31
Dic 11

Una realidad de Nochevieja

Hace unos minutos, sobre la 20 calle de la zona 10, esta señora llamó por su móvil a su casa, para avisar que no había camionetas, que iba a caminar hacia allá y que por favor la salieran a recibir.

Esto ocurrió cuando en plena noche del 31 de diciembre salí a la farmacia y a la Despensa Familiar que estaban trabajando a plenitud. La gente contenta, supongo, porque los clientes hallaban lo que andaban buscando; y los trabajadores porque a diferencia de muchas otras personas, tienen empleo.

¿Por qué es que la farmacia, la Despensa y otros negocios sí están funcionando y las camionetas no?

Mi hipótesis es que el del transporte colectivo urbano es un negocio particularmente mercantilista, privilegiado y corrupto, a diferencia del de las farmacias, o el de los supermercados. El de las camionetas está subsidiado y es monopólico gracias a la connivencia entre los propietarios de buses y los políticos. En tanto el de las farmacias y el de los supermercados, no. Los autobuseros no necesitan atender a sus clientes en días de fiesta; pero los de las farmacias y los de los supermercados sí.

Por eso es que la señora de la foto tuvo que caminar a su casa después de haber esperado, en vano, durante quién sabe cuánto tiempo en la calle y de noche.

El mercantilismo, el socialismo y otras formas de colectivismo siempre terminan perjudicando a los más vulnerables.

…y, ¿por qué pudo llamar a su casa por un teléfono móvil barato? Gracias a una ley de telecomunicaciones que se negó a conceder monopolios, que propició la competencia y que es ejemplo para el mundo. Todo lo contrario al sistema de transporte colectivo urbano.

¿Cuántas personas se quedaron, hoy, sin transporte; pero no sin farmacia, sin supermercado, ni sin teléfono?


30
Dic 11

Efectos criminales de la ley antiadopciones

Aquí hay algo para que los promotores y patrocinadores de la ley criminal antiadopciones mediten en la nochevieja: 56 menores fueron abandonados en 2011; y 18 de ellos eran bebés de menos de 1 año de edad. Cuando estén comiendo sus uvas y su pavo, cuando estén brindando y cuando abracen a sus hijos, yo deseo que el llanto de los niños abandonados les eche a perder la fiesta y que los obligue a enmendar los daños que han causado.

Yo quisiera saber cuántos niños fueron abortados, en 2011, porque sus madres (o padres) no encontraron otra opción frente a la paternidad no deseada.

Antes de la ley antiadopciones, la noble institución de la adopción era una posibiidad ética y económica para las personas que no deseaban criar a los hijos que tenían. Pero ahora, que esa puerta está cerrada, sospecho que muchas personas (por la razón que sea) no tienen más opciones que abandonar a sus neonatos, o abortar.

Los promotores y patrocinadores de la ley antiadopciones se salieron con la suya; y cada niño abandonado en un basurero, o cada feto envuelto en periódicos lo atestigua. Cada niño que pasa la Navidad y el Año Nuevo sin familia, recluido en manos de políticos y burócratas, es un símbolo de aquella victoria pírrica.


30
Dic 11

Encuentro con el alfajor, el dulce perdido

Mis amigos, Los Lizama, hicieron alfajor ahora para la Navidad y tuvieron la gentileza de regalarme un plato delicioso.

El alfajor es un dulce antiguo que casi nadie conoce y poquísimas personas hacen.  En mi casa lo hacía mi tía abuela, La mamita; y mi madre lo ha hecho un par de veces.  Aunque la sazón final del de Los Lizama es distinto al que se hacía en casa, lo básico es siempre igual: miel, jengibre y migas de pan tostadas.

Cuenta, el doctor Lizama, que su madre (doña Amalia) se lo hacía a él para su cumpleaños y para el día del médico.

Muy conocidos son los alfajores argentinos Havanna, claro; pero estos son muy diferentes a los de La Mamita. En Google, las principales referencias a alfajor me llevaron a los argentinos que son dos galletas, masas, o pastas unidas por algún tipo de dulce y aveces cubiertas por chocolate. Empero, existe un dulce llamado alajú o alfajor que se parece al alfajor chapín: esto es un dulce hecho con pasta de almendras, piñones o nueces, pan rallado y tostado, especias y miel. El citado alajú se come entre obleas, como el turrón; y a mí eso me parece una idea muy práctica porque el alfajor chapín lo comíamos con cucharitas.


30
Dic 11

¡Feliz año!

Mis padres y tíos eran jóvenes, alegres y parranderos; de modo que para el Año Nuevo organizaban sus fiestas en la casa de mi abuela Frances y a los niños nos despachaban a la casa de mi abuela Juanita.

Ella y mi tía abuela, la mamita, montaban una fiesta para cuatro, cuyo propósito era conseguir que, en un ambiente alegre, los críos le diéramos la bienvenida al año nuevo.

La Mamita y la abuelita nos contaban historias; y así fue como supimos cómo era un viaje a Esquipulas –en la primera década del siglo pasado– para una niña de menos de 10 años, montada en un caballo llamado Chino.  Así nos enterábamos de cómo era la vida en la Guatemala  de cuando se amarraba a los chuchos con longanizas.  Así oí que había unos juegos pirotéctnicos llamados toritos, que lanzaban luces multicolores y que perseguían a la gente durante las festividades.

Aquella fiesta no podía pasar sin que quemáramos cohetes.  Pero como las dos viejitas eran prudentes, los que nos permitían quemar eran estrellitas y unas bolitas de colores que, al somatarlas contra el piso, estallaban.  Nada de ametralladoras, varas, y otras cosas más complejas, que solo quemábamos en la Nochebuena, acompañados por mi padre.

Para la cena, mi madre dejaba la mesa puesta con buena cantidad de golosinas, así como con algún pequeño pavo o pierna que los niños íbamos despedazando poco a poco entre relato y relato.  A veces, claro, nos vencía el sueño.  Quién sabe si porque se iba haciendo tarde, o porque la voz de La mamita nos arrullaba, o por la copa de rompopo, vermouth, o marsala al huevo que se nos permitía tomar.

Cerca de la media noche, las viejitas se aseguraban de que la radio estuviera sintonizada en la estación que transmitiría El brindis del bohemio y de que nuestras pequeñas copas estuvieran llenas.  Cada quién tenía sus doce uvas.  Los dos mayores teníamos nuestras estrellitas y nuestras bolitas explosivas.  Y cuando comenzaba el alboroto propio de la bienvenida para el nuevo año nos abrazábamos como si no nos hubiéramos visto en décadas.  Y mis padres llamaban por teléfono y nos gritábamos ¡feliz año! como mejor podíamos.   Y cada noche de Año Nuevo, no importa en dónde esté, siempre recuerdo esas fiestas, y en mi corazón les agradezco a las personas que me han dado una vida buena.

Columna publicada en El Periódico.


30
Dic 11

De vuelta, luego de ir a la playa

Luego de dos días en Monterrico vuelvo listo para decirle adiós a 2011 y darle la bienvenida a 2012.  Me encanta la playa en fin de año, cuando no hace mucho calor y el cielo nocturno está cundido de estrellas.

Con mis sobrinos disfrutamos de Orión y sus alrededores, así como de una luna roja e intensa. Me revolcó el mar, como corresponde; y comimos muy sabroso. No vi ballenas, ni tortugas, ni cocodrilos, como en otras ocasiones; pero disfruté mucho a mi familia.


27
Dic 11

Secuelas de Navidad: los subproductos del pavo

Medio en broma y medio en serio, digo que para mí el pavo de estas fiestas es sólo un vehículo para obtener los subproductos que deja. Más que la carne del ave, en sí, a mí me gusta el relleno. Y el que hacemos en casa, con pan, menudos, vino blanco, mantequilla, castañas, champiñones, apio, cebolla y salvia, es mi favorito. Me encanta comerlo durante la cena, en Nochebuena, y al día siguiente sólo, o en sandwich con gravy.

Al día siguiente, también, hacemos ensalada de pavo con lo que queda de la carne. En casa de mis padres esa era la costumbre y a mí me gustan mucho hacer sandwichs con ella. En la foto hay uno de esos sandwichs y otro con el lomo de cinta relleno que nos envió mi amiga, Elsa. ¡Con Guinness para elevar la experiencia! La ensalada, por supuesto, tiene el sabor intenso y complejo de la carne de pavo que ha sido horneada para ser -por sí misma- la estrella de una cena estupenda.

Cuando yo estudiaba en la University of Maryland solía almorzar en la Students´ coop porque era barato, divertido y sabroso. Mi almuerzo preferido era un sandwich con queso cheddar ahumado y ensalada de pavo. Así que para recordar aquellas experiencias gratas, ahora hago mis sandwichs de ensalada de pavo, de esa forma. La ensalada la preparo con la carne picada, cebolla, un toque de aceite de oliva, un toque de salsa inglesa y mayonesa.

Otro subproducto maravilloso de la cena de Nochebuena es el caldo de huevos hecho con los huesos del pavo. Ese todavía no lo he preparado, pero en un descuido y que tenga tiempo, y lo hago con mucha alegría.


26
Dic 11

Inglaterra y la publicidad desafortunada

El anuncio que ilustra esta nota salió hoy en la página 15 de


26
Dic 11

Nuevo libro de Alberto de Aragón

El cuate Alberto de Aragón escribió un nuevo libro; y esto es lo que el columnista Gustavo Berganza escribió acerca de la obra:

Alberto de Aragón publicó recientemente “Al fin conocí a mi hijo”. Este libro, a diferencia de lo que ha escrito antes, no es un libro sobre su profesión. Es una obra en la que pasa revista a su vida, desde que su niñez en Florida y en Cuba hasta el momento en que logra conocer a Alberto José, su primogénito.

Esta revisión, a vuelo de pájaro – son 126 páginas que abarcan un período de casi 70 años- hace un pintura muy vívida de cómo se fue formando la comunidad cubana en Miami, exiliada luego de que la revolución de Fidel Castro se entronizó en la mayor de las Antillas. Alberto, cubano de nacimiento, describe con riqueza de detalles los esfuerzos de sus connacionales y de él por restablecerse en un lugar extraño, en donde no siempre se les mostraba aprecio. Cuando Alberto salió de Cuba, en 1960, era un hombre muy joven, recién casado y con la esposa esperando su  primer hijo.

Sin que Alberto lo supiera al momento de partir, esa salida a Miami rompería su primer su matrimonio. Y también pospondría durante tres décadas la posibilidad de conocer a Alberto José, su primer hijo.  Nunca rompió el contacto con él, ni siquiera cuando, cinco años después de haber dejado La Habana, decidió divorciarse.

A través del esfuerzo por no perder ese hilo de comunicación con Alberto José, que se convierte en el leit motiv que da unidad a su historia, Alberto nos narra momentos claves de su vida: su llegada a Miami, sus dificultades para encontrar trabajo en Florida, las tareas que tuve que realizar para sobrevivir, su establecimiento en Puerto Rico, donde definiría su carrera como analista de mercados y consultor político y su establecimiento definitivo en Guatemala, en la década de los 70.  Aunque es una historia que enfatiza las dificultades para lograr un trabajo digno y decorosamente remunerado, el libro es también un agradecido recuento de todas aquellas personas con quienes compartió amistad, aventuras y alegrías en Cuba, Florida, Puerto Rico y Guatemala. Es un testimonio de reconocimiento a quienes le ayudaron a establecerse o le apoyaron en momentos difíciles de su vida.

La narrativa culmina con el encuentro de Alberto y Alberto José. El encuentro es la culminación de un largo proceso, con momentos tensos y de rechazo durante la adolescencia del muchacho, pero que luego fueron suavizándose gracias a la intercesión de amigos del padre. Alberto logra ver hablar en persona con Alberto José en Antigua Guatemala. En esa ocasión el primogénito conoce también a Alicia Elena, la menor de sus hermanas, con quien establece un vínculo instantáneo de simpatía y cariño fraternal.

Seguramente por el elocuente retrato que hace de los afanes de los emigrantes cubanos en Florida, la Casa Bacardí lo escogió para presentarlo en un acto especial realizado en su sede, en  el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos, de la Universidad de Miam, hace algunas semanas. Un homenaje muy merecido, creo yo, para quien por medio del testimonio de su vida ha descrito las alegrías,trsitezas dificultades y triunfos de una de las diásporas más grandes que se dieron en Latinoamérica en la segunda mitad del siglo XX. Un abrazo para Alberto y mi admiración sincera por este relato


25
Dic 11

Los fuegos artificiales de la Nochebuena

Imagen de previsualización de YouTube

Bajo la mirada de Júpiter, en el cielo, los cuatro puntos cardinales de la ciudad de Guatemala se cubrieron de luces. ¡Chispas, qué cantidad de pólvora queman los chapines para la Nochebuena!

Los juegos pirotécnicos comenzaron a eso de las 11:45 p.m., tuvieron su climax a las 12:00 y continuaron hasta pasadas las 00:30 a.m. Hubo de todos los colores y de todos los tamaños. Los había en todos los rincones de la ciudad y algunos a sólo unos metros de mi balcón.

Por supuesto que no hay Nochebuena chapina sin pólvora; y me llamó la atención que el ruido de cohetillos disminuyó bastante, en tanto que el número de fuegos artificiales es impresionante.

Ahora, que son las 6:00 p.m. del día de Navidad, ya se ven multitud de luces en el cielo. Ahora son Venus y una Luna -como una uña casi imperceptible- los observan desde encima del volcán de Agua.   Los chapines quemamos cualquier cantidad de pólvora en la Nochebuena y para el Año Nuevo a la media noche.  También es costumbre quemar cohetes a las 12:00 del medio día el 25 de diciembre y el 1 de enero; así como quemar fuegos artificiales y cohetes a las 6:00 p.m. de esos días.


25
Dic 11

Globos durante la Nochebuena


Anoche hubo varios globos volando sobre la ciudad de Guatemala; me llamaron la atención porque no recuerdo haberlos visto el año pasado. Se ven hermosos con su luz, sus colores vivos y su paso tranquilo.