En menos de 24 horas, el esperado trailer de Atlas Shrugged, part I estará disponible en la Internet.
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En 1859 Charles Darwin publicó el libro que buscaba dar una solución al problema del cambio de las especies. En la conferencia El legado de Darwin, el profesor Daniel Haering explicará cómo los estudios de aquel científico siguen siendo utilizados, 150 años después, por múltiples disciplinas, entre ellas las ciencias sociales.
Actualmente ramas como la sociología, psicología y economía quedan desnudas sin la poderosa carga explicativa de las ideas evolutivas. Una conversación de Daniel Haering, con Yours truly está disponible aquí.
La conferencia será hoy, jueves 10 de febrero de 2011, a las 6:30 p.m. en el Auditorio Milton Friedman de la Universidad Francisco Marroquín. La participación es gratuita y abierta a todo público. El estacionamiento tendrá un costo fijo de Q30.
Hace ocho días agarré camino para Xela; y tengo muchas razones para decir que fue una excursión muy educativa, alegre y llena de buenas experiencias. Como los lectores se imaginarán, el componente alimenticio fue importante durante el viaje. ¡Se come sabroso en Quetzaltenango!
La cena que comí en Tertulianos, en la antigua e impresionante Villa Lesbia, no sólo fue riquìsima, sino que se enmarcó en el ambiente histórico de aquella residencia. Pedí un pescado al ajillo que me dejó el corazón contento.
Luego almorcé en El sabor de la India, el lugar de la foto. Aaaaah, el curry de res, con nan, fue estupendo. A ese lugar hay que llegar con paciencia porque no es uno de comida rápida; pero la espera -que tampoco es mucha- vale la pena. Los aromas en ese lugar son encantadores, el personal es muy amable y el ambiente relajado.
La otra cena la hice en El Pasaje Mediterráneo, en el Pasaje Enriquez. Ahí disfrutamos de su variedad de tapas, acompañadas por cerveza Cabro. Yo pedí una Mousaka, croquetas de jamón serrano y hummus, todos deliciosos. Igual estában riquísimos los platos distintos que pidieron mis acompañantes. En viernes, por la noche, el ambiente es de fiesta.
Finalmente, un desayuno lo hice en Baviera; y había pachitos. La mera verdad, hubiera querido comerme más de uno. Acompañado por chocolate y pan francés, mi desayuno de pachito estuvo muy reconfortante. Ahí, también, la atención del personal es muy agradable.
En este espacio se recibe, con frecuencia, la visita del lector Carlos Fajardo. Y con la misma frecuencia que el visita Carpe Diem, se le publican sus comentarios. Esto es a pesar de que, en ellos, el visitante acude generalmente a prácticas que en el boxeo equivalen a los golpes bajos. En ese sentido, Fajardo abusa de la hospitalidad que recibe en este espacio.
Para muestra, un botón: el más reciente de aquellos golpes bajos es el que usó cuando comentó la entrada que se titula Pacto político, atol con el dedo y el emperador desnudo. En ella, al criticar la distinción que hay entre democracia y república, Fajardo quiere hacer creer, a los lectores, que dicha distinción es un huevo de serpiente y que quienes distinguimos entre ambos no nos atrevemos a definir.
Fajardo, también, acude múltiples tipos de falacias -generalmente ad hominem– para descalificar lo que no puede desvirtuar con argumentos válidos.
Lo de que quienes distinguimos entre democracia y república no nos atrevemos a definir ambos términos es mentira; fácilmente evidenciada por el hecho de que Aristóteles hizo la distinción en La República; y los liberales más modernos, como Alexis de Tocqueville, en La democracia en América, también hicieron la distinción. Autores del siglo XX, como Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek también han escrito sobre el asunto. Y, por cierto, no estoy de acuerdo con el segundo en sus ideas sobre la democracia. Pero eso es otro par de zapatos.
En términos contemporáneos, autores como Edward Cline, Walter Williams, Glenn Woiceshyn, Alexander Marriott, Amit Ghate, Allen Forkum, Jessica Nappi y Carter Laren, entre otros, han abundado en el tema. Hace pocas semanas Marta Yolanda Díaz-Durán y Warren Orbaugh, en Todo a pulmón, hicieron un programa completo al respecto.
¿De dónde saca Fajardo que los liberales no definimos las diferencias entre democracia y república? ¿Por qué trata de engañar a los lectores? ¿Por qué?
Hasta ahora le he tenido paciencia a Fajardo y he publicado su retórica; pero cuesta tenerle paciencia. Verán los lectores: Carpe Diem es un espacio privado de uso público. Respeto la libertad de expresión de Fajardo y de todos, pero me pregunto: ¿estoy moralmente obligado a prestar mi espacio para que él, o cualquier otro lector, use falacias y distorsione la realidad con quién sabe qué propósitos? Y la respuesta es que no. No.
Respeto la libertad de expresión de Fajardo y de cualquiera otro; pero -como corresponde- ejercida en su propio espacio, con sus propios recursos, y con su propio tiempo. Invito a Fajardo, por ejemplo, a que establezca un blog propio y que desde ahí, con toda libertad, se exprese cuanto quiera y como quiera y contribuya al diálogo como pueda. Nunca me atrevería a negarle su derecho a la libre expresión en su espacio y con sus recursos; pero puedo reservarme el derecho a negarle el uso de mi espacio y de mis recursos.
Verán los lectores: un derecho se basa en un pacto voluntario y su ejercicio implica las obligaciónes de no dañar a otros, ni infringir cargas a nadie con él. De esa cuenta, en Carpe Diem no me siento obligado a cargar con falacias repetidas, repetidas y repetidas. Ni a patrocinarlas.
Cuando en una sociedad unos se atribuyen derechos, a costa de obligar a otros, esa sociedad vive bajo un doble estándar moral que mina la cooperación social pacífica que es el cimiento de la mismísima sociedad. No estoy, ni puedo estar, obligado a prestarle mi espacio y mis recursos a la repetición de falacias que tergiversan los principios y los valores que aprecio.
¡Bienvenido el diálogo!; pero, por favor, sin falacias y sin distorsiones retóricas deliberadas y repetitivas.
Quien quiera vivir, tiene que cumplir. A partir de las 8 de la noche, no queremos a nadie en la calle; si no, se muere. Los patojos al salir de la casas, escuelas o colegios deben ir solos, no en grupos o se mueren, dicen los panfletos anónimos que aparecieron en las colonias Villa Hermosa de San Miguel Petapa, y Ciudad Real de la zona 12 de la ciudad de Guatemala. Estos advierten sobre un nuevo reglamento que ha impuesto un grupo de pandilleros.
Aquí nos encontramos como en un estado de sitio, pero impuesto y dirigido por grupos de pandilleros. Estamos bajo las órdenes de ellos, susurró un residente de Ciudad Real.
¿Quién protege a los vecinos de la zona 12 y a los de Villa Hermosa? Ni la Municipalidad capitalina, ni su alcalde, Alvaro Arzú, que dice que es Orden; y ni el gobierno central que tiene a su cargo la seguridad ciudadana.
Este, claro, no es un fenómeno exclusivo de aquellas áreas. Dos personas que trabajan conmigo, y viven en Ciudad Quetzal y en Villa Canales, se quejan de situaciones similares. Viven atemorizadas constantemente por delincuentes que habitan en esas áreas y que los someten a amenazas y extorsiones.
¿Quién, entonces, es el gobierno?
El jueves pasé por el Parque Centroamérica, de Xelajú, a tiempo para ver cómo arriaban las banderas de Guatemala y de Quetzaltenango. Fue una ceremonia sencilla y sin pretensiones que creo que, con un poco de esmero, podría convertirse en un acto bonito y atractivo para los habitantes y los visitantes de aquella ciudad hermosa.
No en reverencia al estado y menos en un acto de sumisión ante las autoridades -pero sí en un acto que celebrara la libertad y los valores republicanos– el de arriar las banderas podría ser una buena oportunidad para pasar un buen rato y llevarse otro buen recuerdo.
Lo ideal sería que no fuera algo kitsch, sino una ceremonia con dignidad y elegante sencillez. El marco del parque y de los magníficos edificios que lo rodean se presta para iniciar una bonita tradición.
Cada esquela de media página, en un diario de amplia circulación, puede llegar a costar hasta Q7,560. Y ayer, Rafael Espadita Espada, el vicepresidente de la solidaridad, puso esquelas en tres diarios con dinero de los tributarios. Supongo que el pago de las esquelas fue con dinero que no se usó en hospitales, ni en escuelas, ni en los tribunales de justicia porque están encabezadas no personalmente por Espadita como persona individual, sino por el logo de la Vicepresidencia de la República. Ojalá que me equivocara, pero sospecho que Espadita pudo no haber pagado las esquelas de su bolsa, sino que se las cargó a los tributarios…y a los niños que no tienen pupitres, a los ancianos que no tienen medicinas, y a los que no reciben justicia cuando son víctimas de delitos. ¡Así no hay dinero que alcance, y con razón quieren más impuestos!
¿Puede, Espadita, dormir tranquilo? ¿Deberían, los políticos tener la potestad de gastarse el dinero que les cuesta ganar a otros, en vanidades como esquelas? Espadita, ¿habrá quedado bien con las esquelas con su dinero, o con el de los tributarios?
Los mismos dirigentes políticos (y otros más que quién sabe qué estaban haciendo ahí) que pintan y ensucian las carreteras el país; y que hacen campaña política disfrazada a pesar de que la ley se los prohibe, se reunieron para firmar un pacto ético. Los mismos dirigentes políticos que usted ha visto usufructuando y malgastando el dinero de los tributarios se reunieron para firmar un pacto ético. Los mismos políticos que usted ve ve orquestar campañas negras y transar principios se reunieron para firmar un pacto ético.
Yo quisiera, y de verdad que quisiera, tomar en serio a los 21 dirigentes que se reunieron ayer para firmar el pacto ético; pero a mí ya no me dan atol con el dedo. Y, por lo tanto,no puedo sino sonreír frente a la candidez los que celebran el supuesto acuerdo y preguntarme si alguien se estará dando cuenta de que el emperador anda desnudo.
Hágame usted el favor. ¿De verdad van a respetar la ley los políticos que casi nunca dudan en violarla? ¿Ha visto, alguna vez, una campaña centrada en valores y principios que no sean el oportunismo, la demagogia y la superficialidad? ¿No sería mejor que en vez de principios y valores democráticos, los políticos se guiaran por principios y valores republicanos? Aparte de las listas de buenas intenciones para satisfacer a grupos de presión específicos, ¿algún partido de los ahí reunidos tendrá, o irá a un plan de gobierno propiamente dicho? ¿Me va a decir usted que el partido oficial -y cualquiera otro que pueda- no va a usar el dinero de los tributarios para hacer campaña? ¡Ya vas que los partidos van a reportar completito el dinero que reciben, y menos si es de los narcos!
Yo quisiera creer en la buena voluntad de los que aspiran al poder -en un país con instituciones debilitadas y con pocos límites al ejercicio del poder-; empero, vea usted la trayectoria de quienes acudieron al pacto y pregúntese con seriedad: ¿Qué incentivo tendrán para comportarse como nunca se han comportado la mayoría de ellos?
Si los políticos estos no cumplen con la ley, ¿por qué iban a cumplir un pacto?