran controlar el incendio que ayer destruyó 10 locales comerciales.
El Mercado es responsabilidad de Tu Muni.
Visito el Mercado Central con frecuencia porque me gustan la abundancia, el bullicio y la comida de doña Mela. Sólo allá consigo fruta de pan cuando la necesito; y sólo allá me consiguieron rosa de jamaica fresca para hacer mermelada. Me agrada, además, la forma en la que los inquilinos ofrecen sus productos y lo atenta que es la mayoría de la gente en aquel lugar. Siempre que puedo trato de llevar visitantes extranjeros al Mercado Central y ninguno ha salido defraudado.
Visito aquel mercado desde que era niño y todavía existía el viejo edificio que fue destruido por el terremoto de 1976 y que había sido construido en tiempos de Vicente Cerna. En aquel viejo mercado nos recibían La Catocha y La Chusita, que eran las marchantas a quienes les compraban mis abuelas y mi madre. La foto es de uno de los puestos en los que suelo comprar frutas y verduras.
Ojalá que la administración del Mercado Central se haga responsable de lo que le corresponde frente a los damnificados.