Canak, o árbol de manitas


Uno de los fenómenos que más me ha fascinado, desde que era niño, es el siguiente: Uno nunca ha oído ni visto algo; y de repente uno se encuentra con ese algo y le llama la atención; y luego una y otra vez ese algo vuelve a aparecer y a aparecer en la vida de uno.

Me explico: Cuando ví por primera vez el Lienzo de Quauhquechollan, me cayó muy en gracia el dibujo de un árbol que tenía flores como manos y la cosa no pasó a más. Hace unas semanas, viendo detalles de la flora que hay en el Lienzo, me enteré de que el árbol citado se llama arbol de manitas porque sus frutos rojos parecen manos. Y claro, por eso es que los quauhquecholtecas lo pintaron como lo pintaron.
Una, o dos semanas después me topé con tamalitos envueltos en hojas de canak, en la Casa Xara, de Tecpán; y comenté el asunto porque nunca los había visto y me parecieron muy sabrosos.
Y hoy, no sólo me he enterado de que el árbol de manitas y el canak son la misma cosa, sino que, además, resulta que he conocido personalmente al árbol citado. Y, aunque es un ejemplar pequeño y todavía no muestra sus encantadores frutos, sus hojas si las pude apreciar.
No estoy seguro, pero creo que Max Demian, explicó el fenómeno en el sentido de que cuando algo le llama la atención a uno, los sentidos de uno están más atentos y por eso uno tiene la sensación de que el algo se le cruza a uno en la vida con insistencia. A mí me parece una buena explicación.

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