30
Jul 17

Política y tipo de cambio

En 1999, cuando el dólar estaba escalando e iba a Q7.30 por uno, había gente se preocupaba porque el quetzal perdía valor y clamaba porque los políticos y sus burócratas hicieran algo para apuntalar la moneda nacional (principalmente que el Banco de Guatemala vendiera dólares para elevar la oferta artificialmente). Dieciocho años después, cuando el dólar está al mismo precio de Q7.30 hay gente que se preocupa porque el quetzal vale demasiado y clama porque los políticos y burócratas hagan algo para apuntalar el dólar (principalmente que el banco central compre dólares para elevar la demanda artificialmente).

¿Ves lo que pasa cuando se permite que la política controle los precios?  No se puede tener a todos contentos y la política favorece a aquellos que tienen la posibilidad de influir en ella y de usarla en su propio beneficio.

Los precios, como el del dólar con respecto al quetzal, son mecanismos de información que les sirven a los actores económicos para saber dónde alocar recursos y dónde no. Por ejemplo, ahora que están caros los tomates, porque ha bajado la oferta, quizás sea tiempo para sembrar tomates, o importarlos.  Es mal tiempo para dejar de producir tomates.

Si los precios son alterados políticamente para beneficiar grupos de interés particulares, la información que acarrean los precios es censurada y los actores económicos no tienen información confiable sobre donde alocar recursos, y donde no.

Antes había gente incomodada porque la política no servía a sus intereses, y ahora hay gente incomodada porque la política no sirve a sus intereses.  Pero lo único que sirve a los intereses de todos -en el largo plazo y all things considered– es que la información que acarrean los precios sea confiable. Y la eliminación del privilegio de usar la política y la legislación en beneficio propio.


27
Jun 17

¿Parqueos gratis? No hay tal cosa como un almuerzo gratis

La iniciativa de forzar, por medio de legislación, a que los parqueos sean gratuitos durante las primeras dos horas y a que los estacionamientos estén asegurados -en centros comerciales y universidades- es un desatino por dos razones: viola la libertad de producir e intercambiar sin coerción; y hace que otros tengan que pagar por servicios que usan unos.

Me explico:

Cuando alguien construye estacionamientos hace una inversión e incurre en costos con la esperanza de prestar un servicio y hacer negocios con quienes -de forma voluntaria y pacífica- quieren hace uso de aquellos servicios.  Quienes prestan servicios de estacionamiento lo que ofrecen es espacio.  Se engañan quienes creen que los estacionamientos ofrecen servicios de seguridad.  Voy a abundar en esto abajo al transcribir un artículo que escribí hace ratos sobre este tema.

Cuando tu estacionas tu vehículo en un parqueo pagas X por el espacio que ocupa tu automóvil.  Si quisieras que este esté asegurado tendrías que pagar X + Y + Z porque el seguro tiene un costo (Y).  Y también lo tienen los guardias que habría que contratar (Z) para que controlaran los movimientos dentro del parqueo y evitaran daños.

Si estaciono mi vehículo en un parqueo bajo las condiciones de la pretendida ley de supuesta gratuidad, el costo de X + Y + Z no lo pagaría al salir como ocurre ahora con el pago de Z.  Lo pagaría al consumir en mi lugar de destino porque los espacios de estacionamiento tienen costos.  Y los costos se trasladan siempre que es posible trasladarlos. Entonces, en lugar de pagar X por un almuerzo en el food court del centro comercial, yo tendría que pagar el precio del almuerzo, más una parte proporcional de Y + Z y así en cada consumo.  Pero lo que es peor es que aquellas personas que lleguen sin vehículo al lugar, también tendrían que pagar una parte proporcional de la supuesta gratuidad del estacionamiento de mi vehículo.  Mi vehículo estaría estacionado aparentemente de forma gratuita; pero otros -incluso los que no llegaron con automóvil- pagarían una parte proporcional de mi privilegio.  Es por eso que Milton Friedman dijo que no hay tal cosa como un almuerzo gratis.  El almuerzo que es gratis para unos, necesariamente es pagado por otros.

La propuesta del diputado Alvaro Velásquez (ex-Convergencia) es populista e injusta. A continuación un artículo que escribí hace poco más de un año en un contexto parecido:

Algunas personas creen que los parqueos privados deberían ser regulados; que debería haber un control de precios y que, por ejemplo, los propietarios de los estacionamientos deberían responder por daños que ocurran en los locales. Esa perspectiva pierde de vista que el servicio que prestan los estacionamientos y por el cual cobran lo que cobran (y los usuarios pagan sin ser obligados a adquirir el servicio) es el de espacio para estacionar; no el de seguridad para el vehículo. Este último es un tipo de servicio muy diferente al del espacio y no estoy seguro de si alguien querría prestarlo voluntariamente a los precios actuales. Aquella óptica pierde de vista que, cuando hay control de precios, sucede lo que tiene que suceder: escasez.

Mientras tanto, toma en cuenta que:

1. En los estacionamientos generalmente hay letreros que explican que el establecimiento no se hace responsable por daños a los vehículos y que los propietarios los dejan ahí por su cuenta y riesgo. De modo que queda claro que a cambio de cualquiera que sea la suma que me cobren en el parqueo, lo que me ofrecen es un espacio para dejar mi carro; y no me ofrece seguridad.

2. En esas condiciones, está claro que yo tengo que elegir entre no llevar automóvil, dejar ahí mi carro, o dejarlo en la calle y evaluar dos cosas: si quiero seguir dando vueltas en busca de un espacio, o si quiero jugármela y dejar mi auto en la calle para no pagar la tarifa del estacionamiento.

3. Si los dueños de estacionamientos ofrecieran seguridad, seguramente sus costos se elevarían y habría que ver si podrían, o querrían, prestar ese servicio adicional al mismo precio que prestan el de espacio.

4. Lo mismo ocurriría si pagaran algún tipo de seguro. Eso incidiría en sus costos. y podría influir en los precios para el usuario.

5. Para protegerse de usuarios inescrupulosos (o incluso de gente de buena fe que pudiera estar equivocada) en los parqueos tendrían que recibir los vehículos como cuando uno los alquila.  Tendríamos que llenar un formulario con un inventario mínimo de los daños que ya tiene el vehículo al dejarlo estacionado, e incluso un inventario de lo que hay adentro.  ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a invertir en esto cada vez que te estaciones?

6.  Quizás debería haber dos tipos de estacionamiento: unos que sólo ofrezcan espacio, como los que hay ahora; y otros que, por el precio correcto, ofrezcan otros servicios como seguridad, seguro, limpieza y qué se yo qué más podrían querer los clientes y qué más estarían dispuestos a pagar.  Pero estos servicios deberían ser contractuales, voluntarios y pacíficos; no forzados, ni impuestos por la legislación y la política.

A mi juicio está claro, y siempre lo ha estado, que los estacionamientos no cobran por seguridad, sino que cobran por espacio. Es muy peligroso que haya quienes demanden que los diputados hagan leyes para obligar a otros a ofrecer bienes y servicios que no están dispuestos a ofrecer, a cambio de tarifas que no están dispuestos a aceptar.

Yo prefiero vivir en una sociedad en la que se respete las libertades de producir, consumir, intercambiar y de servir, sin coerción, ni privilegios.


06
Mar 17

Cuando los precios no son de gusto político

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Para algunos tecnócratas, si los precios no son los que ellos quieren, en función de los intereses de su clientela, los precios están mal y deben ser corregidos de forma política; o sea, por la fuerza de la ley.

En eso pensé cuando leí la columna titulada Preocupación por la aprecición del quetzal. En ella, su autor Mario A. García Lara, dice que: 

Tanto la autonomía como la credibilidad del Banguat están en riesgo debido a un fenómeno de origen principalmente externo: la permanente apreciación del quetzal con respeto del dólar estadounidense.  Sucede que el esquema de MEI tiene una debilidad: la estabilidad de precios no solo es un fenómeno de exceso de demanda agregada; también existen factores del lado de la oferta (como las fluctuaciones de los precios internacionales de las materias primas o las fluctuaciones del tipo de cambio debidas a flujos de capitales) que afectan los precios internos

Según el columnista, es malo que los precios de las materias primas que se producen en Guatemala se eleven porque eso hace crecer la oferta de dólares aquí; y es malo que los chapines que viven y trabajan en el exterior les manden dinero a sus familias porque eso hace crecer la oferta de dólares aquí.  ¿Y por qué es malo? Porque ambos fenómenos perjudican las metas políticas (que el Banguat llama explícitas) de inflación del banco central.  ¿Por qué digo que las metas son políticas y por qué es que eso es importante? Porque por medio de la ley, de acuerdo con planes políticos, esas metas alteran políticamente los resultados de la oferta y demanda citadas por García.

Es cierto que el método que usa la Junta Monetaria para intervenir políticamente en el mercado es uno que excluye la arbitrariedad escandalosa; pero eso no quita que sea una forma de intervención, y no quita que sea forzada.  Forzada por la ley; pero forzada.

Esos factores externos han ocasionado no solo que la moneda nacional se mantenga apreciada (en términos reales) respecto del dólar sino que, además, han ocasionado incluso que la inflación se ubique en ocasiones por debajo de la meta establecida por el Banguat.  Esto, además de deteriorar la competitividad del sector exportador, erosiona la credibilidad del banco central, lo cual afecta su capacidad de influir en el mercado para propiciar la estabilidad del nivel general de precios, dice el columnista García Lara.

Según el columnista el hecho de que el quetzal no se deprecie y el hecho de que la inflación sea baja, es malo.  Mientras que en otros países la gente se angustia porque sus monedas se devalúan y porque la inflación se dispara hacia arriba, aquí es al revés.  Ya sabes, tal vez es cierto que Guatemala es el país donde las piedras flotan, la madera se hunde y Como no, quiere decir Sí. Ahora bien…¿para quienes es malo que el quetzal no pierda valor y que la inflación esté casi por el piso? ¡Para los exportadores!, García lo dice claramente.  Es decir para un grupo social específico, con intereses específicos y particulares.  No para el bien común, que es el bien de todos, sino para el bien de algunos…en perjuicio de otros. ¿Quiénes son los perjudicados? Los importadores; los que amortizan sus casas, sus autos, y sus inversiones de capital en dólares para hacer más competitivos sus negocios y para crear más y mejores puestos de trabajo. ¿Para quiénes más es malo que el quetzal no pierda valor? Para los políticos,  funcionarios, burócratas y tecnócratas que perderán su capacidad de influir en el mercado para que los precios sean los que ellos desean, en función de su clientela.

La solución a este dilema es relativamente sencilla.  La apreciación del quetzal tiene un efecto de reducir las presiones inflacionarias y ocasiona una restricción de la demanda agregada (pues deprime las exportaciones), por lo que equivale a haber elevado las tasas de interés.  La respuesta adecuada de la política monetaria ante la continuada apreciación del quetzal debió haber sido (desde hace tiempo) una reducción sensible en la tasa de interés líder.  Desafortunadamente, un celo excesivo del Banguat ante temores de una inflación (que nunca se dio) ha impedido que la Junta Monetaria actúe más oportunamente reduciendo la tasa de interés líder, explica García Lara.

Es cierto que hay un dilema: Los funcionarios y tecnócratas respetan el precio del quetzal con respecto al dólar, y reconocen su valor como información con respecto a dónde se deberían, y donde no se deberían colocar los recursos; o intervienen en el precio del quetzal, censuran la información e inclinan políticamente la balanza en favor de sus patrocinados. O también pordría intervenir en el precio del crédito (la tasa de interés), censurar la información e inclinar políticamente la balanza…ya sabes, como sugiere García.

La credibilidad del Banco de Guatemala está en riesgo debido a que los exportadores están presionando fuertemente para que la Junta Monetaria favorezca sus negocios. Hasta ahora, los políticos, funcionarios, burócratas y tecnócratas de la JM han hecho joggling con talento, sin arbitrariedades escandalosas; pero los exportadores les han metido otra bola en el juego…o tal vez es un machete.

Si te interesa el tema de la relación entre los economistas y la política, te recomiendo What Economists Should Do?, por James M. Buchanan.


05
Ago 16

¿Por qué están caros los aguacates?

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Escucha el podcast aquí.

¿Te has dado cuenta? Los aguacates están carísimos. Desde que era niño soy fan de los aguacates y mi recuerdo más remoto con respecto a esas frutas es el de estar sentado frente a mi padre, en el comedor del hotel Casa Contenta en Panajachel, mientras él me preparaba un aguacate con kétchup, salsa inglesa y sal.  En los 80, Marina, la magnífica cocinera de la casa de mis padres, solía ofrecerme una tortilla con aguacate (o con alguna hierba como macuy) a las 12:00, antes del almuerzo, mientras yo veía la tele.

Ahora resulta que están carísimos, un estimado periodístico indica que andan por entre Q5 y Q7 cada uno.  La noticia que leí dice que hay dos razones por las que los aguacates están caros: La caída de la producción nacional y el precio alto de los aguacates que vienen de México.

La primera causa se conoce como escasez y explica el alza de los precios porque si hay pocos aguacates en los mercados y la gente quiere comprar la misma cantidad de siempre los precios tienden a subir.  Es decir, llegas al mercado y preguntas: ¿A cuánto un aguacate? Si la señora que los vende te dice que a 7 y tú los pagas, ese es el precio; pero si regateas y le ofreces 5 y ella lo acepta, ese es el precio. La señora no te bajará a 5 si calcula que los aguacates son escasos y que detrás de ti vendrá un comprador que sí pagará 6, o 7.

El precio de los aguacates que vienen de México, sin embargo,  no es una causa de que estos frutos estén caros. Al contrario, los aguacates mexicanos son la razón por la que esos frutos no están más caros. Esto es porque si la producción chapina ha caído y los aguacates nacionales son escasos, los aguacates mexicanos elevan la oferta total de aguacates en los mercados haciéndolos menos escasos. Los vendedores saben que no les conviene quedarse con aguacates abundantes al final del día y por lo tanto están más dispuestos a bajarte el precio cuando regateas.

Nos engañamos cuando creemos que el precio es la sumatoria de los costos.  El precio es un acuerdo entre tu y el vendedor, en el contexto de qué tanto quieres lo que vas a comprar y qué cantidad de producto hay disponible para que lo compres.

Columna publicada en elPeriódico.


01
May 16

Sigue la demagogia, ahora es en los parqueos

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El Congreso de la República sigue legislando de forma demagógica y produciendo leyes específicas y concretas con el supuesto propósito de beneficiar a grupos sociales (aunque para ello se perjudique a otros y se creen distorsiones no sólo en los mercados, sino en las relaciones entre las personas).  Los antiguos decían que la demagocia es el arte de halagar a la plebe (para conseguir réditos políticos).

Mucha gente cree que los estacionamientos privados deberían ser regulados; que debería haber un control de precios y que, por ejemplo, los propietarios de los parqueos deberían responder por daños que ocurran en los locales.  Se pierde de vista que el servicio que prestan los estacionamientos y por el cual cobran lo que cobran (y los usuarios pagan sin ser obligados a adquirir el servicio) es el de espacio para estacionar; no el de seguridad para el vehículo.  Este último es un tipo de servicio muy diferente al del espacio y no estoy seguro de si alguien querría prestarlo voluntariamente a los precios actuales.  Se pierde de vista que, cuando hay control de precios, sucede lo que tiene que suceder: escasez.

En fin, sospecho que usuarios de parqueos y propietarios de parqueos van a salir perdiendo si pasa aquella legislación; y que los únicos que posiblemente salgan ganando van a ser las empresas aseguradoras porque los propietarios de parqueos necesariamente tendrán que contratar seguros para enfrentar los costos de asegurar carros.  Mientras tanto, toma en cuenta que:

1. En los estacionamientos generalmente hay letreros que explican que el establecimiento no se hace responsable por daños a los vehículos y que los propietarios los dejan ahí por su cuenta y riesgo. De modo que queda claro que a cambio de cualquiera que sea la suma que me cobren en el estacionamiento, lo que me ofrecen es un espacio para dejar mi carro; y no me ofrecen seguridad.

2. En esas condiciones, está claro que yo tengo que elegir entre dejar ahí mi auto, o dejarlo en la calle y evaluar dos cosas: si quiero seguir dando vueltas en busca de un espacio, o si quiero jugármela y dejar mi auto en la calle para no pagar la tarifa del estacionamiento.

3. Si los dueños de estacionamientos ofrecieran seguridad, seguramente sus costos se elevarían y habría que ver si podrían, o querrían, prestar ese servicio adicional al mismo precio que prestan el de espacio.

4. Lo mismo ocurriría si pagaran algún tipo de seguro. Eso incidiría en sus costos. y podría influir en los precios para el usuario.

5. Quizás debería haber dos tipos de estacionamiento: unos que sólo ofrezcan espacio, como los que hay ahora; y otros que, por el precio correcto, ofrezcan otros servicios como seguridad, seguro, limpieza y qué se yo qué más podrían querer los clientes y qué más estarían dispuestos a pagar.

6. Para protegerse de usuarios inescrupulosos (o incluso de gente de buena fe que pudiera estar equivocada) en los parqueos tendrían que recibir los vehículos como cuando uno los alquila.  Tendríamos que llenar un formulario con un inventario mínimo de los daños que ya tiene el vehículo al dejarlo estacionado, e incluso un inventario de lo que hay adentro.  ¿Cuánto tiempo estás dispuesto a invertir en esto cada vez que te estaciones?

7. Si alguna oficina estatal va a extender licencias para estacionamientos, ¿qué va a evitar que esa oficina y la extensión de licencias sean fuentes de corrupción como lo son todas las demás oficinas que extienden permisos?

A mi juicio está claro, y siempre lo ha estado, que los estacionamientos no cobran por seguridad, sino que cobran por espacio. Es muy peligroso que haya quienes demanden que los diputados hagan leyes para obligar a otros a ofrecer bienes y servicios que no están dispuestos a ofrecer, a cambio de tarifas que no están dispuestos a aceptar.

Yo prefiero vivir en una sociedad en la que se respete las libertades de producir, consumir, intercambiar y de servir, sin coerción, ni privilegios.


29
Mar 16

El país no compra combustibles

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Cuando las autoridades te cuentan que el país pagó X cantidad de millones de dólares menos por la importación de comsbustible derivados del petróleo, te engañan.  Cualquiera que sea la cantidad que X representa.  ¿Dónde está el engaño? El país no compra combustible, sino que lo compran las miles y miles de personas que lo compran.  El gobierno compra combustibles, pero el gobierno no es el país.

Tu compras combustibles de acuerdo con tus necesidades, tus pobilidades y valoraciones; del mismo modo en que lo hacen tu familia, tus amigos, tus colegas, tus vecinos y el resto de la gente.  Si compras más, o compras menos, eso se debe a decisiones poco más, o menos racionales que haces en situaciones específicas.  Y lo mismo hacen los demás.  Todas son decisiones y acciones individuales en condiciones particulares.

El peligro de la colectivización de aquellas decisiones y acciones, y el de convertirlas en un acto atribuible a el país, es que se desconocen y anulan las decisiones y valoraciones de todas las personas involucradas en la compra de combustibles; y se unifican en un sólo ente abstracto que paga la factura: el país.  En el imaginario popular, ese ente abstracto -el que paga- pasa a ser el que decide.  Y el que decide es el que tiene el poder, o la facultad de consumir, o no consumir.  ¿Ves el peligro? Lo que serían sencillas decisiones de consumidores en el mercado; se convierten en una decisión política.  Lo que debería ser propio del sector voluntario y pacífico de la economía es arrastrado hacia el sector coercitivo de la economía.  Si consumes, o no combustibles y a qué precio, deja de ser un asunto entre tu y tu proveedor y pasa a ser un asunto de estado, de la política; y por lo tanto de los políticos y sus funcionarios.  ¿Ves el peligro?


29
Oct 15

El desatino del precio tope a los intereses

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Los diputados aprobaron la discusión, ¡de urgencia nacional!, de una ley de tarjetas de crédito que le pone un precio tope de 10% a la tasa de interés.  Esta medida populista y demagógica -de los diputados (que ya ven venir la cuchilla) tendrá el mismo efecto que tienen todos los precios tope: generará escasez.

Verás…la gente cree que la tasa de interés es el precio del dinero.  Esto es porque lo que se ve (lo evidente) es que uno puede comprar cosas con la tarjeta, como si fuera con dinero.  Entonces la gente supone que los emisores de tarjetas cobran intereses a cambio de el medio de intercambio que les permite comprar cosas.  Pero tu, que leíste Lo que se ve y lo que no se ve, de Federico Bastiat, sabes que en cuestiones económicas, lo que no se ve y no es evidente es más importante que lo que se percibe a simple vista.

En realidad la tasa de interés es el precio del crédito.  Crédito viene del latín creditus o cosa confiadaTiene que ver con confiar y con confianza.  Además tiene que ver con el tiempo, porque el que da prestado confía en que recibirá lo prestado -de vuelta- en el futuro.  En ese sentido se podría decir que es el cambio de una riqueza presente por la posibilidad de más riqueza en el futuro, siempre que el que recibió prestado no viole la confianza del que le dio prestado.  El crédito no sólo depende de la capacidad de cumplir, sino de la voluntad de cumplir.

El emisor de la tarjeta de crédito pone a disposición de uno los recursos que uno necesita ahora, con la confianza de que uno se los pagará luego y corre el riesgo de que uno no se los pague.   Uno recibe los recursos en el preciso instante en que los necesita, sin preguntas, ni nada porque el emisor confió en uno y le dio tarjeta.  El emisor confía en todos los que tienen su tarjeta; pero…¿te das cuenta? hay tarjetahabientes más confiables que otros.  Hay tarjeta habientes más riesgosos que otros.  El grado de confianza, pues, es distinto para distintos casos.  No sólo porque el que presta los recursos los da sin hacer preguntas, sino porque lo hace inmediatamente y las condiciones (así como la disposición) para pagar,  de parte de los tarjetahabientes pueden cambiar en el tiempo.

¿Que pasa si se le pone precio tope al crédito?  El crédito para los tarjetahabientes más riesgosos va a desaparecer, o a escasear.  Como como desaparecieron y escaseron en los años 80 otros productos a los que se les ponía precio tope: el pan, la leche, el papel toilette, las baterías, la Incaparina y otros.  ¿Y qué va a pasar cuando los extarjetahabientes riesgosos no puedan conseguir crédito por medio de tarjetas cuando de verdad lo necesitan? Caerán en manos de los ajiotistas.  ¡Esos prestan al rayo, pero con intereses más que leoninos!  Y las condiciones para los tarjetahabientes riesgosos sólo habrán empeorado.  Como siempre, los más vulnerables serán los más perjudicados por el estatismo y por el populismo.

¿Cuál es el remedio para no tener que pagar tasas altas en las tarjetas? Ser pruente y responsable, atenerse a un presupuesto de gastos, explorar otras posibilidades y no ser impulsivo.  En dos platos: ser racional y usarlas racionalmente.

La ilustración es por Lotus Head from Johannesburg, Gauteng, South Africa (sxc.hu), CC-BY-SA-3.0  via Wikimedia Commons


17
Abr 15

Más caro el caldo que la gallina

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En años recientes el quetzal ha estado ganando valor frente al dólar.  En 2009 el precio promedio de un dólar era de Q8.35 en tanto que el año pasado fue de Q1.70.

Si la depreciación del quetzal frente al dólar era mala noticia en los años 80 y 90; ¡su apreciación en el siglo XXI debería ser buenas nuevas!…pero ahí está que no.  Hay grupos de interés cuyos negocios y prosperidad dependen de un quetzal débil porque mientras más débil es el quetzal más quetzales reciben por cada dólar que ganan.  Estos grupos le llaman competitividad a esta iniquidad; y usan su influencia política y mediática para hacer todo lo posible porque las autoridades monetarias mantengan caro el dólar.  Y las autoridades, aficionadas a corregir por medios políticos lo que no les conviene a sus clientelas, en el mercado, deprecian artificialmente el quetzal.

La verdadera competitividad -creadora de riqueza y aniquiladora de la pobreza- depende de ofertar mejores bienes y servicios a menores precios, con buen servicio y en menos tiempo. Depende de producir y de vender bueno, bonito y barato (como dice la gente en la calle); no de mantener devaluada la moneda local para beneficio de unos y en perjuicio de otros.  En un mercado sano la competitividad no depende del manejo político del precio de la moneda local frente a otras.  Esa práctica mercanitilista, propia del crony capitalism y de los empresaurios debería ser motivo de vergüenza.

El precio de las divisas, como precio que es, debería ser libre de censura para cumplir con su función comunicadora en cuanto a dónde y cuándo colocar recursos productivos.  Si se altera políticamente para beneficiar a unos (y perjudicar a otros) sale más caro el caldo que la gallina

Si la competitividad fuera un objetivo real, los pipoldermos y su clientela dejarían de desviar recursos escasos del sector productivo al sector público por medio de la venta de papeles; empoderarían a los trabajadores mediante la flexibilización del mercado laboral; dejarían de asfixiar al capital y eliminarían el impuesto a los rendimientos del mismo; eliminarían los aranceles; y dejarían de darte atol con el dedo.

Columna publicada en El periódico.  La foto no es de caldo de gallina; pero igual está bueno el caldo…y como es viernes.


09
Mar 15

Aprendamos de la gasolina

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Ahora que la gasolina anduvo por Q20 el galón aumentó el consumo de ese combustible y se redujo el contrabando del mismo.  ¿Que podemos aprender de esto? Mucho y muy bueno.

Aprendemos que cuando algo es bueno y barato la gente lo consume más que si es bueno y caro.  Cuando la gasolina está barata más gente usa su vehículo ya sea para trabajar, o para su esparcimiento.  La calidad de vida de esa gente mejora si usa su propio vehículo porque el transporte colectivo es menos seguro, cómodo y confiable que el vehículo propio; y porque es sabroso salir a pasear en el vehículo propio.  Muchos se quejan porque se incrementa el tráfico a causa de la mayor cantidad de vehículos; pero es un poco mala taza pretender que la gente no use su auto y que se le impida hacerlo a fuerza de un precio elevado artificialmente con el propósito de que no haya más tráfico (como oí que sugerían algunas personas).  La gente de recursos más modestos es la que más se beneficia con los precios bajos de la gasolina ya sea porque le permite ahorrar en combustible, o porque le permite darle más uso a su vehículo.

Tu ya sabes que eso que la gente llama contrabando no es más que una consecuencia de las barreras políticas contra el comercio libre; luego, aprendemos que cuando el precio baja (especialmente si es un precio político), también se reducen los incentivos para el contrabando.  Aprendemos que si el comercio ilegal es más costoso que el comercio legal, el primero tiende a desaparecer.  Por eso es que cuando suben los impuestos para combustibles, licores, cigarrillos, electrodomésticos y otros artículos (para mencionar unos), también aumenta el trasiego.  Los impuestos encarecen artificialmente las cosas; y los precios altos artificiales son una invitación al tráfico ilegal (que no ilegítimo) de mercancías.


01
Feb 15

La arrogancia de un burócrata del FMI

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Los países centroamericanos no han aprovechado la drástica baja de precio del petróleo  y sus derivados, ni  el dinamismo de la economía de Estados Unidos, dijo uno de esos burócratas del Fondo Monetario Internacional.

La perspectiva del burócrata es colectivista: supone que es a los países a quienes les corresponde aprovechar los precios bajos del crudo y los combustibles.  Y tu ya sabes qué significa eso: que los gobiernos, o sea los políticos y sus funcionarios (¿con asesoría de la burocracia internacional?) deberían saber cómo es que hay que hay que aprovechar los precios bajos de aquellos productos. La petulancia de los burócratas aquellos descartan, o ignoran, que es a los individuos a quienes les corresponde decidir cómo aprovechamos los precios bajos, o altos de cualquier cosa.  En el caso de los combustibles, ¿quién, si no tu, sabe cómo aprovechar lo que ya no gastas en combustibles? Tu decides si lo ahorras, lo inviertes, o lo gastas.  Y si te equivocas, pagas las consecuencias pero no arrastras a la sociedad contigo.

¿Sábes? En realidad los países no consumen combustibles.  Lo que sí ocurre es que la totalidad de individuos que viven en un país consumen combustibles.  Sólo la perversión de la visión colectivista puede convertir ese hecho en una supuesta actuación colectiva.  Y de ahí a que los colectivistas quieran que hagas un uso, u otro de lo que no gastas en combustibles hay sólo un paso.

Hace unos días, los pipoldermos estaban dispuestos a quitarte lo que ahorrabas en combustibles (por medio de un nuevo impuesto) porque según ellos tendrían un mejor uso para ese dinero que es tuyo.  A este tipo de disparates conducen observaciones como la del representante del FMI.

¡Cuidado con esas trampas de los colectivistas!