10
Dic 08

Paellada en la fiesta de Concepción Reyes

Con una majestuosa paella, preparada por mis amigos Ramón y Mercedes, empezaron las festividades chapinas de Concepción Reyes.

Ramón y Mercedes se lucieron, no sólo con la citada paella, sino con una reunión calurosa entre amigos. Uno de esos encuentros que lo llevan a uno a tiempos y a espacios familiares, donde lo que es bueno y lo que es bello (…y lo que es sabroso) son las notas que unen y animan.

Hacer una buena paella no es fácil; pero hay dos secretos que ayudan: El primero, es usar ingredientes frescos, y era evidente que esta los tenía. El segundo, está relacionado con la preparación cuidadosa del caldo con el que se cuece el arroz, y sin duda, la intensidad del sabor de esta paella, delataban que el caldo había sido preparado ¡como debe ser! La paella del sábado fue un gozo delicioso.

Mi padre, por cierto, preparaba una pella magnífica; y cuando la hacía, los niños lo ayudabamos. Lo hacíamos cuando lo acompañabamos al Mercado de La Placita a comprar ingredientes, y lo hacíamos cuando nos ponía a pelar calamares y a limpiar almejas. Y bueno…aunque tengo más de 5 años de no hacer una, mi paella es muy buena, también.

Para los no iniciados, es útil aclarar que la festividad chapina de Concepción Reyes tiene mucha raigambre. Comienza en el día de la Quema del Diablo, directamente relacionada con la celebración de la Inmaculada Concepción, el 7 de diciembre; y termina el 6 de enero, para la fiesta de Reyes. Una versión más corta es la Guadalupe Reyes que empieza el día de Guadalupe, o sea el 12 de diciembre, y termina en el citado 6 de enero.

Durante Concepción Reyes se come y se bebe -a diario- en compañía de familiares, amigos, colegas, clientes, proveedores. Generalmente hay más de una de esas reuniones en el día; y los chapines les damos el nombre de convivios.

Este año, la paellada de la víspera del día de la Quema del Diablo, en casa de Ramón y Mercedes, inauguró mi temporada de Concepción Reyes. ¡Y fue una inauguración soberbia!

La foto es por mi amiga Marta Yolanda.


09
Dic 08

No son sólo galletas

Las galletas que generosamente me enviaron los chicos del Hogar Rafael Ayau, han sido las primeras de la temporada. No sólo son muy sabrosas, de gengibre; sino que en ellas aprecio mucho la alegria, la esperanza, y el cariño que esos chicos saben dar.

A ellos; a las madres Inés, Ivonne y María; al personal del Hogar y a todos los que lo hacen posible, les deseo que reciban muchas bendiciones, y que en 2009 se hagan realidad sus sueños.


08
Dic 08

¡Quémate, diablo, quémate!

En casa de mi amiga, Lucy, quemé al diablo como buen chapín; es decir: con cohetes, buñuelos, y lo más importante, rodeado de familia y amigos.

Lucy se lució con sus buñuelos, que le salieron esféricos, esponjados y dorados, como debe ser. Aquellas confecciones son la mejor parte de esta celebración y siempre es maravilloso comerlos bañados en miel de anís.

Una de mis anéctotas favoritas acerca de los buñuelos es la de una ocasión en la que mi padre decidió jugarle una broma a mi hermano, Juan Carlos. Resulta que JC es de los que tomaba la porción más grande y el buñuelo más grande, siempre que podía; así que un 7 de diciembre, mi padre tomó un pedazo de algódón, lo forró con masa de buñuelos y produjo uno notablemente más grande y hermoso.

Ya cubierto con miel, el buñuelo en cuestión se veía tentador, así que cuando JC entró a la cocina y vio el buñuelo grande lo reclamó para sí. Mi padre entabló con él una discusión y le disputó el buñuelo. Los que sabíamos de la broma observábamos con entusiasmo y el momento culminante fue cuando mi hermano tomó el buñuelo y se lo metió entero a la boca.

Y tardó unos segundos en notar que había algo extraño. Unos segundos más se requirieron para que se diera cuenta de que había caído en una broma y que estaba mascando un buñuelo de algodón.

En casa siempre recordamos esa broma de mi padre, que se caracterizaba -entre otras cosas- por su sentido del humor alimenticio, del cual JC era una víctima perfecta.

Resulta que Juan Carlos era muy melindroso; y a la hora del almuerzo siempre preguntaba que qué era lo que le estaban sirviendo. Y eso contrasta conmigo, porque yo comía lo que me sirvieran, y nunca objetaba lo que había en la mesa. De hecho, para mí el asunto era que mientras más exótico, mejor.

Así que mi padre se inventaba que estabamos comiendo culebra, brontosaurio y cosas así; de modo que le pobre JC no sólo se tenía que comerse lo que hubiera, sino que se lo tenía que comer creyendo que era algo repugnante.

Una vez traté de hacerle la broma a mi sobrino, el Ale. Regresábamos de Tikal al hotel y sin duda él llevaba hambre; así que preguntó que qué ibamos a almorzar. Yo le dije que no sabía, pero que suponía que comeríamos mono, como los mayas. Y bueno…el Ale no dijo nada; y se sentó a la mesa a comer su bistec, tranquilo y contento, creyendo que era mono.


03
Dic 08

Novedades en mi mesa

Un güicoy al que se le puede comer la cáscara y camotes de piel blanca. Estos fueron los hermosos obsequios de mi amiga Carmen y, además de hermosos, estaban deliciosos.

Me llamó la atención, lo dulces que eran. Me comí ambos vegetales sólo cocidos para probar su sabor natural; pero me imagino que un ante con esos camotes ha de ser muy, pero muy bueno. Y a mí, por cierto, me gusta mucho el dulce de güicoy sazón horneado en su cáscara, que es uno de mis postres favoritos. Especialmente con un toque discreto de Zacapa Centenario.
Y no puedo hablar de camotes sin recordar que cuando yo era niño había camotes de pulpa morada. Porque estoy seguro de que más de una vez, en casa de mi abuela, comimos ante de camote morado, tubérculo que ha desaparecido completamente del mercado.
Estos vegetales, por cierto, los cultiva y promueve la Misión Técnica de Taiwán.

30
Nov 08

Viaje virtual de los sentidos por el Oriente Medio

A mi me gusta, mucho, la comida mediterránea; tanto la occidental, como la oriental. Y la foto es la de una estupenda gelatina de pistachos y agua de rosas que fue el postre durante el almuerzo al que me invitaron mis amigos Sylvia y Moi. La rodaja de gelatina está acompañada por rosquitas de anís.

Mis sentidos del olfato y del gusto se dieron una fiesta memorable con esa gelatina, que coronó un viaje virtual para ellos y para mí, por medio de dolmas, keppes, babaganush, hummus y otras delicias propias de la comida del Oriente Medio.

La primera vez que comí comida árabe fue con mi padre en un restaurante que quedaba en la Plaza España, de Guatemala; poco tiempo después, mi madre preparó dolmas, que presentó como comida griega. Y hablando de griegos, una vez en una kermesse celebrada en una iglesia ortodoxa de Washington D.C. pedí un postre que yo calculaba que iba a ser exotico y resultó ser buñuelos, lo cual me hizo pensar en las evidentes relaciones culinarias que hay entre la comida del oriente medio, la comida española y la latinoamericana. En DC, en Bethesda y cerca del zoológico, recuerdo que había buenos restaurantes libaneses.

Hace ratos que no voy; pero en La Antigua hay un lugarcito al que hay que ir con tiempo y paciencia, que se llama Hellas. Y ahí sirven rica comida griega.


22
Nov 08

Tamalitos blancos en hojas de canak

Estos son tamalitos blancos en hojas de canak. Por supuesto que yo ya había probado los tamalitos blancos en la usual hoja de maxán; y esa es la razón por la cual el envoltorio de estos me sorprendió.

Me cuentan que el canak es un árbol típico de la región de Tecpán; y ciertamente que sus hojas le dan un sabor distintivo a los tamalitos blancos. Este tipo de tamales, de maíz, sirven de acompañantes para las comidas y sustituyen a las tortillas.

En Casa Xara, nos los sirvieron para acompañar el Estofado de 7 carnes, que también es un plato típico de aquella región.

Los tamalitos, de distintas clases, suelen envolverse en las citadas hojas de maxán, en hojas de maíz y en tusa; y cada una de esas formas de envoltorio le da un sabor característico a los tamalitos.


20
Nov 08

Tortillas negras, ¿o azules?

Estas son tortillas de maíz negro, aunque algunos dicen que en realidad es azul.

La primera vez que ví tortillas de maíz negro, iba rumbo a San Juan Ostuncalco con mi tía Adelita. En algún pueblo ella le pidió a su chofer que se detuviera y que fuera al mercado a comprar comida. Y Baltasar volvió cargado con tortillas y queso.

Grande fue mi decepción cuando abrió la servilleta con tortillas porque eran oscuras; y yo nunca había visto tortillas de ese color. Las había visto blancas, por supuesto; y las había visto amarillas, que son hermosas y dan hambre. Pero estas, me dije, de plano que están enmohecidas. Y pregunté, para mis adentros, que qué le habría pasado por la cabeza a Balta, para haber comprado tortillas pasadas.

Grande fue mi sorpresa cuando mi tía abuela preparó tres tortillas y nos dió una a cada uno. Ese fue el momento que escogí para preguntar si las tortillas estaban buenas. Y grandes fueron las risas de la tía Adelita y de Balta cuando cacharon lo que estaba pasando. Y yo quedé grandemente azareado.

Por supuesto que el sabor de las tortillas negras con queso era delicioso; y, desde entonces, siempre que las hay me las gozo mucho. Su sabor es ligeramente más dulzón que el de las de maíz blanco, que son las más comunes.

Estas, las de la foto, nos las sirvieron en Casa Xara, el viernes pasado, durante el almuerzo. Ocasión en la cual disfrutamos un delicioso jocón, plato típico de Huehuetenango, hecho con pollo y una salsa de culantro.


02
Nov 08

Se fueeeeeeee, el día del fiambre

Este año no hicimos fiambre en casa. Sin embargo, mi amiga Alice nos obsequió un plato del suyo, e igual cosa hizo mi amiga Conchi. Ambos, diferentes, estaban bien, bien ricos. Y, en casa de mi mamá, probamos del de su consuegra, La Chiqui, que estaba bien sabroso. También comimos ayote, hecho por mi tía Veralí, y mi madre dice que ella tiene la sazón de mi abuelita Juanita. Total…tuvimos un buen Día de Todos los Santos.

La foto que ilustra esta entrada es del fiambre que hicimos en casa en 2005, y ese fue el primer fiambre que hicimos, aquí, sin el apoyo directo y la asesoría de mi madre.

En casa de mis padres, la tradición era que comíamos el fiambre en casa de mi abuelita Frances. El día 1 de noviembre, mi padre nos llevaba al Cementerio para ir a visitar la tumba de mi abuelo. Como ese día no se permite la circulación de vehículos dentro de la necrópolis, uno debe entrar a pié, así que caminabamos y regresabamos muy hambrientos, listos para devorar el plato tradicional del día.

Mas tarde, mi madre asumió la tarea de elaborar el fiambre familiar y, entonces, el mismo lo elaborabamos en casa de mis padres.

El fiambre es, por mucho, el plato típico más extraordinario y magnífico de la cocina chapina. Es una combinación delicada y balanceada de diversas carnes y vegetales, generalmente unificados por un caldillo. El plato tiene sus detractores que yo pongo en dos cajones: el de los melindrosos, del cual no vale la pena ocuparse; y el de los que han tenido una mala experiencia con él, principalmente porque han probado alguno que, en vez de ser una combinación delicada y balanceada, ha sido una mezcla pretenciosa -o miserable-.

No hay un fiambre igual a otro; ni siquiera los que vienen del mismo orígen. Y aunque he probado fiambres francamente feos; probar varios siempre es una experiencia epicúrea.

Por cierto que mi amiga y lectora, Nancy, ha mencionado en los comentarios algo muy importante, que dejé entrever en el primer párrafo pero que vale la pena subrayar: El fiambre se comparte siempre, aunque haya poco y aunque sea humilde.

En la ciudad es algo difíl notarlo; pero en los pueblos es muy evidente. A lo largo de la mañana del día 1, platos van y platos vienen de una casa a otra. O bien, a la casa donde se hace el fiambre, llegan familiares y amigos a comer. Los invitados -y los invitados de los invitados- suelen llevar algo de su propio fiambre, o bien, aveces llevan otra cosa, como dulces de ayote, o de jocotes. Algunas cervezas y otras bebidas siempre son bienvenidas. Como el fiambre tiene vinagre, no es recomendable comerlo con vino. Y si se tiene a la mano pan de horno de leña…¡¿qué mejor!?


26
Sep 08

Sorpresa en casa: tamalitos de viaje

Hoy me encontré con la sorpresa de que en casa habían hecho tamalitos de viaje. Antiguamente, la gente hacía este tipo de tamales de masa de maíz cuando emprendía un viaje. La idea era llevar consigo alimento en caso de que, en el camino, no se encontrara qué comer.

Esto era particularmente cierto durante la Semana Mayor porque, antes, durante los días principales de esas fiestas, no se encontraba nixtamal. El nixtamal es la masa de maíz que es usada para hacer tortillas, o tamales.

En casa, los tamalitos de viaje no son exactamente como eran antes; porque aquí les ponen un sofrito de zanahoria y de chile pimiento que eleva aquella comida tradicional a un nivel superior. Además, en su elaboración se usa margarina con aceite de oliva. Aveces los hacen envueltos en tusa, pero hoy los hicieron envueltos en hoja de maxán. La tusa es la hoja que envuelve el elote (pero seca) y el maxán es una hoja aromática que se usa para envolver tamales.

Total…los tamalitos se convierten en un complemento magnífico que alegra cualquier comida. En rodajas, y asados al carbón, alcanzan su máxima expresión.


21
Sep 08

¡La alegría del Dim Sum!

Gracias a mis amigas, Carmen y Violeta, hoy he desayunado Dim Sum o pequeña comida, en mandarín. Uno podría decir que es un brunch chino o algo parecido; y consiste en una selección de platillos de lo más variado. De hecho, en Lai Lai uno puede escoger de entre 46 platillos distintos: calientes y fríos, dulces, agridulces y salados.

Yo conocí el Dim Sum o Yám Cha, hace varios años y siempre me trae alegría.
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En esta ocasión pedimos: Ha Kaw, o dumplings de camarón; Kao Choy Kao, o dumplings de cebollín; Cha Siu Pau, o bollos de marrano; Nai Wong Pau, o bollos de manjar; Tan Taat, o tartaletas de huevo; bocados de malanga; Chun Tui Chan, o bolitas de ajonjolí; sopa de arroz con marrano y yhuevo Peitan; y bocados de rábano blanco con salsa Xo. Todo acompañado por un magnífico te Oolong, que quiere decir dragón negro.
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Por cierto que mis amigos taiwaneses siempre se ríen cuando les cuento que hay una canción que se llama So long, Oolong; así que la pongo aquí, para el divertimento general.