14
Sep 13

Algo sobre el nacionalismo, en estas fechas

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Yo sí celebro las antorchas y la alegría de la gente. Muchos de nosotros valoramos los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables. ¿Notaste el orden? Eticos, primero; jurídicos, despúes; y económicos, de último. Esto es importante, porque para quienes compartimos aquel ideario, la razón de ser de la defensa de la libertad se basa más en la capacidad de esta para preservar la dignidad de las personas, que en su eficiencia para producir bienes y servicios. Lo virtuoso, para nosotros, es aquello que contribuye a la vida plena, digna y feliz de las personas.

Esto nos lleva a que para muchos de nosotros son más importantes los derechos individuales de las personas, que los intereses colectivos de la clase, de la étnia, del gremio, de la sociedad, de la nación, o del estado.

Por eso nos enfocamos más en los derechos individuales iguales para todos, que en los intereses nacionales, o colectivos. Por favor, nota que no he dicho que los intereses individuales deban prevalecer sobre los intereses grupales. Esto es muy importante, para no caer en equívocos.

Desde mi punto de vista, los valores cívicos que vale la pena respetar son aquellos que contribuyen a la preservación de los derechos individuales; en contraposición a los valores cívicos que someten los derechos individuales a los intereses del estado, o, peor aún, a los intereses de los grupos que controlan el estado. En ese sentido es que la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad son principios que aprecio, pero el sacrificio y el nacionalismo no lo son; y sin embargo, estos dos son tenidos como principios rectores por algunos sectores de nuestra sociedad, y hasta por el estado, por supuesto.

¿Viste la película The Patriot, de Mel Gibson? En ella el se ilustra cómo es que, para el protagonista, Benjamin Martin, la razón de su lucha patriota primero son su familia y su granja.Esa es una visión patriota compatible con el liberalismo. En contraste, en Gladiator, con Russel Crowe, Maximus sacrifica su vida y su familia por el Imperio (el estado); y en mi opinión esa es una visión nacionalista incompatible con el liberalismo.

Ocurre un sacrificio cuando uno entrega algo de gran valor en beneficio, o a cambio de algo de menor valor, o de ningún valor. El sacrificio no debe ser confundido con el costo que hay que pagar para alcanzar cosas de gran valor. Por ejemplo, si yo no voy a una fiesta porque me quedo estudiando, eso no es sacrificio. No lo es porque, si me quedo estudiando es porque yo valor más el estudio y los bienes que luego tendrá gracias a mis éxitos en el estudio, que lo que pudiera divertirme en una fiesta. El no ir a la fiesta es el costo que hay que pagar para obtener algo mejor en el futuro, no un sacrificio. Ir a la guerra a defender valores que no comparto; eso sí es sacrificio. Y generalmente se tiene como una virtud cívica servir a la patria en condiciones de guerra.

Como explica Alberto Benegas-Lynch (h), el nacionalismo está imbuido de relativismos, a tal grado de que se habla de la verdad alemana, o de la conciencia africana y cosas así. Los partidarios del nacionalismo hacen aparecer a la nacion como algo natural cuando en verdad consituyen constructos establecidos por la fuerza. Probablemente nada haya más antinatural que la delimitación de las fronteras que son el resultado de acuerdos entre partes beligerantes, luchas y conquistas, cuando no directamente de la rapiña. A este respecto, recomiendo el ensayo publicado por Benegas-Lynch (h) en la revista Laissez-Faire de marzo de 1995.

Benegas-Lynch (h) explica que todo indivuduo lleva una cierta combinación genética que no le pertenece más que a él y este es el punto de partida en la historia de cada uno. En definitiva la histora de los grupos no es lineal y homogénea: cada persona usa su libre albedrío de forma distinta y los movimientos migratorios y las correspondientes asimilaciones producen modificaciones adicionales que deben considerarse y tomarse en cuenta. El argumento de la historia común constituye una especie de petición de principios: si las naciones se constituyen por medio de la fuerza y además se establecen trabas migratorias de diversa naturaleza, es lógico que apareza una tendencia a la historia común. Pero las naciones nos deforman porque tienen una historia común, o más bien tienen una historia común porque el establecimeinto de una nación requiere de la fuerza y los obstáculos migratorios se encargan de fortalecer esa historia común.

Dice Benegas Lynch (h) que el nacionalismo pretende establecer una cultura alambrada, una cultura cercada que hay que preservar de la contaminación que ocasionarían aquellos aportes generados fuera de las fronteras de la nación. Se considera que lo autóctono es siempre un valor y lo foráneo un desvalor, con lo que se destroza la cultura para convertirla en una especie de narcisismo que cada vez se asimila a lo tribal que al espíritu cultivado que es necesariamente cosmopolita.

El afecto al terruño, a los lugares quen que uno ha vivido y han vivido los padres y el apego a las buenas tradiciones es natural, incluso la veneración a estas tradiciones es necesaria para el progreso, dice Benegas Lynch (h); pero una cosa es declamar un irrefrenable amor telúrico a personas y cosas con las que tenemos afinidad y cercanía, y otra distinta es hacer a un lado otras sólo porque están del otro lado de una frontera política artificial.

Yo comparto el punto de vista de Benegas Lynch (h). Y comparto la idea de que más valiosos que el orden, o que el respeto a los intereses colectivos, lo son la vida, la libertad y la propiedad de los individuos; así como su derecho a la búsqueda de la libertad, o el derecho a la búsqueda de la verdad (aunque esta ofendiera los valores nacionales, o los de la patria). Creo que la cooperación social pacífica, es más valiosa que la preservación forzosa de las fronteras nacionales, o que la imposición forzada de los valores, las tradiciones, o los ideales del grupo, o de los grupos que ejerzan el poder desde el estado.

Por eso es que, como muchos otros, siento más amor por la libertad, que amor por la nación. Es cuestión de prioridades, claro; o del orden de la escala de valores que cada uno de nosotros tiene, como individuo.

Y todo esto, claro, no impide que disfrute de la alegría de estas fechas; especialmente cuando puedo compartirla con las familias y la gente de todas las edades que aprovecha para divertirse, para gozarla, para correr, desfilar, cantar, bailar y celebrar.  Por eso es que hoy en la tarde andaré por El Obelisco y por la Plaza de la Constitución.  Y por eso es que me alegran las antorchas y no me incomoda el tráfico. Aunque el nacionalismo y el patrioterismo no sean lo mío…las fiestas sí; sobre todo cuando son cándidas y alegres.


24
Jun 13

Algunos”liberales” chapines son conservadores

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Estoy totalmente de acuerdo con los columnistas y académicos socialistas que afirman que algunos liberales guatemaltecos en realidad son conservadores.   Librecambistas sí son muchos de ellos y también son neoliberales; pero ¿liberales clásicos, o libertarios? Les voy a contar por qué es que no lo son.

Los acabo de ver cerrando filas, con el conservadurismo más cachureco o religioso posible, contra la Convención interamericana contra el racismo, la discriminación racial y formas conexas de intolerancia.  En es documento, y con mucha habilidad, los patrocinadores de aquel acuerdo mezclaron el tema del racismo -a favor del cual no puede estar nadie con dos dedos de frente y menos si se dice liberal- con el matrimonio igualitario y el derecho de las mujeres a elegir qué hacer con sus cuerpos y sus vidas.  Estos dos últimos temas espantaron a los conservadores de todos los colores, incluyendo a los que se dicen liberales; y ahí se resbalaron.

Si le creemos a Alberto Benegas-Lynch que la mejor definición de liberalismo –que ha sido tan mal interpretado– es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros, no es difícil empezar a atisbar por qué es que afirmo lo anterior.  La prueba o el “test” no es la tolerancia con las personas que comparten nuestro proyecto de vida, sino con las personas que disienten con nuestro proyecto de vida.  Sólo en este contexto se puede recurrir a la fuerza cuando hay lesión de derechos de terceros, explica Benegas-Lynch.

Tanto el matrimonio, como el derecho a hacer uno con su cuerpo y su vida lo que mejor le convenga a uno son temas inseparables del proyecto de vida individual de cada persona.  Además, ¿no es cierto, pues, que la filosofía de la libertad está basada en la propiedad de uno mismo? ¿No es cierto que la propiedad de ti mismo quiere decir que tú eres dueño de tu vida? ¿No es cierto que negar esto significa que otras personas tienen más derechos sobre tu vida, que tú mismo? ¿No es cierto que ninguna otra persona, o grupo de personas son dueñas de tu vida? Y claro, tú no eres dueño de las vidas de otros.

¿Se les escapa esto a los conservadores que pasan por liberales? Si.  ¿Por qué? En el caso del matrimonio porque se han tragado la idea, o se han hecho a sí mismos la idea de que el matrimonio no debe servir a los proyectos de vida de los involucrados; sino a los de la sociedad, los del estado, o los de un dios.  Y en el caso del aborto, porque se han tragado la idea, o se han hecho a sí mismos la idea de que el cuerpo de una mujer no es suyo, ni debe servir a sus proyectos de vida; sino a los de la sociedad, los del estado, o los algún dios.  Los conservadores, claro, son colectivistas, y apuntan que no eres dueño de tu vida.  Apuntan que otros son dueños de tu vida. 

El caso del matrimonio igualitario

Sostengo que la única posición liberal con respecto al matrimonio igualitario es la misma que se le aplica al matrimonio en general: Nada tiene que hacer el estado, metiéndose en los asuntos que son propios de los proyectos de vida de las personas.  Empero, como el estado ya se ha metido a regular algo tan privado e íntimo como el contrato por medio del cual las personas deciden compartir sus vidas,  el reconocimiento del matrimonio igualitario por parte del estado constituye un acto de justicia y una confirmación del principio de igualdad de todos ante la ley.

En realidad lo que conocemos como matrimonio es un acuerdo privado entre personas que deciden compartir sus vidas y hacerlo en el marco de cierta formalidad.  Formalidad que subraya su carácter de compromiso y que busca el apoyo del prójimo para la pareja contrayente.

En algún momento de la historia de la humanidad las religiones dispusieron hacer uso del matrimonio para hacer avanzar sus intereses; e igual cosa hizo el estado.  Pero antes de que ambas instituciones se inmiscuyeran en aquel acuerdo privado, ya había compromisos de largo plazo entre personas individuales que decidían unir sus vidas.  Las iglesias cristianas y el estado pretenden que el matrimonio sirva principalmente para la reproducción; y viene a mi mente la oración que, uno de los protagonistas de la novela Como agua para chocolate, dice antes de copular con su esposa a través de una sábana con un agujero.  Pedro reza no es por vicio, ni por fornicio, sino para hacer un hijo para tu servicio.

Ahora bien, como las personas no son animalitos que sólo se aparean para perpetuar la especie, o son apareados para enriquecer el hato, el matrimonio del siglo XXI debe tomar en cuenta las diversas razones que llevan a las personas a juntarse.  La comunidad de intereses, el amor, la admiración, la búsqueda de compañía, entre muchos otros, son ejemplos de aquellas razones.  No es extraño, entonces, que en la sociedad, que es evolutiva por naturaleza, las palabras también evolucionen.  Recuerdo que mi profesor de Lenguaje, don Salvador Aguado, nos advirtió una vez que los diccionarios etimológicos eran útiles para conocer mejor las palabras y para conocer sus orígenes; pero que no servían para saber su significado porque muchas veces el significado actual de aquellas, se alejaba del de su génesis.

De esa cuenta, el matrimonio tradicional reservado únicamente para parejas heterosexuales en el marco de culturas propias de sociedades cerradas, puede perfectamente pasar a ser el matrimonio moderno, como contrato de convivencia y de respeto mutuo entre individuos, en el marco de culturas propias de sociedades abiertas.  Ni al servicio de la iglesia, ni al servicio del estado; sino que al servicio de aquellos que, en ejercicio de sus derechos como personas humanas y en persecución de sus proyectos de vida asuman el compromiso.

Imagina el caso de una pareja homosexual a la que a una de las partes se le niegue el acceso a ver a su contraparte, en la sala de cuidado intensivo, sólo porque no es pariente cercano de su pareja.  ¿Sería eso correcto? No.  Creo que una pareja del mismo sexo tiene tanto derecho de estar al lado de la persona que ama, como lo tiene una pareja de sexos distintos.

En la película Si las paredes hablaran 2 se cuenta la historia de dos ancianas que habían sido pareja durante toda su vida.  Y cuando una de ellas muere, llega la familia de la difunta y saca a la sobreviviente de la casa dejándola sola y desamparada, luego de humillarla.

Alguien podría decir que fue por descuido y que ambas deberían haber pensado en esa posibilidad, y que deberían haber hecho testamento, y qué se yo.  Pero lo cierto es que no hay razón alguna para que, en una sociedad abierta, una clase de personas tenga ciertos derechos y otra clase de personas no los tenga.  Y no hay razón para que estas últimas tengan que hacer previsiones adicionales, sólo porque al estado (en respuesta a presiones de grupos privilegiados) se le antoja que no haya igualdad de todos ante la ley.

El matrimonio igualitario es un acto de justicia que reconoce el carácter contractual y privado del matrimonio; y que reconoce, sobre todo, el derecho de todas las personas a unir sus vidas y a buscar el apoyo de sus prójimos, sin discriminación, ni privilegios.  Esa es una posición liberal, que respeta el proyecto de vida de los demás, y no una estatista, ni colectivista, ni conservadora.

El caso del aborto

Cuando se dice que la mejor definición de liberalismo es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros nunca falta quién diga que eso incluye el proyecto de vida de los embriones.  Que incluye la vida de los embriones, y la de los fetos.  Sin embargo la palabra proyecto se refiere a planes y disposiciones detalladas para la ejecución de algo; o propósitos, o pensamientos de hacer algo.  Perdonen  por lo franco que soy: los embriones y los fetos no tienen proyectos.

¡Pero son vida!, dirá alguien más.  A esta afirmación sólo se puede responder que son vida potencial; pero no son vida real.  Perdón por la franqueza; pero en ningunas condiciones, ningún embrión es viable independiente de la madre (que sí es vida real y tiene proyectos) antes de las 23 semanas de gestación.  ¿Hay lesión de derechos de terceros cuando se abortan un embrión, o un feto? No. No se tienen derechos hasta que no se ha nacido, aunque lo diga la legislación.  Y todo liberal sabe, o debería saber, que las legislaciones pueden decir todo tipo de cosas, lo cual no quiere decir que sean filosófica, ética, o jurídicamente sostenibles.  Lo cierto es que desde esta perspectiva, el ser viviente que es la mujer (y sus proyectos de vida) tiene precedencia sobre lo que no está vivo o no ha nacido.  Perdón por la franqueza.  ¡Es un ardid eso de equiparar lo potencial con lo real!

Como el liberalismo es esa idea radical de que las demás personas no son nuestra propiedad, consideremos algunos casos ilustrativos:

Cuando un criminal viola a una mujer y la deja embarazada, lo cierto es que la bestia usa el cuerpo de la mujer sin su consentimiento y usa uno de sus óvulos sin su permiso y con violencia.  Muchas veces con violencia brutal.  Si este acto salvaje es repugnante, ¡más repugnante debería ser, para el verdadero liberal, que grupos específicos de la sociedad usen la coacción legal para forzar a la mujer a gestar la imposición del delincuente!  Sin embargo, para los conservadores, la mujer debe aceptar la imposición porque no es dueña de su cuerpo, ni de sus proyectos de vida.  Estos deben estar al servicio de la sociedad, del estado, o de un dios.   La mujer no es dueña de su cuerpo, los dueños son los que dicen representar a la sociedad, al estado, o a algún dios.

El caso de la violación es más fácil de entender que los casos del error, la ignorancia y el descuido.  La mujer que se embaraza por error, por ignorancia, o por descuido, ¿debería pagar por ello durante el resto de su vida?  Si reconocemos que es moralmente bueno respetar irrestrictamente los proyectos de vida de los demás, la respuesta es No.  No podemos imponerles a otros nuestros proyectos de vida.  La tarea de criar un hijo (especialmente de uno no deseado) es una responsabilidad tan grande que nadie debería ser forzado a emprenderla.  ¿Has oído la frase de que tener un hijo es una enfermedad de nueve meses, y una convalecencia de toda la vida?  Perdón por lo coloquial de la frase; pero nadie debería ser obligado a eso, sólo porque ciertos grupos sociales creen que tienen la facultad de imponer la maternidad.  Un embarazo no deseado (por violencia, ignorancia, error, o descuido) puede alterar los proyectos de vida, de una mujer,  de manera irremediable y profunda; y puede ser un desastre que sólo traiga miseria e infelicidad.

El Factor D

El conservador puede sentirse moralmente cómodo al defender el sacrificio; pero el liberal o libertario no.  Este último sabe que el derecho a la búsqueda de la felicidad y el derecho a perseguir uno sus proyectos de vida son valores que están encima de las demandas de cualquier grupo de interés, o de cualquier colectivo.  El liberal o libertario sabe que los derechos individuales deben prevalecer sobre los intereses colectivos.  El liberal o libertario sabe que entregar algo de menos valor, a cambio de algo de más valor no es propio de la naturaleza humana.  Sabe que eso ocurre sólo por ignorancia, por error, o por la fuerza.

El hecho es que hay grupos de interés y colectivos que están convencidos de que hay un dios que les impone ciertas normas.  Y creen que tienen la facultad de convertir aquellas imposiciones en leyes aplicables a otros grupos y a los individuos que componen la sociedad, aunque estos no compartan al dios de aquellos.  Creen que tienen la facultad de regular el matrimonio y los cuerpos y proyectos de vida de otras personas del mismo modo en que otros grupos de interés creen que tienen la facultad de regular el uso que se le debe dar a la propiedad, la educación que se les debe dar a los hijos, o qué se puede vender y comprar y a qué precios.

Ya lo dijo Friedrich A. Hayekla filosofía conservadora, por su propia condición, jamás nos ofrece alternativa ni nos brinda novedad alguna…De ahí que el triste sino del conserva­dor sea ir siempre a remolque de los acontecimientos… Los conservadores, cuando gobiernan, tienden a paralizar la evolución o, en todo caso, a limitarla a aquello que hasta el más tímido aprobaría. Jamás, cuando avizoran el futuro, piensan que puede haber fuerzas desco­nocidas que espontáneamente arreglen las cosas; mentalidad ésta en abierta contraposición con la filosofía de los liberales, quienes, sin complejos ni recelos, aceptan la libre evolución, aun ignorando a veces hasta dónde pue­de llevarles el proceso…Ese temor a que operen unas fuerzas sociales aparentemente incontrola­das explica otras dos características del conservador: su afición al autorita­rismo y su incapacidad para comprender el mecanismo de las fuerzas que regulan el mercado.

Como consecuencia los conservadores le han entregado al socialismo la defensa de principios que son propios del liberalismo: el derecho a la vida, la igualdad de todos ante la ley, el derecho a perseguir los propios proyectos de vida, y la propiedad de uno mismo.   Vergonzosamente, en nuestro entorno, son grupos principalmente socialistas los que defienden el matrimonio igualitario y el derecho de las mujeres a disponer de sus cuerpos.  El conservadurismo disfrazado de liberalismo está más comprometido con las exigencias de sus pastores –que les hablan en nombre de su dios­– que con el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otro.  De ahí que cuando se discute la Convención interamericana contra el racismo, la discriminación racial y formas conexas de intolerancia los conservadores cierren filas con las iglesias y no con la idea radical de que las demás personas no son nuestra propiedad.

Como dijo Benegas-Lynch: La prueba o el “test” no es la tolerancia con las personas que comparten nuestro proyecto de vida, sino con las personas que disienten con nuestro proyecto de vida. 

La ilustración la tomé de Facebook.


03
Dic 08

Benegas Lynch sobre la antiutopía de Huxley

En esta conversación, el profesor extaordinaire, Alberto Benegas Lynch (h), habla sobre la antiutopía de Aldous Huxley, relacionada con la cretinización de la gente; frente a la antiutopía de George Orwell, que es la del Gran Hermano vigilándolo todo.  Habla sobre el nacionalismo y sobre la educación estatal.   Habla sobre los riesgos de la concentración del poder.  

Benegas Lynch es autor de La tragedia de la drogadicción y de Estados Unidos contra Estados Unidos, entre otros.

25
Nov 08

Luisfi en Sophos, para la presentacion de EUA contra EUA

Mañana a las 6:00 p.m., en la librería Sophos que ahora está en su nueva locación en Plaza Fontabella, estaré para participar en la presentación de Estados Unidos contra Estados Unidos, obra del genial Alberto Benegas Lynch (h).


01
Oct 08

AIPE: Una magnífica fuente de información

La Agencia Interamericana de Prensa Económica es una magnífica fuente de información. AIPE, fundada en 1991, sirve a periódicos en español en América Latina, Estados Unidos y España. Más de 675 economistas, analistas políticos, periodistas, historiadores y abogados han colaborado con la agencia, la cual se especializa en la interpretación y análisis de los acontecimientos económicos y políticos de la región, informando al lector de periódicos cómo los titulares lo afectan a él, a su familia y a su bolsillo.

Entre sus columnistas y analistas se encuentran Alberto Benegas Lynch (h), Alberto Mansueti, Carlos Sabino, Enrique Ghersi, Gabriela Calderón, Gary S. Becker (Premio Nobel), Luis Pazos, Manuel F. Ayau, Martin Krause, Richard Rahn, Roberto Salinas León, Ron Paul y Tibor R. Machan.

La dirige Carlos Ball; que es académico asociado del Cato Institute y miembro Mont Pèlerin Society. Fue gerente general del diario La Verdad, de Venezuela y director general de El Diario de Caracas, senior fellow de la Heritage Foundation y primer vicepresidente de la Philadelphia Society. Estudios: B.S., M.B.A., Boston University.

He aquí dos artículos recientes de Carlos:

Trágica falla

Los republicanos merecen perder, pero


11
Jul 08

Chauvinismo chapín

Desde que Carlos Peña ganó el Latin American Idol, los chapines como que nos quedamos con ganas de seguir votando y alcanzando ilusiones.

Carlos Peña,claro, ganó por méritos propios en competencia con otros interpretes talentosos. Su voz, su personalidad y su compromiso se ganaron a los televidentes que reconocieron en él su posibilidad de llegar a ser un ídolo latinoamericano de la música.

Ahora andan circulando por ahí dos concursos de naturaleza muy diferente y que por eso me llaman la atención para comentar.

El primero es con respecto a un accidente geográfico, y se trata de votar por que el Lago de Atitlán sea incluido entre las nuevas 7 Maravillas; el segundo se trata de conseguir que la bandera de Guatemala sea la más bella del mundo.

A falta de héroes a quienes admirar y a falta de valores en común que respetemos y estemos dispuestos a defender, los chapines andamos ocupados en satisfacer nuestras necesidades emotivas mediante concursos en línea.

Eso me recuerda que cuando estaba en Segundo grado de Primaria, oí la historia de que el Himno de Guatemala era el segundo más bello del mundo, inmediatamente después de La Marsellesa. Hecho que había sido comprobado en un concurso de himnos que se había llevado a cabo en Europa. Y con mis compañeros de clase, nuestro corazón de niños se hinchaba de gozo patriótico. Pero aquello era cuando era niño y porque nadie me había dicho, como me dijeron después, que eso del concurso de himnos (antes de la Internet) era un absurdo. Y aquello era antes de que me diera cuenta de que los guatemaltecos carecíamos de profundos y abrazadores documentos fundacionales que le dieran sustento no sólo a nuestro chauvinismo sentimental, sino a una cultura de amor por la vida, la libertad y el derecho a la búsqueda de la felicidad.

He aquí algo que escribí sobre el nacionalismo, con motivo del festejo de la Independencia, el año pasado:

Muchos de nosotros valoramos los principios éticos, jurídicos y económicos sobre los que se desarrolla una sociedad de personas libres y responsables. ¿Notó el orden? Eticos, primero; jurídicos, despúes; y económicos, de último. Esto es importante, porque para quienes compartimos aquellos principios, la razón de ser de la defensa de la libertad se basa más en la capacidad de esta para preservar la dignidad de las personas, que en su eficiencia para producir bienes y servicios. Lo virtuoso, para nosotros, es aquello que contribuye a la vida plena, digna y feliz de las personas.

Esto nos lleva a que para muchos de nosotros son más importantes los derechos individuales de las personas, que los intereses colectivos de la clase, de la étnia, del gremio, de la sociedad, de la nación, o del estado.

Por eso nos enfocamos más en los derechos individuales iguales para todos, que en los intereses nacionales, o colectivos. Por favor, note usted que no he dicho que los intereses inviduales deban prevalecer sobre los intereses grupales. Esto es muy importante, para no caer en equívocos.

Desde mi punto de vista, los valores cívicos que vale la pena respetar son aquellos que contribuyen a la preservación de los derechos individuales; en contraposición a los supuestos valores cívicos que someten los derechos individuales a los intereses del estado, o, peor aún, a los intereses de los grupos que controlan el estado. En ese sentido es que la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad son valores, pero el sacrificio y el nacionalismo no lo son; y sin embargo, estos dos son tenidos como valores por algunos sectores de nuestra sociedad, y -en consecuencia- hasta por el estado.

¿Vió la pelítula The Patriot, de Mel Gibson? En ella el se ilustra cómo es que, para el protagonista, Benjamin Martin, la razón de su lucha patriota primero son su familia y su granja. Esa es una visión patriota compatible con la filosofía de la libertad. En contraste, en Gladiator, con Russel Crowe, Maximus sacrifica su vida y su familia por el Imperio (el estado); y en mi opinión esa es una visión nacionalista incompatible con mi filosofía de vida.

Ocurre un sacrificio cuando uno entrega algo de gran valor en beneficio, o a cambio de algo de menor valor, o de ningún valor. El sacrificio no debe ser confundido con el costo que hay que pagar para alcanzar cosas de gran valor. Por ejemplo, si yo no voy a una fiesta porque me quedo estudiando, eso no es sacrificio. No lo es porque, si me quedo estudiando es porque yo valor más el estudio y los bienes que luego tendrá gracias a mis éxitos en el estudio, que lo que pudiera divertirme en una fiesta. El no ir a la fiesta es el costo que hay que pagar para obtener algo mejor en el futuro, no un sacrificio. Ir a la guerra a defender valores que no comparto; eso sí es sacrificio. Y generalmente se tiene como una virtud cívica “servir a la patria” en condiciones de guerra.

Como explica Alberto Benegas Lynch (h), el nacionalismo está imbuido de relativismos, a tal grado de que se habla de “la verdad alemana”, o de “la conciencia africana” y cosas así. Los partidariosd del nacionalismo hacen aparecer a la nacion como algo natural cuando en verdad consituyen inventos impuestos por la fuerza. Probablemente nada haya más antinatural que la delimitación de las fronteras que son el resultado de acuerdos entre partes beligerantes, luchas y conquistas, cuando no directamente de la rapiña.

Benegas explica que todo indivuduo lleva una cierta combinación genética que no le pertenece más que a él y este es el punto de partida en la historia de cada uno. En definitiva la historia de los grupos no es lineal y homogénea: cada persona usa su libre albedrío de forma distinta y los movimientos migratorios y las correspondientes asimilaciones producen modificaciones adicionales que deben considerarse y tomarse en cuenta. El argumento de la historia común constituye una especie de petición de principios: si las naciones se constituyen por medio de la fuerza y además se establecen trabas migratorias de diversa naturaleza, es lógico que apareza una tendencia a la historia común. Pero las nacioens nos e forman porque tienen una historia común, más bien tienen una historia común porque el establecimeinto de una nación requiere de la fuerza y los obstáculos migratorios se encargan de fortalecer esa historia común.

Dice Benegas Lynch (h) que el nacionalismo pretende establecer una cultura alambrada, una cultura cercada que hay que preservar de la contaminación que ocasionarían aquellos aportes generados fuera de las fronteras de la nación. Se considera que lo autóctono es siempre un valor y lo foráneo un desvalor, con lo que se destroza la cultura para convertirla en una especie de narcisismo que cada vez se asimila a lo tribal que al espíritu cultivado que es necesariamente cosmopolita.

El afecto al “terruño”, a los lugares quen que uno ha vivido y han vivido los padres y el apego a las buenas tradicioens es natural, incluso la veneración a estas tradiciones es necesaria para el progreso, dice Benegas Lynch; pero una cosa es declamar un irrefrenable amor telúrico a personas y cosas con las que tenemos afinidad y cercanía, y otra distinta es hacer a un lado otras sólo porque están del otro lado de una frontera política artificial.

Yo comparto el punto de vista de Benegas Lynch (h). Y comparto la idea de que más valiosos que el orden, o que el respeto a los intereses colectivos, lo son la vida, la libertad y la propiedad de los individuos; así como su derecho a la búsqueda de la libertad, o el derecho a la búsqueda de la verdad (aunque esta ofendiera los valores nacionales, o los de la patria). Creo que la cooperación social pacífica, es más valiosa que la preservación forzosa de las fronteras nacionales, o que la imposición forzada de los valores, las tradiciones, o los ideales del grupo, o de los grupos que ejerzan el poder desde el estado.

Por eso es que, como muchas otras personas, siento más amor por la libertad, que amor por el estado. Es cuestión de prioridades, claro; o del orden de la escala de valores que cada uno de nosotros tiene, como individuo.


04
Dic 07

Yo lo hubiera titulado: El lugar más caliente en el infierno

“A pesar de que el megalómano venezolano ha eliminado todo vestigio de contralor republicano y división de poderes y de haberse arrogado la suma del poder público en todo lo que pudo, no le fue posible amañar las elecciones aún con las intimidaciones a los empleados públicos y las maniobras fraudulentas en el padrón electoral donde, por ejemplo, aparecen personas de mas de 150 años de edad. Por lo menos en este acto electoral no resultó posible completar una nueva afrenta a la democracia porque la trampa hubiera sido demasiado evidente.

De todos modos, tal como pone de manifiesto la declaración conjunta de las seis Academias Nacionales de Venezuela, el referéndum era improcedente puesto que, según las normas vigentes, se requiere convocar a una asamblea constituyente para esos propósitos.

Pero hay que estar muy alertas con lo que ocurre en esas tierras. Las declaraciones del ejemplar del Orinoco formuladas después de conocidos los resultados del acto electoral son amenazantes : “esta es una victoria pírrica”, “nosotros estamos hechos para una larga batalla”. A esto se agrega el desquicio institucional ocurrido en ese país durante la llamada “revolución bolivariana” y el debilitamiento de los principios de la sociedad abierta en períodos anteriores de gobierno. La tarea que queda por delante para sanear las graves heridas es verdaderamente ciclópea.

Esta vez se trataba de votar sobre un inaudito proyecto constitucional por el que se hubieran reformado 69 artículos en los que quedaba sin efecto la propiedad privada y se le otorgaba al jefe de gobierno la posibilidad de mantenerse indefinidamente en el cargo y de arrasar con los derechos que aún quedan en pie, perpetuando alegados estados de excepción.

Desde la Carta Magna de 1215, una constitución es para limitar el poder. La proyectada constitución venezolana era la anticonstitución por antonomasia. En esta propuesta, toda la educación debía estar supeditada a la concepción totalitaria del coronel de marras, de lo contrario el estado policial imperante podía cerrar la institución correspondiente. Su nueva modalidad en el gobierno impone el establecimiento del “hombre nuevo socialista”, lo cual incluye la prohibición de comprar muñecas Barbie, el aderezar con demasiados picantes las comidas, el uso de símbolos como el de Mickey Mouse y obliga a atrasar media hora los relojes para que “se pueda aprovechar el sol de la mañana”.

Asimismo, vocifera que nacionalizará los bancos españoles si el rey no le pide disculpas, en realidad por haberle trasmitido el sabio consejo de “¿por qué no te callas?”, que, de haberse llevado a la práctica, hubiera aliviado multitud de tímpanos ya muy enervados por el incesante y ensordecedor parloteo del déspota en cuestión que, a pesar de estar inundado en petrodólares, elevó lo índices de indigencia durante todos los años de lo que va de su gestión y con uno de los mas altos niveles de desocupación del mundo civilizado (20,6% según las propias estadísticas gubernamentales).

Es difícil digerir tanta imbecilidad al mismo tiempo, incrustada en medio de una incontinencia verbal que asfixia al mas entusiasta de la verborrea. Además de perseguir, amordazar y, en su caso, clausurar la prensa independiente, el sátrapa caribeño se enfurece con las críticas de medios extranjeros al límite que ahora amenaza con iniciarle un juicio a CNN por “alterar el orden público” en su país.

Los discípulos del gritón y adiposo bolivariano en Nicaragua, Ecuador y Bolivia y también su jefe de la isla-cárcel cubana están atentos al resultado y a las repercusiones de las fechorías que anidan en Caracas y las atrabiliarias ideas que empollan en la cabeza de su brioso, desbocado e implacable corcel. Las conjeturas mas confiables señalan que intentará llevar a cabo su designios aún sin las fallidas modificaciones constitucionales, como, de hecho, ha venido ocurriendo hasta el presente.

Varios de sus antiguos colaboradores lo abandonaron para actuar en la oposición, incluso su ex mujer, Marisabel, a quien, en su momento, el titular del ejecutivo le dijo en pleno discurso por la red oficial de televisión en el Día Internacional de la Mujer: “esta noche a ti, te doy lo tuyo” (por otro lado, sus allegados insisten que falta a la verdad en estos y otros menesteres).

Lo que viene sucediendo en Venezuela atañe a todos los que queremos vivir en libertad. Todos debemos contribuir al éxito de quienes trabajan para la recuperación de la filosofía del respeto recíproco en aquél país. Como señaló Dante, Los lugares mas calientes del infierno están reservados para aquellos que, en tiempos de crisis moral, se mantienen neutrales.

Se pueden escribir ríos de tinta sobre las distintas maneras en que se deschavó Chávez, pero sigo la fórmula que establece que un artículo periodístico -igual que la minifalda- debe ser lo suficientemente corto como para atraer la atención y de un largo tal que cubra el argumento”.

Con el propósito de que lo publicara, este artículo me lo envió el amigo y maestro Alberto Benegas-Lynch (h) que es presidente de la Sección de Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias, en Argentina. El lo tituló Cuidado con Chávez, pero a mí me gustó más la frase de Dante.


16
Oct 07

Mi primo, el Che

“Ahora que se han aquietado algo las aguas de un nuevo aniversario de la muerte del Che Guevara, escribo sobre este personaje macabro con algún ingrediente que, en parte, introduce otra perspectiva.

En mi familia se ha hablado bastante del Che ya que mi padre era primo hermano del suyo. El abuelo del sujeto de marras era una persona excelente, Roberto Guevara, casado con Anita Lynch, hermana de mi abuela materna. En tren de genealogía, consigno que soy mas Lynch que Benegas ya que tanto mi padre como mi madre descienden de dos de los hijos de Patricio Lynch, de quien desciende también el Che.

De entrada este revolucionario nato reveló cierta inclinación por el incumplimiento de la palabra empeñada puesto que le prometió a su primera novia que saldría a comprar cigarrillos y nunca mas volvió. Mostraba también ciertas rarezas al esforzarse en dar diez pasos a la salida de todos los ascensores y caer con la pierna izquierda, cosa que si no lograba volvía al adminículo y repetía la operación hasta que daba en la tecla (ya lo de la pierna izquierda parecía anunciar algo de su futuro dogmático).

Mi padre solía repetir el conocido aforismo de aquello que los parientes no se eligen, se eligen los amigos. Si bien es cierto que en todas las familias hay bueno, regular y malo en proporción al tamaño de las mismas, siempre noté cierta dosis de vergüenza por el hecho de que se había filtrado en la nuestra un personaje de características tan siniestras.

En una oportunidad, una de mis tías me contó que de muy chico el Che se deleitaba con provocar sufrimientos a animales y, de mas grande, insistía en que la muerte (de otros) no era tan mala después de todo y que, en este contexto, se adelantó a la definición de Woody Allen: morir es lo mismo que dormirse pero sin levantarse para hacer pis.

Esto último que puede parecer gracioso y ocurrente cuando proviene de ámbitos cinematográficos, resultó un una tragedia mayúscula para los cientos de asesinados por el Che quien finalmente transformó aquella definición en que el verdadero revolucionario debe ser una fría máquina de matar. Y todo por la manía de los Stalin, Pol Pot, Hitler y Castro de este planeta que en sus ansias por fabricar el consabido hombre nuevo han torturado, vejado, mutilado y asesinado a millones de seres humanos.

Y pensar que Cuba, a pesar de las barrabasadas de Batista, era la nación de mayor ingreso per capita de Latinoamérica, eran sobresalientes en el mundo las industrias del azúcar, refinerías de petróleo, cerveceras, plantas de minerales, destilerías de alcohol, licores de prestigio internacional; tenía televisores, radios y refrigeradores en relacion a la población igual que en Estados Unidos, líneas férreas de gran confort y extensión, hospitales, universidades, teatros y periódicos de gran nivel, asociaciones científicas y culturales de renombre, fábricas de acero, alimentos, turbinas, porcelanas y textiles. Todo antes de que el Che fuera ministro de industria, período en que el desmantelamiento fue escandaloso. La divisa cubana se cotizaba a la par del dólar, antes que el Che fuera presidente de la banca central.

Como no podía ser de otro modo el Che comenzó su carrera como peronista empedernido. Recordemos que la política nazi-fascista de Perón sumió a la Argentina en lodazal del que todavía no se ha recuperado y que, entre otras cosas escribió en 1970 que Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente y, cuando estaba en el poder vociferó en 1947: Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores y, en 1955, sentenció que Al enemigo, ni justicia.

Es inadmisible que alguien con dos dedos de frente sostenga que la educación en Cuba es aceptable puesto que, por definición, un régimen tiránico exige domesticación y solo puede ofrecer lavado de cerebro y adoctrinamiento (y con cuadernos sobre los que hay que escribir con lápiz para que pueda servir a la próxima camada, dada la escasez de papel). Del mismo modo parecería que aun quedan algunas mentes distraídas que no se han informado de las ruinas, la miseria y las pocilgas en que se ha transformado el sistema de salud en Cuba y que solo mantiene alguna clínica en la vidriera para impresionar a cretinos.

Esperemos que los que siguen usando lo símbolos del Che como una gracia perciban que se trata de la humorada mas lúgubre, mórbida y patética de cuantas se le pueden ocurrir a un ser humano. Es lo mismo que ostentar la imagen de la tenebrosa cruz svástica como señal de paz”

Publicado por Alberto Benegas-Lynch (h), en LiberPress.


20
Feb 07

La guerra contra las drogas

“La voluntad del gobierno de Oscar Berger de frenar el cultivo de amapola y de mariguana en las montañas de San Marcos y no puede ponerse en duda”, dice hoy el editorial de El Periódico, al lamentar que la guerra contra las drogas es una lucha dispareja.

Sí. Es cierto que hay mucha delincuencia y mucha corrupción alrededor del tráfico de estupefacientes. Sí. Es cierto que esa corrupción ha alcanzado niveles y profundidades insospechadas entre los guatemaltecos. Sí. Es cierto que es posible que pronto tengamos más alcaldes y diputados vinculados con el narco, que nunca antes en la historia de la democracia chapina. Pero la solución para esos males, ¿está en la Guerra contra las drogas?

Si le interesa ese tema le recomiendo EEUU no está ganando la guerra contra las drogas en Sudamérica, de Ted Galen Carpenter; vicepresidente de Estudios de Defensa y Política Exterior del Cato Institute, y autor de Bad Neighbor Policy: Washington’s Futile War on Drugs in Latin America. También es altamente recomendable La tragedia de la drogadicción, por Alberto Benegas Lynch (h)