12
Jun 07

Monumento en recuerdo a las víctimas del comunismo

“El mundo ha sido reacio a reconocer los horrores del comunismo…ahora, por fin, serán recordados”. Washington Times.

Hoy en la mañana el Victims of Communism Memorial fue dedicado en Washington D.C. La fecha de hoy, elegida para este acto de justicia, es simbólica: es la fecha en la que Ronald Reagan, frente a la Puerta de Brandemburgo le pidió al presidente soviético Mikhail Gorbachov que derribara el Muro de Berlín.

Coincido con los organizadores de este importante monumento, con que es una gran falla moral de las personas que viven en libertad el no entender los alcances de las atrocidades de los comunistas. Mientras que los horrores del nazismo son conocidos por todos y mientras que pocos ignoran el número de 6 millones de judíos asesinados en el Holocausto, ¿quién recuerda que la Unión Soviética asesinó a más de 20 millones de personas? ¿Quién sabe que las dictaduras chinas han asesinado a más de 60 millones de personas? ¿Quién recuerda que el Kremlin mandó a la tumba, por hambre, a más de 6 millones de ucranianos? ¡Decenas de millones de chinos murieron durante las reformas agrarias de Mao! ¡Ho chi-min mandó a la tumba a 850 mil vietnamitas en sus “campos de educación!” Castro enterró a sus disidentes en la infame Isla de Pinos. Y las voces de los estudiantes, pidiendo libertad, fueron silenciadas en Tiananmen.

Para leer más al respecto recomiendo: Cuando el rojo no ha muerto, por Gary Kasparov. Artículo publicado por el Centro de Estudios Económico-Sociales, y traducido por mí.

La foto es de www.genocidecurriculum.org


24
May 07

El Papa flip-flop

En Brasil, Benedicto XVI dijo que “el anuncio de Jesús y de su Evangelio no conllevó en ningún momento una alineación de las culturas precolombinas y no impuso una cultura extranjera”. El comentario papal fue un desatino, evidentemente; porque hasta las piedras saben que los españoles impusieron el cristianismo a hierro y fuego. ¿Quién ignora que Alejandro VI le dió licencia a la corona española para conquistar estas tierras con la condición de que “salvaran las almas” de sus habitantes”.

Benedicto XVI tuvo que tragarse sus palabras, entre otras cosas, porque Hugo Chávez le exigió que les pidiera perdón a los indígenas de América por haber negado “el holocausto aborígen”. El Papa reconoció ayer que esos “crímenes injustificados” fueron “condenados en su época por misioneros” y que, en todo caso, no deben hacer olvidar “la obra maravillosa llevada a cabo por la gracia divina entre sus poblaciones a lo largo de los siglos”. Las palabras del Pontífice fueron interpretadas por los expertos en temas vaticanos como una especie de redención para la Iglesia Católica en esos “crímenes” cometidos por “los colonizadores”.

Fray Matías de Paz consideraba que el “justo título” para la conquista era la donación papal; y que la guerra tenía como justificación última que los indios “abrazaran la verdadera fe de Cristo”. El clérigo Juan Ginés de Sepúlveda consideraba la guerra “justísima y obligatoria” con el objetivo de corregir la impiedad, los abusos y pecados de los indios. El Requerimiento, de Juan López de Palacios Rubios, amonestaba a los indígenas para que aceptaran el dominio español y “la verdadera fe”. Claro que personajes como el obispo Francisco Marroquín cuestionaban el trato que se les daba a los indígenas; pero prevaleció el criterio de que los conquistadores tenían el deber de cristianizar a los indios, a como diera lugar.

Esta no es la primera vez que el papa Ratzinger tiene que desdecirse en materia de su interpretación de la Historia.

En 2006, en Ratisbona, el discurso del Papa sobre las relaciones entre la fe y la razón provocó una oleada de indignación en el mundo musulmán por el presunto nexo que implicaba entre Islam y violencia. Benedicto XVI se defendió de esas críticas e hizo públicas algunas precisiones, pero no se excusó por las mismas. Ese mismo año, durante su visita a Auschwitz, el obispo de Roma habló de seis millones de víctimas polacas, sin precisar que la mitad fueron judíos. Nuevamente volvió a intentar arreglar las cosas cuando volvió al Vaticano hablando de “unos seis millones de judíos” exterminados en los campos de concentración nazis.


08
Ene 07

Su Eminencia, el policía secreto

Allá por 1986 estalló el Waldheim Affaire. Resultó que el presidente austriaco y ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Kurt Waldheim, había sido miembro de una división paramilitar del partido Nazi durante la II Guerra Mundial. Waldheim fue declarado Persona non grata en varios países y en 1987 fue puesto en una “lista negra” para impedir su ingreso a los Estados Unidos de América. Durante su gobierno Waldheim no realizó muchas visitas a paises extranjeros, salvo al Vaticano y a algunos países del Oriente Medio.

Yo digo que si alguien fue colaborador del régimen totalitario que fue responsable del Holocausto y de 6 millones de judíos asesinados, lo menos que se merece es ser declarado Persona non grata, ¿o no?

El 7 de enero pasado Stanislaw Wielgus, recien nobrado arzobispo de Varsovia, renunció bajo la presión del Vaticano tras conocerse que había sido ex agente de la policía política polaca durante la dictadura comunista. Una comisión especial de el episcopado polaco comprobó que Wielgus colaboró efectivamente con la policía comunista; y el prelado cometió su “error” en un mensaje publicado el viernes 5 de enero. El portavoz del Vaticano, Federico Lobardi, dijo que “el comportamiento de Wielgus durante el régimen comunista comprmietió gravemente su autoridad”.

¿Qué se merece alguien que colaboró como policía secreto de un régimen que costó casi 62 millones de muertos en la Unión Soviética, casi 77 millones de muertos en la China Popular, unos 2 millones en Caboya, casi 2 millones en Vietnam, más de 1.5 millones en Polonia, casi 2 millones en Corea del Norte y muchos, muchos, muchos, más en otros lugares de Africa, Asia, y en Cuba, por ejemplo?

“En Alemania es ilegal negar el Holocausto. Es ilegal en los Estados Unidos discriminar con base en la raza, o credo. Pero, los líderes de Rusia no han pedido perdón por el pasado; algunos, incluso, lo están celebrando. Gracias a una notable derrota militar y a los juicios de Nuremberg, el gobierno Alemán de la post guerra pasó por medio siglo en expiación. El gobierno ruso post soviético, cuyos funcionarios incluyen a muchos ex comunistas, es un descendiente directo del régimen soviético. Por eso es que no existe un sentido de responsabilidad hacia las víctimas de la era comunista, que duró casi seis veces más que el terror Nazi”, escribieron Gary Kasparov y Therese Raphael en la National Review el 8 de abril de 2002.

“¿Por qué los crímenes comunistas parecen ser perdonables? Al hablar con ocasión del día nacional Checo, el 28 de octubre, el presidente Havel notó el lento ritmo de las investigaciones y de los juicios de los ex-comunistas y la falta de interés público, y ofreció una respuesta: De una forma o de otra, la mayoría de nuestra población, bajo presión evidente e inteligente, cooperó con el régimen, o por lo menos lo toleraba. El ve que un sentimiento subconsciente, de cierta medida de involucramiento, o de culpabilidad por la participación, podría llevar a un debilitamiento de la necesidad de ver juzgados al antiguo régimen y a sus representantes”.

“Una de las grandes mentiras del último siglo la de que el comunismo fue una fuerza fundamentalmente benigna que cayo en manos de hombres perversos tiene un gran poder de permanencia. Los manifestantes en contra de la globalización llevan carteles del Che Guevara y de Mao. Los coreanos protestan contra la presencia de tropas americanas, ignorantes o indiferentes a que su presencia simbolice el sacrificio en nombre de la libertad. Algunos profesores en universidades occidentales se las arreglan para separar la teoría comunista de su aplicación horrible. Miles de húngaros protestan contra su nuevo museo llamado La Casa del Terror, sorprendidos de que el comunismo y el fascismo pueda recibir igual tratamiento, o de que el primero, en particular, pueda ser descrito como una forma de terror. En un mundo que ha redescubierto los valores de la realpolitik, tales cosas deberían de encender los timbres de alarma”, dicen Kasparov y Raphael.